Capitulo 8. Sólo quiero ser un chico

Cáncer.

A SasuHina Fanfiction

Nota de la autora: ¡Hola! Muchas gracias por seguir leyendo este fanfic. A veces me siento tan desmotivada que me dan ganas de abandonarlo, pero las ideas siguen fluyendo dentro de mí y en mis muy pocos ratos libres intento escribirles un capitulo nuevo que les guste. Este fanfic tomará muchos giros y espero sean de su agrado; muchas gracias por cada follow o review que me dan. Me motivan muchísimo. Estoy pensando que este fanfic será una especie de serie que pronto se irá aclarando. Un abrazo a todos ustedes.

Persephone

Aquella mañana gloriosa Sasuke estuvo despierto desde las 5:00 AM, afrontándose a un techo conocido que no extrañaría ni en sus sueños, tampoco extrañaría en olor demasiado limpio, extrañando ya las grasientas calles de Konoha, el ruido de su habitación en casa, el oler a Mikoto cocinando, el escuchar la música de Itachi cuando en su habitación hacía abdominales o lagartijas o lo que sea que fuese lo que su hermano hacía tan temprano.

Incluso extrañaba el olor a ropa sucia que provenía del cuarto de huéspedes que muy pronto ya podría considerarse el cuarto de Shisui puesto que el primo mayor de la familia pasaba ahí sus mañanas de resaca y noches de tristeza.

Se sentó en la cama, afrontándose a la oscuridad de la madrugada, asegurándose de cubrir su cuerpo lo suficiente. Tenía frío, pero no pensaba mencionarlo, puesto que conocía a su madre a la perfección y sabría que si decía la más mínima incomodidad tal vez nunca llegaría a su casa.

También extrañaba a su padre, de una manera un tanto masoquista. No tenía duda de que su padre lo amaba, pero no se había parado mucho en el hospital durante esta visita; comprendía que sus visitas eran tan usuales que tal vez ya no era motivo de preocupación para el patriarca de los Uchiha.

Si se trataba de excusas, Sasuke tenía un millón y medio para su padre; ser el dueño e impulsador de una de las firmas más importantes del país no debía ser tarea fácil y alguien debía de pagar por sus tratamientos. El chico se encontraba realmente agradecido por eso, pero a la vez pensaba que una visita durante su hora de comida no lo dañaría.

Su padre siempre había sido cariñoso, muy a su madura manera. Los años entre él y su madre eran muchos, tal vez demasiados, pero combinaban bien, y Fugaku nunca negaba a su familia de ninguna manera. Su madre lo adoraba, y era respetuosa con él, siendo el abogado una especie de figura pública en su ciudad.

Era Itachi con el que a veces tenía roces.

Fingía que no los escuchaba discutir en el despacho de casa, muy tarde por la noche, principalmente sobre el deseo de Itachi de dejar el nido finalmente, casarse con Konan (esto le había caído como un balde de agua fría lleno de culpa, Konan ya no estaba con Itachi, ni lo estaría) y vivir en Nueva York como siempre había querido; de abandonar el traje y las demandas por algo más orgánico, abogacía familiar, abogacía ambiental, algo que le permitiera conocer más a sus clientes. Había ocultado, por supuesto, su deseo pacifista de dar clases a niños.

Fugaku le había dicho que estaba loco si pensaba en dejar la firma tan fructífera de los Uchiha en Konoha por servir a una compañía americana, o peor aún, romantizar demasiado el azar de esa manera. A veces los gritos se elevaban tanto por parte de Fugaku, puesto que Itachi era el perfecto caballero y honorable primer hijo que nunca le gritaría a su padre, que Mikoto se despertaba en el medio de la noche, entrando envuelta en su bata de dormir, para silenciarlos a los dos y mandar a su hermano a la cama.

También decía que eran tan iguales que cada día se les iría haciendo más difícil pasar los tiempos juntos.

Durante una de sus primeras borracheras, que había sucedido hace no tanto, en la complicidad del flamante auto convertible rojo de Shisui que no era muy conocido por escatimar en nada, Itachi se había confesado, borracho hasta las orejas, obviamente. Sus deseos, sus verdaderos deseos desnudos.

-Quiero estudiar las artes, y la historia. – Había dicho de una manera tan seria como su rostro sonrojado y los ojos bailarines le habían permitido. Se encontraban en "El Acantilado Hawke", cerca de la casa de los padres de Shisui, cada uno con una gran botella de sake en las manos y latas de cerveza tiradas alrededor del auto. – Enseñar niños en Nueva York. H-Hay un sitio comunitario, donde podría dar clases. Vivir en un departamento pequeño y suficiente…- Aunque estaba bastante ebrio, Sasuke no perdía rastro de lo que su hermano decía. En ocasiones le daba la impresión de que su hermano mayor solo era totalmente honesto con Shisui.

-Fui a Nueva York recientemente…- agregó Shisui con su mano recargada en el volante y mirando a la gran ciudad debajo del acantilado, con miles de luces parpadeantes que se fundían con las estrellas, pegadas con cinta en un canvas negro como el infinito. – Es hermoso en el invierno, hermano. Realmente te puedo ver ahí…- El castaño miró a su primo, sonriendo mientras bebía un gran trago de sake.

Itachi asintió, cerrando los ojos y recargando su cabeza en el asiento. –Un perro llamado Boo, y una chica que me ame…- suspiró, soñadoramente. Shisui se dio cuenta que no había mencionado el nombre de Konan –Nada más…

El sueño murió en su garganta y por un momento pensó que sus hermanos mayores se habían olvidado que lo tenían detrás en el asiento, poniendo atención a cada palabra. Por pena o complicidad, Sasuke no le había mencionado nada a Itachi en la sobriedad.

Un nuevo color que se imbuía en la habitación llamó su atención. Estaba amaneciendo.

Mientras Sasuke era transportado del hospital a su casa, una Hinata Hyuuga comía su bento en las escaleras cercanas a lo que sería el salón de su siguiente clase. Para sus amigas era abrumador hacer esto, puesto que preferían recorrer la escuela o comer en el césped, pero para ella le ahorraba tiempo y la ansiedad de llegar tarde.

Su cabello se encontraba hecho en una alta cola de caballo mientras revisaba en celular, recibiendo mensajes de Sasuke que iba en camino a su casa. Se mordió el labio sonriendo y un sonrojo atravesó sus mejillas cuando recordó todo lo que había sucedido ese fin de semana. Sólo le había contado a TenTen. Hanabi, pensó, aún no estaba en edad.

TenTen era la novia de su primo Neji, lo cual la hacía prácticamente de la familia. Era una gran diferencia de años, en realidad, teniendo Neji 24 años y TenTen siendo compañera de Hinata, por lo cual tenía 18. Pero se querían tanto y Neji era tan protector con ella que era adorable.

No que TenTen necesitara de protección alguna, la estudiante china sabía muy bien cómo defenderse y era sin duda alguna una de las chicas más rudas que conocía, además de Temari, la novia de Shikamaru. TenTen había crecido en uno de los barrios más menesterosos de Konoha y su habilidad de supervivencia era más alta que la de cualquiera en esa escuela.

Fue hasta en su infancia tardía que su padre Zhao Liu, aterrizó un gran empleo como maestro en las artes circenses que la familia de TenTen pudo estabilizarse a la manera en la que ahora se encontraban. Estaban en el camino de convertirse en uno de los circos más famosos del país. El único precio que había que pagar eran los viajes de luna de miel que sus padres realizaban a China cada cierto tiempo.

La relación de Neji y TenTen la había llevado a pasar mucho más tiempo con la chica de cabello chocolate, considerándola una de sus mejores amigas y confidente; la pobre Hinata no estaba al tanto, sin embargo, de la bella tradición que se forja en un grupo de amigas irremediablemente. No existen secretos.

La nombrada llegó caminando, su falda corta rosándole los muslos mientras su largo cardigan mantenía todo perfectamente controlado. Su cabello, en su habitual peinado de dos pequeños montoncitos de cabello encima de su cabeza; compartiendo con Hinata una sonrisa cómplice.

TenTen se sentó a un lado de Hinata, recargándole un hombro de manera divertida, causando que ambas rieran como cuando eran pequeñas. No se sentía mal por haber contado la historia de cómo perdió la virginidad con Sasuke, a decir verdad, estaba un tanto orgullosa y bastante feliz, así que solo quería compartirlo con su amiga, y después con Sakura, Ino y Matsuri.

-Oí que Sasuke regresa hoy a casa. Me da gusto. – Comentó TenTen tomando un pedazo de manzana del bento de Hinata, con amistad.

-A-Así es. E-E-Estoy muy contenta…

-¡Ah! – la molestó TenTen sonriéndole pícaramente, haciendo que Hinata bajara la cabeza con vergüenza, pero sonriéndole de vuelta, cubriendo su boca para reír. – Por supuesto que lo estás, pícara. ¿Esperando el momento para otra sesión…?

-¡TenTen! – se escandalizó la Hyuuga cerrando la tapa de su bento de forma rápida. La china se dio cuenta de su sorpresa puesto que Hinata ni siquiera tartamudeó, sin embargo todo era risas y sonrisas entre ellas. –B-B-Basta, alguien puede oírte…

-¿Y qué? – La cuestionó la morocha, mirándola a los ojos. –Tuviste sexo con tu novio Hinata, big deal

-S-s-sí, pero no q-q-quisiera que todo mundo supiera…

TenTen parpadeó una vez, con ojos grandes plato.

-¿T-T-TenTen?

Parpadeó de nuevo, esta vez mirando a Hinata.

-¿Q-Que sucede?

-Sobre eso… - la chica sonrió de forma incómoda, rascándose la ceja con el pulgar. Hinata no tenía que ser un genio para comprender que TenTen tal vez había derramado un poco de información aquí y allá, y tampoco tuvo que pasar mucho tiempo para que tres chicas se acercaran casi corriendo a las escaleras donde con animosidad las dos amigas platicaban.

Sakura Haruno, Ino Yamanaka y Matsuri Sato; todas pertenecientes al íntimo grupo de amigas de Hinata. Temari se había graduado hace poco, por lo que obviamente no se encontraba con ellas, pero la rubia tenía un lugar especial en el corazón de Hinata.

Sakura, con el cabello largo pasando las orejas, se sentó justo en frente de Hinata, piernas cruzadas al estilo indio que en un descuido mostrarían sus pantaletas. Ino, la reina de belleza del instituto, maquillaje delicado pero iluminador se recargó en TenTen, pasando un brazo alrededor de sus hombros en complot, y la tierna Matsuri, eterna enamorada imposible de Gaara, un chico que prefería viajar en congresos literarios que realmente asistir a clases, tomó asiento en una de las escaleras cercanas a Hinata.

-C-Chicas… -saludó Hinata de manera general, algo sonrosada y mirándolas a todas. Hanabi era aficionada los programas de National Geographic donde se mostraban las majestuosas manadas de leones de África. Ahora mismo, Hinata recordaba ver los mismos ojos de sus amigas en las leonas hambrientas del show. – H-H-Hola…

-Quiero informarte que no debes morder por los lados, Hina-Chan. – Inició Ino, acostumbrada a tomar la delantera en cualquier situación. – La bocazas de TenTen lo ha derramado hoy en la fila del almuerzo. Con la frente de Sakura cerca, el sonido se bloqueó y solo nosotras lo hemos escuchado. Se lo hemos contado a Matsuri cuando pasamos por la biblioteca.

Hoy no era uno de esos días en que Hinata agradecía que tan directa podía ser su rubia amiga. Sakura observó a Ino con rayos en los ojos, enfurecida una vez más por la alusión a su prominente frente, pero descartó arremeter contra ella mientras volteaba a ver a Hinata, sonriendo.

-Creímos que como somos tus amigas querrías contarnos. – "Además no puedo creer que hayas perdido la virginidad antes que yo, con lo tímida que eres…" Fue el pensamiento primordial de la pelirrosada que observaba a Hinata con un sonrojo en las mejillas.

Los pasillos cada vez estaban más magnéticos, atrayendo a los estudiantes a sus aulas correspondientes cuando finalizara en receso.

-Uhm… - Hinata tragó gordo. – Y-Y-Ya tendremos que entrar a clase. Kurenai-sensei debe estar apunto d-d-de asignar una t-t-tarea…

-¡Tonterías! –la animó TenTen. – Oí que Kurenai está en modo Bridezilla. Después de todo la boda es en un mes y medio. Envió un reemplazo. – guiño el ojo la morena, contenta con sus habilidades de recolección de información y espionaje.

-N-N-No creo q-q-que sea a-apropiado…

-¡Ay, por favor! ¿Después de las lascivas actividades de la primera vez de Ino y Sai? – Contestó Sakura haciendo que la rubia la mirara con nada más que rabia. TenTen y Matsuri observando con risas escondidas. – Tú no te rías, TenTen Liu, ¿Por qué Neji no pudo llevarte a un lugar más sofisticado que el acantilado Hawke, eh?- la china se despabiló, agrandando los ojos y cubriendo su rostro con pena y gracia.

-Al menos tenemos algo que contar, eh, frente de marquesina. – Dijo Ino pavoneándose por el pequeño círculo de amigas. –Tú no tienes excusa alguna. Matsuri por lo menos se ha prometido a Gaara.

-¿Ah? – Gritó la menor de las cinco, alarmada. Matsuri era menor que ellas por al menos 2 años, pero era tan apegada a Temari que cuando está se graduó, decidió comenzarse a juntar con Ino y sus amigas, creando ahora el peculiar grupo. – Basta ya, no me metan en esto…

-Creo que debes contarles algo antes de que se arranquen la peluca, Hinata-chan…- sugirió TenTen señalando a Ino y a Sakura con la cabeza y el pulgar.

La Hyuuga pasó su mano por la sedosa cola de caballo, disfrutando el suave recorrer de su cabello por sus finos dedos y suspiró. No tenia caso aplazarlo si de igual manera esto ya era parte de su plan, el contarle a sus amigas.

Con un enorme sonrojo de parte de Hinata, sus labios se abrieron para contar la anécdota de su vida, las chicas acercándose a ella, una vez más pareciendo leonas en manada.

-Mamá, con seguridad creo que esto se pudo haber evitado.

La voz del menor rebotó en el porche de la casa Uchiha mientras un divertido Shisui, un callado Itachi y una apenada e insistente Mikoto trataban de pasar la silla de ruedas de Sasuke por el enlodado pasto de la entrada. En realidad solo la usaría unos días en lo que se regulaba su cansancio y podía aclimatarse a caminar normalmente. Fue una de los temas tratados en la plática obligatoria con la psicóloga de la institución hospitalaria.

Sasuke debía vivir su vida lo más normal posible. Él tenía cáncer, el cáncer no lo tenía a él. Dada las circunstancias, Sasuke pensaba que esa frase era estúpidamente optimista.

Pero al menos había estado de acuerdo en algo y era que debía vivir su vida lo más normal posible y era lo que él quería. Ser un adolescente normal que regresa a casa, que se pasea en bóxers por ella, comiendo yogurt a dos segundos de caducar, dejando lozas sucias en la mesa, viendo series en maratón hasta que sus ojos escocieran. Eso, sin medicinas, sin quimioterapia y con el cabello que le pudieran regresar. Tan sólo quería ser un chico.

Finalmente y con la ayuda de los dos mayores Uchiha, la silla de ruedas de Sasuke pudo abandonar el lodo y rodar libremente hasta la entrada. El chico era seguido por una contenta madre que se ataría las manos si pudiera para no tomar fotografías del regreso a casa de Sasuke. Cuando los cuatro estuvieron dentro de la gran casa tradicional, Mikoto pudo suspirar.

La lujosa pero tradicional casa de Sasuke le daba la bienvenida, y el aire se mantenías suspendido como si no hubiera pasado nada en el par de meses que Sasuke estuvo fuera.

Las cosas seguían en el mismo lugar, mismos cuadros colgados en las paredes, como los animados muebles de "La bella y la bestia" que le darían la bienvenida cantando, el mismo olor un tanto a almendras agrias que despedían los arboles del patio, el color pulcro de la madera maqueada y de los espacios blancos, la música tradicional que le gustaba a su padre y que era tocada incluso en su ausencia en su loco patriotismo ferviente. Sasuke estaba feliz de regresar ahí, aunque significa rutina también significaba cambio y libertad y aunque no quería aceptarlo, esperanza.

Shisui sonrió, rodeando los hombros de su tía mientras está aguantaba el llanto de felicidad. Itachi se recargó en una de las delicadas puertas, y miró alrededor de su propia casa; una mesa esquinera de caoba negra, como el resto de los detalles rústicos de la casa estaba desnuda. Sin llaves, sin celular, sin anillo de bodas.

- Increíble…- murmuró molesto. Su padre no estaba aquí para la bienvenida de Sasuke. Era un tema recurrente en su memoria inmediata, el como su padre se había reservado a escupir dinero como un cajero automático y sólo pasar la menor cantidad de tiempo con ambos de sus hijos.

Miró hacía abajo unos segundos, aguantando su rostro de ligera rabia y miro a la tierna escena. Sasuke observaba todo con una familiaridad que le recordaba al niño de kínder que entretenía en las tardes, mientras su padre trabajaba y su madre leía en la oficina. Le sonrió mientras que Sasuke elevaba las comisuras de su boca en una sonrisa cansada que se negaba a aceptarse.

Hogar, dulce hogar… - bromeó Shisui dejándose caer en el sofá e iniciando rápidamente el Playstation de la familia, dispuesto a jugar un par de horas antes de irremediablemente volver a casa.

-No quiero que te quedes ahí sentado toda la tarde, Shisui-kun. Ayudarás a preparar la cena de bienvenida de Sasuke…- comentó Mikoto alejándose por primera vez en el día su hijo menor, quien parecía más colocado, aunque con la silla de ruedas era difícil que se lograba mezclar con el paisaje tan tradicional.

-¿Cena de bienvenida? – preguntó Sasuke elevando una ceja y cuestionando a su madre, después a Itachi que era la segunda figura de autoridad en la casa y la primera con más sentido común. –Madre, no quiero una fiesta.

-Oh, no es una fiesta, Sasuke. Es sólo una cena con amigos cercanos… - dijo la madre de dos caminando por la sala, con un trapo en la mano que recogía el polvo. Ahí venía la obsesión de Mikoto por la limpieza de nuevo.

-Madre, creo que Sasuke debe descansar… - intervino Itachi caminando hacia las dos figuras. – Mejoró, sí, pero sigue medicado y cansado por todo el ajetreo…

Cuando Itachi hablaba de una forma tan madura, Sasuke se sentía ligeramente molesto de ser tratado además de un enfermo, como un irremediable niño. Era bastante humillante. Sentado en la endeble silla de ruedas miró hacia arriba, siguiendo la guerra de miradas y palabras de su hermano y su progenitora. Sinceramente, no estaba en humor de mucho, ni siquiera de una fiesta con todos sus amigos cercanos, debido a que aunque las quimioterapias se habían llevado a cabo de lo más normal y rutinario, Sasuke aún sentía náuseas irremediables en la boca del estómago, además de verse pálido.

-Pero la doctora dijo…- dejó colgando la frase, pensándola bien. – Bueno, los chicos tienen este tipo de cenas siempre. Estamos celebrando

-No hay nada que celebrar…- corrigió Sasuke. No quería ver a sus amigos, no aún. Solamente estaba enfrascado a ver a Hinata Hyuuga.

Sasuke odiaba eso porque podía imaginarse todo, Naruto haciendo bromas innecesarias solo para ver si podía arrancar una sonrisa del rostro de su mejor amigo, siendo el payaso que es. Shikamaru sobre analizando todo, al igual que el callado Shino, Kiba quejándose en la entrada de cómo no toleraría que la madre de Sasuke le obligara a encadenar a Akamaru a la toma de agua, teniéndole prohibida la entrada. Ino lloriqueando, diciéndole lo buen amigo que era al lado de una estoica Sakura que se limitaba a bromear con sus amigos y golpear a Naruto más de lo que naturalmente se le merecía, toda ella echa un manojo de nervios, la chica Matsuri que no diría una palabra, Temari que haría mil y un preguntas en su tono nada amable y Chouji que con tal de no estar en el mismo lugar, asaltaría la cocina diez veces.

Sus amigos seguían su vida sin él, y lo podía ver, pero después e imaginar el encuentro, la cena hipotética de esta noche, sabía que no podía seguir viendo a través de su manto de pena y ansiedad al ver a su amigo, aunque mejorado, aún enfermo.

Sasuke suspiró. Mikoto sería feliz si lo veía convivir con sus amigos de esa forma, y tras ser un hijo que resultó un tremendo dolor en el trasero, debía recompensarlo con algo. Con algo tan importante como parcial control del total de muestras de emociones y su vida social. Tendrían la estúpida cena.

-Llamaré a Hinata para que me ayude a cocinar…- dijo su madre casi corriendo a la mesa del teléfono. Al menos tendría algo de bueno todo esto.

. _

Naruto se ajustó los jeans al cuerpo con una cara adormilada, con baba en la comisura de los labios y el cabello hecho una maraña todavía más alocada que de costumbre. Mientras intentaba salvar su curso de Literatura y estudiar un poco, se había quedado dormido, olvidando por completo el mensaje de Mikoto que lo invitaba a cenar esa noche puesto que Sasuke estaba en casa finalmente.

Shikamaru lo había llamado, avisando que pasaría por Chouji y después por él, así que tenía que estar listo a las 7:00 en punto. Eran ahora 7:20 y tenía incontables llamadas perdidas en el celular tanto del teléfono de Shikamaru, como de Chouji. Ah, y un mensaje muy claro:

De: Nara, S.

Para: Naruto Uzumaki

¡Idiota, llevamos aquí 15 minutos! ¡Deja de masturbarte y sal de tu casa ahora mismo!

Naruto lo miró entre divertido y ofendido mientras se deslizaba en la camiseta color naranja y tomaba un poco de dinero del buró. Estaba prácticamente listo cuando bajó las escaleras de su casa y caminó hacia el aparcado auto de Shikamaru, quien se encontraba fuera de este, recargado en el asiento trasero y fumando un cigarrillo. A su lado, Chouji Akimichi, con su imponente y gran figura que se torneaba con los años.

Chouji era defensa para el equipo de futbol americano de la preparatoria, y tanto entrenamiento y comida grasosa lo habían embarnecido de esa manera. Sin embargo ahora mismo, relajado y pasivo, mal educadamente usando sandalias, se encontraba comiendo una bolsa de papas crespas sabor vinagre y cebolla. Delicioso.

-¡Hola chicos! – saludó Naruto como si no se hubiera tardado 20 minutos extras en llegar. Chouji le sonrió divertido y Shikamaru chupó su cigarro, con la mirada de un asesino serial y aventó la colilla al piso, pisándola con su zapato.

-Llegas tarde, Uzumaki. – le sentenció dándose la vuelta y regresando al auto, sin decir una palabra más. A Naruto siempre le había fascinado el hecho de que Shikamaru fumara y más aún, que disfrutara fumar a los 18 años. El Uzumaki lo había intentado varias veces pero el sabor le quemaba y el humo lo hacía llorar como Magdalena. Era inútil intentar parecer cool cuando casi todo sobre el gritaba "infancia":

El rubio miró a Chouji quien se encogió de hombros y entró en el auto, hundiéndolo considerablemente debido a su altura y corpulencia; y no le quedó más remedio que rodear el auto y entrar en el lado del copiloto. La casa de Sasuke no estaba ten lejos y al menos tendría el control del estéreo como le gustaba.

-La Sra. Uchiha dijo que llegáramos temprano. La cena es a las 7:30, Naruto ¿Qué demonios hacías? – preguntó Shikamaru apretando el acelerador ligeramente.

-Estaba dormido. Intenté a estudiar.

-Te hemos dicho que no lo hagas. Siempre terminas knockeado y un buen día ya no despertarás… - bromeó Chouji limpiándose las manos en los pantalones grises que usaba. Shikamaru ladeó la sonrisa un poco más calmado, mientras Naruto miraba al Akimichi sobre su hombro.

-¿Oh sí? Veamos quien dura más, Cho. ¿Cuántas papas haz comido ya?

Chouji elevó la ceja. – Sólo dos paquetes…

-¿Qué? ¿En los pasados 5 minutos?

El Nara tomó aire, sonriendo. No quería admitirlo pero el que Sasuke estuviera de regreso en su casa balancearía por mucho su grupo de amigos y por lo tanto su vida. No era que Sasuke podría salir a jugar futbol, o a beber y oler el humo de cigarrillos en un bar que los admitiera, pero estaba contento de saber que podrían ir a su casa y abusar del Playstation un poco, ver películas o partidos estelares. Como antes.

Hinata se limpió el sudor con el dorso de la mano, llenándose inmediatamente de harina la mejilla. Se encontraban procesando el pastel que sería servido en un par de horas; cuando Mikoto la había llamado estaba tan contenta que lanzó un grito que se forzó a apagar por sí misma, y a la vez se dijo que todo esto que Sasuke regresara a su casa daba buen augurio a su renovada relación. Vestida en simples jeans de mezclilla clara y sandalias blancas, con una blusa de volantes del mismo color, Hinata cocinaba codo a codo con su suegra.

Después del infierno que habían pasado, se merecían un poco de paz y normalidad ambos, y esta cena sería la perfecta piedra angular. Incluso Neji vendría, acompañando a TenTen y listo para ser el ride de Hinata de vuelta a casa; todo saldría perfecto, y la chica se encontraba reanimada.

Mikoto la observó preparar la masa en la mesa de madera de la cocina y se dio cuenta que había heredado las técnicas pulcras y delicadas de Hisa incluso hasta para animar la masa de un pastel de vainilla. Sasuke había sido medicado y se encontraba descansando, probablemente dormido en su habitación, y Hinata había llegado un poco tarde a saludarlo. Sin embargo, tenían la certeza de que despertaría justo antes de la cena y podrían saludarse como lo que eran, una pareja de jóvenes novias que habían tenido suficientes rodeos en 2 años.

La matriarca de la casa Uchiha portaba un sobrio vestido color vino, a la rodilla que era conservador, a la par de zapatos bajos color negro y el cabello recogido en la parte de atrás; sin embargo, a pesar de su sombrío atuendo, una enorme sonrisa invadía su rostro, que ahora se veía un poco más viejo. La cena estaba casi lista; los platillos humeantes o congelados, según fuera el caso y aunque no debería, un champagne rosado bastante frio descansaba en la nevera, para brindar a la buena salud de Sasuke.

-¿Cómo vas, Hinata-san? – preguntó Mikoto, poniendo la última cacerola en el horno y limpiando sus manos en el mandil blanco que reposaba en su cintura. Hinata la miró, sonriendo con delicadeza y asintiendo.

-La masa v-v-va bien, y ya tengo listo el r-r-elleno y la cobertura. S-s-sólo faltaría un par de fresas para decorarlo…- contestó la chica, dejando de batir con la velocidad de antes y esperando a que sentara la masa para entrarla al horno. – Debería estar listo en una hora. P-Perfecto para la cena.

Mikoto asintió observando como la novia de su hijo metía la masa cruda en el horno precalentado con la delicadeza de un cirujano, cerrándolo y poniéndolo a los grados y tiempo correspondiente, para quitarse los guantes térmicos y exhalar, contenta, viendo la cena una despampanante realidad frente a ambas mujeres.

-Gracias, Hinata…- murmuró Mikoto con una cálida mirada en su rostro, a la par que se iba quitando el delantal.

-No ha sido nada…- contestó la chica de ojos perla mientras observaba los únicos ingredientes restantes en la mesa. Fresas, glaseado, relleno de pastel y melocotones tiernos. De reojo, observó a la señora Hyuuga negar con la cabeza y volvió sus ojos rápidamente. La matriarca lloraba.

-¿M-Mikoto-san? ¿E-E-Está usted bien? – preguntó la chica preocupada.

La mujer mayor asintió y tomó una servilleta de papel, recargándola en su boca para evitar que sus sollozos se escucharan hasta las habitaciones, donde todos descansaban o hacían sus actividades. Hinata se acercó rápidamente, poniendo una mano amiga en el antebrazo de Mikoto.

-E-Es sólo que… ¡Oh, ese hijo mío se ha portado tan mal contigo, Hinata! – se quejó la madre de Sasuke. -¡Y tú has estado con él todo este tiempo! Esta enfermedad tan horrible lo ha menguado tanto que…

-N-N-No lo mencione, Mikoto-San. E-Estaré con Sasuke todo el tiempo. L-L-Lo prometo. Es usted u-u-una excelente madre. – Fue lo único que atinó a decir Hinata presa de los nervios y una ligera incomodidad que residía en que la chica no sabía exactamente qué hacer. Mikoto asintió, agradecida y tomó una gran bocanada de aire de cocina, bajando por fin el pañuelo.

-Gracias, Hinata. En serio…

Hinata le sonrió hasta con los ojos. La armonía y el espíritu de las buenas nuevas no menguarían la tarde ni las derrotarían; a ninguna de las dos. Prontamente se comenzaron a movilizar, con la ayuda de Shisui que, como había prometido, no se había quedado sentado durante toda la tarde.