Cuando Wei WuXian había dicho algo sobre controlar el flujo de su qi, jamás pensó que resultaría ser tan difícil.
En teoría lo único que tenía que hacer es liberar el flujo en sus meridianos y conectarlos entre sí de forma voluntaria, controlando el ritmo en que fluye para poder darle una dirección. Pero Xue Yang no entendía un carajo de como hacerlo, aunque Wei WuXian le había dado varias instrucciones, nunca lograba sentir del todo el flujo que se supone debía liberar. El Patriarca había dicho que esto se debía a lo inestable que era, por lo que Xue Yang solo le quedaba resoplar. No tenía idea de cómo era esto, por lo que no podía culpar directamente a su maestro de no enseñarle bien, aunque lo comentaba cuando estaba molesto solo para recibir burlas de Wei WuXian.
Para mejorar el flujo de qi, tenía que despejar su mente primero. Eso había dicho Wei Ying.
Sin embargo, sus métodos para ello, no lograban su cometido en absoluto. No entiende cómo vender papas en el pueblo junto al general fantasma despejaría su mente, sobre todo porque Wen Ning era demasiado suave y todos los días los locales lo querían estafar con regateo inconcebible. El más joven tenía que interceder siempre para no perder dinero en vez de ganar lo necesario.
Wen Qing le dio consejos más útiles sobre meditación y respiración. Incluso le ayudó con unas cuantas hierbas medicinales que ayudan a relajar el cuerpo, aunque la usa muy poco, ya que no es posible que crezcan en los túmulos funerarios y no son demasiado baratas.
Había pasado el tiempo, Xue Yang había visto el pasar de las cuatro estaciones desde el día en que el patriarca le abrió sus puertas, más de seis meses desde que inició su camino en la Cultivación. Y aunque muchas veces perdía el control de su temperamento por el entrenamiento en el que no solía lograr un mísero avance, en las últimas semanas, comenzaba a sentir que por fin algo estaba cambiando en su flujo de qi.
Si pronto lograba desbloquear el flujo de uno de sus meridianos, se lo diría inmediatamente a Wei Ying para que lo recompensará con un dulce. Su Shifu podía ser algo exigente, pero no se negaba a premiar los logros, aunque intentara ocultarlo bajo la excusa que de A-Yuan se lo pidió o son de parte de Wen Ning. Pese a que su maestro había estado ocupado últimamente, no quitaba el hecho de que era un buen tutor. Xue ChengMei jamás lo admitirá en voz alta, pero ha llegado a tomarle cariño al estúpido patriarca de Yiling, a los túmulos y a la gente que está ahí.
Por primera vez en su vida, podía llamar a un lugar como su hogar, y a ciertas personas como una familia.
—Yang-ge —le llama un buen día Wen Yuan. El niño crecía increíblemente rápido, estaría ya en sus cuatro años. Ese día se encontraba meditando tras ayudar a Wen Qing con algunas cosas. Siempre le costaba mucho mantener la concentración necesaria para ello, su mente lo llevaría siempre a algún lugar recóndito lejos de la paz que buscaba. Aún después de tanto tiempo, a veces se dormía en media de su meditación. Esta vez estaba por lograrlo, pero Wen Yuàn se ve apurado.
El tono de voz del niño es temblorosa, cuando Xue Yang abre los ojos para verlo se encuentra con un par de ojos llorosos y mejillas rojas.
Siente una punzada y entrecierra los ojos, Wen Yuan no es ningún niño llorón, él no estaría así por nada. La última vez que lo vio llorar fue cuando Wei WuXian se enojó con él cuando arrancó el pequeño brote de loto que había intentado cultivar durante semanas, aunque rápidamente se disculpó por perder el control de su temperamento, Xue Yang pudo sentir que el propio equilibrio de su maestro ha estado deteriorándose por el uso de la energía resentida, aunque él lo niega siempre. Cuando se lo dijo a Wen Qing ella no parecía sorprendida, y le dio a entender que hablarían de ello después.
—¿Qué sucede? —alza una ceja, y observa al niño sorber su nariz, mientras su pecho es atacado por el hipo.
—E-El hermano… —solloza con dificultad, las lágrimas empiezan a brotar y deslizarse por sus regordetas mejillas.
Xuē Yang mira de reojo a su alrededor, no logra ubicar a ninguno de los tíos o tías, ni siquiera a la abuela que siempre se sienta a hilar cerca de ahí. Es raro siquiera que los tíos abandonen las cosechas a esa hora del día.
Además, ¿Wei WuXian no había ido a LanLing Jin para ver a su sobrino? Estaba seguro que ese era el día, había estado hablando de ello por un mes entero, incluso se había encerrado en su cueva durante días, solo saliendo a supervisar su avance con su cultivo y desfalleciendo un par de horas para seguir trabajando sin parar por días.
Entonces, ¿Por qué estaría aquí? ¿Por qué A-Yuan lloraría y dónde estaban todos?
Repentinamente el cielo sobre los túmulos se veía aún más sombrío que de costumbre. Toma a Wen Yuàn en brazos y se dirige a la cueva donde descansa el demonio. Le da unas pocas palmadas en la espalda al niño casi automáticamente, imitando lo que había visto de la abuela, pero eso no evita que su estómago presione cada vez más cuando es consciente del silencio que invade el pequeño asentamiento.
Había comenzado a equilibrar su qi hoy, y justo ahora lo sentía totalmente turbio. Su pulso oprime contra sus venas de manera inquietante con cada paso.
Lo que ve cuando llega simplemente le hace apretar a A-Yuan contra su pecho para evitar que vea. Wei WuXian golpea fuertemente al general fantasma, haciendo que este caiga de bruces sobre el frío suelo. Wen Ning está muerto, no puede lograr poner expresiones faciales en su rostro, pero claramente sus ojos miran a Wei WuXian con arrepentimiento y culpa que gotean y desbordan sin lágrimas.
—¡¿Sabes a quién mataste?! —grita eufórico, lleno de rabia y totalmente roto, aunque sus ojos brillaban de furia, hay presente un toque de profundo remordimiento, remordimiento que empieza a gotear sobre sus mejillas sin permiso —, ¿qué se supone que haga mi Shijie ahora? —hay un silencio sepulcral, nadie mueve un músculo, Wei WuXian totalmente destrozado, sostiene su rostro como si intentara mantener su cordura unida, inútil, los fragmentos se han agrietado—, ¿Qué se supone que haga ahora? ¿Qué debo hacer? Por favor —, suelta en un quebradizo susurro —, alguien dígame qué debo hacer… alguien, quien sea …
Xuē Yang no logra escuchar más de sus susurros, el patriarca de encuentra fuera de sí, como si entre aquellos murmullos fantasmales tratara de buscar una solución que no sea simplemente morir ahí mismo.
Wen Qing aprieta los labios y ayuda a su hermano a levantarse con un suave temblor imperceptible. Xuē Yang ha visto esa mirada en su rostro pocas veces, solo cuando Wei WuXian se descuidaba mucho, o cuando pensaba en el futuro de A-Yuan. Wen Qing era fuerte, pensaba en las mejores soluciones con la cabeza fría, en soluciones que le sirvieran a sus seres queridos, aunque eso significa perjudicarse a ella misma.
Wen Qing es la mujer más valerosa que ha conocido, Wen Qing aunque parezca malhumorada muchas veces y sea estricta con sus enseñanzas en medicina, era demasiado buena y cálida, como una hermana mayor.
Así que, cuando Wen Qing se le acerca y le sonríe de una manera que nunca antes lo ha hecho, su pecho se hunde. Los ojos de Xuē Yang se desvían al destrozado Patriarca de Yiling, su maestro sin duda ha tocado fondo, y ahora es más consciente que nunca del abismo que hay entre ambos. No pasan más de unos segundos antes de sentir la cálida mano de Wen Qing en su mejilla. Eso no está bien, hay algo que simplemente no está bien.
—Lleva a A-Yuan con la abuela y el cuarto tío —, le dice casi en un susurro, el joven puede ver los ojos vacíos del general fantasma, de alguna manera siente como si aquella mirada dijera algo que sus labios no. Pero Xue Yang no quiere leerlo. No quiere saberlo —, pase lo que pase, manténganse juntos. A-Yang, perdón por dejarte una carga tan pesada, pero confío en que serás capaz de proteger a A-Yuan.
¿Proteger? ¿Proteger de qué? Todo era seguro en los túmulos, bajo la protección de Wei Ying y de los hermanos Wen no había lugar más seguro, ¿por qué él tendría que tener una carga pesada? ¿por qué A-Yuan sería una carga? Él era un buen niño, no llora por cualquier pequeñez, ¿Verdad? No hay razón para que A-Yuan llorara.
—Mayor Wen… —quiere hablar, pero no sabe qué decir, no sabe qué preguntar. Las respuestas que busca le hacen temblar. Wen Yuàn en sus brazos se asoma por encima de su propio hombro, sus mejillas rojas y ojos desbordantes caen sobre su tía y su pequeña mano se aprieta en la manga de su túnica. La mirada de Wen Qing titubea unos segundos antes de tomar la mano del niño y acariciarla unos segundos antes de ponerla sobre el hombro del otro niño. La doctora deposita un suave beso sobre la cabeza del más pequeño y acaricia la del mayor.
—Lamento que hayan tenido que vivir de esta manera, pero…
—Vivir aquí es lo mejor que me ha pasado —, dice casi sin pensarlo. Xuē ChengMei apenas reacciona a sus palabras antes de sentir el abrazo de la mujer mayor envolverlos en una sensación de bochornosamente nostálgica. Cuando la doctora se aleja, sonríe con una calma poco creíble.
—Vayan, ahora.
Ordena, como si se obligará a sí misma a darles la espalda y avanzar hasta al lamentable Patriarca de Yiling. El niño logra ver bajo su manga algunas de sus conocidas agujas.
Entonces lo entiende. No necesita que repita sus palabras, no necesita pensar en ellas. Se da vuelta y corre para buscar a la abuela y al cuarto tío. No debe mirar atrás, no mira aunque escucha los desgarradores gritos de su maestro.
Sus pasos apresurado se sienten inconsistentes y repentinamente se da cuenta que Suibian pesa toneladas en su cintura, de repente es más consciente de las lágrimas de Wen Yuàn. Son solo las lágrimas de A-Yuan, o eso quiere creer. No quiere aceptar el húmedo recorrido que pasea por su propio rostro, no quiere aceptar que esto significa que es el fin, no quiere aceptar que esto es una despedida.
Si tan solo hubiera aprendido más rápido, si hubiera entrenado mejor su núcleo dorado, su hubiera tan solo entendido como usar los métodos de su maestro, hubiera podido ayudarlo.
Hubiera podido defender a la abuela cuando diferentes cultivadores invadieron los túmulos, hubiera podido ayudar a pelear al cuarto tío, quién apenas podía sostener una espada cuando tenía tres enterradas en su estómago. Tal vez hubiera podido defender lo que quedaba de los Wen. Tal vez no hubiera tenido que resignarse a escuchar como todos se regocijaban de que el patriarca de Yiling acababa de ser devorado vivo. No tendría que apretar los dientes y cubrir los oídos de Wen Yuàn
Tal vez hubiera podido hacer más que esconderse en aquel tronco hueco, intentando que lo último que le queda no desista, esperando que A-Yuàn no muera de frío o de la incontrolable fiebre. Aún no sabía quiénes estaban afuera, ya no tenía fuerzas.
Simplemente no es capaz de lograr más, no es lo suficientemente fuerte, no es lo suficientemente hábil.
Fue estúpido pensar que algo como eso duraría para siempre. Alguien como él no tiene derecho a una segunda oportunidad.
Una escoria callejera siempre será escoria. Fue realmente ingenuo.
Cuando escucha pasos acercarse, decide que usará a Suibian para defender a Wen Yuan aunque sus últimas fuerzas lo abandonen. Es lo único que le ha dejado su maestro, su última voluntad.
Es todo lo que le queda. No dejará que nada le pase, aún a costa de su propia vida.
