Disclaimer: Quien no sepa que Twilight le pertenece a Stephenie Meyer y Harry Potter a JK Rowling, es que vive bajo una piedra.
Entonces, puesto que no soy ninguna de ellas, nada de esto es mío. Solo la historia y los OCs.
Tampoco obtengo beneficios económicos ni lucrativos al escribir esto.
Capítulo 3.
Cuando Charlie llegó a casa después del trabajo, esperaba llamar a su hija, hablar con ella, luego calentarse algo de comer, ver un partido de baseball e irse a la cama después.
Lo que no se imaginaba era encontrar a un anciano y a una señora de mediana edad en su camino de entrada.
Parecían fuera de lugar allí y sus vestimentas...
Pero no podía ser. La única bruja que había conocido estaba muerta y su hijo se encontraba con su hermana Petunia que por cierto, no había querido tener nada que ver con él.
Al parecer, en la vida normal de Petunia, un hermano de diferente madre no era bienvenido debido al escándalo y las especulaciones vecinales.
Charlie hacía mucho tiempo que había dejado de sentirse dolido por sus desplantes y tenía cosas más importantes de las que preocuparse.
El joven aparcó el coche patrulla y bajó.
No tenía ni idea de quien eran esas personas.
Se planteó acomodar la mano sobre su arma, pero sabía que podían desarmarlo antes de que dijera un simple hola. Y ellos eran dos.
Si Albus podía confiar en alguien, era en la profesora Minerva McGonagall. Era severa, estricta, pero justa y protegía a los niños como si fueran suyos.
Sus instintos no le habían fallado antes con los Dursley así que el director decidió traerla con él.
Convencerla no había sido difícil y un día después, estaban en casa del Señor Swan.
-Buenas tardes, señores. ¿En qué puedo ayudarles?
Dumbledore sonrió afablemente.
-Buenas tardes, Señor Swan. Nos gustaría hablarle sobre un tema... Delicado. -Minerva intervino.
Estaba acostumbrada a hablar con muggles acerca de sus hijos mágicos y en esta ocasión no permitiría ningún error. Si este hombre no era de fiar, el pequeño Harry no se quedaría aquí.
-Pasen entonces. -Charlie ofreció. -Será mejor hablar dentro.
El policía llevaba varios minutos sentado frente a los ancianos y ellos parecían darle vueltas a algo de lo que ya tenía conocimiento.
No era un hombre al que le gustara irse por las ramas así que decidió intervenir.
-Señor Dumbledore, Señora McGonagall, son muy amables al tratar de manejar esta conversación con delicadeza, pero ya sé quienes son. no lo sabía antes, pero cuando se han presentado... Mi hermana Lily me habló de ustedes dos. Oh, no pongan esa cara. Soy un Squib. Mi madre era Squib también y siempre me he mantenido al tanto del mundo mágico. Y más desde que Lily y su esposo fallecieron. -Carraspeó para contener las lágrimas y esperó a que los estupefactos magos asimilaran la información.
-Entonces esto será más sencillo de lo que pensé inicialmente. -Dumbledore dijo alegremente.
-Queremos hablarle de su sobrino Harry. -Minerva dijo antes de que al director se le ocurriera divagar sobre cualquier cosa.
La expresión preocupada que cruzó las facciones del policía satisfizo a la bruja.
-¿Ha pasado algo? ¿Está bien? -Preguntó rápidamente.
Cuando terminaron de contarle lo sucedido, se sintió triste al no sorprenderse mucho por las acciones de Petunia. Era una mujer intolerante y su marido al parecer no era mejor.
-Lo cuidaría, de verdad. -Charlie comenzó. -Pero trabajo muchas horas y no sé cocinar. Soy un desastre conmigo mismo y no sé qué pasaría si trajera a Harry conmigo.
No podía dejarlo con su amigo Billy porque él tenía tres hijos a los que cuidar y Harry Clearwater y su esposa tenían dos.
-No se preocupe, Señor Swan. Tengo eso controlado. ¿Qué diría al tener a un hombre lobo como compañero de piso y niñero?
El policía tuvo la sensación de que no tenía mucha opción en el asunto. Pero... ¿Quería oponerse?
Eran muchos cambios de golpe, sí, pero su sobrino lo necesitaba y si ese licántropo era de fiar...
Si no lo era, le dispararía y arreglado.
-En unos días tendrás dos nuevas adiciones en tu hogar. -Albus sonrió. -Muchas gracias por recibirnos, Señor Swan.
Cuando los magos abandonaron su casa, se tomó unos minutos para serenarse. Había tomado una decisión de la que no podía retractarse y si bien no quería hacerlo, era consciente de que cuidar de un bebé era una enorme responsabilidad.
Se inquietó entonces cuando su ex mujer y su hija le vinieron a la mente. Había estado tan concentrado en asegurarse de que su sobrino fuera feliz que no se había parado a pensar en lo que sentiría Bella y en lo que diría Renee.
¿Se sentiría su pequeña desplazada? ¿Tendría celos?
Eso iba a carcomerle la mente hasta que no hablara con Isabella y su ex esposa así que decidió llamarlas. Esperaba que Renee no hubiera corrido con la niña de nuevo a otro lugar y que tardaran en contactarlo días para informarle. Siempre que eso pasaba se ponía nervioso.
¿Bella querría conocer a Harry por Acción de gracias o navidad? ¿Querría en verano?
No se arrepentía de haber accedido a acoger a su sobrino y al licántropo, pero no sabía qué haría si su pequeña no lo aprobaba.
-¿Qué opinas, Minerva? -Dumbledore preguntó cuando estuvieron de vuelta en el castillo.
-Creo que Remus y él lo harán bien.
-Estoy de acuerdo contigo. Algo me dice que les irá muy bien. -Los ojos del anciano brillaban.
La bruja decidió no preguntar. Estaba cansada y quería irse a dormir.
