5. Teenage Kicks

¡Hola lectores! Perdón por tanto tiempo sin una actualización. El trabajo, la escuela y la maternidad son cosas que no me dejan continuar. He aquí un nuevo capítulo de "Cáncer", llamado "Teenage kicks". Espero os guste.

El constante sonido de una pelota de hule rebotando por las cuatro paredes de la habitación era suficiente para lograr que Itachi Uchiha cerrara por enésima vez su libro de Teoría Platónica para las leyes y mirara con estrés a su hermano menor, cuya cabeza, cada día con menos cabello, se encontraba resguardada bajo un beanie color gris. La mirada de Sasuke era aburrida, tediosa, incluso, y la incesante actividad con la que había decidido partirle las bolas a Itachi ese día había colmado al hermano mayor finalmente.

-¿Tienes que ser tan indeseable siempre, Sasuke? – preguntó Itachi, mientras cruzaba elegantemente una pierna sobre la otra.

Sasuke lo volteó a ver. Una pelota de tamaño mediano, hecha con ligas de hule de color rojo, enredadas y entrelazadas unas con otros reposaba en sus manos. Elevó una ceja, como ignorando a que se refería su hermano. Itachi suspiró, poniendo el libro en su regazo y pinchándose el puente de la nariz, exasperado y algo molesto de que sus padres hayan decidido ir a una estúpida cena de caridad y sea él quien se quede a dormir en la cama de hospital junto con Sasuke.

Cada día eres más un viejo irritable, Tachi. – Continuó su actividad sonora, rebotando la pelota en un punto específico y haciendo que esta regresara a su mano, con una delicadeza que algunos aventurados llamarían femenina.

El mayor de los Uchiha negó con la cabeza y por más que pudo no consiguió regresar a su lectura obligatoria. Observó a su hermano, notoriamente distraído en una actividad tan banal y molesta y lo hizo sonreír. Admiraba la madurez mezclada con cinismo y humor negro que le daba a Sasuke la habilidad de poder afrontar una enfermedad que deterioraba tanto como el cáncer.

-El que me observes cada vez más no hará que me crezca el cabello, Itachi…- bromeó el menor mirándolo y por fin dejando la pelota en su regazo. – Me siento bien, de verdad…

Itachi torció la sonrisa, concediéndole ese segundo a su hermano y asintió, mirando distraídamente por la ventana. Le aterraba la idea, por supuesto, de perder a Sasuke, de no verlo crecer y desarrollarse, convertirse un hombre, casarse, probablemente con Hinata, tener hijos, un empleo, una crisis de mediana edad…todo mientras Itachi podía vivir su vida sin preocuparse por su familia, pero precisamente eso era lo mejor que sabía hacer.

Recordó la tarde en la que Sasuke se paseaba nervioso por fuera de su habitación la noche anterior a su primera cita con Hinata. Lo recuerda perfectamente por el escozor verdoso que sintió en su garganta al ver a un Sasuke tan pequeño y tan nervioso, con el rostro tan nuevo y a comparación de ahora, gordo.

14 años tenía. Un Sasuke sin camisa y con un short infantil del Hombre Araña pasaba como una sombra intrusa por afuera de su puerta y ni el leve rock que sonaba en su bocina personal ni la interesante leída a la revista de automóviles daban señales al menor de los Uchiha que Itachi no quería ser perturbado; de igual forma podía ver como las almendradas orbes de su hermano se fijaban en él, de vez en vez, esperando a que notara su actitud de fiera enjaulada.

Itachi suspiró, bajando la revista y observando a su hermano menor. Pasaban las 11:00 pm, y justo había colgado el teléfono tras hablar con esa niña de la familia Hyuuga, los socios del padre de ambos.

-¿Y bien?- preguntó, seguro de que en pro de salvar su título de mejor hermano del mundo, tendría que cumplir el favor, fuera lo que fuera. - ¿Entrarás o te quedarás ahí afuera?

Sasuke respingó y observó a su hermano, e Itachi logró ver como tragaba saliva. Era una edad tardía para que esto estuviera pasando, puesto que Itachi tuvo su primer enamoramiento a la temprana edad de 12 años, consciente y concisa, con una chica llamada Izumi que pasaba las vacaciones en Konoha con su familia; una bella chica de tez pálida a la que nunca volvió a ver pero compartiría por siempre, en un lugar de sus recuerdos, un preciado momento como lo es el primer beso que uno da en la vida.

El menor de los Uchiha entró, y entendió por medio de un movimiento de cabezq que debía cerrar la puerta detrás de sí. La revista quedó prontamente olvidada en la mesa de noche y Chris Cornell paró su parloteó inmediatamente. El mejor hermano del mundo le prestaría atención a su hermano menor. Un silencio de ultratumba se instaló en la habitación, el aire acondicionado invadiéndolos a los dos.

-Sasuke…

-Itachi…- ambos hablaron al mismo tiempo y mientras que a Itachi le causó gracia, Sasuke miró al suelo, avergonzado. – N-Necesito un favor.

-Lo supuse, Sasuke. Haz estado pavoneándote afuera de mi habitación toda la noche. – Itachi se levantó, aprovechando la pequeña charla para aligerarle la carga a su madre y doblar él mismo su propia ropa limpia. – Vamos, dispara. Soy todo oídos…

Una vez más el silencio los invadió a ambos, hasta que este se quebrantó con un Sasuke sonrojado como un tomate que cerraba los ojos y temblaba de vergüenza al pronunciar las palabras que Itachi recordaría por el resto de su vida con una sonrisa de inocencia.

-¡Llevaré a Hinata Hyuuga a una cita mañana!

La camisa de instituto quedó en las manos de Itachi a medio doblar, mientras su tranquila mirada observaba a su hermano menor, que aún se reponía de tal bochorno. Sasuke era un niño consentido, y entre los dos lo habían tenido todo al crecer, Itachi, incluso, a su edad, aún recibía una mesada. Era increíble como habiéndolo tenido tan fácil todo en su vida, aparentemente, lo más difícil que sentía que haría sería admitirle a su hermano mayor que estaba creciendo y que veía a Hinata Hyuuga como algo más que una amiga, una potencial novia y que mañana tendrían, simultáneamente, su primera cita.

El mayor sonrió, de una manera tan pura que sus ojos desaparecieron de felicidad. Hinata Hyuuga era fácilmente una de las mejores chicas en Konoha. Era hermosa, despampanante para su edad, educada, tradicional, dócil, y tan tierna. Itachi aclaró su garganta al sentir como el calor comenzaba a subir a sus mejillas. Hinata era menor. Era tan menor, carnada para la cárcel, y además el interés romántico de su hermano. Sabía, por todos los medios, que sólo le atraía por ser tan tradicional como una chica japonesa puede ser. Sólo eso.

Bien por ti, Sasuke. Hinata-Sama es una chica muy atractiva.- accedió Itachi, que había visto bailar a Hinata de aquí a allá en algunas reuniones y cuestiones de los Hyuuga y los Uchiha, sin mencionar lo pequeño del pueblo, sin mencionar que la susodicha era prima de Neji Hyuuga, su compañero de instituto.

Parecía que dichas palabras regresaban el aire a los pulmones del menor, quien se sentó en el filo de la cama mirando a la nada, al piso de madera ancestral que su casa tenía. Eran otros tiempos, y Sasuke no tenía idea de su enfermedad, no aún, mucho menos de lo cruel que sería el mundo con él, por supuesto que no. Faltaba que probara la miel. Sasuke suspiró, cerrando los ojos y tragó saliva, confesándose humano una vez más:

-No tengo idea de que hacer. Nunca he tenido una cita

-Vamos, Sasuke…- le ayudo Itachi, sin prestarle mucha importancia, guardando el último par de calcetines doblados, poniéndolos en su cajón asignado. – Conoces a Hinata de toda la vida. Recién acabas de hablar con ella un mínimo de cuatro horas. Será normal, a lo mucho beberán la misma malteada, o se tomarán la mano, que sé yo, las chicas no muerden… – Con una sonrisa zorruna, que recordaba mucho a la de Naruto, Itachi soltó la bomba B. – O podrían llegar a besarse…

El rostro de Sasuke se descontroló. Sus cejas se elevaron y logró aclarar su garganta antes de levantarse torpemente de la cama, mirando a su hermano, quien orgulloso de cómo logró descolocarlo, se cruzaba de brazos.

-Necesito que me lleves al centro comercial mañana. ¿De acuerdo?

-De acuerdo. – Accedió instantáneamente el mayor. Sasuke asintió y visiblemente apenado, se dio media vuelta para dirigirse a su cuarto. Rápidamente, el mayor de los Uchiha buscó en su bolsillo un billete y llamó a su hermano menor. – Tampoco soy muy experto en citas, Sasuke…- y era verdad. Últimamente, todo era estudio para Itachi. – Pero Madre dice que le encantan las flores que Padre le da en su aniversario. Ten… - le extendió un billete verde y arrugado, que Sasuke tomó como si fuera un artefacto alienígena. – Nunca se falla con las flores

El pre adolescente sonrió.

Itachi retorcía un mechón largo de cabello entre sus dedos, sumido en sus recuerdos y en cómo había estado o había intentado estar en los mejores y más importantes momentos con su hermano menor, incluso si eso significara autolesionarse diariamente con la visión de Sasuke en una cama de hospital.

-¿Sabes? Nunca me pagaste por esas flores…

-¿Uh? – Genuinamente fuera de tema, Sasuke dejó de jugar con la molesta pelota.

-Las flores. Las flores que te dije que compraras para Hinata, en su primera cita….

-¡Joder! ¿Todavía recuerdas eso?

-¿Qué? ¿Tú no? – cuestionó el mayor.

Por supuesto que recordaba su primera cita. La recordaría el resto de su vida. Había sido tan torpe, y había terminado tan torpemente bien también. Sasuke sonrió de medio lado y miró por la ventana, perdido en el cielo mudo que nunca le contestó el por qué pero que ahora, sonrosado y nostálgico, era mejor opción que observar los ojos de Itachi.

Un estúpido ragtime sonaba en el radio del auto de Itachi. Lo había recibido para su cumpleaños número 18 y tanto para compañeros de instituto como para su madre, parecía una extensión del adolescente. Era un bonito Camaro negro, espacioso y con un buen motor, un buen estéreo. Itachi no ambicionaba mucho, él bien podría seguir usando su bicicleta por el resto de su vida, algo sobre el ejercicio y la falta de huella ecológica le atraían de sobre manera.

Sasuke iba en el asiento de copiloto. Se le veía calmado, pero la manera en la que sus manos sudorosas apretaban el ramo de violetas con nerviosismo lo delataba. Usaba jeans negros junto con sus tenis de siempre, pero había optado por una camisa de botones blanca de Itachi, que era suelta y dejaba ver un poco su pecho. Itachi sonrió. Él no recordaba con exactitud su primera cita. Era una tragedia puesto que pensaba que la efervescencia que sentía Sasuke en el pecho y el no recordar haberlo experimentado era algo de lo que se arrepentiría toda su vida.

-¿Llevas suficiente dinero? – preguntó Itachi en una luz roja. Sasuke lo miró de soslayo, tragando saliva y tentando en su bolsillo la billetera repleta de billetes de un dólar que había ahorrado toda su vida. No era mucho, pero era trabajo honesto, y por trabajo honesto se refería a vender video juegos viejos en internet y a ser responsable con su mesada. – Puedo darte más si así lo deseas…

-Estoy bien, Tachi. – Respondió Sasuke mirando la luz roja del semáforo y después su reloj de pulsera. Había quedado de verse en la entrada del centro comercial a las 5:30 para cachar la película de las 6:00. El cine de Konoha daba "Rosemary's Baby", en una especie de Festival del Terror Antiguo. Ninguno de su grupo de amigos había visto esa película, excepto Kankuro, el hermano mayor de Gaara. Sería interesante compartir algo. Un secreto entre Hinata y él.

Mientras más se acercaba al centro comercial, su máscara de tranquilidad parecía resbalarse por sus mejillas para demostrar lo que en realidad era; un chico nervioso por tener su primera cita real con la chica que le gustaba desde los 6 años. Afortunadamente había pasado ya su etapa en la que creía fervientemente en que las niñas eran de otro planeta y que apestaban y ahora no quería nada más que estar cerca de Hinata Hyuuga.

El auto se detuvo en el lugar acordado y los hermanos podían ver a la chica parada a lo lejos. Resaltaba entre la multitud, obviamente. Sasuke tomó un gran respiro y desabrochó su cinturón de seguridad, el cual para su sorpresa no lo liberó de la opresión que sentía en el pecho. Se miró en el espejo, acomodándose un poco el cabello y después mirando a su hermano mayor, quien lo veía con una seriedad pasiva, expectante. Ver a Sasuke nervioso no era algo que sucediera a menudo, era como ver un unicornio. No valía la pena contarlo porque nadie le creería.

-Su chofer me llevará a casa. Pasara por nosotros a las 9:00.

-Suena perfecto. Buena suerte, hermano menor.

Sasuke sonrió de medio lado.

-Gracias, Itachi. – Contestó el menor abriendo la puerta y levantando el ramo de violetas, en señal de agradecimiento. – Te veo esta noche.

Itachi asintió y en cuanto la puerta estuvo cerrada regresó a casa, sonriendo todo el camino. Miró su reloj con impaciencia, preguntándose si era muy temprano y delataría su emoción el sentirse así; se recriminó mientras avanzaba, puesto que Hinata ya estaba ahí, esperando por él. Cada paso lo acercaba a su destino, el cual en ese momento se veía incierto pero brillante.

Cuando estuvo lo suficientemente cerca pudo ver la lechosa espalda de Hinata y su cabello acomodado sobre sus hombros. Su cuerpo desarrollado, empacado en un vestido amplio color blanco que rozaba sus rosadas rodillas, acompañado de unas sandalias doradas y un cardigan color lila. Elegantemente fresca.

Estuvo detrás de ella un par de segundos, respirando su perfume de vainilla, hasta que decidió dejar de lucir como un acosador/potencial asesino serial y aclaró su garganta, poniendo un puño sobre sus labios. La chica volteó, visiblemente asustada, y ambos, sincronizada mente dieron un paso hacia atrás.

-¡Uchiha-san! – se sorprendió Hinata mirándolo con un eterno rubor en las mejillas. – N-No lo oí llegar…

-Soy sigiloso…- fue lo único que respondió Sasuke, lamiéndose los labios e inconscientemente recargando las flores en su espalda. - ¿Llevas mucho tiempo esperando?

-N-N-No… - Hinata puso su mano sobre su pecho. – Llegué t-t-t-temprano, eso es todo.

El Uchiha asintió. Eran ellos dos parados frente a frente entre un mar de gente que iba de un lado hacia otro, moviéndose por las afueras del centro comercial. La chica lo miró a los ojos con toda la valentía que su cuerpo pudo ofrecerlo y sonrió de forma temblorosa. Sasuke no lo hizo, por supuesto. Solamente lamió sus labios y miró apenado a otro lado.

-¿Son para mí?

-¿Uh?

-L-L-Las v-v-violetas… - dijo con dificultad la chica mientras observaba el pequeño ramo que Sasuke traía en las manos. El chico se sintió un idiota, por haberlas olvidado, y sintió que Hinata era un poco idiota, por pensar que Sasuke andaría con unas flores en la mano sin un motivo claro. El chico asintió y estiró la mano, acercándolas a las pequeñas manos de Hinata, quien las tomó con una sonrisa que desapareció sus ojos, y un sonrojo delicado, nada violento. Hasta elegante.

-¡S-Son hermosas, Uchiha-San! G-G-Gracias…

El chico la observó con una ceja levantada. ¿Las chicas de verdad apreciaban tanto las plantas? ¿Las flores? Su madre tenía la misma reacción, acercaba su nariz a las margaritas, o las rosas o los tulipanes que su padre le daba cada aniversario y a veces en mitad de semana, "solo porque sí". Definitivamente nunca entendería a las mujeres.

-No fue nada…

Pero tal vez no tenía que entenderlo todo. Tal vez, la calidez que sentía en su corazón al ver a Hinata tan feliz por unas simples flores de cinco dólares era todo lo que necesitaba ver para dejar de sobre analizarlo todo, al menos por esta ocasión.

-Deberíamos irnos si queremos alcanzar buenos asientos. – Dijo Sasuke de manera impersonal, haciendo que Hinata saliera de su fantasía floral. La chica asintió y acomodó su bolsa a su hombro, dispuesta a caminar a un lado de Sasuke Uchiha, de manera romántica, por primera vez en su vida.

-No sé como Hinata aceptó salir conmigo esa vez si cada vez que me veía temblaba y balbuceaba como recién nacida… - confesó Sasuke mirando a Itachi y sonriendo levemente. – Te pagaré por esas flores. Fueron beneficiosas al final.

-¿Ah, sí? – preguntó Itachi, recargando su espalda en el incómodo sillón de la fría habitación. –Es por eso que siempre debes de escuchar a tu hermano mayor.

-La fórmula de las flores y las chicas no la inventaste tú, Tachi, no te halagues. – Respondió sagazmente Sasuke. – La inventó Padre.

La risa burbujeó en la garganta de Itachi. En esa ocasión pudo permitirse reír sin pensar en la parte mala de todo esto. El día de hoy, Sasuke tenía mejor semblante, aunque su cabello estuviera a punto de desaparecer, junto con sus cejas. Tragó saliva y decidió seguir sonriendo, por los dos.

Una temblorosa Hinata de 13 años salía de la sala de cine más pálida de lo normal, mientras un divertido Sasuke le seguía los pasos. Eran ya 8:45, y la película había terminado. Ambos emergían de la sala acompañados de un mar de gente, todos probablemente mayores que ellos, hablando del arte de la cinta, de lo bien hecha que estaba, del terror psicológico que infringía y de cómo tendrían extra cuidado con embarazarse ahora.

La noche había caído en Konoha y la mayoría de las tiendas del centro comercial comenzaban a bajar las pesadas cortinas de metal para dar por terminada la jornada. El área de comida seguía abierta, pero Hinata amablemente rechazó la invitación de Sasuke a tomar una malteada, argumentando que no podría retenerla después de ver esa cinta y de ver la vida de esa pobre mujer.

Por la mente de Sasuke pasó el pensamiento de cómo lograr un contacto mayor al rozar sus dedos cuando le entregó su boleto de entrada. ¿Cómo lograr más contacto si no había una malteada que compartir?

Ambos salieron por las puertas automáticas y se sentaron en las frías bancas de la entrada del centro comercial, esperando al chofer de Hinata, que llevaría a Sasuke a casa como habían acordado. Durante toda la película estuvieron callados, a excepción de los chillidos y gritos ahogados de Hinata que sinceramente se perdían con los gritos más exagerados del resto. Sasuke se dedicó a prestar más atención a la Hyuuga que a la película por la cual había pagado. Era más entretenido y decididamente más hermosa.

Acomodando su cardigan sobre sus lechosos y suaves hombros. De acuerdo, tal vez, Sasuke estaba prestando demasiada atención a la chica. Hinata sonrió a Sasuke, quien le contestó con su mejor mueca imitadora de una sonrisa. La chica seguía con su ramo de flores en la mano, Sasuke tenía las manos en su bolsillo.

-G-G-Gracias por l-la cita, Uchiha-s-s-san. La he pasado m-muy bien…. –agradeció Hinata con un leve movimiento de cabeza. Sasuke asintió, despreocupado. Los nervios habían bajado por su garganta cuando compró aquella soda en el cine, que Hinata no compartió porque compró su propio té verde. Tal vez el encanto de los Uchiha no corría por sus venas, o tal vez era inmune para las chicas Hyuuga, para Hinata en particular. Tal vez era demasiado indeseable o simplemente tal vez no era Itachi.

-También la pasé bien, Hinata. – contestó el chico, porque era cierto. La había pasado muy bien, y eso era difícil de admitir si no había pasado el día con Itachi o Shisui, con Naruto o el Nara. Su mundo se expandía y a la vez se reducía, a la chica que estaba frente a él, y a sus rosados labios mojados de saliva dulce.

Nunca había besado a nadie. Nunca había estado cerca de haber besado a nadie, y eso nunca le había molestado. Pensándolo bien, no conocía a nadie que hubiese besado a nadie, a excepción claro de Itachi, y de Shisui, que había hecho mucho más que solo besar a alguien. Había rumores de que Shikamaru e Ino se habían besado el año pasado durante el baile formal de invierno de la escuela, pero no había estado al tanto de ese chisme.

Sin embargo, la idea no le parecía repugnante, mucho menos ahora que Hinata balbuceaba algo de cómo la película había sido extraña y enredosa, de cómo el té verde era, exageradamente, el mejor que había probado en su vida.

"Sólo cállate…." Pensó Sasuke, cuando ya no oía sus palabras, sólo veía moverse sus carnosos labios. "Sólo cállate y déjame besarte. No me abofetees."

Seguía rezando internamente mientras su exterior se había movido, imperceptiblemente medio centímetro más cerca a ella, y su lengua se paseaba por sus labios de una forma incesante. La chica paró su parloteó y Sasuke volvió en sí cuando sintió la pierna de Hinata tocar la suya y algo dentro de él se encendió lo suficientemente brillante para que en la oscuridad de toda aquella excitación pudiera ver que estaba a centímetros de su rostro.

-U-Uchiha-san…- suspiró Hinata, sonrojada hasta las orejas y mirando hacia abajo. Sin embargo, no se movía hacia el otro extremo de la banca. ¿Ella también quería esto? ¿Los haría oficiales el besarse? ¿Cambiarían mucho las cosas? ¿Esto significaba, que la chica se asustaría y las llamadas telefónicas de cuatro horas llegarían a su fin? Sasuke esperaba que no. Porque era muy cómodo echarse en su cama y escuchar su voz.

Así que hizo lo propio de un Uchiha, y pensó que su madre estaría orgullosa.

-¿Esto está bien? – preguntó con decisión, volteando su cuerpo de manera que tenía a la chica Hyuuga de frente, al tiempo que el tembloroso cuerpo de Hinata hacía lo mismo. La chica no pudo contestar mientras su miraba baja de forma tímida a los labios de Sasuke; y el chico estaba a punto de disculparse y recorrerse hasta el final de la banca, hasta la siguiente banca si era necesario, pero la chica asintió lentamente. ¡Ella también quería esto!

Así que la besó.

De forma nada agraciada, Sasuke Uchiha se recorrió en un rápido movimiento que hizo que su plan de un beso sensual y lento se convirtiera en un resultado torpe y algo tosco, al prácticamente estampar sus labios contra los labios rosados de Hinata. Eso al principio, y mientras literalmente sentía los fuegos artificiales en su pecho, sus labios fueron respondiendo más a su plan. Delicadamente, los labios de uno mojaron los labios del otro, lentamente consumiéndose en el primer beso de ambos como individuos y ambos como pareja; con los ojos cerrados, los sentidos se maximizan de manera que Sasuke pudo sentir, aún a su distancia, como la piel de Hinata se enchinaba y como sus piernas comenzaban a temblar. Fue un beso perfecto.

Al menos así lo pensaban ellos.

Cuando se separaron se miraron por unos segundos, segundos en los que Hinata alcanzó a sonreír antes de caer desmayada en el regazo del Uchiha, quien vio caer el ramo de rosas a sus pies mientras cachaba en cuerpo de la Hyuuga, evitando así que se lastimara.