Capítulo 10. I miss you already
Cáncer
A SasuHina Fanfiction
Nota de la autora: Una vez más, muchas gracias a todos por leer este fanfic al cual le he agarrado un cariño y una ola de inspiración muy impresionante en la que me encuentro escribiendo capitulo tras capitulo a mi máxima potencia. Gracias infinitas por cada follow y review y espero les esté gustando este fic.
Quiero dejar en claro que una de las primeras escenas en este capítulo está inspirada en la película "50/50", con protagónicos de Seth Rogen y Joseph Gordon Lewitt.
–Persephone.
Mikoto había salido a hacer la compra el viernes por la mañana, apurada y vivaracha de tener a Sasuke en casa, a su vez Fugaku había salido de casa mucho antes de que saliera el sol, en camino a la oficina con un café caliente en un termo y el periódico del día bajo el brazo, gafas de sol ya encima. Itachi, un par de horas más tardes había hecho lo mismo para dirigirse a la Universidad; y como Naruto se había hecho la pinta ahora estaban ambos en el cuarto de baño parados frente al espejo.
Cuando el rubio entró por la puerta usando el uniforme escolar el estomago de Sasuke bajó hasta aterrizar en sus tobillos, reconociendo el cuello, la tela, el calor que daba en las clases vespertinas de verano, y como prefería usarlo abierto en vez de pulcramente cerrado, como la mayoría de los chicos de su clase. Extrañaba sin duda alguna asistir a la escuela y aprender un poco más cada día, pasar a la Universidad y heredar un poco de la empresa que le pertenecía por la familia. Trataba de no pensar mucho en eso, en el futuro, porque le deprimía y si se deprimía podría enfermar con más facilidad y eso sería volver al hospital.
Hablando de futuro había convencido a Naruto de hacer novillos, que en realidad no era una hazaña muy grande, para que pasara a su casa y lo asistiera en una tarea que no podía posponerse más; cuando su madre lo despertó para tomar la medicina y el desayuno, notó su cara nerviosa al ver el desmejorado cabello de Sasuke e intentar acariciar su cabeza, solo para separar hebras hechas como de chicle con los dedos.
Mikoto le sonrió, por supuesto, y trató de actuar como si nada hubiera pasado, pero cuando estuvo seguro de que Mikoto se había ido a la compra, fue cuando telefoneó a Naruto, quien apareció en su puerta, feliz de la vida y con una máquina de afeitar eléctrica en las manos.
-Esta es la peor idea que hemos pensando juntos, Sasuke…- dijo Naruto mirando a Sasuke directamente en el espejo. El chico, que había recuperado un poco el color pero tenía unas marcadas ojeras que lo hacían parecer el gemelo de Itachi, se paraba derecho, con una toalla de un insípido color crema en los hombros, sobre su playera azul marino.
Sasuke Uchiha había tomado la decisión consciente de afeitarse la cabeza de manera militar, evitando así el martirio de ver su cabello caer. Nadie lo sabía, más que Naruto, obviamente puesto que era su mejor amigo y porque era de las únicas personas que conocía que se prestaría a tal idiotez.
-Dijiste que me apoyarías, idiota.
-¡Lo estoy haciendo! Pero estoy asustado. – murmuró Naruto por lo bajo, mirando el espejo nervioso. Sinceramente tenía miedo del terrible resultado, que Sasuke tuviera una cabeza tan graciosa que no pudiera dejar de reírse por el resto de su vida, que Mikoto se enterara que el entrego el arma culpable y Kushina lo castigara de por vida, puesto que sabia del club secretos de mamás que se juntaban para reprender a sus hijos. Kushina debía ser la lideresa.
Sasuke no estaba mejor; también se sentía nervioso, aunque fuese cabello, aunque si sobrevivía iba a volver a crecer, aunque de todas maneras se iba a caer debido a los químicos en su sangre. Se aferró a la toalla con discreción y encendió la maquina, haciendo que Naruto chupara un aliento y lo retuviera en la boca, cubriéndola esta con ambas manos; una expresión que lo rememoraba a cuando era niño y ambos veían violentas películas prohibidas en su sótano. Si no estuviera tan nervioso y tan tembloroso, Sasuke reiría de candor.
-¡Espera, espera, espera! ¿Qué tal si terminas pareciéndote a Voldemort? – Sasuke rodó los ojos, encendiendo la máquina una vez más pero reflexionando intensamente en lo que Naruto decía. Acercó la máquina vibrante una vez más a su cabello deprimido pero Naruto cubrió sus ojos como un niño pequeño y Sasuke no pudo resistirse.
-¡Naruto!
-¡A One Punch Man! ¡Te parecerás a One Punch Man, Sasuke! – bramó Naruto como acordándose finalmente de algo que quería decir desde el inicio.
-¡Deja de decir sandeces, idiota! ¡Ahora no puedo hacerlo! – Esto parecía una verdadera mala idea. Sasuke observó los dientes filosos de la máquina de afeitar y el ronroneo de la música del celular de Naruto que había puesto para aligerar la hazaña. Se sentían realmente como un par de niños de 7 años a punto de meterse en problemas. – Tú hazlo
-No.
-Naruto…
-¡No! Sí lo hago mal, me vas a culpar y me vas a golpear. ¡Tú hazlo! – dijo Naruto empujando la rasuradora a las manos de Sasuke nuevamente y parándose detrás de él, como si un fuego se originara justo enfrente de Sasuke y el quisiera protegerse. Sasuke lo miró de soslayo aún por el espejo, con la mirada severa y luego se miró a sí mismo a los ojos. Era solo cabello, era sólo cáncer, y esos dos conceptos eran cosas que tenían que comprender para proceder a raparse la cabeza.
La máquina ronroneó de nuevo y Sasuke elevó la mano, pasando uniformemente una línea y viendo como su cabello iba desapareciendo bajo el aparato, ante la mirada un tanto psicótica y desorbitada de Naruto y su propia incredulidad de que por fin lo había hecho. Cuando la línea terminó por marcarle la raya, una gruesa línea de cabellos apenas presentes, un corte militar y que no se veía del todo mal, Sasuke soltó el aliento que había estado aguantando.
Naruto abrió la boca para volverla a cerrar, diciendo palabras mudas como lo haría un pez, era impresionante ver esa línea de cabello pequeño y filoso sólo en el costado de Sasuke, y es que el cabello rapado era un gesto muy ajeno en su círculo de amigos. Sasuke puso la máquina en el lavabo y miro su cabello restante, volteando la cabeza y admirando su paparruchada. Aclaró la garganta, con nerviosismo y volvió a tomar la máquina, pintando ahora una línea del otro lado, bastante simétrica para sus manos temblorosas.
-¡Dios, Sasuke! ¡Se ve tan raro! ¡Te ves muy raro! – Naruto no era precisamente el rey de la decencia y al parecer hoy lo estaba mostrando a la perfección. Sasuke siguió rapando sus lados hasta quedar con un mohicano que lucía bastante bien pero que realmente no era su estilo. Miró al rubio por el espejo, observándolo embelesado mientras entre los dos nadaban cabellos negros y azulinos. Sonrió de lado y apagó la máquina.
-¿Puedes hacer la parte de atrás?
-Uh…- Naruto lo meditó sólo unos segundos. – Claro.
Sasuke cerró los ojos y sintió en su nuca la sensación tambaleante de la maquina, y escuchó a su vez las pequeñas risas nerviosas de un Naruto que decidía divertirse y gruñir ansioso por el calvo resultado en el Uchiha. No era como si estuviese completamente calvo, puesto que pequeños cabellos militares aún estaban en su cabeza, pero la comparación fotográfica de antiguas melenas sería bastante impresionante ahora.
Minutos después Sasuke estaba rapado; y convencido de que de haber estado sano tal vez nunca hubiera tomado esta decisión, pero de haber estado sano luciría más como un joven y apuesto cadete del ejército, en vez de un judío liberado de Auschwitz como lo hacía ahora. Era más cómodo, pero creía que seguiría usando el gorro.
Naruto ladeó la boca, pensándolo. – No te ves tan mal.
-Tal vez hubiese sido buena idea ir a un peluquero…
-Sí…- hablaron simultáneamente perdidos en el mar de cabellos en el piso y un reflejo ajeno a ellos. Sasuke lamió sus labios, asintiendo con determinación a su destino y a su nuevo aspecto; era como si cada día que pasara la muerte le lamiera los talones y él se dedicara simplemente a sacudirla de su vida. Creía que debían de ser así las cosas, caer por su propio peso. –Te ves muy mal
-Debo tomar una foto de esto. – Se rió Naruto, elevando su celular y presionando el botón adecuado antes de que Sasuke pudiera pensar, resultando en una cómica foto de Naruto sonriendo de manera radiante mientras un confundido, calvo y malhumorado Sasuke miraba al rubio como si este hubiese matado a un cachorro frente a sus ojos.
Frunció el ceño, extrañado. –Naruto…- el rubio levantó la mirada del cabello del piso, cuestionando su llamado. - ¿Qué te rasuras con esta máquina? – Naruto no crecía barba ni tenía cejas pobladas y Dios, lo había visto ayer mismo sin camisa. Su axila parecía una selva virgen.
Silencio, un sonrojo y después una sonora, muy sonora carcajada de Uzumaki.
Sakura Haruno se miraba frente al espejo del pequeño cuarto probador de una de las costureras más famosas de Konoha, miraba hacia abajo al vestido que usaba y el cual usaría en menos de un mes para asistir a la boda de su profesora, en calidad de dama de honor. Afuera también estaban Matsuri, Ino y Hinata.
La chica pálida de cabellos rosas pasó la mano sobre el pequeño corset de tela lila y mágicamente transparente con los duros vivos en negro y flores lilas en un lado de la cintura, donde el vestido se ceñía y bajaba en forma de "A", bastante romántico y un tanto medieval, y aunque todos los vestidos eran los mismos, tanto para las alumnas como para las únicas dos mujeres que no eran estudiantes, su complejo de inferioridad la llevaba a pensar que si no era ella, era el vestido más feo del mundo.
Aparto su cabello de los hombros y dio un par de vueltas en el enclaustrado probador, tratando de hallarle el gusto. Nunca se había considerado enteramente femenina, ni una chica bonita a la que los chicos perseguían como abejas a la miel, había encontrado en el recorrido de su vida que era un sólido 5 en la escala social y de belleza. La describían como una chica amable y alocada, que era divertida y cuidaba a los demás, pero ningún atributo se refería a su belleza física y sobre eso no sabía si sentirse halagada o terriblemente invisible al lado de sus amigas.
No era un 10, como Ino, con su despampanante cabellera rubia y larga y esos penetrantes ojos azules que dejaban ver el lado europeo de su familia. Tampoco era Matsuri, la chica exótica de Suna, con la piel tostada tirándole a morena y ademanes nuevos que enloquecían a los chicos que se topaban con ella, tentados por el fruto prohibido de su menoría de edad. Irónicamente, el único chico que parecía no tomarla en cuenta era el pronunciado amor de su vida, Subaku No Gaara, hermano menor de Temari.
-Ah, Temari…- recordó Sakura mientras se cubría los pechos con los brazos, cohibida ante la belleza de sus amigas y allegadas. Temari era una historia completamente aparte. Una rubia atlética con un despampanante cuerpo de gimnasta, ojos aquamarina y piel tostada a raíz de entrenamientos en el sol, con un carácter agridulce y unas curvas que mataron a Shikamaru si bien aprendió a digerir sus estados de ánimos. Definitivamente tampoco se podría comparar con Temari. Tampoco con Hinata, el ángel etéreo que había cazado a Sasuke Uchiha, ni mucho menos con sus abundantes senos y mirada de cachorro perdido, la piel pálida de una doncella y la luna que guardaba en sus ojos.
Minuto tras minuto dentro del probador, Sakura Haruno cuestionaba cada vez más el haber dicho que si a ser dama de honor de Kurenai y a que se llegara el día de estar parada lado a lado con estas chicas que amenazaban tanto su autoestima.
-¡Sakura! – era el grito de Ino desde afuera del probador. - ¡No eres la única aquí, desconsiderada! ¡Sal ya!
La chica rodó los ojos, saliendo rápidamente del vestido al cual se le tendría que agarrar tanto de la cintura como del pecho y poniéndose la bata rosa sonrojo que prestaban en la costurera. Salió con el cabello hecho en una alta coleta, observando como todas sus amigas, vestidas en la bata similar. TenTen no había llegado a la cita, pero estaba también contemplada, había tenido partido de futbol.
-Ya era hora ¿problemas con tu corpiño? –preguntó Ino, entrando en el probador que acababa de desocupar Sakura. La chica de cabello rosado rabió, decidiendo ignorar a su presuntuosa amiga y se sentó a un lado de Matsuri, quien sonreía a un teléfono celular.
-¿Buenas not-t-ticias? – preguntó Hinata, abrazada de sí misma mientras se recargaba en una pared, justo al lado de telas de distintos tonos de amarillo. Matsuri la miró y sonrió, un sonrojo color carmín posándose en sus mejillas y cruzando el puente de su nariz.
-Gaara-kun ha presentado su análisis literario en el congreso y se ha llevado una presea. Viene camino a casa…- dijo en el tono que a Sakura la pareció ser el de la mujer más feliz del mundo. Hinata sonrió, con más efusividad que Sakura y aplaudieron levemente. –Lo he leído todo en esta nota…
La sonrisa de Hinata falseó un poco y Sakura aclaró su garganta, preparándose para hablar: -Uh, Matsuri…tú y Gaara… ¿han hablado antes?
La chica morena de cabello corto negó, algo apenada causando un acceso de ternura en las dos chicas mayores a ella por algunos años.
-Gaara-kun es una persona muy reservada. Hemos tenido…e-encuentros, porque Temari fue mi instructora de gimnasia en la escuela de Suna, y cuando ambos terminamos viviendo en la misma ciudad, yendo incluso al mismo instituto yo…pensé que…pensé que las cosas se darían pero…- la chica se encogió de hombros con resignación. –Se la ha pasado de viaje todo este tiempo y aunque fuera distinto, creo que sólo me ve como una amiga…una muy menor amiga.
-Gaara siempre ha sido muy callado, Matsuri. Y como tú lo has dicho, no han tenido real tiempo de conocerse y charlar. Regresa justo a tiempo para la boda de Kurenai y Asuma-sensei; ahí puede ser la ocasión… - aconsejó Sakura, quien sabía perfectamente lo que era sentirse ignorada por una persona fría. Tragó gordo mirando con culpa a Hinata, a quien terminó sonriendo. Las decisiones de Sasuke en cuanto al corazón eran solo de Sasuke y ella amaba a Hinata con todo su corazón, y finalmente, las verdaderas amigas no pelearían nunca por un chico.
-¿Ustedes creen? – preguntó la chica menor, esperanzada.
-¡C-Claro! – animó Hinata, sonriéndole a la chica. – E-Es cuestión de tiempo.
Una a una fueron pasando a probarse el vestido, horrorizadas o encantadas, según fuera el caso y finalizando tal ritual, terminaron por cambiarse y decidir juntas ir a una cafetería cercana, a pasar el rato.
Después del ritual terapéutico de Hinata y las chicas, con malteadas, risas y uno que otro chisme o queja del vestido, esta abrochaba su chamarra lila en la puerta del restaurante, enredando una gruesa bufanda rosa alrededor de su cuerpo; Había estado texteando con Sasuke durante toda la reunión con sus amigas, y el chico la había invitado a casa. Hinata tomaría un taxi, puesto que ya traía empacado un par de empanadas de fresa para Sasuke, y llegaría a la casa Uchiha a beber un poco de chocolate caliente y ver un documental. El clima lo ameritaba.
Afuera del restaurante, los nubarrones se formaban y el viento amenazaba con levantar su falda amarilla, que estaba asegurada por las mallas negras que usaba. Aún así el frío comenzó a calar su cuerpo, caminando agachada con las manos bien metidas en los bolsillos, caminatas así le daban un tiempo precioso el cual podía utilizar completamente para pensar en su vida y en todo lo que ocurría en ella, aun y cuando se arriesgaba a un resfriado y a una nariz y mejillas rojas como ya sucedía en ese momento.
Hinata miraba la acera, sin realmente prestar atención. Se encontraba feliz de poder caminar a casa de Sasuke y simplemente echarse en el sofá con él a ver una película, escuchar música y entablar conversaciones como las que ayer se habían entablado, todo parecía volver a la normalidad lentamente, a excepción de Sasuke yendo a la escuela, ella comenzaba a sentirse con una chica con una pareja, una chica plena que tenía sexo. Se sonrojo de más con la idea pero era un acontecimiento tan grande que no podía guardarlo mucho tiempo. Se mordió el labio y volteó detrás de sí, en espera de un taxi y al no ver ninguno cerca siguió caminando.
Se sentía con lentes de visión rosa; todo en su vida era tan perfecto que no podía creerlo; como si el destino le ofreciera una tregua aquí y ahora, una oportunidad de ser una chica normal. Sonrió para sus adentros, decidida a disfrutar esto lo más que pudiera, a dejar de pensar en los Tora's y Takeshi's de un futuro un tanto incierto y disfrutar de lo que era palpable ahora, de lo que tenía en la mano. Sasuke mejoraría con el tiempo y este episodio sería simplemente algo que recordar con honor y solemnidad mientras vivían su vida de universitarios fuera de Japón.
La chica sonrió ante este descubrimiento. La pequeña candidez que sentía en su corazón era la esperanza que nunca la había abandonado en estos dos duros años y que ahora, finalmente rendía sus frutos. Un auto, negro, discreto, fue bajando su velocidad al encontrarse emparejada con ella, justo cuando a unos pasos de la chica, la delgada y filosa lluvia comenzaba a caer lentamente.
Itachi salió de la Universidad portando su gabardina negra y su bufanda roja, apresurando el paso para llegar a su automóvil y regresar a casa, iniciando el ensayo destinado a entregar en un par de semanas pero que debido al tema y la complejidad de este, sería mejor iniciarlo cuanto antes. Así que cuando su directora pasó a las aulas a anunciar que debido a la lluvia el último profesor del día no podría asistir a dar su lección, Itachi pasó de ir al karaoke con sus amigos y salió caminando lo más pronto posible para llegar a casa.
Los días nublados lo ponían melancólico; triste, incluso, pero sabía perfectamente que esa tristeza era alimentada por todo lo que sucedía en su vida y el cómo se le había inculcado que debía tener todo bajo control; Fugaku siendo una pieza angular en ese proceso. El chico soltó su largo cabello negro, dejándolo caer en su espalda sobre la gabardina mientras entraba en su auto, encendiendo el motor y esperando unos segundos a que este calentase, mirando el campus entero y como lentamente iba vaciándose. A lo lejos, creía observar a Neji Hyuuga hablando por teléfono, siendo seguido por Rock Lee, otro compañero de clase, bastante efusivo y buena persona, pero muy ruidoso para el gusto de Itachi; ambos abordaban un auto color perla, liderado por un chofer y desaparecían en la fina lluvia.
Itachi hizo lo propio y avanzó, saliendo del campus. Sus pensamientos se encontraban borrosos y desordenados en el interior de su cabeza, pero su rostro no mostraba atisbo alguno de esto. Encendió el radio pero lo apago si bien la locutora comenzaba a hablar, encontrando más comodidad en la soledad y el silencio. Era una locura pensar en cómo su vida había dado un giro tan rápido e inesperado desde el diagnostico de Sasuke; en como él mismo había cambiado y no necesariamente para bien.
Para iniciar, había sido completamente irrespetuoso con Fugaku de un tiempo para acá, algo que lamentaba pero no demasiado, hablándole en tonos nada honorables según su educación, intercediendo en sus ideas como patriarca, siendo injusto con él y aunque sabía que cada altercado doméstico hería un poco más a Mikoto, era como si una furia roja se posara en su mente y esa niebla de rabia no se quitara hasta que el daño estuviera hecho. Se preguntaba, mientras daba la vuelta a una esquina, que hubiera sido de su vida si Sasuke estuviera sano, y al mismo tiempo, no quería cargar todo su infortunio solamente ante la enfermedad de su hermano menor.
Konan era una historia similar. La chica con piercings y mirada calmada, ocre, artista nata y alma libre había sido un destello en su vida, cansado de sentirse desconectado con el mundo entero. Konan había sido el puente de sonrisa sosegada y cabello púrpura que lo había conectado con las verdaderas emociones humanas, con el arte y el sexo, el amor desmedido de dos jóvenes adultos que comienzan a planear sus vidas juntos, la única persona que en su época había podido ser capaz de sacarlo un poco del mundo corporativo donde vivía y mostrarle el resto de las cosas, el alma de los seres vivos, las sonrisas que aguardaban en una botella vacía de sake; pero a medida que su relación avanzaba y se compenetraban más, a medida que Konan hablaba de viajes y descubrir el mundo, Itachi se dio cuenta de que no necesariamente querría todo eso para él. Para ella, por supuesto, pues se lo merecía, y más importante aún lo quería. Aún y cuando Itachi comenzó a ver el final de la relación hizo lo únicamente razonable: Pedirle que se casara con él.
A partir de la proposición y al final de la relación definitiva habían pasado ya 3 años infructíferos para ella, y él ni siquiera lo había sentido. La verdad era que la extrañaba, puesto que además de ser una pareja sexual y romántica, era su mejor amiga. Su toque de realidad. La ausencia de sus sabios consejos y sus caderas tatuadas hacían un hueco en su corazón que dolía pero sabía que inminentemente Konan encontraría a una persona que fuera digno de ella, con el tiempo suficiente para andar descalzos por el mundo y pintar en sus cuerpos desnudos, lo que sea que Konan quería en dicho momento de su vida. Sólo quería que fuera feliz, sin atarse a Itachi. Sin procurarlo.
Llegó a un alto que le permitió tronar los huesos de su cuello y mirar por el empañado parabrisas como este era limpiado automáticamente y el rastro de lluvia desaparecía unos segundos antes de volver a llover en su cristal. Shisui se le había contado que llovía de esta forma en Nueva York con bastante regularidad, que la lluvia era fría y filosa y que la gente en la calle corría de manera tan rápida que solo se veían atisbos de sus ropas y sus paraguas.
Itachi había amado esa escena y cuando estaba demasiado estresado repetía esa idea en su cabeza una y otra vez, en orden de estar mejor y calmarse, como palpar la auto promesa que se había hecho hace tiempo. Una de las razones por las que discutía tanto por su padre es por su romantizada idea de vivir en América, de no hereda la firma y vivir al azar en un país desconocido. Sabía que su padre no lo aprobaba, pero también sabía que debía hacerlo, separarse quirúrgicamente de su familia y vivir por sí mismo.
Era un remolino su vida en el momento. Estar en medio de un tornado y ver volar a su alrededor todas las cosas que debía de estar haciendo, los lugares donde debería de estar. Se sentía bastante mareador, como si nada tuviera sentido, como si todo estuviera borroso. Y en el camino, caminando con un anorak lila y una bufanda rosa, la única cosa quieta en el mar de remolinos: Hinata Hyuuga caminando bajo la lluvia.
-¿Uchiha-San? – preguntó Hinata tratando de hablar por encima del sonido de la lluvia y los autos. Itachi Uchiha bajó el vidrio de su automóvil para acercar el rostro a la ventana y sonreír a medias, algo cansado, contrariado y obviamente en una posición nada cómoda para él.
-Suba, Hinata-sama. Voy a casa. Supongo que tú también. – se refería a la residencia Uchiha, puesto que era bien sabido que la casa de Hinata quedaba en dirección contraria. La vio dudar, probablemente debatiendo en si sería una molestia o no y en su duda, su cabello comenzó a mojarse dramáticamente. –No es molestia y mi hermano me asesinará si sabe que te dejé caminar en la lluvia, Hinata-sama.
La alusión a Sasuke la hizo asentir y rodear rápidamente el coche, al cual el semáforo en rojo de la ocupada calle le había dado una tregua de unos 40 segundos. Con pasos cortos y saltarines, Hinata entró en el auto de Itachi, cerrando la puerta con rapidez y mientras el semáforo cambiaba a verde. El recorrido inició, entre que se calmaba la respiración de Hinata y trataba de no mojar mucho el auto de Itachi, su cuñado.
-G-G-Gracias, Itachi-kun. M-Mi padre pagará p-por el inconveniente d-del asiento…- habló Hinata, envolviendo su cabello en un remolino haciendo que gotas se exprimieran en su falda. Itachi no la miró, y era algo reconocible en él, sus ojos estaban fijados en el camino, en los otros carros, en los nubarrones del cielo, o en sus propias manos blancas que se afianzaban al volante con un poco de fuerza innecesaria, pero no miraría a Hinata. Era sucio e incluso pecaminoso; además Itachi estaba seguro de que en algún lugar del mundo estaba su propia Hinata Hyuuga.
-De ninguna manera. El auto estaba mojado ya… - mintió. – Dejé la ventana un poco abierta en el campus…
Hinata asintió mirándolo cándidamente y volteó a ver la ventana. La gente corría, como queriendo escapar de la lluvia que ya los mojaba, y Hinata se aferró a la bolsa de papel con los dulces que llevaba para Sasuke, milagrosamente seca. Tenía mucha suerte de que Itachi hubiese pasado en ese mismo instante, salvándola de un resfriado y de no poder estar con Sasuke.
-Te reunirás con mi hermano…- dijo Itachi, quien siempre prefería el silencio antes que las pláticas forzadas pero en esta ocasión, odiaba los silencios que podrían confundirse con intimidad. Hinata asintió, posando una mano sobre la otra elegantemente.
-V-Veremos un d-documental y Neji-kun pasará p-por mi más tarde… -compartió la chica, con una nariz tan colorada que solo esperaba volviese a su color normal cuando Mikoto abriera la puerta. Las medidas sanitarias de la madre de Sasuke eran "exageradas" pero a la vez tenían demasiado sentido.
-Probablemente aquel sobre el primer equipo de beisbol japonés que jugó la copa mundial o…o algo sobre asesinos en serie. Mi hermano menor es raro, pero es un buen chico.
-¡Oh, s-sí! – asintió Hinata efusivamente. –E-El mejor…- se sonrojó después, viendo como habían llegado al distrito donde los Uchiha vivían. A lo lejos, al final de la calle, la casa de Sasuke e Itachi, soportando las inclemencias del día. – G-Gracias de verdad, Itachi-kun. Me hubiera tomado un par de horas el haber llegado aquí…
Itachi mató el motor en la entrada de su casa, mientras la naturaleza que rodeaba el lugar era testigo de la amigable plática. Echó un rápido vistazo a la casa, viendo como su madre se encontraba en la ventana que daba a la cocina. Sonrió a Hinata, con la calma del agua en sus ojos.
-Gracias a ti, Hinata-sama. Sasuke no debe de decirlo mucho pero sé que representas la esperanza para él. Gracias…- y lo decía en serio. Sasuke nunca hubiera permitido que Hinata se acercara tanto si no creyera, en algún lugar de su corazón, que mejoraría. Si no quisiera mejorar, si no quisiera crecer y vivir con Hinata el resto de vida que le quedaba.
Hinata sonrió, contenta de saber que hacía una diferencia y por los más breves cinco segundos puso su mano fría sobre la cálida mano de Itachi, en un gesto poco personal para ella, pero que heló hasta el último hueso del chico mayor. Su rostro se reconfiguro internamente mientras Hinata sonreía tanto que sus ojos desaparecieron y las más ínfimas pestañas estaban cubiertas de agua de lluvia como gotas de rocío.
-Gracias, Itachi-kun. M-Muchas gracias. – Dijo la ninfa mientras rompía el contacto e Itachi dejaba de escuchar campanas para entonces. La chica abrió la puerta del auto y debido a la lluvia, entró rápidamente a la casa, encorvándose para no mojar la comida y así como apareció en el camino, desapareció dentro de su casa, siendo bienvenida por Mikoto con los brazos abiertos.
Itachi se recargó en el asiento y cerró los ojos, maldiciendo al maestro de la última hora.
-¿Recuerdas en la secundaria cuanto te reté a poner tu chamarra en el retrete por sólo un plato de ramen?
-Sí. Kushina casi me mata pero comí tres platos de ramen ese día solamente porque la gente me retaba a poner cosas en el retrete. – la voz de Naruto sonaba un poco distorsionada. Sasuke estaba acostado entre mullidas sábanas blancas, algo adormilado por su medicina mientras Naruto estaba boca abajo en el sillón de la habitación de Sasuke, pies en el respaldo, cabeza colgando cerca del piso, un regaliz de un vivo color rojo colgando de su boca mientras se empeñaba en leer un comic. Había comido en casa de Sasuke y esperaba que su padre pasara por él en unos minutos.
-Eres un idiota, Naruto…- murmuró Sasuke mirando su techo, con un dejo de nostalgia y de gracia. Ese idiota era su mejor amigo, al cual en algún momento había estado seguro que había confiado cosas muy personales, sus sueños, dudas y ambiciones. Lo miró, comiendo dulce de una manera tan irresponsable e infantil como sólo a él se le ocurriría. Lo extrañaría si debía morirse pronto. Extrañaría verlo convertirse en un maldito corredor profesional de motocicletas, o dueño de una compañía dulcera, inventar el ramen que nunca terminara o cualquier otro maldito sueño absurdo que dejaría ser un sueño en cuanto Naruto le pusiera las manos encima.
Porque era un idiota irresponsable, comelón profesional de comidas sin ningún valor nutritivo, un vago bueno para nada, tal vez, pero el chico era tenaz, e inteligente muy a su particular manera, tenía un corazón que valía su peso en oro. Era el mejor amigo con el que Sasuke pudiera haberse topado, y aquí estaba, dispuesto a hacer nada, bailando para él al salir de pasteles, comiendo regaliz en un sofá en un día lluvioso, haciéndole compañía como la persona leal que era. Sasuke no lo diría en voz alta, o tal vez sí, en su lecho de muerte, pero lo quería. Lo quería como sólo se puede querer a tu mejor amigo.
La puerta sonó, y Sasuke apenas pudo voltear a verla sin marearse. Naruto cayó sobre su cabeza aullando de dolor a la par que el regaliz se deslizaba por su boca, en una cómica rutina que hizo que Sasuke riera un poco. La puerta se abrió mostrando a un Shisui que observaba su celular mientras Hinata esperaba pacientemente detrás de él.
-Naruto, vamos. Tu padre llamó a mi tía; seré yo quien te llevaré a casa. – comentó casualmente el primo mayor. –Sasuke, Hinata está aquí.
Sasuke sonrió mentalmente ante la imagen mientras Naruto recogía su chaqueta y el resto de sus cosas que como era común,, estaban en todo el cuarto. Mikoto debió de haberse alarmado del estado tan empapado de su pequeña novia y ambas en pro de cuidar de la chica y cuidar de Sasuke, cualquier ropa que hubiese tenido Hinata antes fue sustituida por unos pantalones de felpa bastante mullidos en color negro y calcetines del mismo color; y encima de su cuerpo un suéter de color blanco con cuello de tortuga que pertenecía a Mikoto Uchiha. Hinata sonrió mostrando una bolsa apenas salpicada por la lluvia.
-¿No tienes tu propia casa? – preguntó imprudentemente Naruto a Shisui mientras el chico mayor le sonreía mostrando los colmillos.
-¿No tienes tu propio auto? Tomas tus cosas y salgamos de aquí, vamos…- se hartó Shisui saliendo de la vista de Sasuke, que se había enderezado en la cama y había tratado de lucir menos cansado. Naruto tomó su mochila y observó a Sasuke, que tenía el gorro puesto y la cara pálida.
-Te veré luego, teme. – Dijo Naruto sonriéndole como cuando eran niños. Pero hacía mucho que no ponían pie en un parque de juegos. Sasuke asintió, con los ojos bajos y una sonrisa casi imperceptible.
-Ya lárgate, dobe… -finalizó Sasuke para no hacerlo tan personal, pero así era su dinámica. Naruto le sacó la lengua, dirigiéndose hasta la puerta y quedando frente a frente con Hinata. El rubio puso su mano amistosamente en el brazo de Hinata y le sonrió, acercándose a su amiga y besando su mejilla, a lo cual la Hyuuga se ruborizó un poco, sonriendo apenada.
-Adiós Hinata-chan. Cuida de este idiota mientras no estoy…
-¡Naruto! – era el grito de Shisui desde lo que se oía era la puerta de entrada. Naruto rodó los ojos y se despidió de ambos con la mano, para irse casi corriendo por el sonoro pasillo de madera.
Hinata entonces se atrevió a dar un par de pasos hasta llegar a estar a un lado de Sasuke, el cual la miró desde su posición como si fuera un ángel blanco. El hecho de que estuviera usando la ropa de su madre y se paseara por su casa le calentaba el pedazo de corazón designado al amor que tenía por Hinata, que era casi su corazón entero. La chica se sentó en un pequeño banco a un lado de Sasuke y lo observó con una sonrisa.
-Tu hermano m-me trajo a casa. M-Me vió en la lluvia.
Sasuke sonrió. –Típico Itachi. El perfecto caballero
-Tú también p-podrías ser el p-perfecto caballero si así lo quisieras…- bromeó Hinata sacando el par de dulces que Sasuke había pedido cortésmente.
-No me gustan las hipocresías…- dijo Sasuke observando el pan perfectamente dorado, saboreándolo. –Y a estas alturas del partido, creo que sería bastante idiota…
-B-Basta ya…- dijo Hinata cambiando hábilmente el tema. – V-Vine a pasar un buen rato…
-Oh, yo te daré un buen rato…- dijo Sasuke aún a sabiendas de que si quisiera hacer algo ahora, aparte de estar acostado, vomitaría sobre Hinata. La chica negó con la cabeza y se acercó a Sasuke, presionando sus labios fríos y rosados contra los pálidos y cálidos labios de Sasuke, en un silencioso beso de bienvenida que la chica estaba esperando desde que entro en la casa y Mikoto le sugirió cambiarse de ropa. Sasuke cerró los ojos, encontrando la calma perfecta en ese beso, imaginando por un momento la mañana de navidad donde todos los deseos esperaban por ti en la sala, la frialdad del entorno y en como Hinata sabía a lluvia y a malteada, y en como la chica olía a panadería.
Afuera seguía lloviendo, como suele hacerlo en Nueva York.
