Capítulo 7. Tarde Naranja

CÁNCER

A SASUHINA FANFICTION

El aire acondicionado había sido apagado estratégicamente antes de que la ropa comenzara a volar entre los dos adolescentes, todo esto para asegurar que Sasuke estuviera lo más cómodo posible, al igual que Hinata, pero por diferentes motivos; A decir verdad, Sasuke siempre había estado preocupado aunque ansioso de que llegara este momento, no escuchando a las pláticas de sus amigos, sobre como todo era natural, o sobre cómo había miles de películas en internet a las cuales podía acudir para instruirse en como tener sexo, esto último fue una estúpida sugerencia de Naruto, que carecía de empatía alguna.

Una de sus preocupaciones era poder mantener una erección, poder resistir un round; además de no tener ni un carajo de idea de lo que estaba haciendo.

Sin embargo, al caer la tarde naranja sobre el cuarto cerrado, atrancado, ambos estarían de acuerdo en que aquella hazaña, aquel contacto para siempre sería descrito como algo mágico. Sasuke Uchiha, cuya precisión y tacto bien podían haberlo convertido en el más matemático cirujano, temblaba como aquella vez en el campamento, como un niño asustado que se encontraba buscando a su madre, todo esto al verse en la presencia del escote de Hinata Hyuuga y lo que este contenía.

Manos pálidas contra dos pechos pálidos que descansaban en dichas manos como palomas calmadas, un sujetador que bien era lencería, color crema de encaje, totalmente clásico, pezones rosados que se mantenían erectos a través de la tela delgada, y una pijama de hospital que demostraba la excitación de quien por primera vez hará el amor con la persona que ama, por primera y tal vez por última vez.

Primero Sasuke se deshizo de la blusa de la chica, que había dejado caer su cabello por toda su espalda, que había caminado lentamente a cerrar la cortina, en hacer de ese cuarto de hospital su cabaña privada, su momento; y cuando los senos se liberaron, aún empacados en el sostén ambos soltaron un suspiro que venían aguantando desde los quince años, estos resaltaron con su propio peso y una avergonzada Hinata los cubrió inmediatamente, observando a Sasuke y su reacción, sorprendiéndose ante esta. Nunca lo había visto parecer tan nervioso.

-T-Tus manos están frías…- comentó sin malicia alguna, con una temblorosa sonrisa, observando como el chico, ligeramente sonrojado se acomodaba el gorro de la cabeza que cada día albergaba menos cabellos azulinos.

El menor de los Uchiha frotó sus manos contra los pantalones del pijama, cálidos, causando fricción inmediatamente. Sonrió de lado, ante lo ridículo que era todo esto.

-Lo siento. Creo que estoy nervioso. –Se confesó, dejando formalidades, apariencias y reputaciones de lado.

Hinata sonrió aliviada y asintió. –También yo lo estoy, S-Sasuke…- lentamente bajando sus manos y la guardia. El vientre de Hinata era plano, pálido y sonrosado en algunos lugares, y se veía exquisitamente dulce. Sasuke se relamió los labios cuando la observó descubrirse ante él. Era una lástima que no tuviera mucho tiempo para admirar cada centímetro de piel desnuda que su novia (¿habían vuelto a ser novios ahora?) decidía mostrarle, puesto que la tarde había caído y el horario de visitas pronto habría terminado y las enfermeras iniciarían la ronda de la cena y los medicamentos en unos 15 minutos.

Tomando su camiseta negra del cuello y teniendo extremo cuidado, su espalda se arqueó para sacarse la ropa de la parte superior de su cuerpo, dejándola caer a un lado de sus pies, como una piscina negra. Hinata bajó la mirada lentamente, nerviosa, encontrándose con una vista bastante distinta a todas aquellas fiestas en albercas, en el campamento, sin embargo, el aspecto algo cadavérico de Sasuke era un tema que aunque era importante para él y sus complejos, a ella no le importaba en lo absoluto.

Aún así, Sasuke creyó que lo vio en su cara. La lástima, la desesperanza y hasta el asco.

-A la mierda…- murmuró bajo su aliento, ante los labios mordidos de Hinata y se agachó rápidamente para recoger su camisa, queriendo cubrir sus huesos pegados al pecho, sus costillas tan presentes y su piel transparente que adivinaba no era un paisaje agradable para nadie.

No era una persona que se avergonzara con frecuencia porque en su vida social y privada era totalmente calculador con las situaciones, llegando a un nivel en el que nada lo tomaba con suficiente sorpresa como para pasar una vergüenza. Pero no eran situaciones normales.

Sin embargo, cuando sus dedos tocaron la tela negra de su camiseta de algodón la larga falda de Hinata cayó del cielo, aterrizando junto a su ropa y a su mano. La chica se había desnudado y ahora estaba parada en medio de su habitación. ¿Qué hacía aquí? Si en realidad pertenecía a un lugar más adecuado para ella, como su propio bosque. La ninfa de ojos de luna.

Lentamente, levantó la mirada observando cómo las piernas blancas de Hinata temblaban, aún con calcetas y tenis, pero su cuerpo se mantenía desprovisto de las ropas sociales, dejándola en su ropa interior color crema y sus breves bragas de un lila pálido. Fue demasiado para un Sasuke que se levantó rápidamente para quedar de frente a ella.

-Hinata…-suspiró. La chica podía sentir en su tono de voz que Sasuke comenzaba a arrepentirse.

-S-S-Solo quiero estar contigo…- finalmente escupió la chica. Finalmente, Sasuke la tomó entre sus brazos, fundiéndose el uno con el otro para siempre, de maneras en las que ninguno de los dos se imaginaba. ¿Y qué quieren oír?

Fue torpe, los dos adolescentes chocando cabezas cuando intentaban deshacerse de su ropa interior, irrumpiendo en pequeñas risas que resonarían en la cabeza de Sasuke por el resto de la tarde.

Fue incómodo, sin adivinar si debían hacerlo en el sofá o en la cama, andando desnudos y de la mano de un lado al otro sin descuidar la puerta o la ventana.

Fue emocionante, el reconociendo de sus cuerpos como trazando un nuevo mapa, recorriendo lujares privados, compartiendo suspiros.

Fue tierno. Sasuke preguntando si se encontraba bien cada dos segundos, si era demasiado dolor, si debían ir a urgencias por la sangre que se mezclaba entre sus cuerpos.

Fue lascivo. El rostro de Hinata, labios mordidos, mejillas rojas como una manzana, cuerpo caliente, caderas redondas y senos perfectos, un estomago plano que se estiraba y retorcía de pasión mientras Sasuke luchaba contra su propio orgasmo, mirándola a los ojos cuando la chica lograba tener los ojos abiertos por más de dos segundos. Fue saliva y fluidos, sangre, sudor; gemidos callados, "te amo's" convertidos en fantasmas que rebotaban entre ellos como un partido de tenis, un total descubrimiento de quienes eran juntos.

Fue perfecto, y fue real, y fue totalmente suyo. Cada gemido, cada suspiro, cada orgasmos que compartían entre ellos era un regalo que podría ser devuelto pero nunca intercambiado con ninguna otra persona. Con el orgasmo final compartido, Sasuke sintió su corazón latir como un caballo desbocado. Había sucedido, le había hecho el amor a un ángel que justo ahora dormitaba sobre su pecho desnudo en una cama de hospital a la que ahora le tenía cariño.

Tsunade ajustó sus lentes sobre su nariz una vez más mientras observaba a la mujer mayor de apellido Uchiha y a quienes parecían ser sus hijos mayores. La mujer de prominente busto y una gema de micro dermal incrustada en su frente, como un paso de rito en la cultura que la había enseñado a curar alternativamente y de la manera socialmente aceptable, le habían puesto, leía una y otra vez el informe en sus manos y el resultado de los análisis de sangre.

Mikoto Uchiha usaba una larga blusa blanca bajo un blazer del mismo tamaño en color verde militar, pantalones negros y zapatos planos a juego. La matriarca de la familia Uchiha no perdía ningún detalle del rostro de la doctora frente a ella, como queriendo adivinar un diagnóstico antes de la mujer frente a ella hablara.

Su cabello se encontraba recogido y no llevaba maquillaje; su vestimenta casual la hacía parecer más joven, apenas unos años más grande que Itachi, su hijo mayor, que se encontraba pensativo y oliendo a cigarro sentado junto a su madre, en su atuendo habitual de camisa de vestir y pantalón de saco, sin corbata.

Shisui Uchiha también se encontraba ahí, lentes de sol puestos, pantalones rotos y tenis converse, una inseparable camisa blanca en cuello V y un collar con el símbolo de la Empresa. Los cuatro sumergidos en un silencio completamente etéreo.

-¿y bien…? – habló Mikoto Uchiha, revolviendo un pañuelo blanco entre sus manos con ansiedad, mirando a Itachi mientras se mordía el labio, intercambiando miradas entre él y la doctora. – Doctora, yo…yo sé que conoce el protocolo para la madre del paciente y se perfectamente que comprende mi ansiedad pero…- miró de nuevo a su hijo y a su sobrino y suspiró - ¿Qué sucede con mi hijo?

Tsunade bajó el folder amarillo y los miró con una cara estoica pero relajada. – Sra. Uchiha, Caballeros…Sasuke ha presentado una ligera mejoría esta semana. Hemos detenido la infección lo mejor que pudimos conteniéndola con un parche de glóbulos de la más alta calidad y creo que podrá regresar a su casa mañana … - la rubia se levantó, su bata moviéndose con el contoneo de sus caderas, contoneo digno de que Shisui bajara los lentes un poco.

El aire pareció hacerse ligero cuando la doctora habló, accediendo a que Sasuke pasara de vivir prácticamente en el hospital a regresar a casa, a una casa adaptada para un paciente como él. Cama especial, pasillos amplios, medicinas acumuladas por montones en lockers cerrados, números especiales, dieta estricta, etc., pero Mikoto podría ver a su hijo menor todas las noches y podrían cenar juntos como familia una vez más. Sonrió ligeramente, recargando el pañuelo en su rostro y tomando la mano de Itachi, quien parecía extremadamente cansado pero feliz.

Shisui sonrió. –Excelente doctora, sabía que usted podía curar a Sasuke…

Tsunade regresó con una gruesa libreta que los tres conocían muy bien. Era una gruesa libreta color negro con el nombre de Sasuke apuntado en una etiqueta amarillenta y gastada. Las indicaciones para atender a Sasuke, así como sus horarios de medicina, citas para transfusiones y sesiones de terapia de rayos y quimioterapia estaban apuntadas en esa libreta. Si bien estuvo en la mesa, Mikoto la tomó entre sus brazos como si se tratara de un niño, aferrándose por su vida a ella.

-Tu primo no está curado, Shisui. – corrigió Tsunade con el profesionalismo que le merecía. – Ha mejorado sí, pero su cáncer es resistente y su cuerpo es muy joven. Tendrá que venir a sus terapias, así como adecuarse de nuevo a las instrucciones a las que ya están familiarizados. Mañana por la mañana podrá regresar a casa.

-Sasuke no podrá hacer mucho esfuerzo físico, no drogas, ni alcohol, por supuesto, deberá atender a su dieta y a sus medicinas puntualmente. – continuó la doctora, poniendo las manos bajo el mentón. -Una silla de ruedas será encomendada a ustedes en nombre del hospital, Sra. Uchiha, viene incluida en el paquete de seguro que su esposo pagó, a cualquier complicación, siquiera una fiebre un grado mayor a lo que debería ser, tendrá que regresar al hospital y quedarse en observación. Sabe la rutina…

-¿Silla de ruedas? A Sasuke le encantará eso…- bromeó Shisui codeando a Itachi que le regresó una mirada seria aunque cómplice. Mikoto lanzó una contemplación molesta al par de jóvenes que se sentaron derechos de inmediato.

-Antidepresivos y ansiolíticos serán a consideración de la familia. Después de aquí podrán ir a ver al psiquiatra al final del pabellón. – Finalizó la rubia mientras sonreía complacida. Mikoto le sonrió de vuelta, apretando la libreta contra su pecho, y Shisui sonrió con ella mientras Itachi simplemente la miró, entrecerrando los ojos.

Había aprendido a no esperanzarse, puesto que no era la primera vez que Sasuke regresaba a casa después de una temporada en el hospital. El cáncer de su hermano menor era una montaña rusa y ciega y ahora se encontraban en la cima, sintiendo el aire fresco, la emoción, pero no sabían cuando su estomago podía atrofiarse y sentir la bajada más fuerte que antes.

-Iré a avisarle a Sasuke en cuanto ustedes…- inició la doctora, siendo elegantemente interrumpida por Itachi, quien se levantó en seguida.

-Si me permite doctora, me gustaría darle la nueva noticia a mi hermano.

Tsunade miró a Itachi complacida y asintió. –Acompañaré a tu madre al pabellón, entonces. Shisui puede venir también en el momento que deje de ver mi escote.

El aire acondicionado había sido vuelto a prender, y la cama parecía demasiado bien tendida, tratando a toda costa de ocultar la sangre virginal que Hinata había derramado. Las ropas que adornaban el suelo blanco del hospital se encontraban en sus correspondientes cuerpos, era como si el polvo dorado se hubiera ido lentamente pero todavía quedara un poco de este en los rincones.

Hinata se miró en el espejo del baño que tenía seguro preventivo. Se había hecho una desastrosa trenza para ocultar lo enmarañado de su cabello, también se había abotonado el suéter blanco lo más que pudo y arreglado el atuendo un poco exagerada. Había perdido la virginidad finalmente. Había hecho el amor con Sasuke Uchiha, su amor de toda la vida; una historia como de cuentos de hadas, y aún no podía creer que le estuviera pasando a ella.

A ella, que se desmayaba cuando alguien le preguntaba algo en clase, a ella la rara, la que tartamudeaba cada dos palabras. A Hinata Hyuuga le pasaban cosas buenas. ¿Quién lo diría? Sus aún temblorosas manos se elevaron hasta descansar en sus senos, apretándolos un poco, sintiendo aún la sensibilidad que contenían; sus mejillas estaban rosadas, sus labios mordidos y al rojo vivo sin necesidad de ningún labial caro; eran simplemente restos de la actividad anterior. Sonrió mirándose al espejo; era ahora la mujer de Sasuke y pasara lo que pasara, siempre lo sería.

Con este pensamiento salió del baño silenciosamente, para encontrarse a Sasuke sentado en el sillón de visitas, con un poco de más color en el rostro, jugando con el menú del día de hoy; en cualquier momento servirían la cena. Cuando el adolescente se dio cuenta de la presencia de su novia, se levantó lo más pronto que pudo, un poco asustado y abochornado, aclarando la garganta; pero ante la dulce sonrisa apenada de Hinata, su comisura derecha se elevó lentamente.

Ambos pensando en la pertenencia el uno del otro.

Sin embargo, tenían el reloj en contra. Sasuke aclaró la garganta y señaló el celular de Hinata que descansaba en la blanca cama. – Neji llamó. – avisó el pelinegro. – No contesté por obvias razones, pero creo que es algo tarde y deben venir en camino por ti.

Hinata tomó el teléfono en sus manos, y observó un mensaje de texto que confirmaba las sospechas de Sasuke.

-T-Tienes r-razón. – Asintió la chica sonriendo hacia el teléfono. –E-E-Eres muy inteligente, Sasuke.

El chico sonrió rápidamente y la miró como quien admira por primera vez la capilla Sixtina. Era hora de despedirse. La chica tomó su bolso, ese que había dejado caer al cielo hace una hora y camino hacía Sasuke, abrazándolo por la cintura mientras el chico la rodeaba con sus brazos, recargando estratégicamente los labios en su frente, manteniéndose callado y quieto por unos segundos, oliendo el cabello de Hinata, que a pesar de las actividades, había mantenido su olor a lavanda.

El chico cerró los ojos y sintió como podía quedarse así los muchos o pocos meses que le quedaran de vida, y ante este sentimiento decidió presionar un beso casto a la frente de Hinata y separarse. No quería ponerse demasiado sentimental o triste, simplemente quería ser un chico que acababa de tener sexo con su novia por primera vez, por unos segundos más.

-Te veo mañana. – Susurró Sasuke, sonriéndole de manera apagada.

Hinata acomodó su cabello lo mejor que pudo y asintió. -¿C-C-Como me veo? – preguntó.

El chico sonrió de forma ladina. –Como que acabas de tener sexo con Sasuke Uchiha.

Valió la pena ver el rostro de tomate de Hinata, y su risa contagiosa. Se dieron un breve beso en la mejilla antes de que el celular de Hinata sonara con el timbre designado a miembros de su familia. Neji estaba en la puerta del hospital esperándole. Un breve "adiós" de manos y nerviosa como era, Hinata salió corriendo por la puerta.

Caminó por el largo pasillo que llevaba a la habitación de su hermano menor, un pasillo que conocía a la perfección y que sinceramente estaba feliz de abandonar por un periodo de tiempo al menos; lo único que lamentaba era que ahora regresaría a su vida normal, sin Konan, sería bastante aburrido.

Un par de pasos más, distraído en un teléfono cuyos mensajes solo variaban entre trabajo y escuela, y un par de amigos invitándolo a salir y su pecho impactó con algo que se le antojaba bastante torpe, pero también bastante suave también. Al bajar la mirada pudo notar a una apurada Hinata Hyuuga, que lo miraba entre avergonzada y horrorizada.

-Itachi-kun…- suspiró Hinata atreviéndose a verlo a los ojos.

-Hyuuga-San. – Sentenció el mayor de los Uchiha dando un paso hacia atrás. – Lo lamento iba distraído.

-Y-Y-Yo iba muy rápido. Lo siento. – Su delicada mano acomodó un mechón de cabello que durante el choque había caído fuera de su lugar. Itachi le sonrió delicadamente y asintió, zanjando el asunto. Cuando Hinata levantó el rostro para despedirse, pudo observar el rostro de la chica y como había cambiado.

Conocía a Hinata de toda la vida, así que no sería difícil notar cualquier cambio. Sus ojos brillaban y parecía que alguien había derramado estrellas en sus pupilas, sus mejillas no habían cambiado tanto en sí, siempre era conocida por tener el rostro perfectamente sonrojado a cada momento.

Eran sus labios e Itachi lo supo. Rojos, mordidos, incluso un poco sangrantes por más que lo quisiera ocultar, hinchados de tanto besar; sus pechos que subían y bajaban agitados, en la carrera por salir de ahí.

-¿Nuevo labial, Hinata-chan? – la molestó un poco el mayor de los Uchiha. Los ojos de la heredera Hyuuga se desorbitaron de sobre manera y tragó gordo, para bajar el rostro y abrazar su bolso al pecho.

-Permiso, Uchiha-San. – murmuró antes de salir corriendo incluso con más prisa que la vez anterior. Gruesas suelas de tenis blancos impactando en el suelo mientras hacía su huida triunfal. Itachi se recordó a si mismo que era una niña, y que además de eso, era la eterna enamorada de un hermano que moría.

Cuando abrió la puerta pudo ver a un apurado Sasuke que se recogía sus sabanas y parecía volverse una estatua cuando escuchó el ruido de alguien entrando. Volteó sin prestarle mucha atención a todo y pudo ver como Itachi inmediatamente fijaba la mirada a la bola de sábanas blancas con pequeñas gotas de rojo. La pregunta yacía en los segundos ojos almendrados.

-La enfermera ha estropeado un catéter y salió un poco de sangre. – El menor de los Uchiha dijo bastante convencido en su historia. –Estoy bien, hermano.

Itachi tomó un suspiro enorme, tranquilizándose y abrió los ojos solo cuando estuvo listo para sonreír de lado. Sabía exactamente qué había sucedido, y al contrario de lo que pensaba, estaba contento, muy contento.

-Nos vamos a casa mañana, Sasuke.