Disclaimer: Quien no sepa que Twilight le pertenece a Stephenie Meyer y Harry Potter a JK Rowling, es que vive bajo una piedra.

Entonces, puesto que no soy ninguna de ellas, nada de esto es mío. Solo la historia y los OCs.

Tampoco obtengo beneficios económicos ni lucrativos al escribir esto.


Capítulo 2.


Madame Ponfrey no estaba contenta con lo que encontró. Esas personas no habían cuidado bien al pequeño y si por ella fuera, los maldeciría por negligentes.

Albus había transformado algunos envoltorios de caramelo en juguetes y le había costado que el niño tomara uno.

Cuando lo hizo, miró a su alrededor esperando algo.

-¿Te gusta el león, Harry? Es tuyo. Te lo regalo. También los demás juguetes, querido muchacho.

Al hombre mayor se le humedecieron los ojos cuando Harry rió y abrazó los muñecos.

Dumbledore suspiró y se pellizcó el puente de la nariz. Las siguientes horas no iban a ser bonitas aunque ya se le estaba ocurriendo algo.


Harry tenía un tío en América. Era hijo del padre de Lily pero con otra mujer. Su nombre era Charlie Swan y vivía en Forks.

Dumbledore no había querido dejar allí al pequeño porque se trataba de un lugar alejado y las leyes allí eran diferentes. Quería que el niño estuviera cerca.

Ahora no tenía más remedio que contactar con el hombre.

Sabía que había tenido una hija y que estaba separado. Era policía y Albus supuso que eso significaría que el bebé estaría bien cuidado con el hombre.

Había tenido un error de juicio antes y no se equivocaría de nuevo. Tomaría medidas... En forma de hombre lobo.

Eso mejoró un poco su humor. Iba a haber caos pero si eso le proporcionaba a Harry una infancia decente, entonces le daba igual si tenía que sacar a relucir métodos un tanto cuestionables.


Remus tomó otro sorbo de su chocolate caliente y continuó leyendo el libro que tenía entre las manos. De nuevo había perdido un trabajo y se sentía miserable.

Durante todo el año que había pasado desde la muerte de tres de sus mejores amigos y el encarcelamiento del cuarto, su vida había sido una mezcla de basura y dolor.

Gruñó y se esforzó por concentrarse en el libro. Recordar nunca le hacía bien y no deseaba terminar cambiando el chocolate por whiskey barato.

Se sorprendió cuando alguien llamó a la puerta. Nadie lo hacía. No desde...

Maldijo para sí y se levantó.

Tomó su varita por si acaso y se preparó para cualquier cosa.

No esperaba ver a Albus Dumbledore con un niño en brazos que abrazaba un león.

-¿Albus?

-Hola mi querido muchacho. ¿Podemos pasar?

Remus había quedado tan desconcertado que se le olvidó momentáneamente la cortesía.

-Sí, por supuesto.

-No entiend... -Comenzó a decir cuando la puerta se cerró.

Fue entonces cuando vio realmente al niño.

Delgado, pelo negro, cicatriz en la frente y esos ojos...

-Veo que lo has adivinado. -Dio el director.

-Pero Albus, no entiendo. ¿Qué significa esto? ¿Por qué Harry está aquí?

-Pues verás, Remus. Todo comenzó esta mañana cuando no lograba encontrar uno de mis calcetines de fresas bailarinas.


Lupin no estaba enfadado. Estaba furibundo. Si no había ido a maldecir a esos muggles mugrientos se debía a la presencia del cachorro que jugaba en el suelo con un león y un lobo que él había transformado a partir de un tintero vacío.

-Entonces estoy pensando que os mudaréis a Estados Unidos. -Comentó el mayor.

-¿Mudaréis? ¿Quienes? ¿No te referirás...?

-A eso precisamente me refiero. Te mudarás con Harry a Estados Unidos y te asegurarás de que su tío Charlie lo cuide como debe ser.

-Lily no habló mal de su mediohermano. -Reflexionó el licántropo. -No se vieron mucho, pero sí que se escribían a menudo. ¿Sabe que Lily y James...? -No pudo terminar de formular la pregunta. Era demasiado doloroso.

-Sí. El ministerio le envió una carta.

Una pequeña llama de esperanza se abrió paso en su pecho.

Desde que sus amigos se habían ido, no había tenido ningún propósito más que el de sobrevivir hasta el día siguiente. Pero si pudiera cuidar de Harry... El pequeño no tendría que estar a su cargo. Solo... Con verlo le bastaba.

-¿Pero dónde voy a vivir? ¿Cómo haré con mis transformaciones?

Ni se molestó en negarse. No tenía nada en Gran Bretaña así que mudarse al otro lado del mundo no era problema para él.

-Me ocuparé de ello, joven Remus. No te preocupes.

Cuando Dumbledore dijo que se ocuparía, no esperaba que dejara al menor a su cuidado mientras se iba a hacer a saber qué cosa.

Suerte que la luna llena había sido una semana atrás y podía seguirle el ritmo a un niño pequeño.

No es que Harry fuese ruidoso o travieso de todos modos. Eso le consternó porque el chico había vuelto locos a sus padres correteando por la casa, molestando al gato y volando en la pequeña escoba que Sirius...

No podía centrarse en esos pensamientos porque Harry lo necesitaba entero y si se desmoronaba temía nunca poder recoger sus pedazos.

Observó al niño y se preguntó cómo había sido su vida durante ese año para convertirse en el pequeño silencioso que tenía delante.

Esperaba que con el tiempo Harry saliera de su caparazón y volviera a ser el bebé alegre que recordaba.