Capitulo 11. Kurenai y Asuma por siempre.

Cáncer

A SasuHina Fanfiction

N/A: ¡Hola! Quería agradecerles por el apoyo una vez más. El fic está tomando una dirección hacia Itachi por una razón, pero les prometo mucho service de SasuHina en este capítulo. Gracias por cada fav, review y follow. Les comento que no subo otros fics multi capítulos porque quiero concentrarme en este fanfic y no quiero desatenderlo. ¡Gracias una vez más!

-Persephone.

El gran día por fin había llegado, y Kurenai se encontraba en la gran habitación del famoso y lujoso Hotel Campestre Konoha. El recinto era una gran propiedad con un bosque enorme que tenía puentes, lagos y una pequeña cascada perdida entre su gran inmensidad; Kurenai la había escogido porque sus padres se habían casado ahí en su tiempo y porque tenía muy buenas memorias ligadas a ese hotel campestre debido a todas las ocasiones en las que su familia pasó las vacaciones ahí.

Ayudándola se encontraba Temari, quien tras graduarse se había convertido en una de sus mejores amigas y ahora testigo de la boda al civil; originalmente estaba considerada para ser dama de honor pero la chica había dicho y pueden citarla en esto: "Ni muerta me pondré ese ridículo vestido de niña". Aunque Temari sólo era un pelín mayor que el resto de las damas de honor, su actitud había hecho imposible el siquiera pensar que la pondrían en un vestido con tonos pastel y con tanto vuelo en la falda.

La rubia tenía su cabello debidamente planchado y suelto en su espalda, con un vestido largo de seda, finísimos tirantes negros y escote en V que mostraba sus tributos de mujer, a la vez que la tela caía hasta casi tocar el piso, cubriéndola todo excepto dos largas y exageradas aberturas que mostraban por completo sus piernas empacadas en medias de red gruesas, sus tacones abiertos y un fajo color rojo que acentuaba su cadera completaban el atuendo. Eso sin olvidar el cigarro a medio fumar que dejaba cenizas en toda la habitación y el inconfundible olor que Kurenai había aprendido a amar gracias a Asuma.

La otra mujer ahí era en realidad alguien de la edad de Kurenai. La doctora Rin Nohara había asistido a la escuela con Kurenai y habían sido amigas desde siempre, llegando incluso a vivir juntas desde su graduación hasta hace un par de meses cuando Kurenai comenzó a mudar las cosas de su apartamento a la casa que Asuma y ella compraron, convenientemente cerca de su lugar de trabajo y con una espaciosa habitación extra para cuando vinieran los hijos. Rin tenía el cabello corto de manera que se parecía un poco a Matsuri, y ojos sorprendemente cálidos y marrones. Su rostro de muñeca de porcelana se veía atravesado por las marcas de su graduación como médico, es decir, un par de marcas color púrpura en sus mejillas que recordaban a Tsunade y su micodermas en la frente. Eran compañeras de trabajo. Rin usaba un vestido color azul marino, corto y ajustado a su cuerpo, al igual que zapatos del mismo color. Se veía elegante y madura, pero Kurenai la veía simplemente como la chica que se copiaba de sus exámenes de inglés en la secundaria.

-Demonios, Kurenai… -maldijo Temari peleando con el broche del vestido. – Asuma te embarazo ¿a que sí? Estás tan hinchada que no cierra esta cosa…

Rin se cubrió la boca para reír alegremente. Temari podía ser muy ruda cuando se lo proponía y este era una de esas ocasiones. Kurenai se miraba en el espejo hecha un manojo de nervios, con su vestido de corset en un color beige, que caía ceremonialmente a sus espaldas, exponiendo sus hombros. El maquillaje ligero y otoñal y el cabello repartido en elegantes gajos que la hacían lucir más joven de lo que ya era. Sin embargo, Temari tenía razón en parte.

-Está reteniendo líquidos pero no por un embarazo. – Acudió Rin, esponjando el velo de la mujer próxima a casarse. – Está nerviosa, eso es todo.

Temari dejó de luchar con los hilos del corset y el imposible broche, y terminó su cigarro, depositando el resto moribundo en la basura. Kurenai se veía hermosa vestida de novia, pero debía relajarse si quería que ese vestido le quedara. La boda era en hora y media y la novia se encontraba casi muriendo de náusea y nervios. La rubia sabía que todo saldría bien y que eventualmente las tres estarían ebrias y riéndose de todo esto.

-¡Todo esto es un desastre mayor! – gritó Kurenai tras un breve silencio en el que sus amigas se encontraban descansando de todo el drama. –La boda es en menos de dos horas y el florista aún está descargando las malditas rosas blancas. ¡Blancas! Juro que mi boda lucirá como un funeral…

-Kurenai, la granja de rosas se incendió…

-¿Es mi culpa acaso? – se quejó la novia sentándose en un pequeño banco cercano a la mesa de maquillaje. – El clima amenaza con llover, este maldito vestido no me queda y te apuesto lo que quieras que Asuma está en la otra habitación con los chicos jugando…Mario Kart o lo que sea que hagan ellos…

-Asuma está igual de comprometido y ansioso que tu, Nai-Nai. –la calmó Rin, acariciándole la espalda y sonriéndole maternalmente. –Hagamos ejercicios de relajación por unos minutos y te prometo que ese vestido te quedará. Te quedaba ayer por la noche…

Kurenai la miró, lágrimas siendo detenidas solamente por la pura idea de no volver a hacer su maquillaje. Temari se sentó en la cama de la habitación de hotel, mirando por la ventana mientras sus perfectamente manicuradas y largas uñas color vino acariciaban la cajetilla de cigarros en sus manos. – Eso o…puedes casarte en una toalla de baño…

-No eres graciosa, Temari…- se quejó Kurenai en un tono sufrido que hizo sonreír a la rubia. Su amiga se veía hermosa; lo menos que podía hacer era intentar aligerar el humor un poco. Temari se levantó, imponentemente sexy y peligrosa, tal vez demasiado para una chica de tan solo 19 años.

-Te diré que…- dijo acercándose a la puerta. – Iré a poner en marcha a esos zopencos y checaré con las chicas ya que estoy ahí. Regresaré con un reporte completo…- dijo haciendo el saludo militar, un pie fuera de la habitación. Kurenai agachó sus hombros derrotada, y fue Rin quien la miró sonriendo y asintiendo.

Mientras caminaba por el pasillo Temari pensó que si Shikamaru algún le pide que se casen, lo pateará tan fuerte que le cambiaría de nacionalidad, antes de decirle que sí.

-¡Te venceré! – gritó Asuma Sarutobi mientras que en el día de su boda y todavía usando bóxers azules y camisa de vestir, con moño negro incluido, hacía tiempo jugando Mario Kart con sus alumnos y su padrino de bodas: el igualmente vago e irresponsable Kakashi Hatake, quien en un acto de más pudor ya tenía puesto el smoking negro con el que asistiría a la ceremonia y al banquete pero que aún se encontraba leyendo tirado en la amplia habitación de hotel, junto a un Chouji en traje y sandalias que comía papas fritas y observaba el desarrollo del video juego, siempre feliz de no ser parte de cualquier actividad que le demandara bajar su comida. La habitación en la que estaba era la designada para que los hombres se prepararan para la boda y la recepción. Sentado justo junto a Asuma, se encontraba Shikamaru Nara, jugando con la misma intensidad que su maestro favorito, del cual tenía el problemático honor de pertenecer a su corte nupcial.

-¡Ja! En tus sueños, vejete. – contestó Shikamaru apretando con más fuerza el control del Nintendo, en esperanzas de que su carrito con la princesa Peach encima fuera más rápido que Asuma y Mario. El resto de la habitación se dividía estratégicamente en Naruto y Sai sentados en un gran sillón, perdidos en sus celulares y un Sasuke Uchiha, derrotadamente sentado en su silla de ruedas e hirviendo de rabia. Mikoto y Fugaku estaban invitados a la boda, y por razones de trabajo, Fugaku había cedido su asistencia a su hijo mayor; el caso era que Mikoto había insistido en que Sasuke, parte de la corte nupcial, llevara la silla de ruedas para evitarse fatigas innecesarias como caminar por el hotel o por el lago. Sasuke se sentía bastante ridículo y lastimero, calvo y en silla de ruedas, pero Itachi intercedió para que llevasen la silla de ruedas sólo por si acaso y Sasuke accedió a tenerla cerca pero no utilizarla si no era enteramente necesario.

Un nuevo compañero recién se había sumado a la aventura. Subaku No Gaara, quien se encontraba leyendo en el balcón como la orgullosa rata de biblioteca que era. Gaara era el hermano menor de Temari, y era parte del inseparable grupo de amigos de Sasuke; era callado y bastante inteligente, bohemio y poeta en ocasiones, su actividad favorita era viajar y leer, leer viajando, viajando para leer, cosas por el estilo.

Tenía una cabellera desordenada y de un interesante rojo vivo que él mismo había conseguido a base de peróxido y tintes de fantasía desde que tenía menos de 15 años, eso explicaba por qué Gaara nunca parecía ser un hermano de Kankuro o de Temari, sin embargo, al mismo tiempo poseía los ojos aquamarina de su hermana mayor, enmarcados siempre en delineador negro; era extravagante cuando se lo proponía, de manera que debajo de su mechón, en la frente, un tatuaje rojo del kanji del amor había aparecido cuando tenía solamente 14 años y sufría tanto la agonía de la adolescencia que se embriagó y se tatúo el rostro. Donde encontró un tatuador dispuesto a tatuar a un adolescente ebrio seguía siendo un misterio, y tras cumplir la condena que impuso Temari, puesto que los padres de Gaara habían fallecido hace mucho tiempo, Gaara vivía con la consecuencia de su desdicha en el rostro.

La habitación era un enorme tanque de masculinidad y aunque Sasuke se sentía bastante incómodo debido a la ridícula silla de ruedas, además de la imposibilidad de engañar a cualquier persona de la escuela y allegados que asistieran al casamientos obre su salud, el grupo sin él había originado una dinámica que no comprendía precisamente; sin embargo, se sentí bienvenido en ocasiones, cuando Naruto se sentaba a su lado a platicar sobre alguna ridiculez o cuando esparció el hecho de que Sasuke ahora estaba rapado y Chouji, con toda la buena intención que cabía en su corazón le preguntó si podía tocarlo.

Debía sentirse afortunado, se supone. Cuando Hinata lo visito en el hospital hace tres meses, no se podía imaginar asistiendo en su compañía, siendo parte de la corte nupcial de Asuma, todo esto sin que su madre lo estuviera asfixiando con un termómetro o la promesa de asistir al hospital a la más mínima presentación de un síntoma demasiado extraño o demasiado familiar. Sasuke se recargó en el asiento plegable de la silla y sacó su celular, justo cuando Kiba salía de bañarse y Akamaru despertaba al mínimo atisbo de su olor. Si Shino estaba ahí, ni siquiera lo notó. Abrió un contacto conocido en su celular y suspiró, texteando:

De: Sasuke U.

Para: Hinata H.

Esto es un fastidio. Recuérdame de nuevo por qué accedí a este circo, Hinata.

De: H.H.

Para: S. U.

Sasuke-kun, no seas pesimista. La pasaremos muy bien en un momento. La ceremonia será rápida, lo prometo.

La habitación 775 emanaba un olor parecido al dulzor de los melocotones maduros que caen de los árboles y se estrellan en el césped, liberando un olor indescriptible en la mayoría de las ocasiones. Si las feromonas tuvieran un olor detectable para el simple olfato, estuvieran en un festín increíble en aquel hotel, con toda la energía acumulada y el dulzor de la atmósfera, incluso el toque rosa pálido que tanto perfume había tintado el aire. Hinata observaba la pantalla de su celular con este recargado en ambas manos.

La corte de damas de honor se había extendido tanto que la familia de Kurenai había rentado una habitación aparte para que las damas se arreglaran; Para la Hyuuga no se diferenciaba mucho de las infortuitas salidas a bailar en las que todas se arreglaban en casa de Ino, por ser la más grande y la más liberal. Hinata tenía puesto ya el vestido de dama, que le apretaba un poco en el pecho pero combinaba con todo su ser, si eso tenía sentido fuera de su cabeza, iba descalza, como las otras chicas que inundaban la habitación y hablaba completamente enamorada con Sasuke Uchiha, unas pisos más abajo, con quien pasaría una velada que los dos merecían.

Hinata guardó el celular en su mochila y volteó a sus alrededores, donde algunas chicas tenían los vestidos expandidos en el par de camas matrimoniales mientras que otras ya estaban en el proceso de maquillarse y peinarse; Hinata, siendo la ansiosa por naturaleza que era, ya estaba lista, a excepción de los zapatos, mientras que Ino aún se paseaba por el cuarto en ropa interior blanca y prístina pero con los zapatos de tacón grueso y negro en los pies, el maquillaje listo, impecable y no muy cargado, elegante incluso y con perfume en el cuerpo que compartía con todas.

TenTen se encontraba sentada mientras masticaba chicle y leía una revista mientras Matsuri intentaba peinarle el cabello, ambas completamente vestidas y listas para salir en cuanto Ino las maquillara. El vestido de Ino y el de Sakura estaban en las camas mientras Sakura usaba una camiseta de la Coca Cola y unos bóxers negros que servirían como su ropa interior, su cabello enclaustrado en distintos artefactos de plástico que Ino le instruyó se pusiera en su cabeza para poder crear enroscados rizos que cepillarían con laca de almendra.

Siendo Hinata una completa alienada desde la entrada a la niñez, estaba contenta de que había llegado el punto en el que tenía tantas y tan buenas amigas. En el pequeño aparato de música reproductora que tenían enchufado en la mesa de noche, salía una canción indistinta que sonaba animada y electrónica, nada que Hinata prefiriera pero no era muy importante para ella. Se miraba en el espejo observando su cabello y paseando sus dígitos entre las finas hebras que lo hacían.

Este ambiente tan movido y femenino era bastante distinto para ella pero era también necesario y no del modo mal habido. La habitación en tonos rosas y cremas, con la suave música y el casi imperceptible humo de perfume dulce que rodeaba los cuerpos de todas hacía pensar a Hinata que se encontraba en una escena de una película de Sofía Coppola y aquello no le desagradaba del todo. Era simplemente una chica bailando entre otras chicas, entre perfumes y feminidad.

-Es impresionante que esta sea una boda adulta…- dijo Ino mientras terminaba de arreglar a las chicas, todas maquilladas de manera similar. – Discúlpenme pero siempre he visto a Asuma como un niño pequeño…- Ino por fin se había puesto el vestido, apretado en los lugares que un vestido como ese podía ser apretado, y se veía demasiado inocente para su propio bien. Sakura sonrió de lado, cubriendo sus pechos mientras se deslizaba en el vestido que Ino, su cruel mejor amiga, cerraría.

-¿Asuma, eh? – la extraña familiaridad con la que Ino se refería a su sensei renacía en la antigua situación en la que la rubia estaba. Desde los 13 años y hasta bien entrada en los 16, Ino Yamanaka había jurado que Asuma Sarutobi era, y podían citarla en esto, el amor de su vida. Para Sakura no fue un gran impacto saber que Ino se enamoraba de un hombre mayor, pero que fuera su maestro ciertamente agregaba un nivel de perversión a todo el asunto. La rubia se sonrojo hasta las orejas, mientras subía rápidamente el cierre del vestido de Sakura, quien volteó sonriente, feliz de tener una victoria.

-Por Dios, Sakura, eso es historia antigua… - se defendió Ino viendo como las chicas, listas para la acción se acercaban a la cama donde las mejores amigas discutían. Matsuri sonrió cubriéndose la boca mientras TenTen aún se acariciaba el cabello, completamente alienizada a tener el cabello en otro estilo que no fueran un par de chongos en su cabeza.

-¿Segura? Fue hace tan sólo dos años, y hoy asistes a su boda. Que valiente, Ino-cerda.

Ino parpadeó lentamente, y sus ojos tomaron la suavidad del terciopelo. – Si bueno, los amores prohibidos duelen un poco y después dejan de doler. Pero tú sabes de eso ¿no, Sakura? – Ino volteó por sólo unos segundos a mirar a Hinata, quien distraída cepillaba su cabello frente al espejo, la chica Hyuuga no siendo una fan de las usuales confrontaciones de sus amigas. Sakura se mantuvo callada por unos minutos mientras negaba lentamente con la cabeza para después sonreír. Si le preguntaran al público en general, parecía que quería aguardar el llanto de rabia.

La puerta sonó, quebrando el aire tenso de la situación. Matsuri se levantó, abriendo la puerta con un poco de cautela y abriéndola completamente cuando fue Temari quien estaba detrás de la puerta. La chica mayor le sonrió, acariciándole maternalmente la mejilla.

-Matsuri, te ves hermosa. Tan crecida.

-Gracias, Temari-sama. ¿Sucede algo?

Temari se recargó en el marco de la puerta y miró hacia adentro, saludando a todas con la mano y volvió a mirar a Matsuri. – Kurenai está a punto de tener un ataque de nervios y quiere asegurarse que todo esté perfectamente en orden. Su habitación queda de camino a la de los chicos y sólo quería pasarle el reporte.

Matsuri asintió. –Estamos listas. Debemos estar en el salón en unos 15 minutos si queremos estar a tiempo…

-Ustedes hagan eso. Yo iré a ver a Shikamaru y el resto de los idiotas.- Ino soltó una pequeña risa ante el comentario de la rubia y el conflicto con Sakura quedó olvidado. Temari se alejó de la habitación, taconeando por el pasillo y luciendo mayor de lo que realmente era. Hinata se levantó, caminando hacia el resto de las chicas que se dirigían a la salida, y una a una dejaron la habitación caminando por los largos pasillos doradamente alfombrados que las llevarían a una noche que ninguna olvidaría.

-Creo que me veo demasiado bien en este traje para mi propio maldito bien ¿eh, chicos? – se confesó Naruto acomodando su chaqueta negra y su moño color lila, al igual que el resto de los chicos que asistían a la corte nupcial. El rubio se miraba en el espejo mientras Sasuke se paraba detrás de él, contento de estirar las piernas finalmente y de lucir de cierta forma normal como el resto de sus amigos, a excepción de su baja masa corporal. Todos estaban completamente listos para acompañar a las damas de honor por el camino hacia el altar, y bastante emocionados, a decir verdad.

Un pequeño golpe en la puerta hizo que Gaara, quien se encontraba más cercano a la puerta la abriera rápidamente, mostrando a su hermana y su escandalosa ropa, mientras la joven se recargaba en el marco de la puerta; haciendo que todos los chicos voltearan, un tanto avergonzados y plácidamente sorprendido, sobre todo Shikamaru Nara.

-¿Temari? – preguntó elevando una ceja mientras un sonrojo tintaba su rostro de color carmín. La chica le guiñó un ojo descaradamente, ante la sorpresa y un tanto la vergüenza del resto de sus amigos. Asuma se levantó, usando completamente su traje de novio y con un desinteresado Kakashi caminando detrás de él.

-Asuma, tu mujer está a punto de perder la razón y yo junto con ella. ¿Vas de camino al salón?

El maestro sonrió de lado. Había tenido a Temari en clases un par de años y sabía exactamente el tipo de fuego que le corría por las venas, su actitud fuerte ante la vida y en realidad como se manejaba a sí misma. Sabía que seguía estudiando y que algún día sería dueña del mundo entero y a decir verdad estaba contento de que Shikamaru, uno de sus estudiantes más queridos, si no el encabezador de la lista, se haya arriesgado a preguntarle que saliera con él.

-Íbamos en camino justo ahora.

-Perfecto. – La rubia sonrió, mientras observaba como todos los chicos salían de la habitación como pequeños patos asustados de ella. Asuma, Kakashi, su hermano, y todos, a excepción de Shikamaru, quien aún con tacones, quedaba un poco más alto que ella. La rubia lo miró con una sonrisa zorruna mientras el joven Shikamaru aún sonreía con un poco de nerviosismo. –No te ves nada mal, Nara… - dijo la rubia mientras le arreglaba la corbata, un tanto chueca y fuera de lugar.

-Temari…te ves…-aclaró la garganta. No podía seguir actuando como un niño pequeño; no frente a su mayor novia. –Hermosa. Te ves hermosa. – la chica sonrió acercándose a Shikamaru y palmeando su pecho, un poco fuerte para su gusto.

-Gracias Shikamaru…- se alejó taconeando, sabiendo que el moreno esperaba mientras observaba su figura desde atrás. Sonrió con picardía. - ¿Vienes o sólo observarás?

Bajó la mirada, sonriendo para sí mismo. En realidad se sentía afortunado.

El salón estaba perfectamente arreglado de manera que la fantasía otoñal de la estresada Kurenai finalmente había sido cumplida y las rosas, aunque blancas, quedaban bien con el foliaje de la entrada y los cálidos colores tierra que adornaban el resto de la recepción. Los invitados a la ceremonia estaban todos acomodándose, mientras charlaban indistintivamente entre ellos mismos.

Sasuke se encontraba sentando en un sofá en el pequeño y sofocante cuarto designado para que la corte nupcial esperara su momento, que a decir del posicionamiento de su ex sensei, (parado frente al altar con Kakashi a un lado), no sería dentro de mucho. Aún ahí dentro de la pequeña habitación, y con todos sus amigos presentes, Hinata y Sasuke encontraron su camino el uno al otro. Las chicas ya estaban ahí, repartidas entre sentarse, pararse y recargarse en la pared. Y para cuando Chouji abrió la puerta que los llevaría a ellas, las chicas no perdieron la infantil costumbre que siempre habían tenido de mirarlos de arriba abajo, como flamencos rosados en parvada y reír como las colegialas que eran.

Entonces todos se dispersaron, y encontraron unos con otros, temas de conversación. TenTen junto con Shino y Kiba hablaron de algunas materias que cursaban juntos y de cómo sería buena idea el hacer juntos el trabajo final, por afinidad, por trabajar de nuevo. Ino y Sai, se tomaron de las manos apenas se vieron y el chico pálido y artístico, que rara vez decía algo inocente, la giró frente a él admirando el vestido y el arreglo personal de su novia, haciendo que Ino chillara casi como una ardilla. Sakura junto con Naruto y un parlachín Chouji hablaban de una reciente película y Shikamaru trataba de calmar a una Matsuri excesivamente nerviosa y temblorosa que observaba a Gaara, cuyos ojos cerrados y maquillados ignoraban a todos a su alrededor. La pandilla entera juntándose unos con otros como en los viejos tiempos y los brazos de Hinata, aprisionados tras su espalda, hizo balance perfecto para que sus pasos la llevaran al sofá donde Sasuke miraba a todos, esperándola a ella.

El chico se levantó lentamente cuando la vio venir, sonriendo de lado y sin muchas ganas. Hinata sabía que Sasuke en realidad no quería irse, pero se sentía abrumado con su nuevo estilo de peinado y tanta gente en un lugar tan pequeño, siendo que durante un par de años se había auto condenado al aislamiento voluntario. Era increíble como aún y cuando el traje le venía muy ligeramente amplio, se las arreglaba para ser el chico más apuesto que la heredera Hyuuga había conocido en su vida. Hinata llegó hasta estar frente de ella, sus manos unidas en su regazo mientras lo miraba apenada, entre el maquillaje y el perfume y el constrictivo vestido que usaba hoy en apoyo a la novia de la velada.

Sasuke le dedicó una de esas sonrisas secretas que sólo Hinata conocía. Ligeramente curveada, una pequeña mordida al final de la comisura derecha, ojos calmados, almendrados y profundamente negros con deseo y amor. La chica le sonrió, sonrojada hasta las orejas y acercándose a él para descansar el oído en su pecho; a la vista de todos, pero escondidos, discretos y privados con un amor que sinceramente era solamente para consumo de dos. Un amor fuerte y vigoroso que había renacido de sus cenizas, como un ave fénix.

El chico se aseguró que nadie los escuchaba, que nadie les prestara la atención que no querían para rodear la pequeña cintura de Hinata entre sus manos y acercarla lo más que pudo sin exponerse demasiado. Sus labios algo secos rozaron la concha del oído de Hinata, pasando una corriente eléctrica de mil voltios por su espina dorsal, haciéndola pararse más derecha, inflamar el pecho, sentir sus pezones erectos bajo la piel fina del vestido, mirar a Sasuke con un rostro ligeramente abochornado, ligeramente divertido, ligeramente excitado, para deleite del chico moribundo.

-Sasuke…- murmuró cubriéndose los labios con dos temblorosos dedos. Le divertía susurrar obscenidades en su oído mientras nadie los oía, le divertía poder ser un pícaro adolescente, hacer sonrojar a su novia, estar con todos sus amigos en una fiesta, aunque fuera una fiesta así de adulta y elegante como lo era una boda. La vida iba bien, muy a pesar de su cáncer terminal.

La marcha nupcial se podía escuchar en el pequeño salón, matando poco a poco los murmullos entre la gente. Mikoto sonrió, dejando de hablar por un minuto con Kushina, la madre de Naruto y volteó, grabando nada discretamente con su teléfono celular. Odiaba admitirlo, y su esperanza no menguara, pero este podría ser la única vez que viera a Sasuke caminar por el altar. Todos los amigos e invitados a la fiesta se pusieron de pie cuando las puertas se abrieron para dar paso a Ino y a Sai, tomados de los brazos que avanzaban lentamente junto con el resto de los alumnos y la corte nupcial. Era una especie de desfile premonitorio a la verdadera estrella del show, es decir, Kurenai, la bella novia que podría descansar una vez que todo estuviera completamente terminado y pudiera dormir realmente junto a su ahora esposo.

Después de Ino y Sai, le siguieron Shikamaru Nara y Temari, andando con la complicidad que su amor les precedía, al igual que después caminaba un sonriente Naruto, al cual no habían podido convencer de usar zapatos adecuados en vez de sus tenis negros, con la mano entrelazada con la de Sakura, quien se veía naturalmente hermosa. Shino caminaba sin sus habituales lentes oscuros, sino portando una mirada calmada y tranquila, casi fría, del brazo de la galardonada medico Rin. Detrás de ellos, Kiba, tiernamente de la mano de la pequeña sobrina de Asuma, una niña de unos 10 años llamada Ayame, de cabello dorado como el oro, rizado perfectamente para la ocasión y portando su correa más elegante, Akamaru junto con ellos. Chouji caminaba mano a mano con una chica de nombre Hannah, americana de caderas redondas y labios gruesos, invitada a la boda del lado de la familia de Kurenai. No era realmente una dama de honor pero para Asuma era importante que Chouji fuera parte de la corte y no querían estropear el ritmo de las parejas y hacer que el chico caminara al altar solo.

Gaara parpadeó, mirando alrededor del pequeño cuarto para darse cuenta de que sólo faltaban cuatro personas, él incluido, y la novia junto con su padre, obviamente, para terminar con todo esto. Estaba seguro que Sasuke también quería que esto terminara, pero a decir verdad se le veía muy cómodo con la chica Hyuuga en el rincón placentero de la sala. Gaara observó entonces a Matsuri, la amiga de Temari que también venía de Suna y la chica con la que ocasionalmente hablaba de vez en cuando. Cuando sus miradas se toparon de frente, la chica pareció repelerse instantáneamente, mirando al suelo de manera casi entrenada.

El pelirrojo parpadeó una vez y luego otra para finalmente acercarse a la chica menor y ofrecer su brazo. Matsuri tuvo el valor de mirarlo a la cara.

-Somos pareja, Matsuri.

El único pensamiento que cruzó rápidamente por la mente de la chica fue que Gaara recordaba su nombre.

-Estamos atrasando todo aquí parados. ¿No lo crees? – La manera tan diplomática en que Gaara se dirigía con las personas siempre asombraría a la chica; era tan educado y a la vez tan distante. Matsuri pasó saliva y se enganchó en el brazo de Gaara para caminar por el altar, tan solo unos pasos atrasados de los demás.

Finalmente y mientras Kurenai compartía palabras privadas de último minuto mientras abrazaba a su padre; Hinata y Sasuke se pararon frente a frente a la gran puerta de madera que se abría para seguir a sus compañeros en su labor. Hinata se acomodó el vestido y también se acomodó el fleco del cabello, tomando del brazo a Sasuke en un gesto tan natural que nunca adivinarías que Sasuke la había corrido a gritos de su cama de hospital hace menos de medio año.

Se veía hermosa en esos colores que la complementaban tan bien, bajo esas luces. Sasuke miró hacia el frente y el montón de rostros conocidos, así como Mikoto grabando e Itachi en un traje completamente negro hacían que su imaginación vacilara infantilmente. ¿Qué tal que aprovechaba la situación y sonreía ante lo que nunca podría ser? ¿Qué tal que imaginaba que esta era su propia ceremonia con Hinata y sus amigos todos vestidos en trajes y vestidos elegantes?

-¿S-S-Sasuke? – preguntó Hinata en un tono callado. -¿E-Estas bien?

Sasuke quería contarle que todo estaba bien, que nunca se sintió mejor. Y mientras ambos caminaban, más lentos que los demás por el altar, en un preludio a la novia y festejada de la ceremonia, Sasuke quería decirle que su imaginación lo traicionaba, o tal vez el vestido de Hinata era un color muy cercano al blanco y nunca se imagino recorrer este pasillo con ella, pero justo ahora, con el cáncer expandiéndose, con la bacteria que se comía su carne y le acortaba los días, se dio cuenta de que esto era lo que quería.

-¿Sasuke? – preguntó firmemente la chica Hyuuga mientras luchaba por poner una sonrisa sin que se notara su preocupación ante el silencio del chico. Ambos llegaron al altar, justo frente al juez y las figuras religiosas pertinentes, frente a sus conocidos y amigos y Sasuke volteó a mirarla. Técnicamente sabía que tenía que hacer. Separarse ambos al final del pasillo para que Hinata pudiera irse del lado de las chicas y él del lado de los chicos, como estaba en el guión, como se les había instruido, sólo tenían que cumplir con su tarea para que Kurenai y su padre pudieran entrar caminando.

Pero ahora Hinata y Sasuke estaban frente al altar, como si fuesen ellos la pareja para casarse ante la mirada comprensiva de Asuma, quien tenía las manos cruzadas en el regazo, esperando a ver a su futura esposa. Sasuke observó detrás de Asuma, detrás del juez que revisaba nervioso sus papeles, miró a un lugar lejano al que tal vez no podía llegar. Al futuro.

-¿Qué demonios sucede? – preguntó un despistado Naruto a Shikamaru, quien igualmente alarmado y nervioso se limitaba a mirar la escena. Un silencio sepulcral se plasmó en los asistentes y en la temblorosa Hinata, quien estaba igual de perdida que todos los demás. Sasuke entonces decidió olvidar el sintoísmo, el budismo, el catolicismo e incluso el ateísmo y volteó a ver a Hinata con una sola idea en mente.

La miró a los ojos, sabiendo que quería perderse en ellos por siempre y que esta escena que estaba causando confusión entre los asistentes, en ser una pareja de la corte nupcial que simplemente había decidido quedarse parados frente al altar, podría ser fácilmente olvidada y justificada debido al hecho de que Sasuke estaba enfermo y la gente comprendería su delirio.

-Hinata…- susurró. –Sólo di que sí y estará hecho.

-¿D-D-De que hablas? Debemos m-movernos.

-Un altar. Tú y yo. Sólo necesito tu "sí", no ocupo nada más…- el tiempo se agotaba. Asuma los miraba con curiosidad pero con nerviosismo. Hinata lo observó con la boca abierta por unos segundos, lentamente comprendiendo a que se refería. – No ocupamos nada más. Tal vez nunca podamos…

Mikoto se levantó de su asiento, siendo detenida por Itachi, quien observaba la escena con la misma preocupación que todos los demás.

-S-Si… -terminó respondiendo tras tragar saliva gorda.

-¿SÍ?

-A-Acepto…- susurró Hinata, mientras Sasuke sonreía rápidamente y se acercaba postrando un lento, cálido y casto beso en los labios rosas de la chica, causando sonrisas aliviadas en los asistentes. Hinata cerró los ojos, poniendo una mano en la solapa del traje de Sasuke por los breves segundos que duró el beso. Finalmente al separase, la intensa mirada de Sasuke se plantó en la de Hinata mientras finalmente se separaban para ir cada quien a su lado del salón.

Incluso cuando Kurenai fue depositada en el altar y el juez inició la ceremonia oficial, nunca dejaron de mirarse. Así como así, sin palabras de jungla, Hinata y Sasuke se habían casado y utilizado la boda de sus maestros para hacerlo. Eran ahora marido y mujer, bajo las únicas reglas del flamante amor adolescente cuya flama flaqueaba y a veces amenazaba con apagarse, qpero que justo ahora brillaba más clara que nunca.