6. Efervescencia

Cáncer

A SasuHina Fanfiction

Fue hace cuatro años, así que la memoria seguía bastante fresca. Sasuke había besado a Hinata, había tenido una cita con ella, y en ese entonces, sus hormonas adolescentes despertaban ante su olor a vainilla fresca, y su cuerpo dotado en un traje de baño, por más ñoño que este fuese.

La familia de Ino era reconocida por siempre festejar a sus miembros principales a lo grande; e Ino, siendo la rubia princesa más consentida de todo Konoha, posiblemente, de todo Japón, había organizado al amanecer de sus catorce años, una fiesta en la piscina a la que invitó a todo su instituto.

¿Qué podría salir mal, cierto? Eran por lo menos diez u once adolescentes en la puerta abierta de su pubertad, con voces chillonas y cambiantes, y donde las chicas comenzaban a crecer un fino vello, los chicos permanecían desnudos como recién nacidos, donde los trajes de baño venían de todos colores y sabores y una fiesta así, en la gran y blanca casa de Ino Yamanaka, con música, bebidas y una piscina cálida para disfrutar, representaba la cumbre de la heterosexualidad y la presión social que siente un adolescente deseoso de vivir la vida.

Por supuesto, Sasuke llegó con Naruto, también con Shikamaru y por consiguiente, con Chouji, admirando a la cantidad de decoraciones rosas que podían caber en un solo patio trasero.

-Por favor pasen… - comentó la jovial señora Yamanaka, vestida con un traje ceñido deportivo que poco dejaba a la imaginación, pero que confirmaría las teorías válidas de apuestas que dictaban que Ino inevitablemente llegaría a ser la chica más sexy de todo Konoha, si no es que ya lo era. Era simple genética, biología básica– Dejen sus mochilas por ahí y disfruten de la tarde…- comentó la tigresa, acariciando las sonrojadas mejillas de un distraído Naruto, cuyo rostro descolocado hizo a sus amigos tragar escandalosas risas. –Naruto-kun, tenemos una enorme barra de ramen por el fondo, y Chouji, cariño, mi esposo se las arregló para traer un buffet de barbacoa que sé que te encantará…

Un sonoro y ensayado "Gracias, señora Yamanaka" fue suficiente para que la rubia de cabello largo se diera la vuelta y caminara de regreso a la casa, limpia y blanca, nada tradicional, más bien modernas de ventanas de vidrio y arte abstracto en las paredes.

Ni Chouji ni Naruto desperdiciaron un segundo más en quedarse parados en medio del patio trasero de Ino, seducidos tanto por la madre de la cumpleañera como con sus antojos culinarios preferidos; se fueron con una velocidad impresionante, dejando caer sus mochilas y bolsas para un día de piscina, equipaje que tanto Sasuke como Shikamaru, levantaron, simplemente para no verse groseros en la casa ajena.

-Ino está loca; ¿Por qué festejar su cumpleaños de esta manera? Es tan problemático andar cargando con un cambio extra de ropa y al menos una toalla para secarse… - habló el Nara moviéndose entre la decoración rosa y tropical, acercándose cada vez más a los camastros que pretendía hacer suyos una vez que hiciera la formalidad un tanto innecesaria de desearle un feliz cumpleaños a Ino. En el camino hacia la rockola, que ponía una pegajosa canción de una banda de k-pop femenil, una que ninguno de los dos identificaba, ambos reservados amigos se hicieron de un par de sodas.

Sasuke bebió lentamente de su soda de naranja, escaneando de forma lenta el patio trasero de la familia Yamanaka. Fuera de la vegetación, el olor a comida grasosa y sabrosa, los cuerpos imponentes de Chouji y Naruto devorando el buffet como si en realidad no fuera nada, y al fondo del lugar, precisamente junto a la rockola, las chicas de la fiesta, probablemente queriendo programar una canción. Sasuke negó con la cabeza y dio un leve codazo a Shikamaru, quien desistió en ponerse sus gafas de sol y miró en la dirección en la que su amigo le señalaba.

Shikamaru suspiró y asintió con la cabeza por unos leves segundos, mientras las dos se aproximaban al pequeño grupo.

-Ino-puerca ese traje de baño de verdad te hace lucir un poco mas…frondosa…- señaló una Sakura sonriente mientras bebía una soda clara y transparente. Las chicas se hicieron de infantiles risitas que no afectaron a Ino para nada. La rubia tenía su cabello suelto, llegando hasta el inicio de sus sentaderas, y un apretado traje de baño de dos piezas color púrpura, que denotaba su pronta maduración sexual.

La cumpleañera sonrió y cerró los ojos, poniendo las manos en la cintura.

-Se llaman pechos, Sakura…algún día crecerán los tuyos…

La pelirrosa se sonrojó hasta las orejas y cruzó los brazos sobre su pecho, a sabiendas que su traje de baño color amarillo no hacía más que resaltar su palidez y no su figura. Entre las allegadas a Ino se encontraban TenTen, en un top de surfista rojo y un short de color negro, bastante varonil, la distraída Temari que leía un libro en uno de los camastros cercanos a la rockola, con un traje de baño negro y revelador que mostraba lo mucho que se preocupaba por su figura. Era un tanto vergonzoso para ella estar entre tantas chicas menores, pero al menos tenía a Matsuri consigo, luciendo un traje de baño de una sola pieza, color rojo…bastante similar al cabello de Gaara.

Solamente Hinata Hyuuga y su hermana menor brillaban por su ausencia, y Sasuke fue el primero en darse cuenta de ello.

-Vi el auto del padre de Hinata afuera…- indicó Shikamaru, dándose cuenta de la expresión tan poco común que se posó en el rostro de Sasuke. – Su chofer debió de haberlas traído. Deben de estar por aquí…

-Hn…- fue la expresión que salió de los labios del moreno.

¿En verdad se había vuelto tan transparente? O era acaso razón de que era casi imposible engañar a Shikamaru o mantener algo oculto de él. Sasuke entonces suponía que era casi imposible remar contra corriente si la corriente era el chico Nara.

Ambos se sentaron junto al solar, charlando indistintivamente, pasando la mayoría del tiempo en un silencio cómodo que sabían compartir, bebiendo sodas frías y compartiendo un plato de papas fritas la fiesta inició para ellos también, con el inaugural chapotazo de Naruto que no dudó mucho en aventarse a la alberca, haciendo gritar a todas las chicas y reír a todos los chicos.

Pasaron diez minutos, tal vez quince, cuando una chica de cabello castaño y ojos color perla, de unos 9 años salió corriendo hacía la piscina, haciendo una bola de cañon que quedaría escrita en los próximos libros de historia. Todos y todas se encontraban ya en la piscina a excepción claro de Shikamaru, Sasuke y Temari, que había comenzado a dormirse en el camastro.

-¡Hanabi-chan! – gritó una voz dulce y delgada, en un tono maternal y reconocible que hizo que Sasuke levantara la mirada un poco, y segundos después agradecería por siempre haberlo hecho. Hinata Hyuuga se posaba ahí, con un traje de baño bastante diferente al de los demás, completo, color lila en muchas tonalidades.

Era de entender que Hinata fuese aún una adolescente pero sinceramente ¡que curvas! Sus pechos desarrollados se veían atrapados en el material del traje de baño de una pieza. El sol, brillando sobre el cuerpo de todos, había sonrojado violentamente las mejillas de Hinata y su cabello elevado en una cola de caballo, con unos rebeldes mechones soltándose de un lado a otro lograban mostrar su angelical rostro.

Sasuke contuvo el aliento, sintiendo como sus pulmones eran ligeramente aplastados por un deseo del que ya sospechaba, un deseo adolescente que si bien era normal, era completamente nuevo para el más joven de los Uchiha. Una sensación eléctrica recorrió su espina, haciéndolo sentarse derecho en el camastro de plástico blanco y aclarar la garganta en el momento en el que Hinata y él cruzaron las miradas; el color aperlado mezclándose con el negro, envolviéndose en una niebla de reacciones.

Con la velocidad de un rayo, Hinata bajó la mirada, acercándose a la orilla de la alberca con una toalla rosa, mientras una despreocupaba Hanabi nadaba hacía ella, un tanto molesta por la actitud tan maternal de Hinata.

Lo negaría años después pero Shikamaru y Naruto sacaron sus propias conclusiones de por que Sasuke tardó tanto en el baño en aquella fiesta.

De vuelta en la sala de hospital y con un mejor semblante, Sasuke vuelve de sus recuerdos y mira la venta por la cual una fría brisa comienza a filtrarse; si Mikoto estuviera aquí ya hubiese mandado a sellar las ventanas, pero por suerte se encontraba a solas con Hinata, quien leía una revista de jardinería sentada en el sillón, sus rodillas raspadas asomándose por debajo de su larga falda rosa y suéter blanco.

Como sucedió en la alberca hace tanto tiempo, Sasuke contuvo la respiración más segundos de lo que parecía posible. Con el paso de los años, Hinata había crecido mientras la propia enfermedad del chico parecía haberlo infantilizado, haberlo encogido. Hinata era ahora una mujer, bien formada, cuyo escote se parecía desbordar por la apretada blusa rosa; los ojos almendrados del chico hicieron lo propio y se fijaron en el provocador escote, sintiéndose sonrojar.

No era precisamente que él y Hinata nunca hubieran tenido…intimidad como pareja, sino que eran casi unos niños y al crecer juntos, su relación florecía de manera lenta para disfrutarla, cuando ambos tuvieron la edad suficiente como para que aparecieran esas inquietudes, el miedo y la vergüenza los pararon varias veces, excepto la vez que no los detuvo del todo.

Sin embargo, con la enfermedad de Sasuke, el chico entró en un conflicto moral y con la separación y la frialdad, Sasuke y Hinata nunca pudieron tener sexo. Esto no significaba que Sasuke la deseara con cada fibra de su ser. Especialmente ahora, sentada en el sofá color verde oliva, cabello recogido con desastrosos mechones azulinos que caían en su perfecto rostro de muñeca de porcelana, el escote saliendo de su ropa, el suéter que se desliza por su lechoso hombro, la lengua ladina que pasea y moja sus labios en un tick distraído que la chica no sabe que tiene, no sabe que enloquece a Sasuke de sobre manera la forma en la que es tan lasciva sin querer serlo, sin darse siquiera cuenta de que incita, de que lo vuelve loco, de que lo hace ver todo el sexo que no podrán tener porque Sasuke es moribundo y no quiere, verse reflejado en sus pupilas platas, como espejos de un futuro que no llegará, flaco, ojeroso, cansado, con tan poco cabello como cuando recién nació. No quiere posarse sobre su cuerpo lleno de carne juvenil y caliente para parecer un espacio de hielo.

-¿Sasuke-kun? – preguntó la chica cerrando la revista y recorriendo un mechón detrás de su oreja. Sasuke parpadeó un par de veces y se ajustó el gorro tejido que traía en la cabeza. -¿Qué sucede? ¿T-Te encuentras bien? – Hinata se levantó, dejando la revista en el sillón y avanzó hacía él.

Sasuke no se movió, solo la observó acercarse con una mirada maternal y Hinata sonrió porque el chico parecía haberla dejado de repeler como la peste desde hace unos días. Las delicadas manos de la Hyuuga se posicionaron sobre el estomago de Sasuke, procurándolo y sus miradas nuevamente se juntaron. El chico tomo sus codos, mirando directamente a su escote, haciendo que Hinata se sonrojara hasta las orejas. Pero no se cubrió.

-Eres demasiado hermosa para tu propio bien. – Una voz ronca irrumpió de los labios de Sasuke quien la miró, esta vez a la cara, con ironía y un tanto de perversión. – Eres también demasiado inocente para tu propio bien…

-S-S-Simplemente no te entiendo…- contestó Hinata, abrazándolo y rodeando su cadera con sus brazos, recargando delicadamente la mejilla con su corazón. –T-T-Tu nunca…nunca

-Tu primera vez no será con un muerto, Hinata…

-No estás muerto. – Fue firme. Estaba cansada de que Sasuke tomara interés en ella y luego la dejará caer desde lo más alto de la nube de esta forma. – L-Lo mejor será que me vaya… - con el tiempo Hinata se había su lugar y con extensivas charlas con TenTen y Kiba, había aprendido también a irse cuando no era bien recibida.

El chico la miró tomar sus cosas, parecía una niña haciendo berrinche pero cuando se acercó a la puerta supo que tenía razón. Se acercó a ella, el buen semblante de la semana dejándolo caminar lo más rápido que había caminado en semanas, y tomó su codo, logrando sacar un suspiro asustado de la chica que lo miraba. Era todo demasiado intenso, así que Sasuke hizo lo único que se le ocurrió.

Recargó de manera tan brusca a Hinata en la puerta de la habitación que la chica soltó un grito ahogado de sorpresa, y soltó también su bolsa de mano, el contenido de esta así como la revista cayendo al piso pulcro del hospital. Las manos de Sasuke se apoderaron de las amplias caderas de Hinata y sus labios, algo secos, pero ya no tanto se aprisionaron contra los labios de durazno de la chica, que pudo soltar el aliento que no sabía que estaba conteniendo y volcarse en un beso sonoro de gemidos, tomando a Sasuke de los ante brazos.

Las señoritas de la familia Hyuuga tienden a asistir a clases de etiqueta y de modales, probablemente porque se espera que todas sean importantes diplomáticas o negociadoras, o a lo mucho perfectas diosas domésticas; cuando Sasuke comenzó a apretar el cuerpo de la chica, con una bestialidad contenida que lejos de asustarla, la interesaba y excitaba de sobremanera, Hinata solo pudo imaginar a sus maestras de la clase de etiqueta haciendo tips reconocidos mundialmente de cómo guardar compostura y modales.

-S-sasuke… - gimió la chica contra los labios del moreno, quien la dejó respirar unos segundos, mirando sus labios rojos e hinchados de los fieros besos, sus pechos que subían y bajaban con vehemencia en una carrera contra su corazón.

-Hinata, yo… - tragó saliva. – No pude…contenerme más.

La chica subió sus dedos cubriéndose la boca, mirando preocupada por la ventana. Esto hizo cuestionarse a Sasuke si en realidad la chica había querido todo esto, llegar hasta este punto de nuevo.

Y estaban en un hospital, por todos los Dioses. Sasuke la soltó por completo y se estaba preparando para dar un paso atrás, cuando la delicada mano de la chica tomó su camiseta negra y le impidió alejarse más. Y la mirada…la gatuna mirada que las chicas lanzan cuando las feromonas rebozan en su piel, ojos grandes e inocentes, pupilas dilatadas que miraban a Sasuke preguntando todo tipo de preguntas, y esa mano que no lo dejaba irse, ese cuerpo que pedía contacto, una caricia, un roce, un rasguño, lo que sea.

-Y-Yo…quiero esto…- confesó la chica, y Sasuke pudo haber estado contento si muriera en ese mismo instante.

Porque todos estos años de pretender que la odiaba, de perderse la oportunidad de verla, de lastimarla de todas las formas, no habían hecho que la dejara de amar si quiera un segundo, y después de todo esto, la chica estaba ahí, lista para darle todo, la eternidad unos minutos, para cometer un crimen sanitario y tener sexo en un cuarto de hospital con un paciente terminal de cáncer de sangre. Hinata estaba arriesgando su primera vez, que de seguro había planeado con Ino y Sakura y TenTen unas quinientas veces, y no había cama con pétalos de rosa, ni música melódica de un tocadiscos, en cambio Sasuke vestiría una pijama de hospital y no mostraría su cabello, la cama olería bien, pero no precisamente a rosas.

La chica lo amaba, a pesar de todo. La pregunta era si se lo merecía en realidad, y la respuesta estaba realmente en sus narices, cuando Hinata le sonrió. La chica pensaba que se lo merecía, él que había sido sólo un perro.

Sasuke asintió y echó el seguro a la puerta.

Itachi fumaba mucho. Demasiado para su edad, demasiado para estar afuera del hospital estatal, pero la cantidad suficiente para un estresado estudiante de Universidad, que recientemente acababa de terminar definitivamente con su relación de 5 años. Finalmente, Konan se había cansado de esperar una boda que se veía bastante lejana y había logrado una beca para estudiar artes en España, lo cual fue la razón perfecta para disolver el compromiso, regresar los anillos, coger por última vez y comenzar a preparar las maletas.

Los pájaros seguían cantando bastante alegres y el agua de la fuente cercana a Itachi seguía riendo mientras el intoxicaba sus pulmones, tal parecía que el mundo no iba a esperarse por él, ni por Sasuke, en su defecto. Hecho el cigarro a medio fumar al piso y lo pisó, en una especie de twist del adicto a la nicotina.

Se sentía más ligero sin el anillo de compromiso, pero también podía ver el tatuaje de sol que le había quedado, un recordatorio que duraría un par de meses de cómo su más sólida relación había fallado por causas del destino o por su incapacidad de acomodar tiempos y lugares.

La chica Hyuuga había entrado hace un par de horas a la habitación. Se veía bastante infantil y puritana, atuendo rosa y blanco, cabello mal amarrado, tenis grueso; como una niña de preescolar a la que dejaron elegir su ropa. Se veía adorable.

Itachi cerró los ojos y recargó la frente en sus manos, en una especie de silenciosa oración. No sabía si todo esto que sentía, y luchaba por no sentir, la atracción, el cariño hacía Hinata había nacido por el común denominador, que era precisamente Sasuke, o si era porque la conocía de toda la vida, o si…o si todos estos tontos sentimientos habían nacido a raíz de que no pensaba que Konan hubiera aguantado ni la mitad de lo que la chica Hyuuga había hecho, y por alguna vez en su vida, Itachi quería sentir que era indispensable para alguien. Era una lástima y su más grande miedo era que a veces sentía que quería ser indispensable para Hinata Hyuuga.