Los meses habían pasado, y las misiones con Renji en su nuevo gremio, ya se habían convertido parte de su día a día. Y así, poco a poco, pedacito a pedacito, el espíritu de la maga estelar comenzó a reconstruirse.
Muy pronto, se vio anhelando nuevas aventuras; y poco después, retomó la escritura. La pasión estaba volviendo.
Habían quedado de juntarse temprano ese día y partir con la misión, pero ella se había acelerado un poco y le sobró tiempo, así que se sentó en la rivera de un pequeño río que atravesaba el pueblo. A veces hacia eso, a veces el sueño la abandonaba temprano y los pensamientos, los recuerdos, volvían a atraparla.
Mientras contemplaba el amanecer, sacó de su bolsillo la llave rota de Acuario y como en tantas otras oportunidades, dejó que sus pensamientos fluyeran; ahora sin tanto dolor.
No se arrepentía, jamás lo haría; había sido para salvar a sus amigos, a todos y no había más opciones. Pero, aún cuando hubiese sido la última alternativa, la única, el sacrificio no dejaba de doler y la culpa no dejaba de ocupar su corazón. ¿Algún día podría mirar atrás y no sentirse así?
Renji se acercó, sin ser notado y se sentó a su lado, observándola con mirada compasiva.
- ¿Quieres hablar de ello?
Lejos de asustarse, Lucy llevó su mirada a su compañero y sonrió con tranquilidad.
- Todavía no.
Él asintió, calmado y llevó su mirada al frente.
- Quiero escucharte- le dijo- estaré esperando.
Ambos se levantaron y partieron a su misión.
Estaba cansado, sucio y probablemente necesitaba un buen baño; pero las cosas por fin estaban dando resultado. El fruto de su viaje, de su entrenamiento estaba comenzando a notarse y estaba seguro de que esta nueva técnica sería de mucha utilidad.
Sonrió.
Se sentó a respirar el aroma del bosque, desde la altura, en la enorme montaña en la que se encontraba junto a su fiel compañero felino; cerró sus ojos y dejó su mente libre. Y como esperaba, la imagen de una hermosa cabellera rubia y grandes ojos chocolates se apoderó de él; La extrañaba.
La extrañaba más de lo que creyó posible al inicio de ese viaje y se sintió idiota de no haberlo considerado antes. De no haber notado lo que le ocurría antes de marcharse.
¿Cómo estaría?,¿Cuantas misiones habría hecho?,¿El pervertido de Gray la cuidaría?
Pero había una pregunta que superaba a todas las demás, una que lo carcomía y que a veces no lo dejaba dormir: ¿Lo extrañaría?
- Ne, Natsu- habló Happy sentándose sobre su cabeza- extraño a Lucy.
- Yo también- respondió usando su clásica y segura sonrisa.
- ¿Volvemos? Ya no quiero dormir en el suelo, quiero la cama de Lucy.
Miró al horizonte, mientras pensaba en lo mucho que él también extrañaba esos momentos y luego, volvió su vista a su brazo vendado.
- Solo un poco más- respondió- un poco más para dominar esto y volveremos con ella.
Solo debía tener un poco más de paciencia, un poco más de fuerza de voluntad y volvería donde su compañera; y esta vez, no tenía pensado marcharse, al menos, no sin ella.
La misión que habían realizado fue fácil, atrapar un par de ladrones y recuperar un pergamino en un pequeño pueblo.
Para ello, tomaron un tren y Lucy no pudo evitar comparar las situaciones, siempre lo hacía y cada día se sorprendía más de conversar y reír sin tener que estar preocupada de los mareos de un Dragon Slayer. Y si bien era agradable, no dejaba de extrañarlo; eran esas pequeñas cosas las que hacían especial a Natsu.
Cenaron en el pueblo y luego volvieron al hotel donde se estaban hospedando para tomar el tren de regreso; y mientras preparaba todo para dormirse, notó que faltaba algo, aquello que jamás debía perder: La llave de acuario.
Vació su bolso rápidamente y rebuscó entre sus pertenecías, revisó cada bolsillo, y luego, en la habitación; cada vez más desesperada.
- ¿Qué buscas? - preguntó Renji, alzando una ceja desde su cómodo asiento en el sillón.
- Mi llave- la voz de ella sonó angustiada- no encuentro la llave de acuario.
Dejó su libro a un lado inmediatamente y se levantó, no conocía la llave del espíritu; de hecho, Lucy nunca la había invocado, pero suponía de cuál se trataba.
- ¿Es la llave rota que siempre llevas?
Se detuvo un momento, tensa y un nudo en su garganta se formó, pero luego recuperó la compostura; no era momento de llantos, tenía que encontrarla.
- Sí.
Entre ambos, dieron vuelta el dormitorio, sus mochilas, sus ropas; y cuando ya no tuvieron éxito, decidieron rehacer el camino.
Rápidamente, abrieron la puerta y ahí, frente a ellos, una señora estaba parada con la mano alzada para llamar a la habitación.
Traía la llave perdida, su amiga perdida.
Luego de cerrar la puerta; en silencio y sorpresivamente, Lucy se desplomó. Después de seis largos y angustiantes meses, traicioneras lágrimas fluyeron sin control; pesadas e imparables, rebeldes; dejaron en evidencia todo aquello que guardo en la cajita en su corazón, allá en Magnolia.
La caja se abrió y ahora sin retorno.
Lloró, y entre palabras ahogadas, relatos entre cortados y sin ritmo, y algunas frases sin mucho sentido, logró contarle todo.
Se liberó.
Renji la abrazó y la acunó en su regazo, recogiendo cada pedacito, cada trocito de historia y comenzó a armar el puzzle; aquel que ella debía terminar de soltar para luego sanar completamente. Y fue en ese instante en que comprendió que era lo que motivó su acercamiento: Lucy era su alma gemela.
Él había visto en ella a su hermana, aquella que había muerto años atrás, aquel fatídico día en que lo perdió todo en un incendio, cuando apenas tenía diez años. Ella llenaba aquel vacío.
Lucy tenía aquella misma mirada que él tuvo cuando ocurrió todo aquello y fue eso lo que lo impulsó a mantenerse a su lado; ellos eran hermanos, compañeros y amigos.
- Así que fue así como accediste a los star dress.
Ella asintió mientras él secaba sus lágrimas con ternura.
- ¿Y…porqué nunca te he visto usarlos?
- Duele pensar en hacerlo.
- Mm… yo creo que sería una forma de honrar la memoria de Acuario, al fin y al cabo, ella lo hizo para que fueras más fuerte. Para que pudieras proteger a tus seres queridos.
Los ojos de Lucy se abrieron de la sorpresa, jamás lo había pensado de esa forma. Nunca había considerado que usar aquella técnica era más una respuesta de agradecimiento al sacrificio que un mal recuerdo.
Sonrió, tranquila.
-Tienes razón.
Seis meses después…
- ¡Hey Happy! - habló contento- ¿lo sientes?
El felino miró sin entender a su compañero mientras avanzaban por la ciudad envuelta en el ambiente festivalero que todos los años producía el torneo de magia.
- ¿Pescado?
- ¡Lucy! - gritó animado Natsu- ¡Ella está aquí!
Happy sacó sus alas y se elevó a la altura de su compañero, Feliz.
- ¡Luchy!
- ¡Vamos al torneo! - gritó elevando un puño al cielo, decidido- ¡Estoy encendido!
