Cáncer
A SasuHina Fanfiction
Capítulo 17. El deseo de un hombre que muere
N/A: He vuelto una vez más. Estos meses han sido muy secos para mi inspiración, sobre todo con este fic. Espero con todo el corazón poder dar un último empujón para poder terminarlo de la manera en la que se merece. ¡Muchas gracias por leer, comentar y dar en Favoritos! Me hacen el día siempre.
Quiero pedirles que se queden en casa durante estos días de contingencia. ¡Como humanidad podemos lograrlo! Los quiero mucho, por favor manténganse seguros y mantengan a su familia segura. ¡Quédense en casa y lean Fanfiction!
La misma tarde que Sasuke regresó de su inesperadamente corta luna de miel, él y Hinata se despidieron con besos castos en la entrada de la casa de Sasuke; luego de que Mikoto saliera, cucharón en mano y mandil puesto, dispuesta a arrastrar las maletas y bolsas llenas de medicamento que Sasuke había llevado. El automóvil de la familia Hyuuga se alejó lentamente bajando por la calle, y el chico pudo ver como Hinata agitaba la mano, con una sonrisa culpable. La luna de miel había terminado finalmente de manera fatal y la chica en verdad esperaba que en un futuro pudiesen ir a una luna de miel de verdad, con brassieres de cocos, bebidas sabor a piña con nombres raros y shows musicales a la hora de la cena. Merecía tanto y aspiraba a tan poco, que uno pensaría que el destino debería concederle un tanto de la felicidad que irradiaba al mundo exterior.
Así que Sasuke mintió y dijo que el también lo esperaba; aún a sabiendas de que su paso por la tierra era fugaz, como todas las vidas de los humanos en comparación a la vida de las estrellas del firmamento; finalmente Sasuke sabía que se convertiría en polvo cósmico. El viaje de regreso a la semilla.
-¿Tuviste un buen viaje, Sasuke-Chan? – preguntó melosa su madre, mientras Sasuke se sentaba derrotado en el sillón. Su cabeza estaba ardiendo tanto que temía que en cualquier segundo fuese a explotar y a dejar materia cerebral en la prístina sala de su madre. Nuevamente estaban solamente él y su madre, como en los días del útero, puesto que su padre debía de estar trabajando e Itachi lo evitaba como la peste.
-Inolvidable, madre. – Dijo Sasuke recargando su cabeza febril en el sillón y suspirando hondo por la nariz. Ahora que lo pensaba, hace un buen rato que Sasuke no hablaba con Itachi; no una interacción propia, al menos, tan sólo miradas mutadas en los pasillos de la casa, o escuchar el ruido de sus pies arrastrándose por el piso de madera de un lado hacia otro. La penumbra invadió el pensamiento de Sasuke en cuestión de segundos, de color gris como cuando en el horizonte se ve que se acerca una tormenta eléctrica. ¿Estaría Sasuke evitándolo debido al favor que le había pedido hace unas semanas? Aquella vez que Hinata parloteo sobre tener su último beso con Sasuke. El Uchiha menor cerró los ojos, con los párpados temblándole del cansancio y rememoro aquel día en el que la penumbra también, le había invadido.
/Flash Back/
-No seré su último beso. Será una viuda antes de cumplir 25 años…- terminó Sasuke con un aliento cansado que hizo que Itachi regresara a la realidad. Mordió su labio inferior y suspiró, sentándose cerca del chico. Para su sorpresa, los labios de Sasuke volvieron a partirse, continuando su monólogo. –Necesito pedirte un favor…
El mayor le prestó total atención a Sasuke, observando cómo su frágil pecho se inflaba y cedía, temblando ligeramente. Los segundos que Sasuke tardó en formular su petición fueron horas interminables en el pabellón de los condenados a muerte que sufría Itachi, sin embargo, la real petición de Sasuke le robó el aliento.
-Quiero que la ames por mí.
Un sonido dentro de su cabeza, muy similar a una casa de los espejos colapsando, lo dejó sordo por unos segundos, justo antes de forzarse a sí mismo a regresar a la realidad y observar a Sasuke con un pánico que supo disimular.
-¿Disculpa?
Sasuke lo miró e Itachi se sintió pequeño e insignificante. –Quiero que la ames por mí. Quiero que la cuides y que nada le falte. Estoy seguro de que su familia…Neji moriría antes de dejar que algo le pasara a Hinata pero me he dado cuenta demasiado tarde que le prometí un "para siempre" de manera egoísta. Cuando muera…
-Sasuke…
-¿¡Puedes dejar de lloriquear!? ¡Admítelo! Va a suceder y mientras más pronto lo aceptes, más pronto vas a poder moverte después de que pase.
La habitación volvió a quedar en silencio. Ni las motas de polvo se movían, mientras Itachi se sentaba un poco más derecho, escuchando con atención las palabras de su hermano menor, al que ahora veía como su igual o su superior, ya no más una persona a la cual cuidar, sino una persona a la cual aprender.
-Cuando pase…- Sasuke lo miró y si Itachi pudo ver la gruesa lágrima que cayó por su mejilla, no dijo nada. –Cuando pase, por favor cuida de ella…
/FLASH BACK/
¿Había sido demasiado, acaso? Después de todo lo que había hecho pasar a su familia, de la manera en la que tomó la vida de todos sus amigos y conocidos, de la gente allegada a él y la volteó de cabeza ¿Itachi pensaría que era un idiota obsesivo por pedirle un favor tal como cuidar a una persona por el resto de su vida? O peor aún. ¿Lo haría por lastima? ¿Lo haría por un par de meses y después se iría a continuar su vida, como debería de ser? Las dudas asaltaban a Sasuke mientras arrugaba el entrecejo; preocupado. ¿Hinata, al final de cuentas, quedaría sola?
Cuando Sasuke abrió los ojos, estaba en su habitación. Máscara de oxígeno puesta, la oscuridad que lo rodeaba siendo interrumpida únicamente por los beeps luminosos de las máquinas y la calefacción. Eso sucedía a veces. Perdía la consciencia unos minutos y no recordaba haber hecho el recorrido a la cama, a casa, al hospital.
Algo se movió. No era la droga, ni el cansancio, sabía que algo se había movido. Encuadró la mirada y pudo distinguir, con la luz de las máquinas, la luz de luna que se filtraba por la ventana, una larga cabellera negra como el abismo, y por unos segundos, al ver el rostro inmaculado de Itachi pensó que se trataba de Mikoto, durmiendo encaramada en una silla con mantas a su alrededor, pero cuando se movió lentamente, Sasuke pudo distinguir el rostro de su hermano mayor velándolo mientras dormía. Sonrió en la oscuridad, con las pesadas bolsas debajo de sus ojos haciéndolo ver mucho mayor, con la piel fría y al mismo tiempo increíblemente caliente.
Itachi abrió los ojos lentamente, acostumbrando su mirada a la oscuridad general del cuarto, su nariz acostumbrándose al formol que desde hace meses habitaba en su casa; y pudo observar después de unos segundos la mirada de Sasuke en la oscuridad. El mayor se enderezó en la silla, dejando que la manta resbalara de su cuerpo.
-Hermano…- murmuró Itachi en la oscuridad, acomodándose en la silla. Sasuke levantó la cabeza ligeramente, haciéndole saber que lo escuchaba. El mayor se levantó, sintiéndose cohibido hasta cierto punto, pues estaba seguro de que esta pequeña siesta que habían tomado juntos era el más largo tiempo que habían estado juntos desde hace un par de semanas, todo esto debido a la separación consciente de Itachi.
-¿Podrías traerme un poco de agua? – era una petición simple, bastante sencilla, que Itachi no tenía problema alguno en cumplir; Itachi no lo notó justo en ese momento y sería algo que lo atormentaría hasta el día de su muerte, pero Sasuke lucía cansado, demasiado cansado, cosa que dio por hecha debido a que era la mitad de la madrugada. Se levantó y comenzó a caminar con dirección a la salida de la habitación, donde la luz del pasillo iluminó su rostro un poco lo suficiente como para que pudiera voltear a ver a su hermano, que se había hundido en la cama, con las mantas hasta la barbilla. Suspiró y se aventuró a la cocina.
Las plantas de sus pies tocaron la madera y atravesó la casa en total silencio como si fuera Dracula, llegando al refrigerador y abriéndolo, el aire impactando su pecho desnudo mientras servía un vaso de agua fresca, no propiamente fría, para su hermano menor. Fue en ese entonces que un escalofrío le recorrió su espalda al escuchar movimiento inusual en la habitación adaptada de Sasuke; el mayor de los Uchiha volteó sobre su espalda y dejó el vaso en el comedor, apresurando el paso hasta llegar a la puerta por la que salió apenas unos minutos antes.
La figura imponente de su padre lo recibió, y gemidos lastimeros podían ser escuchados desde adentro de la habitación. Fugaku, sin camisa, tenía abrazado a Sasuke como si fuera un pequeño muñeco de felpa, desganado, balbuceando. Itachi tuvo un flashback a cuando su padre y su madre bañaron a Sasuke en una vieja tina de madera, una tarde de verano, cuando Sasuke aún era un niño pequeño; pero la comparación le helaría la piel.
-¿Padre? – no cabía en su propia confusión, tampoco en la manera en la que su pulso se elevó por el cielo. Estaba seguro de que alguien al otro lado del mundo podía escuchar su corazón latiendo de manera bestial adentro de su pecho. Un ensordecedor pitido lo trajo de vuelta a la realidad, eso y los gritos de su padre.
-¡Itachi, llama ahora! – el mayor sacudió su cabeza para hacerse útil por unos segundos; entre el balbuceo de Sasuke y los gritos de su padre, no pudo hacer gran cosa cuando una Mikoto Uchiha, envuelta en su bata de noche, lo aventó sin consideración al marco de la puerta, entrando envuelta en lágrimas y gritos. Mientras que Fugaku arrancaba la camisa del cuerpo de Sasuke y su madre le tocaba la cara, intentando que reaccionara, algo se activó dentro de Itachi. Los números de emergencia, el 119.
Rápidamente, como si fuera un muñeco al cual le han inyectado vida, corrió hacia la mesa de noche, tomando el celular en un par de manos que intentaban no temblar. Tiró un vaso de agua tibia mientras desbloqueó el celular de su hermano menor y marcó el número rápidamente, mientras la mirada de su padre y los gritos de su madre le hacían desear que todo esto fuera una pesadilla y que en un par de segundos despertaría en la misma silla de donde se levantó hace no más de quince minutos.
Uno de los lugares donde la realidad se siente alterada es definitivamente una sala de hospital a las tres de la mañana. El aire frio de Japón por la madrugada se lograba colar cada remota vez en la que la puerta automática se abría para dejar pasar enfermeras, médicos, camilleros y en una sola ocasión, una pequeña familia de tres cuya hija había sido picada por un escorpión mientras dormía. Itachi los observó, recargado en la pared mientras se envolvía en su sudadera negra, deseoso de que Sasuke pudiera ser un paciente más con una picadura de escorpión.
A pesar de los reclamos de Fugaku por ser él quien entrara a la reunión con el doctor de turno (Tsunade llegaría al hospital el 10 minutos), Mikoto sacó las garras de madre y gruñó frente al rostro de su marido. Itachi nunca la había visto perder la calma de esa manera, menos con su padre, y menos frente a desconocidos; en una situación como esta, las enfermeras y demás personal; no hubo remedio y Fugaku e Itachi se quedaron en la sala blanca y prístina, en espera de Shisui y los amigos de Sasuke.
Fugaku salía de vez en cuando para llamar por teléfono, probablemente con parientes lejanos como los abuelos y los tíos, por lo que Itachi la pasaba bamboleando la pierna de arriba para abajo en orden de tratar de calmar su ansiedad; intentando no perder la paciencia y la calma que tal vez necesitaría en unos minutos.
-Es la tercera vez que llamo a tus abuelos. – Dijo Fugaku guardando los lentes de lectura que sólo se atrevía usar en la comodidad de su casa; algo tenía que ver el miedo de verse vulnerable y mayor; aún y en el apuro del viaje de la ambulancia, ambulancia que Itachi siguió como un condenado porque no podía acompañar a sus padres en el vehículo, el patriarca de los Uchiha se había logrado colgar una gabardina a la espalda. Itachi lo había encontrado afuera, en el frío, frotando una mano una con otra. Lo que sea que se había hablado dentro de la ambulancia permanecía un secreto para Itachi.
-Habrán de estar dormidos…
-Están en Londres. – Corrigió Fugaku, mirando el estacionamiento casi vacío del hospital. –Es pasado el medio día.
Itachi había olvidado los viajes que sus abuelos paternos organizaban de vez en cuando. Esta vez, Londres, en una de las propiedades de los padres de Shisui, suponía. El mayor de los Uchiha suspiró y miró a su padre, la preocupación que compartían y el asunto que tenía que ser zanjado.
-¿Qué dijeron los paramédicos, padre? – Fugaku recordaría para siempre la solemnidad con la que Itachi se dirigía siempre, desde que había cumplido los doce años. El patriarca lo miró, con el mismo amor que lo hizo cuando salió del cuerpo de su madre y suspiró, sabiendo que Itachi había crecido para ser incluso mejor que él y que no tenía sentido negarle la verdad a su hijo, que ahora era todo un hombre.
-Un derrame cerebral, Itachi. – Fugaku buscó dentro de su gabardina por unos segundos, sin quitar la vista del estacionamiento. El mayor frunció el ceño y tragó saliva gruesa que se había almacenado en su garganta. ¿Derrame cerebral? Pero si unos segundos antes, Sasuke le había pedido un vaso de agua.
Parpadeó rápidamente.
Sasuke le había pedido un vaso de agua.
-Pero…- Sasuke le había pedido un vaso de agua, y aún así, cuando fue por el teléfono celular tiró un vaso de agua perfectamente capaz de saciar la sed de su hermano. Sasuke sabía que estaba ahí. Un escalofrío menor al de hace rato le recorrió la espalda de nuevo, mientras que su estómago se endurecía y un miedo le invadió de repente. Sasuke sabía que estaba pasando; Sasuke lo quería fuera de la habitación. Sasuke quería morir solo.
Fugaku negó con la cabeza, mientras sacaba un cigarrillo delgado y casero de una cigarrera dorada con el símbolo de la compañía en él. Itachi lo reconocía como uno de los regalos que Shisui le había dado en un lejano cumpleaños.
-Me levanté para…- Fugaku lo miró unos segundos, como decidiendo si decir lo que iba a decir, con un miedo reprimido a no ser el árbol fuerte de la familia. – Me levanté para ver si todo estaba bien con ustedes dos, después del desmayo de Sasuke y su estabilización, tu…tu madre me dijo que dormirías con él…cuando vi que no estabas y me acerqué a revisar la máquina, Sasuke tenía esta mirada…una mirada…completamente extraña.
Solo pausó un par de segundos para meterse el cigarrillo en la boca y volver a buscar en su gabardina, Itachi deducía que buscaba el fuego. En dos segundos, el encendedor de Itachi propiciaba el calor para que su padre pudiera fumar; su padre lo miró con una mezcla de sorpresa y de conocimiento, de saber que resultaría un fumador como su padre. Inhaló la primera jalada del cigarrillo y lamió sus labios.
-No podía moverse, y comenzó a balbucear. Supe que algo estaba mal cuando la mitad de su rostro parecía derretirse. – Fugaku expulsó el aire, y se chupó los dientes. – Fue cuando entraste por la puerta y tu madre comenzó a gritar. Los paramédicos dijeron que era un derrame cerebral y le inyectaron algo en la ambulancia. Tu madre recordará el nombre…
Itachi miró como el humo se desvanecía en el aire y como su padre comenzaba a fumar con más ahincó, como si el mundo fuera a terminarse en un par de minutos. Y ahí fue que le llegó la realización de que para Fugaku, tal vez eso sucedería. Tal vez el mundo terminaría pronto y la única manera de aliviar la ansiedad fuera fumando de la manera en la que lo estaba haciendo. El hermano mayor, por su parte, se encontraba perdido de la misma manera; conocía los términos generales, un derrame cerebral, lo que significaba y era bastante alarmante tener un derrame cerebral por sí solo, la tensión aumentaba cuando se añadía el hecho de que Sasuke tenía cáncer en la sangre.
-¿Se pondrá bien, no? ¿Dijeron algo más?– Fugaku se mantuvo en silencio, fumando. – Padre…- el vapor iba subiendo al ser ignorado.
-No nos dieron esperanzas. Pero es algo que ya sabíamos.
-Eres increíble…-murmulló Itachi entre dientes, con sarcasmo, con ira, con coraje.
-¿Tío?
Ninguno de los dos se había percatado de la llegada de Shisui a sus espaldas. Itachi estaba al borde de quebrarse, y la furia que experimentaba por fin se iba a desbordar; no le importaba estar en un lugar público, ni que Shisui estuviera presente, el muchacho después de todo estaba completamente al tanto del drama de su familia. Fugaku seguía fumando, con el temple de hierro y la mirada perdida en el estacionamiento, manteniendo secretos y una fachada mecánica en momentos tan delicados como este.
-¡¿Cómo carajos ser un robot en esta situación?!
El grito pudo despertar a los pacientes en coma. Shisui dio un par de pasos para atrás, al ver una escena que pensó que nunca vería. Itachi, el solemne heredero, alguien que llegaría tan lejos como estudiar leyes únicamente para honrar a su padre y a su compañía, había dado un manotazo puntual, y había tumbado el cigarrillo casero al suelo, ante la estupefacta mirada de su padre, quien solamente lo miró con sorpresa mientras Shisui se posicionaba entre ambos, justo antes de que Itachi se le echara encima a su padre. Una parte del inconsciente de Itachi sabía que no había lugar en el cielo para él después de atreverse a ultrajar a su progenitor gracias a lo que acababa de hacer, sin embargo, el dolor que sentía por su hermano menor, lo hacía olvidar el futuro por complejo.
-Itachi, vamos, vamos adentro…- murmuró Shisui tomándolo de la sudadera, abrazándolo cara a cara para evitar un daño irremediable.
-¡¿Cómo carajos lo haces?! – gritó el heredero una vez más, con gordas y calientes lágrimas de rabia resbalándole por los ojos. Si el chico observó la mirada atónita de las enfermeras de turno, no lo hizo notar. Shisui rechinaba los dientes intentado separar a Itachi de la proximidad de su padre, pero el heredero era fuerte.
Fugaku lo observó, con la experiencia en el rostro y algo no identificado en los ojos.
-Deja de actuar como un niño, Itachi. Estás causando una escena.
-¿Una escena? – Esta vez el grito salió mutado, áspero. -¡Es mi jodido hermano el que está en esa sala de hospital! ¡Es mi jodido hermano! ¿Acaso te importa? ¡¿Acaso lo recuerdas?!
El trueno se invocó en Fugaku cuando levantó la voz como ninguno de los chicos lo había oído jamás. Ni siquiera cuando eran encontrados en infantiles travesuras.
-¡Es mi hijo! – gritó el patriarca, llamando la atención de ambos. Se acercó a Itachi, retándolo de manera sutil, con enojo en el corazón y esta vez, bien plasmado en el rostro. – Es el hijo por el cual fui a pedir al templo todos los días para concebirlo, es el hijo que supe que haría mi vida perfecta después de tu madre y de ti, y es mi hijo que está muriendo en esa misma sala de hospital.
Se había acercado tanto que ya no había razón alguna para gritar o llamar más la atención.
– Tú estás perdiendo un hermano, pero yo estoy perdiendo un hijo. No te deseo nunca el tener la certeza de haber creado algo tan hermoso y tan perfecto sólo para verlo morir sin poder hacer nada. – Itachi quedó mudo de impresión y del inicio de la vergüenza.- Así que si quieres enojarte, hazlo, pero no soy yo quien tiene sangre en las manos. No soy yo.
El mayor de los Uchiha intentaba calmar la respiración mientras el patriarca caminaba de regreso a la sala de espera. No supo en que momento comenzó a temblar en los brazos de Shisui y tampoco supo en que momento, las lagrimas de rabia se convirtieron en lagrimas calladas de tristeza.
Eran las 3:10 cuando el celular de Naruto comenzó a sonar en la oscuridad de su cuarto; sin embargo, no estaba dormido precisamente. Por fin su primo había podido prestarle The Witcher, el videojuego que reventaba las consolas de todo el mundo y con una lata de cerveza y una gran bolsa de papas fritas, Naruto se había sentado a las 11:00 de la noche y no se había movido hasta lograr adentrarse, en un nivel medio, de lleno en el videojuego.
Es por eso que confundió su timbre de llamada con la alarma que le avisaba que era momento de ir a la escuela, sin embargo, al observar el nombre de Shikamaru, que brillaba en la pantalla, bajó sus audífonos hasta dejarlos colgar en el cuello y contestó.
-Ya te dije, Nara, si sigues haciéndolo, te quedarás ciego y crecerán cabello en las palmas de tus manos…- bromeó Naruto, rebuscando entre las moronas de las papas fritas. Cuando no escuchó un gruñido desaprobador ni algún insulto por parte de Shikamaru, Naruto elevó una ceja. -¿Shikamaru?
-Uhm. Pasaremos por ti en diez minutos…antes, Chouji y yo tenemos que pasar por Temari y Gaara…
-¿Ah? – Naruto se rascó la cabeza. Eran las 3:15AM de una noche de escuela. Por supuesto que Minato nunca lo permitiría. – ¿De que hablas?
-Sólo vístete, Naruto. Es…Es Sasuke…
