Tus palabras te rodean como si fueran niebla y permiten esconderte detrás de ellas.
Edward Teach
۵ Recepción ۵
La noche estaba entrando en su punto álgido en el bar de mala muerte Astrea. Estando lleno de bandidos, piratas, la escoria de la sociedad, Asmita se preguntaba en qué momento comenzaría una de las usuales trifulcas. Las puertas rechinaron y el disminuir del sonido permitió que el dueño del local reconociera un par de pisadas nuevas que se acercaban sigilosas hasta su presencia.
—Un brandy. Doble. En las rocas —carraspeo la voz del recién llegado del otro lado de la barra.
Enseguida Asmita preparó la bebida y la colocó frente a la voz.
—Asmita, ciego de mierda, otra ronda —gritaron en una de las mesas.
Mientras el cantinero preparaba la orden e iba colocando todo en una charola, sintió la mirada clavada del nuevo cliente.
—¿Eres ciego?
—Sí señor, así es.
—Ja, y yo que creí que era una forma exótica de hacer tragos.
—Conozco este lugar y a sus clientes como la palma de mi mano.
—Hmmm, ¿en serio? —la madera del asiento rechinó y Asmita supo que el nuevo había girado—. Entonces dime, ¿quienes son ellos?.
—Si se refiere a los que están a mi izquierda, ahí están el grupo Máscara de la Muerte, descansando de unos de sus viajes. No le recomiendo apostar con ellos. Disfrutan robar las tierras y las mujeres de los que se creen con suerte.
La silla volvió a rechinar.
—¿Y allá?
—Hay varios, pero el peor es Antares, Kardia de Antares. Es un matón de poca monta que por alguna razón disfruta provocar a sus presas.
La silla volvió a rechinar y la voz del nuevo sonó dirigida hacia él.
—Me sorprende que además de ciego no estés mudo con esa lengua tan larga.
—Todos aquí los conocen y sólo un tonto buscaría problemas, en especial con ellos.
—Seguiré tu consejo.
—Haría bien en hacerlo, soldado.
El silencio se prolongó, dándole a entender a Asmita que había atinado de nuevo con sus deducciones.
—Estoy comenzando a creer que no estás tan ciego como dices.
—Oh, lo estoy. Se sorprendería de todo lo que me dicen mis otros sentidos.
—Sorpréndeme.
—A su izquierda, Kardia está empezando a molestar a una de las meseras. A su lado, otro hombre se ha levantado para defenderla. A su derecha, ya están empezando una nueva ronda de apuestas.
—¿Quién ganará?
—Aldebarán.
—¿Así se llama el otro sujeto?
—No. Así se llama mi guardia que está detrás de usted.
Un fuerte forcejeo sonó encima de la barra, típico sonido del grande y fuerte hombre sometiendo a los indeseables.
—Trátalo bien Aldebarán.
—Eso hago Asmita —dijo con su voz gruesa el guardia—. Debe ser muy tonto para venir hasta aquí y creer que saldría con vida —bromeó y sonó un siguiente forcejeo sobre la barra.
—Revisa sus credenciales.
La voz del nuevo se quejó un poco por la falta de aire y el dolor.
—No trae ni para pagar.
—Ok, haremos un trato, rojo. Usted me dice su nombre y a quién busca y yo, me aseguraré de que salga con su vida intacta.
—De acuerdo, pero dile a tu hombre que se aleje de mi trasero.
—¿Algún problema Asmita?
—No, ninguno Kardia.
—Si viene por mí, suéltalo. Espero que sea mejor calentamiento que este otro.
Un golpe seco parecido a un bulto azotando sonó cerca de Kardia.
—No te creas tan importante, matón de mierda —gritaron desde el otro lado del bar.
—Tú cállate Manigoldo. Tú y tus bailarinas no me durarían ni medio segundo.
—¿Qué dijiste?
—Ya, chicos basta —gruñó Aldebarán— o tendré que sacarlos de aquí, luego de vaciar sus bolsillos —río entre dientes.
—Entonces, ¿a quién busca? —volvió a preguntar el cantinero al nuevo cliente.
—A mi padre —confesó éste irritado y adolorido.
—Ey, Sísifo. Te buscan. Otro de tus niños perdidos —gritaron en otra esquina.
—No, está muy viejo para ser de sus gustos —bromeó otro y al poco rato sonó cómo se rompía algo en su dirección.
—Sísifo, tendrás que pagar por esa silla —gritó Aldebarán.
—Aquí no hay padres de nadie, soldado. Tendrás que buscar una mentira mejor que esa —Asmita empezó a limpiar donde habían caído unas gotas de sangre.
—Me creerá cuando le diga quien me envía.
—Y quién podría ser ese, niño. Habla —la gruesa voz de Aldebarán resonó divertida.
—Dégel —gimió el nuevo casi ahogado.
—Ese nombre no te traerá nada bueno en este lugar mocoso —amenazó Kardia y por un sonido, Asmita supo que el matón ya le había colocado una daga en el cogote.
—Basta. Si quieres encargarte del crío vayan atrás. Pero no ensucies nada. Aldebarán, asegúrate que nadie los interrumpa.
—Con gusto. Vamos muchacho.
Kardia gruñó y maldijo al grupo de piratas antes de que su voz desapareciera tras una de las puertas del bar.
*. *. *. *. *
—Bien mocoso, habla. No tengo toda la noche —gruñó Kardia una vez que estuvo a solas con el desafortunado soldado.
—¿Tú, eres Kardia?
—Conozco a Dégel, pero de una vez te digo que yo no tengo hijos.
—Ni te preocupes. Eres tan patético como te describe.
Kardia rió.
—Escucha, mocoso. O me dices a qué vienes o terminarás nadando con los peces.
—Sólo quiero sacarte de aquí antes de que te atrapen. Viene en camino un batallón entero en busca de tu cabeza.
—¿Y qué dijiste, este ya me creyó? Más te vale que me des algo bueno para no dejar tus vísceras decorando el piso.
—Es todo. Tómalo o déjalo.
En un parpadeo Kardia se abalanzó sobre el joven soldado, arrinconándolo contra la pared y dejando sus pies al aire.
—Te faltan muchos años para venir a mentirme —Kardia empujó más su brazo contra el cuello del joven, mientras se lamía los labios.
El soldado intentó liberarse en vano con ambas manos y, a punto de perder la conciencia, se escuchó como tocaban la puerta; pero nadie entró.
"Los rojos", se escuchó afuera del cuarto y Kardia tomó al joven como un costal de harina y lo aventó por una ventana antes de salir. Arrastró al soldado unos cuantos metros antes de que este empezara a luchar.
—Para allá no, imbécil. Suéltame —gritó intentando liberarse de Kardia.
—Si quieres quédate, yo me largo —gruñó el matón aventando al soldado.
—Vas directo a su trampa.
Furioso, Kardia regresó hasta el adolorido joven y lo dejó colgando al aire
—¿A dónde debo ir entonces, eh? Dime.
—Bájame y te sacaré de aquí, insecto mal agradecido.
—Hm, Dégel me decía así —bromeó Kardia dejando caer al joven—. Y, ¿cómo te llamas muchacho? —le preguntó mientras seguía al soldado.
—Milo.
—¿Milo? —el matón río con fuerza—. No me jodas. Pensó en todo, ¿no? Ese desgraciado. Si lo vuelvo a ver lo mataré para que deje de inventar estupideces.
—Ya casi llegamos —señaló el soldado ignorando la fuerte voz de Kardia que no parecía importarle ser descubierto.
Por suerte, la oscuridad los cubrió lo suficiente hasta que llegaron a un burdel para refugiarse.
—Bien, sí eres mi hijo. Nada como un poco de acción después de hacer ejercicio —comentó Kardia viendo a las mujeres que, sonriendo, les abrían paso al interior del edificio.
—No hay tiempo. Nos esperan —Milo no dejaba de caminar escaleras arriba.
—Escucha, mocoso. Ya estamos a salvo, algo de diversión hará que llenes mejor el uniforme.
—Apuesto a que sí, Kardia —dijo una voz que el mencionado reconoció al instante.
—No puedo creerlo, ¿qué haces aquí Dégel?
—Salvando tu trasero.
—Si tantas ganas tenías de verme no era necesario tanto baile.
—Gracias Milo.
—De nada, padre.
—Espera, ¿no que era mi hijo? —preguntó Kardia mientras ocupaban una de las habitaciones.
—¿Quién crees que lo cuidó por ti todos estos años?
—Vamos Dégel. Si no tienes tiempo para mujeres, mucho menos para cuidar del hijo de otro. ¿Y de quién es, seguro que no es tuyo?
—Calvera —respondió Dégel tomando asiento mientras Milo se dejaba caer en la cama.
—No le respondas tan fácil. Este desgraciado por poco hace que nos atrapen —gruñó Milo.
—Escucha mocoso, no necesito ayuda para mantener mi cabeza pegada a mi cuello. Si te seguí es porque quería ver a Dégel.
—Pero si serás muy…
—Milo, ve a tratarte esas heridas. Necesito hablar a solas con Kardia.
—Pero…
—Y luego ve a reportarte. Necesitamos la coartada.
—Entendido, ya voy —Milo dejó la cama y a regañadientes volvió al bullicio del edificio.
—Ella jamás me dijo nada —suspiró Kardia recargándose en la puerta.
—¿Y para qué? La habrías dejado de todas formas.
—Es idéntico a mí —bromeó.
—Si, no sabes cuánto tuve que luchar para no darle un golpe en la cara cada que aparecía tras una puerta.
Kardia se fue deslizando hasta caer tendido en el piso.
—Gracias por venir por mí, Dégel.
—Cuando quieras.
*.CONTINUARÁ.*
*. *. *. *. *
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Ah, ese Kardia. Me encanta. Esto es parte de una serie de disparadores del MiloShippFest 2020 que resultó en algo medio bizarro. No lo propuse para participar en el evento ya que aún no sé qué tanto tiene para ofrecer de lo que se pedía originalmente.
Lesath Al Niyat, gracias por convencerme de publicar y por el resumen. Y gracias infinitas a ti por darle una oportunidad.
Noticias:
Romance Sanctuary, una reinterpretación del universo Saint Seiya, va en su 5º capítulo, con sus respectivos SpinOff's. Ya puedes leer sobre Aioria, Milo, Deathmask, Aioros y Mü, aquí y con Lesath Al Niyat.
Noches de San Juan, un silice of life estudiantil de Saint Seiya, va en su 6º capítulo. Si quieres conocer como Shun se enamora de Sorrento en un universo alternativo te lo recomiendo.
Naruto Zetsumetsu, un final alternativo para Shippuden, va en su 8º capítulo. El NaruSasu es canon y nadie puede convencerme de lo contrario.
GunMan Wing, una historia de ciencia ficción entre Duo y Heero, va en su 7º capítulo. Si quieres conocer un universo donde estos dos se enamoran y quien sabe si se queden juntos, puedes ir a chusmear.
Milo, un relato de Milo desde que nace, va en su 3º capítulo. Sus papás son Dégel y Fem Kardia, con la curiosidad de que es puro diálogo.
Jardín d'Hiver, un mundo de fantasía entre medieval y victoriano, va en su 13º capítulo. Reúne personajes de Saint Seiya Clasico y The Lost Canvas.
También puedes disfrutar otros trabajos ya terminados en mi cuenta y en la de Lesath al Niyat. Gracias por tu atención y estero que nos leamos pronto.
Ciao-ciao. n.n/
