Cáncer

A SasuHina Fanfiction

23. Dios ha roto mi corazón.

N/A: Muchas gracias a todas las personas que dejan reviews y leen desde la sombra. Ahora si ya nos acercamos al final de esta historia.

Sonaban las noticias de Konoha en el radio que por costumbre, Fugaku y ella tenían en la habitación. No era como si bailaran en la oscuridad o estuvieran atentos a los resultados del beisbol o algo parecido pero justo junto a las joyas de Mikoto se encontraba un viejo radio de baterías perteneciente a su padre, que rara vez usaban, solamente para tener el consuelo del ruido blanco rodeándolos.

Apenas y había conseguido el ánimo para bañarse después de la madrugada que había pasado. No había podido dejar de llorar durante la gran parte de la madrugada y aun en la mañana cuando ya se encontraba seca de llanto, solamente pudo asentir o negar a los preparativos funerarios de los que Fugaku y Asami Uchiha, la madre de Shisui, se encargaban.

Ella y su esposo se arreglaban en el más sepulcral de los silencios, dándose la espalda el uno al otro, con la puerta semi abierta dejando entrar un haz de luz rectangular y dorada. No querían usar ropa tradicional, no esperarían a familiares transnacionales ni habría demasiada gente; Fugaku y Mikoto darían sus adioses en la casa funeral Shitoba entre la familia nuclear y los amigos de su hijo y al final del dia, darían santa sepultura a Sasuke, beberían una taza de té verde en la casa y comenzarían el resto de su vida al dia siguiente.

Por ahora, Mikoto peinaba su larga cabellera azulina con un peine de marfil mientras se miraba en el espejo ovalado en medio de su escritorio; había botellas de perfumes franceses y joyería italiana regada por la madera oscura, su anillo de casada en un pequeño plato de porcelana; su mirada completamente vacía de algún sentimiento que no fuera una tristeza suicida y una melancolía nueva muy distinta a todas las que había conocido en su vida. La opacidad de sus ojos, antes brillantes con esperanza, ahora reflejaba en su rostro cansado y desvelado, un rostro que vive durante la prueba más grande de fe que una madre puede afrontar; el seguir pensando que existe un Dios aun y cuando se le ha arrebatado algo tan precioso como un hijo.

Puso el cepillo de marfil cara abajo contra la madera, mirándose en el espejo y desasociando completamente sin saber si era ese su propio rostro, y después de deslizar el anillo de casada en su dedo se levanto del tocador al mismo tiempo que Fugaku acomodaba el cuello de su camisa, batallando siempre con la corbata aun y cuando había venido lidiando con ellas toda su vida. Mikoto lo observo batallar con la delgada corbata negra y se acerco, sin expresión en su rostro, tomándola en ambas manos y comenzando a hacerla mientras Fugaku miraba al frente, sus labios convertidos en una línea recta en su boca.

-¿Itachi? – pregunto por lo bajo Fugaku Uchiha mientras su mujer le hacia la corbata. Después del hospital y de los primeros arreglos funerarios, había visto como Shisui se preparaba para el funeral en su casa pero no había visto a Itachi en una buena hora.

-Dijo que nos vería en la casa funeral. – respondió Mikoto, sonando tranquila por primera vez en horas. Había hecho el nudo de la corbata con delicadeza y rapidez. –No debe de tardar.

-Hn. – respondió finalmente el patriarca de los Uchiha. Su mujer había terminado el nudo de la corbata, como incontables veces lo había hecho con anterioridad y ambos habían suspirado pesadamente con diferencia de segundos mientras la señora Uchiha deslizaba las manos que ya mostraban arrugas y manchas de sol por el pecho de su marido. Era considerablemente más corta de estatura que su marido y aquello le había permitido refugiarse en su pecho en los viejos dias de cortejo.

Fugaku miro hacia abajo un par de segundos, antes de acariciar la cabellera de su esposa, desde la nuca hasta los finos mechones que colgaban en su espalda y una vez terminado el recorrido de su mano, la acerco a su pecho, Mikoto acomodándose en cada hueco que había proclamado como suyo. El patriarca depositó un beso cansado en la sien de su mujer, reconociéndole el esfuerzo y su merito de haber cuidado a su hijo durante toda la vida y Mikoto solamente pudo recargar la palma de sus manos en su esposo, como lo había hecho en su primer baile como marido y mujer. La mujer comenzó a llorar entendiblemente y Fugaku, una vez más, solo pudo doler.

Estuvo a punto de bajar del auto. No lo podía creer, pero en medio de su ser tan egoísta estuvo a punto de bajar del auto, tocar el timbre y poseer a Konan una última vez, solamente porque un orgasmo era más sencillo de manejar todo lo que estaba pasando. La chica había llamado al hospital un par de veces y había conversado con Itachi por medio de mensajes durante toda la tarde, incluso estuvo a punto de ir, pero Itachi había dejado de contestar; Sasuke había muerto.

El avión de Konan salía ese mismo dia, lo sabía porque la chica lo había mencionado la última vez que estuvieron juntos y aquella oración había hecho ricochet en la cabeza de Itachi desde entonces, pero no se acompañaba con el tinte melancólico que imagino sino que tenía un aire de desesperación y de soledad que era imposible soportar sin rebanarse los dientes unos con otros. Itachi había manejado hasta el vecindario de Konan en el más raro de los escenarios y se había estacionado unas calles más abajo. Había incluso logrado bajarse del auto y hubiera caminado más de no ser porque la chica con la que se imagino pasar el resto de su vida cerraba la casa donde tantas veces había dormido por fuera, y cargaba un par de maletas grandes y antiguas, la hipster pretenciosa. Había un convertible rojo esperándola y dentro de ella, un chico fornido vestido en un tank top negro a la par de sus mallas de yoga; tenía el cabello plateado y ambiguamente largo e Itachi lo reconocía de las exposiciones de la escuela de su ex novia; su nombre era Hidan y adivinaba que él y Konan tenían sexo o que el chico también había conseguido una beca en España y se iba de Japón.

La primera opción era más convincente.

Hidan subía las maletas al convertible y parecía hablar animado con Konan; la chica usaba una gabardina roja y larga y una boina del mismo color que contrastaba violentamente con su cabello que seguía siendo violeta. Itachi observaba esa escena como si él fuera quien debía de estar subiendo las maletas a un auto distinto, menos llamativo y confiable, y un sentimiento de celos y de desesperación se anido en su estomago. Su hermano menor había muerto hace unas horas y la deducción pronta de Itachi era que tenía que ver a Konan de inmediato y romperle la ropa interior, cogerla contra una pared, deshacerse con ella, tomar su mano y besar sus clavículas; debió haberse casado con ella, debió haber huido del país, debió haber sido un rebelde. La única cosa que le daba más miedo que no amar a alguien más de lo que amaba a Konan era precisamente hacerlo.

Dio media vuelta y regreso al coche, lo encendió en silencio y afianzo las manos en el volante antes de arrancar. Hidan no abrió la puerta para Konan y apenas y se espero a que la chica estuviera en el auto para arrancar en dirección contraria de la que Itachi estaba estacionado. El chico observo a Konan irse, probablemente de camino al aeropuerto y pudo sentir como toda su fuerza se iba con ella, como ya no tenía ganas ni ahínco para aguantar una fachada y sintió el dolor del mundo cayendo en sus hombros. Miro su reloj con una expresión seria, el servicio funerario debería de haber comenzado y sabía que debía estar ahí para su madre y su padre, para Hinata y los chicos.

Suspiro, encendiendo el auto y comenzando a manejar. Llego a un alto, uno solitario en el que no había ni peatones ni otros autos a su alrededor y se permitió derramar dos lagrimas; una por Sasuke y una por Konan y lo que pudo ser.

El interior de la casa funeraria Shitoba era como uno se imaginaria que una casa funeraria seria. Las paredes estaban pintadas de beige y había floreros naturales en cada esquina de los muebles blancos; había sillones cómodos y una pequeña capilla alejada que era usada en su mayoría por los occidentales que velaban ahí; había una cantidad considerable de gente pero no estaba lleno y era macabro entrar en una funeraria y observar tantos chicos jóvenes en luto.

Había una foto de Sasuke en una esquela junto al féretro que se encontraba cerrado en pro de la salud de la madre y la familia doliente. La foto mostraba al chico antes de que la enfermedad azotara, una de las últimas fotos escolares que había tenido Sasuke antes de todo; no sonreía por supuesto pero su mirada era vivaracha y la palidez de su piel aun era sana. Era una vista tan inusual que Mikoto pensaba que ni siquiera era su hijo.

Las hermanas de Fugaku atendían a la gente que llegaba y Shisui parecía fuera de sí mientras recibía gente y ayudaba en lo que podía, sobre todo sirviendo café. Usaba un traje completamente negro y había hecho todo lo posible por aplacar el cabello en su cabeza, a petición de su madre. Itachi no se encontraba cerca y eso hacía que Shisui estuviera nervioso e impaciente, como si su ausencia fuera un mal augurio. Le enternecía y horrorizaba ver que todos los amigos de su primo se encontraban ya sentados en la sala funeraria, con los rostros más largos de la historia y las expresiones cansadas; únicamente faltaban los Hyuuga y la novia de Neji pero estaba casi seguro que no tardarían.

Los Yamanaka habían donado la entereza de las flores y la familia de Chouji había ofrecido el banquete; Sakura servia café con manos temblorosas y Naruto mismo guardaba los abrigos de los asistentes junto con Shikamaru; era íntimo y familiar y un funeral no debería de dar tanta simpatía. El féretro era negro y estaba cerrado, cubierto por flores rojas y abultadas como las manzanas del verano polaco; Subaku No Gaara tocaba un viejo piano de cola; era tétrico, pero dada la circunstancia útil como el chico sabía de memoria piezas reservadas para un réquiem.

Finalmente Itachi entro en el recinto, con el rostro un poco rojo y la mirada perdida, desabrochándose un botón del saco, buscando a su familia nuclear con su mirada y encontrándose con los ojos de Shisui. Ambos levantaron las cejas el uno al otro a manera de saludo y durante casi todo el funeral, no se separaron ni una vez.

El chenongsam negro y modesto que usaba para las contadas muertes de su familia no lo había tenido que usar desde hace tres años, por lo que era ajustado en las caderas y en los senos pero no era vulgar para la ocasión. TenTen había pasado la mañana dormitando con Hinata, ambas abrazadas en la cama matrimonial de la chica; la pelinegra había tenido ataques de llanto y de pánico durante toda la madrugada y apenas pudo despertarse a tiempo para el recinto funerario; la madre de Shisui insistió en que no debía asistir si era demasiado difícil para ella pero TenTen sabía que finalmente ninguna fuerza humana evitaría que Hinata diera el ultimo adiós a su novio.

Prepararla había sido una historia diferente. Hanabi había hecho sopa cuando se entero de la noticia y antes de arreglarse ella misma para el funeral había dejado dos bowls con sopa caliente de verdura y fideos en la puerta de la habitación de su hermana mayor. Hinata se había sentado en el borde de la cama y TenTen había pospuesto su propia sopa para alimentar a su mejor amiga con la paciencia y el amor de una madre; Hinata estaba pálida y sus ojos se encontraban hinchados y rojos con pesadas bolsas debajo de los mismos. La chica ojos de luna apenas y había comido un par de cucharadas mirando a la nada y cuando TenTen decidió que era al menos suficiente para que tuviera fuerzas durante el dia, pudo comer ella misma.

Había peinado el cabello de Hinata a continuación y mientras TenTen la cepillaba, su amiga temblaba en la cama, llorando; incluso tuvo que parar un par de veces; la chica de ascendencia china quiso convencerla de que no tenía que ir, de que ninguno de ellos tenía que ir si no se sentían listos y que nadie los juzgaría, pero Hinata se negó entre hipos de llanto. Finalmente TenTen pudo trenzar el largo cabello de Hinata y la miro calzarse las medias negras y los zapatos de tacón de aguja del mismo color. Mientras TenTen se maquillaba un poco, Hinata se metía en un vestido de manga larga y pegado a su cuerpo, que llegaba debajo de sus rodillas.

Aunque no quería, la pelinegra untó su rostro con base de maquillaje que hacia un contraste impresionante con la palidez de su piel; Hinata se veía chupada desde adentro, con los labios secos y el cabello muerto, y cuando intento maquillarse, desistió en un par de intentos, limpiando su rostro y solamente humectando sus labios. Ambas estuvieron listas antes que Neji y Hanabi pero no salieron de la habitación; se quedaron sentadas en el borde tomándose de las manos.

Fue Hinata sorpresivamente quien rompió el silencio.

-Los…L-Los Dioses vieron que estaba cansado…

TenTen solo pudo mirarla.

-Los Dioses vieron que estaba cansado y a-aunque lo amaramos mucho n-no pudimos hacer que se quedara…

-Hina…

La chica había comenzado a llorar pero no había cambiado la expresión de su rostro ni un segundo. TenTen lo encontraba un tanto extraño, pero eso le hacia la muerte a las personas. El ventilador movía las aspas con una lentitud de miel y no había ruido en la habitación más que el llanto de Hinata y sus respiraciones combinadas.

-Es como si Dios hubiera roto mi corazón. – No había titubeado ni un segundo. TenTen la miro desconociéndola un poco, pero escuchándola hablar. –Estoy tan…cansada…

Hinata había murmurado esa última parte y TenTen sintió como había afianzado el agarre en su mano. No supo que decir así que no dijo nada, acompañándola en la soledad y se sumieron en el silencio unos segundos más antes de que alguien tocara delicadamente a la puerta.

-Hinata-Sama, TenTen… -la voz de Neji irrumpió en la habitación detrás de la puerta. –Hanabi-sama y yo estamos listos. Hiashi-sama se nos unirá mas tarde para pagar sus respetos a los Uchiha.

-En un momento estamos afuera, Neji. – dijo TenTen levantándose y tomando su bolsa de mano, dejando caer la mano de Hinata contra el sillón como si se tratara de la extremidad de una muñeca. TenTen la miro quedarse sentada unos segundos antes de levantarse y respirar llenando sus pulmones de aire.

-N-Necesito usar el baño antes de irnos. – dijo Hinata con una mano en la puerta de su baño temporal. TenTen asintió mientras tomaba la bolsa de Hinata también y abría la puerta, encontrándose a Neji en un traje negro y una gabardina del mismo color.

-Te vemos afuera…- dijo Neji mientras cerraba quedadamente la puerta dejando a Hinata en la soledad de su habitación.

La joven entro en su baño, cerrando la puerta detrás de ella y deslizando las medias con facilidad hasta que hicieron una piscina en sus tobillos mientras se sentaba para orinar. Era curiosa la muerte de un ser amado, y Hinata no era ajena a las casas funerarias ni mucho menos; su familia siendo tan milenaria tenía una demografía de adultos mayores impresionantes y algunos genes débiles hacían que las personas vivieran menos; pero era completamente diferente asistir al funeral del amor de tu vida. Mientras que todos sabían que su tiempo en el mundo era limitado siempre era una sorpresa cuando se encontraba con que había muerto alguien que amaba, como pisar un escalón invisible que jurabas que estaba ahí, ajustarse a una nueva realidad y porque nunca pensaba en realidad que la ultima vez seria la ultima vez; Hinata había sido irresponsablemente optimista con el diagnostico de Sasuke y el chico había hecho todo lo posible para hacerle creer que habría más, que habría un "para siempre" cuando la realidad era que no nunca existió esa posibilidad.

Hinata suspiro mientras hacia sus necesidades, acomodándose los aretes de perla que usaba y que habían pertenecido a su madre y en el afán de acomodarlos uno se aflojo, cayendo al azulejo del suelo y rodando mientras el excusado se descargaba, rodando hasta chocar con la canasta de necesidades que compartía con Hanabi.

Cuando Hinata se agacho para recoger su arete; su corazón dio un vuelco enorme que siempre había estado imaginando, desde que era pequeña y junto con Hanabi jugaba a ser madre, con una almohada debajo de su camiseta simulando un vientre hinchado. El jadeo de sorpresa le quito el aire en la garganta. En la canasta de mimbre yacían un par de cosas esenciales, cojines de agua caliente, toallas perfumadas y húmedas y una solitaria caja de tampones de 10 tantos; dos de los cuales había utilizado Hanabi hace una semana dejando ocho para el ciclo de Hinata.

Un ciclo que no había recordado y que no había tenido desde hace dos meses.