12 años atrás.

Cuando Xue Yang despertó, no estaba cubierto de tierra, sudor ni sangre. De hecho, estaba limpio, sobre su cabeza descansaba un pañuelo frío bastante reconfortante. Se incorporó rápidamente, buscó con la mirada en toda la habitación hasta encontrarse con otra cama, en ella, una pequeña figura hacía bulto entre las mantas. Se incorporó demasiado rápido y su cabeza dio vueltas antes de dar dos pasos, ignoró el aturdimiento y corrió hacia aquel lugar. Para su alivio, tal como esperaba, era Wen Yuan, vestido de blanco y durmiendo plácidamente. Su pecho se movía en una lenta respiración. Estaba vivo, estaba bien.

Como si de repente le quitaran cien tonelada de encima, sus rodillas por fin cedieron y cayeron al suelo, pudo sentir su propio palpitar contra su pecho.

Pronto se dio cuenta de otra cosa importante, palmeó su alrededor, gateó hacia la cama donde estaba, pero tampoco encontró lo que buscaba. Suibian, ¿dónde estaba Suibian?

—Estás despierto —, una suave voz lo llamó, cuando volteó se encontró con un hombre vestido de blanco, una cinta atada en su frente y una suave sonrisa. No era Lan WangJi, pero era muy similar a él. Esta persona… recuerda haberla visto antes también.

Xue Yang no habla, está demasiado analizando la cara ajena como para procesar lo que le está diciendo. El hombre le invita a sentarse correctamente en la cama para revisar sus signos vitales, cuando repentinamente lo recuerda. Esta persona, era una de las personas que llegó a los túmulos funerarios el día del asedio.

Esta persona contribuyó en destruir su hogar. A quitarle todo lo que tenía, lo que apenas había conseguido.

—Parece que te encuentras bastante bien —, le informó al niño, sonriéndole tranquilizadoramente.

Hipócrita.

Él asiente en silencio, el hombre observa de reojo la mano donde falta uno de sus dedos. Completamente arrancado desde la raíz. Xue Yang sigue la mirada ajena para contemplar aquel miembro fantasma. Aún recuerda lo destrozado que quedaron sus huesos, en ese momento la rueda del carruaje no lo arrancó, pero quedó tan inservible que por más que hiciera, no pudo evitar ver como comenzaba a pudrirse lentamente, supuraba un desagradable aroma y dolía como el infierno, fue entonces que decidió tomar un cuchillo, calentarlo y cortarlo de una maldita vez. Recuerda que estaba tan hambriento y débil que no pudo cortarlo de un solo movimiento, tuvo que serruchar con el cuchillo hasta que finalmente no quedaba ninguna unión. Sangró mucho, su dedo seguramente fue consumido por las ratas de aquellos callejones en Yueyang.

Xue Yang llevó su mirada oscura hacia el hombre frente a él, de repente, el deseo de venganza por su dedo ya no era nada, todo aquel dolor se desvaneció de su mente y fue reemplazado por los gritos devastadores de los remanentes del clan Wen, gritaban implorando piedad hasta desgarrar sus gargantas, el sonido de la cuchilla atravesando la carne cruda hace eco en sus oídos, el llanto de Wen Yuan y su frente febril sobre la suya, escondidos en un pequeño lugar escuchando los pasos de los asesinos y las risas llenas de satisfacción, proclamando que por fin han terminado con la plaga más repugnante del mundo. Blancas peonias, patrones de nubes, campanas de plata y pesados sables. Los recuerda muy bien, nunca olvidará.

Los odia, los odia a todos ellos. Quiere verles desangrarse hasta morir.

Al ver como sus nudillos se tornaron blancos, relaja las manos. No, ahora no es capaz ni de proteger a Wen Yuan o a sí mismo.

—WangJi los trajo aquí —, continuó el hombre de cinta blanca —. Lamentablemente él no está en condiciones de cuidarlos aún, pero podrán hablar pronto —, aseguró él.

Como si no supiera qué decir o hacer, asintió y le informó que traería comida más tarde.

Xue Yang en poco tiempo entendió su situación y rememoró un poco los sucesos de esa noche. Un hombre vestido de amarillo los había encontrado, los iba a matar, realmente apuntó su espada hacia dos niños. Niños, las grandes sectas no discriminaban.

Xue Yang nunca antes había matado antes, y lo hizo para salvar sus vidas. El cultivador no esperaba que un niño supiera siquiera sujetar una espada, no se esperó que un crío que apenas podía parar de temblar le atravesara el cuello. La sangre de aquel malnacido salpicó su rostro, y eso fue tan… se sintió increíblemente satisfactorio. Aunque asqueroso a la vez. Recuerda reír, pero también recuerda vomitar. Wen Yuan estaba ya inconsciente, por lo que no había forma que mirara tal atrocidad. Xue Yang estaba tan débil que apenas podía cargar con el otro niño, iba arrastrando la espada con ellos, no sabía siquiera si podrían salir de los túmulos, aún habían algunos cultivadores buscando sobrevivientes por la zona. No recuerda cuando desfallece, pero recuerda perfectamente ver a lo lejos una figura blanca y piensa que era su fin, que aquel fantasma de níveas túnicas los mataría.

Y entonces despertó en el receso de las nubes, en algún punto de trayecto debió haber dejado la espada, incapaz de seguir con su peso. Alguno de los otros cultivadores debió tomarlo como un trofeo eventualmente. Solo pensarlo le hervía la sangre.

Wen Yuan tuvo fiebre un par de días, pero aquel hombre le atendió prolijamente con su propia energía espiritual. Xue Yang se negó a dirigirle la palabra durante ese tiempo, Lan Xichen —como se había presentado en algún punto—, le informaba espontáneamente sobre el estado de Wen Yuan.

Comía lo que le daban, aunque era realmente insípido aunque era mucho más de lo poco que tenían antes. Aún con tan pocos ingredientes, la sopa que preparaba Wen Ning era más deliciosa. Las cenas donde la abuela machacaba las pocas verduras del plato para que Wen Yuan pudiera comerlas, donde el cuarto tío les contaba historias de su juventud y Wen Qing corregía la receta de su hermano pequeño en parte solo para molestarlo un poco; ahora se sentían realmente distante, en el cueco había más comida, si, pero al alzar la mirada no había nadie que le sonriera más.

Tocaba suavemente las telas que vestía, la túnica era estaba hecha de fibras frescas pero resistentes, los finos hilos que bordaban las nubes eran exquisitos. No le gustaban para nada, odiaba verse así.

Con los días, trató de escuchar la voz de su maestro en el eco de sus oídos y seguir lo pasos para su meditación y el equilibrio de su qi. Era irónico lo rápido que podía lograrlo ahora, cuando ya no podía correr a presumir en la cara de Wei WuXian, exigiendo dulces como recompensa. No había nadie más, Wen Yuan aún dormía.

La primera vez que pudo ver a Lan WangJi fue casi una semana después, su postura, aunque trataba de ser recta, era visible la curvatura en ella, a través de sus túnicas abiertas se podía ver en total su torso vendado al completo. Una marca de sangre de un tono rojo traspasaba parte de su pecho, y si su buena vista no lo traicionaba, las vendas de su espalda se encontraban desbordantes en sangre seca. Su rostro comúnmente inexpresivo denotaba un cansancio abismal. Estaba tan demacrado que no se parecía en nada a aquel hombre etéreo que pisó los túmulos aquella ocasión.

—Quiero irme —, fue lo primero que logró decir tras un silencio casi sempiterno —. No quiero estar con las personas que asesinaron a mi familia.

Los párpados de Lan WangJi cayeron y sus ojos dorados se asomaron bajo sus largas pestañas —. ¿Dónde irás?

Lan WangJi podría ser la persona en la que más confió Wei WuXian en vida, Xue Yang podía asegurarlo solo con verlos una vez. Lan WangJi era muy querido por su maestro y sin duda también le guardaba mucha consideración. Sea lo que eso sea, Xue Yang nunca supo cómo interpretarlo al completo, era tan complicado e imposible de entender para él… Lan WangJi tenía serias heridas, y estaba casi seguro que un hombre con un nivel tal alto de cultivo no podía herirse así solo porque sí, las heridas de Lan WangJi tenían una relación con la muerte de su maestro, y duda mucho que aún al encontrarse en el abismo más oscuro, Wei WuXian hubiera sido capaz de herirlo así.

Lan WangJi era la única persona ahí por la que no sentía la necesidad de arrancarle los ojos y cortar sus dedos uno por uno. Incluso los salvó a él y a Wen Yuan. Si Wen Yuan se queda a su cuidado, estará bien, mucho mejor de lo que estaría al lado de un ser tan sucio y oscuro como él. Wen Yuan no merecía crecer como un ladrón o un méndigo.

—Donde sea —, respondió al cabo de poco tiempo —, soy un rata de la calle, no hace mucha diferencia volver o no —, aceptó con cierta hostilidad que no puede diluir en su voz—. Me levantaré por mi mismo, recuperaré lo que es mío y vengaré a mi maestro.

Los labios de Lan WangJi se apretaron —. Esas no son las enseñanzas de Wei Ying.

Pocas palabras para una pesada declaración, fue certera, tenía que reconocer. Xue Yang asistió en concuerdo y continuó —. Las enseñanzas de mi maestro las he aprendido, pero mi maestro ahora ha sido asesinado y su nombre pisoteado. No me quedaré de brazos cruzados.

Lan WangJi negó con la cabeza, con clara oposición a su punto. Xue Yang sabía que ese no era el camino que el patriarca seguiría. Pero tal como todos han vociferado con tanta alegría: ¡El patriarca de Yiling ha muerto! Muerto, muerto, muerto. Que felicidad, que capaces son las grandes sectas de eliminar las amenazas al mundo de la cultivación, alabados sean los héroes de la (masacre) batalla.

—Hanguang-Jun —, le llamó, con más respeto del que jamás había usado, cuando lo dorados orbes del segundo jade se posaron sobre él, se inclinó con benevolencia —. Por favor, cuide bien de Wen Yuàn.

Con su mirada en el suelo, pudo sentir un suave escozor sobre su nuca.

—Levanta la cabeza —, dijo Lan WangJi —. Esa es una petición innecesaria.

Xue Yang asintió con la cabeza. Sin decir más, se levantó y salió de la sala. No tenía nada que empacar, la ropa que tenía puesta ni siquiera era suya, había perdido la espada de su maestro incluso. Por ello, no rechazó el dinero que le ofreció el segundo jade. Sería algo por dónde comenzar. Cuando fue a despedirse de A-Yuan, el niño seguía durmiendo. Tal vez eso era lo mejor. No esperó que justo en ese momento, sus pestañas temblaran y le mirara aún adormilado.

—Yang-ge, el hermano pobre se veía triste —, balbuceó con ojos cristalinos. Xuē Yang palmeó suavemente su frente.

—No lo estará más—, aseguró de inmediato en un susurro, una vez que su mano abandonó al niño dijo —, algún día volverá, espéralo, pequeño rábano.

(...)

Las calles son tan duras como siempre, pero Xue Yang no es más aquel blando saco de papas que cualquiera podía patear, aprendió a engañar, aprendió a pelear. Aprendió a hacer el trabajo sucio para peces gordos y ganar renombre.

¿Un estafador que localizar? ¿Un marido infiel qué castigar? ¿Un violador que atrapar? ¿Un asesino escurridizo? Él tomaba el caso y hacía justicia por mano propia cuando lo considera. Si bien hacia el trabajo sucio, no lo hacía por cualquiera, y no era exactamente el dinero lo que le impulsaba.

Con el tiempo, se acercó más y más a las sectas, mejoró su cultivo y se hizo un cultivador errante, recordó lo que había leído de los pergaminos de su maestro, las ideas de las que solía hablar, tal como había predicho, la energía resentida era segura de usar si evitabas que contaminara tu núcleo. Fue entonces cuando alguien muy importante conoció su nombre. Un líder de una secta prominente.

Xuē Yang tenía 18 años la primera vez que se encontraron. Por supuesto que no había olvidado a una de las sectas que contribuyó al asedio, pero el líder era otro y la secta ya había perdido tanta cara que no quedaba algo que destruir. Sus expectativas debido a la reputación del líder, eran bajas, sinceramente aceptó la reunión por mera curiosidad, se preguntaba que tan poco le costaría hacerlo temblar de miedo, tal vez hacerle un corte o dos en agradecimiento al líder anterior.

Contra todo pronóstico, Nie HuaiSang se sentó con una espalda recta frente a él, movió su abanico con gracia, ocultando parte de su mirada aguda.

—Xue ChengMei —, le llamó, haciendo que un escalofrío recorría su columna vertebral. Él no había usado ese nombre en esa vida, de alguna manera sentía lo ensuciaba con su estilo de vida —, fuiste un discípulo de Wei WuXian, ¿no es así?

Instintivamente, sus dedos se posaron en JiangZai.

Nie HuaiSang negó con la cabeza antes de seguir: —Wei-xiong, fue un amigo mío durante un tiempo —, narró, mirando de reojo su abanico, como si con su mirada analizará los patrones en él —. Lo sucedido en aquel entonces, el asedio en los túmulos funerarios, ¿no te interesa saber quién planeó todo para que eso pasara? Quien le lanzó la maldición de los cien agujeros a Jin ZiXun y desembocó la muerte de Jin ZiXuan.

Jin ZiXuan, el esposo de la shijie de su shifu, recuerda ese día. La voz de Nie HuaiSang era aterciopelada, demasiado despreocupado para no cargar ningún arma frente un asesino reconocido. Xue Yang sonrió mostrando su canino, no se esperaba que aquel líder mantuviera tal fachada, cuando en realidad era incluso bastante frío.

—¿Y qué es lo que ganas tú?

Nie HuaiSang lo miró por un momento, cerró el abanico, dejando expuesta por completa su expresión.

—Venganza, por supuesto. ¿No es lo que buscas también?

Xuē Yang se inclinó hacia adelante, con una chispa brillante en sus ojos —. ¿Y cómo exactamente piensas lograrlo? Quién estuvo detrás de esto, seguramente es increíblemente poderoso. Si pudieras hacerlo solo, no estarías hablando conmigo.

El líder de la secta Nie sonrió, y abrió su abanico de nuevo.

—Tú mismo debes saber sobre los rituales que el patriarca de Yiling estuvo investigando, buscando una forma de despertar la consciencia del general fantasma —, hizo una pausa, sus ojos se enfrentaron entre sí —. El ritual de sacrificio. Necesito ese pergamino.

Xue Yang sintió que el suelo bajo sus pies se movió levemente. Él era alguien quien había construido una reputación horrible a través de los años, y sin embargo, sentía que en ese momento estaba haciendo un trato con un demonio.

(...)

Xuē Yang tenía 20 cuando conoce a una niña que pretende ser ciega. A-Qing está tan sigilosa para robar que casi pasa desapercibida. También es una niña muy fácil de molestar. Eso sí, difícil de vigilar que no se meta en problemas. Han habido un par de ratas que han querido sobrepasarse, y bueno, se han quedado sin un buen número de dedos. Curiosamente después de eso no vuelven a aparecer por la zona.

A-Qing tiene aproximadamente la edad de Wen Yuàn, Wen Yuàn debe haber crecido bastante en los últimos años también. A veces se pregunta si es posible colarse en el receso de las nubes, pero recuerda que por el contrario de otras sectas, el receso de las nubes está protegido 24/7.

Un día en que A-Qing hace su típica rutina de robarle a alguien diciendo ser ciega, aquel tipo se dió cuenta que ella era la culpable y la confrontó agresivamente. Para sorpresa de todos, antes de que Xue Yang siquiera pudiera cortarle la mano, el rostro de un gentil hombre joven lo detiene, sujetando la muñeca de aquel hombre. Hace que la niña devuelva el dinero, pero deja que conserve su propio monedero. Interesante. Era una cultivador, uno bastante diferente a los que ha conocido antes, parecía demasiado recto, pero no había escuchado su nombre en las cercanías. Tampoco alardeaba sobre sus hazañas como otros cultivadores.

Solo fue curiosidad, Xue Yang quería saber si una persona con un rostro tan amable era bueno peleando. Por lo que le siguió el rastro por poco tiempo antes de plantar una puesta en escena perfecta. Provoca cierto conflicto en un bar y la gente rápidamente se altera, un cultivador noble ante esto, intenta intervenir para evitar la violencia, cuando la hoja blanca de su espada choca con una hoja oscura de otra.

Xue Yang debe admitir que esa fue una de las mejores peleas que tuvo en su vida. Terminando con la hoja blanca a unos centímetros de su cuello. Lo único que piensa en ese momento es que la mirada clara en los ojos de aquel cultivador, es bastante genial. Quiere aprender un poco sobre esa técnica de espada. Y esa es la única razón por la que se acerca a Xiao Xīngchén. Quiere ser más fuerte, eso es todo.

Se siente menos solo, de paso. Al menos por un tiempo.

—¿Por qué no le pides a Daozhang ir viajar con él? —dijo una vez A-Qing, chapoteando el borde del lago con su vara de bambú. Sus nubosos ojos grises parecen incapaces de enfocar, es bastante engañoso.

El mayor toma uno de sus caramelos en su mano completa, lo pasa entre sus dedos antes de lanzarlo hacia la niña que deja caer su vara para atraparlo.

—Tú eres la que quiere irse con su querido Daozhang, pequeña ciega, ¿has entrado a esa edad ya? —eligió burlarse en cambio. El rostro de la niña se puso completamente rojo, tomó su vara de bambú e intentó salpicarlo, pero el agua ni siquiera llegó al borde de sus túnicas.

—¡No finjas que no quieres! Puedo parecer ciega, pero hasta yo veo lo entusiasta que eres cuando salen de cacería nocturna —. Reclamó la chica indignada, aún así desenvolvió el dulce y se lo metió a la boca —, además, por lo que ha dicho Daozhang eres bueno en eso de la cacería nocturna, ¿por qué te dedicas a robar y hacer cosas sucias? Creo que ganarías más reconocimiento del bueno si te lo propones…

Xue ChengMei bajó su mirada a su bolsa de dulces, no le quedaban muchos, tiene un largo rato que no pasa por Yiling. Levanta su mirada hacia A-Qing, quien le mira con un puchero en sus labios.

—Si me voy, ¿quién cortará la mano de quien se atreva a tocarte, pequeña ciega? —contestó con una risa maliciosa, los ojos de la chica se entrecierran. Claramente está ignorando directamente su pregunta.

—¡Haz lo que quieras, no me preocuparé más por ti! —la joven se voltea y salta hacia otra piedra cercana con cuidado, volviendo a sus propios asuntos. Xue Yang sopesa la idea de empujarla y luego salir corriendo, pero recuerda que los golpes con aquella vara de bambú lo dejan adolorido por días, así que declina su propia propuesta.

Si bien, le gustaba salir a cazar junto con Xiao Xingchen, el cultivador de la montaña no se quedará allí por siempre, es posible que eventualmente encuentre otro cultivador errante que lo acompañe y se hagan de gran renombre en el mundo de la cultivación. Pero Xue Yang no está destinado a un camino como ese. Él había elegido esta forma de vida desde el día en que rechazó cultivarse en el receso de las nubes, un cultivador con sus métodos no sería renombrado, al menos no de forma positiva. Se pregunta si su Daozhang está en contra de aquellos métodos también.

Quizá, cuando haya limpiado el nombre de su maestro, una vez que haya vengado su memoria y su alma por fin pueda regresar o reencarnar, posiblemente y solo tal vez, podría acompañar a Xiao Xingchen en su viaje por un tiempo. Quizá para ese entonces, él ya haya cumplido su sueño de crear su propia secta.

Después de que Daozhang se marchara, la brillante luna y gentil brisa eventualmente sacudió el mundo de la cultivación con su nombre.

(...)

Por supuesto, no ha olvidado su propósito principal, recuperar lo que es suyo y vengar a su maestro, Xuē Yang tiene 25 cuando encuentra a la persona indicada.

Ha estado vigilando a la secta Lanling Jin de cerca, ellos tienen la espada que su maestro le encomendó en primer lugar. Según lo que le ha informado Nie HuaiSang, el actual líder de las secta Jin es la mente maestra tras todo, pasa desapercibido bastante bien, Xue Yang en los meses que ha estado al acecho, ha visto a Nie HuaiSang lloriquear en los brazos del asesino de su hermano, parte de él se asombra y otra se asquea.

Ha escuchado sobre un escándalo entre los sirvientes y discípulos, uno de los hijos bastardos de Jin Guangshan ha sido expulsado por una actuación inmoral. Al principio no le da tanta importancia, hasta que una semana después, Jin GuangYao envió a su sobrino, Jin Ling, a Yunmeng unos días antes de lo que comúnmente tenían acordado, sabe que algo va mal. Con el tiempo ha aprendido que Jin GuangYao nunca hace un movimiento solo porque sí. Esa noche habían menos discípulos patrullando, el líder de la secta convenientemente se estaba cultivando en solitario cuando unos ladrones entraron y secuestraron a Jin RuSong.

Relacionar tal crimen con un despechado discípulo que fue echado recientemente era bastante fácil. No sabía exactamente qué ganaría Jin GuangYao al matar a su propio hijo —no lo sabría hasta su próxima reunión con el líder de la secta Nie—, pero actuaba perfectamente el papel de padre en luto. Entre susurros, señalaban a Mo XuanYu por el acontecimiento, pero su líder con el corazón destrozado se negaba a reconocer la posibilidad de que su querido medio hermano haya sido capaz.

Xue Yang no sabía si todos eran demasiado ciegos, o era normal engañar y manipular en el mundo de la cultivación.

Mo XuanYu no fue señalado directamente por el líder de la secta Jin, pero ya había sido juzgado injustamente por todos, nadie era capaz de creer en su inocencia aún sin ninguna prueba de culpabilidad. Tal como una vez acusaron de mil atrocidades al más grande y prometedor cultivador de la generación pasada. Las sospechas sobre los hombros de Mo XuanYu lograron destrozar algo dentro de su mente. Lo que no sabía, era por qué Jin GuangYao necesitaba hundir a su medio hermano menor, habiendo ya alcanzado todos sus objetivos al llegar a ser el jefe de los cultivadores, considerado uno con mayor poder político en las sectas más conocidas, ¿acaso Mo XuanYu habrá descubierto algo dentro de la Torre Koi? Xue Yang duda que se trate de una amenaza por la herencia de la secta, XuanYu no podía ser ni de lejos un candidato por su nivel de cultivación.

Algunos discípulos de Lanling Jin viajaron a la villa Mo para investigar el asunto, y Xue Yang supo que era su oportunidad de infiltrarse dentro, con el luto aún presente las fronteras de la torre eran deficientes, transfirió su alma a un muñeco de papel para indagar dentro, buscando la espada de su maestro. Quizá sus habilidades como un ladrón habían sido perfeccionadas con los años, pero fue muy sencillo recuperar a Suibian. Incluso robó uno de los preciados pergaminos del patriarca de Yiling. Cuando Xue ChengMei observó aquella conocida letra, sintió un peso extraño sobre su estómago, solo pudo sacar uno de ellos, el ritual de invocación. Ver las cosas que antes Wei WuXian armaba con tanto entusiasmo, ser colgadas como trofeos, le recordaba perfectamente sus motivaciones.

Fuera de sus expectativas, los rumores comenzaron a decir que Mo XuanYu había usado métodos bajos para poder robar la espada sin que los discípulos lo supieran, pues la gente de la mansión Mo no dejaba que nadie lo viera.

Era increíble la capacidad de lo cultivadores de ser tan ciegos, o más bien, solo veían lo que querían ver.

(...)

Lan Xichen había mandado ayuda para su hermano jurado tras aquella ola de acontecimientos en su secta, Xue Yang sabía que el primer jade no sabía todo lo que él, la forma en la que Nie HuaiSang se dirigía a él era la única sincera a su parecer, pero aún así no puede (ni quiere) evitar despreciarlo un poco. No necesita a los discípulos Lan cerca de la villa Mo, sobre todo ahora que tiene la misión de entregarle a Mo XuanYu el pergamino con el ritual de invocación.

Sin embargo, ni en sus sueños más melancólicos, había esperado encontrarse con un discípulo en particular. Rasgos aún infantiles pero bastante familiares, con un porte digno de la secta Lan y una cinta blanca orgullosamente portada en su frente. Sus movimientos agraciados eran similares a los antes vistos por los jades Lan, pero esa mirada tan sincera y pura no era como la de ninguno.

Wen Yuan ha crecido bastante, debe tener al menos 15 años ahora, según los rumores, había sido reconocido como un joven prodigioso dentro de su propia secta, un ejemplo a seguir de los discípulos de su generación. Algo dentro de él le reconforta al pensar que hizo lo correcto en dejarlo al cuidado de Lan WangJi en vez de arrastrarlo a la desgracia junto a él.

Xue Yang sonrió, inconscientemente palmeó la bolsa de los dulces que había comprado en Yiling, se preguntaba si aún con la dieta tan insípida de Gusu, aquellos dulces seguían siendo sus favoritos.

Escucha la conversación ajena y no puede evitar suspirar por dentro, realmente no quería que A-Yuan esté implicado en todo aquel asunto. Colarse a la residencia Mo no sería mucho problema una vez que los discípulos de Lanling Jin se han retirado, además de que cualquiera que viera el estado de Mo XuanYu dejaría de lado sus sospechas…

Bien, ¿a quién quiere engañar? Solo quiere molestar un poco a Wen Yuan, una vez que descubrieran que traía a Suibian consigo tampoco quedaría mucho a la imaginación. Lo ha envuelto en la tela que quedó de la antigua ropa con la que había abandonado el receso de las nubes. Si actúa como si nada, ¿cuánto tiempo tardarían en darse cuenta?

¿Wen Yuan lo recordaba? Era muy improbable, no tenía ni cinco años cuando lo abandonó en Gusu.

Abandono… si, bueno, no podía endulzarlo. Se desentendió por completo de la encomienda de Wen Qing. No se quedó para protegerlo. No sabe hasta a qué punto se arrepiente de eso. No obstante, si el plan de Nie HuaiSang salía bien, podrían recuperar el tiempo perdido más tarde.

(...)

El amigo de Lan Sizhui, como ahora se llamaba, era bastante perceptivo y hasta cierto punto protector, aunque le alegra que Wen Yuan ahora tenga un compañero confiable, ni siquiera le dio mucho tiempo para sacarle mucha información sobre él o su vida en general, y eso que parecía algo despistado…

Al menos tras ver la espada, las sospechas sobre que Mo XuanYu era el culpable se disiparon casi por completo y los discípulos Lan siguieron directo el rastro falso que dejó. Aún así, tuvo que esperar unas semanas más hasta que las aguas estuvieron lo suficientemente tranquilas para infiltrarse a la mansión Mo de una vez por todas.

La casa principal era un tanto presuntuosa, tenía la pinta de querer aparentar más riqueza de la que obviamente tenía, era innecesariamente grande y de pésimo gusto, a su parecer. Como sea, a unos buenos metros de la casa principal, lejos, donde los jardines que pretendían ser cuidadosamente cortados acababan y la maleza hacía su acto de presencia, los viejos establos solo albergaba un animal y una persona abandonada. Posiblemente trataran con más cortesía al burro que al otro.

El ladrón aterriza con pasos ligeros, esta vez, dos espadas cuelgan de su cintura. Se ha resignado al hecho de que Suibian, pese haber sido heredada por un corto tiempo antes, no lo reconoce como su maestro. Está completamente sellada hasta el día en que el alma del patriarca de Yiling regrese. Aún así, es mejor cargarla que dejar que descanse empolvándose como un trofeo de caza tras las puertas doradas de Lanling Jin.

Lo primero que siente al entrar sigilosamente al desgastado lugar, es una sensación pegajosa bajo su bota, lo segundo es el aroma inconfundible de la sangre fresca. Cuando baja la mirada se encuentra con un pedazo de metal afilado e impregnado en rojo. Al seguir el rastro de las gotas carmesí se encuentra con una escena lamentable, bajo la luz de luna, se podía apreciar como la figura de un hombre desesperado, los limpios cortes de su muñeca habían sido detenidos presionando una tela en la herida, retenida con la poca energía espiritual que el cultivador de bajo rango poseía. Aún así, había perdido tanta sangre que seguramente se había desmayado en algún punto. El espeso maquillaje que portaba estaba completamente arruinado, el rastro de lágrimas y rasguños era un festival devastador.

Xue ChengMei pasó la punta de su lengua en la punta de su colmillo antes de chasquear. Caminó lentamente y escuchó por afuera el bramido del burro, se inclinó y extendió una mano al núcleo dorado del mayor. Su qi era una tormenta descontrolada, no le sorprende que su mente se encuentre en tan mal estado. Esta persona quería morir, pero no lo hizo, ¿cuál era su motivación para seguir? Si fue inculpado por su medio hermano y aplastado por su propia familia, ¿qué le quedaba? Realmente no lograba entenderlo. Nie HuaiSang dijo que había visto un potencial en el rencor que Mo XuanYu albergaba, pero, ¿su rencor estaba dirigido a otros o a sí mismo?

Tuvo un suave sentimiento de lástima por aquella persona, solo un poco. Lamentablemente, si quería completar su venganza, si le quería dar sentido a todos esos años, él era perfecto. Como sea, dejó que su propia energía espiritual fluyera dentro de su cuerpo, terminando por cerrar las heridas que se había causado. Después de todo, este sería el recipiente para el alma de su maestro. Se levantó y lentamente dejó el pergamino en una desgastada mesa, el único mueble del lugar.

—¿Qué es lo que quieres?

Por un segundo piensa que es su imaginación, pero al momento en que voltea por encima de su hombro encuentra que aquella persona tiene los ojos abiertos, aún sin molestarse en erguir su espalda, ni dirigirle su mirada al intruso. Los ojos de Mo XuanYu son difusos, una niebla gris que no encuentra luz. La luz de luna no logra tocarlo, la sombra persiste cubriendo hasta la punta de sus callosos pies como la única manta que le puede cubrir.

No responde, lentamente apartó sus dedos del pergamino y humedeció sus labios. No esperaba que en tal punto, esta persona siguiera consciente.

—Solo soy un humilde ladrón que ha pasado por aquí —, optó por decir en un tono juguetón, realmente no necesita atormentar más a un alma así, también estaba la opción de irse sin más. No es como si alguien vaya a venir a ayudarlo de todas formas.

—No tengo más que talismanes inútiles que robar —, murmuró con voz rasposa, ni siquiera movió un músculo —. Son tan inútiles que ni siquiera pude ayudarlo… ni siquiera podré ver más a A-Ling sin que le cause asco…

Xue Yang le miró desde arriba, sus pasos rodean a la luz de luna que se filtra por la ventana y siguen a la oscuridad, los ojos de Mo XuanYu no siguen ninguno de sus movimientos.

—¿Ayudar a quién? —lentamente, acortó su distancia y se puso de cuclillas, los nubosos ojos del cultivador por fin se movieron, mirando las botas del intruso.

—Nadie lo cree —, susurró, pestañeó suavemente y apretó levemente la mandíbula. Tras tomar un respiro, con dificultad, sus orbes grisáceos se fijan en la cara del ladrón. Vivaz rojo y apagado gris —. Lo tiene oculto, inmóvil… —sopló débil, sus ojos volvieron a desenfocarse —, el general fantasma no fue hecho cenizas.

Aquella declaración fue débil, como si le faltara el aliento. Hace que Xue Yang pierda el suyo. El general fantasma, el general fantasma, Wen Qionglin, Wen Ning.

¿No lo habían quemado? Había escuchado que el anterior líder de la secta Jin había esparcido sus cenizas junto a las de Wen Qing, regocijándose hasta que el Patriarca de Yiling hizo aparición, el día del asedio en la ciudad sin noche. Entonces, ¿era esto lo que Mo XuanYu había visto? Tal vez fue solo una de ellas.

Cuando volvió a mirar, el cultivador se encontraba inconsciente de nuevo, durmiendo tan profundamente como si hace unos segundos no le hubiera hecho una de las revelaciones más importantes en la vida de Xue ChengMei.

(...)

—¿Dónde te habías metido los últimos meses? —la niña frunció el ceño, cuando ilumina la oscura habitación con la nítida flama de su linterna.

Era uno de los pocos lugares que consideraba un techo seguro, el lugar donde A-Qing y otros niños de la calle habían hallado un refugio. Una casa abandonada a las afueras de la ciudad. Xiao Xingchen había ayudado a reparar el techo y algunas partes de las paredes que se habían roto. Ah, quisiera poder salir a beber con Daozhang en ese momento.

Tras no recibir respuesta, A-Qing asentó la linterna en la mesa y se paró frente a él, cruzándose de brazos —. Levántate, ensucias el suelo.

Xue Yang rió por lo bajo, pero no le hizo caso, A-Qing suspiró y se retiró dejando la lámpara. Realmente su vida hasta ahora había sido tranquila, de cierta manera, no pensaba mucho sobre sus acciones, se guiaba por una moral ciertamente influenciada por su maestro, y aún así, no medía su crueldad cuando se trataba de castigar al mal. Él mismo era un sicario hipócrita, ¿alguien vendría a cobrar venganza de él en algún momento? No le sorprendería que fuera así. Sin embargo, en los últimos días se había acercado demasiado a su pasado, había recuperado a Suibian, vio a Wen Yuan, y se enteró que, no solo había abandonado al niño, sino que todos esos años había dejado que el general estuviera en manos enemigas.

¿De cuántas formas le ha fallado a la familia que alguna vez tuvo? Si el plan funcionaba, ¿su maestro perdonaría tales actos? Siempre se repitió que eso no era importante, con tal de que todo fuera saldado. Pero, ¿a qué costo? Wen Yuan lo había olvidado, la única persona del clan en sobrevivir había sido encarcelado por más de diez años, todos los demás estaban muertos. ¿Y si el ritual de invocación no funciona? A través de los años, Xue Yang ha intentado convocar el alma de su Shifu innumerables veces, sin respuesta alguna. Nunca hay respuestas.

Estaba por suspirar una vez más, cuando sintió un golpe en su cabeza, algo se deslizó de lo alto y cayó en su regazo. En una pequeña bolsa. Levantó su mirada, iluminaba por la tenue luz está la pequeña ciega.

Xue Yang tomó la bolsa y siente su peso, dentro cruje el papel. Incluso el aroma, sabe de lo que se trata.

—Todos juntamos un poco de la semana para comprarlos, ¡no te los comas de una sola vez o te golpearé! —advirtió ella.

El joven sonrió y por fin, se puso de pie, tomó la lámpara y acarició la cabeza de la niña, despeinando totalmente su cabello recogido en media cola. Ella se quejó y lanzó unas cuantas maldiciones hacia él. ChengMei solo soltó unas cuantas risas para ir al cuarto donde solía dormir.

Puede que todo lo ocurrido hasta llegar a ese punto haya sido tedioso, tal vez incluso infructífero. Pero no puede decir que se arrepiente de haber elegido esto.

Cuando Wei WuXian vuelva y la verdad salga a la luz, entonces, sabrá si todo ha valido la pena.