Cápitulo 9. Rayo Lunar

Cáncer

A SasuHina Fanfiction

Hinata se limpió el rostro en el baño del pasillo de la casa Uchiha, una casa que conocía a la perfección debido a que parcialmente creció en ella también. Reconocía cada detalle, cada habitación (a excepción de la de Itachi), conocía cada hendidura en la madera, cada mal paso que alguien haya dado, ella ya se habría dado cuenta.

La madre de Sasuke le había permitido ir a despertarlo, puesto que las chicas ya habían llegado, Ino y Sakura, en el lujoso auto del padre de Ino, Matsuri y Temari quienes platicaban con un ansioso Kiba, al lado de un casi ausente Shino, y por supuesto, TenTen y Neji, hablando en la cocina con Shisui y Mikoto misma. Shikamaru, Chouji y Naruto aún brillaban por su ausencia, pero estaba segura de que se encontraban en camino y no se perderían de esto por nada del mundo.

Hinata tocó con delicadeza la puerta de Sasuke, usando apenas los nudillos. Escuchó un lejano "adelante", que la animó a abrir la puerta y sonreír. Sasuke se encontraba frente a su espejo, deslizando su camisa negra sobre su cuerpo, jeans de mezclilla oscura y su gorro tejido color gris.

Sin zapatos.

-Hola…- murmuró Hinata entrando, asegurándose de dejar la puerta abierta, sin querer causar rumores entre los ansiosos invitados que podrían entrar en cualquier momento. Sasuke la recibió con brazos abiertos y olor al shampoo de casa, herbal y masculino. El color no había regresado a su rostro aún pero a decir verdad se sentía mejor gradualmente. La esperanza del moreno era que tal vez podría ir mejorando con el tiempo y no tener que volver al hospital; entrar a remisión de una buena y maldita vez. – Las chicas y-ya están aquí…te esperan…

-Lo sé…- confesó Sasuke, amarrándose su reloj a la muñeca. Le quedaba grande. Suspiró y decidió ignorarlo, feliz de estar en casa. –Escuché los gritos de Ino hace un par de minutos. Acabo de despertar.

-¿Las píldoras?

El moreno asintió. Hinata se acercó a él y recargó su mejilla contra el hombro, mirando alrededor y sorprendiéndose de lo poco que había cambiado la habitación de Sasuke. Las paredes eran de un blanco prístino, y los marcos y detalles de caoba negra combinaban con el resto de la casa; el futón que antes se encontraba en el medio del cuarto, fue finalmente reemplazado por una amplia cama mullida y hospitalaria, y habían agregado una nueva litera, para las medicinas y cosas inmediatas. Fuera de eso, los posters de equipos internacionales de beisbol y futbol seguían en su lugar, y Hinata reconocía la mochila gris de escuela de Sasuke, que yacía colgada y desinflada como un triste globo que ya no se usaría. Sonrió, inminentemente, ante una pequeña foto encuadrada de cuando ambos tenían 15 años, en la feria del día de los enamorados. El tiempo pasaba y a la vez, los pasaba de largo a ambos.

Como un fantasma, la silla de ruedas descansaba en un rincón del cuarto, esperando a volver a ser usada. Hoy no sería la ocasión. Hinata se separó y sonrió a Sasuke, mientras él hacía lo propio, bajando el rostro un poco y presionando un casto beso a sus labios, acariciando su espalda baja.

-Creo que debemos bajar antes de que mamá sospeche que hacemos cosas indebidas aquí, Hinata Hyuuga… -coqueteó Sasuke acercándose a la puerta con pequeños pero decididos pasos, sin mostrar exteriormente que se cansaba. Hinata enrojeció como un tomate y Sasuke quiso morderle las mejillas jugosas.

-¿C-C-Cosas indebidas?

El chico asintió. – Ya sabes. Como lo que le hiciste a mi cuerpo hace poco en el hospital.

-¡S-S-Sasuke!

El chico carcajeó, Hinata casi se desmaya; y Sasuke pudo volver a sentir la vida inyectarse en el cuerpo cuando se sintió un adolescente coqueteando con una hermosa adolescente, haciendo bromas sexuales, disfrutándolo todo. Fue absurdo pensar el tiempo que pasó alejado de ella solo por miedo a hacerla sufrir solo para darse cuenta de que ahora sufría el doble. Tomó a Hinata de la mano y ambos caminaron hacia el comedor que se veía bastante festivo.

Tenía a todos sus amigos en la sala, comedor y cocina de su casa, algunos tíos también habían llegado junto con pequeños primos y primas que habían comenzado a corretear por toda la casa, incluso Neji Hyuuga estaba ahí, recargado contra la pared, usando pantalones de vestir y una camisa color hueso, como casi siempre se le veía, a contraste de su joven novia TenTen Liu, usando shorts cortos a la cintura de color amarillo y una simple playera blanca, a juego con sus tenis gruesos. Ino, con el infalible vestido corto y morado, sentada muy cerca de Sai que parecía un vampiro entre tanto color y Sakura, a falda de mezclilla y botas vaqueras negras, camisa de la NFL que la hacía ver un poco campesina; las amigas charlaban animadamente con Asuma-sensei, uno de sus maestros de instituto que también había sido requerido.

Sasuke pensó, aún detrás de la puerta, que ver tanta gente le abochornaría. Kurenai también estaba ahí, charlando con Kakashi-sensei y Matsuri. Temari hablaba con Mikoto e Itachi, mientras que Shisui entretenía a todos juntos como una gran mariposa social. Tragó saliva e instintivamente apretó delicadamente la mano de Hinata, mostrando su nerviosísimo.

-T-T-Todo estará b-bien. Son n-nuestros amigos, Sasuke. – Le recordó la pálida chica y inspiró un poco más de vida en su ser. Tanta, que atravesó el umbral de la puerta, siendo recibido con gritos y vitoreos de sus amigos, los que se encontraban ahí. Naruto y Shikamaru, junto con Chouji no estaban cerca.

-¡Sasuke! – se animó Kiba levantándose y estrechándolo en sus brazos, ante la horrorizada mirada de Mikoto que sinceramente se preocupaba demasiado. –Akamaru y yo estamos muy felices de que hayas vuelto a casa.

-Gracias, Kiba. Estoy segura de que Akamaru comprende todo esto mejor que nosotros, huh – Sasuke dijo con una sonrisa ladina, acomodándose con fervor su gorro. Hinata sonrió, pegada a su hombro.

Kiba se limitó a sonreír ante la broma y dejar que la pequeña cantidad de gente alrededor de Sasuke se hiciera más pequeña. Las chicas lo saludaron son entusiasmo y abrazos, al igual que los chicos y por supuesto su familia; Mikoto e Itachi sonriendo desde la cocina, era bueno que la calma por fin regresara al hogar Uchiha durante una temporada.

Kurenai y Asuma se acercaron a Hinata y Sasuke cuando la pequeña conglomeración estaba ya disipándose. Sasuke los miró con una mirada cálida, puesto que hacía mucho no se veían, aunque no podía decir que le sorprendiera que en un mes fueran a contraer matrimonio; el verlos ahí, con ropa casual, sin tener que parecer tan estricto movía sentimientos en el corazón de Sasuke. Extrañaba estudiar.

Para Kurenai, que había sido en varios grados la maestra de Hinata y le tenía un especial afecto, tanto que la había elegido como una de sus damas de honor, le parecía tierno el ver como la chica parecía estar pegada al lado de Sasuke, tan enamorada y con un sentimiento tan fresco que sintió pena y hasta lástima por la pareja de enamorados. Asuma pudo verlo en su mirada por lo que intercedió, conociendo el orgullo de un hombre y peor aún, conociendo el orgullo de un Uchiha.

-Nos alegra mucho que hayas salido del hospital, Sasuke. Es cuestión de tiempo para la remisión. – Había hablado Asuma, a quien le faltaba su eterno cigarro. Parecía que esa cosa estaba cosida quirúrgicamente al hombre a veces, pero sabía por qué no lo traía esta ocasión. El chico estaba sorprendido que su madre dejara respirar a sus invitados sobre él.

-Es lo que se espera, Asuma-sensei. –Accedió Sasuke a dejar en su tono de voz un poco de fe. Sintió como Hinata le apretaba la mano, complacida.

-Esperamos verte en la boda en un mes. Será una boda otoñal hermosa…- el chico notaba a Kurenai hablar de la boda con nerviosismo, y también la veía más delgada.

-No puedo esperar, Kurenai-sensei. Gracias por venir. – accedió con verdadera amabilidad, poco característica de él, pero se imaginó que si toda esta gente estaba ahí por él, lo mínimo que tenía que hacer era tratar de ser amable; era eso o el cáncer lo estaba suavizando demasiado.

Cuando todos se sentaron a la mesa, el silencio fue cómodo y agradable siendo interrumpido únicamente por alguna charla indistinta.

Mientras Sasuke masticaba su pechuga de pollo, observó a una molesta Temari que observaba el celular como esperando que se prendiera en llamas con la pura telequinesis de su mirada. Matsuri, la valiente fue quien se atrevió a preguntar.

-¿Temari? ¿Qué sucede? – preguntó observando por un momento la comida, pensando que algo le había caído mal a la rubia.

-El estúpido de Shikamaru no contesta su teléfono.- Temari, poderosamente vestida de negro confesó, sin tapujo alguno, como era ella, y todos la amaban por eso, era relajada, pero se hacía valer. Una mujer independiente y feminista. - Debió estar aquí hace una hora ya…

Sasuke elevó la ceja. Como si fuera una señal, ruidos indistintos se comenzaron a oír detrás de la puerta de madera y vidrio, y afinando el oído pudo oírlo todo, al igual que todos los que estaban ahí sentados.

-Esto fue una pésima idea…- estaba seguro que era la voz de Chouji tras la frágil puerta de entrada. Más ruidos, como de ruedas con falta de aceite y bolsas de papel, o tal vez las dos juntas. – Y fue costoso también

Hinata miró a Sasuke y a Mikoto intrigada, después a Kiba, quien parecía en el mismo lugar que ella. Todos los presentes estaban confundidos. Shisui se levantó, con comida aún en su boca y masticando se acercó a la puerta.

-No escatimaré en mi mejor amigo, ahora cállense y ayúdenme…- era la voz de Naruto obviamente. Después se escucharon sus voces haciendo un esfuerzo sobre humano y un gran sonido de algo asentándose en el piso. - ¡Toca la puerta! ¡Estoy ocupado!

Sasuke reprimió una risa carraspeada. Si Naruto quería sorprenderlo con algo, estaba de sobra decir que ya se había enterado sobre una sorpresa. Finalmente y para el deleite de todos, que se habían petrificado ante la expectación, Shisui abrió la puerta, mostrando a Shikamaru y Chouji sudados y algo jadeantes empujando un carrito con ruedas oxidadas que portaba un enorme pastel bastante burdo, decorado con un betún rosa de muy mal gusto y con cerezas que se derretían alrededor. El pan olía bastante cocido, y era risible ver a esos dos chicos empujando un pastel tan grande y tan feo solo por órdenes del rubio. Los presentes a la cena comenzaron a reír indistintivamente, contagiados del no saber qué sucedía.

Shisui sonrió divertido y sacó la cabeza para invitar a Naruto a pasar, pero no encontró a nadie afuera de la casa. Estaba seguro y los demás acordarían que había escuchado su voz –Chicos… ¿dónde está Naru…?

-¡Bienvenido a casa, teme! – gritó Naruto, saliendo disparado del pastel usando sus jeans anteriores y su camisa naranja siendo reemplazada por un par de pezoneras color rosa fucsia, que resaltaban con su color de piel y con el hecho de que usaba una corona de plata falsa. La sala irrumpió en risas ante un Naruto lleno de pastel, que en realidad era una gran caja cilíndrica recubierta con pan horneado y betún barato. Mikoto gritó ante la sorpresa, al igual que la mayoría de las personas de la sala y Hinata abrió los ojos en asombro al ver la elaborada y tierna broma.

Sasuke fue quien perdió el habla por unos minutos.

Mientras Naruto bailaba sobre la mesa con ruedas, siendo asegurada por un Chouji que no aguantaba la risa y un Shikamaru cansado pero contento, Sasuke miró a su alrededor, e incluso sintió como Hinata cubría su boca para no reír de manera muy escandalosa; el rubio ahora disparaba confeti de un par de proyectiles llenando la sala entera de mil colores mientras los círculos de diminuto papel caían, bañándolos a todos. La sala seguía riendo y Sasuke seguía mirando y una pesadez se adueño de su corazón mezclada con el alivio y el cariño que le tenía al estúpido de Naruto. Sus comisuras se elevaron hasta que no pudo más.

En una sala llena de pastel y confeti, Sasuke por primera vez en mucho tiempo reía a la par de todos.

La cena había sido esplendorosa en toda la extensión de la palabra; eran pasadas las 10:30 cuando la gente comenzó a irse, llevando a niños cargados en los brazos y rostros cansados pero complacidos del motivo de celebración. Mikoto e Itachi los despedían en la puerta mientras los amigos más cercanos recogían platos y basura, que de esta última había mucha, debido al pequeño número de Naruto.

TenTen Liu trabajaba junto con Sakura en dejar una cocina radiante, fregando el costoso mármol de la cocina que rayaba en lo moderno más que en lo tradicional del resto de la casa, siendo al casa de los Uchiha una antigua casa de samurai.

Ino y Temari junto con Chouji y Shikamaru cargaban grandes bolsas negras, que Naruto se encaraba de llenar con sobras de comida y restos de basura. Neji esperaba paciente en la sala, sin hacer mucho contacto con nadie, teniendo de un lado a una Matsuri distraída en el teléfono y a un ruidoso Shisui que jugaba una vez más Playstation; el primo mayor de los Hyuuga no se sentía muy cómodo en una celebración así puesto que Itachi Uchiha, parcial dueño de la casa no era muy de su agrado, pero a la vez, Hinata y el Uchiha habían vuelto a tener una relación y el brillo había regresado a los ojos de su prima, ojos en los cuales, por cierto, hace un buen rato que no se veía.

-Matsuri-san…- habló Neji, dejando la taza de té humeante recargada en la mesa y mirando a la chica castaña. Era incluso menor que TenTen pero aún así, Neji se fijaba en el sufijo bastante bien. -¿Ha visto a Hinata-sama?

-Uh…- Matsuri pareció pensarlo pero terminó asintiendo. – ¿El patio, tal vez?

La noche era estrellada y una leve brisa avisaba en frío que se aproximaba en el horizonte, a la pareja de enamorados solo los alumbraba una lámpara de aceite que colgaba sobre sus cabezas, haciendo la luz tenue, más color ocre que amarillo brillante y dándole a todo un toque de antaño. Hinata y Sasuke se encontraban charlando en la complicidad del patio, tras la puerta de papel que los separaba del resto de la casa, aunque el porsche rodeara toda la casa en sí.

-¿C-Cómo te sientes?

-Bien. Cansado, pero la pasé mejor de lo que pensé que lo haría. – confesó Sasuke, mirando hacia la luna. Hinata recargó la mejilla en su hombro y el Uchiha rodeó a la chica con un brazo, pasándolo por su cintura. –Te ha quedado muy bien el pastel, Hinata. Felicitaciones.

La chica sonrió ante el cumplido, mirándolo a los ojos por unos segundos y mordiéndose el labio inferior, Sasuke dudaba que la chica supiera lo sensual que se veía en ese momento, lo provocadora que era siendo tan inocente, probablemente no lo supiera. –C-Cuando n-nos casemos te h-hornearé un pastel c-cada viernes. – La sonrisa de Sasuke ni siquiera se presentó.

Odiaba mucho cuando Hinata hablaba en futuro, y aunque sabía que no lo hacía a posta, no lo hacía más fácil en imaginar que en unas semanas, unos meses, o si le iba bien un par de años, Sasuke estaría muerto y no habría pastel de los viernes. El moreno bajo la mirada, sus ojos almendrados observando el serenado pasto, y escuchando al agua reír en la fuente que su padre había mandado a construir hace ya tantos años, observando sus pies desprovistos de calzado rozando el suelo, y sintió la tensión familiar entre Hinata, él y el futuro.

La chica lo notó de inmediato, y quiso castigarse de tonta pero sabía que existía la fé y los milagros de los templos, los hallazgos de la medicina, un mejor médico, algo que salvaría su relación y sobre todo salvaría Sasuke y toda la vida que le quedaba por delante. Cerró los ojos y apretó sus manos, dirigiéndole una sonrisa cómplice.

Sasuke se dio cuenta de que la chica creía y él no era nadie para pisar sobre de eso. Ya no más.

Así que aclaró su garganta y jugó un poco. -¿Sólo los viernes?

La luna no se compararía con la manera en la que se iluminó el rostro de Hinata al observar como Sasuke participaba en esta nueva imaginativa, se sentó mirándolo a los ojos y sonriendo tanto que Sasuke pensó que al final de la velada tendrían que desatornillarle esa sonrisa.

-Bueno, e-e-estaré ocupada con l-l-los niños…

-¡Hijos! – exageró Sasuke, mirándola con los parpados bajos y un toque purpura en la inmensidad de sus ojos negros. –Señora Uchiha, usted no pierde el tiempo. – El Uchiha no perdió nota del adorable sonrojo de su novia una vez más y se acercó más a ella, recibiendo lo mismo por parte de Hinata. Era como si pudiera sentir sus feromonas y las ganas que tenía ella de él como él de ella.

Logró que Hinata se sentara en el hueco de sus piernas, e hizo que la chica se recargara en el pecho del chico, dándole un buen aroma de su cabello serenado y su piel suave y cálida mientras Sasuke rodeaba a Hinata con sus brazos, observando los rayos lunares que caían en la pequeña fuente y en el patio frío de los Uchiha.

-¿C-Cuales serán sus nombres?

-Tora, definitivamente…- respondió Sasuke sin pensarlo mucho. Tora Kinabi había sido un famoso artista marcial de cuando él y Naruto eran pequeños; si Hinata hacía memoria también lo recordaría pero ahora mismo la chica estaba demasiado embelesada con la idea de sostener algún día a los hijos de Sasuke Uchiha entre sus brazos – O Takeshi. Nombres fuertes, de varón.

-Estas asumiendo q-que tendremos hijos varones…

-Deberíamos. Itachi y yo tratamos a Madre como una reina; te mereces exactamente lo mismo, Hinata y mis hijos te lo darán.- La esperanza y la imaginación eran peligrosas en una situación como esta, pero por la hermosa armonía con la que habían estado viviendo últimamente, Sasuke se sentiría realmente mal si lastimara a Hinata con sus negativas. – Los obligaré a que lo hagan…

-¿Y qué tal s-s-si quiero hijas? – una pregunta justa. ¿Qué había de las niñas? Sasuke pareció meditarlo a complacencia de la Hyuuga, con un serio pulgar que rascaba su ceja en la más grande concentración.

-Bueno…- dijo acercándose lentamente a ella, con la mirada puesta en sus labios carnosos cubiertos por una fina capa de labial transparente y brillante, relamiéndose en anticipación, desvergonzadamente mirando al pequeño escote de la blusa blanca de Hinata se inclinó más hasta dejar en claro sus nada honorables intenciones. –Tendremos que intentarlo hasta dar con la nena, ¿no lo crees, Hinata?

La chica asintió embelesada en el momento, con apenas un hilo de voz en la garganta y perdida en el aroma del pasto mojado y el frio de la noche, mirando el rostro definido de su novio acercarse cual pantera en la selva negra, lentamente pero letal. Antes de que aquel accidente de autos sexuales pasara, Neji Hyuuga se asomó sin decoro alguno aclarando la garganta para llamar la atención a él, con un puño frente a sus labios, haciendo que ambos chicos se miraran asustados y después voltearan la cabeza hacía su dirección.

Hinata se levantó rápidamente, incluso mareándose en el proceso de hacerlo y fijó su mirada ante su primo mayor, que a decir verdad, más que enojado se veía terriblemente incómodo ante la idea de que Hinata se comportara de forma sensual a Sasuke; aunque después de todo, eran novios. El Uchiha no se levantó, obviamente, pero lo observó con un nerviosismo bien enmascarado que Neji conocía ser parte de los Uchiha.

-Hinata-chan, se me ha instruido que te lleve a casa antes de la medianoche. ¿Estás lista? – preguntó Neji en el más sublime acto de honor. Hinata lo observó perpleja, como no sabiendo que decir o si Neji en realidad estaba diciendo algo implícito, algo como "No me hagas ver esto". Hinata asintió, pagando una pequeña reverencia a su primo, quien educadamente se fue caminando, dándoles solo la privacidad adecuada para despedirse.

Hinata se volvió sobre sus pies, el largo cabello haciéndole una cortina en los hombros y asomando una pequeña sonrisa ante Sasuke, quien deslizó su mano por cada suave hebra que se deslizaba entre sus dígitos, como lo imaginó muchas veces en su estadía en el hospital. Hinata se dejó hacer, dando un paso hacia Sasuke mientras este le acariciaba el cabello y pretendía usar su memoria corporal para guardar esa misma sensación por siempre en las puntas de sus dedos.

-Es h-hora de irme…

-Así parece… -accedió Sasuke mirando como TenTen le platicaba algo bastante interesante a un expectante Neji.

La chica hacía ademanes de un partido de futbol, dando volteretas alrededor del mayor de los Hyuuga, y aunque a Sasuke le pareciera un tanto infantil y ñoño, Neji parecía prestar total atención a su chica, cubriendo su tenue sonrisa con dos elegantes dedos mientras permanecía con los brazos cruzados, embelesado probablemente de algo en TenTen que Sasuke no entendía ni veía pero que el chico mayor sí. Cuando se trataba de TenTen, Neji tenía cierto brillo en los ojos que adivinaba que él también tenía cuando se trataba de Hinata.

– Quién lo diría…Neji Hyuuga tiene un corazón.

Hinata le puso una mano en el pecho, juguetonamente mientras negaba divertida ante tal acusación; acercándose al chico y presionando un casto beso justo en la comisura de los labios, logrando que Sasuke se quedara petrificado por unos segundos. Hinata nunca dejaba de impresionarlo, de enamorarlo de esta forma.

-Te veo luego…- dijo sin ningún tartamudeo, de manera clara y fluida y se alejó junto con su primo y la novia de este, perdiéndose en uno de los pasillos de la casa. Sasuke sonrió levemente hasta que la supo ida, sentándose de manera derecha y mirando tanto la fuente como el sol en completa soledad. La fiesta le había estresado un poco y de no ser porque Hinata estaba tomándolo de la mano todo el tiempo hubiera salido corriendo antes de cortar el pastel.

Al parecer en casa sólo quedaba Naruto y Shisui, que no vivían ahí, aunque prácticamente Shisui si lo hacía puesto que no era raro que el moreno se quedase a dormir, como sucedería hoy por la noche. Itachi ayudaba a terminar de limpiar y Mikoto despedía a unos amables vecinos; Fugaku, sin embargo, aún no llegaba de una cena de caridad a la cual era muy importante asistir. Sasuke suspiró, sintiéndose en paz por unos segundos, respirando el aire frío, escuchando la risa del agua, observando la noche que le regalaba una pequeña tregua. Era bueno volver a casa.

Tanto la cocina como el comedor y la sala estaban completamente limpios; pareciendo como si nunca se hubiera festejado una cena tan animada como la que acababa de suceder hace un par de horas; todos los ajenos a esa casa se habían retirado dejando a una cansada pero satisfecha Mikoto Uchiha bebiendo una copa de vino tinto mientras liberaba sus pies de los zapatos de tacón con los que había estado andando de arriba abajo en la fiesta. Shisui dormía recargado en el sofá, con los audífonos pesados en sus orejas mientras el videojuego seguía reproduciéndose. Algo sobre un vaquero con sed de venganza que Mikoto nunca lograría entender.

Suspiró, presionando delicadamente su mano contra su estómago y bebió otro sorbo. Sasuke ya se encontraba en cama, probablemente dormido debido a sus medicinas, e Itachi estaba en el estudio, estudiando o leyendo por diversión; era ella quien había decidido quedarse despierta y esperar a Fugaku, quien no tardaría en llegar.

Cerró los ojos un minuto y rememoró, casi enfrascada en sus propios recuerdos. Tras el diagnóstico de Sasuke, Mikoto había escuchado como la mayoría de los matrimonios con un hijo enfermo se disolvían, se peleaba hasta el cansancio y todo este cansancio acumulado pesaba en el amor que se tenían los padres. Pero no ellos, y aunque no fuera mucho mejor, la enfermedad de Sasuke los había distanciado con un objetivo y era precisamente el poder seguir juntos, si es que tenía sentido fuera de la cabeza de la matriarca. La mujer puso la copa en la pequeña mesa y apagó lo más silenciosa que pudiese la consola de video juegos y con ella, el ruido de los audífonos de su sobrino mayor, acariciando con un instinto maternal el cabello de Shisui antes de avanzar a la entrada de la casa, después de escuchar el auto de Fugaku justo afuera.

Fugaku Uchiha bajó del despampanante automóvil negro y lujoso, desabrochando con la mano libre el saco que cargaba consigo, cargando en la otra mano el maletín propio de un abogado. Su rostro se veía exageradamente cansado, ni siquiera pensando en la figura femenina que le esperaba en la entrada de su hogar, brazos cruzados y una hilera de dientes llamada sonrisa que parecía decir "te estaba esperando". El cabello largo hecho en una pulcra coleta baja y el rostro de piedra que rara vez se quebraba.

El auto quedó asegurado mientras subía los pequeños peldaños para entrar a su casa para topar con su esposa y dar un paso hacia atrás, realmente sorprendido. Fue ahí cuando Mikoto pudo ver su entero cansancio, puesto que un Uchiha era muy difícil de sorprender. El rostro de Fugaku se relajó y siguió subiendo peldaños hasta estar frente a frente con Mikoto, quien tomó el maletín y el saco, entrando ambos en la sala de estar, donde Shisui ya faltaba probablemente debido a que había despertado y había ido arrastrándose a su cuarto.

-¿Cómo fue todo en la firma?

Fugaku se masajeó el puente de la nariz y suspiró. – Casos difíciles pero lucrativos. Nos las arreglaremos. No eran temas que hablar en la cena de caridad…

-Yo sé que sí, mi amor. – Contestó cariñosamente Mikoto. – Siempre lo hacen…

-¿Cómo te ha ido a ti? – en este punto, la copa de Mikoto volvía a estar llena y ya preparaba una copa para el señor de la casa. Era una rutina que debido a todo el ajetreo había perdido lugar un poco, pero de manera lenta, Mikoto se comprometía a llevar la vida a lo que era antes de la última visita al hospital. Fugaku tomó la copa gustoso, dando un sorbo que le refresco la garganta y l la memoria, pues conocía el vino. Riveñol del 2003, cosecha italiana, recordaba borrosamente la botella con etiqueta rosa en la cava. - ¿Cómo está el chico?

-Probablemente roncando. La gente ha venido todo el día e hicimos una fiesta. Estuvieron todos aquí, Shisui está durmiendo en la habitación de huéspedes y Sasuke tomó sus medicinas, por lo que no creo que despierte.

-¿Itachi? – Preguntó, mostrando un interés lavado. Las cosas entre Itachi y Fugaku rozaban en lo familiar solamente por la cortesía aunque el cariño estuviera ahí. Las palabras e interacciones eran casi nulas y cuando existían se mantenían siempre al filo del respeto casi impersonal. No parecían el padre y el hijo que eran, cariñosos y capaces de amarse hasta la médula, sino que más bien parecían un par de socios negociando una empresa, un par de diplomáticos o políticos que conversaban sin llegar a ser íntimos, siempre por un interés común: Sasuke.

A Fugaku le afectaba la enfermedad de Sasuke de la misma manera que todos los demás. Además de encargarse económicamente de todo, Fugaku trabajaba con sus amigos influyentes en la búsqueda de eterna del mejor médico de Japón, del mundo entero, se mantenía inmersos en investigaciones y trabajo, por lo cual cuando llegaba a casa Sasuke casi siempre estaba dormido, al igual que su hijo mayor, y era su mujer quien esperaba su llegada, a veces en la sala con una copa de vino, a veces en la habitación, medio dormida. La tradicional familia Uchiha que había criado a Fugaku Uchiha le había enseñado a embotellar sus sentimientos para no demostrar la yugular, para no proyectar lo que pasaba dentro de su cabeza y dentro de su corazón; era duro, sobre todo para sus hijos quienes se acercaban a ser adultos (Itachi ya lo era, por lo que rozaba mucho más con él).

El patriarca de los Uchiha ya no podía levantarlos en brazos y comprarles un juguete o un dulce para demostrar su amor; ahora el amor había tomado otro rostro, uno jurídico que le era ajeno, sin embargo esto no significaba que su cariño hubiese menguado en lo absoluto.

-Itachi debe estar en el estudio. Me dijo que estudiaría un poco…- contestó Mikoto pendiente del silencio de su marido y tomando elegantemente de la copa de vino. Había dejado de seguir el drama entre su esposo y su hijo mayor, por estar al cuidado de Sasuke, y aunque no lo sabía, su salud mental se lo agradecía.

-Entiendo… - murmuró Fugaku tomando el resto de su copa y observando la habitación. No había vestigio alguno de la fiesta, excepto unos confetis que se habían escapado de la barredora. – Mujer, tomaré un baño.

-Te calentaré un poco de la cena…- contestó Mikoto casi de forma automática levantándose al mismo tiempo que su marido y quedando frente a frente. Lentamente, Fugaku torció la mirada y quien lo viera, así de mayor, pero sonriendo de esa forma, entendería el por qué del encanto de los Uchiha; parecía un chico de Universidad con una sonrisa diseñada para derretir las piernas de cualquiera. Mikoto incluso se sonrojo un poco, pero se hizo a la tarea de ir a calentar la cena y dejarse de ciertas cursilerías innecesarias aunque placenteras.

Fugaku la miró desaparecer en la cocina y emprendió su corrido camino hacia la habitación del baño, por la cual tenía que pasar tanto por el estudio, donde se encontraba su hijo menor y la habitación de Sasuke, donde este descansaba. Tratando de no hacer ruido por ambas razones, se encaminó a la habitación matrimonial. El sonido del pasillo era impresionante, incluso intimidante, excepto el zumbido de una canción cuya banda recordaba oír seguido en la habitación de un Itachi adolescente y posteriormente en la de Sasuke, pero aunque pusieran un arma en su cabeza no podría decir el nombre.

Itachi estudiaba en el estudio y Fugaku observó la puerta como un eterno quebrantador de la áspera relación que llevaba con su hijo, de todos los momentos que lamentaba, de cómo Itachi era inteligente y mayor, pero a veces cuando fantaseaba parecía un niño que quería echar todo al azar, y no un joven preparado para heredar una empresa entera y no pasar hambre por el resto de su vida. Suspiró por lo bajo y continuó por el pasillo, dando con una puerta semi abierta, a petición de Mikoto, que albergaba la habitación de Sasuke.

Fue lo suficientemente valiente para asomar la cabeza y recargarse en el pilar de la puerta. Sasuke dormía con su la silla de ruedas en la esquina, plácidamente, tapado casi hasta la barbilla, con varias botellitas de pastillas y medicamentos estratégicamente distribuidas alrededor de la mesa de noche. Se le veía tan calmado que apenas parecía que estuviese enfermo; se dio cuenta también que tenía el gorro colgando del una silla y que podía ver el cabello quebradizo y delgado que tenía en la cabeza.

Frunció el ceño; era como uno de esos cuadros que daban miedo mientras más te le quedabas viendo, como una interminable pesadilla de un padre, ver a su hijo morir de la manera en la que lentamente lo hacía Sasuke, y como no podía hacer mucho por él. Había días en las que actuar sólo como un cajero automático era todo lo que podía hacer.

Sintió una presencia detrás de él, y siendo el hombre racional que era, volteó lentamente, con cotidianidad, mirando a un Itachi sin camisa y con un pantalón de pijama negro que colgaba bajo en sus caderas, papeles en mano y un vaso de lo que parecía ser simple agua en la mano. El encuentro de sus miradas fue tan oscuro como se lo imaginaron, ónix contra ónix, en una guerra de aceros que terminó cuando el patriarca aclaró su garganta.

-¿Cómo estuvo la cena?

-Podría preguntarte lo mismo. – Itachi fue rápido en contestar. Cuando se trataba de Fugaku guardaba todo el respeto que su enojo le podía. Fugaku relajó los músculos, sin mostrar nota alguna de la sorpresa no tan agradable que le daba el tono de su hijo. – La cena fue bien. Sasuke estuvo con todas las personas que lo aman.

Fugaku torció una sonrisa que no era de felicidad ni orgullo. - ¿Implicas que yo no lo amo?

-Nunca dije eso, Padre.

-Estuve atendiendo asuntos del trabajo, aunque no es de tu incumbencia porque te has mostrado bastante desinteresado en la firma últimamente

Itachi señaló la puerta entre cerrada de Sasuke con la cabeza. – He tenido que priorizar algunos asuntos.

-Tu hermano necesita todo el apoyo que pueda. Eso incluye lo económico, hijo. Confío en que lo sabes. – El tono de voz de Fugaku iba aumentando considerablemente un tanto colmado con la actitud de Itachi. – Estoy trabajando para pagar todo lo que tu hermano necesita.

-Tal vez no necesita un patrocinador, necesita un padre.

El silencio fue más sepulcral que nunca, y el puño de Fugaku se cerró con la fuerza de un caballo. Itachi contuvo la respiración víctima de la culpa inmediata y bajó la cabeza, claudicando ante sus buenos valores y enseñanzas. Dio un par de pasos descalzos hacía su habitación pasando hombro con hombro con Fugaku.

-Disculpa mi ofensa, padre. Estoy cansado.

Fue lo único que dijo antes de él también perderse en la oscuridad y el incienso de la casa.