Cáncer
A SasuHina Fanfiction
Capítulo 24. Mizpah parte l.
N/A: ¡Hola a todos! Alguna persona que sigue este fic había sugerido hace unos capítulos que tal vez Hinata se había embarazado para tener una parte de Sasuke siempre con ella. Veamos este capitulo a ver que pasa. Quisiera poder agradecer a todo mundo individualmente pero la verdad me da mucha ansiedad social porque no me creo merecedora de tan bonitas palabras. Los quiero mucho y muchas gracias por leer lo que escribo; no saben lo feliz que me pone ver un nuevo like o un review y en estos tiempos en los que hay tan poca cosa por la que estar emocionados o felices, me hacen el dia.
Este iba a ser el ultimo capitulo como tal y tengo listo ya el capitulo, pero decidí hacerlo en dos partes porque aun tenía mucho que decir y ya había rebasado las 4'500 palabras. Espero les guste y no les exaspere que se haya partido en dos. Estoy trabajando a mil por hora.
Mizpah
`Miz-pa
(sus.) El emocionalmente profundo lazo entre la gente, especialmente en aquellos separados por la distancia o la muerte.
Cuando Hinata pudo finalmente salir del baño, una expresión completamente blanca sin distinguirse mucho de la de un cadáver se había posado en su rostro; sus labios seguían secos y ahora sus manos temblaban pero ni Neji ni TenTen pensaron demasiado sobre eso; tampoco Hanabi. Después de todo, su primer novio había muerto el dia anterior después de años de lidiar con una enfermedad que tiene como característica menguar al paciente y a su familia alrededor, así que ninguno de los dos pensaba que Hinata saldría de ahí luciendo como una supermodelo, sabiendo que hace un par de minutos ni siquiera podía comer por sí sola.
Su primo y su novia se habían montado al auto del primero y Hanabi esperaba en la parte trasera con la puerta abierta cuando Hinata subió al vehículo de manera lenta, casi con demasiado cuidado y cerró la puerta de la misma manera. Neji compartió una mirada furtiva con TenTen antes de que la castaña pusiera una mano cómplice en el muslo del chico y el mayor de los Hyuuga comenzara el viaje sin decir una palabra. El silencio fue comunitario, sepulcral, casi hermoso, y el rostro de Hinata ya no se contorsionaba por el llanto ni el dolor, de hecho no se contorsionaba de ninguna manera; solo abría la boca para tomar aire repentinamente, como si su respiración hubiera cambiado al modo manual y a veces lo olvidara; olvidar que tenía que respirar para sobrevivir.
La mente de la joven heredera Hyuuga se encontraba disparando ideas hacia todos lados, como una bala que rebota en las paredes de una habitación. Por respeto, por costumbre al silencio, Neji no había encendido el radio del auto ni TenTen intentaba hacer conversación sobre cualquier cosa que pudiera disipar; la chica también estaba cansada y había sido una extraordinaria mejor amiga toda la vida, sobre todo anoche, velando el sueño de una inquieta Hinata. Los arboles de las avenidas se desdibujaban ante la marcha del coche en el que iban pero la joven Hyuuga bien podrían haberse visto así todo el tiempo; no quería sugestionarse, en lo absoluto, pero tal vez se comenzaba a sentir mareada y con ganas de vomitar, probablemente porque su cabeza no era lo suficientemente disciplinada ni grande como para tener tantos sentimientos en su interior.
Parecía que el sol había salido más temprano para bañar las aceras largas de la avenida que transitaban y no había muchos autos delante o detrás de ellos; únicamente eran acompañados por una motoneta en la que un hombre mayor se transportaba y mientras las hojas ya marrones y amarillas caían en una especie de lluvia seca y diagonal Hinata no podía evitar pensar que nunca había sido una favorita de los dioses, que su vida había sido creada para experimentar hasta que punto el dolor humano puede ser tolerado; como un experimento enfermo que no tenia consideración por Hinata quien era prácticamente una niña.
Si era posible, al notar que había perdido su periodo los últimos dos meses, su alma pareció fracturarse un poco más de la manera en la que los granos de arena parecen infinitamente pequeños pero siempre existe la posibilidad de deshacerse nuevamente. No había notado absolutamente nada raro en su cuerpo, ni dolores, ni mejorías tampoco; no había estado prestando atención a sí misma y una parte suya le aseguro, desde el interior de su corazón que tal vez si estuviese prestando más atención, lo que probablemente crecía en su vientre hubiese sido…hubiese sido prevenido, tal vez.
-La casa funeraria es en esa esquina, Neji-niisan. – apuntó Hanabi con las manos en el regazo y fue su voz ronca lo que hizo que Hinata recordara que estaba en un infinito presente. El vecindario se había vuelto hogareño y los autos estacionados afuera (el auto del padre de Shikamaru, por ejemplo) la hizo recordar que por ahora, un posible embarazo era el menor de sus problemas. Se estaba preparando para asistir al funeral de la primera persona a la que amo en su corta vida, de la primera persona que beso y desposó, con la primera persona que la vio desnuda. El auto se había detenido afuera de la casa funeraria donde el cuerpo de Sasuke Uchiha estaba siendo velado y Hinata ya no tenía lágrimas para llorar, ni fuerzas para levantarse y salir del auto.
-Hinata-sama…- murmuró Neji, una vez que TenTen y Hanabi estuvieron afuera del auto. Hinata lo miró a los ojos, parpadeando cuando se dio cuenta de que Neji, con el cabello agarrado en la base de su nuca, era la copia al carbón de Nobume Hyuuga, su fallecida madre. La tía Nobume tenía el rostro duro y las palabras contadas con gotero, pero era gentil y educada y sumamente elegante y justo ahora por la manera en la que Neji la miraba, expectante y sumido en su seriedad pero con todo el amor contenido en sus ojos, Hinata sintió unas inmensas ganas de llorar de melancolía. –Si así lo desea podemos esperar en el au…-
-Tienes la misma belleza que Nobume-sama. – Ante la mención de su madre, Neji se había enderezado en el asiento y Hinata pudo ver como su primo mayor había tragado saliva por la manera en la que su manzana de Adán había subido y bajado con rapidez. –T-Tienes sus ojos… - Hinata miro hacia su regazo y salió del auto, mientras TenTen miraba a su novia y al mismo tiempo tomaba la mano de su cuñada.
Cuestionándolo con la mirada TenTen avanzo un par de pasos hacia la funeraria antes de darle la espalda a Neji, dejándolo en el auto. El chico apretó las manos en el volante del auto de manera tan fuerte que sus nudillos habían palidecido por la falta de circulación sanguínea y cualquiera que lo viera se daría cuenta de que había algo malo con él. El chico inhaló aire por la boca intentando normalizar el ritmo de su corazón, pero no salió del auto hasta unos 10 minutos después.
¿Te has acercado a un grupo de personas alguna vez, solo para darte cuenta de que estaban hablando de ti? Cuando Hinata entró en la casa funeraria, en compañía de Hanabi y TenTen, la reacción que se ganó de la pequeña multitud dentro del lugar fue similar a cuando Mikoto entro del brazo de Fugaku. La gente había olvidado como respirar a su alrededor, tenían miedo de moverse, de intentar hacer algo que fuera el acabose la compostura de las dos mujeres más importantes para el difunto. Hinata chocó miradas con Ino y con Sakura y asintió a manera de saludo mientras que junto con TenTen avanzaban entre la gente quienes lentamente volvían a sus pequeños círculos de conversación, aun temerosos.
Sakura tomó los bolsos de sus amigas. Las abrazó por unos segundos antes de que Ino llegara, caminando de manera que su larga coleta baja se movía de un lado a otro en su espalda, las cuatro amigas se abrazaban en un rincón de la casa funeraria, pero ninguna de ellas lloraba; tampoco se miraban. Se abrazaban y sus manos eran los tentáculos de un poderoso pulpo que se había comenzado a formar en la más tierna de las infancias.
Matsuri aun no había llegado y Temari probablemente estaba todavía afuera, hablando con Gaara, intentándolo hacer entender todo este asunto de la muerte. Se separaron después de unos segundos, sorbiendo nada por la nariz y dispersándose por el lugar, Sakura a sentarse en el sofá junto a Naruto, Ino de regreso al lado de Sai; TenTen había mirado alrededor, intentando encontrar a la madre de Sasuke para pagar sus respetos. Hanabi había regresado a lado de su hermana pero Hinata todavía miraba alrededor confundida, como quien despierta de un sueño, como si no recordaba a que venía precisamente.
Su mente se encontraba partida a la mitad y las nauseas hipotéticas que había sentido en el auto comenzaban a sentirse bastante reales. Se afianzó a la mano de Hanabi quien miro hacia arriba asustada por el movimiento tan repentino de su hermana, quien hasta ahora y entendiblemente bien podría haber sido una estatua griega híper realista.
-¿Estás bien, Hinata? – pregunto Hanabi, insegura y asustada. Tenía trece años y aún no sabía cómo comportarse en la sociedad. Su madre había muerto cuando era muy pequeña y aunque Hinata hacia un excelente trabajo, la menor de los Hyuuga se sentía perdida y totalmente expuesta en situaciones como estas. Hinata la miró un par de segundos, escuchando ruido blanco en su cabeza y asintió lentamente, haciendo que Hanabi bajara los parpados. - ¿Has visto ya a Uchiha-san? – preguntó Hanabi, refiriéndose a la madre de Sasuke.
El nombre dolía incluso al oírlo, y al mismo tiempo se preguntaba que pensaría Hanabi si le dijera que ella también era Uchiha-San. Hinata tragó saliva y negó con la cabeza, mirando su regazo, sin saber realmente que hacer. 18 años era mayor pero no se consideraba una adulta, tal vez los acontecimientos de los últimos años la habían hecho envejecer, tal vez había tenido que crecer y sobre todo madurar de manera rápida; la realidad era que afrontar a Mikoto Uchiha frente a frente después de todo lo que habían vivido juntas era lo que Hinata imaginaba que sentían los soldados al regresar de la guerra; una especie de estrés post-traumático que le impedía ver a su compañera de dolor a los ojos.
Así que Hinata negó con la cabeza y pasó un par de manos temblorosas por su rostro, suspirando mientras lo hacía. La gente la miraba como si tuviera un par de cuernos en la cabeza pero la chica lo prefería en vez de las miradas de lastima. Hanabi suspiro, mirando alrededor y probablemente notando lo mismo que su hermana, pero callando.
-¿Hinata-Chan…? – murmuró alguien por encima de las dos hermanas quienes como muñecas de cuerda levantaron la mirada para encontrarse con Kiba y Hana Inuzuka; y un Shino Aburame detrás de ellos; sin gafas de sol. Hinata no recordaba haber visto sus ojos en meses, tal vez años. La chica se levantó mientras Hana bajaba la mirada y se apartaba del momento íntimo que veía; es decir, Kiba abriendo los brazos y Hinata cayendo contra su pecho, llorando sin derramar lagrimas, de manera seca, sus gimoteos y gemidos eran absorbidos por la chaqueta de Kiba y mientras el chico castaño acariciaba la larga trenza de su amiga de la infancia, el chico Aburame había apenas saludado a Hanabi con la mirada, sin darse cuenta de que la chica menor se había sonrojado de sobre manera, y se había acercado a sus amigos depositando una mano en el hombro de Kiba y otra en la espalda de Hinata.
-Hanabi-chan…- dijo Hana, aclarando la garganta. – Vayamos por algo de beber ¿sí?
La niña titubeo, observando cómo su hermana parecía desmoronarse en brazos de su amigo pero observando a Hana, asintió y la siguió hacia la cafetería de la casa funeral. Los tres amigos se quedaron nuevamente parados en una esquina, demostrando vulnerabilidad a su modo. Hinata había cerrado los ojos y el dolor de su corazón había logrado exprimir una última lágrima cristalina que rodó por sus ojos y cayó a la ropa de Kiba sin que nadie se inmutara.
-Sentémonos, Hinata…- murmuró Shino mientras la pareja se separaba. Hinata ocupo nuevamente el lugar en medio del sofá blanco de cuero que se mullía bastante y era cómodo; Shino adivino que era probablemente para la familia que se ocupara quedar dormida en el recinto. A su derecha, Kiba se sentaba con una expresión adolorida y el cabello sin gel, y a su izquierda, con la espalda imposiblemente recta, Shino se había sentado. Ninguno de los tres se daba cuenta, pero tanto Kiba como Shino estaban tomando la mano de Hinata. -¿Haz comido?
La chica asintió todavía cabizbaja, algunos mechones de su cabello haciendo una cortina. Kiba miró a Shino sin ninguna idea de que hacer, pero el aludido se veía calmado, observando sus alrededores como quien rastrea un area. Le había dolido por supuesto el aprender que Sasuke había fallecido y que nunca más podría visitarlo o hablar con él, al menos no en este plano de realidad, pero Shino tenía una mejor comprensión de la muerte que sus amigos y mientras no estaba feliz en lo absoluto, estaba sosegado.
Hinata era muslos temblorosos y labios resecos, respiración errática y apretones de manos que se comandaban solos. Kiba la miro y sintió genuino dolor por su amiga de la infancia, mordiendo su labio inferior y tragando saliva, mirando a Shino por respuestas, por una señal, por lo que sea que pudiese detener los suaves pero consistentes canales de lágrimas que por fin bajaban por las mejillas de la chica.
-¿Hinata? – murmuró Kira. – Hinata, intenta tranquilizarte…
La chica negó, sus mejillas comenzando a tornarse rojas de llanto. Shino tragó saliva y apretó la mano de su amiga, mordiéndose el labio.
-Hinata…
-N-N-No lo entienden…- murmuro la chica de manera inaudible. Kiba frunció el ceño, sin entender y miro a Shino, después a Hinata y a Shino nuevamente.
-¿Huh?
-U-Ustedes no…- tragó saliva. – N-necesito, yo…- la chica por fin los había mirado y la imagen era aterradora. Las pestañas de Hinata largas, infinitas debido al llanto y los ojos limpios como un cielo cuando la lluvia ha terminado. –Yo los necesito…
-Estamos aquí. – dijo Kiba, mirando con preocupación a su amiga. Este escenario le recordaba a la muerte de Hisa Hyuuga y como durmieron fuera de la habitación de Hinata (por ordenes de Hiashi) durante más de una semana. Las chicas habían dormido adentro. –Hinata-chan, estamos aquí…
-No lo entienden…- murmuro la chica, mirándolos con desesperación. –No lo entienden, de verdad…
Exasperado y doliente, Shino partió sus labios.
-Haznos entender.
La chica lo miró unos segundos, después a Kiba y lamio sus labios antes de hablar.
La cafetería de la funeraria era pequeña y consistía de una pequeña cocineta y una barra con tres bancos altos para los asistentes. Había dos meseros y el menú consistía de café (americano, latte y cappuccino; té en todas sus presentaciones) y pasteles de luna, bizcochos simples con nuez y un par de galletas sobrias y resecas, agua, sodas, nada de alcohol.
Naruto estaba orgulloso en ser uno de los chicos con mejor piel del grupo de amigos, bronceado, fuerte, luciendo casi extranjero, pero justo ahora se encontraba recargado en la barra, usando un traje con corbata negra, bebiendo simple agua y sin probar bocado del pastel de luna que Sakura pensó que ayudaría. Ambos estaban sentados en la barra de la cafetería como si fuera un bar y la expresión ausente y fantasma en sus rostros los hacía ver miserables, casi como todos los presentes. Había personas que guardaban mayor compostura como Fugaku Uchiha o Shikamaru Nara pero tanto Sakura como Naruto tenían vidas muy diferentes a las de ese par.
Muy a su sorpresa, Itachi había pedido un té verde para él y una taza de café para su madre; era la primera vez que se separaba de ella y de Shisui en todo el servicio funerario y noto a los chicos sentados en la barra; ni ellos le saludaron ni el hizo un esfuerzo sobre humano para tomarlos en cuenta. Mientras servían el liquido caliente en las tazas genéricas de porcelana, Itachi miró alrededor, escaneando el lugar con la mirada; escuchando el repentino estruendo de alguna de sus tías (o de su madre, nuevamente) rompiendo en un llanto que tal vez al inicio no pretendía ser tan alto. Ante esto, Itachi solo podía cerrar los ojos y esperar a que pasara el terremoto.
-Aquí tiene, Uchiha-san. –murmuró el mesero frente a él, de penetrante ojos verdes y simple cabello negro. Itachi asintió, tomando las tazas y regresando a su puesto junto a su madre. Shisui no se había separado de ella y la tomaba de la mano mientras TenTen la abrazaba fuertemente.
Así que los Hyuuga habían llegado. Miró alrededor sin querer ser muy obvio pero la presencia de TenTen siempre era precursora de la presencia de Neji y por ende, Hinata. Itachi se acercó a su madre con paso firme, cruzando la sala y depositando la bebida cerca de ella. TenTen lo miro por encima del hombro de su madre mientras la abrazaba y ambos compartieron una sonrisa amarga. Cuando la chica se separó de su madre, TenTen se acercó a él, rodeándole el cuello con los brazos mientras Itachi rodeaba la cintura de la chica de manera respetuosa, civil.
-Lo siento tanto, Itachi-kun. – murmuró TenTen y aunque había oído esa frase incontables veces durante todo el servicio, TenTen se oía verdadera. – Llegamos hace unos minutos…- dijo separándose también de él y mirándolo hacia arriba. Itachi no pudo decir nada en aquel entonces pero el maquillaje de ojos de TenTen había comenzado a correr por las esquinas de sus ojos. –Hinata aun no se ha podido acercar…e-esta…
-Vulnerable…- dijo Shisui a las espaldas de Itachi. El moreno apenas y se inmutó, como acostumbrado de por vida a la presencia de su primo. – La vi con Inuzuka y Shino hace unos minutos. Salieron al jardín. Hana esta aquí también.
Al igual que Konan, Hana había sido una historia en la vida de Shisui que nunca pudo realmente concretarse, por el favor de los Dioses, por la inhabilidad de Shisui a comprometerse con una sola chica, por la exigencia de Hana de ser amada.
TenTen asintió. –Sí, junto con las chicas estamos ayudándola a que…pues…reúna fuerzas.
Itachi tomó aire y suspiró, mirando como su madre bebía de su taza de café, acariciándola con las palmas de las manos. Shisui hizo lo mismo con su propia madre, justo al lado de Mikoto y después ambos miraron a TenTen.
-¿Puedes llevarme con Hinata-sama? – preguntó Itachi, dejando su taza de té en la mesa junto a su madre, mientras TenTen lentamente se descongelaba de su lugar y asentía, siendo seguida por el mayor…el único hijo Uchiha.
Shino había salido del recinto hace diez minutos, tomando el auto verde musgo que sus padres le habían regalado en su cumpleaños número 16 y el cual era una de sus más preciadas posesiones junto su granja de hormigas. Kiba y Hinata habían salido al jardín del recinto y se habían quitado los zapatos, Hinata mojando las plantas de sus pies a través de las medias veladas y Kiba simplemente se había quitado los calcetines también; el pasto estaba impregnado de rocío y el mismo había adquirido un olor característico e incluso anti-estrés; siguiendo ese concepto, Hinata comería todo el pasto del mundo en este momento si pudiera.
La noticia había logrado crear el mismo efecto en Kiba que había causado en Hinata, reducido unas mil veces. El castaño tragó saliva y comenzó a sentirse mareado, incluso quiso derramar lágrimas de incomprensión y de amargura; recordando como su amigo dormía eternamente en un ataúd dentro del recinto y como su amiga estaba prácticamente dormitando entre el entumecimiento total de sus glándulas lagrimales y la abertura de las mismas como si fueran una fuente que no podía cerrarse. Estaban creciendo todos demasiado rápidos y Kiba mucho temía que no podía seguirle la corriente a ninguno de sus compañeros; mucho temía que él nunca se fuera a secar.
El espacio donde estaban era amplio y les permitía respirar y había un millar de flores de colores de los que estaba seguro que Hinata conocía el nombre, y Shino probablemente conocía cada especie de insecto que ahí anidaba. Kiba solamente desearía que Akamaru hubiese sido aceptado en el recinto funeral.
-Pase lo que pase, estaremos bien, Hinata. – Dijo el chico logrando traer la atención de su amiga a si mismo.-Sabes perfectamente que… Carajo…- dijo Kiba al darse cuenta como Itachi Uchiha y TenTen se acercaban a ambos. Hinata miro a su amigo un par de segundos y después miro a aquellos que se acercaban. La chica parpadeo y los encontró en la mitad.
-TenTen…I-Itachi-kun…- murmuró la chica. Itachi asintió ceremonialmente y TenTen esbozó una sonrisa fantasma que no le llegaba siquiera a los ojos.
-Kiba… ¿Por qué no me acompañas adentro?- Hinata miro a su amiga y después a Kiba. Itachi no se había movido.
-Prefiero quedarme aquí, TenTen.
-Kiba…
-TenTen…
-K-Kiba-kun, e-estaré bien. T-Te buscaré en un par de minutos…
El chico lamió sus labios y observo a ambas chicas presentes, después al Uchiha mayor. Asintió a regañadientes, caminando encorvado a través del jardín y tomando sus zapatos sin molestarse en ponérselos, simplemente siguiendo a una TenTen que ya había comenzado una conversación por sí sola. Itachi y Hinata quedaron juntos, y sin tanto maquillaje Itachi pudo ver que Hinata representaba su edad y que tenía los ojos hinchados de llanto y de cansancio; no se veía mal, se veía real y eso nunca podía estar mal.
Hinata por su lado frunció un poco el ceño, mas con dolor que con molestia, al darse cuenta de que de Sasuke haber sobrevivido el cáncer, volvería a tener un peso normal y la vanidad lo haría entrar a un centro deportivo; tal vez dejaría crecer un poco su cabello y en un par de años luciría bastante como el joven de 21 años que se paraba enfrente de ella.
-Uchiha-san…- murmuró Itachi, tomando aire.- Creo que hay un par de cosas que deberías saber con respecto a la voluntad de Sasuke…
-¿L-la voluntad de Sasuke? - Palideció momentáneamente, calmándose únicamente cuando recordó que ella poseía el poder de revelar la información sobre las sospechas que en realidad tenía.
-¿Nos sentamos? – dijo Itachi, apuntando con una educada mano una banca de concreto, con ángeles tallados en la base, como sosteniendo el peso de quien sea que se sentara. Hinata asintió, tomando sus zapatos y sentándose a una distancia prudente, mientras Itachi acomodaba la corbata sobre su pecho y hacia lo mismo. La casa funeral quedaba a unos tantos metros y el jardín donde se encontraban era hermoso, amplio, primaveral todavía muy a pesar de que estaban pronto entrando en el invierno.
–Uchiha-san, Hinata-sama…- murmuró Itachi empezando a hablar; el aire se enfrascó en la garganta de la chica; no recordaba que era una viuda. –Antes de que mi hermano entrara en los verdaderos dias finales de su enfermedad, tuvimos una conversación que la involucraba.
El respeto con el que estaba impregnada la voz de Itachi no era nuevo para Hinata. La mayoría de su familia era así de formal, incluso su primo con el que había crecido le hablaba con honoríficos; sin embargo, Itachi se refería a ella como una cuñada, una viuda y aquello lograba erizar los vellos de la piel de la chica.
-¿M-me involucraba?
-Sasuke me pidió personalmente que no me alejara de usted. Mi hermano se preocupo por usted durante toda su vida y aunque no fue el más sabio para demostrarlo en ocasiones, te amaba más que a nada en este mundo.- No iba a mentir; el oírse a si mismo decir aquellas palabras lo hacían sentir sucio, pero el cumplir la última voluntad de su hermano lo hacían sentir que entraba en un rio fresco que hacía que se lavara el pecado.
-I-Itachi-kun…
-Este soy yo poniéndome a tu servicio hasta el resto de mis dias, Hinata-sama. – No había perdido el honorifico pero al emoción del momento y la manera en la que Hinata comenzaba a ponerse ansiosa lo habían contagiado. La chica sintió su rostro palidecer y calentarse de bochorno y pena al mismo tiempo. Itachi mordió su labio inferior imperceptiblemente y trago saliva- Este soy yo diciéndote que eres una Uchiha desde el momento en el que mi hermano te desposo y solamente porque ya no esté con nosotros, no significa que haz quedado a tu suerte.
Hinata puso una mano sobre su vientre plano instintivamente, sin pensar.
Su voz hacía eco en la cabeza de Hinata, quien apenas y cabía dentro de sí de la confusión. Por supuesto que Sasuke vería por ella antes de por sí mismo e incluso antes de saber algo definitivo. Si no estuviera en tanto dolor, si no lo amara tanto, Hinata se permitiría enojarse con el por haberle alimentado ideas falsas de un futuro juntos.
El real deseo de Sasuke era literalmente: "Ámala por mí", parecía simple y totalmente casto, pero Itachi no sabía si sentirse bien o mal de que Sasuke murió sin saber lo que Itachi realmente sentía cada vez que se mencionaba el nombre de Hinata, la suciedad con la que se iba a dormir todas las noches, aquel rostro burlón que lo atormentaba cuando dormía, el estigma que lo avergonzaba como una cicatriz en el rostro.
Itachi sonrió de lado, amargamente. –Sasuke siempre…siempre lo negó pero disfrutaba de recoger animales lastimados en el bosque y curarlos hasta que estuvieran bien. Pasó lo mismo cuando conoció a Naruto y era como si nuestra madre tuviera cuatro hijos, contando a Naruto y a Shisui. – el chico lamio sus labios y en toda la conversación no se había atrevido a mirar a Hinata. Sus manos quemaban por un cigarrillo, sus pies por correr de ahí. –Tú eras algo así como su pequeña paloma; excepto que tú no estabas lastimada. El lastimado era él y desde siempre fuiste…su medicamento más confiable.
Hinata abrió los ojos de par en par mientras escuchaba con detenimiento como Itachi contaba cosas tan intimas de Sasuke. La chica lamio la resequedad de los labios y atendió al chico mayor mientras este enderezaba la espalda.
-Creo que lo que quiero decir realmente es que…no estás sola, Hinata Uchiha. – murmuro el mayor de los Uchiha mientras se levantaba, Hinata haciendo lo mismo por respeto, por contagio. La chica se había quedado sin habla, y la mano sobre su estomago se afianzo en el vestido, en una hinchazón que tal vez no estaba ahí, que tal vez nunca estaría. Fue cuando Itachi finalmente pudo mirarla a los ojos y aunque ninguno de los dos podía seguir llorando, sabían que por dentro eran el mismo maldito desastre. Antes de que Hinata pudiera contestar, pudo escuchar los inconfundibles pasos de Hanabi en la distancia; sus zapatos negros rosaban en pasto todavía largo y sus mejillas sonrojadas confirmaban su especulación que debía haber traído un suéter.
-Hanabi-chan…- dijo Hinata encontrando a su hermana mientras la chica recuperaba su aliento.
-El sacerdote…comenzara la ceremonia, nee-san. Itachi-kun, Shisui-Kun y tu padre han preguntado por ti.
Itachi miro un par de enigmáticos segundos a Hinata y después poso una mano en el hombro de Hanabi, quien lo miro hacia arriba.
-Gracias, Hanabi-sama. Las veo adentro.
Y así finalmente las hermanas habían quedado a solas en el gran jardín, viendo la ancha espalda de Itachi desaparecer y entrar en el recinto, sin voltear hacia atrás ni una sola vez. Hinata tomo aire y miro a Hinata, sin sonreírle pero mirándola de manera que la menor supiera que estaba bien en lo que cabía.
-Kiba también pregunto por ti. Dijo que… ¿Shino-kun había regresado del supermercado…? – Aquella última oración la dijo con toda la confusión del mundo. Hinata abrió los ojos como una muñeca mecánica y asintió segundos después, tomando la mano de Hanabi y ambas ingresando de nuevo en el recinto. Hinata todavía sentía las plantas de los pies mojados de rocío de césped.
