Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, la trama es de mi autoría.

Nota:Esto era un cuento corto, pero si les agrada la idea y les gustaría un fanfic con muchos capítulos, háganmelo saber. Gracias.

El metro

Los días entre semana me levanto preguntándome, si te veré. Has pasado de ser una costumbre a una adicción, abordas siempre el mismo vagón y a la misma hora que yo.

No tengo ni una vaga idea de saber desde cuándo lo haces, sólo recuerdo el día en que te vi por primera vez, con tus Jeans, playera oscura y zapatillas deportivas. Parece que fue hace poco, pero en realidad tenemos encontrándonos más de un mes, o al menos, es el tiempo que llevamos con el intercambio de miradas. Eres más joven de lo que aparentas, la piel de tus manos y cuello me lo indican. Siempre cargas el mismo libro bajo el brazo. Nunca logro ver la portada, no sé cuál es su nombre.

He llegado puntual a la parada, tú estás ya aquí. Reconozco el color de tu cabello y tu corte, me coloco como siempre a tu lado derecho y finjo no verte. Tú tampoco me miras, pero la sensación de atracción es notoria en mi cuerpo, desde la respiración agitada, el jugueteo de mis dedos con el cordón de la bolsa, mariposas revoloteando dentro de mi estómago, hasta el constante mordisqueo de mi labio inferior.

Llevo puesta una blusa blanca, dejando abiertos dos botones de más. ¡Quién sabe! A lo mejor consigo que me hables y entonces yo te conteste. Me niego a poner la vista sobre alguna parte de tu cuerpo ahora, porque no quiero darte la equivoca señal de que me muero por ti.

Siento una opresión en el estómago.

Hoy, hay más gente que de costumbre lo que significa que no podre sentarme para observar los músculos de tu pecho marcado. Como en esas ocasiones en que se encuentra vacío el vagón, tú sueles pararte junto a la puerta, mientras yo me siento del otro lado para quedar frente a ti.

El metro viene retrasado y mientras tanto aprovecho el tiempo para fantasear.

Al fin llega, dejo pasar algunas cuantas personas antes y luego entro. Te he perdido…

Te has colocado detrás de mí. Es extraño que mi cuerpo te reconozca ya sea por tu aroma mezclado con el de tu perfume o por la reacción de mi piel que se estremece al sentir tu energía, aura o como el demonio quiera llamarlo. Sólo sé, que siento un latigazo en la espina dorsal. El tren se ha puesto en movimiento provocando un ligero balanceo en los pasajeros que nos encontramos de pie, mi cuerpo se pega al tuyo sin intención alguna y yo sólo atinó a decir:

—¡Disculpa!

Intento separarme de tu cuerpo, aunque la distancia es mínima logro obtener un respiro a las sensaciones que tu cercanía provoca. Paso saliva y aprieto la quijada, vuelvo a sentirte; has acortado la distancia quedando tu brazo junto al mío, estoy tentada a mirarte, pero hemos llegado a la siguiente estación.

Poca gente es la que abandona el vagón, trato de no moverme de mi sitio, pero al entrar más pasajeros somos empujados hasta el fondo.

Miro tus hombros y parte de tu cuello, me aventuro a echar un vistazo un poco más arriba encontrándome con tu quijada, ves hacia tus lados disimuladamente. Creo que estás midiendo el terreno para tu siguiente paso. Hace calor.

¡Maldito el infierno que estoy viviendo!

Una gota de sudor baja por mi cuello y otra por mi frente. Tú mano se aventura a rozar una de las mías y…

Segunda estación, continúo tan quieta como me es posible. Entra más gente a esta lata de sardinas, ahora apenas y puedo respirar. Y de nuevo, el jodido y maldito movimiento… Tu mano hace camino en busca de la piel desnuda de mi brazo, dejo de respirar y siento la sangre acumulada en mi rostro, mis piernas tiemblan.

Mis ojos cerrados, las mejillas sonrojadas y mis labios rojos entreabiertos y estoy a punto de mirarte al rostro y…

Tercera estación… Siento tu mano en mi cintura pegándome más a ti. No me permites huir, esa no es mi opción, entonces te acercas y susurras en mi oído.

—¡Hola!

Giro mi cabeza hacia tu rostro tus hermosos ojos dorados y oscurecidos por la excitación me miran…

Me besas, tus labios suaves y carnosos se juntan con los míos incitándolos a danzar juntos, estoy asustada. Tus manos en mi cintura y tu temperatura traspasan la ropa hasta mi piel, los latidos de mi corazón son demasiado rápidos y creo que sufriré algo aquí. Me muerdes y eso me altera, abro un poco los labios y entonces profundizas el beso. Dejo de escuchar todo a mí alrededor, sólo estamos tú, yo y el sonido de nuestras bocas chocando una contra la otra y las respiraciones erráticas y las sensaciones de placer y….

Cuarta estación.

Quito tus manos de mi cintura y me aparto de ti, tus ojos puestos en mi rostro, pero mantengo mi vista baja. Paso a tu lado sin corresponder tu atención, tu mano toma mi brazo me detienes un momento, sólo uno, pero no hay palabras de tu parte que me hagan quedarme a tu lado. Tampoco te doy una mirada de complicidad. No hay nada.

Aflojas tu agarre y yo doy un paso a delante, pero aún no me sueltas del todo. Conforme mis pies avanzan, tú recorres mi brazo; y cuando llegas a mi mano das un último apretón en mis dedos. Quieres que te mire y aun sigo sin hacerlo. Me sueltas, finalmente para dejarme marchar.

Continúo mi camino sin mirar atrás, tal vez mañana, me anime y al fin decida conocerte.