Nunca antes había escrito algo como esto, pero supongo que era cuestión de tiempo para que me lo pidieran, cosa que efectivamente pasó, aunque me tardé media vida para cumplir. En fin, disfruten de esto.

Campeón vencido

Luis Sera no sabía qué había pasado con él. El otrora rompecorazones más grande de todo Madrid ahora no sacaba provecho a sus dotes, todavía bastante vigentes de tener a la que quisiera. El motivo de ello, tan simple como podría ser, era que sólo quería a una mujer en específico, misma que había estado evadiéndolo por un buen tiempo.

Aquella mujer, la encarnación ideal de una femme fatale, era nadie menos que Ada Wong, mujer de decisión y recursos, aparte de implacable a la hora de defender sus intereses. Y era eso precisamente lo que Luis no era capaz de comprender: De todas las mujeres que ha visto, y especialmente de todas aquellas que habían caído fácilmente ante sus encantos, ¿por qué tenía él que inclinarse por ella? Ella, la que le ha dejado con la palabra en la boca incontables veces, y que sólo en momentos en que a ella le convenía era que siquiera se dignaba a hablarle, especialmente después de aquel día...

Era algo indignante, humillante. Pero un día Luis llegó a pensar que, en buen modo, se merecía ese trato tan indiferente. Recordaba cuando llegó a conocerla. Convencido de que sería una más en su lista de conquistas, había pretendido usar su estilo de seducción, siempre impecable hasta ese entonces. En un principio parecía que iba a funcionar, pero Ada posteriormente demostraría no ser alguien con quien se pueda jugar. Esa mujer no dio uso a la fuerza, principalmente porque sus métodos podían resultar más dolorosos que cualquier golpe físico: Le seduce también, logrando dar justo donde más sensible podía ser Luis, y luego, cuando parecía que la tendría a su total disposición, luego de las candentes veladas en un restaurante, en el parque, en casa, ella simplemente procede a dejarlo caliente y desaparece. Las ganas que tenía Luis de esa mujer cada vez le podían más, pero Ada era lista, y no estaba dispuesta a permitirle jugar cómodamente. Aquel era un juego de seducción en el que Ada Wong tenía las piezas fuertes y el tablero a su favor. Luis pasaba todo el rato pensando en ella, y cada vez que la tenía en su campo de visión trataba de acercarse, pero ella le daba el esquive de las formas más astutas imaginables. Y lo peor es que casi siempre dichos eventos se daban a mitad de la calle, lo cual imposibilitaba a Luis de cualquier oportunidad de seguirla sin quedar mal parado.

La femme fatale lo había flechado, y a la vez se alejaba de él para que se sintiera solo y desesperado. Era su castigo por pensar que ella sería una presa fácil, una conquista como cualquier otra. Y ahora, sumido en un vacío total, sólo le quedaba lamentarse día tras día, pensando en cuánto le hizo falta para que Ada no hubiese tenido que llegar a semejante extremo.

─ Veo que no estás bien el día de hoy, campeón ─ y ahí estaba nuevamente ella, con una sonrisa descarada ─ ¿Acaso estás molesto? ¿El macho vernáculo se siente mal por no hacerse valer como tal?

─ Creo que me has dejado bastante claro tu punto, señorita ─ Luis se sirve un vaso de vino mientras desde un bar escuchaba algunas canciones de flamenco clásicas ─. Te he subestimado, y de una manera que me has hecho pagar con creces.

─ Vaya, el niño parece que ha aprendido la lección ─ Ada no deja de lado su tono cruel y sarcástico, pero Luis sabe que no puede reaccionar, no allí ─. Realmente has tenido tiempo para pensar en varias cosas, después que supiste que yo ya tenía conocimiento de todas las banderas que izaste antes de conocer mi reino.

─ Sólo quería vivir de la manera más relajada posible. Más allá de mi trabajo no he pensado que necesitara tener responsabilidades en la vida ─ admite Luis mientras se queda observando su vaso, todavía lleno ─. Cuando supiste de la vida licenciosa que he llevado, te respondí de una manera estúpida. Te dije que ellas sólo eran sexo, que ellas no importaban, sólo para ablandarte con mentiras para hacerte sentir especial y que cayeras ante mí.

─ Pero no te funcionó. Supe de inmediato la calaña de hombre que tenía enfrente.

─ Ahora comprendo tu punto de vista. Cuando te dije esas cosas, supiste que yo no era alguien que se tomara las relaciones enserio, y que no había procurado aprender nada de todas las relaciones que tuve antes ─ esta vez Ada no dice nada, esperando a que Luis continuara, cosa que él capta pronto ─. Querías algo serio, y querías ver que, aunque haya tenido amantes a lo largo de mi vida, al menos una de ellas hubiese significado algo especial, un aprendizaje, una vivencia real, cualquier cosa, pero que no fuera simplemente que todas aquellas veces que las conocía fuera simplemente sonreírles, cautivarlas, acostarme con ellas e ir por mi siguiente víctima. Querías ver que yo veía hacia el futuro, que tenía una verdadera ilusión.

─ No negaré que hubo algunas que fueron lo bastante superficiales para simplemente estar contigo por un regalo, o que esperasen por un hijo para así acceder a tu dinero, pero incluso entre todas esas zorras habían mujeres que creyeron por un momento que las amarías de verdad. Te equivocaste con todas ellas. Yo simplemente tuve la suerte de darme cuenta antes, y desde luego que no estaba dispuesta a dejarme embriagar con los ojos lindos de un recién conocido.

Luis decide no decir nada. Simplemente asentía a todo lo que decía Ada ¿Y cómo no hacerlo, si ella tenía razón en todo lo que decía, palabra por palabra? Quiso hacerse el superhombre, se pretendía invencible ante las féminas, pero una logró ponerlo en su sitio. Estaba arrepentido, eso se le veía en su triste y lamentable figura.

─ Fui un payaso. En todo caso me has hecho ver mal ante mí mismo. Creo que ya te puedes dar por satisfecha e irte a donde te plazca. Te juro que he aprendido la lección, así que no necesitas estar más aquí, atormentándome y seguir haciéndome ver lo poco hombre que fui en realidad.

Pero Ada no se fue de allí. Ella estaba escrutando minuciosamente a Luis, viendo si en sus palabras, en sus gestos, había el más mínimo rastro de mentira o hipocresía. Sabía que lo encontraría si lo había, Luis había llegado a ser bastante fácil de leer para ella, por lo que no se lo suponía ningún problema ver a través de él. Pero el caso es que pudo ver que sí estaba diciendo la verdad. Luis había aprendido la dura lección que Ada le quiso impartir por su falta de compromiso y su lujuria. Sonríe de medio lado.

─ No me puedo ir, Luis. Siempre supe que en el fondo no eres malo, pero tampoco podía abrirme tan fácil ante ti, especialmente después de saber cómo vivías tu vida. Me habías desilusionado, y realmente llegué a pensar en irme de allí para que no pudieras convertirme en una más en tu camino, pero quise también hacer algo diferente, y ahora puedo ver que ha funcionado.

─ Realmente no comprendo lo que me estás diciendo, pero supongo que puedes ver que sí he aprendido. No quiero ya andar por ahí con cuanta falda se me atraviese para después irme. Ahora sé que he desperdiciado mi vida.

─ Sí, es cierto. Pero todavía estar a tiempo para compensar el tiempo perdido y, ahora sí, actuar como hombre.

Luis pretendía replicarle, pero se encuentra que Ada estaba justo a su lado, acercando su rostro al de él. No entendía qué demonios estaba pasando. Tal vez se trataba de alguna treta nueva de su parte para humillarlo otra vez, pero la verdad es que ni siquiera estaba de ánimos para evitarlo. Que lo que Ada hiciese con él sea y punto.

Pero el roce de sus labios le hace pensar que había entrado en una realidad completamente paralela. No entendía lo que estaba pasando, salvo que Ada lo estaba besando de verdad.

─ ¿Ada?

─ Me alegra ver que detrás de ese rostro hay la inteligencia necesaria para rectificar ─ dice ella con una suave sonrisa ─. La verdad es que también me gustas, pero me molestaba mucho que me vieses como una chica fácil, igual que a las demás que tuviste ─ termina por confesar, exponiendo finalmente sus propias vulnerabilidades ─. Deseo algo serio. No soy ninguna adolescente para andar tonteando a ver quién me complementa mejor, ni tampoco quiero sexo casual. Sólo quiero saber si puedo contar realmente contigo.

─ Tienes razón. He sido bastante tonto ─ Luis se rasca la barbilla y mira hacia la ventana del café ─. Todo en la vida se me había dado fácil, y pensé que no había razón para ver las cosas de una manera diferente. Pero claramente tú no eres cualquiera. No estabas dispuesta a dejármelo todo en bandeja de plata. Ese fue mi error.

─ Puedes dejarlo por escrito si quieres.

─ Debería ─ Luis se ríe ─. Ahora me dirás tú qué quieres hacer ahora.

─ Compartir un poco del vino que estás bebiendo sería una buena forma de que nos conozcamos nuevamente ─ y ahí iba otra vez esa femme fatale, con una sonrisa descarada ─. Una cosa es que te decidas seriamente a rectificar, pero otra cosa es que te ganes verdaderamente mi atención.

─ Y me lo dice quien salió de pronto a besarme ─ Luis mira a otro lado mientras esboza una sonrisa de oreja a oreja ─. Muy bien, señorita, tome asiento y póngase cómoda. Este vino es toda una experiencia y valdrá la pena que lo pruebes.

Ada sonríe conforme y se sienta frente a Luis. Él, derrotado como había sido por ella, estaba bastante contento de contar con su compañía y por tener la certeza de, ahora sí, terminar bien ese encuentro que marcaría su nuevo comienzo.

Fin


No soy muy meloso en cuanto al uso de la palabra, he de admitirlo, pero igual es algo que disfruto bastante. Esta pareja me tomó mucho más tiempo del esperado para darle forma, y ojalá haya valido la pena lo logrado, aunque ustedes me dirán. Sus opiniones son bienvenidas.

Hasta otra