Chapter 1: The Outsider.
16 años después.
Bajo el abrazador sol del desierto una figura humana caminaba a la orilla de la carretera, arrastrando consigo una pesada maleta mientras hacía un sobre esfuerzo por siempre dar el siguiente paso de un recorrido que no llegaba a su fin. Estaba tan lejos que era incapaz de ver todavía el inmenso muro que rodeaba la capital, lo único que veía a su alrededor era un desértico paramo sin ningún rastro de vida; esta ya no sabía cuánto tiempo llevaría caminando exactamente, pero tenían que ser horas, horas en las que no había visto ningún rastro de un coche.
En un momento dado esta fue incapaz de continuar, estaba exhausta, ya no le quedaban más fuerzas por lo que optó por acostar la maleta y sentarse encima de esta para poder descansar un momento. No pudo evitar suspirar, elevó su vista al cielo para ver a través de los cristales polarizados de sus gafas de sol la inmensa bola de calor que le estaba friendo la cabeza lentamente, una vez que volvió a centrar su vista en el horizonte esta llevo sus manos a su bolso para sacar una botella de agua y su móvil, se había quedado sin batería y apenas le quedaba agua. Esta no pudo evitar volver a suspirar, estaba bastante jodida.
Pero aun así no iba a dejar que cundiese el pánico, había estado en situaciones bastante peores, por lo que iba a tomárselo con filosofía.
Inevitablemente pudo sentir como una gota de sudor se escurría por la parte baja de su espalda, por lo que se revolvió en su sitio, definir su estado como asqueroso se quedaba corto, estaba completamente sudada y pegajosa a causa del maldito sol. Todo aquello era más que desagradable, lo cual era divertido dado que su trabajo consistía en muchas ocasiones estar largas horas bajo el intenso sol, pero ninguna de aquellas veces había sido tan molesta como está ahora. Tampoco ayuda para nada la vestimenta que llevaba, la cual consistía en unos tejanos negros justados, unos botines de cuero del mismo color y una camisa de cuadros manga larga de color blanco y negro. Para nada era una vestimenta adecuada para el tipo de clima en el que se encontraba, pero empelotarse no era algo por lo que estaba dispuesta a pasar, antes preferida morir asada en su propia ropa que ir en cueros.
Pero para suerte de nuestra protagonista, aquello no iba a tener que ser una opción ya que gracias a los dioses a lo lejos estaba pudo ver como un camión se acercaba hacia donde ella estaba, por lo que emocionada se levantó de un salto para comenzar a hacer señas como si la vida, nunca mejor dicho, le fuese en ello. Para más suerte el camión se detuvo a unos cuantos metros de su posición, por lo que emocionada echo a correr hacia la ventanilla del copiloto.
"Una teta, me dice cuánto me queda a donde quiero ir, dos tetas, me lleva allí" – Pensó en un posible trueque mientras le daba un rápido vistazo al gran camión remolqué que estaba a su lado. Esta se tuvo que apoyar en un escalón para poder alcanzar la ventanilla, tímidamente elevo su cabeza esperando encontrase a un señor de unos treinta años, gordo, de prominente bigote y barba, con una gorra roja y gafas completamente negras.
"¿Qué necesitas forastera?" – Dijo el conductor. Para su sorpresa aquel señor había sido sustituido por una chica de su misma edad, cabellos rubios rizados, con una figura envidiable y una risueña sonrisa acompañada de un divertido acento sureño. El estereotipo sí que le había estallado en toda la cara. Bueno al menos llevaba gorra.
"Verás digamos que ando un poco perdida y me gustaría saber si no tendrías algún inconveniente en llevarme a mi destino o dejarme lo más cerca posible, siempre que te pille de paso, obviamente" – Dijo algo nerviosa.
"¿A dónde vas?" – Le contestó esta gentil.
"Insomnia" – Dijo esta más nerviosa dado el inmenso favor que estaba pidiendo, la capital se encontraba a cientos de kilómetros de donde estaban.
"Hoy debe ser tu día de suerte amiga" – Le dijo esta alegremente – "Dado que me dirigió hasta allí"
"¡Enserio!" – Dijo Lena casi a punto de gritar de la emoción.
"Claro, siempre que no te importe que hagamos una pequeña parada en mi taller"
"¡Para nada!" – Dijo esta, podía sentir como la cara le radiaba de la alegría – "Dios me va a estallar el culo" – Dijo casi gritando.
Por otro lado, su salvadora no pudo evitar reír ante la emoción de aquella chica – "Vamos sube, puedes dejar tus cosas detrás" – Le dijo esta mientras le señalaba la parte trasera de su remolque.
"Sí por supuesto, gracias, gracias, ¡Gracias!" – Decía mientras se bajaba de un salto y corría hasta su maleta para cargarla y lanzarla, sin ningún cuidado, en la parte que esta le había señalado. Una vez hecho aquello, esta se dirigió de nuevo a la puerta del copiloto para abrirla y entrar – "De nuevo muchas gracias por lo que has hecho" – Le dijo esta mientras se acomodaba en el suave tapizado del sillón y se ponía el cinturón de seguridad.
"No hay de que, además siempre viene bien tener compañía durante el trayecto, por cierto, me llamo Cindy, Cindy Aurum" – Dijo esta mientras le tendía la mano.
"Lena Lain" – Dijo esta mientras se la estrechaba.
"Y dime Lena" – Dijo Cindy a los pocos minutos del trayecto – "¿Qué hace una chica como tú en medio de Leide?"
"Venía de Altissia a Insomnia por unos asuntos familiares, pero el bus en el que venía sufrió una avería cerca del limité norte con Duscae, nos dijeron que no conseguirían resolverlo hasta el día siguiente y digamos que no podía permitirme el lujo de esperar hasta el día siguiente, por lo que me limité a coger mi maleta y echarme a andar"
"Que gracioso" – Dijo esta – "Yo precisamente vengo de arreglar cierto bus estropeado en cerca del límite norte" – La cara de Lena fue un poema.
"Y a mí me dijeron que iban a tardar un día entero en arreglarlo"
"Es lo que pasa cuando alguien que no entiende de vehículos hace un parte"
"Ya veo" – Dijo esta irónica – "Y dime ¿Eres de la zona?"
"Sí" – Dijo orgullosa – "Vivo al otro lado de esa montaña" – Dijo señalando una curiosa formación rocosa en forma de cuerno – "En Hammerhead junto con mi abuelo"
Lena asintió ante lo dicho por Cindy – "¿Y esto de mecánica? Perdóname si sueno descortés, pero es algo que no se suele ver mucho"
"Tranquila estoy acostumbrada, pues la verdad es algo que me viene de pequeña, después de la muerte de mis padres como una forma de superar todo aquello comencé a ayudar a mi abuelo en el taller hasta que sin darme cuenta lo que comenzó como un hobbie se convirtió en una pasión" – Le dijo Cindy muy orgullosa de su profesión – "¿Y tú? ¿A qué te dedicas?"
"Arqueología" – Contesto Lena.
"¡Vaya chica! Eso tiene que ser una pasada"
"Lo es"
"Y dime ¿has hecho muchos descubrimientos?"
"La verdad que sí, un puñado bastante bueno que me han dado cierto renombre" – Dijo esta sin poder evitar sonreír orgullosamente de su trabajo, lo cual era algo que no le avergonzaba dado que se había ganado llegar a donde estaba gracias a su esfuerzo, persistencia y trabajo duro.
"Guay" – Dijo esta.
Después de aquello la conversación se detuvo el tiempo suficiente como para que Lena se pudiese abanicar un poco con su mano, todavía seguía sofocada.
"Oye" – Dijo Cindy llamando su atención – "Puedes quitarte la camisa sin ningún tipo de vergüenza, no quiero que te desmayes por el calor" – Dijo esta tranquilamente.
"¿Enserio?"
"¡Claro! ¿Acaso no has visto cómo voy yo?" – Dijo esta de lo más normal y era cierto, lo que pasaba era que Lena había disimulado cuando la vio por primera vez, Cindy llevaba una chaqueta amarilla que dejaba completamente al descubierto su abdomen, además esta llevaba tan abierta la cremallera que sus pechos cubiertos por un sujetador rosa chicle estaban completamente a la vista de todo el mundo, así como unos shorts demasiados cortos para su gusto. Es más, esta juraba haber visto sobresalir los hilos del tanga por encima de este, lo que pasa es que no iba a voltear la cabeza para corroborarlo.
"Gracias" – Se limitó a decir aliviada mientras rápidamente procedía a desabotonar su camisa completamente para dejar que su cuerpo se refrescase con la brisilla que entraba.
"Chica si las tienes debes lucirlas con orgullo" – Dijo Cindy espontáneamente, ante la prominente pero no exagerada delantera de su copiloto.
"Gracias por el cumplido, ojalá mi yo más joven de comienzos de la secundaria te hubiese escuchado, me pase el primer año avergonzada de estas pequeñas" – Dijo.
"La pubertad tunea sin ningún tipo de compasión"
"A mí de un día para otro"
Ambas se rieron después de aquello, al ser sólo cosas que las mujeres podían entender.
"Mira ya hemos llegado" – Le comentó Cindy y entonces Lena pudo ver al pasar una curva una estación de servicio en cuyo cartel efectivamente ponía Hammerhead, la rubia aparcó el vehículo delante del garaje – "Puedes esperar aquí si quieres, no tardaré mucho"
"Tranquila voy a ir un momento a esa tienda a comprar agua" – Dijo Lena mientras se bajaba del coche.
"De acuerdo"
Una vez que Cindy se adentró en el inmenso taller Lena apresuro el paso todo lo que pudo evitando correr hacia la pequeña tienda de comestibles la cual fue lo primero que había visto cuando Cindy le señalo la estación de servicio. Una vez dentro, esta fue directamente hasta las neveras para pillar una botella de agua, la más fría que había encontrado, y seguido a esto a por algo de comida basura de una de las estanterías; entonces sus ojos se fijaron en uno de los periódicos que estaban en una estantería al otro lado del lugar. Todos ponía el mismo titular "El príncipe de Lucis y sus fieles camaradas salvan el mundo" aquello hizo que arrugase la nariz, sólo esperaba que durante su pequeña estadía de nuevo en Lucis no se lo encontrara.
Sin perder más tiempo esta fue directa a la caja – "¿Cuánto es?" – Preguntó mientras tomaba su cartera, entonces se fijó en el dependiente, este estaba completamente rojo y estático, intrigada esta siguió el trayecto de los ojos del hombre sólo para percatarse de que todavía seguía con la camisa desabotonada. Con un leve ardor de mejillas esta rápidamente cogió su compra dejando a cambio un billete cualquiera – "Quédese el cambio" – Le dijo mientras salía apresurada de la tienda.
Una vez fuera, esta volvió a suspirar, el viaje estaba mejorando por momentos, pero sin darle más importancia a aquel pequeño incidente esta no perdió más tiempo y abrió la botella para darle un buen trago, que zaceo en segundos aquella atormentante sed que tenía – "Dios que buena está" – Dijo mientras se limpiaba el poco que se le había escurrido por un labio. Seguido a esto, Lena se permitió malgastar algo de aquel líquido vital dejando que este cayera sobre su cabeza. La sensación de la helada agua cayendo sobre su acalorada piel era cuanto menos reconfortante.
"Sabes" – Dijo Cindy haciendo que despertase de aquella placentera sensación – "Deberíamos contratarte para los meses de temporada baja" – Añadió con cierta sonrisa pícara.
Entonces Lena se percató de que aún seguía con la camisa desabotonada y encima ahora sus cabellos estaban mojados, así como su escote y abdomen, de nuevo volvió a sentir un leve sonrojo.
"Vamos, Insomnia nos espera" – Dijo la rubia divertida mientras la morena la seguía rápidamente en silencio.
De nuevo en la carretera estas continuaron hablando tranquilamente, Lena podía ver cada vez más de cerca el sitio al que una vez llamó hogar y no pudo evitar tener sentimientos encontrados, muchas cosas le habían pasado dentro de aquellas cuatro paredes, unas malas, otras buenas y algunas terribles. En pocas palabras recuerdos que prefería dejar en el pasado, a pesar de que algunos la seguían persiguiendo a día de hoy, pero no iba a dejar que aquello la afectase; venía simplemente para hacer una visita, nada más, ir y volver. No tenía la intención de quedarse más de lo estrictamente necesario.
Por otro lado, en la capital y más concretamente en la ciudadela, cierto príncipe acabada de despertar sobresaltada, para encontrase en su cama hiperventilado y bañado completamente de un sudor frio, 'había sido sólo una pesadilla' se dijo, pero para desgracia aquellos atormentantes recuerdos que cada noche volvían a su mente eran de todo menos irreales. Este se levantó de su cama mientras se frotaba los ojos, ya no tenía sueño y tampoco quería seguir durmiendo. Este atravesó su extensa habitación para llegar hasta los ventanales donde corrió las cortinas para toparse con un soleado día en una ciudad llena de vida, todo había vuelto a ser como siempre; y en cierta forma aquello le alegraba.
Entonces este escuchó como tocaban la puerta y al poco entro Ignis – "Su majestad" – Dijo este mientras seguía con un bastón – "Su padre le está esperando para almorzar"
"Dame unos minutos para que me asee y me vista" – Le contesto este mientras observaba las gafas polarizadas de Ignis, las cicatrices de aquel fatídico día todavía seguían muy presentes.
"De acuerdo su majestad"- Le dijo formalmente antes de marcharse.
Una vez que volvía a estar solo este apoyo la cabeza contra la ventana y suspiró, no todo había vuelta a ser como antes, si tan sólo el pudiese quedarse con la nueva versión de los hechos y no ser el único que lo recordase todo. A veces las segundas oportunidades eran bastante agridulces.
"Muchas gracias" – Le dijo Lena desde la ventanilla del conductor – "Te debo una muy grande"
"No hay de que" – Le contestó Cindy – "Espero que te vaya bien en esos asuntos familiares…. cuando regreses pásate por Hammerhead nos vendrías bien para hacer algo más de caja" – Le dijo esta divertida.
"Prometido" – Dijo Lena con cierta sonrisa pícara.
Seguido a esto, esta pudo ver como el camión de Cindy se ponía en marcha y cada vez se alejaba más y más por aquel barrio residencial, mientras su conductora sacaba el brazo por la ventanilla para despedirse de esta a lo cual la morena correspondió, hasta que dicho camión paso a ser un punto en la lejanía que torció por una de las calles y, así, finalmente desapareció de la vista. Una vez sola, Lena se permitió darle un buen vistazo al barrio en el que se había criado durante toda su infancia y parte de adolescencia, todo seguía igual que hace ya cinco largos años, esta no pudo evitar sonreír ante todo los buenos recuerdos que traían consigo aquel lugar, esta dirigió su vista hacia una de las calles de la intersección que se hallaba a unos cuantos metros de ella, en concreto a la que ascendía por la pequeña colina; en aquella dirección vivía un buen amigo suyo al que no veía desde hace tiempo y con el que había perdido el contacto. Tal vez cuando ya hubiese hecho todo lo que tenía que hacer se acercará hasta allí para saludarlo, seguro que se alegraba de verla. O por lo menos eso pensó. Además, seguro que también se alegraba de su visita, dado que siempre estaba solo en casa.
Sin más esta tomó su maleta y se dirigió hasta la pequeña verja para buscar las llaves en su bolsillo e introducirlas en la cerradura, esta no pudo evitar sorprenderse al abrir la verja y encontrase con que el pequeño jardín delantero estaba en perfecto estado, el césped tenía un vibrante color verde y además estaba podado. Aquello fue cuanto menos curioso. Seguido a esto, Lena se dirigió hasta los escalones que llevaban a la entrada, donde metió la llave y dio un par de vueltas a la cerradura para así quitar el seguro.
De nuevo para su sorpresa la casa por dentro no estaba como se la imaginaba después de cinco años sin nadie dentro de ella, en vez de un ambiente cargado, lleno de polvo y telarañas por todas partes; lo que encontró nada más abrir la puerta fue un agradable olor a limón. Esta entró mientras la puerta se cerraba a su espalda para confirmar que el lugar estaba completamente solitario, dado el silencio que reinaba en este, pero en cambio el lugar estaba extrañamente limpio, el parqué relucía aquel color marrón oscuro tan bonito y la estancia estaba completamente libre de cualquier mota de polvo. Aquello era algo cuanto menos desconcertante.
Este camino a través del pequeño pasillo que daba paso al gran salón, el cual estaba igual o más pulcro que la estancia anterior, con la diferencia de que todos los muebles habían sido cubiertos de sábanas blancas, para evitar cualquier posible deterioro. Ahora se podía percibir el aroma de otros cítricos a parte del limón.
"Mmm" - Murmuró esta mientras dejaba su maleta a un lado para caminar a través del salón, con el resonar de los tacones de los botines contra la madera, hasta las cristaleras que daban al amplio jardín interior. De nuevo todo estaba perfectamente cuidado y regado, entonces esta observo como las ramas del gran árbol, que se hallaba en medio del lugar, se mecían juguetonamente con la fresca brisa del verano. Aquello le provocó cierto escalofrió.
Seguido a esto, Lena se dirigió escaleras arriba hasta el segundo piso donde fue directa al cuarto del fondo, omitiendo en todo momento el deseo o la tentación de mirar o entrar al cuarto de la derecha, una vez delante de dicha puerta esta giró el pomo y abrió lentamente. En este caso el olor de esta habitación era diferente, olía a algo que imitaba bastante bien al del mar, aquello hizo que se le dibujara una sonrisa de forma inconsciente; esta entró lentamente al lugar que una vez fue su habitación. Observó detenidamente la pared a la que se pegaba su cama, toda repleta de cientos de recuerdos, fotos, pero, sobre todo de dibujos, más concretamente dibujos de mapas. Aquello fue un hobbie que tenía desde pequeña, la cartografía, algo que con el tiempo fue perfeccionando más y más; que al principio empezaron como lugares de su imaginación hasta que poco a poco se fueron convirtiendo en los lugares reales, algunos en los que había estado y otros eran de sitios que había leído. Dibujos que con el paso del tiempo se volvieron más detallados y más precisos.
Esta caminó por su habitación mientras los iba mirando uno a uno, recordando los buenos momentos que paso dibujándolos hasta que se percató de algo y era que al igual que su casa su habitación también había permanecido pulcra gracias a algún desconocido. ¿Tal vez habrían descubierto uno de sus tesoros más preciados?. Rápidamente esta se acercó hasta su cama, a la que se subió para acercarse al respaldo, sin poder evitarlo miró a ambos lados como siempre solía hacer y al ver que no había nadie metió la mano entre la estrecha separación de la cama y la pared; cuando sus dedos rozaron algo esta se sintió aliviada.
Tranquilamente esta sacó una gran carpeta que coloco en sus piernas y mientras se apoyaba contra la pared, procedió a abrirla, entonces esta pudo ver aquellas grandes hojas en las que había plasmado sin duda alguna uno el mejor de sus trabajos. Esta sacó todo el contenido de la carpeta para dejarla a un lado y así tranquilamente poder observarlo. Sintió como su vello se erizaba al tocar las rugosas hojas, el primer dibujo era el de una colosal montaña que casi se podía asemejar a una muralla, desde la perspectiva era completamente hueca, y se encontraba en un inmenso valle manchado con ríos y bosques. El segundo era un amplio mapa en el que se podía ver aquella muralla y todo lo que escondía en su interior; las siguientes hojas eran dibujos detalladas de las mieles de estructuras milenarias que formaban aquella ciudadela oculta en el interior del macizo así como de los interiores, por último habían dos dibujos, otro igual de grande, un mapa, que correspondía al lugar donde ella creía que se hallaba lo que de pequeña denominó como 'la fortaleza' muy al norte de Lucis, más allá de un océano y rodeado por inmensas cordilleras se encontraba la llamada fortaleza. El último de todos era el más pequeño, una simple hoja en el que hizo un retrato de su pequeño gran compañero descansando tranquilamente sobre unas ruinas mientras tomaba el sol.
Lena no pudo evitar que se le aguaran los ojos, por lo tuvo que apartar la vista de estos por miedo a mancharlos con sus tontas lágrimas. Pasado un tiempo y ya mejor, los guardó todos de nuevo y tomó la carpeta mientras se levantaba, tenía más que claro que era algo que se iba a llevar de regreso a Altissia, sin embargo, antes de irse de su habitación esta no pudo evitar dirigirse hasta su escritorio.
Su espacio de trabajo estaba tan ordenado e impoluto como lo recordaba, entonces esta se fijó en tres portarretratos, el primero de todo tenía consigo una foto bastante antigua, tendría como mucho seis años y era el primer día que puso un pie en Insomnia, en ellas estaba acompañada de sus padres. Su sonrisa no podía ser más radiante dado que de nuevo volvían a estar todos juntos y de una vez por todas serían felices para siempre. La segunda era de ella con uno de sus mejores amigos, el cual le había tomado esa foto a traición mientras ella andaba pensando en las musarañas, y finalmente llegamos a la última, en la que ya tendría unos dieciséis, esa foto había sido tomada meses antes de que las cosas se torcieran y ella definitivamente se marchase. En ella aparecía con alguien que, aunque lo quisiese negar no podía ya que este había significado mucho para ella, la foto era cuanto menos espantosa pero a la vez simplemente hermosa, ambos sentados en el suelo de su lugar secreto, aquel viejo y abandono vagón de tren, sonrojados y colocados hasta más no poder. Podía recordar el sonido de las botellas de cristal rodando por el suelo. Ella no paraba de reírse mientras se cubría torpemente el rostro, apoyada a un lado de él mientras este hacía una mueca a la cámara.
Entonces esta observó un papel doblado al lado de la fotografía, dejo la carpeta a un lado para tomarlo y desdoblarlo cuidadosamente, sabía perfectamente lo que era, pero aun así necesitaba verlo otra vez. Dicho papel escondía un retrato de ella, hecho por él, un regalo de cumpleaños, que le hizo hace cinco años este mismo día, acompañado de un colgante de brillante plata con un dije de una pluma, guardado entre los pliegues. Lena jugueteo inocentemente con la cadena mientras veía fijamente aquel dibujo mientras pensaba acerca de todo aquello.
"Es mejor que todo siga en el pasado" – Dijo mientras guardaba el colgante en uno de sus bolsillos y volvía a doblar el dibujo para meterlo en la carpeta. Seguido a esto esta se marchó en silencio de ahí.
De nuevo en el salón, esta fue directa al sofá para quitar la gran sábana y hacerla a un lado para poder acostarse un rato, en ese momento esta se permitió respirar aliviada, había conseguido llegar a la capital antes de lo que pensaba por lo que todavía tenía un buen margen de tiempo antes de ocuparse de aquellos asuntos familiares. Paso un par de minutos acostada en la cómoda superficie hasta que decidió que era hora de continuar con lo que había venido a hacer, pero antes de ello necesitaba preparase por lo que Lena caminó hasta la cocina, más concretamente hasta la caja de plomos para subirlos todos entonces fue hasta uno de los interruptores para pulsarlo y ver como se hacía la luz.
Una vez hecho aquello esta camino hasta el termo para encenderlo y mientras daba tiempo a que el agua se fuese calentando esta caminó hasta su maleta para abrirla y sacar de ella sus cosas de aseo; para así ir hasta el baño. Ya en la mencionada habitación esta abrió la ducha y dejo que el agua caliente mojara su muñeca, esta sonrió ante aquello, por lo que rápidamente procedió a desvestirse y entrar en la ducha.
"Mil veces mejor que un orgasmo" – Dijo mientras dejaba que el agua caliente cubriera todo su cuerpo, relajando cada parte de este, esta disfruto un poco más de aquello antes de tomar sus artículos y lavar su largo cabello y enjabonar su cuerpo; para que seguido a esto dejase que el agua arrastrase consigo todas las impurezas y suciedad que manchaban su cuerpo, dejándolo así completamente limpio. El baño se había inundado de un embriagador olor.
Ya fuera de la ducha y de nuevo en el salón, con una toalla envuelta alrededor de su cuerpo y su húmedo cabello goteando, esta tomó algo de ropa de la maleta y procedió a vestirse, esta podía percibir como de su piel emanaba aquel dulce almizcle del baño. Una vez vestida se peinó un poco, pero sin llegar a secar su cabello, no quería ir con unos pelos de leona.
"Hoy te voy a necesitar más que nunca" – Dijo mientras tomaba de su maleta aquel antiguo colgante que hace más de una década se había encontrado en misteriosas situaciones, su amuleto. Cuando esta ya se sentía lista tomo las llaves y sus gafas de sol antes de salir de su casa en dirección a la estación de metro que se encontraba a quince minutos de donde vivía por lo que decidió colocarse sus auriculares y disfrutar del paseo acompañada de buena música.
Por otro lado, a varios kilómetros de distancia en la ciudadela, nuestro joven príncipe se encontraba en una inmensa sala de paredes de mármol con detalles en plata, con una gran vidriera que iluminaba todo el lugar y dejaba unas impresionantes vistas a la capital. Dicho lugar estaba ocupado por una alargada mesa, de ocre madera, destinada a banquetes, pero que en estos momentos estaba siendo empleada para el almuerzo que estaban llevando a cabo él junto a su padre; las dos únicas personas que daban una señal de vida con el leve sonido que hacían con los cubiertos, dado que no podía contar al mayordomo que se encontraba a unos cuantos metros de ellos, tan estático y en silencio, un tempano que podía pasar perfectamente por un mueble más de la sala.
Noctis estaba completamente en silencio, mirando fijamente su plato mientras movía inconscientemente su tenedor sobre la ternera, este seguía serió, de nuevo todo aquello le parecía tan inverosímil que seguía pensando que todo era un sueño y todo lo que veía eran simples fantasmas de una vida pasada, pero desde luego aquello no era así. Este levanto la vista hasta el otro extremo de la mesa para ver, tal vez, a uno de los fantasmas más dolorosos de todos, su padre comía tranquilamente mientras repasaba algunos informes, este sintió como su corazón se estrujaba ante aquello y tenía que hacer un esfuerzo sobre humano para no echarse a llorar como un niño pequeño.
"Noctis ¿te encuentras bien?" – Le pregunto su padre, este se había percatado del extraño comportamiento de su hijo.
Noctis tuvo que hacer una breve pausa antes de contestarle a su padre, la necesaria como para mantener una fachada creíble – "Sí… simplemente todavía me cuesta acostumbrarme a que todo haya acabado"
"Comprendo" – Le dijo este – "Sé que no debe ser fácil para ti, pero escucha atentamente hijo, en esto consiste la vida, me hubiese gustado que no lo hubieras tenido que experimentar en la forma en la que lo hiciste, pero ya no se puede hacer nada con ello; lo que debemos hacer es resistir los golpes que esta nos va dando a medida que seguimos nuestro camino" – Dijo Regis.
"Sí padre" – Dijo Noctis – "Ojalá fuese tan fácil hacerlo como decirlo" – Pensó este mientras el lugar volvía a estar en silencio, ahora incapaz de llevarse algo del plato a la boca, no tenía hambre.
Después de unos minutos en completo silencio este escucho el rechine de las patas de la silla contra el suelo y al levantar la vista vio a su padre levantándose – "¿A dónde vas?" – Preguntó este.
"Voy a salir un momento"
"¿A-a fuera?" – Dijo este ahora en cierto modo preocupado ya que, debido a la débil salud de su padre, este no acostumbraba a abandonar la ciudadela salvo para ocasiones puntuales y ahora no le venía a la mente ninguna de ellas.
"Sí hijo" – Dijo este divertido ante la preocupación innecesaria de Noctis.
"¿Pero a qué?" – Dijo este desconcertado.
"¿Has olvidado que día es hoy?" – Fue el turno de su padre de preguntar, Noctis se quedó en completo silencio intentando rebuscar en alguna parte de su memoria que acontecimiento tan especial para que su padre abandonara la seguridad de su hogar, así como así, pero este era incapaz de dar con la respuesta; su mente era un completo caos ahora y lo menos que quería era tener que partirse la cabeza para encontrar una aguja en un pajar. Por lo que al final se tuvo que rendir y darle a su padre una mirada que dejaba ver que no lo recordaba.
Regis no pudo evitar emitir una leve carcajada ante su olvidadizo hijo – "En ese caso puedes acompañarlo y descubrirlo"
"Sí" – Contesto Noctis al instante mientras rápidamente se levantaba, si había aprendido una cosa durante su viaje fue valorar las cosas que uno tiene, porque no sabes cuándo estas van a desaparecer. Y una de las cosas que agradecía de esta segunda oportunidad era el poder compartir más momentos con su padre – "Vamos" – Dijo este algo agitado una vez que estaba donde se encontraba su padre.
Y así ambos salieron no sin antes de que el rey volviera reírse por tercera vez ante el extraño, pero curioso, comportamiento que tenía su primogénito.
Lena miraba fijamente la pared formada por grandes arcos que se disponía delante de ella, quieta, practicando un pequeño ejercicio para apaciguar sus nervios, llevaba todo el día esperando justo por esto, incluso había llegado a atravesar un desierto sólo para ello. Sin embargo, aquí estaba, parada a escasos metros.
Esta inspiro profundamente, señal de que ya se encontraba preparada para ello o eso al menos quería creer, por lo que dio el primero de una serie de pasos que la llevaron a través de uno de los inmensos arcos hasta a aquel lugar, momentáneamente cegada por el cambio de iluminación desde las sombras que albergaban los arcos a la brillante luz que poseía aquel sitio. Ante sus ojos se encontraba una extensa pradera llena de árboles y flores por doquier, con un gran lago en medio de este, así como otra serie de pequeñas construcciones y estatuas que acompañaban la decoración del lugar; sin lugar a dudas en aquel sitio se respiraba cierto aire pacifico. Sin embargo, dicho aire generaba todo lo contrario en ella.
Llenándose de valor esta emprendió el rumbo a través de uno de los tantos caminos de piedra, caminando lentamente mientras observaba muy detenidamente todo aquel 'paraíso', en especial la serie de montículos que sobresalían de la hierba, todo ellos con nombre y apellido, y una historia que ahora formaba parte del recuerdo. Estaba siguió caminando, con su corazón latiendo más y más amenazando con colapsar en algún momento, mientras ahora tomaba el camino que llegaba cerca del lago.
Dicho camino llegó a su fin, pero esta continuo, ahora hundiendo sus pies en la brillante hierba para a escasos metros de distancia llegar a uno de tantos montículos que habitaban aquel lugar este con forma de obelisco y esculpido en mármol blanco, pero sin embargo especial para ella. Lena se quedó un momento quieta observando aquello, su corazón se había normalizado, así como todos sus nervios, cualquier miedo había desaparecido, esta ahora era capaz de sentirlo, la paz del lugar, y todo gracias a ella.
Después de tanto tiempo aún era capaz de seguir generando aquello en ella pesar de que ya no se encontraba más en este plano. 'Elena Lain', leyó.
Lena tomo asiento delate del monolito, esta estuvo un momento en silencio, no sabía cómo empezar ni cuáles serían las palabras correctas, por lo que acabó suspirando a causa de la frustración.
"Hola mamá" – Dijo esta algo cohibida, no era el mejor comienzo, pero desde luego sí el más acertado – "Tienes que estar sorprendida de que esté aquí después de todo el tiempo que ha pasado… no hay palabras para expresar todo el arrepentimiento que siento por ello" – Esta hizo una pausa – "Sé que actué mal, no debí alejarme de aquella forma… pero después de lo de papá me vi tan abrumada y superada que lo único que quería era huir, huir lo más lejos posible y olvidar. Sin embargo, aquí estoy de vuelta" – Esta se rio levemente de aquello – "La abuela ya se fue, aunque supongo que ya lo sabrás, debe estar por ahí arriba haciendo de las suyas como siempre" – Esta no pudo evitar sonreír ante el recuerdo de su abuela, una señora que jamás dejo que lo socialmente establecido hiciese mella en ella – "Por lo que ahora sí que me he quedado oficialmente sola" – Esta se volvió a reír ahora ante la amarga verdad.
Lena se detuvo para mirar el lugar durante un momento – "Seguro que ahora mismo me estarías diciendo que no es así, lo más probable es que tengas razón, pero no sé, soy incapaz de verlo" – Esta comenzó a juguetear con sus dedos – "Independientemente de esto, he estado pensando en regresar aquí para estar junto a vosotros, pero sé que no es lo que querías, que estuviese aferrándome a un pasado que me impidiese seguir adelante con mi vida. Pero al fin y al cabo es lo que he hecho, plantearme metas que me mantuviesen ocupada, lejos de aquí"
Lena volvió a hacer otra pausa, buscando la forma de ordenar sus ideas, era un completo desastre en estos momentos.
"Debería haber traído flores" – Dijo esta – "Pero sé que jamás te gusto recibirlas" – Esta se rió – "Me hubiese gustado que estuvieras algo más de tiempo conmigo" – Dijo ahora agachando la cabeza – "Que pudieras a ver visto en persona la mujer en la que me he convertido, no sólo tú, papá también. Pero sé que ambos lo habéis hecho, no de la forma en la que me hubiese gustado, pero ambos habéis estado ahí en todo momento, lo sé" – Dijo esta ahora levantado la cabeza mientras una lágrima se deslizaba por su mejilla, entonces se percató de que alrededor del monolito había plantado madreselva, la flor favorita de su madre, las plantas estaban algo mustias debido a la falta de cuidado; esta llevo su mano hacia estas para recorrerlas con sus dedos – "Feliz cumpleaños mamá" – Dijo esta ahora sonriente.
En otro orden de acontecimientos, en el mismo lugar, rey y príncipe acababan de llegar a la entrada de aquel paraíso terrenal, el rey observaba atentamente la imponente entrada mientras su hijo miraba la zona curiosa si saber exactamente que hacían ahí o por qué su padre se había detenido a comprar flores antes de llegar ahí.
"Noctis" – Dijo este al ver que su hijo se había quedado rezagado, rápidamente el príncipe reacciono y se dirigió hasta su padre para así emprender el camino a través de los grandes arcos al paraíso. Ya en el otro lado, ambos caminaban en silencio, disfrutando de la paz que habitaba en aquel sitio, por lo menos así lo hacía Regis, ya que Noctis no podía parar de darle vueltas al porqué de su visita, sabía que no era por su madre; ya que este no descansaba en aquel lugar, por lo que incapaz de saber por quién estaban ahí este se limitó a seguir a su padre.
En poco tiempo ambos habían llegado a su destino, alejado del resto y cercano al lago se encontraba uno de tantos montículos, un monolito en forma de obelisco tallada en el más blanco y puro mármol. Cuando Noctis vio de quien se trataba no pudo evitar sentirse mal, cómo había podido olvidar a aquella persona que fue tan especial y esencial para él en su infancia, aquella a la que quiso como una madre. El joven príncipe se acercó hasta el monolito y luego se agachó para estar a la misma altura que ella.
"Veo que ya lo recuerdas" – Dijo su padre sereno mientras se colocaba a un lado de su primogénito para depositar las flores a un lado de la tumba de una de sus mejores amigas.
"No me puedo creer que lo olvidara" – Dijo este – "Que hoy era su cumpleaños"
"No te culpes de ello hijo, todavía eras muy joven y ella se marchó cuando apenas te recuperabas de tus lesiones"
"Aun así eso no son escusas papá, ella significo tanto para mí, en parte soy quien soy hoy en día gracias a ella"
Regis no pudo evitar reírse de aquello, ya que lo dicho por su hijo le había transportado de lleno a otra época, una llena de muchos recuerdos, entonces este vio como su hijo lo miraba un tanto curioso debido a su risa – "Recuerdo la forma en la que te encaprichaste con ella"
Noctis no pudo evitar sonreír ante lo dicho por su padre mientras volvía a mirarla – "Y eso que al principio no quería ni verla en pintura"
"Después no te despegabas de ella" – Le dijo su padre feliz – "Recuerdo que no parabas de decirme que querías que me desposara con Elena para que así se convirtiera en tu madre"
Esta vez fue Noctis el que no pudo evitar reír ante el recuerdo de ello, su plan para hacer que su padre y Elena se casarán y así formasen una familia, lo que él siempre había querido – "Menudo rapapolvo me lleve cuando me enteré que ya estaba casada"
"Y que tenía una hija" – Añadió su padre.
Noctis sonrió ante aquello, todavía era capaz de recordar todos aquellos momentos como si hubiesen ocurrido ayer y no hace años, sin lugar a dudas momentos en los que recordaba ser más feliz que ahora. Tiempos en los que la vida era mucho más sencilla y menos sórdida y oscura.
"¿Todavía sigues manteniendo su casa limpia?" – Preguntó Noctis.
"Sí" – Contestó su padre tranquilamente mientras observaba el lago.
"No te diré que no lo sigas haciendo porque es una pérdida de tiempo, a fin de cuentas, eres el rey y ya hemos tenido está charla muchas veces" – Dijo el príncipe – "Pero sabes que ella no va a volver, me lo dejo muy claro aquella noche" – Mencionó este ahora con un tono más triste.
"Es cierto" – Dijo su padre – "Pero también es cierto que podría volver, por lo que qué menos que tenerlo todo preparado, hacerla sentir que se encuentra en casa, que Insomnia sigue siendo su hogar" – Dijo el rey sin poder evitar recordar a la joven Lain, aquella curiosa niña que correteaba por todo el castillo intentando desvelar y comprender los secretos que este escondía en su interior.
Por otro lado, a Noctis le gustaría que las palabras de su padre fuesen realidad, ya que después de todo él era incapaz de olvidarla y menos aun lo que esta significo para este. Noctis siempre se preguntó si tan sólo las cosas hubiesen sido diferentes, cómo hubiera continuado su historia. Sin embargo, este ya había aprendido la lección y sabía que cuantas menos ilusiones se hiciese la bofetada sería más suave.
Este suspiro para percatarse ahora de las hermosas madreselvas que adornaban la tumba de Elena, estas estaban radiantes, llenas de vida, y emitían un dulce aroma – "Te dejo un momento a solas" – Le dijo a su padre mientras se levantaba y comenzaba a caminar en dirección hacia la salida.
Noctis andaba tranquilamente, en silencio, con las manos dentro de su bolsillo, hasta que finalmente su camino le llevo a la entrada del complejo, este tomo su móvil para mandarle un mensaje a Prompto para dar una vuelta por la ciudad ya que desde que llegaron de su aventura apenas se habían visto. Por lo menos pasar un rato con uno de sus mejores amigos le ayudaría a despejarse.
Mientras esperaba su respuesta este llevo su vista a los alrededores del lugar, la ciudad se veía tan normal como siempre, y no como las ruinas desoladas que hace escasos días recordaba. Los ciudadanos caminaban tranquilamente de un lado a otro, sin saber lo que alguna vez paso. Él era el único que sí lo sabía.
De pronto su móvil sonó, señal de que su amigo había leído el mensaje y le había dicho que sí por lo que distraídamente comenzó a chatear con él para fijar el lugar y la hora a la que se verían hasta que de repente este sintió algo, no sabía exactamente el qué, pero aquello hizo que este levantase la cabeza curioso para saber qué era. No había nada fuera de lo común, ni tampoco nadie conocido. Sin embargo, aquello no era del todo cierto, ya que a lo lejos este pudo ver a alguien, una chica de espaldas a él que se alejaba del lugar; este sintió la tentación de ir tras ella sólo para ver quién era.
Pero fue incapaz de dar un paso ya que sintió como alguien posaba una mano en uno de sus hombros, al darse la vuelta, algo sobresaltado, vio a su padre; rápidamente este giro la cabeza, pero ella ya no estaba.
"¿Ocurre algo hijo?" – Preguntó su padre.
"No nada" – Dijo este negando con la cabeza – "¿Volvemos ya a la ciudadela?" – Su padre asintió.
Estos emprendieron su camino de regreso al coche y en todo el trayecto de regreso a casa, Noctis no podía quitarse de la cabeza lo que hace un rato había pasado – "¿Quién sería?" – Pensó este mientras miraba por la ventanilla el atardecer.
Tiempo después y en otro extremo de la ciudad, en lo que una vez fue su hogar, Lena se encontraba tranquilamente descansando en el sofá, ojeando unos documentos en su móvil acerca de una de las tantas expediciones que esta había realizado, esta en particular fue una que llevó a cabo poco después de que Altissia se hubiese visto sacudida por la tormenta que fue Leviathan. Pensar en los días antes al suceso era extraño, sus recuerdos acerca de lo ocurrido eran un tanto difusos. Pero dejando eso a un lado y volviendo al presente, los descubrimientos de la expedición habían contentado, como siempre, al colegio de arqueólogos por lo que además de otro merito que se sumaba ya a su extenso curriculum; esta cada vez contaba con más cancha libre para hacer las expediciones que quisiera. Por lo que era cuestión de tiempo que los altos mandos aceptaran la propuesta que estaba preparando, de explorar un antiguo monasterio perdido en el tiempo y la nieve de una cordillera montañosa alejada de cualquier contacto con el mundo moderno; probablemente lo haría cuando volviera a casa.
Dejando su móvil a un lado, esta se quedó mirando el blanco techo durante un breve periodo de tiempo, con la mente en blanco, hasta que finalmente decidió incorporarse. Lena se acomodó la parte baja de su sudadera que con el movimiento se había subido, aquello era una costumbre suya; mientras algunas usaban bonitos y sofisticados pijamas, otras, ropa de andar por casa; ella usaba sudaderas de todo tipo, de una gran variedad de colores, de la más fresca a la más cálida. Sólo había una regla, cuanto más grande mejor.
La morena observo los restos de la cena que había encargado a su vegetariano de confianza, estos en la bandeja que reposaba sobre la mesa de café; para sin más levantarse, recogerlos y llevarlos a la cocina. Una vez que vio como caían por el agujero negro que era la papelera y quitar el pie de la palanca, negándoles así la luz a los restos de tofú y espinacas entre otros; esta fue a lavarse las manos para seguido a esto abrir la nevera y sacar un pequeño plato que portaba un cupcake de chocolate negro con topping de crema ce coco, que ascendía en espiral y con virutas azules depositadas sobre la blanca crema. Esta dejo el pequeño plato sobre la isla de la cocina para ir a otro extremo de la cocina y sacar de una bolsa que había dejado a su vuelta un paquete con velas de cumpleaños, de entre todas las que había esta optó por la blanca con verde agua; para seguido a esto tomar de uno de los cajones un mechero.
Una vez que había bajado las luces de la cocina hasta dejarla en la penumbra, este volvió a donde había dejado el postre para hundir la vela en medio de este y proceder a encenderla, la tímida llama iluminaba levemente el lugar. Lena se encorvo levemente, recostando un poco sus brazos sobre la encimera, para que su cara estuviera a escasos centímetros de la vela y mientras sus ojos se perdían en el danzar del fuego; esta pidió su deseo antes de soplar suavemente haciendo que este desapareciera con la corriente – "Feliz cumpleaños a mí también" – Dijo esta mientras contemplaba la delgada columna de humo blanco.
Cuál había sido su deseo de nuestra forastera, fácil, dejar de sentirse sola.
Por otro lado, cierto rubio se encontraba caminando por la calle, este iba a paso lento y con cara de agotamiento, la cual se intensificaba al recordar la subida que le esperaba para llegar a su casa. La tarde que había pasado junto a Noctis había sido genial, pero también bastante agotadora, el príncipe por una vez en su vida había mostrado interés por el hobby del rubio; quizás demasiado, ya que el príncipe se había empeñado en patear toda la ciudad para buscar sitios, los cuales, a su juicio, fueren perfectos para sacar fotos. En un principio Prompto se había ilusionado, pero eso fue antes de que Noctis lo llevara de aquí a allá, de un extremo a otro de la ciudad en busca de 'lugares especiales', así había dicho el pelinegro.
Como consecuencia por un lado los pies del rubio amenazaban con colapsar en cualquier momento y por el otro la tarjeta de memoria de su cámara estaba hasta los topes de increíbles fotos de toda Insomnia. Por lo que pesar de todo el dolor, los resultados habían sido increíbles, además volver a estar en compañía de su mejor amigo de nuevo había sido un plus añadido.
A pesar de todo esto, Prompto fue incapaz de no darse cuenta de que en ciertos momentos el rostro de Noctis albergaba cierta tristeza la cual al principio no le prestó atención, pero a medida que el tiempo pasaba este vio que en más de una ocasión esta volvía inundar el rostro del príncipe; por lo que inevitablemente acabo preocupándose, pero cuando finalmente el fotógrafo se atrevió a preguntarle a su amigo lo único que consiguió fue que este se cerrara en banda y evitase el tema con otras cosas.
Por lo que finalmente este tuvo que desistir, ya había vivido esto otras veces y sabía que hasta que Noctis no estuviese preparado para contar qué era lo que lo atormentaba nadie conseguiría sacarle nada, así que lo mejor era que el tiempo pasara. Al final este siempre era capaz de curarlo todo.
Finalmente, Prompto llego a la intersección, donde no pudo evitar suspirar al ver la pendiente que llevaba a su casa, la cual jamás le importó subir dado que no era gran cosa, pero en su estado actual cualquier cosa que supusiera un sobre esfuerzo, por muy simple que fuese era una maldición. Por lo que finalmente el rubio decidió hacer un pequeño descanso, en el que sacó su cámara para tomar unas cuantas fotos nocturnas de su barrio. El filtro que daba la noche siempre le había parecido mágico.
En una de esas, este pudo observar algo peculiar a través de la lente de la cámara y era que, a unos cuantos metros de distancia, en cierta casa se encontraban las luces encendidas, el rubio bajo lentamente la cámara para ver si aquello sólo había sido un simple efecto de la cámara; pero no era así, las luces de la planta baja de la casa de los Lain estaban encendidas.
"Imposible" – Dijo Prompto – "Lena se marchó hace más de cinco años, de la noche a la mañana, sin dejar ninguna nota y por lo que Noctis me contó era para siempre" – Dijo este.
El rubio estaba confundido, durante algún tiempo deseo ver aquellas luces de nuevo, pero aquello era un deseo que fue perdiéndose con el tiempo, su amiga jamás volvería; por lo que ver aquello era cuanto menos desconcertante para él. Por lo que la primera idea que cruzó su mente fue que algún bandido se había adentrado en la casa de los Lain para hacerse con alguna de las cosas que estos habían dejado atrás. Aquello no lo podía permitir, por lo que rápidamente guardo su cámara y fue directo a investigar.
"Mierda" – Dijo Lena mientras se limpiaba ya que al morder el cupcake, parte de la crema le entro en la nariz – "Ahora todo me va a oler a coco" – Dijo esta mientras dejaba en su sitio el postre para ir al fregadero y echarse algo de agua.
Una vez que la crema había desaparecido de sus fosas nasales, esta comenzó a secarse la cara, pero de pronto esta paró ya que escuchó algo que hizo que lentamente fuese alejando el paño de su cara y dejarlo en algún lado – "Deben ser imaginaciones mías" – Pensó esta mientras se acercaba hasta la entrada de la cocina y asomaba su cabeza. No había nadie, pero esta juraba haber escuchado un ruido, por lo que integrada se adentró en el salón para investigar, pero sólo pudo dar un par de pasos antes de que aquel sonido volviese a aparecer; haciendo que se quedase completamente estática al saber que era – "La cerradura" – Pensó.
Internamente esta entró en pánico al saber que alguien estaba intentando forzar la cerradura, había estado en cientos de situaciones peligrosas, pero jamás ante un allanamiento de morada, este era el primero para ella; al menos en el que Lena no era la que se colaba en la casa de otro – "Puto Karma" – Susurró por lo bajo mientras comenzaba a moverse un lado a otro de otro de la habitación nerviosa, no sabía qué hacer, debía mantener la calma, no podía verse superada. Eso fue hasta que escuchó un 'crack' por parte de la cerradura y se vio en la necesidad de gritar, internamente.
Aquello había sido la señal de que el tiempo se le agotaba y tenía que actuar cuanto antes, una opción era la policía, pero tardarían en llegar y el tiempo iba en su contra; por lo que rápidamente optó por la opción más razonable en aquel momento, defenderse. Rápidamente esta tomo su móvil y se lo guardo, para seguido a esto correr a la cocina y tomar de uno de los cajones una sartén, la más grande y robusta que había. Seguido a esto una cucharilla y como el rayo se dirigió a la caja de plomos que estaban a un lado de la entrada de la cocina.
"Desearás nunca no haber puesto un pie en esta casa" – Dijo mientras miraba hacia el pasillo de la entrada para seguido a esto abrir la caja y sin vacilación alguna bajarlos todos. La oscuridad engullo todo en el acto, su plan era sencillo, puede que rudimentario, pero altamente efectivo. De pronto esta escuchó como la cerradura finalmente cedía y esta se colocó en su puesto, entre el marco y la caja, agarrando fuertemente y nunca mejor dicho la sartén por el mango.
Por otro lado, y al mismo tiempo, un cauteloso Prompto conseguía abrir la puerta de la entrada, la cerradura seguía puesta por lo que aquel ladrón debía ser bastante bueno, razón de más por la que el rubio debía estar más atento. El lugar estaba completamente a oscuras, lo que significaba que fuese quien fuese el que estuviese ahí sabía de la presencia del rubio, Prompto cerró la puerta detrás de sí para evitar cualquier posible fuga y comenzó a adentrarse en el oscuro lugar.
Al principio le costó un poco, pero en poco tiempo su vista se había adaptado a la penumbra del ambiente para descubrir que a través del pasillo había accedió ahora al salón este observo de un lado a otro, pero no había nadie por lo que pensó en adentrarse escaleras arriba en busca de aquella persona hasta que de pronto escuchó un ruido en medio de todo aquel silencio, el de un cubierto que caía contra el suelo. Dicho sonido procedía del otro extremo de la sala, por lo que tragando fuertemente este caminó hasta la puerta que había del otro lado.
Por otro lado, desde su posición, Lena podía escuchar como el desconocido se acercaba hacia ella, este había picado el anzuelo ahora lo único que tenía que hacer era que esperar el momento idóneo. Sus nervios estaban a flor de piel con cada paso que daba el extraño, el crujir del parqué anunciaba que este estaba cada vez más cerca, por lo que esta tuvo que aguantar su respiración con tal de no ser delatada. El crujido cada vez era más cercano, su corazón iba cada vez más rápido, casi amenazando con colapsar, podía escucharlo a la perfección, como si lo tuviese pegado al oído. De repente los pasos cesaron y esta se agobio, algo no iba bien, giró levemente su cabeza hacia el marco, pero era incapaz de ver nada.
De pronto pudo ver como una mano atravesaba el marco y se colocaba justo encima del interruptor, el cual pulso un par de veces sin efecto alguno, Lena casi grito al ver que su mano estaba a escasos centímetros de su cintura, pero se contuvo. Esta volvió a alzar la vista y entonces vio como una figura cruzaba la puerta, por lo que sin vacilación alguna cargó con todas sus fuerzas y lanzó el utensilio enérgicamente contra el desconocido.
Un sonoro retumbar metálico se escuchó por toda la casa seguido de algo pesado que caía fuertemente contra el suelo acompañado de quejidos.
Lena había dado en el blanco, podía sentir la adrenalina por todo su cuerpo, pero aquello no había acabado todavía, así que sin perder tiempo esta subió los plomos para seguido encender las luces y sacarse el móvil de las bragas para marcar el número de emergencias, su agresor seguí en el suelo, quejándose.
"Uno, uno, dos, ¿En qué podemos ayudarle?" – Dijeron del otro lado.
"Sí, hola" – Dijo esta mientras se colocaba el Smartphone en el hueco de su cuello – "Quería denunciar un allanamiento" – Dijo mientras se acercaba hasta el marco de la cocina y pasaba su mano al otro lado para encender la luz del salón, era hora de descubrir la identidad del desconocido.
"Por supuesto, ¿Cuál es su dirección?" – Dijo la operadora.
Pero cuando la luz se hizo esta se quedó completamente helada al ver quién era el misterioso y, ahora, para nada desconocido intruso al cual la sangre le escurría de su nariz imparable a través del tapón que este intentaba hacer, en vano, con sus manos, inconscientemente esta dejo caer la sartén.
"¡¿Señorita se encuentra bien?!" – Dijo la mujer preocupada.
Rápidamente Lena salió de su lapsus – "¿Eh?... ¡Sí, sí! Lo siento ha sido un malentendido, perdone las molestias" – Dijo apenada para rápidamente colgar.
Esta no pudo evitar suspirar al ver al chico rubio que se retorcía en el suelo a causa del dolor, que ella le había propinado, razón por la cual no pudo evitar sentirse un poco mal; finalmente esta acabó suspirando. El pasar desapercibida oficialmente se había ido a la mierda.
"¡Jode, joder! Mi nariz" – Se quejaba un adolorido Prompto – "Pero a ti ¡Qué coño te pasa tío!"- Dijo este mientras llevaba su vista al agresor, pero al ver quien era en realidad se quedó petrificado. Él era en realidad ella, y ese ella no era nada más y nada menos que la mismísima Lena Lain. Prompto se froto los ojos creyendo que estaba viendo una alucinación, pero no era así, ella estaba ahí, delante de él, en carne y hueso.
"Para" – Le dijo esta mientras se acercaba a él – "Te estás extendiendo la sangre por toda la cara" – Lena se colocó a su altura para inspeccionar la herida – "Joder" – No pudo evitar decir esta.
"¿Qué ocurre?" – Preguntó alarmado el rubio mientras se llevaba el dorso de la mano a los huecos de su nariz para taparlos, pero rápidamente Lena lo tomó de la mano para que los volviera a dejar libres. Prompto sintió como el corazón le iba ahora a cien, debido al cálido toque de la chica, hacía tiempo que no recordaba aquello.
"No lo tapones, tienes que dejar que fluya" – Dijo esta – "Y bueno, no hay heridas externas, así que no te preocupes por tu rostro" – Ambos rieron levemente ante el comentario – "Sin embargo he descolocado el tabique"
"¡Qué!" – Dijo Prompto ahora alarmado – "¿Y qué vas a hacer?"
"Tú qué crees" – Le dijo esta arremangándose el suéter para no mancharlo.
"¡No Lena no!"
"Tengo que hacerlo ahora en caliente, sino después será peor" – Sentencio la chica – "Será rápido"
"¡No!" – Dijo Prompto manoteando la mano de la chica.
"¡Prompto no seas niño!"
"Me va a doler, ¿No tienes nada que sirva de anestesia?"
"Sí claro" – Dijo la chica sonriente, aquello consiguió calmar al rubio – "Ahí" – Entonces el rubio siguió con la vista a donde señalaba ella, para ver a escasos centímetros de ellos, la sartén que ella había usado para atizarle.
"¡No!" – Grito este otra vez echándose para detrás cuando vio que Lena casi lo pilla desprevenido.
"¡Prompto compórtate!" – Dijo ella, cada vez estaba perdiendo más la paciencia.
"¡No quiero!"
Lena suspiro ante la terquedad del rubio – "A la mierda" – Dijo esta para rápidamente abalanzarse sobre el rubio en un intento de pillar su nariz.
"¡Lena no!" – Grito el rubio mientras se echaba para atrás sin embargo fue demasiado lento, ya que en cuestión de segundos sintió como los suaves dedos de la chica se aferraban a su nariz. Un leve 'crack' se escuchó en el salón seguido a un grito de dolor por parte del rubio.
Varios minutos después, ambos se encontraban todavía sentados en el suelo, con la diferencia que ahora Prompto sostenía una bola de papel manchada de sangre que de vez en cuando se llevaba a la nariz para limpiar la que se escurría, por lo menos la hemorragia se había detenido. Por otro lado, Lena se encontraba delante de él secándose las manos tranquilamente.
"No has cambiado en todo este tiempo" – Dijo el chico – "Sigues siendo la misma bruta que hace cinco años"
"Y tú sigues siendo la misma reina del drama" – Le dijo ella mientras dejaba el paño a un lado para mirarlo.
Inevitablemente ambos comenzaron a reír.
"Me alegro de verte" – Le dijo Prompto una vez que calmado de su ataque de risas.
"Yo también"
"No sabía que estabas de vuelta"
"En realidad sólo estoy de paso" – Le dijo esta – "Simplemente vine a hacerle una visita a mi madre, hoy… bueno creo que más bien ayer ya, fue su cumpleaños y hacía tiempo que no iba a verla. He estado un poco de aquí para allá durante todo este tiempo"
"Explícate" – Dijo Prompto curioso, Lena siempre había sido un misterio para él, ella nunca dejaba que la gente supiese mucho acerca de ella, a pesar de ser grandes amigos ella sólo le permitía saber lo que ella quería. Desde su punto de vista, Noctis fue el único que fue capaz de tener acceso a toda ella. Por lo que ahora, que por una vez en su vida parecía dispuesta a contar cosas no lo iba a desaprovechar. Cinco años no parecen gran cosa, pero es suficiente tiempo para que ocurran cosas increíbles.
"Trabajo" – Dijo esta.
"¿Trabajo?" – Dijo él.
Esta asintió – "Soy arqueóloga, por eso siempre estoy del timbo al tambo"
A Prompto se le ilumino la cara – "¿Arqueóloga?" – Esta asintió – "¡Lena, eso es puto alucinante!" – Dijo este ahora emocionado, la morena rió ante su efusividad.
"Lo es"
"No sé, siempre pensé que serías algo así como política o abogada, ya sabes cosas serias"
"¿Cosas serías?" – Dijo esta, levantando una ceja.
"Si bueno, tú sabes, en la secundaria siempre fuiste muy sería, siempre centrada en lo tuyo; no muchas veces te veía divirtiéndote"
"¡Claro que me divertía!" – Le dijo esta.
"Bueno tienes razón, tú fuiste la que se coló en el despacho del director para buscar mi cámara" – ambos se rieron ante aquel recuerdo – "Simplemente arqueología me parece demasiado divertida para la imagen que tenía de ti"
"Es algo tan serio como lo que me has dicho, nosotros descubrimos el pasado, lo que fuimos y lo que ha hecho que seamos lo que somos ahora"
"Y dime ¿Has hecho algún descubrimiento importante?"
"Bastantes" – Dijo esta – "Hace poco volví de una expedición en unas tierras lejanas, dios Prompto tenías que haberlo visto, encontramos toda una polis en perfecto estado en medio de la jungla. Aquello es algo que no se puede explicar con palabras, el descubrir algo que se creías perdido o una leyenda, demostrar que es verdad" – Dijo Lena, por otro lado, el rubio no pudo evitar sonreír al ver como le brillaba el rostro a la chica, se veía que aquello la llenaba y en cierta formaba se alegraba de que su hubiese marchado.
"Tiene que ser una pasada"
"Lo es, sabes ahora que lo pienso, ¿Todavía sigues con ese hobby de la fotografía?"
"¿Hobby?" – Dijo Prompto falsamente ofendido.
"Perdón" – Dijo Lena – "Cierto, no es un hobby, es un estilo de vida" – Dijo parafraseando las palabras que una vez le dijo su amigo. Aquello lo hizo sonreír.
"¡Todavía que acuerdas!"
"Pues claro, me jugué mi puesto en el cuadro de honor por tu estilo de vida" – Dijo esta divertida haciendo referencia al incidente con la cámara.
"Pues sí, soy un fotógrafo y no es por echarme flores, pero soy bastante bueno"
"Bien, a lo que iba, necesito de un fotógrafo que me ayude con toda la recopilación de fotos de los descubrimientos que hacemos… y si es bueno mejor"
Esta vez fue el turno de que a Prompto se le iluminase la cara – "¡Dónde hay que firmar!" – Contestó.
"No te aseguro que te pueda llevar a nuevas expediciones ya que algunas a lo mejor son peligrosas, pero sí podría llevarte a los sitios que ya se han descubierto"
"Lena por favor, ya no soy aquel que conociste una vez, he cambiado, ahora soy capaz de cuidarme por mí mismo"
"Bueno eso ya lo discutiremos largo y tendido en otro momento, ahora dejemos de hablar de mí, quiero saber que has hecho durante todos estos años – Dijo la chica acomodándose en su lugar.
"En realidad no he hecho gran cosa, me gradué…"
"Eso ya es algo bastante gordo" – Lo interrumpió ella divertida a lo que este le contesto con una mueca.
"He perfeccionado mi fotografía y bueno poco más, vivir la vida en general"
"Ya veo" – Dijo esta – "Y ¿nada más?" – Preguntó cautelosa, tenía curiosidad sobre aquel tema, pero debía ser cuidadosa había oído cosas que decían que aquello fue algo bastante complicado.
"Bueno" – Dijo este rascándose la nuca – "Ayudé a Noctis y a los demás en su lucha contra el Imperio, seguramente ya lo sabías, está por todos lados"
"He oído cosas, pero jamás quise profundizar, sólo se lo básico"
"¿Cuánto de básico?"
"Poco más de que el imperio quiso firmar un acuerdo de paz, el acuerdo fue una trampa, atacaron la ciudad, robaron el cristal, el rey resultó herido de gravedad y poco más"
"Eso sólo fue la punta del iceberg, sin darnos cuenta no sólo acabamos luchando contra el Imperio por recuperar el cristal, sino por también evitar que una antigua maldición sucumbiera el mundo en la oscuridad"
"Sí, la Plaga de las Estrellas" – Dijo esta – "¿Cierto?" – EL rubio asintió
"El mundo entero se enteró rápidamente de lo que estábamos haciendo" – Dijo Prompto.
"No todos los días se ve a los dioses descender del cielo" – Añadió Lena.
"Y creo que eso sólo empeoro las cosas, era bonito contar con el apoyo de las personas, pero también era un lastre, saber que todos tenían sus esperanzas depositadas en ti se convirtió en un peso en los hombros, a lo que se sumaba que todo era una lucha tras lucha sin llegar a tener un respiro" – Prompto hizo una pausa – "Llegué a pensar más de una vez que jamás vería el fin fe todo aquello, que me quedaría en el camino" – Este ahora se rió levemente.
Lena nunca dijo nada, su amigo se estaba desahogando de algo que llevaba carcomiéndolo en lo más profundo de su ser, por lo que mejor era dejar que se liberara de todo aquello.
"Por eso te dije que ya sé cuidarme por mi mismo, aquella aventura nos dejó secuelas a todos, unas más profundas que otras y la verdad ya ni soy capaz de reconocerme a mí mismo"
Prompto sintió una leve presión en su muñeca, suave y cálida, este no se había dado cuenta en qué momento había agachado la cabeza y entonces vio la mano de su amiga alrededor de su muñeca. Aquello se sentía bastante reconfortante, un don que tenía ella, con un solo toque podía transformar todas las penas de una persona en paz y armonía. Este levantó lentamente su rostro para ver una amable sonrisa y unos ojos que le trasmitían fuerza y seguridad. Las palabras nunca habían sido tan innecesarias como en aquel momento, era curioso lo que el contacto humano era capaz de hacer con un alma rota.
Sin pedir permiso, él sabía que no era necesario, cortó la distancia con la chica para poder abrazarla, un contacto más que reconfortante, capaz de alejar cualquier tormenta interna – "No sabes lo que te he extrañado" – Le susurró Prompto mientras se aferraba más a ella.
Lena nunca dijo nada, no creía que fuese necesario, simplemente se limitó a corresponderle el abrazo, de hacerle sentí que ella estaba ahí para él.
"Ya va siendo hora de que me vaya" – Dijo este mientras se separaba de ella para levantarse y luego ayudarla a ella.
"¿Seguro? Te puedes quedar a dormir si quieres"
"No tranquila, además mañana me espera un día muy importante…" – De repente su amigo se quedó completamente mudo, estaba pensando algo, algo que Lena presintió que no iba a ser nada bueno – "¡Ya sé!" – Grito este, sobresaltando a Lena.
"¿Qué sabes?"
"Mañana se va a celebrar en la ciudadela una fiesta como conmemoración de todo esto, vente, como mi acompañante" – Dijo este emocionado.
Sin embargo, en aquel lugar, él era el único emocionado ya que por el contrario a Lena le invadió una sensación de pánico al instante ante lo propuesto, no quería hacerlo, por supuesto que no. Después de lo mal que acabo todo no quería poner un pie en aquel lugar y mucho menos tener que verlo a él, en especial a él.
"No" – Sentenció esta fría, al instante la cara de su amigo cambio, no se lo esperaba.
"¡Qué! ¿Por qué?"
"Me faltarían dedos para poder enumerarte todas las razones por las que es una mala idea"
"Oh vamos Lena, no seas así"
"No Prompto, no quiero ir, no me sentiría especialmente cómoda ahí… hay demasiadas cosas que aún no han cicatrizado" – Dijo esta, lo último más bajo.
"Pero todos se alegran de verte, en especial…" – Pero no pudo continuar dado la mirada mortal que le dio esta.
"Está bien lo pillo" – Dijo este levantando las manos en señal de rendición – "Pero me gustaría que lo hicieses por mí"
Cuando dijo aquello, la morena no pudo evitar revolverse, Prompto estaba jugando sucio y lo sabía, estaba recurriendo al factor emocional y cuando recurría eso ella llevaba las de perder – "Esta vez no amigo" – Pensó ella mientras se colocaba en su posición mejor, imponente, él no la iba a doblegar.
"No" – Volvió a repetir, pero entonces su amigo se sacó otro as de la manga, nada más y nada menos que aquella mirada de cordero degollado. Eso sí que fue un golpe bajo, Lena intentaba mantener el contacto visual, pero le era imposible.
Finalmente, esta acabó suspirando – "Joder, está bien, tú ganas" – Le dijo esta.
"¡Sí!" – Grito este emocionado.
"Pero tengo mis condiciones" – Dijo esta – "Lo hago sólo y únicamente por ti, lo que significa que primero no estoy obligada a charlar con los demás invitados y segundo, y más importante, no quiero ver ni de coña a la familia real ¿Me has oído?"
"Sí señora, aunque lo segundo va a ser algo complicado dado que vamos a su casa"
"Pues apáñatelas" – Le dijo esta – "Ahora enserio Prompto, esto lo estoy haciendo por ti, eres mi amigo y te aprecio, pero vamos a ser claros; no tengo el jigglypuff como para que me lo estén tocando"
Prompto no pudo evitar reírse de la metáfora preferida de su amiga, hacía tiempo que no la escuchaba - "Déjalo todo en mis manos, yo me encargaré de que así sea"
"Genial, ahora largo" -Dijo mientras le daba la vuelta y comenzaba a empujarlo hasta la entrada.
"Gracias Lena" – Dijo este mientras abría la puerta de la entrada.
"Sabías que iba a cavar cediendo ¿Cierto?"
El rubio sonrió con complicidad – "Soy muy bueno convencido a la gente, así aprobé matemáticas en la secundaria"
"Lo hiciste porque me disté pena y acabé ayudándote" – Rectifico esta mientras se cruzaba de brazos.
"Si quieres quedarte con esa versión de la historia" – Dijo este divertido.
"Largo" – Repitió esta.
"Buenas noches Lena, nos vemos mañana"
"Buenas noches Prompto" – Dijo esta antes de que la puerta se cerrara.
Una vez que esta se había quedado sola no pudo evitar suspirar – "Joder en menudo berenjenal me he metido… y yo que quería pasar inadvertida"
Al día siguiente, Lena despertó con la sensación de que todo había sido un sueño, muy a su pesar aquello nunca fue real, esta se había reencontrado con uno de sus mejores amigos lo cual agradecía, sin embargo, la sonrisa se le desdibujaba cuando recordaba que esta noche tendría que asistir al único sitio de todo el planeta que jamás quería volver a pisar. Pero sabía que era por una buena causa, por lo que simplemente se lo tomaría con filosofía.
"Y comprado" – Dijo esta mientras terminaba de teclear unas cosas en su laptop, había comprado un billete de autobús con destino a Altissia – "Sólo es un día más, mañana estaré de vuelta en casa" – Dijo mientras cerraba el dispositivo y lo dejaba a un lado.
Seguido a esto esta se levantó del sofá y camino hacía su maleta, donde comenzó a rebuscar entre toda la ropa que tenía – "Joder" – No pudo evitar decir esta – "No tengo nada que ponerme… nada lo suficientemente elegante para esta noche" – Dijo mientras la cerraba.
Lena miró el reloj de su muñeca, todavía le quedaban cinco horas antes de que Prompto la viniese a recoger – "Fantástico" – Dijo mientras corría hasta la entrada de su casa para ponerse los zapatos, no tenía tiempo que perder, debía ir al centro, buscar un vestido, regresar a su casa y prepararse para cuando el rubio viniese a por ella. Desde luego que iba a ser una carrera contrarreloj.
Esta salió rápidamente de su casa y corrió todo lo que sus pies dieron hasta la boca de metro más cercana, una vez ahí esta compró un billete para pasar el control e ir escalares abajo; para su suerte el metro estaba justo llegando para cuando ella había llegado a la parada por lo que fue cuestión de minutos que estuviese de camino hacia el centro de la ciudad, esta miro el reloj otra vez, había perdido un total de quince minutos en llegar y el trayecto duraría media hora; iba bien, pero no se podía dormir en los laureles.
Una vez que llego a su destino, esta fue momentáneamente cegada al salir de la boca del metro y a pesar de que había estado ayer por la zona, todavía le costaba adaptarse al bullicio de la ciudad. Ya en plena calle esta comenzó a caminar de un lado a otro en busca de posibles tiendas, sin embargo, sabía que cualquier tienda no valdría para un evento como tal; por lo que, para su desgracia, y a medida que pasaba el tiempo, esta se veía más en la obligación de recurrir a algunas de esas boutiques de alta costura.
"Al final la gracia me va a salir cara" – Pensó esta mientras ponía rumbo a la calle principal, donde encontraría no una sino cientos de tiendas de la más alta costura.
Finalmente había llegado a su destino y tampoco se desvivió mucho por elegir una posible tienda, la elección fue tan fácil como entrar en la primera que tenía la vidriera más bonita a su parecer. Una vez dentro esta fue golpeada por un poderoso perfume que bañaba todo el lugar, no le parecía desagradable, pero pasado un tiempo podía resultar empalagoso; Lena echo un rápido vistazo al lugar, todo era sumamente lujoso, sofisticado y recatado. Justamente todo lo que no era ella. Esta sin saber muy bien por dónde empezar comenzó a deambular por el lugar en busca de aquel posible vestido, sin embargo, ninguno le llamaba la atención, todos eran demasiado excesivos para su gusto.
Por lo que al ver que estaba perdiendo el tiempo estaba a punto de irse hasta que sintió como alguien le tocaba el hombro.
"La puedo ayudar" – Le dijo una de las tantas dependientas.
"Pues la verdad es que sí, me han invitado a un evento bastante importante y estaba buscando un vestido que se ajustara a dicho evento" – Dijo omitiendo en cualquier momento mencionar a la familia real.
"No me digas que estás invitada a la gala de esta noche en el castillo real" – Dijo la dependienta mientras se le iluminaban los ojos.
"¿Cómo lo ha deducido? Ni lo he mencionado"
"Cariño es de lo único que se habla, y no es un evento, es 'el evento'" – Recalco esta – "Lo cual es un gran privilegio"
"Si claro" – Dijo esta – "Al caso, que buscaba algo cómodo y elegante, y que no fuese tan…. Esto" – Acabo diciendo esta mientras señalaba a uno de los tantos escaparates con vestidos
"Entiendo" – Le dijo esta para seguido comenzar a escanearla de arriba abajo muy detenidamente – "Creo que tengo justo lo ideal para ti, te resaltara ese cuerpo que tienes y es bonito sin ser cursi ni sucio sin ser obsceno" – Añadió la dependienta.
"¿Eso debería tranquilizarme?" – Pensó mientras era arrastrada a uno de los tantos probadores, donde la dependienta la dejo para que se desvistiera mientras ella iba a buscar el vestido.
Un rato después, escuchó la voz de la chica y momentáneamente un grito de admiración, por lo visto aquella dependienta se había topado con alguien bastante importante debido a todas las alabanzas que esta decía. Poco después Lena vio como una mano atravesaba la cortina de satén blanco acompañada de una prenda peculiar.
"Aquí tienes cariño, tomate tu tiempo" – Le dijo esta.
"Cómo coño se pone esto" – Dijo Lena cuando ya tuvo el vestido entre sus manos – "Ya entiendo porque dijo que me tomara mi tiempo"
Dicho vestido era de satén negro, el cual consistía en una larga falda que llegaba al suelo con una abertura en medio que dejaba a la vista sus piernas, hasta ahí todo bien, ya que a la altura de la cintura era cuando la cosa se volvía interesante. Ya que dicho vestido de cintura para arriba consistía en dos cintas que partían a la altura de las costillas, que ascendían en diagonal por el torso y se unían en el cuello, estas cintas dejaban a la vista un espacio triangular la cual estaba decorada por finas cadenas de plata que unían de forma trasversal una cinta con la otra. A la altura del cuello también había más cadenas que se arremolinaban alrededor formando una especie de collar. Dicho vestido dejaba descubierto, brazos, hombros y espalda, pero con la diferencia de que la espalda también era decorada con largas cadenas que caían hasta unirse con dichas cintas por la parte de las costillas, haciendo que estas quedasen colgando levemente.
"No está nada mal" – Dijo esta mientras se miraba al espejo y arreglaba un poco el vestido, al principio había tenido sus dudas, pero viéndolo ahora le gustaba como le quedaba.
De pronto esta pudo escuchar risitas provenientes del otro vestidor, era dos chicas, ambas hablaban animadamente.
"Estás fantástica Luna" – Alcanzó a oír – "Gracias Iris" – Escuchó como le respondía la mencionada Luna, pero sin embargo esta no le presto mucha atención, simplemente se centró en acomodarse el pelo, para ver cómo lucía mejor, hasta que de pronto volvió a escuchar a la dependienta.
"¿Qué tal el vestido?"
"Bastante bien, me gusta bastante"
"¡Genial!" – Dijo esta emocionada – "He encontrado un par de tacones que van a juego con el vestido por si te interesa"
"Sí claro, pásamelos" – Dijo Lena. Entonces pudo ver como de la cortina emergían dos manos que sostenían una caja de zapatos - "Gracias" – Dijo mientras la tomaba y se sentaba, una vez abierta esta pudo ver unas bonitos y sencillos tacones de aguja altos de color negro brillantes. La morena rápidamente se los puso, la verdad que le quedaban como anillo al dedo. Le pareció curioso como la dependienta hubiese acertado el número sin nunca haberlo preguntado.
Esta abrió la cortina para salir al pasillo – "¿Qué le parece?" – Dijo esta a la dependienta, sin embargo, la mencionada no le prestó atención alguna ya que estaba muy concentrada mirando al fondo del lugar. Curiosa, Lena dirigió la vista para ver como dos chicas una más joven que ella y otra que como mucho le sacaría dos años observaban emocionadas los vestidos, la morena más que la rubia todo hay que decirlo.
"Te queda muy bien el tuyo Iris, conquistaras muchos corazones hoy" – Dijo la rubia a la morena que era la que respondía a aquel nombre, por alguna extraña razón aquella chica le resultaba conocida a Lena, pero no sabía exactamente de qué.
De pronto la dependienta pareció despertar de su trance y al llevar la vista a nuestra protagonista y verla se le iluminaron los ojos – "¡Guau!" – No pudo evitar decir esta más alto de lo que debía, haciendo que todo el mundo le prestara atención a Lena y esta se sonrojase levemente – "Estás despampanante"
"¿Tú crees?"
"Sin duda alguna, te queda maravilloso"
"Gracias, tenía mis dudas, pero una vez puesto ha sido amor a primera vista" – Dijo mientras daba una ligera vuelta para que la dependienta la viese mejor.
"Estaba hecho para ti"
"Pues me lo llevo todo" – Dijo Lena.
"¡Genial! Cámbiate, te estaré esperando en la caja"
Y mientras la morena se adentraba de nuevo en el vestidor, esta no se percató de que ciertos ojos no le quitaban la vista de encima.
"¿Ocurre algo Iris?" – Preguntó Lunafreya curiosa al ver el extraño comportamiento de la más joven de los Amicitia.
"No nada, simplemente me pareció conocida la chica… no sé, creo que la habré visto en alguna parte" – Dijo – "Pero tampoco le des mucha importancia" – Le dijo para así ambas seguir a lo suyo.
Una vez fuera de la tienda Lena volvió a mirar la hora – "Todavía me queda tiempo para llegar y prepararme tranquilamente" – Dijo mientras comenzaba a caminar tranquilamente hacia la boca de metro – "Lo mejor es que el sablazo ha sido menos de lo que me esperaba" – Pensó feliz.
La noche ya había caído y Lena ya estaba completamente bañada, vestida y maquillada, lista para la gran noche, sin embargo, esta se encontraba caminando a un lado a otro del salón, nerviosa, mientras aguardaba por su acompañante. Estaba hecha un manojo de nervios, la lista mental que se había hecho con los pro y contras de asistir al evento la habían puesto más nerviosa de lo que ya estaba, al ver como los contras eran más que los escasos pro. Necesitaba relajarse o sino en cualquier momento echaría a correr.
"Todavía sigue siendo una buena opción" – Se dijo – "Sin embargo es la menos acertada, sólo conseguiría llamar la atención y el vestido me ha salido una pasta como para rasgarlo en mi tonta escapatoria"
De pronto el timbre sonó, haciendo que pegara un pequeño brinco, esta suspiro – "Me aguarda mi caballero de brillante armadura" – Dijo mientras tomaba su bolso.
Al abrir la puerta lo primero con lo que se topó fue un distraído Prompto, que torpemente se arreglaba su corbata, hasta que sus ojos ascendieron para ver a su amiga, inconscientemente este abrió los ojos ante la sorpresa y se sonrojo levemente, cosa que no pasó desapercibido para Lena.
"¡Guau!... Estás… Impresionante" – Dijo este.
"Gracias" – Dijo esta mientras se acomodaba su larga cabellera castaña a un lado – "Tú tampoco estás nada mal" – Dijo esta mientras juguetonamente pasaba un dedo por el pecho de Prompto, el chico se veía verdaderamente apuesto en su traje azul marino.
En respuesta, Prompto rió nervioso mientras se rascaba la nuca y se sonrojaba levemente.
"¿Vamos?"
"Sí claro" – Le dijo este rápidamente a lo que ella le respondió con una sonrisa.
Lena camino un par de pasos hasta que oyó el 'click' de una cámara y curiosa giró un poco la cabeza y de pronto se escuchó otro 'click'.
"Para la colección" – Dijo Prompto mientras pasaba a un lado de ella y le enseñaba su teléfono móvil, Lena sonrió tiernamente, él seguía siendo el mismo.
Una vez fuera Lena se quedó observando detenidamente el lujoso coche negro aparcado delante de su casa – "Regalo del reino" – Dijo Prompto – "Por mis servicios" – Parecía un niño pequeño en navidad.
"¿Y tú sabes?" – Dijo mientras señalaba al vehículo – "Digo ¿conducir?" - Al instante el chico arrugo la cara – "Lo siento" – Dijo esta divertida mientras se montaba en el asiento del copiloto.
Una vez dentro el chico arrancó el coche y nada más escuchar el motor este sonrió con orgullo a lo que Lena respondió poniendo en blanco los ojos.
"Sabes que no voy a filosofar acerca de la vida ¿Cierto?" – Mencionó Lena a los pocos minutos del trayecto, rompiendo así el silencio.
"¿Cómo?" – Preguntó Prompto con los ojos en la carretera.
"Nada" – Dijo esta mientras se acercaba a la radio para encenderla – "¿Algo en particular?" – Preguntó esta mientras iba de emisora en emisora. Al instante Prompto supo lo que ella quería decir.
"Elige tú"
En poco tiempo Lena dio con una canción pop que le gusto, quizás demasiado comercial para su gusto, pero perfecta para pasar el rato; por lo que sin más subió todo lo que pudo el volumen y se acomodó en su asiento; para así cantarla junto a su amigo a todo pulmón como si la vida les fuese en ello. Haciendo así más divertido y ameno su trayecto a través de las luminosas calles de Insomnia, cantando una canción que era una llamada a la juventud, a disfrutar los momentos porque estos eras efímeros y escasos.
Estos bajaron la música entre risas cuando se aproximaron al perímetro de seguridad de la ciudadela, para seguido a esto Prompto bajo la ventanilla y entrego la invitación al guardia que había apostado ahí. Cuando este comprobó que todo estaba en orden le devolvió la invitación seguido de un 'que disfruten la velada' para acto seguido levantar la barrera y darles paso a la plaza que había en el complejo. Prompto accedió a dicha parte, rodeándola, hasta que finalmente detuvo el coche justo delante de las grandes escalares que llevaban a la entrada del rascacielos.
Por otro lado, Lena nunca aparto su mirada de la ventana polarizada desde que accedieron al complejo, esta mirada con todo detalle el lugar, rememorando así cientos de recuerdos hasta que de pronto vio como alguien le cortaba la visión haciendo que despertara de su pequeño trance, delante de ella se encontraba Prompto que abrió la puerta educadamente y le ofreció su mano para ayudarla a bajar del coche.
Lena la aceptó gratamente y una vez fuera del vehículo, mientras Prompto se acercaba hasta el aparca coches para dejarle las llaves de su bebé, esta observaba en silencio el imponente rascacielos que se cernía a escasos metros de ella. Lena sintió como un escalofrió recorría todo su cuerpo, obligándola a autoabrazarse, había demasiados recuerdos en aquel lugar, algunos muy buenos y otros que era mejor no rememorar. Pero a la vez era imposible olvidarse de ellos, estaba impresos cual cicatrices en su piel.
"Vamos Lain, eres más fuerte que todo esto, tú puedes" – Pensó como una forma de darse ánimos, pero ciertamente el futuro era demasiado incierto una vez que ella cruzara aquella puerta. Lo cual la atemorizaba bastante.
De repente esta sintió un leve contacto en su brazo que la devolvió a la realidad para encontrarse con los preocupados ojos de Prompto – "¿Te encuentras bien?"
"Sí tranquilo" – Le dijo esta – "Sólo es un poco… tú sabes… complicado de manejar" – Dijo mientras se colocaba una parte del cabello detrás de la oreja – "Sí piensas que es por la familia real o él en particular no es así… bueno en parte… lo que pasa es que la última vez que puse un pie en este lugar fue el día en que me entere que mi padre había caído en combate" – Dijo con un tono de voz ciertamente irregular – "Joder… el maquillaje" – Dijo esta mientras se reía nerviosamente y se llevaba una mano a sus ojos, estos se le habían aguado sin darse cuenta. No quería que Prompto la viera así. Pero le era complicado había muchos sentimientos que amenazaban con desbordarse.
"Eh tranquila" – Le dijo él mientras pasaba un brazo alrededor de sus hombros – "No tienes porque hacerlo, podemos irnos si quieres"
"No tranquilo" – Le contestó ella mientras se limpiaba los ojos – "Estoy mejor"
"¿Segura?"
"Sí tranquilo, un simple lapsus" – Le dijo la morena ahora mejor – "Ahora disfrutemos de tu gran noche"
"De acuerdo, pero prométeme que si no puede con ello me avisaras y nos iremos" – Le pidió este.
"No Prompto, ni tienes porqué hacer esto"
"Lena por favor" – Le suplicó.
"Está bien, lo prometo"
"¡Bien!" – Dijo este mucho más alegre, aquello le sacó una sonrisa a la chica – "Mi lady" – Dijo este mientras le ofrecía su brazo a ella haciendo que esta se riese de las formalidades, pero gustosamente lo aceptó, por lo que una vez preparados ambos emprendieron su camino a través de la alfombra roja de terciopelo hacia el interior del lugar.
Por otro lado, en el interior de la ciudadela, ajenos al bullicio del lugar, dos personas disfrutaban tranquilamente de la paz que se respiraba en los solitarios jardines del hogar de la familia real. Por un lado, se encontraba Noctis, en silencio, tirando piedrecillas al pequeño lago que había en el lugar; observando como su reflejo se distorsionaba con las ondas que se generaban; por otro lado, estaba Lunafreya, por detrás del príncipe, también en silencio, observando como el príncipe estaba inmenso en su tarea. Noctis la había traído hasta aquí hace un rato, desconocía el motivo, tampoco le pregunto simplemente se limitó a asentir y acompañarlo hasta aquí. En ningún momento habían intercambiado palabra alguna.
Luna tampoco quería estropear el momento con alguna palabra, ya que era de esas pocas veces en el que las palabras eran algo innecesario, sin embargo, a pesar de que esta adora ver a su amado príncipe muy en su interior sabía que algo no iba bien, que Noctis tenía algo que lo estaba perturbando; por ello quería hablar con él, ayudarle en aquello que lo estaba atormentando. Sin embargo, no sabía cómo.
El oráculo se acercó un poco hasta el príncipe y, entonces, el príncipe se detuvo – "Sabes" – Le dijo – "Tengo que darle las gracias a Nyx, en persona, por protegerte durante todo esto. En especial cuando la ciudad cayó" – Le dijo este aun mirando al lago.
"Y podrás hacerlo hoy, seguro que el señor Nyx se alegra de recibir tus agradecimientos por su servicio" – Le dijo esta con aquella suave y dulce voz que poseía, capaz de apaciguar a la más peligrosa de las fieras, pero a la vez tan fuerte cuando se lo proponía.
"Seguramente" – Le contesto este – "¿Tu hermano también estará? Me gustaría también hablar con él"
"Me temo que no, Ravus quería venir, pero había ciertos asuntos en Tenebrae que debían ser resueltos" – Dijo esta para finalmente posicionarse a su lado.
"¿Eran graves?" – Preguntó el príncipe.
"Nada de lo que preocuparse, ahora que somos un reino libre del yugo de Niflheim, es necesario volver a funcionar como tal después de todo este tiempo" – Dijo esta, sin pasarle por inadvertido el suspiro que emitió el príncipe al oír el nombre del imperio.
"Seguro que sabe apañárselas, es más que digno sucesor del trono de tu madre, será un buen rey" – Dijo Noctis.
"No me cabe duda de ello" – Le contestó ella.
De nuevo el silencio volvió a hacer mella en ellos, y durante un breve tiempo nadie dijo nada, hasta que Luna se propuso decir algo, pero de pronto esta sintió como el príncipe tomaba su mano para entrelazar sus dedos con los de ella. Aquello la hizo sonrojarse levemente y agradeció de que él todavía siguiese con la vista inmersa en el lago.
"No me puedo creer que todo esto por fin ya haya acabado" – Le dijo este – "Sin embargo soy incapaz de sentirlo, lo único que pienso es que todo no ha hecho más que empezar" – Le confesó.
"Las heridas de la guerra a un son frescas mi príncipe, todos vosotros pasasteis por cosas que nadie en su vida debería pasar, fuisteis llevados hasta vuestros límites" – Dijo el oráculo – "Sin embargo fuisteis capaces de volver, victoriosos"
"Lo sé, simplemente es que ahora me siento como si estuviese flotando en una nube después de lo que he pasado y me cuesta a hacerme a la idea"
"Date tiempo, ya verás como por arte de magia todo vuelve a la normalidad, el tiempo es capaz de curarlo todo"
Noctis no pudo evitar suspirar de nuevo, quería confiar en que las palabras de Luna eran ciertas, sin embargo, no sabía cómo de eficaz sería el tiempo con su caso.
"Gracias" – Dijo Noctis – "Por estar ahí todo este tiempo, no sé qué habría hecho sin tu compañía, gracias Luna por estar ahí cuando más te necesitaba" – La chica no pudo evitar sonrojarse más, Noctis nunca había sido alguien que se abriera de aquella manera a las personas, por lo que su confesión la pillo por sorpresa. Para cuando recobró el sentido se dio cuenta de que el príncipe estaba ahora delante de ella, con una mano posada suavemente en su mejilla y este tenía una casta sonrisa, por otro lado, la chica no pudo evitar perderse en aquella inmensidad azul que eran los ojos del príncipe, tan llenos de bondad, pero a la vez de sufrimiento – "Cuando estoy contigo siento que mi mundo cobra sentido"
Aquello fue lo último que dijo el príncipe antes de posar suavemente sus labios sobre los de su amada, en un suave y delicado beso que transmitía todo el amor que estos sentían mutuamente por el otro durante todo este tiempo, un beso que los unía finalmente como la pareja que eran, donde los únicos testigos de todo aquello fueron los cientos de brillantes ojos que había sobre aquel cielo nocturno.
Una vez que se separaron estos quedaron pegados por las frentes, viéndose fijamente, ninguno quería apartar el contacto, Noctis acariciaba delicadamente la mirada de su amada – "Creo que deberíamos regresar, antes de que todo el mundo empiece a preguntar" – Dijo este. Luna asintió. Ambos rieron con complicidad, antes de emprender su camino de regreso.
El bullicio en aquel lugar era increíble, tantas personas procedentes de diferentes partes reunidas bajo mismo techo sólo para celebrar una única cosa, la paz. Hacía un rato que había llegado y para la suerte de Lena no había tantas caras conocidas como pensaba, y todas ellas estaban en un solo punto, junto al rey; lo cual era buena señal. Desde que había llegado, Prompto no se separó en ningún momento de ella, habían pasado todo el rato hablando tranquilamente y de vez en cuando esta le contaba alguna historia de su infancia acerca de cuando vivió en el castillo. Pero siempre alejados del centro de la sala, del bullicio.
Para sorpresa de la castaña, lo estaba pasando mejor de lo que había creído incluso se sentía más cómoda de lo que hubiese llegado a pensar, y todo gracias al rubio, sin embargo, esta tampoco podía evitar sentirse mal. Debido a que esta era la noche de Prompto y este la estaba malgastando con ella en vez de estar junto a sus amigos en este gran momento, para Lena no pasaron inadvertidas las miradas que este daba hacia donde estaban estos.
"Hey, ¿por qué no vas con ellos?" – Le preguntó mientras señalaba al centro del lugar.
"No te preocupes por mí, estoy bien" – Le contestó este.
"Prompto, esta es tu noche, junto a ellos" – Dijo mientras señalaba al grupo – "No junto a mí"
"Prometí que estaría contigo"
"Lo sé y lo agradezco, pero es más importante que disfrutes de este día" – Le dijo mientras se acercaba para arreglarle el nudo de la corbata – "Así que, si de verdad me quieres hacer feliz, ve con ellos"
"¿Segura?" – Preguntó el rubio un tanto no convencido. Esta asintió sin duda alguna – "¿Pero y qué harás tú?"
"No te preocupes por mí, ya me las apañaré" – Este la miró no muy convencido, pero esta insistió para que él fuese junto a ellos.
"Te prometo que será rápido" – Dijo él y esta se rio.
"Vamos, te están esperando"
"Gracias Lena" – Dijo ahora con la alegría de un niño pequeño – "Si pasa algo grita" – Le dijo antes de perderse entre la multitud.
Una vez que sola Lena respiro hondo y prosiguió a arreglarse un poco el vestido, no era plan de enseñarle a todos los invitados las tetas, para seguido a esto caminar sin rumbo fijo por la sala, siempre alejada del centro, ya que estar quieta significaba más probabilidades de ser reconocida. En el fondo tenía que reconocer que sin la compañía de Prompto se aburría bastante. Por curiosidad esta buscó al fotógrafo y rápidamente lo encontró, ahora se encontraba riendo mientras hablaba animadamente con sus otros amigos.
Y entonces lo vio a él, riendo junto a Prompto, estaba acompañado para su sorpresa por la chica rubia que había visto en la boutique, siempre había sido puesto, desde que lo conoció con seis años hasta la última vez que o vio en la secundaria; pero sin lugar a dudas la adultez le estaba sentando bastante bien. A pesar de que no lo soportara, se alegraba por él, de que las cosas ya fuesen mejor, después de todo su vida nunca había sido un camino de rosas como la de los príncipes de los cuentos que alguna vez leyó. En un momento dado este volteó la cara hacia donde estaba ella y por un momento Lena se asustó al pensar que la había reconocido, pero para su suerte esto no fue así.
Sin más nada que hacer, Lena decidió recorrer un rato el lugar que una vez fue su hogar en su infancia, por lo que una vez que salió de aquel bullicio tomo uno de los ascensores del lugar y pulso un número cualquiera, quería perderse un rato entre los recuerdos, aunque perderse le sería complicado ya que se conocía bastante bien el lugar. El ascensor abrió sus puertas en una planta al azar y esta salió para comenzar a caminar por un pasillo que una cristalera que daba para la luminosa ciudad, esta se quedó un rato contemplándola, la verdad que Insomnia era hermosa; una vez satisfecha con las vistas esta prosiguió su camino, torciendo hacia otro pasillo que la llevo después de un largo recorrido a una galería llena de estatuas, todas en mármol blanco, aquellas estatuas representaban a todos los reyes de Lucis, todas colocadas en fila; desde la primera dinastía hasta la última. Cerca del final Lena pudo ver la de Regis y a su lado ya estaba el espacio preparado para cuando Noctis algún día ocupara el lugar de su padre. Aquello le hizo recordar todas las veces que él le dijo que no quería ser rey.
"Supongo que algunos no pueden elegir su destino" – Dijo esta mientras observaba el lugar. Aquello hizo que pusiese una mueca.
Después de aquello esta siguió caminando por los diversos lugares de la ciudadela, incontables veces una sonrisa se dibuja en su rostro al recordar todas las memorias que había vivido de pequeña en aquel lugar, sin duda alguna la infancia es algo magistral, ese periodo en el que todo está lleno de luz – "Ojalá supiese en qué momento se torció todo" – Pensó Lena mientras proseguía su camino.
Finalmente, y después de un buen rato caminando, esta decidió tomarse un descanso por lo al saber donde se encontraba decidió acercarse hasta una sala en particular de la ciudadela que desde pequeña siempre le había llamado la atención. Esta llegó a la gran sala donde descansaba la gran pintura de la profecía del Entronado, recordaba de pequeña todas las horas que pasaba observándola, intentado entender lo que quería decir.
"Fascinante" – Dijo mientras la observaba, ahora que conocía la leyenda que representaba aquella obra, era capaz de entender cada uno de los elementos que componían aquella pieza de arte.
"Increíble ¿no?" – Dijo alguien a sus espaldas y al darse la vuelta encontró a un joven de no más de veinticuatro años, de piel caucásica, ojos negros como la noche, este portaba un sencillo pantalón negro, con mocasines a juego, y una camisa blanca desbotonada a la altura del pecho. Su cabello era castaño oscuro, le llegaba a la altura de los hombros y lo portaba suelto. Era un desconocido bastante apuesto.
"Sí" – Se limitó a decir Lena.
"Toda una obra del arte antiguo capaz de plasmar a la perfección la historia del mundo antiguo" – Dijo mientras se posicionaba a su lado para observarla también.
"Es bastante impresionante, cierto, pero no me llega a quitar el aliento"
"¿De veras?" – Pregunto curioso el joven.
"Mi trabajo me ha permitido ver cientos de cosas que superan con creces a la pintura, templos construidos en la pared de un acantilado, ciudades perdidas en el interior de un glaciar, monumentos hundidos en lo más profundo del océano y de más cosas" – Le contestó esta.
"Eso desde luego sí que debe dejarte sin aliento"
"Lo hace" – Dijo esta.
"¿Expedicionista? Supongo" – Preguntó el desconocido.
"Arqueóloga" – Rectifico esta.
"Ya veo" – Dijo él – "Y dígame…"
"Lena" – Dijo ella – "Lena Lain"
"Nathan Sirus" – Se presentó este – "Y dígame señorita Lain, cuál es la razón de que esta obra no genere esa sensación en usted, como es posible ver que desde los cielos el oráculo alado de su luminosa bendición al verdadero rey de luz que, acompañado por sus tres compañeros, por medio esta hace que las hordas de demonios retrocedan hasta las tinieblas al ser enfrentados por siete espadas; mientras los antiguos reyes de Lucis y los sidéreos observan tal hazaña" – Dijo este recitando más o menos el significado de la obra – "No te deje sin aliento"
"Tú mismo me has dicho la razón" – Le dijo esta mientras lo miraba de lado sonriente – "Me has dado la explicación de la obra, eso sí es interesante, pero lo que de verdad me deja sin aliento cuando descubro lo que te he dicho es el misterio que envuelve a dichos lugares. El no saber, eso es lo que me impresiona más, por qué aquellos sitios quedaron abandonados o destruidos es lo que de verdad me quita el aliento"
Aquella respuesta pareció satisfacer a Nathan dada la sonrisa que le devolvió a Lena a cambio de su respuesta – "Entonces esto para ti no debe ser gran cosa" – Dijo haciendo mención a la pintura.
"En realidad no es del todo correcto, sí que hay algo que desconozco y sí me intriga, y es el hecho de que no aparezca uno de los seis sidéreos, Ifrit, el dios del fuego"
"Fácil…"
"Ya sé la razón de por qué no aparezca en la pintura, traicionó a los suyos y la humanidad, desencadeno una guerra y una plaga que se cobró la vida de miles de millones, provocó la Plaga de las Estrellas, entre otras cosas" – Esta pudo ver como él, momentáneamente, arrugaba el rostro ante lo que había dicho – "Sin embargo, yo quiero ir más allá, quiero saber la razón de todo, por qué él hizo lo que hizo ¿Tendría una buena razón no crees?" – Le dijo mientras lo miraba a él, este le respondió encogiéndose de hombros.
"Ves, ahí quiero llegar yo, quiero saber qué fue lo que lo hizo hacer lo que hizo" – Dijo Lena ahora mirando a la pintura.
De pronto, a lo lejos, se escuchó cierto sonido de trompetas.
"¿Qué es eso?" – Preguntó ella.
"El rey va a dar un discurso de agradecimiento a los cuatro salvadores" – Dijo Nathan indiferente.
"¡Joder!" – Dijo Lena para rápidamente sonrojarse – "Perdón se me escapó" – Sus mejillas se coloraron más ante la risa del joven – "Me tengo que ir, uno de ellos es amigo mío"
"¿El príncipe?" – Preguntó este.
"No, yo no tengo nada que ver con él" – Dijo algo sería – "El rubio" – Nathan asintió.
"Lena Lain ha sido un placer charlar contigo" – Dijo este mientras le daba la mano para estrechársela.
"Lo mismo digo Nathan Sirius" – Dijo ella para luego corresponderle, Lena sintió que el toqué de él, era ciertamente cálido, casi relajante.
Sin embargo, aquel contacto no duro mucho ya que una rápida corriente eléctrica producto de aquel toque los obligo a separase, ambos se quedaron sorprendidos más de aquello, más Nathan que Lena.
"Adiós" – Dijo esta para rápidamente echar a correr hacia la gala, dejando sólo al misterioso desconocido que le resultaba ciertamente misterioso debido al aura que le rodeaba. Sin embargo, tampoco hizo mucho cabeza en ello, dudaba de volver a verlo. O eso creía ella.
Por otro lado, Nathan se quedó observándola hasta que finalmente desapareció por uno de los corredores, para una vez que estaba solo, mirar a la pintura de la profecía y luego volver a dirigir sus ojos hacia donde minutos antes había marchado la morena. Una sonrisa se dibujó en su rostro, una maliciosa.
Lena consiguió llegar a tiempo de que el Regis comenzara a pronunciar su discurso en el que retomaba a los tiempos de guerra, en los que todo llego a pender de un hilo, para pasar por aquel fallido acuerdo de paz que desencadeno un ataque que se cobró la vida de cientos de personas y dejo fuertemente golpeada la ciudad. Hasta el viaje de su hijo con sus amigos en el cual consiguieron derrotar a aquel enemigo que casi parecía indestructible, en esta parte este se tomó su tiempo no sólo para felicitarlos sino para darles las gracias a todos y cada uno de ellos. Este dijo que se habían convertido en algo más que simples héroes, ya que estos partieron como compañeros, amigos, para finalmente convertirse en hermanos, mediante lazos que habían sido forjados no sólo en fervor de la guerra, sino también en la confianza, lealtad, amor y amistad. Para una vez así, concluir con una vista hacia el futuro en el que este decía que no sólo era capaz de ver y sentir unos tiempos de paz perpetua para todo ser viviente, en el que esperaba que no sólo sus nietos sino los nietos de estos al igual que el resto de la humanidad pudiesen disfrutar.
El discurso concluyo con un apabullante aplauso a su majestad por parte de todos los invitados, que expresaban alegres y emocionados su acuerdo con las palabras pronunciadas por el rey de Lucis. Después de aquello la ceremonia finalmente había acabado, por lo que poco a poco los invitados se fueron marchando poco a poco.
Una vez que pronto se despidió de sus hermanos, este comenzó a buscar por toda la multitud a su acompañante hasta que finalmente lo hizo, esta se acercaba a él para rápidamente abrazarlo cuando lo tuvo a escasos centímetros, era un abrazo cargado de sentimientos, que casi se podía comprar al éxtasis desde la perspectiva del rubio – "Estoy muy orgullosa de ti" – Le dijo ella en un susurro al oído.
"Gracias Lena, no sabes lo que significa esto para mí" – Dijo este mientras se aferraba más a ella.
Una vez que se separaron ambos vieron como cada vez más y más invitados se iban retirando, hasta ya casi quedar unos pocos todavía en el salón. Incluidos ellos. – "Deberíamos irnos ya, no vaya a ser que nos vean" – Le dijo él.
"Claro" – Le contestó esta mientras marchaban lejos del lugar.
"Y dime ¿dónde te metiste? Hubo un momento en el que te perdí de vista" – Le dijo Prompto una vez que la puerta del ascensor se abrió y ambos accedieron a la recepción.
"No gran cosa, simplemente me dediqué a recorrer el castillo" – Le dijo esta – "Dado que todo el mundo iba a estar en la celebración me pareció una buena oportunidad para pasear sin peligro a ser vista"
"¿Y qué tal?"
"Pues la verdad bastante bien, me gustó pasear por el lugar, me vinieron un montón de buenos recuerdos"
"Me alegro"
"¿Y tú qué tal? Caballero del reino" – Dijo esta divertida mientras tocaba la pequeña placa que portaba el rubio haciendo así visible el título que este poseía desde hace unos minutos cuando el rey en su discurso de agradecimiento lo nombró a Prompto y al resto, caballeros del reino.
"Pues la verdad tampoco es gran cosa" - Dijo – "Soy caballero del reino, sin embargo, me sigo sintiendo el mismo de siempre, nada ha cambiado. Sólo que ahora tengo un título"
"Eso es bueno, significa que no se te ha subido a la cabeza" - En respuesta, el rubio se rió mientras ella le sonreía.
"¡Vaya!" – Dijo este cuando salieron – "Si que hace frio"
"La verdad que sí" – Le dijo esta mientras se frotaba los hombros debido al repentino cambio de temperatura.
"¿Quieres mi chaqueta?" – Le ofreció este.
"No tranquilo" – Le dijo ella mientras comenzaban a bajar las escaleras en dirección al coche entre comentarios y risas acerca de la fiesta.
De lo que ambos no se dieron cuenta, una vez que llegaron a bajo, es que arriba, en la entrada, el rey estaba despidiendo a los últimos invitados que quedaban para luego ver como estos y algún que otro más marchaban por las escaleras, y entonces a lo lejos algo llamó su atención. Y era el hecho de ver al mejor amigo de su hijo, y que este no se encontraba solo, sino acompañado por una chica que estaba de espaldas a él, el rey tuvo cierta curiosidad ya que la misteriosa acompañante le resultaba ciertamente familiar; sin embargo, sus dudas no tardaron mucho en ser resueltas. Ya que esta se hizo a un lado cuando Prompto se dispuso a abrir la puerta del copiloto, y entonces la pudo ver de perfil.
Regis no pudo evitar que una sonrisa se dibujase en su rostro, un sentimiento paternal le invadió al ver la mujer en la que se había convertido aquella niña traviesa que siempre andaba curioseando por toda la ciudadela, intentando comprender todas y cada una de las antigüedades que esta albergaba. Sin duda alguna de saber que ella era la acompañante de amigo de su hijo le hubiese gustado tener un rato para hablar con ella, pero sabía que aquello no sería mutuo y no la culpaba, después de lo que les había pasado a sus padres comprendían aquel sentimiento de rechazo que sentía hacia él y a su hijo.
Sin embargo, este la seguía considerando como una hija, aquello jamás cambiaría.
Este observo atento como la pareja se subía al automóvil y el vehículo partía lejos de su hogar para perderse en la inmensa jungla de asfalto, este observó un poco más antes de darse media vuelta y regresar a sus aposentos, con la idea de que aquel efímero encuentro sólo anunciaba la llegada de muchos otros más con la última de los Lain. Sin duda alguna todos los caminos estaban a punto de coincidir de nuevo.
Al día siguiente, Prompto despertó sobre saltado debido al estridente sonido de su teléfono, con los ojos legañosos, desorientado, su cuerpo y mente todavía no recuperado del todo del éxtasis que había sido aquella gran noche; este comenzó a tantear el lugar hasta alcanzar el Smartphone que reposaba en su mesilla de noche. Rápidamente abrió los ojos y deslizo el dedo en la pantalla para contestar.
"Diga" – Dijo este con la voz algo ronca.
"¿Prompto Argentum?" – Dijo un hombre con una voz bastante grave.
"Sí, el mismo"
"Soy el mariscal Cor"
"¡Ay dios!" – Dijo este de improvisto al saber que se estaba dirigiendo a alguien de alto nivel, rápidamente se acomodó en su cama – "Dígame, en qué puedo ayudarle"
"Es necesario que vengas de inmediato a la ciudadela, como caballero del reino es obligatoria tu presencia para tratar ciertos asuntos de primer orden"
"¿Asuntos? ¿Cuáles?"
"No te puedo decir más, ven de inmediato"
"De acuerdo ahí estaré" – Pero el mariscal ya había colgado para el momento en que el rubio le contestó.
Rápidamente el rubio se levantó de su cama para comenzar a prepararse como un rayo y en cuestión de minutos estar dentro de su coche con rumbo a la ciudadela, en poco más de media hora, la seguridad vial siempre era lo primero, este ya se encontraba en el complejo y era llevado por unos glaives a la sala donde lo esperaban. Cuando las puertas se abrieron, este topo de frente con varios pares de ojos, todo el consejo estaba reunido junto al rey, este pudo ver a sus tres amigos también; lo cual era positivo, pero no suficiente como para no evitar agachar la cabeza ante todas aquellas imponentes presencias mientras caminaba hasta su asiento. Que para su desgracia no estaba al nado de ningún conocido.
"Muy bien dado que ya estamos todos reunidos, Cor puedes informar" – Dijo el rey, entonces Prompto pudo ver como el mariscal se levantaba de su asiento y daba una rápida mirada a todos los presentes.
"Hace poco hemos recibido noticias de nuestros espías, estos nos han informado que el imperio ha vuelto a las andadas" – Dijo este mientras las caras de todos los presentes, a excepción del rey, emitían sorpresa – "La información es escasa, por lo visto no quieren que se sepa nada acerca de su nuevo plan, sin embargo, si miráis en vuestra carpeta"
Entonces Prompto se fijó que, en la mesa, delante de él había una carpeta la cual abrió curioso para encontrase unas imágenes, bastante malas todo había que decirlo, en las que se podía apreciar una especie de cueva con varios solados del imperio delante de una inmensa pared en la que había cientos de inscripciones en una antigua lengua, pero debido al paso del tiempo las runas estaban en muy mal estado.
"¿Qué es?" – Preguntó el rey.
"Unas excavaciones que están realizando al sur del país, en unas cavernas"
"Las alimañas siempre buscan cobijarse bajo tierra" – Dijo Gladio mientras observaba las fotografías, dado que además de la de la pared, otras habían sido tomada más de cerca, ahora aquellos jeroglíficos se podían apreciar algo más.
"Me temo que lo que ha llevado al imperio a esa zona no es buscar cobijo en aquellas cavernas, como dije la información escasea, pero lo poco que conocemos es que el imperio sabe que hay algo detrás de esa pared, algo bastante importante debido a todo el desplazamiento de tropas que tiene ahí" – Dijo el mariscal.
"Se sabe qué es" – Preguntó el principie serio.
Cor negó con la cabeza – "Sea lo que sea que hay ahí dentro es desconocido para nosotros"
"Tal vez algún tipo de arma del antiguo mundo" – Hipotetizo un miembro de la sala
"Puede ser, pero lo que sí sabemos es que debe ser bastante importante si el imperio esta tan impaciente por abrir la pared"
"¿Y por qué no hacen estallar por los aires la pared? Cuenta con maquinaria más que suficiente para ello" – Volvió a decir Gladio.
"Me temo que, para desgracia de estos, no puede, hemos recibido información de que todo el lugar está protegido por una magia bastante poderosa que no permite a nadie acceder al interior del lugar" – Dijo este – "La respuesta para acceder nos han dicho que está en la pared, en esas escrituras, el problema que es una lengua muerta bastante compleja de la que se tiene poca constancia, y por lo visto la pared está llena de trampas que se activan cuando se interpretan mal"
Después de un breve silencio, la gente empezó a hablar, todos estaban bastantes preocupados con el tema, pero el rubio no les prestaba atención este estaba ahora observando más fijamente las fotografías. Este sabía de alguien que sí podía entender aquello.
A su vez, del otro lado de la mesa, Regis no obvio el rostro de concentración del rubio, Prompto conocía algo que los demás estaban obviando, por lo que simplemente se limitó a levantar una mano haciendo que toda la estancia guardara silencio en el acto. Todo el mundo esperaba a las palabras de su majestad.
"Prompto ¿tienes algo que añadir?" – Dijo el rey tranquilamente.
Cuando el rubio escuchó su nombre, rápidamente salió del trance y al levantar su cabeza se encontró con que todo el mundo lo estaba mirando, aquello hizo que un nudo se formase en su garganta. Todo el mundo estaba esperando una respuesta – "Pu-Pues" – Aquel tartamudeo sólo incremento los nervios que sentía a la vez que hacía que su mejillas se tiñesen de rojo debido a la vergüenza, acababa de quedar en ridículo – "Yo conozco a alguien que puede traducir estas escrituras"
Bueno aquí el primer capítulo de esta historia que comienzo sobre Final Fantasy XV, mi primera historia sobre este universo y la verdad no pudo estar más emocionado por ello. Espero que a los que hayáis decidido gastar una parte de vuestro preciado tiempo y pasaros por aquí para darle una oportunidad; os haya gustado el primer capítulo, tanto como a mí escribirlo. Sí es así, hacedmelo saber con vuestros reviews.
Por otro lado aquí dejo constancia de que esta no soy dueño del universo de FFXV, ya que este pertenece a sus respectivos creadores.
Sin embargo, lo único que es mio es el personaje que he creado para este fanfiction (y los que con el tiempo vaya metiendo). Y desde aquí os informo que la persona que he escogido para que encarne al personaje de Lena Lain es la cantautora estadounidense Joanna Levesque, también conocida como JoJo.
Sin más que decir me despido hasta la próxima y de paso os informo que tardare (dado que no sólo estoy escribiendo esta historia sino que voy a la par con otra), pero que siempre publicaré y jamás dejare esta historia en el olvido. Por lo que muchas gracias de nuevo a todos aquellos que se pasen por aquí y bienvenidos seáis, de paso, a todos aquellos que me acompañen en este nuevo viaje.
and122.
