Una luz entre la oscuridad
Había pasado una semana desde que me habían dado el alta en el hospital. Una semana y media desde mi agresión y varias semanas desde que había conocido a la mejor persona del mundo.
Edward.
Aquel chico de cabello cobrizo, ojos increíblemente verdes con gafas de moldura negra, se había convertido en un pilar muy importante para mí.
No me había abandonado tal y como me había prometido. Estaba teniendo una paciencia infinita conmigo, y yo no sabía cómo poder agradecérselo.
Desde mi estancia en el hospital, ya había comenzado dos veces por semana con mis sesiones con Carlisle y Edward me acompañaba a cada una de ellas, aunque no entrase conmigo, se quedaba esperándome en la sala de espera hasta que salía, y entonces me acompañaba de vuelta a mi habitación y me ayudaba a distraerme de todos aquellos malos recuerdos. Después del alta, establecimos la rutina de ir a tomar un helado al parque cada vez que saliera de cada sesión.
Por suerte me había recuperado de mis lesiones físicas rápidamente.
Con papá las cosas habían mejorado y desde que Edward le explicó que había sido él quien me había salvado, él estaba encantado con mi nuevo mejor amigo.
Durante el tiempo que estuve ingresada ellos se habían hecho muy cercanos y podían hablar de cualquier cosa.
En cuanto Edward descubrió que a mi padre le encantaba la pesca, ese mismo día se compró varios libros para informarse bien, y al día siguiente pudo tener una charla con él como si fuera todo en experto en el tema.
Mi padre con Edward había encontrado el hijo que no había tenido.
No me malinterpretéis, mi padre me adoraba, lo sabía, pero también sabía que le hubiera gustado tener un niño para poder llevarle a pescar, jugar al futbol… Cosas que intentó hacer conmigo, pero en cuanto me rompí un brazo al intentando parar un balón, y casi me ahogo en el lago cuando un pez tiró de mi caña y yo caí al agua, él se dio por vencido.
Yo no estaba hecha para los deportes. Mi coordinación era nula…
Papá venia todos los días después de salir de la comisaría, y Edward venía después del instituto para hacerme compañía, así que todas las noches los dos se iban al mismo tiempo.
El resto de los Cullen también vinieron a visitarme. Las chicas lloraron a mares el primer día de visita y Esme se había convertido en una madre para mí en estos días. Ella estuvo ayudándome en todo lo que mi padre no podía prestarse, como llevarme al baño por ejemplo.
Emmett me contó todos y cada uno de sus mejores chistes para hacerme reír. Jasper me trajo tranquilidad. Con él disfrutaba de leer un buen libro. Alice y Rose me mantuvieron al tanto de todos y cada uno de los cotilleos del instituto y por supuesto de las últimas tendencias de moda.
Ellos eran así, y así los quería. Se estaban esforzando por hacer cosas normales y mantenerme distraída con historias tan triviales como hablar de ropa y bromear.
Y volviendo a mi mejor amigo, la verdad es que veía lo fácil que podría enamorarme de él. Era una persona increíble, pero también sabía que no estaba preparada ahora mismo para otra relación.
Lo que me había pasado me había dejado marcada y la verdad es que no sabía si algún día podría superarlo del todo, pero estaba haciendo todo lo posible porque la pesadilla acabara lo más pronto posible.
Al día siguiente cuando desperté en el hospital, Carlisle me había aconsejado empezar a escribir en un diario. Quería que en él pusiera todo lo que se me pasara por la cabeza. Desde pequeños pensamientos hasta mis sueños más extraños.
Y en otro diario quería que escribiera lo que pasara en el día. Lo que hiciera y como me sentía con cada una de las cosas que fuera haciendo, pero sin negatividad. Para eso ya estaba el cuaderno oscuro.
La verdad es que se me hacía un poco extraño describir como me sentía con Edward cuando íbamos al parque a charlar o simplemente los dos leíamos un libro sentados al pie de un árbol de su casa, pero bueno.
La idea de los dos diarios era que cuando uno fuera negro y lleno de malos pensamientos y recuerdos dolorosos, pudiera leer el otro y viera lo feliz que estaba siendo con mis amigos y mi padre. Ese cuaderno me tenía que recordar las cosas buenas que tenía en mi vida.
Pero las noches eran la parte más dura.
Siempre despertaba llorando llena de sudor.
Revivía aquel maldito día todas las noches.
La primera noche que pasé después de despertar tuvieron que sedarme. Los gritos alertaron a todo el hospital y cuando desperté tenía a varios médicos en mi habitación
Con los días la cosa mejoró, y aunque ya no gritaba, las pesadillas seguían ahí.
Ese fin de semana Edward había suplicado a Carlisle para quedarse a pasar la noche en mi habitación.
La verdad es que al principio se me hizo un poco extraño, porque vamos a ver, realmente él era un desconocido, pero ya me habían contado que había estado día y noche mientras que había estado inconsciente, así… ¿qué más daba? Él era quien iba a dormir en un incómodo sillón. Además, su presencia me relajaba.
Lo que el pobre Edward no se imaginaba, era que dormir, iba a dormir más bien poco. Cada vez que me despertaba él estaba ahí a mi lado preguntando si necesitaba algo y cuando despertaba de una pesadilla me cogía de la mano, me tarareaba una canción mientras me limpiaba las lágrimas.
…
-Bella, ¿crees que estás preparada para volver al instituto?- me preguntó Carlisle en mi quinta sesión.
-Bueno…- no quería acobardarme-, sí- añadí rápidamente.
-¿Estás segura? Sabes que podemos esperar un poco más.
-Sí, lo sé, pero quiero volver a la normalidad- me mordí el labio- o al menos todo lo normal que pueda ser.
-Está bien- se levantó y fue a su escritorio a rellenar unos papeles-. ¿Cuándo quieres comenzar?- levantó la vista del folio.
-Mañana mismo- me encogí de hombros y el volvió a escribir.
Después de un rato se levantó y me entregó el folio.
-Este es el justificante- asentí-. Cuando llegues mañana debes enseñarlo en conserjería- volví a asentir- y si algún profesor te lo pide se lo enseñas.
-Entendido- dije mientras lo guardaba en mi bolso.
-Desgraciadamente este es un pueblo pequeño y las noticas vuelan- Carlisle caminó hacia la puerta y le seguí.
-Bueno, es algo con lo que contaba- me encogí de hombros-. Solo espero que no me miren como un bicho raro- murmuré.
-Bella- Carlisle se paró y me encaró-, tú no eres ningún bicho raro- frunció el ceño-. ¿Recuerdas lo que hablamos?- arqueó una ceja y yo cogí aire.
-Soy una superviviente- dije. Esa era la frase que me había dicho en nuestra primera sesión y me había hecho repetirla delante de un espejo al menos veinte veces.
-Exacto, así que ahora sal con la cabeza bien alto y mañana quiero la mantengas así durante todo el día- terminó con una sonrisa.
-Nos vemos en dos días- me despedí y salí para encontrarme con Edward que estaba sentado en una de esas incómodas sillas de la sala de espera.
-Hey- saludó en cuanto me vio. Guardó su móvil en el bolsillo y se levantó para llegar a mi lado-. ¿Cómo fue?
-Light- me encogí de hombros-. Mañana vuelvo al instituto- dije tranquilamente, aunque realmente no estaba nada tranquila, pero tenía que enfrentarme a mis miedos. No podía quedarme toda la vida escondida en casa. Tenía que salir y luchar.
-¿Estás segura?- me preguntó preocupado.
-No, pero ¿qué más da?- me encogí de hombros-. Tarde o temprano tengo que volver.
-Pero puede ser más tarde que temprano, ¿no?- Edward se subió las gafas con el dedo y sonreí.
-Edward, no te preocupes- le revolví el pelo y él entrecerró los ojos-. ¿Helado y parque?- pregunté para cambiar de tema.
-¿Sabor?- salimos del hospital y doblamos la esquina.
-Vainilla- rodé los ojos y él sonrió.
…
Siete de la mañana.
El despertador acababa de sonar, pero yo llevaba despierta desde las cinco. La última pesadilla me había despertado y desde entonces no había podido volver a dormir. Incluso me había despedido de mi padre cuando a las seis y media había pasado por mi habitación. La verdad es que ya no se sorprendía cuando venía y me encontraba despierta. Simplemente asentía y se marchaba. Con los días había entendido que yo iba a dormir poco.
Me levanté de la cama y caminé hacia el baño.
Mientras me lavaba la cara miré mi reflejo.
-Eres una superviviente- le dije a mi reflejo.
Me hice una coleta alta y volví a la habitación para vestirme.
Miré por la ventaba y estaba nublado, así que opté por un vaquero, un jersey fino y unos botines.
Preparé la mochila con los libros que necesitaría hoy, hice la cama y bajé a desayunar.
Desayunar…
Era extraño.
Hacia unas semanas no hubiera podido pensar en comer algo sin sentirme culpable sabiendo que había cenado mucho la noche anterior, pero eso ya se había terminado.
Así que me preparé un vaso de leche con unas tostadas.
Después de desayunar me lavé los dientes y salí hacia mi querida camioneta.
Miré al cielo esperando que no lloviera y la verdad, pocas ganas, salí rumbo al instituto.
Al día siguiente de despertar había venido la policía para tomar declaración. Y días después mi padre me dio la noticia que los habían atrapado a los 3, pero también sabíamos que los padres de aquellos monstruos no se quedarían quietos y moverían cielo y tierra para sacar a sus hijos de la cárcel.
Pero por el momento prefería no preocuparme de aquello hasta que no fuera necesario.
El camino fue corto, más corto de lo que hubiera deseado, pero yo había decidido volver hoy, así que no era momento de acobardarse.
-Eres una superviviente- murmuré.
Cuando llegué aparqué en el primer sitio que encontré libre y salí del refugio de mi coche.
-Bells- escuché a Alice llamarme a lo lejos.
-Hola- sonreí y vi a toda la panda venir detrás de ella.
-¿Cómo estás?- su pregunta era tímida.
-No lo sé- me encogí de hombros.
-Sabes que cualquier cosa- Emmett se crujió los dedos.
-Sí, sí, tranquilo- reí-, no creo que la sangre llegue al río-. ¿Y Edward?- pregunté al ver que no estaba con el resto.
-¿Qué Edward?- bromeó Rose.
-Edward- la miré mal-, alto, con gafas, ojos increíblemente verdes, pelo indomable, atento… ¿os suena?
-Aahh… ese Edward…- rió-, se quedó dormido, así que vendrá en su coche- justo en ese momento le vimos entrar en el aparcamiento-. Mira ahí le tienes- le señaló.
-Bella, ¿a ti te gusta Edward, verdad?- me preguntó Alice y todos me miraron esperando una respuesta.
-¿Qué?- salió casi como un grito-. No, claro que no. Solo somos amigos.
-Ya…- me miró de manera sospechosa pero se cayó porque en ese mismo momento llegó Edward.
-¿Quiénes son amigos?- preguntó caminando hacia a mí-. Hola, Bella- besó mi mejilla y noté como el calor se acumulaba en la zona.
-Nadie- respondió Rose con una risita y en ese instante sonó el timbre-. Justo a tiempo hermanito. Vamos.
-¿Estás nerviosa?- me preguntó Edward.
-Un poco- me encogí de hombros-. Por cierto ¿qué horario tienes?- le pregunté mientras caminaba hacía consejería para enseñar el justificante.
-Vamos a ver- sin descolgarse la mochila del hombro la giró y sacó un papel doblado de uno de los bolsillos-. Toma.
-Hola, Bella- me sonrió la señora Cope-, siento mucho lo que te pasó- dijo triste.
-Gracias- dije incómoda-. Mi médico me dijo que os enseñara el justificante- dije dejándolo encima el mostrador.
-Le haré una fotocopia- dijo y se lo llevó para dentro.
-¿Dónde estaba?- pregunté mientras me giraba hacia Edward-. Ah, sí, el horario- sonreí y lo miré-. Tenemos varias clases juntos.
-¿De verdad?- preguntó emocionado.
-Sí- sonreí. La verdad es que Edward era muy fácil de complacer. Era feliz con pequeñas cosas-. Tenemos juntos biología, educación física, literatura y geografía- dije.
-Entonces te veré a tercera hora- sonrió mientras guardaba el horario en su mochila.
-Aquí tienes, Bella- la señora Cope me devolvió el justificante.
-Gracias, hasta luego- me despedí y caminamos por el pasillo.
-Bueno, yo tengo que ir a la segunda planta- me dijo Edward.
-Y yo tengo que doblar aquí- respondí señalando el pasillo.
-Bien, entonces te veré en biología- despacio se acercó y volvió a besar mi mejilla de manera dulce-. Hasta luego.
-Sí- sonreí tímidamente y caminé hacia mi clase de matemáticas.
La verdad es que todo el tiempo que había estado con Edward no lo había notado, pero varias personas se me fueron quedando mirando mientras que caminaba por el pasillo, pero las ignoré.
Cuando entré en clase todos me miraron fijamente.
-Señorita Swan, que alegría volver a tenerla en clase- saludó el profesor.
-Buenos días señor Varner- y fui a sentarme a mi sitio.
Durante toda la clase intenté mantener toda mi atención al profesor, pero no era tonta, podía escuchar los murmullos a mí alrededor, pero tenía que mantener todos mis sentidos en las fórmulas. Matemáticas no era precisamente mi fuerte, y habiendo perdido tantas clases necesitaba poner toda la atención que pudiera.
Cuando el timbre sonó recogí mis cosas y salí rumbo a mi siguiente clase. Lengua.
Estaba a punto de entrar en clase cuando algo o más alguien chocó conmigo.
-Uy, lo siento- dijo una voz demasiado falsa-, no te vi, como eres insignificante…- Jessica y su grupito de "amigas" rieron.
-Jessica, déjame pasar- dije apretando los dientes.
-¿A dónde te crees que vas?- se puso frente a mí cortándome el paso-. ¿No deberías de estar encerrada en el manicomio o algo así?- todas rieron.
-Es cierto, Bella, ¿cómo te dejan salir con todas las cosas que te imaginas?- Lauren la siguió el juego moviendo su dedo alrededor de su cabeza como si estuviera loca-. Espera, ¿te violó también uno médico?
Mi respiración se empezó a acelerar.
-Soy una superviviente- murmuré para mí.
-Lauren no seas mala- dijo Jessica con voz melosa-, no ves que está loca.
-Tú no sabes nada- dije con los dientes apretados.
-Sí, sí que lo sé- rió Jessica-. Sé que eres una puta. Que la misma tarde que te tiraste a tu novio James también lo hiciste con sus amigos- chasqueó la lengua-. Eso no se hace Bellita- negó haciéndose la decepcionada-. ¡Una orgía, que asco!- gritó. Noté como todo el mundo se me quedaba mirando y empezaron a murmuran y sin soportarlo más me fui corriendo. A lo lejos escuché sus risas escandalosas.
Rápidamente entré en el bañó, tiré mi mochila al suelo y vacié todo mi estómago en el váter.
Cuando terminé de vomitar, me levanté y enjuagué mi boca. Me sentía tan sucia… Sin poder evitarlo, lavé mi cara, mis manos y mis brazos de manera desesperada. Mi reflejo era un completo desastre. Yo era un desastre. Ellas tenían razón, debería estar encerrada.
-Bella, eres una superviviente- la voz de Carlisle apareció en mi cabeza.
-No, no lo soy- pateé mi mochila hacia el rincón y caminé hacia el mismo lugar para resbalar por la pared-, soy una puta- murmuré.
No podía estar aquí. No quería estar aquí. ¿Por qué nadie me lo impidió?
Sin darme cuenta comencé a llorar.
Edward…
Desesperadamente saqué mi teléfono y llamé a mi amigo. Le necesitaba como el aire que respiraba. Sentía que me ahogaba sin él.
Cinco pitidos y respondió.
-¿Bella?- susurró.
-Edward- me sorbí la nariz-, te necesito.
-¿Qué ha ocurrido, por qué lloras?- dijo frenético-. Espera- dijo antes que pudiera responderle-. Señora Goff, tengo que salir- escuché ruido al otro lado de la línea.
-Edward, no puedes salir, estamos en medio de la clase- escuché a la profesora regañarle.
-Lo siento, es importante- respondió él-. Cariño, voy hacia ti, ¿dónde estás?
-En el baño del pasillo principal- dije y un minuto después él entró asustado guardando su móvil en el bolsillo del vaquero.
-Bella- caminó deprisa hacia donde estaba y se agachó a mi altura-, ¿qué ha ocurrido?- acarició mi mejilla.
-Soy una puta- dije-, y además estoy loca- dije de manera cínica.
-¿¡Qué!?- frunció el ceño y me pareció la cosa más adorable del mundo-, ¿quién te ha metido eso en la cabeza?- dijo enfadado.
-Qué más da- me encogí de hombros mirando el suelo.
-¡No!- gritó y salté-. Mírame- acunó mi cara en sus manos de manera delicada y me hizo mirarle-. Nunca- evité sus ojos-, mírame- obedecí-, nunca vuelvas a decir eso, ¿me oyes?- su mirada era fuego puro-. Jamás- acarició mis mejillas con sus pulgares-. No eres ninguna puta y mucho menos estás loca- gruñó-. La persona que te haya dicho eso es una mierda de persona- abrí los ojos sorprendida. Edward nunca maldecía-, y ni siquiera merece que le tengas en cuenta la porquería que sale de su boca. ¿Entendido?
-Pero…
-No- me cortó-. Superviviente, ¿recuerdas? Tú eres la víctima en toda esta situación. Y nadie te puede decir todo lo contrario.
Sin poder evitarlo me lancé hacia sus brazos y lloré en su pecho.
-Lo siento- hipé.
-Nunca pidas perdón- acarició mi nuca.
En ese momento la puerta del baño se abrió.
-¿Se puede saber qué ocurre?- preguntó molesta la señora Goff a la vez que nosotros nos separábamos-. Señor Cullen, voy a hablar con sus padres por irse de mi clase sin permiso- entró al baño.
-Lo siento, pero era una emergencia- respondió con la cabeza en alto-. Bella me necesitaba- Edward me mantuvo sujeta con un solo brazo.
-¿Bella?- preguntó confusa la profesora que hasta ese momento no me había visto, y se agachó-, ¿qué te ha pasado?- su voz era suave ahora.
-Alguien la ha estado molestando- respondió Edward molesto.
-¿Estás bien?- me preguntó amablemente.
-Quiero irme- dije bajito-, no debería de haber vuelto.
-No digas eso- me miró con ternura-. Ha sido muy valiente al venir a clase después de todo lo que has pasado. Isabella, créeme que siento mucho lo que sucedió. Ojalá hubiera podido ver algo antes para advertirte.
-Usted no tiene la culpa- respondí-. Yo fui una estúpida. Todos me lo advirtieron, pero yo no lo quería ver- me encogí de hombros.
-¿Quieres irte?- preguntó y asentí-. Vale, te haré un justificante para que no haya ningún problema. Estoy segura que todos lo entenderán.
-Gracias- respondí y Edward y yo nos levantamos del suelo.
-Edward, ¿vas a volver a clase o te quedas con ella?- le preguntó. Creo que ella sospechaba que yo necesitaba a mi amigo ahora.
-¿Puedo irme?- preguntó Edward y me miró-. Bella me necesita.
-Te haré un justificante y avisaré a tus padres.
-Gracias.
-Esperarme los dos en conserjería- nos dijo y salió del baño.
-¿Estás seguro? No quiero que te metas en problemas por mi culpa- le dije a mi amigo recogiendo mi mochila.
-No digas tonterías, claro que estoy seguro- me quitó la mochila y se la colgó al hombro-. Tú eres más importante que todo eso- señaló el instituto con los brazos-. Vamos- me cogió de la mano y salimos del baño-. Tengo que pasar por mi clase para recoger mis cosas- dijo y asentí.
Cuando llegamos me quedé fuera esperándole y esperando que nadie me viera y en un minuto salió con nuestras mochilas en el hombro.
-¿Sabes que puedo llevar mi mochila, no?- le pregunté mientras caminábamos.
-Sí- dijo simplemente, pero en ese momento se paró en medio del pasillo, cosa que hizo que yo también me detuviera porque íbamos cogidos de la mano-. Espera, alguien se tiene que llevar tu coche- me encogí de hombros.
-No importa, puede quedarse aquí y mañana vendré andando- volví a retomar el paso.
-¿Qué dices?- Edward sacudió la cabeza-. Está demasiado lejos- entonces sonrió-. ¿Sabes?, tienes razón. Deja aquí tu coche- dijo contento y yo asentí-, mañana iré a recogerte- y ahora fue el turno de que yo parase de golpe.
-¿Qué?- pregunté sorprendida-. Edward, no vas a venir desde tu casa hasta la mía para ir al instituto- me quejé.
-¿Y por qué no?- hizo un puchero-. ¿No quieres?- preguntó de manera triste y me dio tanta ternura que no pude evitar besarle la mejilla.
-No es eso…
-¿Entonces?
-Edward tú vives aquí- señalé por encima de su cabeza- el instituto está aquí- señalé un poco más bajo-, y yo vivo aquí- bajé la mano todavía más-. ¿Ves?
-No me parece una razón suficiente para no ir por ti- dijo como si fuera lo más lógico del mundo.
-Eres consciente que vas a tener que madrugar más.
-No me importa- se encogió de hombros y continuamos caminando.
-Luego estarás cansado- le advertí.
-No importa.
-Como tú quieras- me encogí de hombros.
-Bella, ¿por qué no quieres que vaya?- me preguntó.
-No es eso, es solo que no quiero molestarte- miré el suelo-. Has hecho tanto por mí…- volvimos a parar y Edward levantó mi cabeza con un dedo bajo mi barbilla.
-No me molestas. Nunca. ¿Entendido?- dijo seriamente-. Ya te lo dije, Bella. Voy a estar contigo de la forma en la que me necesites y ahora necesitas un chofer- me dio una sonrisa de lado.
-Eres el mejor- le abracé respirando su aroma, era una mezcla entre Edward y colonia. Perfecto.
-Venga- me soltó, pero volvió a coger mi mano.
Cuando llegamos a consejería, la profesora Goff ya estaba allí esperándonos con nuestros justificantes.
De manera inconsciente solté la mano de Edward.
-Ya he avisado a vuestros padres y profesores- nos dijo cuando llegamos-, así que no tendréis ningún problema.
-Gracias- respondimos a la vez cogiendo los justificantes.
-Hasta mañana- se despidió y se marchó.
-¿Y a dónde vamos?- pregunté mientras salíamos del instituto.
-Donde tú quieras- respondió mientras caminábamos hacia su coche.
-Entonces vayamos a la aventura- dije y él sonrió.
Hola! Confesar ¿cuántas estáis muriendo de amor por Edward? Sí, yo también, pero ¿Cómo no vamos a morir de amor? si es perfecto y adorable.
¿Qué os ha parecido el capítulo?
Muchas gracias a todas por tomaros el tiempo de leer y dejarme algún comentario.
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Espero que os haya gustado y me dejéis muchos reviews.
Besitos =)
