Cáncer

A SasuHina Fanfiction

Capitulo 25. Mizpah ll

La gente había comenzado a dar sus condolencias y aunque Mikoto estaba agradecida de ver tanta gente apoyándola en el peor momento de su vida; las palabras repetitivas habían comenzado a perder sentido; la mujer en realidad había comenzado a sentir que toda su vida había comenzado a perder sentido. Fugaku estaba a su lado, físicamente, pero lo conocía lo suficiente como para saber que no se encontraba junto a ella mentalmente, que estaba en un lugar muy alejado, en uno al cual Mikoto no lo podía seguir. Fugaku le había advertido de ese lado suyo desde que había comenzado a cortejarla; el interior de su cabeza era un lugar oscuro, húmedo, como te imaginarias una cueva donde habita un terrible monstruo y Mikoto lo amo aún así, aún sabiendo que nunca podría encontrarse con él dentro de su cabeza, aún a sabiendas que al final del día, se sentiría siempre un poco sola.

Gracias a los Dioses habían respetado sus deseos de mantener el ataúd cerrado, los funerales eran un tiempo difícil para todos y aunque sabía que había personas que no habían podido dar su último adiós a su hijo, no podía concebir la imagen de un Sasuke muerto recostado en medio de la habitación. Principalmente porque durante 18 años, Mikoto había entrado a velar su sueño de vez en cuando y lo había visto crecer en la misma posición, con la misma calma en el rostro, con las largas pestañas aristocráticas de la familia de Fugaku, y sus finas pero varoniles líneas del rostro. Verlo sin vida sería demasiado para ella.

Había visto únicamente el final de la trenza de Hinata por el rabillo del ojo, y había recibido las condolencias de Neji Hyuuga y su pareja, también de Hanabi Hyuuga, la copia al carbón de Hisa; pero Hinata no se había acercado a ella durante todo el funeral y aquello no la entristecía. Sabía perfectamente que ella tampoco podría mirarla a los ojos con la tranquilidad que la situación ameritaba.

El olor a café tostado invadía su nariz y había bebido ya dos tazas; no sabía porque, en un par de horas el personal de la casa funeraria comenzaría los trámites para la cremación de Sasuke. El sacerdote budista había comenzado a cantar los canticos, los sutras pero Mikoto no era una persona muy religiosa y los encontraba hermosos aunque deprimentes; y fue ahí cuando observo como Hinata había depositado incienso enfrente del ataúd, para desaparecer segundos después de la vista de todos; conteniendo las lagrimas. Había observado como Shisui e Itachi la miraron retirarse en compañía de Kiba pero no la detuvieron, Itachi ni siquiera la miró; su hijo mayor había regresado la vista al ataúd, con la mirada inexpresiva.

Mikoto odiaba el hecho de que Hinata había llorado lo equivalente a una vida en tan solo dos años; odiaba el hecho de que su genética y la de Fugaku se habían mezclado para darles un hijo al que tenían que enterrar; odiaba el hecho de que los zapatos le molestaban y apretaban alrededor de los dedos y odiaba el hecho de que no sabia cuanto tiempo mas iba a vivir sin apretar las mejillas de Sasuke y avergonzarlo frente a sus amigos; odiaba el hecho de que era Sasuke y no ella en ese ataúd.

La mente la había traicionado; su mente nunca había sido su mejor amiga pero una enemistad no siempre refiere una traición. En esta ocasión, su mente la había traicionado al recordarle aquella vez después de la fiesta de bienvenida de Sasuke, tras salir del hospital. Aquella noche donde el optimismo irresponsable e inocente de todos había hecho que Sasuke y Hinata se permitieran soñar en un futuro que se les había arrebatado.

Flash Back

-Bueno, e-e-estaré ocupada con l-l-los niños…

-¡Hijos! –exageró Sasuke, mirándola con los parpados bajos y un toque purpura en la inmensidad de sus ojos negros. – Señora Uchiha, usted no pierde el tiempo.- El Uchiha no perdió la nota adorable sonrojo de su novia una vez más y se acercó más a ella, recibiendo lo mismo por parte de Hinata. Era como si pudiera sentir sus feromonas y las ganas que tenia ella de él como él de ella.

Fin del Flash Back

Mientras la Hyuuga había lidiado con un tartamudeo violento desde la infancia, se había ido menguando con el paso de los años y a los dias que presenciaban, se hacía presente cada vez menos; Kiba y Shino lo sabrían porque por mucho tiempo, en aquel paso que suponía le pasaba a todas las chicas, solo había tenido amigos hombres; antes de darse cuenta de que las chicas eran igual de interesantes; casi cuando había entrado a la pubertad, y mientras Shino y Kiba habían estado en los momentos más importantes de su vida, como su graduación de secundaria y el funeral de Hisa Hyuuga, este es un momento en el que no se imagino estar acompañada de ellos, este era un momento al cual no se imagino enfrentarse sino dentro de una década por lo menos.

Hinata miraba una prueba de embarazo mientras descansaba en su regazo, entre sus manos temblorosas y pálidas, mientras afuera del baño de mujeres de la casa funeraria, la familia Uchiha velaba al hijo menor; pero Hinata se había topado frente a frente con la verdad universal de que el menor de los Uchiha no había vuelto, no realmente.

Hinata Hyuuga cargaba al menor de los Uchiha en el vientre.

La chica podía escuchar el sonido de su saliva bajando lentamente por su garganta, sus glándulas haciendo la transportación más llevadera. La prueba había arrogado un positivo claro; había orinado en una pequeña tableta de plástico y cinco minutos después dos líneas paralelas se habían coloreado de un rojo evidente, uno que no daba lugar a dudas. Habían pasado unos quince minutos desde que había visto la prueba y aun la tenía en su regazo, Kiba y Shino aun estaban en el funeral mirando furtivamente el pasillo que daba al baño donde estaba su amiga, tomando tiempo, leyendo en internet. Kiba era una persona hiperactiva por naturaleza y Shino era todo lo contrario; sin embargo dicho acontecimiento habían logrado que Kiba se sentara quieto en una esquina del salón, con Shino Aburame a su lado y una pierna que brincaba en su lugar.

De: Hina-chan

Para: Kiba-Kun.

Por favor, vengan al baño.

De: Hinata Hyuuga.

Para: Shino-Kun.

Por favor, vengan al baño.

Los chicos recibieron el texto a sus teléfonos con segundos de diferencia y un sabor amargo invadió sus gargantas. Si la prueba hubiera sido negativa, Hinata hubiese salido minutos antes, se hubiera sentado junto a ellos y podrían abordar el luto de Sasuke; pero el hecho de que no habían sabido de ella desde hace más de 20 minutos (cuando Shino regresó del supermercado con dos bebidas energizantes y una discreta caja alargada rosa con blanco) parecía indicar de que Hinata y ellos por consecuencias, estaban en serios problemas.

El primero en levantarse fue Kiba, cruzando la habitación sin llamar mucho la atención, sin hablar con nadie, dirigiéndose al pasillo y perdiéndose en él; exactamente siete minutos después (los contó) Shino se levantó y camino hacia afuera, fumo unas caladas del cigarrillo de Shikamaru, y regreso dentro de la funeraria, tomó un canapé de arroz y cangrejo y se perdió en el mismo pasillo. No vio a Kiba afuera así que supo que estaba adentro y cuando abrió la puerta, el chico estaba recargado en la pared izquierda del amplio baño, mientras Hinata había cerrado la tapa del inodoro y había vuelto a llorar.

Marcas de llanto estaban en ambas de sus mejillas, y sus manos se aferraban a la prueba de embarazo positiva. La chica respiraba a grandes bocanadas y su llanto era el más vocal que Shino le reconocía en años; además, claro del llanto de la muerte de Sasuke.

Kiba estaba pálido y sus manos habían desarreglado su cabello; parecía cercano al llanto también pero más que eso, Kiba se veía nauseabundo. No se necesitaba ser un genio, y Shino lo era, para saber que la prueba de embarazo que Hinata tenía entre sus manos era positiva y que el padre de la criatura estaba siendo velado unas habitaciones afuera.

Así que Shino hizo lo que vio conveniente, lo que recordó sincero. En ese momento no lo sabría pero Shino nunca tendría hijos; crecería y después de la universidad conocería a Cassie, una chica americana de ascendencia japonesa que resultaría ser el amor de su vida, a la vez que ser una mujer infértil; sin embargo en ese momento, Shino cerró la puerta detrás de sí y avanzó hacia su amiga, poniéndose en cunclillas justo frente a ellas.

Hinata sorbió por la nariz y lo miró a los ojos, aquellos bellos ojos que Shino no dejaba ver realmente. El chico solo hizo contacto visual con la Hyuuga por un par de segundos para después mirar su vientre, aún plano, sin hincharse, oculto bajo las ropas de luto; suspiró con tranquilidad, emanando la serenidad que lo acostumbraba y puso las manos en el vientre de Hinata, haciendo que la chica brincara de sorpresa y que Kiba levantara la mirada con curiosidad y simpatía.

-Bien…- dijo el chico. -¿Qué vamos a hacer?

El cuerpo de Sasuke había ido a la parte subterránea de la casa funeraria. Ni siquiera la hermana de Fugaku pudo hacerse cargo del proceso, por lo que Itachi fue certero en pedirle a Minato Uzumaki su ayuda para firmar un par de cosas allá abajo. El hombre rubio había accedido inmediatamente y había firmado un par de documentos antes de que iniciara el proceso, la gente se había ido, los amigos de Sasuke también, la mayoría. Naruto no había podido quedarse más tiempo, estaba a punto de desfallecer un par de veces y Kushina lo arrastro prácticamente al auto y después a su casa; una vez allá, Naruto solo pudo concebir el sueño abrazado de las faldas de su madre, como en su infancia.

Mikoto había retomado sus antidepresivos después de cinco años de haberlos dejado por prescripción médica y Fugaku había acariciado su cabello largo y obscuro desparramado en la cama matrimonial, le había quitado los tacones y había entrecerrado la puerta mientras la mujer era bañada por la luz de la tarde; el hombre por su parte, había agradecido las condolencias y había terminado por apagar su teléfono. Se había recluido en el estudio, entre los libros de Leyes que soñó con explicar eufóricamente a Itachi, pero su hijo mayor lo odiaba; después soñó en explicárselos a Sasuke; pero su hijo menor había muerto. Ahora había servido un vaso grande brandy y se había quitado la corbata; estaba contemplando el mismo sol dorado que bañaba a su mujer en la otra habitación y absorbía el silencio de una casa que ahora era simplemente demasiado grande.

Itachi, por su parte, había salido de bañarse. El cabello le chorreaba por la espalda, enmarañándose en la parte inferior y pegándose a sus omoplatos; el agua fría lo había despertado pero no veía realmente una razón por la cual estar atento; solamente quería dormir la tarde entera y la noche también, el dia siguiente y todos los dias que tuviera que estar sin Sasuke. El chico había observado como el auto de Shisui se alejaba por la cochera y después de su baño se paraba frente a su cama con una toalla blanca que colgaba baja en sus caderas, pequeñas perlas de agua bajando por su piel.

Itachi se sentó en la cama, sus pies afianzándose a la madera vieja pero en buen estado de los pisos de su habitación y soltó un suspiro expectante que había estado aguantando desde que su madre y su padre le dijeron que Sasuke tenía cáncer; un suspiro del cual estaba consciente y del cual sabia que solo se iba a deshacer cuando Sasuke mejorara o en el peor de los casos, muriera. Ahora era el peor de los casos e Itachi solamente pudo soltar aquel suspiro para tomar aire, todas las bocanadas del mundo y gritar.

-¡MIERDA! – fue un grito sonoro que batió todas las rocas sueltas de todas las cuevas del mundo, un grito que despertó a los monjes de los monasterios de las montañas, que hizo oír a los sordos y ver a los ciegos. Fue un grito que desgarró su garganta instantáneamente con dolor emocional y físico y fue un grito que Mikoto no escucho y Fugaku deseo no haber escuchado. Finalmente el frío y diplomático Itachi Uchiha se había quebrado, se había dejado deshacer. Había gritado con los ojos cerrados y compungidos del esfuerzo, con lágrimas calientes y finas que parecían quemar sus mejillas cuando bajaban. Había gritado lleno de exasperación y enojo y aquello finalmente, lo había liberado.

Hinata creía saber su lugar en esta tierra; creía que sería tal vez una abogada como su padre, pero el destino la había convencido de que la confrontación no era lo suyo; entonces se había decidido por estudiar enfermería como Hisa y con suerte ser una ayudante de Ino o de Sakura, quienes querían ser doctoras. Creía que después de la Academia de Enfermería para ella y la Escuela de Leyes para Sasuke se casarían y tendrían todos los hijos del mundo; Hinata creía muchas cosas pero la realidad la había golpeado en el rostro y ahora estaba sangrando.

Embarazarse fuera del matrimonio podía ser vergonzoso para su familia, para su padre y su estatus, embarazarse de un hijo que nunca tendría padre podría ser suficiente; a los ojos del mundo, Hinata no podía ser la madre de un niño o de una niña como la que cargaba en el vientre.

-¿Estás lista?

Dudó, pero su voz no lo mostró.

–Sí. – Dijo simplemente.

No había vuelta atrás; a nada. A los ojos del mundo, de su mundo, Hinata no sería la madre de un niño o de una niña como la que cargaba en el vientre; así que decidió que no lo sería.

EL FIN

N/A: No tienen idea de lo emocionante que fue escribir este fanfic. Fue el primer Fanfiction que postee en una página, el primer Fanfiction que comenzó a tener reviews y likes, compartidas y favs, y finalmente fue el primer fanfic que he concluido. Estoy muy agradecida por toda su paciencia y su amor a este fanfic y a mi perfil. ¡Déjenme saber que tal les ha gustado el final de "Cáncer"! Muchas gracias nuevamente por todos sus comentarios y sus ánimos. Son lo mejor de mi día. Recuerden que este fanfic puede que tenga una segunda parte, una parte un poco rara que he taladreado en mi cabeza; depende de la recepción de este ultimo capitulo. Un abrazo a todos, usen mascarilla.

-Persephone.