Capítulo 13. Nuestro.
Cáncer
A SasuHina Fanfiction
La salud de Sasuke había mejorado. Recién había asistido a una revisión rutinaria con Tsunade y esta había hecho algunas notas sobre como el color de su piel no regresaría de manera pronta, y además que debía incluir más hierro en su alimentación, dirigiendo a la familia automáticamente con el nutricionista del hospital. Tras una quimioterapia que ya se veía venir y que estaba programada, Sasuke había comenzado a vestirse en el pequeño cuarto destinado para él y sus visitas al hospital. La ropa le quedaba indudablemente más grande, pero se negaba a comprar ropa más pequeña. Además de que sería humillante consideraba que sería también una pérdida de dinero.
Se ajustó el cinturón un poco más que la vez pasada y se puso la gabardina color azul marino encima, junto con la bufanda blanca. El clima estaba helando y a veces llovía sin advertencia alguna, por lo que se aseguró de ir bien cubierto. Era increíble lo mucho que había crecido desde que decidió dejar que Hinata entrara en su vida indefinidamente, y aún más, era increíble él como sus prioridades habían cambiado para mejor. La primera era su salud, y la otra primera, era Hinata. Siempre Hinata.
En esta ocasión, el chofer de su padre había traído a Sasuke y a Mikoto, junto con una emocionada Hinata la cita del hospital. Itachi había estado ocupado últimamente, tanto que nunca salía del cuarto, ni siquiera a saludar a los invitados, que casi siempre eran Hinata. No interactuaba mucho con nadie estos días, enfrascado en su semestre y en sus exámenes de otoño; la única persona con la que charlaba muy seguido era Shisui, el cual siempre era instruido que pasara a su cuarto para pasar el rato. Era raro y un tanto preocupante pero Sasuke no quería sobre pensar las cosas, puesto que se arruinaría a sí mismo.
Cuando salió de la habitación pudo encontrarse con una imagen la cual estaría perfectamente de acuerdo de ver todos los días de su vida. Su hermosa madre, mostrándole algo en el teléfono a Hinata, mientras ambas reían de manera que parecían mejores amigas del colegio; cuando se dieron cuenta de su presencia ambas se levantaron, pero fue Mikoto quien avanzó hacía él como la mamá gallina que era.
-¿Cómo te sientes, Sasuke? – preguntó acariciando el sendero de piel donde antes solía estar el abundante cabello negro, como alas de cuervo, de su hijo. El chico sonrió de lado, asintiendo con la cabeza y dando a entender que las burbujas de líquido químico dentro de sus venas se habían sentido fantásticamente. –Bueno ¿tienen hambre? Iré a unos mandados rápidos al centro comercial, pueden ir a comer en lo que termino…- Mikoto luchaba contra el instinto de acompañarlos a comer; pero no era una tonta. Sabía que Hinata y Sasuke tenían mucho tiempo perdido que recuperar. Sacó un par de billetes de su monedero y los alcanzó a Sasuke, quien los tomó con cierta pena de tener 18 y que su madre todavía le diera una especie de mesada por ser buen hijo.
Los tres subieron en el auto de la madre de Sasuke y dieron un par de vueltas antes de encaminarse al centro comercial; el mismo centro comercial donde Sasuke y Hinata habían tenido su primera cita años atrás. Partieron caminos en la entrada y la madre de Mikoto taconeó hacía sus mandados, mientras Hinata tomaba entonces el valor para tomar a Sasuke de la mano.
-¿Y bien…? – preguntó Hinata sonriéndole. Era algo estúpido el simplemente estar en una plaza comercial, con tanto frío, tanta agua; pero Sasuke tomó las mejillas de Hinata como si fueran un par de rosas blancas. Un alma vieja que navegaba a su lado, tanto amor en sacrificio por dos años de no recibir nada a cambio, las sonrisas casi invisibles y el olor a té chai de vainilla que su cuerpo emanaba, y aún así con una sonrisa tan brillante como el sol, ojos del color de la luna. Sasuke se dio cuenta entonces que amaba de manera infinita el simplemente observar a Hinata, poder acariciarla sólo con las yemas de la mano, como se acaricia una virgen, con el más sumo amor y respeto. Hinata sonrió nuevamente, poniendo una mano enredada en un guanto en la muñeca de Sasuke y dando un pequeño paso hacia adelante.
Y sucedió lo que sucedía en cada ocasión que ambos estaban juntos. El mundo alrededor de ellos desaparecía rápidamente. Sasuke sonrió nuevamente y besó su frente antes de que ambos se aventuraran al centro comercial que tantos recuerdos traía a la mente.
Pasearon por cada tienda a la que Hinata quiso entrar, incluyendo la librería y la casa de té ancestral. Hicieron de todo hasta tomarse fotos en una cabina; fotos que Sasuke se rehusó a ver y que en cambio depositó en la chamarra de Hinata. Se sintieron normales, como un par de chicos de preparatoria que simplemente estaban en la más sencilla de las citas.
Cuando caía la noche y la hora de retirarse se acercaba, Hinata y Sasuke se sentaron en la banca de su primer beso, de nuevo esperando un chofer, de nuevo cara a cara. Hinata pareció acariciar la banca con la yema de los dedos y volteó a ver a Sasuke, quien también estaba perdido y enteramente agradecido con la banca.
-Si te beso ahora, Hinata…- bromeó Sasuke. -¿Prometes no desmayarte?
Hinata sonrió, ocultando su sonrojo. -¡E-eso no es justo! E-Estaba tan nerviosa… e-era mi primer b-beso, Sasuke… y…e-estoy feliz de que m-mi último beso s-será contigo también…
La sonrisa de Sasuke flaqueó cuando escuchó a Hinata oír esas palabras. La chica pareció no notarlo, puesto que en ese momento Mikoto y el chofer llegaron, la madre asomándose por la ventana y sonriendo, haciendo que Hinata se levantara rápidamente y caminara hacía el auto. Sasuke se quedó pegado a su asiento, como si hubiesen crecido raíces a sus zapatos.
Estaba seguro que Hinata sería su último beso. Podía firmarlo, incluso; pero después de su muerte, cuando lo único que quede de él fuesen recuerdos y una tumba, Hinata viviría. Hinata tenía toda la vida por delante y tomar su mano, lastimosamente, no hacía que fuera el mismo caso para Sasuke. Era ese sentimiento pesado de nuevo, que lo hacía recordar que por más que jugaran este juego de longevidad y de buenas esperanzas, su reloj biológico tenía ya una fecha.
Tragó saliva mientras la veía charlar con su madre y meter algunas bolsas en la parte trasera del auto. Se levantó finalmente pero cada paso que daba parecía llevarlo a un abismo totalmente diferente: el egoísmo y la incertidumbre. El moriría y Hinata sería una viuda antes de los veinticinco años; él se convertiría en cenizas y Hinata iría a la Universidad. Él simplemente dejaría de existir y Hinata…conocería a alguien más eventualmente y se casaría con un juez y un bonito vestido; tendría hijos, moriría de vieja en una casa enorme y bonita, donde podría prensar flores con un té helado todas las tardes.
Flores prensadas para los nietos que no compartirían porque Sasuke irremediablemente iba a morir y Hinata estaba tan inundada en amor que nuevamente había perdido el piso, y eso hacía que Sasuke perdiera el piso también, y si, flotar se sentía maravilloso, pero solo era el preámbulo para la caída.
Tras dejar a Hinata en su casa y despedirse de cierta forma distante y apagada, Mikoto y Sasuke estaban de vuelta en casa; se quitaron los pesados suéteres en la entrada y cada quien siguió haciendo sus actividades del día. Mikoto había comenzado a recoger la ropa de la lavadora cuando Sasuke entraba a su habitación, sentándose en su cama y tomando un par de pastillas que tenía que tomar a la hora, ni siquiera las detuvo más de dos segundos en su garganta, puesto que en ocasiones como estas no podía soportar ese tipo de raspor.
El peso de la enfermedad finalmente había caído sobre sus hombros una vez más. Tomó el aliento más profundo que sus pulmones le permitieron y enredó sus pies en los chapines de casa y caminó hacía la única habitación que sabía que le daría alguna respuesta.
Itachi pasó su mano por el espejo del baño, empañado debido al vapor de su última ducha. La ventaja de tener su propio baño era que no tenía que salir más que para conseguir algo de comer, y si jugaba bien sus estrategias sólo tendría que calcular horarios y salir cuando nadie estuviera despierto o cuando todos estuvieran ya dormidos.
El chico era una especie de genio y aunque no lo presumiera, lo sabía a la perfección. Su deducción era que su madre estaba tan enfrascada en la enfermedad de su hermano menor que no levantó sospechas que Itachi dijera que iba a estudiar. Nunca había estudiado en su vida y no iniciaría a estas alturas del partido, pero de mientras se trataba de la perfecta excusa para no salir de su habitación a menos que la casa estuviera en llamas.
Era completamente infantil y lo sabía, pero la culpa carcome demasiado su corazón y el ver a Sasuke conviviendo con Hinata, con su esposa Hinata, simplemente lo hacía sentir más sucio, más desubicado y culpable, sencillamente, puesto que no había palabra más adecuada que utilizar. Su convivencia se había reducido a su madre y a Shisui y muy de vez en cuando a sonreír a Sasuke en las ocasiones en las que el menor desayunaba con él y con su madre. No quería salir de su habitación en mucho tiempo, a riesgo de levantar sospechas que no podría explicar, pero era mucho mejor que sentir la nausea de la depravación en la boca de su estómago.
Su puerta sonó. El ruido lo descolocó un poco, acostumbrado ya a sentirse el último hombre en la tierra. Quitó la toalla de su cabeza y con su cabello goteante caminó hacia la puerta, abriéndola mientras se ponía una sencilla camiseta de algodón sin mangas; Cuando su viaje entre la tela terminó se topó frente a frente con un preocupado Sasuke que tenía las mejillas frías y la mirada un tanto perdida, triste. Tragó en seco, intentado lucir relajado y terriblemente ocupado al mismo tiempo.
-Hermano menor…- dijo con naturalidad. Era un buen actor. -¿Sucede algo?
-Itachi…- dijo Sasuke mirando la madera bajo sus pies. – N-Necesito hablar contigo…
Solamente en tres ocasiones el corazón de Itachi había dado un vuelco como el que dio en aquella ocasión. La primera fue cuando su padre lo llevó a comer helado y le dijo que su madre estaba esperando a un hermano o hermana menor y que ahora sería responsabilidad suya. La segunda fue cuando Konan le mostró un cuadro bastante abstracto en colores sangre y negro, en el que él mismo se veía reflejado; muy aparte del gesto que significa que una pintora decida que eres arte, lo que realmente movió a Itachi fue la visión obscura de sí mismo cubierto de lo que parecía ser sangre. (Según Konan, eran rosas). Y finalmente el último vuelco de esa naturaleza fue cuando Fugaku y Mikoto le anunciaron que Sasuke tenía cáncer y la palabra "muerte" fue pronunciada por sus labios llorosos y temblantes.
Una cuarta ocasión se agregaría ahora mismo cuando Sasuke entraba de manera casi ceremonial a su habitación y se sentaba lentamente, como lo haría un viejo, en una silla cercana al ordenador de Itachi. El chico asintió sin más y cerró la puerta lentamente, sentándose en su propio lecho, mirando a Sasuke.
-¿Sucede algo? – preguntó nuevamente, ansioso. - ¿Te sientes bien?
-Me siento perfecto. – Mintió Sasuke a medias. –Me siento maravilloso, completamente espectacular, magnifico, diría yo. – Su tono iba subiendo y sus palabras iban acelerándose a medida que gesticulaba con los brazos y las manos un tanto fuera de sí. Itachi miró a la puerta y después de nuevo a su hermano, ahora más que ansioso, completamente curioso. – Es Hinata, Itachi. ¡Hinata!
-¿D-Disculpa? – dijo Itachi levantándose de su lugar y mirando a su hermano. ¿Sería posible que supiera el terrible secreto? Era imposible; había guardado esa confidencia de manera que la única ocasión en la que alguien lo supiera fuese cuando estuviera susurrándola ante a un cura en su lecho de muerte. Ni siquiera Shisui, su mejor amigo había sabido de aquel infortunio. Sin embargo, tendría sentido entonces la actitud alocada, la ansiedad y la pasión con la que Sasuke perdía la cabeza en este instante, además del nombre de la chica, regado en la habitación como el rocío el una mañana de Enero.
Sasuke entonces miró al piso, sus fosas nasales contrayéndose y expandiéndose de manera rápida, dándole un aspecto de bestia. Itachi pensó que lucía mucho más maduro y mayor a lo que en realidad era y aunque no le temía le descolocaba demasiado verlo en este estado histérico.
-Me he casado con ella. En la fiesta de Asuma y Kurenai. Dijimos "acepto", la besé, me besó y bailamos una canción lenta en el lago. Es mi esposa, aunque te burles o quieras disolverlo, no hay papel que romper, ni votos que vetar. Nos hemos casado, y… - detuvo su parloteo súbitamente, muy probablemente avergonzado, intentando esconderse incluso.
Oírlo no aligeraba su incomodidad pero era bastante tierno ver a un frustrado Sasuke; si ese frustrado Sasuke no estuviera en realidad ardiendo en ira y rabia. Itachi asintió lentamente, cada palabra que había salido de la boca de su hermano tratando de pasarla por su propia cabeza y asimilarla. Sabía que ese matrimonio no tenía valor, ni religioso, ni mucho menos legal, sabía que en carne propia Sasuke y Hinata eran simplemente un par de chicos que vivían un noviazgo, de cierta manera igual al que todos los demás, pero al mismo tiempo sabía con fervor que ese matrimonio era un pilar elemental en la vida de Sasuke ahora mismo y temía el resultado de ver caer el pilar y con él, a su hermano menor.
-Ya veo… felicitaciones, Sasuke…- dijo Itachi solemnemente. –Aunque toda mi vida pensé que sería tu padrino de bodas…- bromeó el mayor acercándose a Sasuke para abrazarlo; sólo que el menor no se movió, arqueó la espalda, sencillamente y suspiró al piso, agotado. – Algo que dice que sucede algo más…
-Hoy…- inició. – Hablando con ella, me dijo que… que estaba encantada con la idea que de yo fuera su último beso…
Itachi prestó atención y en eso se enorgullecía, y eso lo hacía sentir humano y no escoria. Sasuke venía a él con problemas sobre la mujer que ambos idolatraban y el podía ahuyentar el candor, el deseo, la pasión y concentrarse simplemente en el chico de 18 años que tenía enfrente. En el mismo chico que cuando era un bebé, Itachi se agachaba sobre su cuna para oír su respiración, que postraba sus camiones de juguetes a los pies de su carriola, adorándolo como un dios pagano al que había de venerar y proteger por el resto de sus días.
-Es un bonito pensamiento, Sasuke. ¿No estarás acobardándote, cierto? Las chicas no pueden…no puedes casarte con ella un día y querer alejarte el siguiente…- sabía que este tipo de pláticas vendrían con la edad. Pero Itachi era igual o menos experimentado que Sasuke. Tomó aire se sentó un poco más cerca que el chico. – Ya dime que sucede. Porque sé que…a-amas demasiado a Hinata como para que esto se trate de arrepentirte. –Aclaró su garganta. No era momento de tartamudear.
-Se trata de su último beso, Itachi. Yo moriré pronto; puedo mejorar todo lo que quieran, Padre puede gastar todo el dinero del mundo, y los doctores pueden seguir metiéndome químicos y electrocutándome un par de veces más, mil veces más, no me interesa. Esto se trata de que estuviera tan enamorado del presente que no pensé en el futuro nunca más.
-Tú no sabes eso, Sasuke. Estás mejorando, ya no vives en el hospital ¿cierto?
-Estoy mejorando pero ¿Por cuánto tiempo, Itachi? – la plática comenzaba a ponerse acalorada. – No estoy en remisión; esa maldita palabra ni siquiera se ha mencionado en ninguna de mis citas. Y me he casado… ¡Estoy casado, Itachi! Y Hinata piensa que envejeceremos juntos aún y cuando estoy calvo y delgado y pálido como un maldito fantasma…y cometí el estúpido error de ser egoísta y casarme con ella aún y cuando sé que probablemente no veré la próxima navidad…
Era como ver un animal desangrarse en una cerca de púas. Desesperación, vísceras, y un par de ojos que quieren vivir y no encuentran la luz. Suspiró de manera temblorosa, mientras Sasuke comenzaba a sudar y a jugar con sus dedos, completamente fuera de sí. Conocía su punto, lo comprendía perfectamente, y era en estos momentos en los que desearía poder quitarle esta especie de penumbra a su hermano menor pero no podía. Realmente no había nada que pudiera hacer.
-No seré su último beso. Será una viuda antes de tener 25… - terminó Sasuke con un aliento cansado que hizo que Itachi regresara a la realidad. Mordió su labio inferior y suspiró, sentándose cerca del chico; para su sorpresa, los labios de Sasuke volvieron a partirse, continuando su monólogo. – Necesito pedirte un favor…
-¿Hinata? – un susurro calmado se escuchaba, ahogado por el calor y la condición; las maquinas haciendo sus sonidos característicos. Era tarde por la noche y lo último que quería era meter a Hinata en problemas por estar hablando con él a estas horas. –Hola…
-Hola, Sasuke…- susurró de vuelta Hinata, envuelta en las sábanas blancas y lilas de su habitación, resguardándose del ruido y del viento que se lograba colar por la ventana. -¿T-Todo bien?
-Todo bien. – Dijo Sasuke, tal vez de forma muy repentina. – Todo bien…eh, escucha…
Hinata suspiró, mientras su mano jugueteaba con su largo cabello azulino y miraba al cielo de su habitación. Las pegatinas neón de estrellas y lunas en su techo recordándole lo joven que era. Mordió su labio inferior, si ahora era una recién casada debía hacer algo respecto a su vida.
La voz de Sasuke se escuchaba tan ansiosa como el chico intentaba de ocultarlo. Hinata podía ser muy tierna, pero no era tan ingenua como lo pensaba.
H-Háblame…
Quiero que sepas que te amo.
Sasuke…
-Déjame terminar… -interrumpió Sasuke a su joven esposa. Sabía que las alarmas se disparaban en la mente de Hinata pero debía terminar con todo esto. – Te amo y quiero que sepas que nunca estarás sola. Siempre…siempre te cuidaré…
-¿Q-Que te preocupa, Sasuke? – Hinata era una mujer lista. Se enorgullecía en eso, de hecho. La voz de Sasuke, la hora, las palabras tan profundas y tan fuera de contexto no podía significar nada normal, por lo que la chica tomó aire y continuó hablando. No quería agobiarlo más, quería que las cosas lentamente regresaran a una normalidad robada. -¿P-Por que no nos vamos?
-¿Irnos?
-Al c-campo. Este fin de semana. N-Neji puede llevarnos…
-Pero si Neji me odia…
-N-Neji nii-san me adora…
-Punto para Hinata…- murmuró Sasuke casi siendo presa del sueño y disolviendo su sonrisa en un acido corrosivo.
