CANCER
A SASUHINA FANFICTION
N/A: Lamento mucho el haber puesto este fanfic en pausa pero era necesario. Me encuentro bastante cómoda últimamente y he decidido darle un nuevo soplo de vida. Muchas gracias por su apoyo siempre manifestado en lecturas silenciosas, reviews, followings y mensajes. Es mucho muy bien recibido. Estoy inspirada y de buen humor porque mi autora favorita ha continuado, después de un par de meses, el mejor fanfic que he leído en toda mi vida. Y si ella no nos decepciona a sus seguidores, tampoco quiero decepcionar a los que siguen esta historia. ¡Gracias totales!
-Persephone.
Capítulo 14. Nuestro ll
Convencer a Neji Hyuuga de manejar unos buenos 45 minutos hacia la cabaña privada de los Hyuuga en Bosque Konoha solamente para que Hinata y Sasuke pudieran tener una especie de luna de miel secreta, que estaba perfectamente disimulada como una sencilla salida al campo, había sido una misión bastante sencilla. Sólo se necesitó que Hinata mencionara la posibilidad de que TenTen les acompañara en el viaje para que Neji estuviera dispuesto a llevarlos a todos.
El sábado recibió la casa de los Hyuuga con una esplendorosa mañana de sol templado y clima agradablemente frío; y el sonido del ajetreo en el cuarto de Hinata pudo ser escuchado desde muy temprano por la mañana; la chica corría poniendo telas y cosas cálidas en una mochila color mostaza y a la vez se ocupaba de su arreglo personal. Siendo apenas las 6:00AM la hora de partida se veía tan lejana como el horizonte, pero Hinata estaba tan deseosa de alejarse de la ciudad, de todos los que conocían y veían su relación con lástima, que su cuerpo no pudo concebir estar un minuto más en la cama.
Miró con ilusión su teléfono celular, como una conexión a Sasuke. Suspiró contenta; el día de hoy iniciaba su pequeña luna de miel y estaba dispuesta a disfrutarlo a la máxima capacidad.
Aquel día Sasuke podía sentir cada hueso de su piel ardiendo y terriblemente pesado con agua al mismo tiempo; el tener cáncer le daba una manera de describir las cosas que no todo mundo tenía; era capaz de reconocer puntualmente ardor, dolor, pesadez, frio o calor y describirlo con palabras que ningún ser humano ha usado antes. Había creado un idioma propio consigo mismo.
Había despertado antes que el sol, y todas las sensaciones que invadían su cuerpo habían sido más que suficientes para llamar al hospital y avisarles que se sentía morir; pero en el otro lado de la cuerda floja estaba Hinata y la escapada al campo, la luna de miel. Esperaba que todo mejorara en cuanto tomara sus medicinas del día, o al menos las primeras cinco. Quería hacer esta salida al campo una especial, para en el momento en que faltara, Hinata podría tener al menos este recuerdo intacto, puro, sin ser tocado por todos los hospitales y el vomito y los químicos. Quería darle este obsequio, y rayaría sus dientes contra el asfalto para lograrlo.
El chico fue capaz de levantarse sin ayuda de nadie y deambular la casa con las pisadas silenciosas de un fantasma, de una persona quien no había recuperado el peso que había perdido debido a una enfermedad tan devastadora. Y antes de que el sol tocara la casa, se encontró a sí mismo en la escalera, raspando sus sandalias contra el piso de madera y acariciando la pared porosa con la yema de los dedos solo para recordarse a sí mismo que era capaz de tener otras sensaciones que no fuesen dolor o incomodidad.
Fugaku Uchiha se encontraba en la pequeña mesa de la cocina cuando dio la vuelta para entrar. Sus pasos se detuvieron involuntariamente y el aliento se le enfrascó en la garganta, como si fuese un ladrón; y es que era tan extraño el verlo en pijama, el verlo en casa tan temprano y simplemente leyendo el periódico y tomando lo que imaginaba que era café.
Sasuke parpadeó un par de veces, tomando aire y entrando a la habitación; si Fugaku se dio cuenta o no de esto, no lo demostró.
-Buen día…- Sasuke estaba, sin embargo, decidido a hacerse notar. El patriarca de la casa Uchiha volteó lentamente hacía la dirección de su hijo menor y fue ahí cuando Sasuke pudo darse cuenta de lo realmente viejo que su padre era. El rostro duro y varonil se veía suave y avejentado, con profundas ojeras que descansaban como sombreros de sus mejillas.
Fugaku aparentaba simplemente la edad que tenía y todos los años de arduo trabajo por fin se veían reflejado en su rostro que comenzaba a demacrarse.
-Sasuke… - dijo con una voz apacible, como sonaría una canción de cuna cantada por un experto en jazz. - ¿Qué haces despierto tan temprano?
-Los Hyuuga me han invitado a pasar el fin de semana en su casa de campo. – Inició Sasuke, ignorando el temblor de su voz y de sus rodillas, sentándose rápidamente frente a su padre en la mesa del desayuno, viendo flotar alrededor de ellos partículas de polvo dorado que hacían todo esto más celestial y al mismo tiempo, más irreal. - ¿Mamá no te comentó? Dijo que estaba bien…
-Claro que lo hizo…- mintió el patriarca, doblando el periódico en la mesa frente a él. Si Mikoto lo había hecho, realmente no lo recordaba. – Presumo que habrás consultado con tus doctores antes de salir al campo.
Sasuke tenía ganas de interrumpirlo, realmente quería hacerlo, pero nunca se atrevería. Asintió y mintió.
-Ya veo…- Fugaku tomó aire y miró la taza de café humeante frente a él. – Si tu madre y el médico han dado su aprobación, no pinto nada ahí…
La interacción entre ambos era incómoda y bastante áspera, aún y cuando nunca había sido así en tiempos pasados y más felices. El chico casi se sentía culpable de haber desarrollado cáncer y haber estropeado tantas cosas para su familia; economía, horarios, sentimientos hacía él; el observar a Fugaku era simplemente un recordatorio de cómo había estropeado la dinámica familiar de un hijo y un padre que no sabía cómo comportarse a su alrededor.
Aún así se sentó a su lado, recargando la cabeza que estaba a punto de explotar en la mesa mientras el mayor de los Uchiha continuaba leyendo, suspirando levemente. Sasuke lo observaba, sus manos experimentadas, con arrugas y lastimaduras de un pasado que no conoció y del cual no sabía la historia, historias que no se atrevía a preguntar. Se mantuvo así, observando la parte trasera del periódico y observando a su padre detrás de él con una imaginación de niño pequeño.
No contó los minutos, ni los segundos, ni siquiera le importó estar ahí en el más incómodo de los silencios, pero cuando la incomodidad comenzaba a aplastar su pecho, su padre bajó el periódico y sorbió el café, mirándolo con un par de ojos reformados.
-Solías hacer eso cuando eras pequeño…- la taza bajó lentamente hasta estar pegada a la mesa. Sasuke elevó una ceja, enderezándose en el asiento. – Venías corriendo a la cocina y acostabas tu cabeza en la mesa para tratar de leer el periódico conmigo…tendrías unos…4 o 5 años…
-No sabía leer…- recordó Sasuke, sonriendo con un poco de pena. Fugaku asintió, de manera solemne pero con un brillo de ternura en su mirada.
-No sabías leer…- le concedió. – Parece que sólo querías estar con tu padre… Después de eso Itachi venía por ti para cambiarte e ir al colegio. El chico es terriblemente protector cuando se trata de ti…
Sasuke sonrió con ironía. Aún y cuando su padre y el compartían palabras después de meses de sólo pequeñas interacciones, Itachi siempre salía a la luz. Aún y cuando no sabía la verdadera razón por la que su padre y su hermano mayor no habían limado asperezas, algo le decía que tenía que ver con él; con eso o con el deseo de Itachi de no heredar la firma y vivir en América.
-Se preocupa demasiado…
-Es su naturaleza. Es terriblemente responsable para aspectos que no son de su incumbencia. – Sentenció el mayor de los Uchiha mirando a su hijo menor. El silencio los sorprendió una vez más, mientras Fugaku lo miraba, como juzgándolo, entrecerrando un poco los ojos.
Sasuke tragó saliva, y aquella mirada de hierro no solucionó para nada el malestar general de su mañana, sin embargo, lo que venía a continuación habría solucionado toda ansiedad y tristeza de haberse presentado antes.
-Aún recuerdo cuando tu madre me avisó que estaba embarazada de ti…era Noviembre y lo recuerdo perfectamente porque estaba arreglando la calefacción de casa, que en ese entonces era una chimenea muy vieja y oxidada…- la anécdota la había escuchado un par de veces ya, en lejanas fiestas de cumpleaños, pero siempre contada por Itachi o por su madre, nunca había salido de los delgados labios de Fugaku. Sasuke no se atrevió a parpadear si quiera mientras su padre se abría de tal manera frente a él.
– "Fugaku…" dijo… "Seremos padres otra vez..." – una pequeña sonrisa se filtró de la manera en la que las pequeñas sonrisas traicionan a los más ilustres hombres del mundo, de manera especial. – Levanté la cabeza tan rápido que me quemé la mano…- La mano de Fugaku se elevó para mostrar una mancha de quemadura, muy pálida, imperceptible, que Sasuke pudo haber confundido anteriormente con una marca de nacimiento, y en cierta forma lo era. Una marca de su nacimiento.
-¿En serio? – preguntó Sasuke acercándose para observarla de cerca. Era reconfortante saber que antes de que fuera olvidado, viviría por siempre en una quemadura en la mano derecha de su padre.
-Después de eso, llevé a Itachi por helado y le conté todo. Fuimos al templo los tres para rezar por tu adviento…era Noviembre…- la reiteración hizo que Sasuke soltara el aire comprimido de su garganta que no sabía que tenía. Su padre se había hecho blando con el tiempo, o tal vez con las inclemencias de este, tal vez la situación de tener un hijo enemistado y otro muriendo, o tal vez simplemente era el recuerdo y la mañana, el azúcar del café. –Cuando…vives en una vida como la que tu madre yo hemos vivido y te sumerges tanto en un trabajo como el mío…hay ocasiones en las que no puedes…compenetrar la vida personal y la laboral.
Si Sasuke no lo conociera, pensaría que rompería a llorar.
-¿Padre? – preguntó Sasuke, angustiado.
-Tal vez Itachi tenga razón… - murmuró Fugaku, cuya relación con su discurso anterior representaba una incógnita para su hijo menor. El patriarca de los Uchiha lo miró a los ojos y acercó su mano hacía él, tomándolo cariñosamente de cuello, pulgar en su mejilla. Sasuke sintió que rejuveneció años en un par de segundos, y que realmente era el niño de cuatro o cinco años que no sabía leer pero que solamente quería estar con su padre; se convirtió en un par de ojos negros, gigantes que adoraban a su padre, que lo veían como una especie de Dios, que sabía que nada malo sucedería si estaba a su lado.
Sasuke no entendía nada, solamente sabía que por el resto de su vida, lo mucho o poco que le restara, recordaría este momento, estas palabras.
- Por ustedes dos y por tu madre, aunque no lo vean…
-Padre…- se sentía un crío indefenso y tartamudo, incapaz de formular cualquier otra palabra que no fue el honorifico aquel. Fugaku lo silenció con una sola mira de piedra antes de levantarse de la mesa y acariciar nuevamente la cabeza desprovista de pelo de Sasuke.
-Alista tus cosas. No deberías llegar tarde…
Y así como así, arrastrando un poco los pies salió de la vista del menor de la casa. Sasuke volteó a ver la taza de café que ya no humeaba.
Se había enfriado.
TenTen tenía una manía que ponía a Hinata de nervios, y la chica lo sabía, debido a que eran amigas de varios años ya.
Mascar chicle.
TenTen lo mascaba en graduaciones, en torneos de voleibol, lo mascaba en funerarias y hospitales y en cualquier momento en el que se pudiese prestar la ocasión, y aunque Hinata trataba de ignorarlo, como exitosamente lo había estado haciendo durante los últimos 12 o 13 años, la mezcla de ansiedad y entusiasmo por su luna de miel secreta habían logrado que la Hyuuga se hundiera en el asiento trasero del auto de Neji y cruzara los brazos hacia su amiga, quien iba de copiloto en el viaje.
Eran pasadas las 9:00 AM y se dirigían a casa de Sasuke a recogerlo, y de ahí un camino de 45 minutos hacía la cabaña familiar perdida en el bosque. Hinata cruzó los brazos, cerrando las solapas de su cardigán blanco sobre su estomago y mirando la ventana. Nada volvería a ser como antes; no después de este día, no después de todos los recuerdos que esperaban a ser creados.
Estaba ansiosa, como se podría imaginar, una fiesta privada había comenzado en su estómago y alcanzaba poco a poco el clímax a medida que se acercaban a la casa Uchiha. La podía ver a final de la calle, magnánima y gigantesca, ancestral, pareciendo que el tiempo pasaría por ella pero no le haría ni el menor daño. Afuera, un pequeño ejército de bien cuidadas plantas eran custodiadas por una señora Uchiha, enfundada en una larga falda gris y un suéter blanco que Hinata reconocía como el suéter que utilizó cuando llegó una tarde lluviosa a casa de Sasuke, justo cuando Itachi la recogió fuera de la cita con sus amigas.
Neji la observó por el retrovisor, su mano blanca y delicada, de alguna manera marcada por el ejercicio y el trabajo que hacia acariciando la delgada mano de TenTen.
-Uchiha-San está afuera… - dijo mientras bajaba la velocidad un par de metros antes de llegar a la casa. Mikoto levantó la mirada y sonrió, saludando enérgicamente con la mano, enfundada en un amarillo guante de jardinería.
Neji sonrió y asintió con la cabeza cortésmente, todo esto mientras liberaba los seguros del automóvil. Adivinó que aunque uno de sus hijos fuera un arrogante prepotente y el otro probablemente hubiese robado la inocencia de su prima, Mikoto era una bella y calmada mujer, y que probablemente era amiga de su madre.
Hinata salió del asiento trasero como disparada por un revolver, tropezando un poco con el asiento mismo. Mikoto sonrió ante el acto volteando hacia la puerta para ver emerger a un Sasuke que se veía levemente sonrojado, como si hubiese corrido un pequeño maratón; bien enfundado en gorro y bufanda combinados, cargando con él una mochila de cuero que identificaba era de Itachi.
La matriarca mordió su labio inferior con un poco de pesar ¿acaso eran sus nervios o Sasuke se veía un poco cansado y más pálido de lo normal? Tal vez no estaba listo para hacer un viaje sólo, sin cuidados externos de una enfermera o al menos de su madre, quien se había desvivido en cursos y extensas lecturas en línea para así poder ser una mejor ayuda durante la enfermedad de Sasuke. Tal vez lo estaba pensando demasiado, tal vez la decoloración era producto del sueño o el frío de la mañana.
Detrás de Sasuke, un Itachi listo para salir a correr le acompañaba. Su cabello estaba colocado en una coleta baja y su atuendo deportivo lo delataba. Mikoto le sonrió, pensando en lo mucho que su aspecto serio de la mañana lo hacía parecer a Fugaku en sus años de juventud.
-Uchiha-San…- murmuró Hinata, una vez que estuvo lo suficientemente cerca de ambos como para que se escuchara. Sasuke pareció volver un poco a la vida cuando la escuchó, sonriéndole debajo de la bufanda. Itachi aclaró su garganta, acomodando el audífono inalámbrico en su oreja, tratando de ser ajeno a toda la escena. La chica sonrió nuevamente, haciendo una pequeña reverencia y poniendo sus manos en su regazo. – Uchiha-San…- repitió esta vez refiriéndose a Itachi.
-Hinata-chan…- saludó de manera tierna Mikoto, quitándose los guantes de jardinería. - ¿Se van ya? ¿Han desayunado?
-Hemos desayunado todos, Uchiha-San. M-Muchas gracias…- dijo Hinata sin poder evitar mirar a Sasuke, quien no le había quitado la mirada de encima, apesadumbrada por un velo de malestar general, un velo que Hinata pudo ignorar tal vez por la ilusión de su luna de miel o por aparentar.
Itachi se posicionó detrás de Mikoto, prestando súbitamente una total atención a las camelias rojas e hinchadas que su madre había estado cultivando desde que tenía memoria. Hubiese querido tener más temple o más madurez emocional como para castigar sus sentimientos, o simplemente hubiese querido haber calculado bien su hora de salida y no tenerse que topar con los Hyuuga y la chica china novia de Neji. Era, sin decir más, una situación incómoda.
-Volveremos pasado mañana, madre…- dijo Sasuke quien se había quitado la bufanda del rostro y constantemente parecía remojar sus labios. – Llevo mi teléfono y todo en orden…
Mikoto asintió acariciando la mejilla de Sasuke y mirando a Hinata. Los adolescentes tenían las manos unidas y las puntas de los dedos rojas. Se sentía tranquilo de que Sasuke pudiese comenzar a experimentar lo que era el amor joven, como ella y Fugaku cuando tenían su edad. Volteó hacía atrás, a un distraído Itachi que parecía que no veía desde hace años.
-¿Llevas la Dexametazona? – preguntó Mikoto cuando observó como Sasuke se disponía a partir. La Dexametazona, junto con otros tres medicamentos, lograba controlar de cierta manera los mareos mañaneros de Sasuke. El menor negó con la cabeza, recordando vagamente haber dejado el pastillero en su mesa de noche.
-Iré por ella… - susurró Sasuke a Hinata mientras una pequeña sonrisa se escapaba. Verla así de emocionada, casi temblando en su lugar hacia que someterse a este tortuoso viaje fuese tolerable. Hinata asintió, escuchando a sus espaldas como Neji y TenTen bajaban del auto, comenzando a subir las maletas del Uchiha.
El cuadro se disolvió. Neji subía un par de maletas al auto mientras que TenTen hablaba con Mikoto cerca de unas rosas de un extraño color amarillento; Itachi entonces se encontró a si mismo acorralado por la persona que no quería ver. Hinata Hyuuga.
O Hinata Uchiha, a estas alturas.
-Buen día, U-Uchiha-San.- murmuró Hinata acercándose a él. Itachi se quitó entonces los audífonos, por cortesía y la promesa del día anterior rondaba aún en su cabeza. Esa plática con Sasuke habían logrado causarle un enorme cansancio y a la vez un terrible insomnio.
-Buen día…- dijo Itachi intentando mostrar una serena sonrisa. Hinata Uchiha. No sonaba nada mal, tenía una buena gramática, un lindo silbido en el nombre y el honorífico. Al oír el nombre en su cabeza, se preguntó si algo diferente hubiese pasado si hubiese sido Itachi quien conociera a Hinata en aquella reunión. –Uchiha-San…- sin embargo, el saber de un matrimonio secreto no era algo de lo que alguien se pudiera jactar todos los días. Hinata palideció y simultáneamente se pintó de color rojo. No era un gran enigma quien le había contado a Itachi sobre el matrimonio y porque decidía usar su nombre de casada con ella, y a decir verdad, debía de adivinarlo. Itachi y Sasuke eran uña y mugre.
El hermano mayor de los Uchiha expidió una risa infantil pero un tanto sofocada. Su mirada se había suavizado y se había fijado en las sonrojadas mejillas de su ahora cuñada, redondas y coloradas como una deliciosa manzana. No supo cuanto tiempo estuvo mirándola, ni de qué forma esto se traducía, pero tuvo la suficiente fuerza de arrancar sus ojos de su rostro cuando Sasuke salió de la casa, con el medicamento en una mano y la delicada mano de Hinata en la otra.
Pudo ver como los labios de su madre y los de Hinata y Sasuke se movían, pero no escuchó más ruido que el de su corazón latiendo violentamente contra sus costillas. Pudo haber comenzado a ver rojo hasta que su mirada se mezcló con un par de ojos blancos. Neji Hyuuga le observaba con más asco de lo normal. Una ceja levemente levantada, y los labios rectos en su rostro. Tal vez…no era tan sutil después de todo.
