Nota del autor:
¡Hola! Estoy muy emocionada y agradecida por los reviews que he recibido. Aunque he leído Fanfiction desde el 2009-2010 aproximadamente, nunca me había animado a hacer una cuenta. Incluso seguía escribiendo en mi computadora pero esos fanfics se han perdido en el olvido, sin salir nunca a la luz. "Cáncer" es mi primer Fanfiction publicado, de una de mis parejas favoritas (SasuHina). Ahora mismo escribo sobre la marcha aprovechando oleadas de inspiración, pues detesto cuando una autora o autor deja sus trabajos colgando o por una u otra razón tardan mucho en subir continuación. Espero no sea mi caso nunca.
¡Gracias por sus reviews!
-Persepohone
Cáncer
A SasuHina Fanfiction
3. Asfixia
El aire acondicionado nunca se prendía; no era que a Sasuke le diera mucho frío en particular pero Mikoto quería estar segura de que Sasuke estaría cómodo, y agregar una gripe mundana a su diagnostico no sería lo más sensato. El reloj seguía su rumbo, también el sol que alumbraba el mundo y las afueras del hospital. Itachi había vuelto a casa para dormir un rato y Mikoto hacía migas con las enfermeras; eran amigas ya desde hace tiempo gracias a Sasuke.
Habían pasado dos horas desde que Sasuke accedió a que Hinata se quedara en su habitación, y a ser sinceros, no habían sido las peores dos horas del mundo. Juntos habían terminado de comer la comida que trajo Hinata de la calle, la chica se había quitado los zapatos para recostarse junto a su ex novio en la gran cama, habían conectado la tableta digital de Hinata al internet de la habitación y habían estado viendo viejas caricaturas que a los dos les encantaba ver de niño, y eso era algo que la mayoría de la gente parecía saber pero pasar de largo sin realmente reflexionar.
Hinata y Sasuke habían crecido juntos. Tras una partida de póker (en la que a decir verdad, ganó Hinata), y mientras la chica repartía, el patrón usual de los naipes la hizo distraerse y por un minuto eran ambos de nuevo niños de 16 años en la sala de la casa Hyuuga, escuchando la televisión mientras jugaban naipes, sin saber realmente las reglas normales de una partida cualquiera.
Cuando Hinata lo pensaba, era injusto. No había ninguna otra palabra; habría que existir un Dios demasiado sádico para poner a Sasuke en su camino a los 2 años, hacerlos tan cercanos como uña y mugre, hacerlos crecer y dudar juntos para que a los 16 años, cuando la vida apenas iniciaba, su medula ósea se atrofiara y ahora esté estancado con cáncer de sangre.
Agradecía los días excepcionalmente buenos en los que Sasuke tenía un poco más de energía y de color en el rostro, que pedía de comer y que se permitía mostrar algo más en su cara que no fuera una línea recta por boca. Sabía que no le había tocado estar en la mayoría de los días malos, y aunque no fuera por decisión propia, su corazón se contraía un poco al pensar en todas las veces que Sasuke sufrió a solas.
Habían desperdiciado ya dos años desde el diagnostico hasta el día de hoy, desperdiciado en orgullos y peleas tontas, y esos minutos y segundos totalmente puros habían sido manchados de ira y de discusiones que los dos podían haber guardado para besarse, para rodearse con los brazos del otro. El tiempo pasaba y no se detendría porque dos adolescentes estuviesen enamorados, y eso era una crueldad universal, en cualquier país o lengua. Un amor tan joven con una fecha de expiración marcada en el torrente sanguíneo.
Hinata pensaba en el futuro, en regresar a ser novia de Sasuke, con una casa, un par de hijos y un perro; nada fuera de lo común, aún y cuando tuvieran solo 18 años, la vida los había acelerado su ansiedad de una certeza. El reloj seguía corriendo en la habitación; una señal más de que la vida no se detendría.
Exhaló por la nariz y disfrazó su preocupación con una sonrisa falsa, tan falsa que no pasó por el radar de un Sasuke Uchiha que la miraba con atención, primero fascinado de que una chica como ella prefiriera estar en ese hospital con él en vez de salir a beber café con TenTen o prensar flores en la florería Yamanaka con Ino y Sakura. Sintió como lentamente una sobre se posaba en su corazón, cayendo en la realización del porque la ausencia de Hinata se sentía como la cosa correcta.
Sasuke nunca pensó en sí mismo como alguien atractivo. No particularmente, en realidad, se asociaba a sí mismo como un chico normal japonés, de tez blanca, cabello negro, algo azulino, ojos alargados y opacos, no era nada especial…según él. La atención femenina, al mismo tiempo y contradictoriamente, nunca había sido un concepto ajeno a él y a su familia. Mikoto relataba con ciertos celos empolvados como aún y cuando ya había consumado su matrimonio con Fugaku, las mujeres lo seguían buscando y siguiendo, enviando cartas, llorando en las puertas de su casa, siendo el abogado bastante popular entre las féminas, aún y con su avanzada familia.
Y por supuesto, Sasuke era hermano de Itachi. Aún recordaba el altero de cartas decoradas con brillantina roja y rosa que llegaban a casa todos los 14 de Febrero, las chicas que parecían seguir a Itachi como si este fuera hecho de miel y ellas fuesen moscas o abejas necesitadas de un poco. El hermano mayor las declinaba cortésmente, sonriéndoles, agradeciéndoles por sus atenciones, esto hasta que llegó Konan con quien se casaría…si lograban verse más de 1 vez al mes.
Eventualmente las cartas fueron llegando para Sasuke también y el chico sintió durante toda su adolescencia como su piel se tornaba dulce para las chicas. Sin embargo, cada intento fue frustrado, cada carta regresada (de una manera un poco más grosera que su hermano mayor), cada invitación, cada galleta horneada en casa, cada canción dedicada por la radio. Sasuke Uchiha había nacido prácticamente con ojos para una sola persona. El cáncer había tomado presencia en su cuerpo desde hace ya varios meses, cuando iniciaron las quimioterapias y las radioterapias.
En esencia, las quimioterapias eran medicamento. Se sentaba en medio del cuarto, con agujas incrustadas en su piel y un medicamento entrando en su envenenado torrente sanguíneo, por horas y horas, sintiendo la nausea de su desdicha en la garganta. La quimioterapia destruía las células cancerígenas del cuerpo de Sasuke, pero también destruía el cuerpo de Sasuke. La radioterapia, aunque al inicio pensó que sería mejor por el nombre más gentil, era prácticamente rayos X en su cuerpo.
A Sasuke a veces lo quemaban vivo, literalmente.
Sasuke había perdido peso, mucho peso. Nunca había sido particularmente flaco, ni siquiera en su infancia, incluso a los 12 años, cuando comenzó a crecer el vello, acompaño a Itachi en su rutina de ejercicio, ganando sano musculo y comiendo bien; sin embargo, como un topo que roía sus intestinos, el cáncer había reclamado 12 kilos y contando, haciendo sus pómulos destacar más en su piel, y sus costillas asomarse en su pecho.
La piel, los labios eran ahora pálidos, como hechos de papel traslucido, aunque en realidad eso no era mucho cambio, considerando que Sasuke había sido bastante pálido toda su vida, sin embargo esta palidez era enfermiza, insalubre, asquerosa, incluso, al menos así lo pensaba él cuando se animaba a mirarse al espejo. Los primeros días, cuando eran optimistas, Itachi bromeaba con él y le decía que ahora parecía un vampiro, ambos reían.
Con el paso de los días, Itachi dejó de hacer esa broma.
El punto era que Hinata tenía una imagen mental de Sasuke, por haberlo conocido desde los dos años. Tenía por ejemplo el recuerdo de un Sasuke de piernas regordetas y mirada alegre de 4 años que corría por su jardín persiguiendo a los gatos. Podía conservar el recuerdo de Sasuke a la edad de 14 años, un manojo de hormonas con cabello negro y corto, ojos profundos y maduros, nulo vello facial, músculos desarrollados y voz cambiante, eran los últimos años de bienestar antes de la tormenta. También esperaba, escondiendo sus motivos en una sonrisa un tanto sensual, que recordaba el campamento de verano de cuando tenían 16 años, solo meses antes de su diagnostico. Si…Sasuke estaba en forma y en su peso, con un abdomen marcado y expectante, manos delicadas pero varoniles que esperaban impacientes para poder tocar lo que sus ojos observaban, en una comprimida casa de campaña en medio del bosque, una Hinata nerviosa, sonrojada, en sujetador y bragas.
Ese era el Sasuke que quería que recordaran. No esté saco de huesos que ni siquiera podía ser llamado "viejo". El cáncer arruinaba todo y la razón principal por la que Sasuke no quería contactar a Hinata era porque el cáncer arruinaría su percepción de él también.
-Es por eso que no quería que me visitaras… - murmuró el pelinegro viéndola ausentemente para después cambiar su mirada a la ventana. Era un hermoso día, después de todo. Cielos claros, clima agradable. – En el hospital…
Hinata lo observó, bajando las cartas lentamente y frunciendo el ceño, con un eterno sonrojo rosa pálido en sus mejillas. La chica fingía que no sabía nada, por supuesto.
-Si pudieras verte en un espejo, Hinata, podrías ver como tus mejillas están sonrosadas y tus pestañas están mojadas, tienes los ojos llorosos. No quiero que sigas viniendo porque será todo lo que estarás pensando mientras estés conmigo…
-N-N-No sé de q-que hablas, Sasuke-Kun…
Sasuke suspiró.
-De seguro estás pensando que me veo más delgado. – La miró, aburrido, hastiado. – Voy 12 kilos abajo, y contando. No me han pesado esta semana pero cambiaron mi bata de una G a una M y eso no puede ser bueno. Me veo como un papel mojado, transparente. No estoy comiendo muy bien porque la mera idea me repugna y no lo haré porque de todos modos toda la comida me sabe a mierda.
Fue Hinata quien suspiró ahora. Había olvidado lo puntual que era Sasuke a veces; sin embargo, no lo resintió, no tanto al menos.
-M-Mejorarás con el tiempo. C-Cuando entres a remisión…
-Ni siquiera sé si lograré ver el próximo mes, Hyuuga. – La interrumpió Sasuke, quitándole las cartas de la mano y poniéndolas en la mesa de noche. Hinata las vio alejarse como si no pudiera hacer nada, concentrando su atención en los ojos de Sasuke. – Una hemorragia, una infección, un infarto y me voy; así que hubiera sido buen detalle que me hubieras dejado decidir cuál sería tu última imagen mía.
Hinata se sentó un poco más cerca, mirándolo a los ojos sin siquiera atreverse a parpadear. Sonrió.
-¿Huh? – se preguntó Sasuke. ¿Por qué sonreía?
Como una niña, la vio levantarse del asiento y correr a su bolso, sacando su teléfono celular y buscando en su carpeta de Galerías. Sasuke cerró los ojos, ligeramente divertido. Sabía exactamente que foto le mostraría.
La anécdota contaba que antes de que Sasuke naciera, una vieja doula lo había predestinado a ser niña, siguiendo líneas familiares, movimientos de la luna, el color de los pezones y los antojos de la madre de Sasuke; y aún contra de las creencias modernas en la ciencia y la improbable pronosticación del género del bebé, y claro, las protestas de Fugaku, la joven señora Uchiha se había vuelto loca comprando trajecitos rosas y sombreros con flores y moños.
Cuando nació Sasuke portando un pene en vez de una vagina, Mikoto estuvo igual de feliz; sin embargo sintió un desperdicio enviar toda esa ropa a la caridad de la iglesia, y aun y con las protestas de su padre y de un confundido Itachi, Sasuke había usado, de la edad d años, un pequeño sombrero de paja con una enorme flor rosa y una enorme flor amarilla. Era por eso que Hinata tenía en su poder una foto de la fotografía polaroid que Mikoto le había obsequiado, esta guardada en su celular, donde podía tenerla a la mano siempre que quisiera.
Hinata lo miró y una perfecta mano con manicure en colores lila le mostró el celular con dicha infame foto mientras se sentaba imposiblemente cerca de él. Un imperceptible sonrojo se presentó en las mejillas de Sasuke, quien abrió los ojos. La vergüenza, lo embarazoso que era verse a sí mismo tan feliz y con un sombrero tan ridículo.
-A-Así será como t-t-te imagine, S-Sasuke-kun…- rió entre dientes la Hyuuga, mordiéndose el labio inferior. Sasuke se observó a sí mismo de 3 años, luego a Hinata, y de nuevo a sí mismo. Tenía sentido. Cuando lo decía tenía sentido que no lo recordara como al final de sus días sino como al principio. – A-ahora déjame quedarme…
Sasuke suspiró, cansado. Esa mujer sí que era testaruda, también era molesta y poco complaciente, cabeza dura, terca, tenaz, hermosa, perfecta, dulce, suya, suya, suya aunque no quisiera tenerla cerca. Se da cuenta entonces, cuando Hinata guarda su teléfono y se recarga en su pecho, y cierra los ojos, suspirando de manera contenta mientras sus manos delicadas abrazan su cintura fría, que no quiere que se vaya, que quiere hacerle un espacio en su cama y quedarse ahí ambos hasta que Sasuke deje de respirar. Este pensamiento le lastima el corazón y está a punto de tirarla de la cama, enloqueciendo para que se vaya de esa habitación, de ese hospital, de esa ciudad.
Sin embargo la atrae a su pecho y cierra los ojos con ella, aspirando su cabello con olor a lavanda, acariciando lo que puede de su cuerpo cubierto, pensando a mil por hora como quiere vivir sus últimos días con ella, como quiere intentarlo, como quisiera abrirse la garganta y colgar de cabeza de un árbol hasta desangrarse y que cada célula que hiciera su cuerpo esta patética broma de salud pudiera dejarlo para siempre.
La cosa era que estaba exactamente donde quería estar y eso era en los brazos de Hinata Hyuuga.
Esa idea lo aterraba
La pizzería ya había cerrado cuando Naruto salió del cuarto de empleados despidiéndose de sus compañeros y acomodándose la chamarra.
-¡Adiós, Naruto! – Lo despidió Aiko, una de sus compañeras y amigas, que se iba en dirección contraria. Naruto le sonrió efusivamente y la despidió con la mano, para verla marcharse por la calle. Camina simplemente un par de pasos cuando se encuentra Shikamaru Nara, chamarra de cuero y todo, recargado en el viejo auto de su padre.
-Llegas tarde…- menciona, sin embargo, Naruto no piensa que en realidad le importe, a lo mucho está fastidiado.
El rubio se encoge de hombros y asiente, como si estuviera orgulloso. –Fue un día ocupado, Nara.
Shikamaru suspira. En realidad no trabaja, y no lo hace porque la tienda de videos en la que solía laborar quebró hace un par de meses, así que el drama laboral de Naruto (y todo el drama, en general) lo tienen sin cuidado. Finalmente el motivo por el que Shikamaru esperaba a Naruto fuera de su trabajo en una calle fría y solitaria del centro de Konoha era sencillo: era sábado, Naruto acababa de cobrar y le debía una cena y un par de cervezas al chico Nara.
-Sube al auto…- murmuró Shikamaru, encendiendo la calefacción y el radio mientras un feliz chico rubio rodeaba el vehículo listo para entrar de copiloto. Una vez que estuvo arriba, Shikamaru arrancó y tras unos minutos de bamboleo de motores estuvieron manejando al bar más cercano para pillar una cena rápida y barata. – No comeré ramen de nuevo, Naruto…- que no fuera ramen.
El rubio pareció hacer un puchero, doblegando sus labios y mirando por la ventana. –Sasuke hubiera adorado el ramen. – Una gorda mentira, pero al parecer cualquiera de los dos quería una razón para poder hablar de su amigo ausente, quien probablemente ya estuviera dormido.
-Hinata se veía bien…- digo Shikamaru, sin ánimo de que sonara morboso. La verdad era que todo mundo que conociera a Hinata pensaría que era hermosa, niños, hombres, ancianos, incluso chicas. El respeto y el cariño que le merecían por ser novia (o ex –novia, Shikamaru no estaba al tanto de ese drama) de Sasuke no interfería en eso. Además, Shikamaru estaba enamorad, problemáticamente de Sabaku No Temari, nacida bruja de ojos aquamarina para la peor de sus suertes.
Naruto rió, a sabiendas. – Sí que lo hacía, Sasuke es un idiota infantil. A este paso, cuando se cure y salga del hospital, tendrá que hacer un millón de méritos para recuperarla después de esta mierda que la ha hecho pasar, ¿eh? – habló el rubio, animado como siempre, a pesar de la jornada, de los deberes que lo esperaban en casa, del cansancio. Jugueteó un poco con el radio hasta encontrar la estación de rock, y no era particularmente su favorita pero Shikamaru había estipulado desde que comenzó a manejar que no se tocaría otro tipo de música a bordo del auto de su padre.
"If you're gone" de Matchbox 20 comenzó a tocar en la estación nocturna de rock de Konoha.
Sin consultarlo con su compañero, Shikamaru comenzó a manejar hacía un bar que se encontraba muy cerca del departamento de Temari y sus hermanos, tal vez inconscientemente; era en realidad un plan a futuro, siendo Shikamaru el estratega nato que era. Tras decir lo que estaba a punto de decir, tenía el presentimiento de que tanto él como Naruto desearían varios litros de cerveza y sake y tener a su novia (su muy sobria novia) cerca sería una ventaja por si no pudiese manejar el auto de regreso a casa.
-Hablé con Itachi…- la luna brillaba en lo alto del cielo, y junto con el alumbrado público mostraban el camino al distrito de fiestas de la ciudad. En la antigüedad, era Shikamaru manejando el auto, con los ruidosos chicos peleando en la parte de atrás, Sasuke callado enviando mensajes en su celular a su lado. Últimamente, Gaara se encontraba fuera de la ciudad, Kiba y Shino terminaban muy cansados para salir a beber y con Sasuke y su situación, la fiesta de fin de semana, la noche de chicos se había reducido a esto, Shikamaru y Naruto bebiendo en la ciudad.
-Uhm. Itachi-niisan. – bromeó Naruto, mirando por la ventana. Las luces y la música de los otros autos al entrar al distrito de fiesta parecían una mancha borrosa que pasaba por ambos lados. Sasuke se irritaba de sobre manera cuando escuchaba como Naruto se refería a su hermano. - ¿Qué dijo? ¿Esa doctora con escote tiene nuevas noticias?
-…- Hubo un silencio sepulcral que solo fue cortado por la música del radio.
"Sí te has marchado, nena ¿Qué necesitas para regresar a casa? Vuelve a casa…", la ciudad y su belleza filtrándose por las ventanas, el corazón de un rubio que late como un caballo que va a todo galope bajando una colina.
-Dijo que su padre le aviso algo sobre Sasuke no recuperándose. – Naruto miró al chico Nara. De perfil, parecía mayor, una caricatura de su padre. – No ha presentado avances y sigue perdiendo peso…las..las quimioterapias lo molestan mucho, y las anemias…
-Las anemias siguen regresando…- Naruto terminó su oración perdido en las bocinas del tablero del auto. – Lo noté. No lo he visto de pie en varios días…p-pero esa doctora debe hacer algo ¿no? –el rubio había comenzado a alterarse. - ¡Fugaku está pagando cientos y cientos de dólares para…!
-Me pidió que no hiciéramos tanto escándalo, menos con Hinata Hyuuga ahí.- La razón por la que Itachi se había dirigido a Shikamaru y no a Naruto era precisamente por el escándalo que sabía que Naruto causaría. El bar estaba cerca, pronto podrían bajar del auto y comenzar a olvidar. –Sólo dijo que nos preparásemos para que Sasuke empeore antes de mejorar…
-Tsunade-sama hará algo, Shikamaru. ¡De veras! – El optimismo de Naruto era tan falso y tan hecho de papel que era increíble escucharlo tan falsamente convencido de que algo bueno iba a suceder.
-Itachi dice que la doctora piensa que el caso de Sasuke es resistente. El cáncer parece no ceder aún. Es una enfermedad horrible y aunque ha habido casos de gente que se cura…la mayoría muere a los pocos meses. – Itachi había omitido ciertos rasgos dolorosos de la enfermedad, pero tanto como Naruto como Shikamaru habían hecho su investigación. –Creí que debía decírtelo…
Naruto asintió mirando hacia abajo, como perdido en la bragueta de su pantalón, mientras una sombra se posaba en sus ojos. No temblaba, así que no lloraría, y no era que pensase que no era para llorar. Ambos estaban en riesgo de perder a su amigo, pero la diferencia residía en que Chouji era su mejor amigo, habían crecido juntos, jugado en los mismos lugares, ido a las mismas clases. Shikamaru lloraría la muerte de Sasuke Uchiha como cualquier otra persona, pero Naruto perdería a su mejor amigo y a su hermano. No era comparable.
El moreno aclaró la garganta, cerrando las ventanas del auto. Habían llegado al destino digno de abandonar las ultimas memorias y echar todo al alcohol.
-Itachi solo quiere informarnos. No…no creo que nada malo esté sucediendo, Uzumaki.
-Es solo que…- inició el rubio.
¿Los dos iban a ignorar lo cansado que lucía Sasuke? Al parecer sí, por ahora.
Sus ojos azules se encontraron con los de Shikamaru; a la expectativa.
-No me imagino la vida sin Sasuke ¿sabes? Es…es mi mejor amigo. Perderlo sería… ¿me entiendes?- Oírlo hablar así lo mandaba de nuevo a la primaria, al salón 1B, donde Sasuke y Naruto se conocieron. Shikamaru asintió, adherida a su historia, estaba la suya con Chouji.
-Sí…- Shikamaru tragó saliva. –Lo entiendo…
