Los personajes no me pertenecen, son de Masashi Kishimoto.

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Por: kaoru-sakura

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El tributo

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—La leyenda cuenta que era discípula de la Diosa Eris, quien era mejor conocida por sembrar discordia entre los hombres ofreciendo una manzana dorada. Sin embargo su discípula era un tanto más romántica, gustando de poner a prueba solo a los enamorados. Presentándose ante ellos, los envolvía con su inusual belleza tentando a las fieles parejas...

—¿Y dónde está lo terrorífico Kankuro? —la mayor de los hermanos resopló, desdeñando el comienzo de la historia, estaba bastante molesta por la intromisión de ambos hermanos en su romántica cita. Llevaban buen rato alrededor de la fogata y el frío del desierto empezaba a calar en los huesos. Miró de reojo a Shikamaru que seguía imperturbable a los relatos de su hermano.

—Si no interrumpieras ya estaría contando esa parte —el castaño rodó los ojos con fastidio, pero fijando la vista en el novio de su hermana continuo—. Dicen que tiene debilidad por los hombres sexys de cabello largo, rojo…

—Que bien aquí nadie corre peligro, Gaara lo tiene corto—el sarcasmo en la voz de su hermana lo sacó de quicio. Le estaba echando por tierra su última anécdota de terror de la noche.

—¡Con un carajo Tem deja de interrumpir! —le espetó a su hermana quien subió las manos en señal de rendición. Al fin lo dejaría terminar, suspirando fuertemente continuó—. Al final no importa el color, sino que le parezcan atractivos. Al no pasar la prueba siembra la discordia en la pareja, separándolos para siempre. Si quieren evitar ponerse a prueba ante ella deben hacer un tributo, un vaso de leche con chocolate y deliciosas galletas, de lo contrario cosas horribles les pasarán.

Por un momento el silencio reinó alrededor de la fogata, sólo el crepitar de los leños en el fuego se escuchaban. Gaara cerró los ojos con su usual estoicismo. Shikamaru enarcó una ceja de incredulidad. Mientras Temari ya no aguanto más y soltó unas carcajadas tan naturales e inusuales en ella que sorprendió a los tres hombres que la rodeaban. Intentó calmarse en vano, agarró aire varias veces.

—Riete ahora, ya veremos en la mañana si te sigues riendo. —Sus labios apretados en una fina línea mientras veía con molestia a su hermana.

—Disculpa Kankurō, pero es la historia de terror más ridícula que has contado en toda la noche. —Secó unas lágrimas que estaban por resbalar de sus ojos. Tomó una fuerte bocanada de aire serenándose por fin—. Además, tú das por hecho que se nos aparecerá a nosotros ¿En qué te basas? Y además ¿Por qué hoy? Si para halloween aún falta una semana.

—Ustedes son la única pareja aquí —señalo la obviedad con algo de desdén—. Existe el rumor de que le gustaba venir a bañarse aquí, estas aguas termales de Suna tienen propiedades únicas, que dicen mantiene la piel de las doncellas radiante y hermosa. Y hoy… —apuntó al cielo, en acto reflejo todos voltearon al manto nocturno salpicado de estrellas, pero algo faltaba—. Hoy hay luna negra. Es cuando la magia se hace más fuerte y no importa la fecha. Las cosas sobrenaturales toman fuerza de la oscuridad. Así que yo que tú hermanita me aseguraba de dejarle su vaso con chocolate y deliciosas galletas, no vaya siendo que te despiertes sin novio. —La sonrisa burlona indicaba que eso le gustaría bastante. Sin embargo su hermana lejos de molestarse le sonrió con picardía.

—Ya me gustaría que lo intentara. A todo esto nunca dijiste su nombre ¿de quién es que me tengo que cuidar?

—La llamaban Athalia… Pero sabes, no deberías desafiar a estas fuerzas, son algo que van más allá de nuestra comprensión.

La seriedad de la advertencia que le hizo su hermano la puso a dudar por un segundo, sin embargo, se recompuso de inmediato. No caería en su juego, él solo quería seguir interrumpiendo su maravillosa cita, y ya no lo permitiría. Tenía muchos meses sin ver a su novio, esos días debían ser solamente para ellos. Habían rentado una habitación en una posada asentada en uno de los oasis de Suna. Por las fechas eran los únicos huéspedes, por lo que sus hermanos consiguieron fácilmente una habitación para poder irrumpir en sus días de tranquilidad. Estaba bastante molesta así que se levantó de su lugar de un salto—. Tú y esa tal Athalia se pueden…

—Temari —la interrumpió el pelinegro antes de que terminara la frase, le habían enseñado que nunca se debían desafiar a las fuerzas oscuras. No es que él fuera un cobarde, pero más valía no tentar la suerte. Se levantó de su lugar tomándola del brazo con delicadeza—. Entremos el frío se siente más.

—Shikamaru es mejor que alejes tus manos de mi hermana. —Sentenció el castaño con mirada dura hacia el pelinegro.

Será mejor que te guardes tus advertencias Kankurō... —atravesó a su hermano con una mirada asesina, arrastrando las palabras al hablar—. Yo ya estoy grandecita para que te metas en mi vida íntima.

—Pasen buena noche —el menor de los hermanos intervino antes de que el castaño terminara con un ojo morado o quizá los dos. Suficiente habían provocado con unirse a ese viaje con ellos. Ignoró el ligero sonrojo en el pelinegro y les hizo un gesto con la mano para que siguieran su camino. El Nara les hizo una inclinación con la cabeza para después marcharse—. Eres demasiado osado Kankurō.

—Tks aún así terminarán en la cama —hizo un gesto de disgusto cruzando los brazos en el pecho.

—Nuestra hermana es una mujer hecha y derecha, es hora que deje de estar cuidándonos y haga su vida. —Fijó sus orbes aquamarinas en las castañas de su hermano—. No creo que sea de tu incumbencia si hace o no cosas con Shikamaru, es un buen hombre y la ama.

—Eso ya lo veremos.

—¿En realidad crees tú propio cuento?

—No es un cuento Gaara, por algo insistí en venir con ellos.

El pelirrojo alzó una ceja en señal de duda. Su hermano era demasiado celoso, pero llegar al extremo de inventar leyendas, era demasiado hasta para él—. Todo estará bien, nuestra hermana lo eligió, deberías ya de hacerte a la idea y dejar en paz a Shikamaru.

El castaño se perdió en los colores hipnotizantes del fuego—. Aunque no lo creas solo me gusta molestarlos, pero el problema aquí es precisamente que no se han casado, para Athalia es como ofrecerlos en bandeja de plata. Sumando que Tem no cree en estas cosas. —Achicó los ojos viendo a su hermano—. No me perdonaría si algo les llegara a pasar.

Caminaron en silencio de regreso a su habitación. La posada era muy acogedora, contaba con todas las comodidades a pesar de estar en mitad del desierto, pero conservaba toda la belleza de lo tradicional.

Shikamaru estaba encantado de conocer esa parte de Suna. Hacerse un espacio en sus apretadas agendas de trabajo era por demás difícil. Así que entendía la molestia de Temari. Para él los hermanos era un imprevisto en la ecuación, debía manejar la variable lo más cautelosamente posible. No quería que Kankurō terminara asesinándolo antes de tiempo. A pesar de ser una mujer de lo más problemática, sabía que Temari era la mujer con quién quería compartir el resto de su vida. Recordó la pequeña cajita de seda morada que llevaba guardada en su maleta. Si todo salía bien, esperaba poder usarla antes de finalizar ese fin de semana.

Vieron a la dueña de la posada caminar frente a ellos, venía del área de las habitaciones, les sonrió amablemente llamando su atención.

—Espero que no les moleste, dejé una bandeja con unos aperitivos en su habitación, espero sean de su agrado.

—Gracias, es usted muy amable. —Agradeció el pelinegro, ambos hicieron una reverencia que ella imitó. Se marchó dejando que siguieran su camino.

Llegaron a la habitación. Iluminada tenuemente por las pequeñas lámparas situadas a los costados del enorme futón. En el costado de la habitación se encontraban unas puertas de cristal doble que daban a un balcón. Cubiertas por unas cortinas de tela ligera. Enseguida se encontraba una mesa de tamaño mediano con dos sillas, dónde se encontraba la bandeja que la amable mujer dejó. Un poco más allá, una pequeña salita alrededor de una chimenea, la cual aún no había necesidad de encender. En la esquina se encontraba la puerta al baño.

—Las aguas termales estuvieron deliciosas, pero hubiese sido mejor compartirlas. —Temari se acercó a la bandeja con la deliciosa fruta repartida en un enorme platón.

—No contemplamos tener compañía. —Corrió el shoji detrás de sí. Con su parsimonia habitual se acercó para abrazarla por la espalda.

—Ni lo menciones, Kankurō me las pagará por esto.

—No puedes ser tan dura, son tus hermanos, es lógico que se preocupen por ti. —El cuerpo femenino se amoldó al suyo. Entrelazo su mano derecha con la izquierda libre de ella, haciendo más estrecho el abrazo. Aspiro el aroma de su cuello, un aroma tan peculiar en ella que lo volvía loco. Su cuerpo de inmediato reaccionó.

Temari se llevó una uva a la boca, le ofreció otra a Shikamaru, quien gustoso la aceptó. Unos golpes muy ligeros se escucharon en las puertas de vidrio, llamando la atención de Shikamaru. Se soltó del cálido cuerpo para acercarse a las puertas de cristal. Las abrió de un solo movimiento saliendo al balcón y observó a todos lados, pero no vio nada. Solo las ramas de las plantas al costado de las puertas se mecían con la ligera brisa nocturna. Volteó al cielo. Realmente la luna brillaba por su ausencia, dando paso a lo que Kankuro definió como luna negra.

—Espero que no estés pensando en la ridícula historia que contó el idiota de Kankuro. —Se acercó a Shikamaru, contemplando la hermosa vista.

—Tu eres inmune a todas esas historias, de dónde yo vengo se toman más enserio. —Replicó dirigiendo su mirada hacia a ella.

—Eres un bebé llorón, eso es lo que pasa. No debes dejar que jueguen con tu mente, no puedes ser un cobarde. —La firmeza de su voz se contrastaba con la dulce mirada que le dedicaba. Shikamaru sonrió elevando la mano para acariciar su mejilla. Le encantaba esa dualidad de su carácter.

—No se trata de cobardía, diría que es más actuar con cautela. —Los labios se rozaron en una sutil caricia, cuando una ráfaga de viento helado los golpeó directo, obligándolos a entrar apresuradamente y cerrar las puertas.

Temari se acomodo más la yukata, buscando algo de calor. Ese aire le caló el cuerpo, dejándole un sentimiento de incomodidad que no podía explicar. Se acercó de nuevo a la mesa ya que algo llamó su atención. Observó el vaso y las galletas. Se sobresaltó alzando una ceja. ¿En verdad estaba eso ahí? ¿Por qué no lo noto antes? Una mueca de fastidio se instaló en sus labios. No permitiría que la historia de su hermano la sugestionara. Agarró el vaso y le dio un gran trago casi terminando el contenido. Después tomó una de las galletas dándole un mordisco.

—¿Qué es eso? El pelinegro la miró con curiosidad acercándose a ella.

—Abre la boca —él hizo caso en un acto reflejo, sintiendo la suave textura deshacerse en su boca. Temari sonrió con gusto—. Esta delicioso el tributo.

Shikamaru quería ahorrarse la discusión del tema así que no dijo nada. Miró de nuevo la bandeja. Ahí estaba el vaso con leche y las deliciosas galletas que debían haber dejado intacto y que Temari en su acto de rebeldía se comió. Sin embargo se le hacía raro no haberlo visto antes.

—Te parece si nos vamos a la cama, estoy algo agotada, a lo mejor un masaje puede hacerme olvidar la tensión del día. —Alzó la ceja coqueta dando otra mordida a la galleta. La forma en la que lo hizo, la manera en que lo miro mientras lo hacía, provocó que Shikamaru sintiera una corriente eléctrica recorrer su cuerpo. Algo tan inocente que encerraba toda una promesa.

—Claro… —se aclaró la garganta para que le saliera la voz—. Deja busco algún aceite o crema en el baño.

Temari sonrió complacida mientras él desaparecía. Se quitó la yukata quedando en ropa interior. Se deshizo de sus dos coletas librando los cabellos rubios. Se acostó boca abajo en el futón, sobre la delicada tela blanca, volteó la cabeza a un costado. Sentía los ojos pesados, por lo que empezó a parpadear lentamente. El cansancio hizo acto de presencia con fuerza, pero antes de caer en la inconsciencia una silueta se formó delante de ella. Alcanzó a ver una hermosa sonrisa en unos labios carmín y un cabello cobrizo ondear. A pesar de la falta de aire en la habitación. La suave voz llegó a sus oídos.

—Él será mío.

Por más que quiso resistirse no pudo. No podía moverse ni gritar. El corazón se le quedó en la garganta lleno de angustia. Mientras sus ojos se cerraban el último pensamiento que tuvo se lo dedicó a Shikamaru.

La sensación de que se ahogaba la despertó, sentándose abruptamente. Estaba empapada en sudor. La obscuridad de la habitación era tal que no podía ver nada. Palpó el futón a su lado en busca de Shikamaru, y solo encontró vacío. Una sensación de desolación empezó a inquietarla. Se volteó a prender la lámpara que estaba de su lado. Por más que lo intento está no prendió.

El corazón le empezó a golpear fuertemente en su pecho, acelerando su respiración. Puso los pies en el suelo, sintiendo lo frío que estaba. De pronto las puertas de cristal se abrieron de golpe con una fuerte ráfaga de aire. Temari se llevó las manos al pecho ahogando un grito.

No es que fuera una mujer que se asustara fácilmente, pero la ausencia de Shikamaru se le hacía extraña. Salió despacio al balcón, las lámparas que rodeaban la posada se encontraban apagadas. Era poca la luz que las estrellas en el firmamento nocturno proporcionaban. Más allá no se podía ver nada. Entonces en su pie sintió que algo la golpeó, bajo la vista, era algo redondo. Lo tomó en su mano para observarlo mejor.

—Una manzana… —estaba confundida, qué hacía ahí tirada en el balcón. Era de un rojo brillante, demasiado apetecible. Le dio vuelta, fue cuando se dio cuenta que estaba mordida. Una fugaz imagen de Shikamaru mordiéndola mientras una bella mujer ataviada en una delgada tela vaporosa blanca lo abrazaba por la espalda, se cruzó ante sus ojos. Cómo si quemara, Temari soltó la manzana. La desesperación comenzó a embargarla. Nerviosa, miró a todos lados. Tenía que encontrar a Shikamaru.

Regreso a la obscuridad de la habitación. Entró al baño, pero no estaba. Salió al pasillo dónde la penumbra era más marcada. No sé explicaba porque los candelabros estaban apagados. Sería que la luz había fallado. El cuarto de sus hermanos estaba a dos puertas más allá. Tenía que encontrar ayuda arriesgándose a quedar en ridículo por no encontrar a su novio.

"Yo que tú hermanita me aseguraba de dejarle su vaso con chocolate y deliciosas galletas, no vaya siendo que te despiertes sin novio".

Las palabras de Kankurō resonaron en su cabeza. Haciendo un eco horrible en su estómago. Recordó el vaso de leche con chocolate y las galletas que se comió. Sus pasos se apresuraron.

"...ofreciendo una manzana dorada… Sin embargo su discípula era un tanto más romántica…"

Eso explicaría la manzana roja, tan brillante como la sangre. Entonces lo que vio antes de quedarse dormida no fue producto del cansancio, ni cuando tocó la manzana.

—Shikamaru.

Empezó a correr con desesperación. Llegó a la habitación donde estaban sus hermanos, se ahorró la molestia de tocar. Abrió de golpe—. ¡Gaara, Kankurō! ¡Despierten necesito… ! —se quedó en su lugar. Las camas estaban destendidas, pero vacías. Un nudo se le hizo en la garganta. Se dió media vuelta. El instinto de supervivencia se activo en ella. Ya no le importaba despertar a quien fuera. Necesitaba ayuda, tres personas no podían desaparecer así como así.

—¡Shikamaru! —A su paso fue abriendo puertas, encontrando cada habitación vacía—. ¡Gaara! —Podía sentir la soledad del lugar mientras lo recorría con prisa—. ¡Kankurō!

Llegó al lugar donde su hermano había contado esas historias, y entonces lo supo, ella estaba sola en medio de la nada. Su cuerpo empezó a temblar. No le importaba quedar sola, mientras supiera que ellos estaban bien. Que nada les había pasado. Eran los tres hombres más importantes de su vida. No quería perder la cordura.

Las lágrimas se agolparon en sus ojos, cuando una risa empezó a sonar queda en el aire. Temari levantó la cabeza, se dejó guiar por el sonido. Los pies se le hundían en la fría arena. Haciendo más difícil su caminar. El aire helado comenzó a correr con fuerza, dándole de lleno en el cuerpo. Sintió que había recorrido una enorme distancia. El aire le faltaba, más a cada paso que daba, la risa se hacía más fuerte. Se detuvo al ver el oasis que se extendía ante sus ojos. Podría haber apreciado la belleza del lugar, de no ser por el ser que emanaba luz frente a ella.

Era una mujer realmente hermosa, su largo cabello cobrizo con pequeñas trenzas tejidas era adornado por pequeñas flores rojas. Su piel, tan blanca que resplandecía, era cubierta por una fina tela suelta que dejaba nada a la imaginación, la perfección de su cuerpo era visible. La hermosa mujer posó sus ojos en Temari, unos ojos castaños tan enigmáticos que la atraparon. Sus labios carmín se curvaron en una sonrisa sensual. Temari no supo interpretar la reacción de su cuerpo. Quedó confundida y estática sin poder moverse.

—Veo que por fin nos encuentras. —La voz seductora llegó hasta ella, sacándola de su letargo—. Pero ya es un poco tarde. —Ella extendió su mano y de las sombras emergió una figura masculina.

Temari parpadeó varias veces, no podía verle el rostro ya que tenía el cabello suelto tapándole el rostro. Solo traía un pantalón negro y su marcado abdomen quedaba al descubierto—. ¡Shikamaru! —lo llamó con apremiante desesperación. Sin embargo, el tomó la mano que le era ofrecida a un lado suyo. La mujer lo envolvió en sus brazos.

—No debes preocuparte por él, yo lo amaré por toda la eternidad.

—¡Shikamaru ¿qué diablos estás haciendo?! —Estaba por tomarlo de la mano, cuando la mujer se interpuso, dejando al hombre tras de ella

—Debes olvidarte de él, ahora me pertenece. Conmigo estará bien y nada le faltará, tendrá tanto amor como él quiera.

—Que me lo diga él mismo —No sabía de dónde había salido el coraje para encarar al ser sobrenatural que tenía de frente, pero de una cosa estaba segura, de ahí no se iría sin Shikamaru.

La mujer se rió, como si hubiese escuchado el mejor de los chistes. Se hizo a un lado colgándose del cuerpo de Shikamaru. Le apartó un poco el cabello de la cara, para que Temari pudiera verlo bien. Mientras le pasaba una mano por el pecho le hablo seductoramente— Shikamaru, dime a quien amas…

—Athalia, mi amada Athalia por siempre.

Temari no podía creer lo que escuchaba, ese no podía ser Shikamaru. Aquel hombre que le había costado tanto declararse, con tanto nerviosismo que las palabras se le enredaron. Aquel hombre que desbordaba amor cada vez que la veía. No podía ser el mismo que la miraba de aquella manera tan fría, como si no la conociera, con la ausencia del brillo en sus ojos café. Y como si aquella mujer quisiera demostrarle que no era un error lo que acababa de escuchar, Temari vio cómo agarraba el mentón de Shikamaru volteándolo hacía ella para unir sus labios en un beso. Un beso profundo y pasional.

Sintió la opresión en el pecho. Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. Tenía que estar en una pesadilla. Cómo era posible que así de rápido el pelinegro estuviera en brazos de otra mujer y besando… fue cuando se percató del pequeño detalle. Shikamaru no estaba correspondiendo el beso. Era ella quien lo besaba con pasión. Sin pensarlo acortó la distancia, haciendo uso de todas sus fuerzas empujó a la mujer, quien se movió solo unos cuantos pasos.

—¡Aléjate de Shikamaru! ¡No sé qué cosa le hiciste pero él no te ama!

—Uhm si que tienes agallas para enfrentarme. ¿No me tienes miedo?

—¿Por qué debería? Tu solo quieres ponernos aprueba y desde ya te digo que pierdes el tiempo. —El coraje surgió con fuerza, dejando de lado el temor a lo desconocido. Defender su amor por Shikamaru era la fuerza que la impulsaba a actuar

Athalia se acercó a ella. Pasando su mano fría por la mejilla de Temari, quien se estremeció con la caricia.

—No me importaría llevarme a una mujer tan bella como tú. —Sonrió satisfecha de ver la expresión de asombro en la rubia.

Temari abrió los ojos tanto como sus párpados le permitieron. El grito quedó ahogado por los labios carmín que se apoderaron de su boca. Imágenes de toda su vida pasaron frente a ella. Jamás había estado sola, sus hermanos siempre estuvieron con ella, a pesar de quedar huérfanos a temprana edad. El amor nunca les faltó, se tenían los tres, en las buenas y en las malas. Después Shikamaru llegó para complementar ese amor. Amor que solo en una pareja se puede encontrar. Aprendiendo a amarse primero para poder amarlo a él con total plenitud. Era a él a quien veía a su lado cada vez que cerraba los ojos. Con él podía imaginar su vida entera. Ella no necesitaba de ninguna prueba para saber que Shikamaru era el hombre con quién quería pasar el resto de sus días. Nadie más. Sintió una mano cubrir la suya fuertemente. La calidez comenzó a llenarla por completo.

Athalia se alejó de ella sonriendo—. Los mismos sentimientos me transmitió él al besarlo.

Temari aferró la mano de Shikamaru, se volteo a verlo, sus ojos fueron adquiriendo su brillo cálido—. Shikamaru, estás aquí. —Suspiro aliviada abrazándolo.

—Temari, mi amor.

—Son almas gemelas, aún así él amor debe cuidarse y cultivarse todos los días. No lo olviden sino yo volveré…

La advertencia quedó flotando en el aire una intensa luz cubrió todo.

Temari sintió la luz a través de sus párpados. El cuerpo le pesaba, lo sentía como si fuera de plomo. Abrió lentamente los ojos reconociendo la habitación de la posada. De golpe llegaron los recuerdos de Athalia y Shikamaru. Se incorporó, pero unas manos la detuvieron.

—Será mejor que te quedes acostada.

—¿Shikamaru? ¿Athalia se fue?

—¿Athalia? —el pelinegro detectó la angustia en su voz, y recordó el nombre en el relato de su cuñado. —Aun tienes fiebre, tal vez eso te provocó pesadillas. Debes descansar.

—¿Dónde están mis hermanos?

—Los mandé a comer, no se han despegado de tí desde que les avisé. En la madrugada te despertaste gritando, pero estabas delirando, hervías en fiebre. El fresco de la noche te hizo daño. —Shikamaru no pudo resistir el impulso de abrazarla para reconfortarla, parecía que su pesadilla fue muy vívida e intensa—. Todos estamos aquí contigo.

—Shikamaru… —ante el llamado se alejó para verla a los ojos, los tenía brillantes y se había sonrojado—. Te amo.

El pelinegro abrió los ojos sorprendido por la repentina confesión. No es que no lo supiera, porque ella hacía muchas cosas para demostrarlo, pero nunca se lo decía en voz alta, escucharla pronunciarlo hacía que su corazón saltara de dicha—. Yo también te amo. —Pudo sentir su propio rubor, antes de besarla tiernamente. Aprovechando para deleitarse en la suavidad de su boca y transmitirle cuánto la amaba. Puso una mano detrás de su delicada espalda y la otra en su nuca, para recostarla lentamente. Aunque lo deseaba no podía prolongar mucho el acto, ya que ella necesitaba descansar. Separó sus labios, ambos respiraban con dificultad—. Iré a avisar a tus hermanos que ya despertaste. No te levantes.

—Gracias. —Le sonrió tiernamente, él correspondió. Se levantó y se fue.

Temari suspiró aliviada, le alegraba que todo fuera una horrible pesadilla fruto de su fiebre. Giró la cabeza hacia la mesita de noche quedando paralizada con lo que vió. Incorporó medio cuerpo sobre el futón. Con mano temblorosa tomo la fruta. Una manzana tan roja como la sangre, apetecible para cualquiera. La volteó esperando ver la mordida que faltaba, sin embargo, estaba completa. En su vida dejaría que Shikamaru comiera una de esas de nuevo mientras que ella, jamás volvería a tomar un vaso de leche con chocolate y galletas que no eran para ella.

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N/A:

Y aquí está mi pequeño tributo para Athalia, o como muchos la conocen

AndreaBrohook

Si aún no conocen el trabajo de esta talentosa escritora y artista les sugiero que vayan a visitar su perfil dónde encontrarán sus maravillosas obras y links dónde encontrar sus dibujos. ¡Prueba de ello es la portada de este fic! ¡Simplemente hermoso! Andrea, espero que haya sido de tu agrado, lo hice con mucho cariño! Aquí está tu vaso de leche con chocolate en forma de fic, que espero me de inmunidad a la jalacion de patas de por vida jajajaja.

Quiero agradecer especialmente a Mistfits por hacer de mi beta (aunque obligada haha ). Gracias por todo el apoyo que siempre me brindas! Eres un amor aunque intentes ocultarlo.

Y a Trilextl17 por no olvidarte de mi tributo y esperarlo! Ojalá te guste hijo adoptivo n.n

Cualquier comentario, ya saben, con gusto leo y respondo.

Saludos n_n.