CANCER

A SasuHina Fanfiction

Capitulo 18. Corriendo descalzo en la lluvia

Mikoto observaba la habitación de hospital de Sasuke; era una nueva, de emergencias, que mantenía a su hijo vivo por medio de cables y maquinas con sonidos emitidos periódicamente. Se miro los pijamas que estaban envueltas en una gabardina de un rosa pálido y se aferro al pañuelo de seda en sus manos, lleno de mucosidad, lagrimas y sangre.

Había rezado incansablemente a todos los dioses que conocía para que este día nunca llegara pero aparentemente se encontraba a los pies de una cama de hospital con su hijo adolescente tumbado, como una hoja de papel mojada; dopado hasta las orejas y con enfermeros intrusos que entraban y salían a su gusto.

El reloj marcaba las 4:00AM cuando los médicos pudieron estabilizar a Sasuke y Tsunade entro sin maquillaje y poniéndose la bata, con enfermeras entregándole carpetas tras carpetas; y la noticia había caído sobre ellos como agua helada: Era cuestión de tiempo. Sasuke moriría ese día y no se sabía si estaría despierto para eso; para despedirse finalmente de todas las personas con las que había compartido su vida.

Si había un mundo allá afuera, Mikoto no lo sabía, su mundo entero ahora se encontraba en una cama de hospital, y mientras rezaba quedadamente, balanceándose adelante y atrás ligeramente como para acompañar sus peticiones, su hijo batallaba entre la vida y la muerte y el más grande miedo de Mikoto es que Sasuke ni siquiera batallaba, la decisión había sido tomada por su hijo muchos meses atrás. Sasuke no pelearía por una vida que no consideraba que valiese la pena; permanecer o no en este plano de la realidad era completamente decisión de su hijo y mucho temía que sabia la respuesta.

El camino hacia el hospital fue terriblemente incomodo y doloroso. Chouji cambiaba las estaciones de radio nerviosamente, queriendo escuchar cualquier cosa además del silencio, mientras Shikamaru manejaba pegado al volante, mirando atentamente a los señalamientos; su padre tenía que estar en el trabajo en una hora y es por eso que se aventuró a recoger a sus amigos en la madrugada manejando responsablemente, con las ganas de ir más rápido que el demonio porque sabía que cada minuto contaba.

Detrás del asiento del copiloto, Temari usaba una gran sudadera tinta, y en esta ocasión sin el maquillaje en su rostro y con el cabello ligeramente mojado por el fino sereno, se veía más joven y mucho menos intimidante; Gaara, a su lado, tenía un libro delgado entre las manos, que había traído mas que para leer, para rogar que sus manos dejaran de temblar.

Naruto era un fantasma. Ni siquiera se había puesto los zapatos para bajar y subir al auto de Shikamaru, pasando como un flash entre sus padres que también se vestían para acompañar a sus amigos en este difícil episodio. Kushina estaba al menos tranquila de que Naruto no hubiera olvidado los pantalones cuando lo vio subirse al carro. El chico miraba nervioso su celular, esperando la llamada de todas las llamadas, se mordía la resequedad de los labios y este tipo de ansiedad solo se comparaba a cuando Minato le dijo que la abuela ya no estaría con ellos. Sasuke había estado a su lado, en un hospital probablemente muy similar al cual se dirigían, y aferrándose violentamente a la playera, justo sobre su corazón se dio cuenta de lo que pasaría cuando…si es que Sasuke moría esa misma noche.

Por primera vez en mucho tiempo tendría que enfrentarse al mundo sin su mejor amigo.

-Shikamaru, dobla en esta esquina. Evitarás tres semáforos…- dijo Temari poniendo una mano en el hombro del chico en el volante. Shikamaru se detuvo justo frente a las vías ferroviarias cuando la campana sonaba alertando que el tren estaba cerca; Naruto miro hacia atrás con pánico, dándose cuenta que había autos mañaneros detrás y que el tren estaba a unos 10 metros; la cerca preventiva ya bajando. Estarían ahí un par de minutos; minutos cruciales que Naruto no iba a desperdiciar.

Hacia frio cuando Naruto abrió violentamente la puerta, poniendo a los otros cuatro jóvenes en alerta, dejando que la lluvia entrara un poco al auto. Gaara se permitió abrir un par de ojos cansados y recargarse en su hermana, asustado, con demasiados estimulos y demasiados pensamientos en su cabeza.

-¡Naruto! ¡Regresa aquí! – gritó Temari viendo como el chico volteaba a todos lados, calculando la distancia del tren. ¿Sería posible?

Shikamaru se afianzo al volante, escuchando a todos, menos Gaara, pidiéndole a Naruto que subiera al auto de nuevo. En el caos del tren en la distancia, la campanilla preventiva, algunos claxons ausentes detrás de ellos, la lluvia y Sasuke, el chico Nara se sintió tan abrumado que estuvo a punto de romper a llorar, pero de alguna manera comprendía a la perfección a Naruto. Lo vio perdido entre las lluvias, viendo bajar la campanilla, sabiendo que el hospital y su camino más cercano era en esa dirección; también recordó que el rubio no tenía zapatos.

-¡Naruto! – grito Shikamaru, haciendo sonar el claxon. - ¡Naruto, sube ya! ¡Sube al auto!

El chico lo miro entre las gotas frías y filosas que caían del cielo, antes de negar con la cabeza en un momento de desesperación y caminar hacia atrás, acercándose a la cerca preventiva que brincaría sin dudarlo

-¡Es mi mejor amigo, Shikamaru! – dijo, con un tono de voz que se le antojo aguado, al punto de las lagrimas y como nunca antes había visto a Naruto, frágil, antes de dar la vuelta y brincar torpe pero efectivamente la cerca preventiva ferroviaria unos 10 segundos antes de que el tren pasara, dándole a Shikamaru y sus amigos la visión de Naruto corriendo en la lluvia, hacia el hospital.

¿Cambiaria algo si llegaran a tiempo? Si Sasuke viera a Hinata, echa un baño de lagrimas al pie de la cama de hospital (en realidad no sabía si existía esa posibilidad, porque cuando Mikoto llamo a su padre, dijo que Sasuke estaba en una especie de trance, dormido). La mezcla de tristeza y miedo en la boca del estomago de Hinata se traducía cuando no podía siquiera tomar sus cosas para dirigirse al hospital, con un par de manos tambaleantes que no le permitían guardar sus pertenencias en una bolsa y prepararse para salir.

Neji había colgado con TenTen, la chica tomaría un taxi al hospital y se verían allá; el chico solamente atino a ponerse una sudadera y buscaba entre sus cosas un beanie para protegerse de la lluvia, Hinata apenas atino a ponerse un suéter blanco, y a tragarse las lagrimas mientras se sentaba en el asiento del copiloto del auto de Neji; retorciendo entre sus manos un pañuelo ya mojado.

Su primo la observo antes de fijarse en el beanie que cargaba en las manos, soltándolo como si estuviera agarrando un cráneo humano en vez de una pieza de ropa. Era el beanie que había compartido con Sasuke en el ultimo día de las vacaciones de la cabaña Hyuuga; aquel beanie que había calentado a Sasuke la noche que Neji se entero que el chico no duraría mucho con vida.

Regreso en si cuando recordó a Hinata y bajo casi corriendo las escaleras, esperando encontrar a su prima llorando a mares, temblando como un terremoto, pero la encontró con la cabeza gacha, mirando su regazo, apenas y contemplando la lluvia detrás de la ventana; ni sus piernas brincaban, mostrando ansiedad, ni lloraba. Neji entro en el auto, encendiendo el motor, con un pesar enorme en el alma de quien ha comprendido que el shock de Hinata solamente duro un par de minutos, porque sabia y siempre había sabido que este día llegaría. Cuando sabes que lloverá, te preparas con un paraguas.

Ninguno de los primos dijo nada cuando encendió el motor y se pusieron en marcha hacia el hospital.

El hospital y la calle continua estaban bañados en una fina brisa de lluvia y los respectivos charcos reflejantes en el piso; el edificio parecía tan en calma que cuando Hinata se bajo de el auto, afianzándose a su suéter para evitar el frio, pensó que tal vez estaba metida en una especie de sueño, o una pesadilla, en su defecto y que la alteración de la realidad la haría despertar en cualquier momento, temblando de miedo y de ansiedad en su cama, pero con la certeza de que Sasuke dormía plácidamente en la propia.

-Hinata…- murmuro Neji, poniéndose la gabardina sobre los hombros. –TenTen nos espera en la entrada…

La chica Hyuuga miro a su primo y asintió, escudriñando los ojos para observar a una TenTen vestida en ropas enormes y un gorro rojo encima. Hinata asintió y comenzó a caminar, con Neji detrás, para dar un par de pasos y encontrarse con su cuñada.

Fue visible cuando TenTen trago saliva y se aproximo a Hinata, rodeándola con los brazos y apretándola a su cuerpo como queriendo exprimir toda la tristeza y poder hacer la noche más pasajera;

-Hinata…- dijo la chica. – Lo siento mucho.

Fue el primer momento en el que Hinata se dio cuenta de que todo lo que estaba pasando era irremediablemente verdadero, que la gente se movía alrededor de ella como si fuera una bomba a punto de explotar, que la trataban con un cuidado diferente al que tratarían a una flor, que sabían que se derrumbaría y que prácticamente, ya le estaban dando las condolencias de una viuda.

Cuando su cuñada la soltó, Neji fue pronto en tomar la mano de su novia y besar su mejilla, un tanto aliviado de verla; el chico, después de todo, necesitaba una boya de salvavidas en medio de un mar tan picado como el que se avecinaba. TenTen se recargo en el pecho del chico y lo miro hacia arriba, para después mirar como su amiga se quedaba mirando el cristal de la puerta del hospital con una especie de añoranza de un niño que mira un tren de juguete para navidad; sin atreverse tocar el cristal.

-Uhm…- interrumpió TenTen. Hinata la miro, con el alma drenada de los ojos que se habían vuelto opacos. – Hable con Shisui-kun cuando llegué. Sasuke está en urgencias y…- se detuvo mirando a Neji, ansiosa de ser la portadora de estas noticias. – S-Solo Mikoto-san y Fugaku-san están con él. Es la habitación 5. Es una sala privada

-Hinata…- murmuro Neji para sacarla del trance. La chica parpadeo un par de veces, como volviendo a la vida un par de segundos y lanzo la sonrisa mas lastimera y triste que TenTen vería en su vida; tan débil que no llegaba a los ojos, pero tan ganosa de convencer que mostraba un poco de dientes.

-V-Voy entonces…- dijo la chica, presionando su mano contra el frio cristal de la puerta; observando dentro al personal médico que atendía las urgencias de la madrugada.- ¿U-Ustedes no entran?

-En un minuto.- sentencio Neji viendo como su prima menor se adentraba con pasos cortos e indecisos, mirando alrededor para ubicarse y finalmente perderse en el pasillo del ala especial del hospital. -¿Qué dijeron, TenTen?

La chica miro el mismo camino que su novio y abrió los labios solo para cerrarlos nuevamente; un cumulo de lagrimas cálidas se avisparon en sus lagrimales, cayendo una a la vez; la gente de su edad no debería de estar en estas situaciones; deberían estar entusiasmados por los exámenes finales, pensando que usar para el baile de graduación, cuidándose de los embarazos; no de la muerte.

-Oh, Neji…- gimió TenTen, sintiendo como parte de su infancia moría con el Uchiha. – Shisui dijo que…el dijo que Sasuke no… ¡Sasuke va a morir hoy, Neji!

La chica se echo a llorar contra el pecho de Neji, quien palideció también; las lágrimas eran tan fuertes que aquellas que lograban caer en su camisa impactaban en sus abdominales y la chica temblaba junto a su pecho, de impotencia y de mera tristeza. Fue minutos después que escucharon el sonido de pies descalzos en la lluvia, chapoteando en el agua, y miraron desconcertados como un Naruto Uzumaki, con el cabello chorreándole en la cara y el aliento cortado, se recargaba en uno de los barandales junto a las escaleras, intentado recobrar el aire en sus pulmones.

-¿Naruto? – pregunto Neji, desconcertado, mientras TenTen secaba sus lagrimas y lo miraba, un tanto asustada. El chico estaba empapado de pies a cabeza y sus pies apenas se distinguían bajo las plastas de lodo. Había restos de sangre en ellos y no se necesitaba ser un genio para saber que había corrido, desde cualquier distancia, hasta el hospital.

-¿Qué habitación es? – dijo el chico, mirando a la pareja.

-Naruto, estás sangrando…- dijo TenTen cubriendo sus labios con impresión.

–¡C-Conseguiré zapatos! – dijo llena de pánico y entrando al hospital, siendo recibida por una enfermera que quería calmar su ataque de pánico antes de que Neji pudiera hacer algo al respecto. El mayor se quedo a solas entonces con el chico rubio quien había recuperado la condición a medias y lo miraba con la inocencia que ridículamente conservaba aun y al estar a la víspera de sus 19 años.

-Debes secarte antes de entrar…

Naruto se quito la camisa empapada dejándola a lado como si fuera cualquier cosa y titirito de frio antes de que Neji se deshiciera de su gabardina, poniéndola contra su pecho. El rubio lo miro con duda en los ojos por un par de segundos antes de ponerse la gabardina encima; el chico Hyuuga era ancho de hombros y Naruto parecía que traía puesta la ropa de su padre, pero aquello le permitiría entrar a la habitación por la que había corrido.

Un par de minutos después, TenTen salió también falta de aliento, con un par de pantuflas con el logo del hospital. Neji y Naruto la miraron mientras entregaba las pantuflas al chico y tragaba saliva. Era el tipo de pantuflas que daban a las embarazadas en su estadía.

-Habitación 5, de Urgencias. Es una sala privada – dijo antes de que Naruto los mirara y pusiera una mano de agradecimiento en el hombro de Neji y un beso rápido en la mejilla de TenTen, para perderse por el mismo pasillo por el que Hinata había entrado.

-Gracias…- murmuro Temari sentada en uno de los sofás blancos, piernas en paz, con la cabeza de Gaara presionada en su regazo, como cuando era un niño, jugando con sus faldas. Shikamaru se había levantado de su lado, entregándole un café cargado para volver a su posición a un lado de ella, con una mano ansiosa jugando con su cabello; con la garganta quemándole por un cigarrillo.

Chouji no había abierto siquiera la bolsa de patatas en su mano; simplemente observaba como Sai acariciaba el brazo de Ino, que lloraba desconsolada, queriendo no hacer ruido, como un ratón; Chouji recordó que Sasuke era, el primer amor de Ino y que al igual que Sakura, que se mordía los labios hasta el punto de sacarse sangre, estaban presenciando como moría la primera persona que hizo nacer mariposas en su estomago.

Naruto había llegado unos 10 minutos antes que ellos, con dolor de pies y una pierna ansiosa que se movía de arriba para abajo; Sakura se había encargado de ayudar a secarlo un poco y acompañarlo a lavarse; ahogando el llanto. En la pequeña sala de espera privada que los Uchiha habían alquilado en el hospital había ya once personas, casi todos amigos de Sasuke; y era de esperarse; la familia Uchiha era pequeña y exclusiva y se encontraba, casi siempre, en el exterior. Mikoto y finalmente Fugaku estaban en la sala con Sasuke, Itachi y Shisui sentados junto a la puerta, sin prestar mucha atención de lo que pasaba alrededor.

Itachi fue el primero en levantarse, tal vez sin darse cuenta, cuando Hinata entro en la habitación. La chica miro alrededor, un tanto abrumada de ver a la gente y enternecida al mismo tiempo, sin poder hacer mucho más que dejar su bolsa al cuidado de Sakura quien la tomo como la amiga que era. Escaneo la habitación una vez más, con preguntas que podían esperar, como por que Naruto estaba mojado y usaba pantuflas, y por que Gaara parecía adherido a Temari, con temor a moverse.

-Uchiha-San…- dijo Itachi, ganándose la mirada de todos, demasiados sumidos en la tristeza y en la desesperación como para unir cabos. Hinata no se sonrojo esta vez, sino que camino hacia el con la cabeza en alto, recibiendo sus manos cuando Itachi pidió las suyas. –He informado a mi madre que entraría a la habitación, Uchiha-San.

-¿Uchiha-san? – murmuro Shisui frunciendo el ceño.

Hinata miro por un segundo a Shisui y después a Itachi, asintiendo, sin saber muy bien que pasaría al pasar por la puerta, con que se encontraría, que vería, y que cicatrices dejaría. Itachi aclaro la garganta y rodeo a Hinata con un brazo, abriendo la puerta con el otro.

-Después de usted, Uchiha-san.

-G-Gracias, Itachi-kun.

Ambos pelinegros entraron a la habitación, dejando a los amigos del chico expectantes del asunto. Segundos después, Itachi asomo su rostro por la puerta.

-Naruto…- murmuro, haciendo que le rubio se levantara. Con un gesto en la cabeza, Itachi dio a entender que también entraría. El rubio soltó la mano de Sakura, que ni siquiera se había dado cuenta que había estado tomando todo este tiempo y camino hacia la puerta. La pelirosa temblaba en el asiento de cuero blanco y un par de lágrimas cayeron por su mejilla antes de que se levantara en un exabrupto llamando la atención del rubio.

-¡Naruto! ¡Dile a Sasuke que yo siempre…!

El rubio, a sabiendas de la información, pareció recibir un golpe en el estomago. Ino se levanto al mismo momento que Sakura, tomándola de la muñeca, evitando que siguiera hablando.

-Sakura, no es el momento…- murmuro, con rabia y lastima, tristeza por su amiga. Naruto trago saliva y entro por la puerta. Itachi cerró la puerta segundos después.