Cáncer

A SasuHina Fanfiction

22. The end of laughter and soft lies.

Mikoto y Fugaku Uchiha estaban de regreso en la habitación; viendo morir al menor de sus hijos en una cama de hospital, con cables conectados a su cráneo pálido y con una docena de adolescentes en la sala privada de espera; y aunque no quería ser grosera, la madre ignoraba a todos a su alrededor, incluso a su marido. Los ignoraba a todos únicamente para tomar la mano desfallecida de su hijo, que se encontraba fría, tan fría.

Cuando Mikoto supo que estaba embarazada de Itachi, fue como si su vida finalmente comenzara a tener sentido. Se había casado joven y en la misma edad había tenido que aprender a ser una ama de casa, a llevar un negocio, una vida conjunta con Fugaku y una vida sola siendo Mikoto simplemente; pero cuando la prueba de embarazo se iluminó con una cruz roja, y las nauseas y mareos comenzaron a tener sentido, pudo sentir como Itachi, que era una célula apenas existente se había afianzado a su corazón de por vida.

Nueve meses y cinco años después, había entrado al baño aprovechando que Itachi estaba en clases de piano y tomó una segunda prueba, la cual mantuvo en el lavadero por los minutos acordados. La belleza con la que Mikoto estaba rodeada quitaba el aliento y en ese momento, la belleza más sublime era el rostro calmado de Itachi y la posibilidad de un segundo positivo por el que tanto habían orado ella, Itachi y Fugaku.

Sasuke Uchiha nació el 23 de Julio por la mañana, antes del medio día; el trabajo de parto había sido un tanto diferente al de Itachi; Mikoto apenas había sentido las contracciones cuando Fugaku la internó en el hospital la noche del 22, y la mujer pudo dormir una noche entera sin preocupación alguna, con un nervioso Fugaku Uchiha recargado en el sofá de la habitación sumergida en la oscuridad. Itachi pasaría la noche en casa de Azami Uchiha; hermana de Fugaku y madre de Shisui; y regresarían por la mañana para conocer a Sasuke.

Mikoto recordó la primera vez que vió a Sasuke entre sus brazos, untado con sangre y restos de placenta; el chico lloraba escandalosamente, a diferencia de Itachi que salió tan callado que Mikoto moría de nervios pensando que había dado a luz a un niño muerto. Sasuke peleaba con los puños y respiraba demasiado aire y cuando la enfermera lo llevó a preparación, Mikoto pudo ver a Fugaku sonriendo nerviosamente detrás del cristal con Itachi entre los brazos y Shisui asomando la nariz para poder ver a su nuevo primo. El corazón de la madre se llenó de liquido dorado y pudo sentir toda la felicidad posible que un ser humano puede sentir en su cuerpo y todavía un poco más.

Los padres no deberían vivir más que sus hijos. Los hijos no venían con instrucciones pero Mikoto estaba segura de que amaba a Sasuke aun y cuando solamente era un pensamiento lejano y sabía que tal vez había sido una madre pesada y un tanto encajosa, pero también sabía que nadie amaría a sus hijos en la manera en la que Mikoto Uchiha lo hacía; los había cargado en su estomago, habían dormido sobre su pecho, había hecho cosquillas y besado dedos de los pies, los niños habían orinado sobre ella y habían vomitado sobre ella pero Mikoto lo haría de nuevo mil veces.

Ahora Itachi estaba en un pequeño sillón junto a la niña Hyuuga que lloraba sin querer hacer ruido, como un ratón, y Sasuke estaba en la cama de hospital frente a ella y podía ver como las maquinas parpadeaban y hacían sonidos cada vez más seguidos y graves y era como ver como se inunda una casa poco a poco sin poder hacer nada.

Sorbió por la nariz, poniendo su cabello detrás de las orejas y se acercó lo más que pudo a su hijo menor, acariciando su cabeza llana y fría, ante la mirada de los dos hombres Uchiha. Mikoto lamió sus labios para quitarse la resequedad y sorbió las lágrimas por la nariz, tragando saliva y partió sus labios solamente para cantar.

-Tú eres mi sol, mi amor, mi único sol, me haces feliz… si el día está gris, nunca sabrás, mi amor, cuanto te quiero… por favor no me dejes sin sol… - aquella canción era milenaria, y la había cantado Johnny Cash antes que la madre de Mikoto la cantara para ella, y antes de que Mikoto la cantara a Itachi y antes de que Mikoto la cantara para Sasuke. Honestamente no recordaba la última vez que había cantado aquella nana, Sasuke probablemente no había entrado a la escuela primaria, pero ahora, cantándola por la madrugada a un Sasuke que no respondía ni se sonrojaba, sabía diferente.

Mikoto siguió entonando la canción de sus hijos y de todo el mundo mientras Fugaku intentaba mirar a cualquier lugar menos a la cama, y un temblor en el labio amenazaba con hacerlo llorar en público frente a la hija de Hiashi.

Hinata se había levantado, y por costumbre, Itachi también. Los cuatro habían rodeado la cama de hospital de Sasuke por unos minutos y era como si estuvieran ensayando para el funeral. Hinata lo miraba, tan hermoso como el día en que se conocieron, y mordió su labio inferior queriendo retener los sollozos dentro de ella. Itachi estaba detrás de ella, emulando a su padre, una mano en su hombro para el inminente momento de la caída.

Naruto debió haber escuchado los sollozos, al igual que Shisui porque entraron sin tocar, tropezándose uno con los pies del otro y mirando la escena, con ojos perturbados y desorbitados.

-Itachi…- murmuró Shisui, incrédulo.

-¿S-Sasuke…? – dijo Naruto, cerrando la puerta detrás de él.

No había dolido.

No había dolido ni un poco. Mientras Sasuke se desmayaba en su cuarto y perdía la consciencia solamente sintió una cosa, sintió pánico mientras se trataba de afianzar a los muebles de su habitación y ver entrar a Fugaku a su pieza con el rostro descolocado había sido una vista para nada común. Mientras Sasuke se desmayaba, sabía que iba a morir ese día, amarrado a una cama de hospital, escupiendo anestesia, como quería. Como quería mucho antes de que Hinata regresara a su vida.

Hinata era como tomar una gran bocanada de aire después de tener la cabeza sumergida en el agua durante mucho tiempo; la había visto en la soledad del salón de clases comiendo por sí misma, con el polvo volando a su alrededor y el dorado del sol haciéndola parecer angelical; Sasuke había sentido su corazón retozar y dar vueltas en ese mismo momento. Nunca lo admitió a nadie más que a ella pero Sasuke fue quien se enamoró primero de ella antes que ella de él.

Después de ella pero antes de que la enfermedad se desatara violentamente, Sasuke era más cuidadoso, asistía a sus citas porque pensaba que iba a sobrevivir, tomaba sus medicinas a su tiempo, hacía ejercicios motrices regulares, lo normal. No tenía miedo de morir, porque sabía que el cáncer de la sangre era algo totalmente diferente de luchar en contra y la muerte no tenía con que amenazarlo. Pero cuando ingresaba al hospital e Itachi le informaba que Hinata estaba ahí nuevamente es cuando Sasuke comenzó a tener miedo de morir, que tenía algo por qué desear vivir, y como había dicho, no es que tuviera miedo de morir sino que tenía un miedo repentino de estar sin Hinata.

Sasuke murió el 6 de Diciembre por la madrugada; todavía no salía el sol. Sólo recordaba escuchar la voz de Naruto intentando despedirse de él, el llanto inconfundible de Hinata, y la voz distante de su madre cantando la nana con la que solía dormirlo cuando era menor. El pánico vino después y después del pánico, el dolor, pero solo por unos cuantos segundos, sintió su piel hervir desde adentro y ya. Eso fue todo; Sasuke dejó de respirar y se anunció una muerte cerebral, la luz ultravioleta del techo del hospital se posaba sobre su cara, iluminándolo. Parecía tranquilo.

Demonios, había tantas cosas todavía por hacer. Sasuke todavía tenía que llevar a Hinata a una apropiada luna de miel, una en la que para empezar estuvieran solamente ellos dos, todavía tenía que graduarse de la preparatoria e ir a ese gran viaje de año sabático con sus amigos, tenía que ser el padrino del hijo de Naruto y tener dos hijos y una niña con Hinata. Ser un abogado en la firma de su padre, tal vez ser uno muy bueno para que dejara de fastidiar tanto a Itachi; su madre también quería que le ayudara a plantar flores en el patio interior. Tenía que casarse con Hinata.

Demonios. ¿Hinata?

Mikoto lloraba a mares mientras veía a su hijo frente a ella. Fugaku finalmente se había quebrado y había puesto una mano sobre el hombro de su mujer, mientras derramaba lágrimas sin hacer ruido. Fue Itachi quien miró con desorbitados ojos el cadáver de su hermano menor y cuando Hinata quiso simplemente correr de la habitación, fue quien la recibió en sus brazos, quien recibió las lágrimas en la camiseta.

La Hyuuga sentía todo el aire salir de sus pulmones mientras se abrazaba a Itachi fuertemente y sentía sus rodillas temblar erráticamente. Hubo un momento en el que solamente Itachi la mantenía de pie mientras gruesas lágrimas comenzaban a correr bajando por sus mejillas y sus exagerados sollozos podían ser escuchados en todo el hospital.

-Oh dios mío… - gimió Hinata, hablando solo por encima del llanto de Mikoto. – Oh mi dios…- repetía, sin poder decir realmente nada más. Quemaba como un gran balde de agua fría en un momento inesperado, dolía como un golpe con un bate en la cara. Ahora Hinata era una viuda y el amor de su vida se había ido de su lado para siempre.

Era bonito donde se encontraba, al menos por ahora, así que Sasuke estaba confundido. Ya no oía el llanto ni se sentía débil; pero si lamentaba haber sido el primero de la pandilla en morir, como la canción de Morrisey. Se había visto demasiado debilucho, pero al parecer es lo que estaba escrito en las cartas para él. Dos chicos, jugando a ser Dios, jugando a casarse y planear una vida juntos.

Si pudiera decirle un par de cosas a la gente que dejó atrás, suponía que tardaría un poco. Les quería decir que no estaba y nunca había estado realmente asustado de morir, que no estaba asustado de nada. Solo estaba asustado de dejarlos atrás, de dejar a Hinata detrás. La amaba tanto y todo lo que siempre quiso hacer fue protegerla como un esposo debía de proteger a su esposa, de asegurarse de que todo estuviera bien y de que nada pudiera lastimarla, y suponía que ahora aquello era imposible. Era algo bueno que sus amigos e Itachi estuvieran ahí.

Uno de los sonidos favoritos de Sasuke cuando estaba vivo era la risa tímida de Hinata, y aquello iba a extrañarlo. Solo deseaba que siguiera viviendo, que se enamorara de nuevo de un buen hombre y que no se sintiera mal por él, porque si era lo suficientemente afortunado, en cualquier lugar donde terminara, estaría esperando por ella. Quería decirle que no se apresurara, que no era como si tuviera un lugar en donde estar. Que viviera, que hablara y pensara, que actuara, y que de vez en cuando escuchara su canción de bodas y pensara en el con una sonrisa en los labios, que mirara obras de arte para conmoverse, que se riera mucho y que llorara de vez en cuando y que si encontraba un hombre decente, que fuera por él y que lo amara.

Sobre todo, quería decirle que lo sentía y lo sentía mucho. Sentía profundamente todos esos meses desperdiciados donde su orgullo fue el mayor obstáculo entre los dos, sentía mucho no haberla podido llevar a Hawái o algo así de luna de miel, el tiempo no fue su mejor aliado todo este tiempo, quería decirle que sentía haber llamado a Neji un "bastardo esnob y arrogante" y por aquella lejana vez que olvidó recoger a Hanabi de la práctica de soccer como había prometido. Que mirara a todos los buenos momentos que tuvieron y que lo amara.

Que había sido increíblemente bueno mientras duró y que la buscaría en la próxima vida y se casaría con ella. Y en la vida siguiente, y en la siguiente y en la siguiente también.

Que la extrañaría.

Y que la amaba.