Las misiones habían ido bien durante todo el año, para ser un pequeño Gremio en un pueblo casi olvidado, Luna Nueva tenía una muy buena reputación entre sus conocidos.

Así que, con todo lo que habían hecho, lograron juntar dinero para ir a ver el torneo de este año. Renji estaba particularmente ilusionado, sería la primera vez que los presenciaría y le era casi imposible ocultar su emoción; tanto, que Lucy consiguió animarse, a pesar de los recuerdos.

Recuerdos, parecía casi irreal ese remolino de emociones que sintió hace diez u once meses atrás, aquella desesperación en la que se estaba ahogando y de la cual creyó que jamás saldría ¿habría estado cayendo en depresión? No lo sabía. Pero lo único que sí tenía claro, era que ahora podía mirar atrás sin miedos, con menos dolor y, a veces, lograba incluso hablar de ello con tranquilidad. Todo proceso de curación tenía su tiempo, su propio ritmo y ella lo tenía claro; y sabía que todo se lo debía a Loke, sus llaves celestiales, Renji y Luna Nueva.

Así que iría a los juegos con Renji, lo pasaría sensacional y luego buscarían alguna misión entretenida.

Un plan perfecto.

Tomaron una misión para apoyar el trabajo de reportear los juegos, lo cual es ayudaría a ganar dinero mientras estaban ahí y partieron.

- Hey Natsu- llamó Happy- ¿estás seguro de esto?

Estaban en la entrada del gran estadio donde se desarrollaban los juegos de este año y no le cabían dudas que Lucy estaba ahí; su aroma era inconfundible.

- Luce está aquí ¡Vamos!

- ¡Aye!

Ingresaron al lugar, listos para dar una gran entrada y sorprender al público; sería un día inolvidable y de eso él se encargaría.

Todos los magos de Luna Nueva llevaban una pequeña lácrima para comunicarse; según el maestro, era una forma de saber de sus hijos y ayudarlos en caso de que lo necesitaran. A Lucy le parecía una idea encantadora y con Renji la usaban muy a menudo.

Precisamente, la lácrima de su compañero comenzó a vibrar indicando que alguien estaba intentando comunicarse con él.

- Pequeña- le dijo Renji- el maestro está comunicándose. Me alejaré un momento para saber que ocurre y vuelvo.

Lucy asintió y sonrió ante dulce apodo que su amigo usaba con ella.

Volvió su vista al combate que se estaba desarrollando, atenta a cada detalle para poder cumplir con su trabajo y totalmente ajena a los planes de cierto mago que estaba por irrumpir.

Una extraña figura ingresó al estadio y la temperatura comenzó a elevarse; el presentador intentó explicar o relatar lo que estaba ocurriendo, pero estaba tan perdido como el resto de los presentes, y el combate principal quedó en el olvido.

Todos los ojos se centraron en el mago que había ingresado y que estaba provocando todo aquello; y, mientras la gente huía despavorida frente la potente magia de fuego que derretía todo, Lucy supo quien era esa misteriosa persona: Natsu.

Natsu.

La mirada de desafío y picardía jamás abandonó su rostro mientras le daba un respiro a la gente del lugar; y todos gritaban por las ropas quemadas y desnudos vergonzosos.

Y ahí, en medio de aquel caos tan propio de su antiguo compañero, sus miradas conectaron después de un año.

Había encontrado a Luce.

Sonrió, orgulloso de su hazaña, con esa sonrisa que solo él podía tener; aquella que lo caracterizaba; su marca registrada.

Pero un ruido lo distrajo un par de segundos y volteo la mirada, y eso fue suficiente para que Lucy ya no estuviera en su lugar.

Renji volvió, preocupado ante el alboroto y la gente casi desnuda arrancando del estadio, y encontró a su amiga cubriéndose malamente y con sus ropas quemadas. No tenía idea de lo que había ocurrido, pero rápidamente se sacó su chaqueta, envolvió a Lucy y salió con ella del lugar.

Caminaron fuera del lugar, rumbo a la pequeña pieza donde se estaban quedando y notó que ella no se encontraba muy bien; pero Lucy negó y le pidió que le contara lo que el maestro necesitaba.

Volver a ver a Natsu había abierto aquellas heridas que ella intentaba cerrar y por el momento, no deseaba hablar de aquello.

Renji esperó a que ella estuviera cambiada y más cómoda para relatarle lo que había pasado con el maestro: el hermano de su padre había aparecido.

Lucy, pasó a segundo plano sus problemas y se concentró en su amigo, intentando evaluar que era lo que sentía ante aquellas noticias.

Su rostro mostraba confusión, un poco de miedo y alguna otra cosa que no logró identificar pero que le hicieron desear ser de alguna ayuda.

- El maestro recibió una carta de mi tío.

- Volvamos.

La miró, agradeciendo su entusiasmo, pero negó.

- Yo me adelantaré- indicó- tu termina el trabajo y me alcanzas allá.

Lucy supo leer entrelíneas y asintió; Renji necesitaba un tiempo a solas.

Lo acompañó a la estación de trenes, preguntándole por decima vez si quería que lo acompañara; pero él, incluso con algo de risas, negó.

Y antes de que terminara el día, Lucy se vio sola, en esa enorme ciudad y a punto de enfrentar sus recuerdos.

Caminó a paso lento desde la estación de trenes hasta su departamento, dispuesta a terminar su artículo para el trabajo con rapidez y dar alcance a su amigo cuando a pasos de llegar al destino, dos figuras la asaltaron.

Natsu y Happy estaban frente a ella, felices.

Sintió como su cuerpo se paralizaba ante la imagen, y su estómago se apretó de pura ansiedad; e intentó hacer caso omiso al nudo en su garganta para sacar la voz y empezar con la actuación de su vida.

Ella quería a Natsu, no tenía dudas, y estaba agradecida de todo lo que habían vivido, pero aún no estaba preparada para un reencuentro.

Sonrió, con aquellas sonrisas que solía tener cuando viajaban, mientras Natsu la levantaba como una pluma y sonreía por el reencuentro.

Miles de contradicciones surgieron en su interior; sus brazos se sentían cálidos y agradables, pero su corazón quería llorar de impotencia; la alegría de sus palabras era llenadora, pero le hizo acentuar el vacío que recién comenzaba a llenar; y sus ojos, aquellos que había extrañado, y que ahora se veían llenos de confianza y determinación solo le hacían querer huir.

No estaba lista para esto.

Disimuló todo con una sonrisa que no llegó completamente a sus ojos, esperando que no lo notara.

- Ven- dijo- vamos a mi departamento, supongo que no tienes donde quedarte.

Ingresaron, con la característica energía de ese par inseparable y se lanzaron al suelo llenándola de alabanzas por haberlos recibido.

Lucy rio.

Mientras Natsu y Happy le contaban sobre sus experiencias, llamó a su espíritu estelar y arregló el cabello del chico, luego preparó comida; intentando dejarse llevar por la situación y tratando de no pensar mucho las cosas.

Pero llegó la noche, y los chicos fueron relegados al sillón mientras ella se vio en la soledad de su cama y fue inevitable que todo la alcanzara.

Natsu siempre había sido un torbellino en su vida.

Natsu y Happy se veían bien, recuperados y sin preocupaciones; felices y eso la alegraba, significaba que al menos había logrado avanzar desde lo sucedido con Igneel.

Pero que él estuviera bien, que llegara como si nada hubiese pasado, no significaba que ella estuviera lista para volver. No.

Ella sabía que nunca había sido buena mintiendo ni menos actuando, por lo tanto, tenía claro que era bastante notorio que no estaba bien; un año atrás, Natsu lo hubiese notado y dolía ver que ahora ni siquiera lo observó.

Tal vez, estaba siendo egoísta y lo sabía, pero le hubiese gustado que le preguntara; que abriera la puerta para saber sobre su dolor o simplemente que le abrazara, indicando que todo estaría bien. Pero no lo hizo, y si lo notó, lo obvió.

Tal vez, estaba pidiendo demasiado, al fin y al cabo, estaba hablando de las mismas personas que se fueron a pasar su dolor solos sin importar nada.

Tenía que huir; no estaba preparada, aún no.

Tarde o temprano lo estaría, estaba segura; volvería con él, con ellos y todo estaría bien. Pero todos tenían sus propios procesos de sanación, sus propios ritmos, tiempos y el de ella, aún no había concluido.

Silenciosa como un ninja, se escabulló por la ventana y se marchó.

Se estiró en mitad de la noche, desvelado por todas las emociones del día y contento de estar, al fin, con su amiga.

Miró al techo y sonrió, el tiempo solo la volvía más hermosa y estaba consiente que Luce brillaba con su propia luz, y que probablemente, él no era el único eclipsado.

Rememoró el agradable encuentro que habían tenido y como se había aprovechado del momento para abrazarla y respirar su aroma una vez más; ella era todo lo que lo motivaba a volver. Y fue en ese instante en que notó algo que lo preocupó un poco: sus ojos, al momento de cruzarse se mostraron asustados, dolidos; como si algo terrible le hubiese sucedido. Pero fue un instante, un breve segundo y cuando volvió a verla, Luce ya tenía esa mirada tranquila que la caracterizaba. Pero algo estaba mal.

- Tal vez, está cansada- se dijo.

Pero no se atrevió a preguntar.

Se levantó, con ganas de gastarle una broma para que sonriera y se animara; como en los viejos tiempos, así que ingresó a su habitación, se acercó y la sorpresa llegó.

Lucy no estaba.

- ¿Lucy?

Happy se acercó, con una pequeña nota en su mano.

- Encontré esto en el escritorio.

Natsu la abrió, con un mal presentimiento que le apretó el estómago y un sentimiento de deja vú.

"Fue un placer volver a verte, cuídate. Lucy"

Una simple y escueta nota fue todo lo que quedó mientras su aroma se desvanecía en el departamento.

Corrió con desesperación por las calles de la ciudad, siguiendo el olor de su compañera, intentando con todas sus fuerzas alcanzarla. No podía irse, no podía.

Y mientras corría, mientas sus pies lo llevaban directo a la estación de trenes donde sabía que su amiga ya no estaba, pero aún guardaba la esperanza de encontrarla, supo que esos ojos tristes no eran de cansancio.

Luce escondía algo terrible y él había sido demasiado estúpido como para darle importancia.

Joder…

La estación de trenes estaba vacía y Luce no se encontraba ahí.