Cáncer
A SasuHina Fanfiction
Capitulo 2.
"White Flag"
8:59 AM.
El sol pintó todo en tonos dorados, aquella mañana de Octubre.
Neji Hyuuga subía a la cocina de la casa Hyuuga tras terminar su rutina de ejercicios de la mañana; sudando y un poco sonrojado, cierra la puerta del sótano, lugar donde mantenía sus aparatos de ejerció, para adentrarse en la espaciosa cocina de la casa de su tío. Llevaba viviendo toda su vida en esa casa junto con el resto de su familia, sus primas y sus tíos pero nunca se acostumbraría a llamarla su casa.
Armado con ropa de ejercicio completamente blanca, a excepción de sus shorts color hueso, dejó caer su largo cabello castaño y se sentó en uno de los bancos de la barra de la cocina; exhausto y bastante agitado aún por su intensa rutina. Era sábado, y aprovecharía toda la mañana para preparar un gran desayuno antes de ir a verse con TenTen en el centro comercial.
Mira el reloj de la pared y la hora le revela las 9:00 AM. Ha estado despierto por tres horas ya. Toma un gran respiro y deja sus audífonos en el taburete, alejándose de la cocina y regresando a las escaleras, esta vez para subir, hacia las habitaciones. Durante toda su infancia, su tío Hizashi había insistido y confiado en él para que cuidara de Hinata, su prima menor, y eventualmente, de Hanabi, una vez que nació; era por eso que cualquier asunto que tuviera que ver con sus primas era tomado con suma delicadeza y respeto.
Neji no supo qué hacer cuando Sasuke Uchiha fue diagnosticado con leucemia. Un día simplemente estaba cenando comida italiana con TenTen, y recibió una llamada de Itachi Uchiha, quien solo balbuceó monosílabos y algo sobre ir a recoger a Hinata, quien, y podría citarlo: "No soportaría estar ahí un momento más." Itachi nunca fue un verdadero santo de su devoción, aún y cuando lo conocía de toda la vida y fueran compañeros de clase; sin embargo lo respetaba y era educado con él, debido a la relación que su prima y el hermano del famoso Uchiha mantenían. Siendo sinceros, Neji no había visto a Hinata así de feliz y extrovertida en mucho tiempo y lo agradecía. Al recogerla de la casa de los Uchiha, Neji se encontró con las manos llenas de los pedazos rotos del corazón de la niña de sus ojos y no sabía cómo ponerlos juntos de nuevo.
Neji aún suspira cuando recuerda tener a una Hinata de 16 años, con azulino cabello en dos melodramáticas trenzas deshechas llorando en su regazo por horas y horas porque la sangre del Uchiha estaba contaminada; y Sasuke no la quería cerca. Él lo haría por TenTen de la misma manera, Neji no lo culpaba, Hinata tenía un alma tan pura que no merecía ver morir al amor de su vida, (aunque solo tuvieran 16 años).
La petición de su prima había sido despertarla temprano para ir al hospital de Konoha, pues Sasuke estaba internado nuevamente, y aunque Hinata era bien recibida por todo mundo, excepto por su ex novio, Neji había intentado disuadirla de su idea de asistir nuevamente. Hinata, obviamente, se había negado.
El Hyuuga mayor llegó a la puerta de su prima, pulcramente blanca que rezaba en letras de madera negra "Hinata". Tomó un suspiro y tocó levemente, intentando no despertar a Hanabi, quien dormía en la habitación de al lado y que no era particularmente una persona mañanera. Al no escuchar nada, decidió intentarlo nuevamente, un poco más fuerte; y se mantuvo en silencio para escuchar los pasos callados dentro de la habitación y el ajetreo de quien va despertando.
-Hinata-San…- murmuró en voz baja. – Son las 9:00 AM. Si así lo deseas, puedo llevarte al hospital antes de ver a TenTen…
Dentro de la habitación, Hinata se apresura a ponerse su bata de mañana y abrir la puerta. Neji esta sudado y huele bastante mal, por lo que adivina que acaba de ejercitarse. Ella asiente, ahora entusiasta.
-S-Si, Neji-Kun. Y-Yo…tomaré un baño y estaré lista en 20 m-minutos. – Neji odiaba que tartamudeara. Era un signo de debilidad y él no estaría con ella toda su vida como para protegerla, y lamentablemente, Sasuke tampoco.
-La esperare en la sala. Permiso…- Y con eso, Neji se fue a la cocina, a continuar su particular mañana.
Hinata cerró la puerta y recargó su frente en ella. Era típico sentirse así de acongojada cuando Sasuke estaba en el hospital, de dos años hacia acá era típico sentirse acongojada todo el tiempo, puesto que el Uchiha no la recibiría nunca. Tomó un gran suspiro y siguió su camino, acercándose a su baño y dejando correr el agua tibia para llenar la bañera.
Habían pasado dos años desde el diagnostico y aún no se acostumbraba a esta nueva dinámica entre ella y Sasuke; en la que su interacción se reducía a silencios incómodos y luego a besuqueos desesperados para después prácticamente ser echada de la habitación. Hinata estaba segura de que Sasuke la echaría a patadas si pudiera ponerse de pie el tiempo suficiente.
Se despojó de su pijama usual, pantalones de Sakura Card Captor y una vieja camiseta de Neji para entrar en la bañera, con mucho cuidado, hasta estar completamente sentada una vez que el agua se hubiese detenido. Suspiró, un poco melancólica por el día que sabía que venía. Ciertamente, después del desplante de ayer, en el que Sasuke le había gritado y dicho que sus miedos no eran de su interés, pensó en dejarlo todo.
Sonrió, sumergida de manera que solo se pudieran ver la parte de arriba de su cabeza y sus impresionantes ojos color perla. Si lo hubiese dejado todo, Sasuke hubiese ganado.
Minutos pasaron antes de que Hinata estuviera completamente limpia y seca, eligiendo la ropa que usaría ese día. Los sábados, que no iba al Instituto, era cuando intentaba verse atractiva, salir de la zona de confort que el uniforme escolar le daba. Tal vez, si Sasuke viese algo de ella que le gustara, la quisiera tener cerca.
Finalmente se decide en un vestido color lila en corte A, elegantemente sobrepuesto a una blusa negra, manga larga y cuello de tortuga, acompañado de mallas negras en las piernas. Hacía frio afuera y debía ella misma cuidar su salud, sino no se le permitiría la entrada a la habitación de Sasuke. Su rutina solo termina una vez que Hinata ha aplicado máscara de pestañas y un poco de humectante labial; y mirándose al espejo suspira. Esperaba que fuese suficiente, no podía hacer más.
Mirando el reloj, Hinata se apresura a ponerse los zapatos negros y tomar rápidamente sus llaves y su bolsa, colgándosela elegantemente en el cuerpo y cerrando la puerta.
Bajó las escaleras de forma saltarina, encontrándose a un Neji aseado, vestido en una simple camisa blanca a botones y jeans negros, desayunando un elaborado desayuno de huevos y hot cakes, café recién hecho y leche fresca. Hinata incluso podía olisquear un fino aroma a Soba con arenque, la comida favorita de Neji.
-Sírvase, por favor. – Habla Neji, sin siquiera voltearla a ver. El trato entre ellos era tan formal como cariñoso. Hinata no pudo negarse y terminó bebiendo una gran taza de café y un par de huevos estrellados. –Hinata-San…
Hinata lo volteó a ver, cerrando la puerta del baño detrás de ella, donde había estado lavándose los dientes una vez que la comida había sido devorada por ambos. -¿Neji-Kun?
-Sólo…sólo llámeme si el Uchiha se pone pesado. – Hinata sonrió ante el leve sonrojo de su primo, a quien amaba como a un hermano. –No quisiera que…se comportara grosero con usted…
Hinata sonrió levemente, y asintió. En 10 minutos, se encontraban en el auto de Neji, en camino al hospital de Konoha.
-¡Fue asombroso, Sasuke! – gritó por enésima vez. – Kurenai ni siquiera se dio cuenta de que Shikamaru me ayudó en la prueba. ¡Saqué 6!
Sasuke observaba a Naruto entretenido. El chico rubio con un dudoso bronceado, estaba usando su uniforme de repartidor de pizzas, puesto que los sábados por la mañana y hasta bien entrada la tarde, trabajaba repartiendo pizzas por todo Konoha; era cuando el negocio iba lento que Naruto pedía permiso para pasar su descanso en el hospital, con Sasuke, esto cuando estaba admitido.
-Si estudiaras, hacerte pasar de año no sería tan problemático, Naruto…- murmuró Shikamaru Nara, tomando un pedazo de pizzas y devorando la mitad de forma tajante. Sus pupilas se mantenían bajas, mientras se arremolinaba en el sillón; a veces Sasuke pensaba que caería dormido en cualquier momento.
Era un chico muy relajado y extremadamente inteligente, a Sasuke le caía bien y eran en realidad grandes amigos; usaba estos piercings en los lóbulos y fue el primero de todos en fumar, pero era relajado y nunca hacía mucho drama, por lo que era en realidad, bastante su tipo.
-Naruto, eres irremediablemente idiota. – Musitó Sasuke, cruzando sus brazos detrás de su cabeza y recargándose en las mullidas almohadas. – Te ayudó el chico más listo de nuestra clase y solo sacaste un 6.
Justamente en ese momento, Naruto contaba la hazaña en la que, con todo el apoyo de Shikamaru en la prueba de matemáticas, había podido sacar un 6; salvándolo de reprobar. El rubio había tenido la magnífica idea de traer un par de pizzas del trabajo e invitar a Shikamaru Naba, Shino Aburame y Kiba Inuzuka a comerla en su habitación del hospital. A Mikoto le había parecido una horripilante idea, había balbuceado algo sobre contaminación cruzada, los pelos de Akamaru, la mascota de Kiba y en cómo podrían quedarse pegada en la ropa de Sasuke, entrar por su garganta y asfixiarlo a morir. Por suerte, Itachi la convenció de dejarlos en paz un par de horas.
Kiba Inuzuka y Shino Aburame no habían iniciado siendo sus amigos en particular, la única razón por la que comenzó a tratarlos fue porque el Inuzuka y el loco de los insectos eran los mejores amigos de Hinata, y al estar consciente de que Neji, una persona de suma importancia en la vida de Hinata nunca lo aceptaría completamente, había intentado estar en el buen lado de los amigos de su entonces novia. Aún y cuando Hinata y el terminaron, Sasuke siguió frecuentando a Kiba y a Shino, llegando a un nivel de amistad en los que se les permitía estar en su habitación de hospital comiendo pizza.
-Oye, Sasuke…- murmuró el Aburame. Sasuke, y por supuesto, Naruto, voltearon a encontrar su mirada - ¿Tienes a Miss Octubre?
El diablo se posicionó en la mirada de todos los chicos en esa habitación. La vida era buena, pensó, mientras Kiba y Naruto comenzaron a tratar de arrebatarse la revista. Shino simplemente se quedó parado en medio de la habitación.
Shikamaru se limitó a negar con la cabeza, haciendo masajes en su cien, cansado, y divertido. Las reuniones para comer pizzas, las citas dobles, triples, cuádruples cuando alguno de ellos conseguía una chica, la idiotez de Naruto, intercambiar revistas de Playboy.
Sasuke los extrañaría.
Itachi había salido a atender una llamada de urgencia.
Eso, usualmente era clave para cuando salía a fumar debido al estrés de la universidad y la enfermedad de Sasuke; pero específicamente en este momento, había salido a la entrada del hospital, aunque ciertamente alejado, y se encontraba hablando por teléfono mientras fumaba un cigarrillo.
-Sé que prometí visitarte…- Murmuró, un poco apenado de estar teniendo esta conversación. Konan en la otra línea, bastante molesta. – Sasuke está en el hospital, Konan, no puedo pensar en…
Konan era la novia de Itachi, y lo había sido los últimos 5 años; llegando a formalizar su relación con un compromiso del tamaño de una boda. Sin embargo, tener una pareja cuyo tiempo se consume equitativamente entre una prometedora carrera en Leyes y un hermano menor con cáncer no debía ser muy placentero. Después de todo, llevaban 3 años comprometidos, y nunca era el momento adecuado para finalmente hacerlo.
Itachi lo lamentaba, pero no demasiado.
-Prometo ir la próxima semana. – Konan estudiaba fuera de la ciudad. Ese era otro punto en contra. Itachi chupó el cigarrillo mientras una expresión ofendida se posaba en su rostro. Konan le había colgado el teléfono. – Demonios…
-Itachi-san… - El pelinegro se enderezó en su lugar, guardando el teléfono en su bolsillo mientras tiraba el cigarrillo, todo en ceremoniosos movimientos que lo caracterizaban. Hinata Hyuuga estaba a su lado, y en el estacionamiento podía reconocer el auto de Neji alejándose. – B-B-Buen día.
-Hinata-San…- rara vez Itachi usaba honoríficos con Sasuke y los demás chicos. Pero siempre con Hinata y su familia llena de tradicionales Hyuugas. Asintió con la cabeza, levemente, sonriéndole de forma delicada.
Se quedaron parados en medio de la entrada del hospital. Itachi sabía que venía a ver a Sasuke. Hinata sabía que Sasuke no querría verla. Era como si fuese la reina de las causas perdidas e Itachi fuera el verdugo que no quería cortar su cuello.
-¿Gusta que la acompañe? – se ofreció el hermano mayor. Durante mucho tiempo, Itachi había observado la relación de su hermano mayor florecer y crecer para luego marchitarse como la sangre en sus venas. Hinata asintió, mostrando una hermosa sonrisa delicada, no muy expresiva, casi callada; privada.
A veces, Itachi se preguntaba si, en otra vida…
Una ambulancia que se encendía y se alejaba logró sacarlo de los pensamientos que rara vez lo atormentaban, el tipo de pensamientos que le avergonzarían tanto como para esconderlos en un cajón. Efímeros.
Ambos pelinegros comenzaron a caminar por los semi-ocupados pasillos del hospital que ambos conocían tan bien; y ambos pensaron que los unía el puro amor a Sasuke que ambos sentían. Sin embargo, Itachi gozaba del privilegio de estar con Sasuke 24/7, si así lo quería. Hinata, no.
-Se ve con mejor semblante hoy. – Murmuró el mayor mientras se adentraban al pabellón de Sasuke. – Los chicos están todos aquí. Menos Gaara.
Gaara era un amigo perteneciente al viejo círculo; no se encontraba en la ciudad en esa ocasión. Hinata asintió, contenta de que Sasuke no pasara su sábado solo.
-M-Me alegra mucho. – Comentó la chica, juntando sus manos frente a ella, caminando con la cabeza baja. -¿Tsunade-Sama dijo algo sobre su e-estado? ¿M-Mejora?
Fue en ese momento en el que Itachi notó una pequeña bolsa de papel marrón en manos de Hinata, algo mojada de las orillas inferiores. Probablemente comida.
Guardó silencio. –No, Hinata. No por el momento. – Tenía que ser franco con ella. No era como si Sasuke se lo fuera a decir. La chica bajó la cabeza –Sin embargo, no ha habido más complicaciones en su salud mientras está aquí, sólo la típica fatiga, pero sabemos cómo lidiar con eso. ¿Cierto?
Itachi le dedicó una sonrisa amigable, tanto que le cerraba los ojos.
-C-Cierto. – Acordó Hinata, reverenciándose un poco. Estaban ambos parados frente a la puerta de Sasuke. Itachi abrió la puerta, sin tocar, y carcajadas irrumpieron como un potente sistema de sonido; los chicos se estaban riendo, probablemente de Naruto. – G-Gracias, Itachi-kun. – murmuró mientras se adentraba en la habitación. Itachi asintió.
La habitación seguía en alegres carcajadas aún y cuando Hinata pasó por la puerta, miedo de ser víctima de la usual mirada grupal cuando se entra de ultimo a un cuarto; sin embargo no parecieron notarla hasta que Kiba olfateó el aire. Hinata siempre olía de manera penetrante a vainilla, o a lavanda, dependiendo del día, pero su presencia se hacía notar de esa forma. Uno a uno fueron callando, sus risas juveniles disolviéndose en sonrisas incomodas, conocedoras de todas las historias que esos ojos escondían. El primero en pararse, acertadamente, fue Shino Aburame.
-Hinata. – Saludó Shino de manera impersonal, pero era su forma de ser. La ojiperla sonrió en su dirección, prestando atención en el semblante de Sasuke, que lentamente cambiaba de uno ligeramente divertido a uno frió, incluso distante. – Me alegra verte. – Era lo más cariñoso que Shino se pondría, pero Hinata estaba acostumbrada. Aún era su mejor amigo. – Kiba, deberíamos irnos…
Tanto Shino como Kiba trabajaban en la Veterinaria Inuzuka cuando las clases terminaban, incluso los sábados. Mientras el Inuzuka aseaba perros y les aplicaba cortes de cabello, Shino era el encargado de acomodar vitrinas y peceras. Amaba los insectos.
-¡Hinata!- Saludó el joven castaño con marcas rojas en el rostro; a diferencia de Shino, Kiba era mucho más expresivo. Se acercó a ella, rodeándola con sus brazos y levantándola unos centímetros del suelo, para la diversión de todos. El rostro rojo de Hinata hacía notar su incomodidad y a la vez, su agradecimiento. Una vez que el pequeño show terminó y Hinata estuvo asegurada en el suelo, Kiba le revolvió el cabello con compañerismo.
-¡Hola Hinata-Chan!- Saludó Naruto, haciendo su usual escándalo. Sasuke casi sonrió de lado; en los tiempos de salud, salud que dio por sentado, era muy divertido salir con Naruto detrás de ellos como un cachorro perdido; aunque cuando fue creciendo y las necesidades fueron cambiando, ya no lo hacían tan seguido. Sasuke dejó salir un gran suspiró, mirando a la ventana. - ¡Que bien que vienes!
Había gente que sobraba.
Shikamaru tomó esto como una clave para levantarse y aclarar su garganta, mientras tomaba su chaqueta. Sabía que nadie, más que Hinata y Sasuke a solas deberían estar en ese lugar. Además, Sasuke no le pediría que se fuera con todos ellos ahí.
-Naruto…- llamó el chico Nara. – Vamos, déjame cerca de mi casa. Tu descanso ya casi termina. – Naruto ahora manejaba una bonita moto repartidora. Podía llevar al Nara sin problema alguno. El rubio asintió, sonriendo de manera felina, mostrando sus colmillos.
-Nos vemos, Sasuke. – Se despidió Shino, siendo acompañado de Kiba, quien solo meneó su mano en el aire.
-Nos vemos luego, Hinata. - Comentó Shikamaru con una sonrisa complaciente, poniendo una mano en su hombro. Todos eran amigos desde la infancia, era justo que sintieran un poco de pena en esta situación en donde era imposible tomar bandos. – Vamos, Naruto.
-Sí. – Acordó Naruto despidiéndose con la mano libre, tras tomar la bolsa térmica que utilizó para las pizzas. – Te veo luego, teme. – Bromeó el rubio, finalmente saliendo por la puerta. Una vez más el silencio reinaba, y Hinata casi se sentía culpable de haber hecho sentir a los amigos de Sasuke que su presencia requería su ausencia.
La Hyuuga ni siquiera miró a Sasuke. No de inmediato, al menos. Simplemente tomó la pequeña bolsa marrón entre sus manos y la posicionó en una mesa contigua a la mesa de noche de Sasuke.
El ojinegro elevó la ceja, teniendo cuidado de que Hinata no adivinara sus pensamientos. La comida del hospital era terrible, fría y genérica; y la chica probablemente ya había adivinado esto, porque de un segundo a otro el aroma conocido de omusubis recién hechos invadió la habitación.
Sasuke olisqueó el aire, y su cuerpo una vez más lo traicionó. Estaba seguro que el gruñido de su estómago podía oírse hasta quirófano.
Hinata volteó, su sonrojo siendo inmediato. Sasuke no pudo sostenerle la mirada por más de dos segundos, intentando ocultar la sangre de sus mejillas. Era cierto que su semblante el día de hoy era mucho mejor.
-S-Son tus favoritos. – Insistió Hinata, acercando el plato cerca de la cama de Sasuke. En su regazo, prácticamente. ¿Los iba a tomar, verdad? Porque Hinata había hecho parar a Neji en el puesto, estacionarse en doble fila, infringir un par de leyes básicas de vialidad. Sasuke tenía que tomar al menos uno. - ¿S-S-Sasuke-kun? – preguntó Hinata, al ver la hostilidad en su ex novio.
Una mano cuyos nudillos eran más visibles que hace unos meses se estiró hasta enredarse en el onigiri con tomate. No podía pretender que Hinata había dejado de conocerlo. Lo llevó a su boca y lo probó, y fue en esta ocasión que su estomago se regocijo en una comida familiar y deliciosa. Masticó con los ojos románticamente cerrados por un par de segundos y cuando los abrió, una complacida Hinata estaba sentada a los pies de su cama.
"No podré dejarte." Pensó, concentrándose en masticar con lentitud su comida, como si en el momento en el que tragara, Hinata desaparecería por completo. No volvería a pasar por la puerta del hospital para ser rechazada de nuevo y aunque era lo que en cierta forma quería, no estaba listo.
"No podré dejarte si sigues viniendo. Te necesito demasiado. Yo te amo demasiado."
Tragó; y Hinata seguía ahí, mirándolo comer, sonriendo como una madre, como siempre. Había hecho algo por él y él lo había aceptado. Sólo eso necesitaba para que Hinata fuera feliz. Era feliz con tan poco. Sasuke Uchiha se sintió un perro.
Elevó el resto de su onigiri hacía ella, como un tributo, un agradecimiento algo ceremonioso, una especie de brindis. – Gracias…- dijo de forma cortante. Hinata asintió con los ojos cerrados, sus labios formando una sonrisa complacida y orgullosa de sí.
-N-N-No fue nada, Sasuke-kun. – El honorifico le extrañaba y le seguiría extrañando de por vida, pero al mismo tiempo sabía que él era el culpable, puesto que oficialmente, ya no estaban juntos. Terminó el resto de su onigiri en silencio, masticando con lentitud, saboreando el tomate, el arroz recién hecho, el alga. Hinata era una turista en este valle conocido, observando las paredes con detención, jugando con sus dedos, como si la cura estuviese ahí.
Se veía arrebatadoramente hermosa, Sasuke le daría eso. El frió de afuera había logrado que se viera un poco más pálida que de costumbre, y su cabello podía fácilmente compararse a un mar negro lleno de enredos; sin embargo era hermosa. Sabía que había aplicado ese maquillaje para así poder llamar más su atención, pero el rostro de Hinata sería igual de bello aún y lleno de barro.
Sasuke maldijo a todas sus estrellas, a todos sus ancestros con pésima salud, a todo el destino que le había presentado a Hinata si bien supo caminar, solo para arrebatársela de esta forma, llevárselo a un lugar frío en donde la Hyuuga no podría entrar hasta entrada su vejez. Sasuke no estaba realmente asustado de morir, estaba asustado de estar sin ella.
-Te amo. – Murmuró, víctima de sus propios sentimientos, cómplice de la habitación vacía, y encadenado por siempre a la sonrisa sincera que iluminó el rostro de Hinata. Tenía que cerrar este ataúd, tenía que decirle que se rindiera, que lo dejara en paz. Ya lo sentía, ya sentía ese amor, y no decirlo no tenía sentido. – Pero no puedes seguir viniendo. Debes…desistir, Hinata, y empezar otra vida sin mí en ella.
Hinata no habló y su sonrisa se fue desinflando como un globo atorado en las ramas de un árbol. Sasuke en ese momento pidió que esta peregrinación diaria en la que el único dolor visible fuese de ella terminara de una vez por todas; quiso acelerar el cáncer, quiso borrar su existencia. Quisiera que Hinata se enamorara de alguien más para que dejara de enterrarle espinas en su corazón con cada visita.
Como por acto de magia, Hinata volvió a sonreír.
-V-Voy a hundirme…c-con este barco, Sasuke. – Lamió sus labios, y un atisbo de lengua rosa y mojada pasó por su labio inferior, casi temblando. – No voy a r-r-rendirme hasta q-que me dejes estar…aquí.- Terminó la chica con gran esfuerzo, levantándose de la cama y mirándolo con una sonrisa de satisfacción, muy poco usual en ella, como ver a un cordero rugir. Encantadora.
Sasuke supo que ese era un día en el que no sacaría a Hinata de la habitación; lo sabía porque no era la primera vez que pasaba. Le sonrió de medio lado y asintió levemente, dejando salir un suspiro.
-Hoy es la última vez…- habló, moviéndose a un lado de la cama para dejarle un espacio. Hinata asintió. Sasuke quería estar diciendo la verdad, quería tener la fuerza de convicción.
Ambos sabían que era mentira.
