Una luz entre la oscuridad.
BELLA:
Estuvimos durante un rato en la misma posición, hasta que Edward se tumbó y me llevó con él hacia el césped.
Mi cabeza estaba apoyada en su hombro y su brazo acariciaba el mío suavemente. Su cuerpo irradiaba calor. La verdad es que me sentía muy cómoda así. Él me hacía sentir cómoda.
El prado era increíble. Ya nos podía imaginar a los dos sentados en una manta con comida pasando el día, simplemente charlando o jugando. No podía esperar a volver de nuevo.
Quería a mis amigos, pero sabía que Edward era especial. Y quería tener este lugar para nosotros dos. No me gustaba guardarles secretos, pero… El prado era nuestro.
Podía escuchar, no muy lejos de donde estábamos, agua. Quizás en verano podríamos nadar si había un río. Tendríamos que investigar la próxima vez que viniéramos.
Como me alegraba que hubiéramos encontrado este lugar.
Nuestro sitio…
-¿Estás bien con esto?- preguntó suavemente refiriéndose a nuestra postura.
-Sí- le di una tímida sonrisa y miré el cielo-. Mira- señalé-, una nube piruleta.
-¿Esa?- señaló al cielo-. Yo veo un algodón de azúcar- rió.
-Que va- reí-. Y esa parece un conejito- señalé otra nube.
-Bella, ¿de verdad ves bien?- bromeó-. Yo veo un perro con orejas grandes.
-Edward- me incorporé-, mejor ponte las gafas- reí-. No ves nada.
-Ups- se sentó y se las puso-, cierto- sus mejillas estaban rojas. Era tan tierno... Giró su cabeza y frunció el ceño-. Pues esas nubes parecen que quieren descargar- señaló detrás de nosotros y tenía razón. Las nubes que venían estaban muy negras.
-Será mejor que nos vayamos- dije mientras nos levantábamos.
-Definitivamente tenemos que volver- me sonrió y se volvió a poner su cazadora.
-Sí- cogí su mano y él entrelazó nuestros dedos-. Podría ser… nuestro sitio…
-Eso me gustaría- me sonrió y empezamos a caminar de vuelta.
Según íbamos andando, el cielo se fue cubriendo tanto que parecía que era casi de noche.
-Tenemos que darnos prisa- dije caminando más rápido.
Una gota se estrelló en nuestras manos y Edward las levantó.
-Creo que no nos vamos a librar de mojarnos- dijo y entonces comenzó a llover. Pero no caían gotitas como si estuviera comenzando a llover. No. Caía un diluvio sobre nosotros-. Corre.
Esquivando maleza y árboles caídos, corrimos de vuelta al coche, pero mi torpeza hizo aparición y me resbalé con un montón de hojas.
Edward, al notar el tirón, intentó tirar de mí, pero al ir corriendo, tiré yo más fuerte de él, y caímos los 2 al suelo. Mi pobre amigo en el suelo y yo sobre él.
-Uff- gimió al chocar la espalda contra el suelo. Abrió los ojos y me miró nervioso-. ¿Estás bien? ¿Te has hecho daño?- sin poderlo evitar, me quedé un momento hipnotizada viendo sus ojos detrás de sus gafas empapadas. No sabía cómo podía ver con ellas mojadas-. ¿Bella?- apartó un mechón mojado de mi cara y entonces recordé que estaba sobre él.
-Lo… lo siento- me levanté nerviosa-. ¿Estás bien?- le pregunté mientras se levantaba.
-Sí- estiró la espalda, pero hizo una mueca-. ¿Te has hecho algo?- me miró intensamente.
-Estoy bien- respondí-. Siento haberme caído sobre ti. Soy una torpe.
-No es tu culpa- me dio una pequeña sonrisa-. El suelo está resbaladizo- en ese momento un trueno retumbó-. Vamos- cogió mi mano de nuevo-. No quiero que te resfríes.
Continuamos corriendo todo lo rápido que pudimos, pero cuando quisimos llegar al coche, ya estábamos empapados.
-Nos hemos empapado- dijo arrancando el coche y poniendo la calefacción.
-Sí- puse mis manos delante de las rejillas para entrar en calor-. Con lo bien que estaba el cielo cuando llegamos…- le fruncí el ceño a las oscuras nubes.
-¿Quieres que te lleve a casa o vamos a la mía?- me preguntó.
-¿Podemos ir a la tuya?- pregunté tímidamente. No quería alejarme todavía de él.
-Claro- me sonrió y nos dirigimos hacia su casa.
El camino se nos hizo un poco más complicado, ya que al estar lloviendo tanto, Edward tuvo que conducir mucho más despacio.
Cuando llegamos corrimos hacia la puerta y mi amigo abrió.
-Creo que mejor me quedo aquí- dije viendo mi ropa empapada.
-No digas bobadas- me cogió de la mano y tiró de mí para que entrara.
-Edward, voy a mojarlo todo- me quejé viendo las gotas en el suelo de madera.
-Después se limpia- subimos las escaleras-. No vas a quedarte ahí con el frío que hace.
En ese momento caí que era la primera vez que venía con él.
Entramos en su habitación y me sorprendí al ver la cantidad de cosas que había allí ya. Se notaba el toque de Esme, la decoración era preciosa. Pero también Edward le había dado su toque con varios de sus objetos personales. Realmente parecía que llevaba viviendo aquí toda la vida.
Mi amigo caminó hacia el armario y sacó ropa.
-No sé si la ropa de Alice o Rose te valga…- se mordió el labio dudoso. Y tenía razón. Alice era mucho más baja que yo, y Rosalie, aunque era más alta, era más delgada que yo.
-No importa- me abracé con los brazos.
-Bella, no puedes quedarte así. Te vas a resfriar- sacó más ropa de su armario-. Te quedará grande, pero al menos está seca- comentó mientras me la entregaba.
-Gracias.
-Date una ducha caliente- señaló, lo que supuse que era, la puerta del baño que estaba en su habitación-. Yo usaré el baño del pasillo.
-Pero…- quería decirle que yo iría al baño de fuera.
-No, Bella, usa este. Es más amplio y está mejor acondicionado- me dio una pequeña sonrisa.
-Gracias, Edward- le sonreí agradecida.
-En el mueble tienes las toallas y dentro de la ducha están todos los productos que quieras usar.
Dicho esto salió de la habitación y yo caminé hacia el baño.
La verdad es que era enorme, bueno, toda la casa lo era. Su baño era dos veces el mío. Tenía un mueble con el lavabo, el váter, el mueble donde mi amigo había mencionado que estaban las toallas y una amplia bañera con ducha.
Caminé hacia el mueble y saqué una toalla colocándola sobre el lavabo junto con la ropa que Edward me había dejado. Sin poder evitarlo. Cogí la camiseta y me llevé a la nariz. Olía a él. A hogar. Me hacía sentir a salvo. Cerré los ojos y aspiré profundamente. Quería grabar en mi cabeza su olor para cuando se alejara de mí pudiera recordar como olía.
Con un suspiro dejé la camiseta y fui hacia la bañera. Regulé la temperatura de la ducha, me desvestí y me metí bajo el agua.
En cuanto el agua me tocó no pude evitar gemir. Estaba muy calentita, y a mi cuerpo helado le estaba sentado de maravilla.
Me quedé bajo el chorro durante un rato. Simplemente relajándome. Hasta que recordé que no estaba en mi casa y que probablemente Edward se preocuparía si tardaba mucho, por lo que cogí un poco de champú y lo masajeé en mi cabeza. Olía como a él.
Sonreí.
Lo que le había dicho era verdad.
Estaba a un paso de enamorarme de él y no sabía cómo evitarlo. Tampoco sabía si realmente quería hacerlo.
Edward me proporcionaba tranquilidad y seguridad. Algo que jamás había sentido con… James.
Sabía que con Edward siempre estaría a salvo. Confiaba totalmente en él. Desde que nos habíamos conocido lo único que había hecho era preocuparse por mí. Incluso cuando no nos conocíamos de nada, se preocupó de que estuviera bien y me dejó su pañuelo.
Cerré los ojos y me aclaré el pelo.
Él me había salvado. Me había recogido de la carretera y me había llevado al hospital. Y además, se había quedado conmigo todo el tiempo cuando no tenía ninguna obligación. Solo nos habíamos visto una vez. Perfectamente podía haberme dejado en el hospital y haberse marchado a casa. Pero Edward no. Edward se había quedado conmigo hasta que desperté, y después había estado visitándome todo lo que le era posible.
Vertí un poco de gel en mi mano y me lavé lentamente.
Cuando salí del hospital, me había estado acompañando a todas mis sesiones con Carlisle, para después llevarme a tomar un helado. Era una persona increíble… Pero yo no. Yo estaba rota y usada.
Recordé las burlas de Jessica y varias lágrimas empezaron a caer.
No era buena para Edward.
No era digna de su cariño. No lo merecía.
Más lágrimas cayeron entremezclándose con el agua de la ducha.
Mi mente viajó a aquella tarde en la que todo cambió. Recordé sus alientos que apestaban alcohol, tabaco y marihuana.
Recordé sus asquerosas manos. Como me tocaban y me apretaban para que cediera ante ellos.
Resbalé por la pared de la ducha y me abracé.
Recordé como me forzaron a hacer cosas que jamás se me hubieran pasado por la cabeza. Cosas para las que no estaba preparada ni mentalmente, ni físicamente.
Sollocé más fuerte.
Recordé el sabor de la sangre en mi boca. Los golpes que recibí al intentar soltarme de su agarre y como ellos simplemente se reían de mí.
-¿Bella?- Edward tocó la puerta- ¿Estás bien?
No podía responderle. Mi mente estaba lejos. Lejos de la protección de mi amigo.
-¿Bella?- tocó nervioso-. Cariño, ¿estás bien? ¿Puedo entrar?
Lloré más fuerte. Sentía como si me ahogara. Quería terminar con aquella tortura.
No podía dejar de oír las risas de Jessica, Lauren y Victoria…
Las carcajadas de James, Laurent y Riley mientras se turnaban...
-Bella, voy a entrar- escuché la voz de Edward a lo lejos. Sentí un poco de corriente cuando abrió la puerta y al verme llorando, sentada en la bañera jadeó-. ¡Bella!- abrió la mampara y cerró el grifo-. Bella, por favor, háblame. ¿Qué ocurre?- frotó mis brazos desesperado. Rápidamente se separó de mí para coger la toalla y envolverme con ella. Al momento sentí un calor reconfortante cuando me abrazó.
-No me sueltes- susurré.
-Nunca- me cogió en brazos y nos llevó a la cama. Donde se sentó y me abrazó contra él-. Ya está, sshhh- me meció mientras acariciaba mis brazos sobre la toalla-. Por favor, no llores.
-Haz que se vayan, por favor- supliqué. No podía parar de sentir sus asquerosas manos sobre mí-. Por favor…
-Haré lo que me pidas- prometió.
-Te necesito- le miré a los ojos que me miraban preocupados-, pero estoy sucia.
-No lo estás- besó mi frente.
-Sí- tragué-. Pero te necesito tanto que cuando no estás cerca, siento que me asfixio- me agarré a él como si fuera un salvavidas.
-Bella…
-Te necesito, pero no quiero mancharte- susurré-. No quiero contaminarte de todo lo que llevo encima.
-Bella- cogió mi cabeza entre sus cálidas manos y me hizo mirarle. Sus ojos brillaban con intensidad-, jamás digas algo así. Nunca- limpió mis mejillas con sus pulgares-. No estás sucia, ni rota. Solo te han hecho daño. Te han hecho algo horrible. Pero tú no tienes la culpa, ¿entiendes?- enfatizó sus palabras-. Eres una superviviente.
-No…- intenté negar, pero no me lo permitió.
-Sí. Eres. Una. Superviviente- repitió despacio.
-Por favor, haz que desaparezca esa sensación- volví a pedir.
-Dime que necesitas.
-A ti- mi corazón galopaba en mi pecho-. Necesito que me quieras.
-Bella, yo ya te quiero- prometió-. Te adoro…- apoyó su frente contra la mía.
-No puedo seguir luchando- susurré-. No quiero hacerlo- determiné.
-Bella…
-Te quiero- declaré-. Y no puedo evitarlo- le miré con los ojos llenos de lágrimas-. Pero tampoco quiero mancharte.
-No estás sucia- repitió en voz baja.
Temblé en sus brazos y en ese momento fui consciente en el estado en el que me encontraba.
Edward sentado sobre la cama, conmigo sobre sus piernas, simplemente tapada con la toalla.
-Me has sacado del baño- susurré al caer en la cuenta de toda la situación.
-Bella- se puso nervioso-, lo siento. No sabía qué hacer. No me respondías… Yo…- me miró a los ojos-. Te prometo que no vi nada. Me centré en tu cara. Jamás te haría nada- juró. Pero yo ya lo sabía.
-Confío en ti- acaricié su mejilla-. Más de lo que crees.
-Bella…- podía sentir como su mirada me traspasaba.
-Edward. Bésame- sus ojos se abrieron de golpe.
OMG! A quién más le acaba de dar un paro? Este final ha estado intenso. La pobre Bella ha tenido una crisis y nuestro caballero de brillante armadura ha llegado para salvarla.
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