No sabía como sentirse después de la última misión; ni siquiera sabía si había avanzado un poco o retrocedido, tal vez había caído en un abismo sin salida.

Cualquiera fuera su respuesta, si de verdad le importaba encontrar alguna, tenía un objetivo claro: quería hacer algo que lo distinguiera.

Algo que marcara a Luce, que la hiciera mirar hacia él, que la dejara en shock. Quería que ella pusiera toda su atención en él, solo en él y no de forma amistosa.

Así que se había decidido, había visto a Gray y Erza hacer cosas como esas, y creía que él podía intentarlo; una Cita no tenía porqué ser algo tan difícil

Se sentó en el Bar y esperó a que Lucy apareciera.

- Ne Natsu- le llamo Mira con una leve sonrisa- ¿vas a tomar una misión?

- No, espero a Lucy.

La sonrisa de Natsu fue tan grande que Mira casi dudó en decirle lo que debería contarle.

- Ella pasó temprano en la mañana junto a Renji- le contó- fueron a buscar departamentos.

La mirada del chico se ensombreció y antes de que Mira pudiera decir algo, Cana apareció.

- ¿Lucy fue en una cita?

La mirada de Cana y Mira se fue directo a Natsu, sorprendidas ante el cambio de humor y su evidente decaimiento.

Y Mira, que había esperado años por ver algún tipo de señal en esa relación, sintió que esta no era la versión de Natsu que quería ver.

Ella quería que estuvieran juntos, pero se había rendido en juntarlos un tiempo atrás luego de ver la nula respuesta de ambos. Jamás pensó que la llegada de Renji pudiera gatillar aquello.

- Natsu tu…

- Sí- respondió- y ya no sé que más hacer.

La mirada de las chicas se suavizó, conscientes de que Natsu no tenía idea de lo que su amiga sentía por él y de que ellas no podían decirle nada al respecto.

Solo podían animarlo.

- Natsu- habló Cana- Solo debes ser tú; recuerda de Lucy está a tu lado por como eres.

Y como si eso fuera el combustible necesario, Natsu saltó de su asiento con renovadas energías. Cana tenía razón y él seguía dando pasos en falso por intentar ser quien no era.

Con Lucy solo necesitaba ser él, y decir las cosas a su manera.

No más juegos.

Ninguno de los dos pensó que buscar departamento sería una tarea tan agotadora; sus pies ardían, pero su amigo ya estaba instalado y contento.

Ingresó rápidamente a la ducha, dispuesta a relajarse y luego irse directo a su cama, lo necesitaba, realmente estaba muerta.

Agarró uno de sus libros, uno que Levi le había recomendado y se recostó en su cama; aún era temprano para irse a dormir, así que se puso ropa cómoda.

Natsu, como muchas veces, ingresó por la ventana; sin preocuparse si su rival estaba ahí. Y Lucy, ya acostumbrada, simplemente lo saludó y continuó su lectura.

Una divertida sonrisa se asomó en los labios del chico e inesperadamente le quitó el libro de las manos, tomó sus zapatillas y se echó a la chica al hombro, cual saco de papas.

- ¡Hey! - exclamó la chica mientras salía por la ventana- ¡Natsu!

- Shh- le calló mientras corría por las calles de la ciudad- ¿quieres despertar a todos?

- ¡Bájame!

- No- respondió- esto es un secuestro.

Lucy rodo los ojos y prefirió guardar silencio. Sabía que cuando a su amigo se le ocurría una idea no había quien lo pudiera detener.

Resignación, eso era lo único que le quedaba.

Al cabo de un rato, Lucy notó como las casas desaparecían y se adentraban al bosque, e identificó el destino: iban directo a la casa de Natsu.

Suspiró, imaginaba el desorden con el que se encontraría así que se preparó mentalmente.

Tal como esperaba, ingresaron a su pequeña casita y él la sentó en el sillón, aún sin explicarle de que iba todo esto, pero sin dejar esa agradable sonrisa que ese día portaba. Lucy miró a su alrededor, buscando alguna pista y se sorprendió de encontrar que todo estaba impecable.

¿Qué estaba pasando con Natsu?

El chico se agachó frente a ella, flexionando sus rodillas y le habló.

- Luce, hoy te rapté- indicó- así que no te atrevas a huir.

Ella asintió, aun sin entender de que iba todo, pero cansada como para rebatir.

Natsu se levantó y caminó a la cocina, y ella optó por seguirlo, encontrándose con aún más sorpresas.

Había una deliciosa cena preparada.

Se sentaron a la pequeña mesa que había en el lugar, extrañada por tanta preparación y la curiosidad le ganó.

- ¿de que va todo esto? -preguntó- ¿celebramos algo?

Natsu esperaba aquella pregunta, esperaba que ella notara la diferencia; que esto era especial, así que sonrió sin despegar su mirada de la de ella.

- Te extraño Luce- respondió- ya te lo había dicho, y por eso, esta noche te traje aquí.

Ella se sonrojó un momento, un breve instante, que no pasó desapercibido para él, y luego, tal como la vez anterior, se recompuso y sonrió. Y Natsu supo que diría algo que lo empujaría, nuevamente, a la zona de los amigos.

- Podríamos secuestrar a Erza y Gray también; hace un rato que no vamos a misiones juntos y los extraño.

- No- respondió, frunciendo el ceño- te extraño solo a ti, y esta noche es solo para nosotros.

Y fue en ese momento, en que Lucy notó que Happy no se encontraba en el lugar.

Continuaron la cena, pero el ambiente estaba un poco incómodo después de su último comentario así que decidió iniciar una conversación tranquila. Natsu, como nunca, llevaba el ritmo de aquella plática, haciendo toda clase de preguntas; aquellas que jamás había hecho: sobre sus gustos, lo que leía y lo que escribía. Preguntó sobre Acuario y Tartaros, sobre como aprendió a usar los Star Dress e incluso si seguía en contacto con Luna Nueva; y Lucy se vio contándole todo aquello que ella siempre guardó en su mundo privado y que consideraba que no le importaba a nadie más que ella.

Y Natsu escuchó, atento y sorprendido de todo aquello que ella guardaba y que era tan interesante como la Lucy que él siempre veía.

La cena terminó y la noche ya había caído sobre Fiore.

Lucy ayudó a llevar todo a la cocina y a lavar, mientras seguían conversando, y cuando ya estuvo todo listo, se dirigió a la puerta.

Ese era el momento de escapar.

Porque si bien, la cena había sido estupenda y Natsu se estaba comportando como un caballero; esta era una versión totalmente aterradora de él.

Una versión muy fácil de mal interpretar; esto era algo con lo cual ella podría fantasear y eso le hacía sentir incómoda, horriblemente incómoda porque no sabía como actuar ante tanta atención.

Este no era el Natsu que conocía.

Y a la vez, era un Natsu que podría derretirla en cualquier momento y eso era peligroso.

Así que, por su bien, tenía que huir.

Y Natsu no tenía pensado permitirlo.

Se ubicó delante de la puerta, bloqueando el paso y cruzándose de brazos, con un gesto de molestia.

- Hablé enserio sobre el secuestro, Luce.

Tragó fuerte, no se esperaba aquella resistencia.

- Pero Natsu- respondió- estoy cansada, tengo sueño.

- Entonces vamos a dormir.

- Ni siquiera tengo pijama- continuó- déjame ir y mañana continuamos ¿sí?

Negó.

No dejaría pasar un solo día más, esta era su cita, aún cuando la había secuestrado, pero era su cita y mañana, probablemente el estúpido de Renji la tendría ocupada en alguna estúpida misión.

Así que no, no la dejaría ir.

La guió hacia su armario y sacó un pantalón corto y una camiseta, y se retiró para darle espacio a que se cambiara mientras él hacía lo mismo en otro lado.

Lucy suspiró, no entendía que estaba pasando por la cabeza de su compañero, pero ya no pelearía más.

Apareció frente a su amigo con su polera que evidentemente le quedaba grande y los pantalones cortos que él le había pasado; e incómoda, avanzó hacia el sillón.

Y Natsu dejó de respirar un instante.

Esa era la imagen con la cual él debería despertar, y acostarse, todos los días de su vida; con Lucy, vistiendo sus ropas e impregnada en su olor.

Gritándole al mundo que ella tenía dueño.

- Natsu- llamó ella mirando a todos lados- ¿dónde encuentro mantas para mi?

Él sonrió perversamente, ¿de verdad creía que la dejaría dormir en el sillón? Su Luce era muy ingenua.

- No las necesitas.

- ¿No? - levantó una ceja algo molesta- ¿planeas matarme de frio?

Oh, no. De ninguna manera.

Apagó las luces, antes de que ella pudiera alegar, y la tomó en brazos. Subió a su hamaca y se acomodó con ella; este era el plan.

- ¿En serio Natsu? - replicó ella intentando acomodarse- aquí ni siquiera cabemos los dos.

- Luce, deja de moverte- indicó

- Pero…

- Déjame mostrarte

Su voz salió risueña y Lucy conocía ese tono en él; era cuando estaba a punto de hacer algo malo y no se arrepentía.

Ella, aun en la oscuridad, pudo imaginarse la sonrisa de su amigo y un escalofrío la recorrió. Esperaba lo peor.

Sintió que Natsu se movía quedando de lado, frente a ella y cerca, muy cerca; casi sentía su respiración en su frente.

Esto era demasiado.

- ¿Porqué estas haciendo esto? -preguntó luego de un momento de silencio.

- Siempre voy a tu casa, ya era hora de traerte.

Natsu estaba haciéndose el tonto y ella no notó. Pero no lo iba a permitir, estaba cansada y a punto de sucumbir ante sus emociones, a punto de ceder a la esperanza y sabía que aquello era peligroso. Así que no.

Si esto era una clase de broma, alguna clase de muestra de compañerismo (muy extraña) ella quería saberlo.

- Dime la verdad.

- Porque me cansé de jugar-respondió y su voz sonó más seria- ¿te molesta que esté cerca?

Intentó controlar su respiración, para que ella no notara lo alterado que se encontraba, ni lo fuerte que sonaba su corazón.

¿Cómo podía tener tanto poder sobre él?

- No, no me molesta-respondió- hemos estado en situaciones peores.

Sonrió, porque ella tiene razón y eso lo calmó, un poco; lo suficiente como para continuar con su atrevimiento.

Y sin que ella lo esperara, se inclinó un poco más hacia ella, buscando una mejor posición y enredó sus piernas.

Lucy se sonrojó violentamente, esto era demasiado, Natsu estaba pasando todas las líneas posibles. Ni siquiera en su cama él llegaba a esto.

¿qué pretendía?

Y antes de que ella pudiera hablar, o pudiera empujarlo, él se adelantó.

- Luce, te quiero.

Y Lucy, solo por un instante, se permitió soñar y creer que él se lo decía en la forma que ella quería escuchar. Luego aterrizó.

- Lo sé, Natsu- respondió sonriendo- yo también te quiero, es imposible no hacerlo, somos un equipo.

Se mordió los labios de pura frustración ¿porqué era tan difícil?

Así que, con su mano libre, elevó cuidadosamente la barbilla de Lucy para que, en aquella oscuridad, aquella cercanía, se pudieran ver a los ojos y él pudiera aclarar lo que realmente quería decir.

- Te amo Luce, y eres la única a la que puedo ver así.

Eso era.

Lo había dicho.

Al fin, se había declarado y ahora… ahora debía esperar a que ella respondiera.

El corazón de Lucy se detuvo por un instante.

Esas eran las palabras que ella siempre quiso escuchar, y aquellas que había dejado de esperar.

¿Porqué ahora? Él nunca había mostrado algo de interés.

Miró sus ojos; miró fijamente esperando que estallara en risas y le dijera "rara"; que apareciera Happy con alguna burla o que simplemente le dijera que eran amigos.

Y esperó.

Y el silencio se apoderó de la habitación de forma pesada. Tensa. Angustiante.

Y continuó esperando.

Porque no era posible que Natsu hablara en serio después de tanto tiempo.

Y se molestó.

Una inexplicable rabia se apoderó de ella, como un fuego, como si estuviera siendo poseída por algo muy superior a ella, incontrolable. Y se sintió ofendida.

Él estaba jugando.

Y el juego había llegado demasiado lejos, porque ahora, Natsu había roto su corazón.

- Con eso no se juega, Natsu.

Se levantó, con violencia, dejándolo paralizado por una respuesta que no esperaba. Tomó sus zapatillas y se fue.

¿Qué había pasado?

¿Qué había dicho mal?

La última mirada que Lucy le dio fue peor a que si le hubiese dado una cachetada, peor que cualquier golpe. Porque Luce estaba llorando y su rostro se veía herido.

¿había sido rechazado?

Pero…él había visto su mirada, había visto sus ojos y no notó rechazo; no notó nada de eso, y estaba seguro de que ella si sentía algo por él.

Y de repente lo supo. Como un rayo de luz, la respuesta vino a él: Luce estaba asustada.

Luce estaba confundida porque él no daba señales claras, porque él nunca había mostrado nada diferente y ahora, de la noche a la mañana, la bomba explotaba y ella simplemente no sabía que hacer.

¡Mierda!

Corrió.

Luce. Luce…

No supo como llegó, ni menos en que momento saltó a su ventana, pero ahí estaba; en el dormitorio de Luce, esperándola mientras ella abría la puerta principal.

Ahora era todo o nada.

Sus miradas se cruzaron una vez más y Natsu supo que ella había estado llorando; y ella ya no tenía las fuerzas para ocultarlo. No importaba.

Frunció el ceño, enojada de verlo ahí.

- Esto fue demasiado lejos- le dijo- vete de aquí.

Esas palabras fueron más duras de lo que creyó, pero se mantuvo ahí. Firme.

Y avanzó, un paso a la vez.

- No estoy mintiendo- respondió.

Otro paso más, y otro.

- ¿Qué esperas? - encaró ella- ¿Qué te crea?¡Nunca has mostrado nada!

- ¡Fui un inmaduro!

Y llegó, con el último paso, frente a ella.

- Creí que siempre estarías ahí- continuó- ¡no tenía idea!

Ella desvió la mirada, incapaz de mirar aquellos ojos que amaba, negándose a creer.

Y él, en un último intento, tomó su rostro y juntó su frente con la de ella.

- Debí haberlo dicho mucho tiempo atrás, pero estaba asustado y no sabía como actuar- continuó- pero Luce, te amo.

Ella volvió su mirada a la de él, algo más calmada pero aún indecisa.

- Te amo, Lucy-repitió- por favor, acéptame.

Lucy cerró sus ojos, y llevó su mano a los labios de él para silenciarlos suavemente, mientras se calmaba y regulaba su respiración.

Esta era su confesión, la real, aquella que Luce estaba aceptando y a la cual ella respondería; así que esperó.

Esta vez era de verdad.

Ella abrió sus ojos, y ahora su expresión era más calmada, y en sus labios una pequeña sonrisa se asomó.

- Te amo, Natsu.

Natsu supo, que la diferencia entre esperar una respuesta y recibirla era algo completamente distinto. Porque él deseaba un sí, pero jamás se imagino que recibirlo sería tan emocionante.

Una alegría indescriptible lo embargó de pies a cabeza y un montón de otras sensaciones aparecieron, y se mezclaron en lo que él solo pudo describir como felicidad.

Y, a pesar de que por dentro estaba explotando de alegría, su rostro solo pudo formar una sonrisa que probablemente era tan grande como la que Lucy portaba en ese momento.

- ¿Puedo besarte?

Se sintió idiota de preguntarlo, pero valía la pena si Luce se sonrojaba de esa forma.

Así que, de forma inexperta, torpe y algo acelerada, presionó sus labios en un pequeño roce que lo dejó con gusto a poco.

- ¿otra vez?

- No necesitas preguntarme.

- No te puedes retractar.

La volvió a besar, pero esta vez, no se conformó con un roce; esta vez atrapó sus labios de una forma nada inocente, y se apoderó de ellos, lentamente. Grabando a fuego, como su propia magia, quien era el dueño de aquellos besos.

La dejó respirar un par de veces, las necesarias, y luego continuó con aquella experiencia nueva, y bastante adictiva.

Y si no fuera por Luce y su buena educación, él no habría dormido con tal de dominar aquel arte.

Despertó temprano, con el sonido de la tetera en la cocina y en la cama vacía de Luce.

Sonrió al recordar lo ocurrido la noche anterior y como ella lo retó por intentar seducirla para continuar la sesión de besos mientras estaban acostados. Pero Luce tenía razón, tenían tiempo de sobra para explorar. Toda una vida por delante.

Se levantó, y encontró a Luce, aún con su polera y pantalón, y se acercó orgulloso.

- Buenos días, Natsu.

Esa voz.

- ¿Renji?

El chico sonrió, mientras sostenía una taza de café y miraba a su amiga con una sonrisa en la cara.

- Ahh, Natsu- habló Lucy sirviendo otra taza- Renji vive en el departamento de al lado y vino a tomar desayuno.

Natsu, rápidamente avanzó, maldiciendo a su suerte de que su rival viviera al lado, y se ubicó detrás de Luce, pasando sus brazos por la cintura de la chica y besando su mejilla.

Lucy se sonrojó y Renji solo pudo sonreír.

- Luce es mi novia.

Renji tomó un sorbo de su café y respondió con suficiencia.

- Sí, sí, demoraste demasiado en lograrlo.

- ¿de que me perdí? -preguntó Lucy extrañada.

- Tu novio cree que me gustas.

Ella se giró hacia Natsu, divertida y respondió.

- ¡Eso es imposible! - indicó- ¡a Renji le gusta Cana!

- ¿Qué? Y aquello que me dijiste…

- Renji…- amenazó Lucy- ¿hiciste que Natsu te mal interpretara?

Renji ya no pudo aguantar la risa y asintió.

- Lo siento Lucy- respondió- pero fue inevitable.

Y lejos de estar molesto, Natsu estaba contento, todo había resultado bien y el futuro sería algo maravilloso.