Cáncer
A SasuHina Fanfiction
Capítulo 15. Chasing Cars
N/A: ¡Hola! Me agrada mucho saber que hay gente que sigue leyendo el fanfic. Lamento haber estado desaparecida un par de meses, pero estoy intentando hacer malabares con mi vida adulta. En esta ocasión les traigo la entrega número quince de Cáncer: A SasuHina Fanfiction. Lean, comenten, critiquen, dejen reviews y sobre todo disfruten de este trabajo que vengo a regalarles.
Quiero decir que el gran recibimiento de este fic me hizo alargarlo un poco más de lo planeado, considerando que había iniciado con la mera idea de un amargo one shot pero yo calculo a lo mucho 5 capítulos más y un epilogo. ¡Gracias totales!
PD1: En la escena del automóvil, hagan favor de recordar la vibe de Titanic con Jack y Rose jaja.
PD2: He corregido una especie de separación entre "escena y escena" porque puede tornarse confuso, sin embargo, aún no se si se han efectuado los cambios. ¡Una disculpa!
-Persephone
La historia de la cabaña de los Hyuuga era bastante simple. Hace unos 30, 40 años, Fudo Hyuuga tatarabuelo de Neji y Hinata había adquirido un amplio terreno justo en la cima de una de las montañas cercanas a Konoha. El terreno había tenido bastantes usos, desde un enorme hibernadero para la abuela Ayumi, como uno de los principales criaderos de ganado de Konoha y finalmente, más entrado el siglo 21, como una cabaña de descanso para quien sea que tomara el viaje de Konoha hacia el campo.
Mientras que todos en el automóvil dormitaban, Neji disfrutaba de las canciones elegidas en la radio y del hermoso paisaje. Era una mañana fría, sí, y probablemente el clima iría cayendo conforme se acercaran a la cabaña. Neji había pasado tantos buenos momentos en esa casa de campo, que el visitarla con TenTen sólo se añadiría. Aún mascando el chicle que TenTen le había regalado, volteó al asiento de copiloto. La chica de cabellos morenos se encontraba hecha una pequeña bola a su lado, bajo un par de mantas suaves y de un olor dulzón que había sacado de su casa. Se veía tan apacible y tan calmada que parecía no romper un plato, y al verla rechistar en sueños y moverse incómoda, recordaba que TenTen era una completa fierecilla en toda la extensión de la palabra, en todos los planos.
La casa se divisaba mientras más se adentraban en el bosque y cada metro que Neji recorría en total soledad, puesto que los acompañantes de su viaje estaban dormidos, lo acercaba más a los recuerdos de una infancia que parecía lejana y sobre todo ajena; la memoria era un recurso traicionero y un tanto vil que podía enviarte desde un carnaval en la feria del condado cuando eras pequeño, hasta un horrible accidente de tránsito que acabase con la muerte de tus padres, o un secuestro que te marcase para toda la vida. La memoria a veces te llevaba a lugares que no querías visitar.
El estrecho camino se volvía más estrecho y más íntimo, de manera que no cabían dos automóviles en el mismo lugar; y Neji de repente se vio rodeado de una vegetación subalpina que bien le recordaba a los viajes que había realizado con el tío Hiashi a Rusia o a Francia en la época de las lluvias. El bosque de coníferas, de un verde espeso y algunos árboles moribundos en colores ocre y mundano café les daban la bienvenida como un viejo amigo; abetos ancestrales, perennifolios, y el aroma a bosque de aire lograron hacer que el joven Hyuuga, cerrando los ojos apreciara el camino que conocía tan bien.
-¿Sabes? No soy quien para juzgar pero si yo llevase a mi novia y a mi hermana menor en el mismo auto, haría todo menos tener un momento romántico y cerrar los ojos…- Neji abrió los ojos de manera automática, intentando no parecer importunado por el comentario sagaz, pero lógico de Sasuke. Lo observó por el retrovisor, pálido y lastimero, recargado en el asiento trasero con un par de sabanas gruesas encima; Hinata dormía, con la cabeza en su regazo.
-Tienes muchos nervios para hacer ese comentario, Uchiha…- repeló Neji, agarrando el volante tan fuerte que sus nudillos se volvieron blancos. Maldita sea la hora en la que prometió a Hinata comportarse y no acelerar la muerte del Uchiha.
-Disculpa…- dijo Sasuke mirando por la ventana, con un tono de sarcasmo arrastrado que recordaba a Hanabi – Me aburría…
Neji suspiró de manera pesada y bajó la velocidad. La cabaña se veía en todo su esplendor al final del sendero y lo sabía precisamente porque a estas alturas ya se abría pasada la pequeña construcción de piedra y pajas que era el antiguo granero de Fudo y que cuando las niñas querían y él estaba de buenas, representaba las ruinas de un castillo medieval. Al mismo tiempo, habían pasado ya el pequeño estanque cubierto de coníferas y musgo.
-Intenta manejar un par de horas…- remarcó Neji deteniendo el auto y poniendo el freno. La casa los saludaba enfrente de ellos, y un viejo trabajador de la familia Hyuuga, encargado de cuidar la cabaña y el terreno en general, de nombre Rai los saludaba desde el porche. Neji observó a TenTen remolinarse en el asiento y a la calmada Hinata seguir dormida en el regazo del Hyuuga, después, sus ojos se mezclaron con los de Sasuke, de la misma manera en la que hace un par de horas había sucedido con el Uchiha mayor.
– Sólo se cortés y educado. Estas en los terrenos Hyuuga, los terrenos de la señorita que acompañas este fin de semana y yo no temo tu actitud petulante…- Sasuke rodó los ojos. Sólo alguien como Neji Hyuuga utilizaría la palabra "petulante" para intentar intimidar a alguien. –Y tampoco te tengo lástima, Uchiha. No eres diferente a mí…
Los ojos de Sasuke se abrieron como platos un par de segundos, mientras algo parecido al reto y la alegría saltaba en su corazón. Neji le había sonreído de lado, de manera casi felina y se había bajado del auto, caminando con autoridad hacia el trabajador de la casa Hyuuga, pero antes de hacerlo le había concedido a Sasuke una de las cosas que más había deseado desde que fue diagnosticado: indiferencia.
Neji no lo trataría especial; Neji no tendría más atenciones que las que Hinata le obligase a tener con él, y mayoritariamente estas atenciones serian ligadas a las de ser un buen anfitrión, no a las de ser un cuidador o un enfermero, mucho menos un médico. Sasuke sintió haberse drogado con la actitud de Neji y quería correr hacía el, dar un palmazo en su espalda y sonreírle, incluso beber con él como lo había hecho en la intimidad de Shisui e Itachi.
Pero se limitó a agradecer a los Dioses de manera silenciosa mientras se mordía los labios, completamente feliz de aquellas palabras tan apáticas, tan llenas de molestia y resignación a su presencia…Neji no había cambiado con él. Lo odiaba, sí, de la manera que odiarías a alguien que toma lo más preciado y cuidado para ti y lo hace suyo. Literalmente; y ese odio no había cambiado ni con su diagnóstico, ni con ninguna quimioterapia, ni siquiera con su calvicie. Neji Hyuuga era imparcial con él y lo odiaba como el primer día que lo conoció.
Y aunque se componga la frase de manera que sueñe extraña o inusual, Sasuke necesitaba ser odiado de esa manera.
Hinata comenzó a quejarse en su regazo; probablemente extrañada de la falta de movimiento o tal vez había escuchado la amena plática de su hermano mayor y su novio; por la razón que sea, el par de ojos que según Sasuke habían nombrado todos los mares se abrieron y miraron hacia arriba, observan la quijada de Sasuke que aún no había perdido su filo por completo y como emergiendo de una tumba egipcia se levanto lentamente, con el cabello alborotado y enmarañado en las puntas.
-Hey, buen día…- saludó Sasuke acomodando un poco el fleco de Hinata, de manera que por lo menos la dejara ver la esplendorosa mañana que tenían frente a ellos.
- Sasuke…- dijo Hinata cerrando los ojos un par de segundos y lanzando un pequeño y elegante bostezo, siempre cubriéndose la boca con el dorso de la mano, como lo hacían las princesas de Disney en todas las películas animadas. – Hemos llegado…
-Así parece…- dijo Sasuke observando como el trabajador daba algunos avisos a Neji, mientras este último parecía escuchar, caminando a su lado, con las manos en la espalda. Sasuke negó con la cabeza. El cabrón era tan alienado a su edad, que todo lo que hacía lo hacía con la delicadeza y madurez de un rey inglés. – Aquí comienza… - aún con el malestar, Sasuke no había olvidado que era su luna de miel.
-Aquí comienza…- murmuró de vuelta Hinata mientras se acercó, con la decisión de pocos días y besó la comisura de los labios de Sasuke. Sasuke cerró los ojos al contacto, entregándose en el tierno beso.
Frente a ellos, TenTen había despertado, acariciando entre sus manos la cámara de fotografías instantáneas que no se había atrevido a disparar.
A decir verdad, Sasuke estaba un tanto sorprendido por la cabaña de los Hyuuga. Tan pronto como Rai instruyó a un par de niños a bajar las maletas y acomodar todas en el porche de la casa y tan pronto como Neji los despidió, dándole 5 dólares de propina a cada uno, (Sasuke no sabía si era para intimidarlo a él o para impresionar a la chica china), se encontraron los cuatro de frente a una majestuosa cabaña de madera.
-¡Es bellísima! – exclamó TenTen, fascinada tan sólo por la fachada, y Sasuke debía aceptar que era cierto. La fachada era impresionante, con madera maqueada y brillante ante el sol dorado que apenas se posicionaba frente a ellos, los vidrios, en una toma más moderna, eran transparentes y dejaban ver los muebles rústicos del interior, así como las plantas de casa que adornaban cada rincón de esta.
En las afueras, hermosas peonías rojas e hinchadas, como las que cultivaba su madre, adornaban los ventanales y como un regalo de la naturaleza, los musgos formaban bonitos caminos entre las piedras de río aplanadas como huevos pre-históricos. Hinata miró a sus botas, recordando el adoquín del lugar y tomando de la mano a Sasuke le sonrió de manera cómplice. No eran las Bahamas, ni las Islas Caimán, ni alguna otra isla de la cual no conocía el nombre, pero este momento era suyo y se habían alejado exitosamente del smog de la ciudad, de los deberes, de hospitales y médicos y de ojos lastimeros.
Tras pelear un poco con la cerradura, la puerta se abrió de manera pesada dejando escapar el familiar olor a madera húmeda e incienso de canela y manzana. Neji se adentró primero, cargando las maletas de las chicas mientras que Sasuke cargaba, muy a su pesar, únicamente su mochila de viaje y su mochila de medicamentos. El frío de la intemperie prontamente fue olvidado cuando la cabaña pareció abrazarlos maternalmente, encerrando el calor y la comodidad tras cerrarse la puerta detrás de los cuatro.
-Bien…- dijo el mayor de los Hyuuga, mirando hacia el techo e inspeccionando el lugar, entrecerrando los ojos un poco. –Ustedes chicas dormirán en el piso de arriba, por motivos de seguridad. Uchiha, tú también puedes dormir arriba. Hay un closet que te será bastante cómodo…- aunque Hinata sabía que Neji bromeaba y sus intentos de incomodar a Sasuke eran meramente para tratar de acertar la dominancia de masculinidad, aquello no aligeró la ansiedad que sintió al recordar que mientras Neji "El halcón" Hyuuga estuviese presente, su luna de miel no parecería precisamente una luna de miel.
-¡Oh, Neji! ¡Eres tan aburrido! – Hinata sonrió ante el recordatorio de que TenTen estaba ahí para asegurarse de que Neji seguía siendo humano y también, con la complicidad que les merecía, para asegurarse de que la salida a la casa de campo fuera un poco más íntima para ambos. -¡Déjalos ser! Tú y yo hemos venido también aquí a pasar el fin de semana…
-Sí, Neji…- intercedió Sasuke mirando a TenTen con sorna y diversión, mientras tomaba a Hinata de la cintura y la atraía hacía sí misma. Si Hinata no hubiese estado tan sorprendida por tanta acción de afecto en público, se hubiera reído de la vena que casi reventaba en la frente de Neji. – Haz caso a tu señora…sé cortés y educado…
-¡Escucha, Uchiha…! – pero lo que pudo haber iniciado la lucha de gigantes del año se vio interrumpido por el rodar de ojos de TenTen, quien tomando a Neji de su inseparable camisa blanca de botones, lo atrajo hacía sí. No se necesitaba ser un genio para descifrar que había sucedido, cuando TenTen se puso en las puntas de sus dedos para alcanzar a rozar un par de labios húmedos y rosados contra el lóbulo de Neji, quien escuchaba atento al secreto que era susurrado en su oído.
Hinata sólo pudo sonrojarse ante la humanidad de Neji, quien observaba el piso mientras los labios de su novia bailaban en su oído. Nunca lo había visto tan concentrado, tan atento y sobre todo, nunca lo había visto sonrojarse así. Al separarse, Neji tomó la mano de TenTen y se acercó a Hinata y a Sasuke, aclarando su garganta, ante una mirada altiva y juguetona del menor de los Uchiha.
-Bien…TenTen y yo…le mostraré a TenTen la cabaña…es su primera vez aquí… Hinata-Sama, la veremos en un par de minutos…
-¿Un par de minutos, Hyuuga? – bromeó Sasuke. –… quién lo diría, con todo lo que hablas…
-¡Sasuke-kun! – gimió Hinata tratando de contener su risa y su sonrojo. TenTen continuó riéndose mientras se adentraba en el pasillo, un malhumorado Neji Hyuuga de su mano. Así como así, Hinata y Sasuke se encontraban solos nuevamente. La luz de la cabaña era particularmente distinta ahora que la gran nube de lluvia que era Neji Hyuuga se había adentrado a una de las habitaciones de la cabaña.
Era como si el horizonte se levantara a sus espaldas y estuviese alumbrando con un tibio sol toda la cabaña y sus alrededores sólo para la feliz pareja. Hinata le sonrió a Sasuke, con el rosado de la felicidad puesto en sus mejillas para envolverse en sus brazos, recargando la mejilla en su hombro delicadamente.
-¿Y bien…? ¿Qué quieres hacer, Hinata Uchiha? – preguntó Sasuke, abrazando a Hinata fuertemente a su pecho mientras observaba como el sol se filtraba por el gran ventanal de vidrio, que de manera clara dejaba ver el amplio pedazo de vegetación que envolvía la caballa en medio de un bosque de nenúfares.
Hinata saboreó la manera en la que su nombre se escuchaba proveniente de los labios de Sasuke, de cómo su voz bajaba un cuarto o dos y como su aroma se impregnaba, como un virus, en su cuerpo. Se separó lentamente y lo miró a los ojos, sabiendo exactamente donde quería estar.
-Vamos al pozo…- dijo, ante la mirada confundida de Sasuke.
Ahora tenía el cabello más largo.
En tonalidades lilas, sedoso, y bien cuidado, el cabello de Konan ahora caía en largos caireles por su lechosa espalda tatuada; que se veía si era posible más blanca y pálida a medida que el kimono corto color negro con nubes rojas se resbala por sus tersos hombros, en un esfuerzo desganado de cubrir la desnudez tan propia de ella.
Aunque Itachi sabía que no era algo digno, que no quería convertirse en un patán que buscase a Konan cada vez que tenía una crisis o cada vez que quería tener sexo, el hecho de que la chica estuviera dispuesta a recibirlo, a hablar con él, lo hacía todo demasiado fácil; todo esto era demasiado fácil, ellos eran demasiado fáciles, y al mismo tiempo, eran tan complicados que eran imposibles el uno para el otro.
-¿Café? – preguntó la chica, moviéndose entre el desorden de la habitación donde pintaba. Había acuarelas y pinceles manchados y tiesos en el piso, junto con bolas de papel y colillas de cigarro; el resto de la casa se veía tan nueva como el día en que la compró. Konan empacaba para su beca en España y en un par de días, el apartamento vería la luz de la post guerra.
Itachi negó con la cabeza, mientras se recargaba en la blanca pared, sorprendentemente sin ningún cuadro o dibujo colgado, en la completa desnudez y comodidad que una persona como Konan, con la que había compartido tanto, podía proveer. Se permitió observarla y se maldigo nuevamente por la manera en la que acabaron las cosas con ellas, no sólo había sido el amor de su vida, sino también su mejor amiga por años, y el tatuaje de sol que llevaba en el dedo le recordaba que en algún momento ella sintió lo mismo y que estaban tan seguros que pensaban pasar la vida juntos. Ahora Konan le daba la espalda mientras calentaba una taza de peltre en una pequeña cocineta, el aire oliendo a marihuana y a óleos viejos, sus pies uno sobre el otro, los dedos acariciando un metatarso propio; y tras haber disfrutado de las mieles extrañas del sexo con una ex pareja, Itachi se sentía drenado y enteramente cansado.
Se recostó en la cama de Konan; era un futón con apenas suficiente relleno para que la espina dorsal no rozara con el piso; el otro colchón ya había sido vendido y en la habitación donde estaban apenas y quedaban un par de maletas personales, una mesa con medicamentos, cigarrillos y diminuta ropa interior color negra. Itachi cerró sus ojos mientras sentía como Konan hundía con su peso el futón, sentándose a su lado.
El silencio reinó un par de segundos, mientras los labios rosados de Konan sorbían el café caliente y aspiraban con fuerza; Itachi se dignó a abrir los ojos y a mirarla por unos segundos, anonadados y sumergidos en sus pensamientos.
-¿Qué sucede, rey de mundo? – bromeó Konan, dejando el café de lado y sentándose más cerca de Itachi. El moreno sonrió de manera tenue, recordando con cariño el apodo más famoso de Konan hacía él. – Estás inquieto…- no era una pregunta e Itachi lo sabía. La chica recargó la mejilla en el pecho desnudo del moreno y presionó una mano llena de anillos contra el corazón de Itachi; este, sin siquiera saberlo, contuvo el aliento. -¿Estás bien?
La humanidad de la chica era conmovedora, la empatía era una de esas cosas que habían enamorado a Itachi de manera efusiva y tonta. Itachi cubrió la mano de su ex novia con la propia y la beso lentamente, en un beso seco. Este escenario era demasiado familiar, y verla ahí, sobre su pecho con tan sólo un kimono puesto lo hacía aún más fácil.
-Estoy…asustado. –admitió, después de unos segundos en un sepulcral silencio.
Con el tiempo, dejando de lado las ridículas masculinidades tóxicas con las que había crecido, Itachi sabía que era capaz de confesarse mortal frente a las personas, tal vez no frente a su padre, por un tonto orgullo o frente a su hermano, para tener cierta reputación y temple frente a él, pero frente a Konan, frente a la bella, sensual y libre Konan, podría confesar el más atroz de los crímenes.
Una mano de porcelana, con delgados y experimentados dígitos comenzó a recorrer los caminos de su cabello, de manera lenta y pausada, desde la raíz hasta llegar a las puntas; Itachi sentía que aún después de los meses en los que habían estado separados, su toque aún quemaba y su toque encendía cosas dentro de él que creía retorcidas y muertas. Cerró los ojos lentamente y se permitió sentir y al mismo tiempo liberarse de tensiones pasadas que había estado guardando dentro de sí por mucho tiempo.
-Siento que…no hay un lugar seguro para mí y que…que de esta manera no puedo ayudar a nadie a mi alrededor.
-Itachi…- murmuró Konan en su oído, haciéndolo abrir los ojos de golpe. –No tienes que salvar a todo mundo…basta con que te salves a ti mismo…
Si Konan no fuera tan joven, Itachi pensaría que hablaba con una anciana de aquellas que viven en las cuevas y salen, adornadas de ángeles y cuervos a compartir su sabiduría con el mundo. Itachi observó el cielo raso de la habitación de Konan mientras esta seguía acariciando su cabello, acariciando los vellos crespos y casi imperceptibles de su pecho varonil.
-Me siento incapaz de hacer eso. Siento que…me convierto en un mounstruo…
Konan sonrió. - ¿Conoces acaso a algún monstruo?
La imagen de Fugaku Uchiha parpadeó unos segundos en su mente antes de que Itachi pudiera negar con la cabeza.
-No soy religiosa, ni nada…- confesó Konan. – pero hasta el Dios de los occidentales descansó el séptimo día. ¿Hace cuanto que tus días son una interminable hilera de sábados, Itachi Uchiha?
Podía sentirse a sí mismo enamorarse una vez más de la belleza de Konan, pero sabía que era caer a un pozo sin fondo, oscuro, de piedras duras y sin treguas. Se enderezó en el futón y miró a Konan, tomando la mano que lo acariciaba, primero para sorpresa de esta, después, para placer.
-Iré contigo a España…- dijo observando la mirada sorprendida de Konan, tornarse a una juguetona. – Lo digo en serio. Venderé pulseras en las calles por ti, desnudare mi cuerpo en un bar de mala muerte por ti y cocinaré la cena orgánica sin gluten y vegetariana mientras tu estudias en cualquier universidad a la que vayas…
Konan sonrió de manera que parecía una niña pequeña y acarició la mejilla suave y definida de Itachi.
-Es un poco tarde para decidir qué quieres estar conmigo, Itachi…
-Konan…- trató de interrumpir Itachi, pero su mirada se exaltó y tragó saliva mientras sus mejillas se tornaban de un intenso color rojo. Como la serpiente del cuento bíblico, la mano de porcelana de Konan se había filtrado a su entrepierna, y se había abierto como una magnolia y se encontraba haciendo movimientos que Itachi conocía demasiado bien.
-Sólo cógeme, rey del mundo…- suspiró Konan, en una mezcla de ansiedad, decepción y una resignación lograda que Itachi había estado a punto de hacer tambalear. El chico lamió sus labios, aceptando que se quedaría en Konoha, a solas con su familia y su pecado, pero que antes se posicionaría encima de Konan, como tantas veces lo había hecho y volverían a ser el uno del otro por última vez.
La villa donde se encontraban las cabañas cercanas a la de los Hyuuga contaba con un sistema de suministro de agua que rayaba en lo feudal. Muchas cabañas ya no lo utilizaban pero daba un aire pintoresco y la gerencia del distrito había decidido dejarlas como una decoración que había sido pagada hace ya tiempo.
Aunque había muchos pozos de agua alrededor del distrito de cabañas, Hinata, Neji y Hanabi tenían un favorito que tenían asociados con visitas junto al abuelo, guerras de globos de agua y posteriormente, verter probablemente un par de centenas en centavos que esperaban se convirtieran en la materialización de sus deseos. Ese pequeño pozo de agua albergaba los mejores recuerdos de su infancia y temprana adolescencia y para Hinata era importante que Sasuke lo conociera.
-Vinimos aquí cuando Mamá enfermó…- dijo Hinata una vez que alcanzaron el pozo encima de una colina no muy lejana. Los alrededores de adornaban de pequeñas cabañas pintorescas y todo parecía una escena de un famoso estudio de animación japonés. –T-También vinimos para orar por el descanso de su alma…
Alrededor del pozo, enramadas de hiedras benignas e intricados arreglos de ramas y enredaderas lograban crear pequeños nidos que desembocaban en la pequeña estructura de madera de Hiashi y Hizashi, padre difunto de Neji habían construido tal vez en una temprana adolescencia. Inconcluso, los niños de la familia Hyuuga habían comenzado simplemente a llamarlo "El cobertizo" por su cualidad de servir de refugio a todas aquellas cosas que la familia ya no necesitaba.
En pequeña media casa de madera y hiedras había herramientas enmohecidas por falta de usos, cajas de archivo de madera, incluso un enorme y viejo carromato que había pertenecido al mismísimo Fudo Hyuuga. Un hermoso y antiguo Renault Type CB Coupe de Ville de color café y tinto que Fudo había comprado en un viaje a Inglaterra en el año 1912 y que había sido funcional, pero ahora sólo era un muy caro y muy valioso objeto decorativo del cobertizo. El auto estaba cubierto por una enorme lona de plástico blanca y era una de las fortunas y herencias de la familia Hyuuga.
Sasuke observó el pozo ladeando la cabeza un poco, haciéndolo parecer un gato que se encuentra con un objeto extraño. No parecía un pozo fuera de lo común o diferente a los otros cinco que habían visto en el camino hacia él pero Hinata había comenzado a hablar y ahora lo comprendía mucho mejor.
Hisa Hyuuga había sido una de las mejores amigas de su madre y había fallecido hace unos años atrás en un exagerado caso de preclamcia mientras esperaba darle un tercer hijo o hija a Hiashi Hyuuga; no había sido durante el tiempo en el que Hinata y Sasuke eran pareja o amigos cercanos pero definitivamente su relación podía sentir algunas secuelas del terremoto.
-También vinimos aquí c-cuando Neji nii-san entró a la Universidad. N-No sólo alberga recuerdos tristes…- dijo Hinata rodeando el pozo y sentándose con facilidad en el filo de este, delatando que era una práctica usual y que tenía bien medidas las distancias. Aún así el corazón de Sasuke se alebrestó de verla tan cercana al vacío sin ninguna preocupación.
-Hinata, baja de ahí…- dijo de una manera tan cómica que parecía un padre preocupado. Hinata sonrió y negó con la cabeza. Sasuke ladeó la mirada un poco y frunció el ceño. – Lo digo en serio…
La chica sonrió, sonrojada y comenzó a balancearse lentamente. Hace unos minutos, cuando Sasuke había inspeccionado el pozo que tanto obsesionaba a Hinata pudo darse cuenta de que si tenía un fondo, a unos 10 o 15 metros hacia abajo en el cual resplandecían pequeñas monedas doradas. La chica se aferraba con fuerza al borde, podía verlo por la manera en la que sus nudillos se tornaban del color del papel, sin embargo tuvo suficiente cuando Hinata recargó su cuerpo hacía atrás, en un juego macabro que de seguro era propio de su tocada familia y Sasuke tuvo que intervenir, moviéndose lo más rápido que sus frías articulaciones le permitieron, posicionándose entre las piernas de Hinata, rodeándole la fina cintura con sus brazos y atrayéndola hacía sí.
Quedaron frente a frente, en un momento recurrente que todavía sabía cómo quitarles el aliento. Hinata miró sus labios intensamente, para después enfrascarse puramente en los ojos negros como alas de cuervo de Sasuke; el chico hizo lo propio, enfrascándose en las mejillas rosadas por el frío y por la naturaleza de Hinata; pecho contra pecho, juntos habían visto pasar las estaciones y los meses, habían conocido las mismas personas, ido a la misma escuela y aunque sus vidas se habían tornado distintas, se habían mantenido orbitando el uno cerca del otro, y ahora esas vidas separadas se habían convertido en una: Los Uchiha.
-No iba a dejarte caer…- dijo Sasuke antes de que una sonrisa torcida se le escapara de los labios. La enfermedad y el malestar seguían ahí, pero justo ahora, con Hinata entre sus brazos y alejados de todos, Sasuke finalmente se sentía el hombre más fuerte en la faz de la tierra.
-N-N-No creía que…q-que lo fueras a hacer…- dijo Hinata cerrando los ojos y acortando la distancia entre ambos. Los labios hinchados de Hinata impactaron contra los de Sasuke, secos y menos abultados, para enfrascarse en una danza bien conocida por ambos, nunca compartida por otras personas.
We'll do it all
Everything, on our own
We don't need
Anything or anyone
Beso de un segundo. Hinata recordaría por siempre como Sasuke la había rodeado por la cintura en el pozo, como dicha curvatura de su cuerpo había cobrado sentido, como el chico la había acercado a su cuerpo y como sus pechos, distintos y no extraños se habían conocido una vez más. Los dientes chocaban mientras la ropa comenzaba a estorbar, y Sasuke se aventuró a ser un espectáculo con sede en el bosque, imprimir un recuerdo más en el aludido pozo, bajando el suéter afelpado de Hinata sólo para encontrarse con una camisa más y una bufanda que no le permitiría avanzar mucho más.
Después de todo era su luna de miel. Hinata abrió los ojos entre el beso y rodeó las mejillas de Sasuke, con conocimiento y empatía por sus deseos, pero no con menos vergüenza.
-A-Aquí no…- tartamudeó, observando la solitud de los alrededores. Sasuke asintió, lamiendo sus propios labios, como queriendo succionar aquella miel que conocía suya.
Sasuke parpadeó. –Entiendo…
Posicionando sus manos en la cintura de Hinata, la ayudó a volver a tierra con apenas un poco de esfuerzo. La chica bajó sus manos, de sus mejillas a su hombro y lo miró a los ojos.
-Deberíamos volver… - sentenció Sasuke, acariciándole los nudillos con los dedos. Hinata asintió levemente y bajó la mirada antes de avanzar apenas un par de pasos y halar levemente de la mano de su esposo. – ¿Hinata? – preguntó, extrañado.
La chica, consciente o inconscientemente menando las caderas, lo dirigió a la privacidad del cobertizo.
TenTen se quitó la bufanda que rodeaba su cuello, la cual perdía utilidad en la comodidad y la calidez de la casa. Habían recorrido la cabaña y sus interiores de arriba abajo y tras una pequeña sesión de sexo apurado pero disfrutable, Neji se encontraba descalzo leyendo un par de archivos para la Universidad en la pequeña sala de la cabaña.
TenTen hacía té para dos.
Se acercó menando las caderas ante la mirada entretenida y divertida de Neji y se sentó a su lado, posicionado la taza humeante y caliente en la mesa, cerca de los archivos de Neji. –Deberías descansar un poco. A eso hemos venido hasta acá, Neji…- inquirió con razón TenTen, quitándose las pantuflas cálidas y grandes que no quería aventurarse pero sospechaba que eran de Fugaku Uchiha.
-Hemos venido hasta acá porque Hinata lo pidió. Nunca te sacaría de clases o de tus obligaciones…- murmuró Neji pasando la página de su archivo y suspirando, engullendo cada palabra que venía en la hoja de papel. TenTen sonrió con pesadez y recargó la cabeza en el puño cerrado que descansaba en el sofá.
Admiraba y adoraba el compromiso que Neji tenía para con los estudios, para la firma de Fugaku, para el futuro, en sí, adoraba el compromiso que tenía en cualquier cosa que se proponía, y aunque inyectaba pasión en todo lo que hacía, TenTen pensaba que necesitaba un descanso. Sonrió con picardía y gateó hasta estar cerca de él, retirando el archivo de hojas dobladas que Neji tenía en la mano, ante una sonrisa torcida del chico menor.
-Ten Ten… – preguntó el chico mirándola con atención. La preciosa ejemplar de la cultura china le sonrió con picardía y un tanto a sabiendas de lo que iba a suceder. TenTen puso el paquete de hojas lejos del alcance de un Hyuuga que intentó tomarlo de nuevo, mientras se sentaba de manera fácil y sin esfuerzo en su regazo, frente a frente. Neji se relajó ante el sillón, observándola a ella y a sus tácticas de femme fatale que no comprendía cómo sin practicarlas tanto, había dominado tan bien.
-Creo que necesitas un masaje, Neji-kun…- murmuró TenTen mientras ponía ambas manos en los hombros de Neji, masajeándolos suavemente, mientras el Hyuuga se rendía, cerrando los ojos. La conquista nunca había sido tan fácil como esto.
Hace ya rato que la camisa de Hinata había ido a parar a algún lugar entre las cajas de madera de archivo y los calendarios viejos coleccionables de Fudo Hyuuga; los pantalones de Sasuke, enredados en sus tobillos, lo hacían moverse de manera mecánica y lenta, pero hacían el trabajo. Dentro del antiguo Renault Type CB Coupe de Ville de color café y tinto que Fudo había comprado en un viaje a Inglaterra en el año 1912, Hinata Hyuuga y Sasuke Uchiha hacían el amor por primera vez como marido y mujer.
En el amplio asiento trasero que hacía que Hinata se sintiera poseída por un vampiro (sí, leía mucho y sobre los mimos temas recurrentes), la chica se encontraba boca arriba con un jadeante Sasuke Uchiha encima de ella, quien peleaba con su ropa interior mientras aprisionaba los abundantes senos de Hinata entre sus frías y temblorosas manos.
Con los vidrios levantados, para dar un falso sentido de privacidad, Sasuke Uchiha se encontraba plácidamente sorprendido cuando Hinata lo jaló con fuerza poco común en ella y comenzaron este proceso del cual posiblemente se avergonzarían pero nunca se arrepentirían. El baile de lenguas y dientes chocando uno contra el otro había sido tan rápido y lento simultáneamente que ninguno de los dos supo cuando se abrió la puerta trasera del viejo bólido y como sus cuerpos, enroscados como la serpiente en el árbol de manzana se introdujeron en él; como Hinata quedó en una penosa situación de un brassiere lila y apretados leggings negros y como Sasuke había preferido quedarse con la chaqueta pero sus pantalones no habían corrido la misma suerte.
Los leggings se bajaron, tomándose del borde de los mismos y bajándolos a una altura prudente, mientras el rostro sonrojado y caliente de Hinata detonaba su excitación y su nerviosismo, la caliente manera de demostrarle a Sasuke que quería esto, que sabía que no era propio de ella pero que ¡maldición! Lo quería tanto o más que él.
-S-S-Sasuke-kun…
No se encontraba muy orgulloso de lo que iba a decir pero sí muy orgulloso de la razón por la que lo haría.
-Hinata estás tan…m-mojada…
-¡Sasuke-kun! – gimió la chica, presa de la vergüenza y de la excitación que sentía en ese momento. Una vez que los leggings de la chica corrieron con la misma suerte que su camiseta y los múltiples suéteres que Hinata había tenido consigo, el miembro erecto y caliente de Sasuke se posicionó en la fértil y caliente entrada de Hinata, como antes, como una sola vez, pero ahora con una pertenencia recíproca que hacia las cosas más puras, más correctas, ahora que se habían besado frente a sus familiares y amigos y habían intercambiado palabras de jungla el uno con el otro. Ahora no eran un par de tórtolos enamorados que jugaban a la mano sudada.
Ahora era un marido haciendo suya a su mujer, por todas las de la ley que ambos habían creado hace un par de días.
Sasuke entró en ella, y Hinata arqueó la espalda exponiendo un par de pechos que se habían desarrollado e hinchado a lo largo de tantos años. Pechos cuya imagen Sasuke había guardado en su memoria cuando la veía tomar clases de natación o de pista, pechos que habían hecho un desastre en sus sábanas por las noches, pechos cuyos pezones erectos y rosáceos se encontraban a merced suya y de su lengua, la cual áspera y acalorada los aprisionó para resguardarlos del frío, para asentarlos también.
Las ventanas habían comenzado a enturbiarse por el calor de sus cuerpos jóvenes transpirando y respirando y cada vello del cuerpo de ambos se había erizado al contacto del otro, a los movimientos circulares del otro, a la posibilidad de ser vistos o escuchados. Sasuke mordió su labio inferior tras sentirse mareado y débil pero conservando la estamina suficiente para cumplir con una de sus funciones como marido de Hinata.
La chica había intentado abrir las piernas un poco más, recibirlo con todo el ahincó que lo necesitaba, pero la ropa, el espacio, la rapidez de todo los habían enclaustrado en apretadas situaciones que sólo aceleraban el proceso.
-H-Hinata…mierda…
-S-Sasuke-kun… - había gemido la chica, salivando levemente y cerrando los ojos ante el placer que su estómago sentía. Sasuke mordió nuevamente su labio inferior, de manera que sentía que atraía sangre, y cerró los ojos mientras gemía por lo bajo, muy a diferencia de Hinata, que había mordido su hombro, para no hacer más ruido que un ratón.
La tarde había comenzado a caer en el lado de la cabaña, y el fuego chisporroteaba de manera encantadora y nostálgica, sólo para TenTen y Neji, aún sentados en el sofá. El baile lento de las brazas, de la leñan que se rehusaba a ser consumida, de los colores del fuego y de la calidez hacia que esto pareciera una mala película de televisión que promocionaba la navidad y las buenas familias, con excepción de que Neji no tenía puesta su inconfundible camisa blanca de botones y que ahora TenTen la portaba, como un trofeo, cubriendo sólo lo necesario mientras que recargaba su cuerpo ante el pecho desnudo del Hyuuga.
La chica suspiró, contenta y agradecida por poder pasar el tiempo con Neji de esta manera; como lo haría un gato, recargó la mejilla contra el pecho de Neji una vez más y movió la cabeza un poco; el Hyuuga pensó que en cualquier momento, TenTen iba a ronronear.
-Quiero estar así siempre…- cantó la chica, rodeando la masculina cadera de Neji con los brazos. El chico de ojos color luna suspiró, en total acuerdo con su novia y acarició las caderas redondas y llenas de TenTen que se encontraban convenientemente a su alcance.
-Dame un par de años y conseguiré una vida digna para ti… - echó la cabeza para atrás, recargándola en el sofá. Era su plan desde que se dio cuenta de que estaba perdida, loca e inevitablemente enamorado de TenTen Liu. Graduarse con honores, trabajar un par de meses en la firma de su tío hasta tener un renombre y un sueldo que le permitiera conseguir una casa cerca del trabajo que TenTen tuviera, tener un auto, un par de perros y hasta un pequeño con la mirada de TenTen y el largo de su cabello.
La chica china sonrió, abriendo los ojos y conmoviéndose como si viera en el fuego de la fogata, su futuro dibujado.
-Una vida digna sólo te incluye a ti, Neji Hyuuga. – lo miró sonriendo para acercarse y depositar un inocente beso en la punta de su nariz, que contrastaba con la semi desnudez de ambos. Levantándose y arropándose en la camisa de Neji, que le quedaba como un vestido bastante grande, caminó hacia el ventanal, hacia los cielos púrpuras y azul tenue que vestían la entrada de la noche.
Neji se levantó después de ella, en simples bóxers color gris y con el cabello enmarañado y hecho un desastre para abrazarla por la espalda y permitir que su novia se recargara en su pecho.
If I lay here
If I just lay here
Would you lay with me and just forget the world?
-Mira Neji…- murmuró TenTen apuntando hacia el firmamento. –Ha salido la primera estrella…
No habían tenido la energía para volverse a vestir una vez que terminó su acto. Para ser una joven pareja de recién casados que no tenían esta oportunidad tan seguido, habían terminado enteramente cansados y habían preferido asomar la cabeza por la ventana del auto y después la ventana del cobertizo para observar los tonos lilas del cielo que les avisaba la noche.
Hinata se había recargado a sus anchas en el automóvil viejo de su familia y Sasuke, agitado y excitado aún se había recargado en ella, usando su pecho de almohada y mirando ambos la misma estrella que se había aventurado al firmamento. Sasuke la miró detenidamente por varios segundos; Hinata cerró los ojos.
Acarició el cuero cabelludo expuesto de Sasuke, como extrañando las alas de cuervo suaves y lustrosas que una vez tuvo por cabello, como clamándolas, como invitando a que regresaran, diciéndoles que ya todo estaba bien. Sasuke rodeó con ambos brazos la cintura de Hinata mientras cerraba los ojos y se hundía entre el par de senos cálidos y fragantes a su saliva, sintiéndose cuidado, como un niño pequeño al que el mundo todavía tenía tantas maravillas que mostrar.
-Mira… - Dijo Hinata, apuntando hacia el cielo nocturno y a las estrellas que salían como bailarinas de un recital.
Sasuke se tomó su tiempo para desviar la mirada y asintió levemente, extremadamente cansado, con la mirada tambaleando, desgastado incluso, pero negó levemente.
-Está por caer la noche…
Forget what we're told
Before we get too old
Show me a garden that's bursting into life
Let's waste time
Chasing cars
Around our heads.
