Cáncer.

(SasuHina Fanfiction)

4. Do you remember the first time?

Era un lunes por la mañana cuando Sasuke despertó, cubierto en asqueroso y pegajoso sudor, sintiéndose más miserable que de costumbre; eran efectos secundarios, se suponía.

Anoche, cuando Hinata abandonó el hospital, con la promesa de que volvería al día siguiente por la tarde, había tenido una sesión de quimioterapia que duró aproximadamente 5 horas, y aunque durmió un par de minutos durante esta, el escozor en su piel y sangre le hizo quedarse despierto por mucho tiempo aún y cuando se encontraba sumamente cansado.

Debían de haber sido las 6:00 de la mañana cuando Sasuke se dio cuenta de que el sueño no lo abarcaría y que su día, irremediablemente había iniciado. Su madre no estaba, porque de seguro había corrido a casa para echar una carga a la lavadora o atender algún asunto importante de casa, todo esto de manera increíblemente organizada y rápida para poder estar de vuelta antes de que el chico despertara.

Sasuke siempre admiraría eso de su madre, tenía la infantil costumbre de ser demasiado optimista a veces, tanto que le recordaba incesantemente a Kushina, la madre de Naruto y en ocasiones, incluso a Naruto mismo; sin embargo, lo era todo menos torpe. Mikoto se movía con la delicadeza de una pantera y en ocasiones, muy contadas, con el mismo misticismo.

El frió comenzó a calarle al recordar una de las ocasiones en las que recordó como Mikoto hizo uso de su gracia para animarlo a acercarse a que conociera a Hinata Hyuuga.

/Flashback/

Era invierno; un tipo de invierno en el que el aire cala los pulmones y duele un poco respirarlo, pero al mismo tiempo es tan puro y tan huele tan dulce, que serías un tonto si no te levantaras por la mañana y aspiraras por la ventana con todas tus fuerzas, aún a riesgo de que en tus pulmones comenzara a formarse el hielo.

Fugaku ajustó la corbata a un Itachi de 7 años, vestido con una camisa color hueso y una corbata azul marino que nunca dejaría de sentirse como una soga corrosiva al cuello; sin embargo, Itachi no se inmutó. Sonrió con un poco de pena y molestia, pasándose la mano por el cabello azabache y liso, que en ese entonces llegaba un poco más debajo de sus orejas.

Fugaku, ajustándose el mismo su corbata y su saco, miró alrededor complacido por la concurrencia de ese año. Itachi sonrió de medio lado y asintió, mientras una solemne Mikoto llegaba detrás de ellos, con un Sasuke de dos años en los brazos.

-Mujer ¿Dónde estabas? – preguntó el patriarca, rodeándola delicadamente con un brazo por la cintura. Lo suficientemente íntimo para reconocerla como su esposa en un ambiente de trabajo, sin llegar a ser vulgar.

- Había olvidado unas cosas en el auto, Fugaku. Todo está en orden…- lo tranquilizó Mikoto, sonriendo mientras recargaba una mano perfectamente manicurada en su pecho, a lo cual Fugaku sonrió de forma imperceptible, asintiendo.

Mikoto era una mujer joven de apenas 35 años cuando se encontró casada con un hombre mayor a quien amaba y respetaba, y con un par de hijos bajo sus brazos. La palabra en el círculo de amigos de los Uchiha era que Mikoto Uchiha era tan cálida como una tarde de primavera, y era cierto. Era cálida, particularmente amable y compasiva, optimista, y era hermosa, de cabellera azabache y piel nívea, ojos gentiles y sonrisa rosada.

Todo mundo disfrutaba de su compañía, y los tres hombres de la familia Uchiha disfrutaban de sus cuidados y cariños de la misma forma.

Mikoto depositó a Sasuke en el piso, acariciándole el cabello mientras su hijo menor se aferraba a sus faldas como si no hubiera un mañana. No era la primera vez que asistía a una reunión de las firmas pero sin duda alguna era la más consciente; Sasuke se comportaba un poco huraño en ocasiones sociales, no queriendo estar en medio de donde hubiese muchas personas.

Itachi levantó la cabeza sonriendo cuando avistó a un Shisui de 10 años saludándole con la mano y animándolo a que jugaran junto con otros niños hijos de distintos abogados, como sucedía en todas las reuniones de ese tipo. El chico asintió y con un fugaz saludo, se separó de ellos, caminando con urgencia hacia donde los chicos le esperaban.

Es así como Fugaku se queda con su esposa Mikoto y su hijo menor, Sasuke.

-Andemos, mujer…. – susurra el hombre de piel tostada y cabellos castaños, de mirada seria y firme, que se acerca poco a poco a sus compañeros de trabajo mientras su mujer inportunada por Sasuke aferrándose a su ropa.

Mientras se adentraban en la fiesta, Sasuke recordaría observar a su alrededor personas muy altas, adultos, hablando y bebiendo, comiendo aperitivos, con música aburrida y palabras que no entendía como "compromiso", "demanda", "bursátil", "cliente", cosas así.

Si se mantenía en la falda de su madre, pensó, todo estaría bien.

Sin embargo, se detuvieron cerca de la mesa donde se sentarían y hubo un ajetreo arriba de él; Fugaku saludaba a una persona más en este mar de abogados, otro aburrido abogado que hacía las mismas cosas aburridas que el.

Sintió como las manos de su madre lo levantaban y lo acomodaban en su torso. Confundido y un tanto irritado, Sasuke volteó alrededor y fue entonces cuando se encontró cara a cara con quien sería su suegra en 13 años. Hisa Hyuuga y en sus brazos, oculta entre la tela del vestido y el saco de su madre, Hinata Hyuuga, de dos años.

Hisa Hyuuga era una belleza distinta a Mikoto Uchiha. Eran igualmente pálidas, la madre de Hinata quizá un poco más, pero Hisa tenía el cabello corto, muy corto, con un fleco perfectamente estilizado, y un par de ojos impresionantemente violetas, aperlados.

Sasuke los observó y su mente comenzó a cavilar en que se parecían bastante a la luna que brillaba sobre su casa todas las noches y terminaba reflejándose en el pequeño riachuelo; por siempre, el niño asociaría esos orbes con el astro lunar.

Sin embargo, el verdadero encuentro que marcaría su vida comenzaría segundos después, cuando el pequeño bulto en brazos de Hisa comenzó a moverse, como despertando de un sueño y abrió un par de ojos enteramente iguales a los de su madre, grandes, atentos, de un color perla y rodeados del brillo de una luna de Octubre.

Hinata Hyuuga de poco menos de dos años volteó su rostro, despertando de una improvisada siesta en brazos de su madre. Vestía de blanco, obviamente, un vestido ampón que la hacía parecer un cupcake andante; Hinata también tenía el mismo cabello que su madre y unas mejillas regordetas que se llenaron de color cuando Sasuke dirigió su mirada huraña; el blanco y el negro de sus ojos mezclándose.

Ambos niños sintieron como sus madres los depositaban en el piso, frente a frente.

-Saluda a Hinata-chan, Sasuke-kun…- lo animó su madre, poniéndole una cálida mano en la espalda, una mano que sentiría por el resto de su vida. Un paso, dos pasos, tres torpes pasos que lo pusieron frente a frente a una soñolienta Hinata, la cual, animada por su madre y con una mano que le cubría medio rostro logró sostener la mirada de un Sasuke de dos años, regordete y sonrojado que esperaba alguna señal para poder volver a los brazos de su madre.

-Hina-Chan…- se oyó la voz melodiosa de Hisa Hyuuga, calmada como el caudal de un río. - ¿Dónde están tus modales, hija? Saluda a Sasuke-Kun…

Parecería irrelevante años después pero Sasuke frunció el ceño, confundido y un tanto irritado mientras una Hinata, del color de una manzana dulce, se escondía tras las faldas de su madre, para risa y deleite de las dos mujeres mayores.

Suspiró mirando hacia sus manos delicadas y sonrió de lado, bajando sus parpados y acomodándose en la cama de hospital que a estas alturas parecía estar encarnada en su cuerpo. Sus madres habían dicho en el pasado que podían ser hermano y hermana debido al color de su piel y el cabello, y a la similitud en sus edades.

Sasuke estaba muy feliz de que Hinata no fuera su hermana; aunque siempre la vio de esa manera mientras crecían, siendo entregados el uno al otro debido a las usuales reuniones de las firmas, las visitas de Hisa, Hinata y Neji, que ponían contenta a Mikoto, nervioso y apenado a Sasuke y completamente incomodo a Itachi.

Eventualmente mientras el tiempo pasaba, Hinata y Sasuke se encontraron en la misma primaria juntos, cuando cumplieron 6 años los dos.

En el presente, lejos de sus propios recuerdos condenatorios, Sasuke observó la puerta abrirse, enderezando la cabeza para recibir a una de sus enfermeras habituales. Haku era una enfermera entrada en edad que había atendido a Sasuke desde la primera visita al médico hace un par de años, y Sasuke podía finalmente decir que no la odiaba del todo, era reservada y nada escandalosa, además de que siempre le daba una ración extra de tomate rebanado cuando se lo permitían; como en esta ocasión.

-Buen día, joven Uchiha…- murmuró la enfermera depositando una bandeja con al menos dos tomates rebanados en rodajas y un gran vaso de cristal lleno con agua; junto al cual reposaban 3 pastillas de un amarillo tenue, las primeras que Sasuke debía de tomar durante el día.

El chico asintió con la cabeza, a manera de saludo, y procedió a rebajar las pastillas con un gordo trago de agua, sintiéndolas pesadas y enormes en su garganta seca. Haku recibió el vaso de agua y sólo entonces acercó el pequeño plato de tomates en rodajas, que Sasuke recibió con una pequeña sonrisa que se coló en sus labios.

Nuevamente se quedó a solas en su habitación, observando las grandes rodajas en su plato, frescas, sudando un poco, casi milimétricamente calculadas y suspiró contento, tomando una y llevándola a su boca de forma rápida, devorándola en los primeros segundos. Con un sonrojo bastante pálido en sus mejillas, Sasuke haría la conexión entre los tomates que comía en ese instante, en su hipotético y pesimista lecho de muerte y aquella mañana de verano en que se dio cuenta de que tal vez Hinata Hyuuga no era tan detestable como había querido creer.

/Flash Back/

Naruto siempre llevaba ramen para comer; cada día sin falta.

Era fastidioso pedir a la señorita de la cafetería que calentara el ridículo bento verde en forma de sapo cada receso, quitándoles valiosos d minutos todos los días, y esos 5 minutos podían ser optimizados para jugar y corretear por toda la primaria si no estuviesen ambos esperando a que saliera la comida de Naruto del horno de microondas.

Naruto lo lamentaba pero no demasiado; además, desde hace un par de semanas había desginado a Sasuke como su mejor amigo, y aburrirse un poco juntos en pro de que el rubio bronceado pudiese cumplir su antojo de ramen era lo que hacían los mejores amigos.

-Aquí tienes, Naruto-Kun…- se despidió la encargada de la cafetería sacudiéndole el cabello a Naruto y pinchándole la mejilla a un avergonzado Sasuke, antes de que ambos murmuraran un ansioso y rápido "gracias", antes de salir disparados hacia el área de comedores, tan deprisa como el bento caliente de Naruto les permitía.

La ventaja de todo esto era que Naruto no tardaba demasiado en terminar su merienda; no habían pasado ni 10 minutos cuando el rubio había devorado su ramen y se encontraba sorbiendo el caldo de su comida, completamente satisfecho.

-¿Qué quieres hacer ahora, Sasuke? – preguntó Naruto de manera impersonal, guardando su bento en la mochila con forma de zorro que siempre traía consigo cargando. Sasuke frunció el ceño un poco y levantó los hombros.

No tuvo que contestar puesto que unos gritos bastante femeninos, parecidos más bien a chillidos comenzaron a aturdir a la pareja de amigos que volteó a todos lados, Sasuke siendo razonable a su edad, pensando en un maremoto, incluso un terremoto; Naruto siendo Naruto, pensó inmediatamente en una invasión alienígena, como en las historietas que había comenzado a leer.

Resultaron ser el grupo de niñas de su clase, corriendo a todos lados, persiguiéndose entre ellas, sus faldas revoloteando en el aire, sus trenzas sudando, al igual que su cuerpo que ahora tenía una mezcolanza de sudor dulce y un olor a azúcar quemada.

Estaban todas ahí, jugando en una ridícula y escandalosa rueda, según Sasuke. Jugando un juego bastante divertido, según Naruto.

Sakura Haruno con el cabello largo, descansando en dos maltrechas , de la mano con Ino Yamanaka, que aun no portaba su característica coleta de caballo, sino un cabello corto, hasta sus hombros. TenTen, con rodillas raspadas, y una bandita en la nariz, probablemente rasguñada de alguna manera y en vez de falda, usando shorts deportivos.

Las demás niñas reían y cantaban, molestando a todos a su alrededor. Naruto sonrió, mirando en dirección a Sakura, quien sólo arrugó su nariz de manera despectiva, volteando la cara al mismo tiempo que sacaba la lengua, y aunque fue gracioso para Sasuke, no pudo evitar preguntarse, si todas las niñas estaban ahí, reunidas, cantando incluso ¿Dónde estaba Hinata Hyuuga?

Sasuke frunció el ceño.

-¿Sasuke? – preguntó Naruto. - ¿Qué sucede? ¿Quieres ir a molestarlas un poco? Es muy gracioso cuando Sakura logra molestarse…

Sasuke negó con lentitud. – Iré al salón…olvidé algo

-Vamos entonces…

-¡No! – se apresuró Sasuke, tal vez demasiado. Naruto levantó una ceja, luciendo preocupado. – Ya vuelvo tu…molesta a alguien más en lo que no estoy…

A medida que los pasos de Sasuke comenzaban a alejarse, adentrándose a las aulas, pudo escuchar el nombre de Naruto dicho de manera muy molesta por lo menos por 5 niñas diferentes.

La tal Hinata era rara; de eso no tenía duda. Era muy callada, aún y cuando se habían conocido desde bebés, era prácticamente imposible arrancarle un saludo o algo cuando se encontraban en clase, y no era precisamente que Sasuke s esforzara de forma particular para lograr esto. Siempre estaba sola, o al menos casi siempre, la había visto hacer migas con algunos chicos de otros salones, o acercarse peligrosamente a los salones de los chicos más grandes, buscando a su primo mayor, Neji; sin embargo, algo se revolvió en el estómago de Sasuke cuando vio a todas las niñas jugando y riendo juntas, y no se encontraba ninguna chica pálida y de cabello negro entre ellas.

Sasuke entró al salón, abandonado en su mayoría debido a que aún quedaba bastante tiempo de descanso antes de regresar a clases con Iruka-sensei; y aunque el salón parecía vacio tardó un par de minutos en observar a Hinata, cabello corto un poco debajo de las orejas, negro con destellos brillantes de azul, concentrada en sus palillos de metal mientras intentaba recolectar las pequeñas bolas de arroz de su bento adornadas con trozos de alga, un gravy humeante (que hasta acá olía bastante bien) y rodajas pequeñas de tomates.

Sasuke parpadeó, si aún así, uno de sus recuerdos más importantes era eso, no se centraba únicamente en la comida, si no en Hinata en sí y en lo distinta que lucía esa mañana.

Aún cargaba con la grasa infantil, sana, que una niña de 6 años debería de tener; y el color de su sangre se manifestaba eternamente en sus mejillas, cruzando el puente de la nariz e iluminándole la cara de una manera que antes no había notado. Sus ojos, de un color perla bastante inusual apenas y se movían mientras sus manos, hacían delicados movimientos con su comida; algo que le recordaba bastante a la delicadeza con la que se manejaba su propia madre. Su cabello, corto y cuidado ni se inmutaba o interfería en su tarea, e incluso podría jurar que la luz del sol que se colaba por la ventana detrás de ella y hacia volar partículas de polvo alrededor de ella, confabulaba para posicionar un rayo de sol específico en la punta de su nariz.

Era como una visión, un ángel de caricatura, algo que nunca antes había visto en ella, aún y cuando la conociera de toda su vida; una realización. Sasuke tragó saliva, mirándola como si no fuese real, como si fuese una obra de arte recargada en la pared, hecha para ser admirada, jamás ultrajada o tocada.

Como nombrada por un mudo, Hinata levantó la mirada de un respingo, sintiéndose observaba. Sasuke escondió sus manos detrás de sí mismo, avergonzado siquiera de estar ahí y le mantuvo la mirada hasta que sintió un furioso sonrojo invadir su rostro.

Hinata le sonrió de manera que su sonrisa sincera casi se tragó en su totalidad su rostro y asintió en su dirección.

-S-S-Sasuke-kun…- lo saludó.

Sasuke no pudo contestar, puesto que sus palabras se trabarían en su garganta.

Sólo pudo atinar a correr, dejando a una Hinata muy confundida, igualmente sonrojada.

Hasta la fecha Sasuke recordaba ese instante en el que se dio cuenta que Hinata tenía algo sumamente especial en ella; algo angelical, algo fuera de este mundo. ¿Sería posible tener 6 años y saber con quién quieres vivir todas las experiencias de tu vida? ¿Habría sido una premonición tan inocente que ni siquiera fue tomada en cuenta?

En ese momento, Mikoto Uchiha cruzó el umbral de la puerta, cargada con bolsas de plástico y su bolsa personal; se veía cansada, pero renovada, recién duchada, fresca, incluso. Sonrió a su hijo, recibiendo extrañamente una sonrisa de vuelta, mientras se acercaba, poniéndole una mano en su mejilla, como queriendo comprobar su temperatura, confiando más en su instinto maternal que en la maquinaria conectada a su hijo menor.

Mikoto depositó una sudadera limpia en el regazo de Sasuke, sonriéndole de nuevo de forma cálida. – Está limpia y tiene suavizante. No escatimé en nada- bromeó su madre, palmeando la sudadera doblada.

Sasuke se sentía eternamente agradecido por su madre, por todo lo que era, por todo lo que le había dado, por ponerle una mano en la espalda cuando tenía dos años y obligarlo a estar frente a frente con Hinata Hyuuga.

-Gracias mamá…- susurró Sasuke, aún sumergido en sus recuerdos. Mikoto pensaría que estaba loca, por supuesto, pero ese "gracias" había sonado más profundo, más personal. La mujer lo miró, enternecida.