2.-Medicina ruidosa.

Arthur se encontraba recostado sobre la ventana de su estudio mientras observaba la fina lluvia que caía en ese instante. Era una de tantas tardes lluviosas de esa gris y melancólica ciudad. Por alguna razón era agradable estar así. Le ayudaba a despejar su mente y aclarar sus ideas. Necesitaba ese momento de paz. Entre el trabajo, el tener que soportar a ciertas visitas molestas y otras cosas no había tenido ni un minuto de tranquilidad.

Soltó un enorme suspiro de resignación al ver la cantidad de trabajo acumulado sobre su escritorio. Lo más probable era que pasaría toda la noche trabajando. Qué molestia. A veces no entendía como era que idiotas como el frog o el estúpido de Alfred conseguían mantener sus países en orden sí lo único que hacían era perder el tiempo. Aunque tampoco era como sí esos imbéciles hicieran bien su trabajo. Tan sólo de pensar en todos los papeles que debía revisar le daba dolor de cabeza. Los últimos días no se había sentido muy bien que digamos, tal vez producto del cansancio, pero el trabajo era primero. Ya después tendría tiempo para descansar. Si no terminaba pronto, no quería ni oír el regaño que le daría su reina.

De pronto una serie de fuertes estornudos interrumpió sus pensamientos. Genial, lo único que le faltaba, se había resfriado. Todo por culpa de ese idiota de Gilbert. Sí no lo hubiese besado, sí no le hubiese dicho que lo amaba. Entonces no habría escapado de él, no se habría mojado con la lluvia y por supuesto que no estaría enfermo. El carmín cubrió sus mejillas mientras pasaba una mano por sus labios, recordando aquel instante. Todavía lo estremecía la forma en que lo había tomado entre sus brazos, besándolo de una manera posesiva, como sí no quisiera dejarlo ir. Pero a la vez era un beso tierno, demostrando sus verdaderos sentimientos. No podía creer que todo lo que había pasado. Todo lo que el prusiano susurró en su oído, todas esas palabras que tanto deseaba oír.

Luego de que eso ocurriera había dejado sólo al albino en el parque. Había vuelto a huir. Todos estos días había estado evitando verlo, contestar sus llamadas o ir a algún lugar donde pudiera verlo. No quería estar cerca de él. Sabía que no podría controlar todo lo que sentía sí lo volvía a ver de nuevo. Era mejor no hacerse más ilusiones con el prusiano. Probablemente, Gilbert se aburriría pronto y buscaría a alguien más. No quería ser herido otra vez. Sólo era un poco más de diversión para el albino.

Aunque él también lo amara, sabía que no podrían estar juntos. Era mejor olvidar lo que había pasado.

Hello, Iggy ―gritó una molesta voz, sacándolo de sus pensamientos mientras un estadounidense entraba corriendo a la habitación―. Tengo una excelente noticia que contarte...

― ¿Acaso no sabes tocar la puerta? ―le reclamó el inglés― Además ya te he dicho que no me llames Iggy... ―suspiró cansado― Bien. Dime cual es esa excelente noticia; a ver sí así te largas pronto. A diferencia tuya, yo sí tengo cosas importantes que hacer.

―No seas aburrido —se quejó el norteamericano ―. Yo sé que te gusta estar con el Hero...

―Sí, claro. Como sí quisiera escuchar tus tonterías...

―De todas formas, te mostraré mi brillante descubrimiento —siguió sin hacer caso del comentario del otro rubio―. Después de muchos años de investigación, los científicos de mi país han creado una máquina para leer la mente. ¿No es genial? ―continuó sacando de su mochila un casco con muchos foquitos y varios cables entremezclados― Es súper cool... ―dijo poniéndoselo― Me siento como unos de los X-men. Sólo oprimo este botón y...

El británico lo miró con fastidio. ¿Cuánto tiempo más iba a durar esa tontería? Como sí no tuviera otra cosa que hacer más que soportar sus idioteces. Claro que Alfred no se daba cuenta de ello. Ni siquiera su nuevo invento, hacía que se diera cuenta de que Arthur no tenía ningún interés en él.

―Ya casi está preparado ―continuó el molesto americano, ignorando la expresión de disgusto del inglés ―. Me preguntó en que cosas aburridas estarás pensando... ¿O tal vez estés enamorado de alguien? —Las mejillas del británico se sonrojaron levemente, sin que el otro lo notara.

―Ahora el toque final ―habló el gordo emancipado sacando un pequeño taladro como los que usan los doctores―. Para poder leer tus ondas cerebrales necesito hacer un diminuto agujero en tú cabeza para conectar mis cables ―término la explicación acercándose con malas intenciones hacia el inglés.

― ¿Qué crees que vas a hacer idiota? ―le respondió alejándose de el― ¡Estás loco sí piensas que te dejaré hacer esa estupidez! Lárgate de aquí, stupid...

―No huyas... Es por el bien de la ciencia...

Alfred se lanzó sobre él, atacándolo con el taladro. El de ojos verdes lo esquivo con un rápido movimiento, tratando de salir de ahí sin la cabeza llena de hoyos. Ambos forcejearon por varios minutos. Pero ninguno se daba por vencido.

―¿Oíste eso? ―preguntó Arthur esquivando el taladro que rozó muy cerca de su oreja. Al parecer se escuchaban unos ruidos y gritos fuera de la habitación.

―¿Qué cosa? ―respondió el otro deteniendo su ataque― No sé de qué hablas, no he oído nada.

El sonido se fue haciendo cada vez más fuerte. Y entonces los dos rubios escucharon de qué se trataba.

―Inglaterra, ¿dónde estás? ―decía la voz― Deja de evitarme. ¿Por qué no sales y hablas conmigo? Dile a estos sujetos que me dejen en paz. No puedo creer que traten así a alguien tan asombroso como yo...

La cara del inglés se puso totalmente roja al reconocer al dueño de esa voz. Por esa razón no notó que cierto gordo amante de las hamburguesas se le lanzó encima. Provocando que ambos cayeran al suelo, quedando en una posición un tanto comprometedora, con Alfred encima de él. En ese instante, la puerta se abrió de golpe, dejando entrar a cierto prusiano que intentaba zafarse de los guardias de seguridad que lo tenían agarrado. Al ver la escena entre los dos anglosajones, Gilbert se deshizo de los guardias, corriendo hacia ellos. Sujetó a Alfred de cuello de su camisa, quitándolo de encima del inglés y lo tiró al suelo. Se acercó al otro para encararlo.

― ¿Así que estás muy ocupado con él y por eso no contestas mis llamadas? ―le reclamó― Ya veo, entonces te importa más que yo.

― No es lo que piensas... ―contesto el británico sonrojado― Este idiota sólo vino para molestarme. Además, no tengo que darte explicaciones sobre mi vida privada ―se defendió levantándose del piso―. Ustedes pueden retirarse ―les dijo a los guardias, pues no quería que se enteraran de la situación―. Yo me encargare de ellos...

―Lo sentimos mucho, señor. Pero fue imposible detenerlo.

―No se preocupen, este tonto no se detiene con nada. Ahora por favor retírense.

Luego de disculparse una vez más, los guardias salieron de la habitación dejando a las tres naciones solas.

― ¿Me puedes decir porque este mocoso se la pasa visitándote todo el tiempo? ―inquirió el albino― No se supone que ya se había independizado de ti.

―Oye, no soy ningún mocoso —se quejó el estadounidense―. Además puedo visitar a Arthur cuando quiera.

―Cállate, que no estoy hablando contigo. Deberías aprender a respetar a tus mayores.

What? Ya ni siquiera eres una nación. Él Hero es mucho mejor que tú.

― ¿Cómo te atreves a insultar a Ore-sama? Creo que tendré que darte una lección de buenos modales... ―dijo a punto de abalanzarse sobre el americano.

―Se pueden largar de una maldita vez ―los interrumpió Inglaterra―. No tengo tiempo, ni ganas de soportar sus tonterías. Quiero que los dos se vayan ahora ―siguió abriendo la puerta―. Creo que ya saben dónde está la salida.

El inglés salió de la habitación dirigiéndose hacia su cuarto. Sólo quería huir de ahí. No soportaba estar tan cerca del prusiano. ¿Acaso no podía dejarlo en paz?

Se recargó en una de las paredes, cerrando sus ojos. No se sentía muy bien... Sentía fuertes puntadas en su cabeza y todo comenzaba a dar vueltas a su alrededor. Estaba un poco mareado. Era mejor que llegara a su recámara antes de que se pusiera peor...

Cuando trato de dar un paso hacia adelante, todo su mundo dio vueltas y sintió como estaba a punto de caer. En ese instante, unos brazos lo atraparon por la cintura, evitando que cayera. Al abrir sus ojos se topó con unos rojos que lo miraban con curiosidad. Gilbert rozó sus labios con los suyos, besándolo suavemente, acariciando su mejilla. El británico sólo se quedó inmóvil, incapaz de defenderse, con su rostro sonrojado.

Mientras el otro abandonaba sus labios y besaba su frente con una ternura inusual en él.

―Tienes fiebre —dijo el albino preocupado―. Deberías estar descansando...

―Estoy bien ―respondió apartándose del otro—. No tienes que preocuparte. Sólo es un pequeño resfriado. Es mejor que te vayas...

―Diablos, Inglaterra ―contesto Prussia tomándolo de los hombros y obligándolo a verlo―. ¿Qué más tengo que hacer para que te des cuenta de lo que siento por ti? ¿Por qué demonios no admites que tú también sientes lo mismo?...

―No es verdad ―murmuró dándose la vuelta e intentando escapar de ahí.

―Entonces dímelo de frente. Dime que no me amas.

―Y-yo...yo no.…te...a... —balbuceo el inglés tratando de desviar su mirada. No quería ver esos ojos rojos que lo hipnotizaban. Sin dejarlo terminar de hablar sintió unos labios atacando los suyos.

―Yo sé que es mentira ―habló el awesome prusiano liberando sus labios. Lo agarró de la cintura y lo cargo entre sus brazos.

What the hell? ―exclamó el rubio molesto― ¿Qué demonios crees que haces?

Gilbert ignoró todas las quejas del rubio, llevándolo a su cuarto. Al entrar sintió como lo dejaba caer sobre la cama y se subía encima de él, tomando sus muñecas, colocándolas sobre su cabeza. Acomodando sus rodillas a ambos lados de su cadera.

Kesesese, te ves tan indefenso así ―rio al ver como sus mejillas se cubrían de carmín―. Podría divertirme un poco contigo... ―susurró en su oído. Comenzando a depositar suaves besos en su rostro, bajando hasta su cuello. Provocando que el otro se estremeciera y empezará a forcejear, tratando de escapar. Sin embargo, no tenía fuerzas para liberarse.

―Pero ―continuó el prusiano dejando de atacar su cuello y depositando un suave beso en su frente―, es mejor que descanses ―se levantó de la cama. Y Arthur observó cómo le arrojaba una colcha encima―. Iré por algo para aliviarte.

El británico vio como el otro salía rápidamente de la habitación. En verdad estaba preocupado por él. O sólo era una de sus bromas. Suspiro y se hundió en las cobijas. De todas formas, necesitaba descansar. Luego de un rato, regresó el albino con un plato de caldo, unos paños húmedos y algunas medicinas.

―No lo cocine yo, pero supongo que te hará bien ―le dijo acercándole el plato. Arthur lo tomó y comenzó a comer en silencio.

― ¿Por qué haces todo esto? ―preguntó

―Porque te amo. Además, quién mejor que el asombroso yo para cuidarte.

Idiot... ―murmuró el inglés levemente sonrosado, dejando el plato a un lado de la cama.

―Bien ―sonrió el albino―. Es hora de que te cuente sobre mis maravillosas aventuras mientras te cuido.

Y así pasaron varias horas en las cuales el prusiano no dejó de hablar hasta por los codos, contándole sus hazañas al británico. El cual se quedó profundamente dormido, un par de horas después. Gilbert sólo lo observó dormir mientras acariciaba su cabello y fue vencido por el sueño.

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Arthur abrió sus ojos con pereza, mirando a la persona que dormía a su lado. Al parecer se había quedado dormido. Sonrió y paso una mano por su rostro. Gracias a Gilbert se sentía mucho mejor. Tal vez todo lo que decía era cierto y de verdad lo amaba... Suspiro feliz, acurrucándose en el pecho del contrario y tapándolos a ambos con una cobija. Sólo descansaría un poco más, lo demás podía esperar.

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Mein Gott!

Yo también quiero que Gilbert me cuide.

Que cursi soy...XD

Lamento actualizar hasta ahora, pero entre el trabajo y un poco de gripe. (Casualmente empecé a escribir el capítulo cuando estaba en cama, rodeada de pañuelos deseables.) En fin...

Espero que les guste el capítulo y que no sea demasiado occ.

Cualquier review, comentario, queja o sugerencia es bienvenida.

Quisiera agradecer a angiepam28 por su review. Muchas gracias. Me alegra que te haya gustado la historia. Y tal vez ponga el triángulo amoroso con USA en el próximo capítulo.

Gracias por leer.