Kohaku entendía la importancia de la cladística para comprender cómo funcionaba la teoría de la evolución en la antropología. Sin embargo, las clases eran realmente un martirio: no comprendía ni un poco todo ese sistema de ceros y unos para interpretar los rasgos compartidos de alguna especie y cada vez que veía un árbol filogenético completo se mareaba y le nacían las ganas de tirar todo por la borda, aunque recién estuviese en el primer año de la carrera.
La rubia se sentía al borde de la desesperación mientras intentaba comprender un artículo que les habían enviado a las diez de la noche para evaluarlo al día siguiente: eran ya las tres de la mañana y estaba realmente agotada, intentando mantenerse al día en las clases mientras trabajaba como mesera en el pequeño restaurant de su madrina Turquoise y asistía a diario a sus entrenamientos de artes marciales, cuestión gracias a la que tenía una beca completa.
Había bebido tres cafés cuando pensó en Ishigami Senkuu, su amigo prodigio que a estas alturas ya era un reconocido científico, aún sin tener ningún título universitario. Hacía tiempo que no lo llamaba por ayuda en algo que no lograba comprender, a diferencia de como solía ser cuando eran compañeros en la escuela. Kohaku sabía que era un hombre más que ocupado y realmente le gustaría no tener que depender de sus infinitos conocimientos, o al menos no tan seguido.
Pero esto la estaba superando: ni siquiera sus compañeros que tomaban el mismo curso comprendían del todo.
Por lo mismo, pareció que todo el proceso de tomar su celular y marcarle a Senkuu, sin recordar la hora que era, se dio en automático. Se sintió culpable solo cuando escuchó la adormilada voz del científico al otro lado de la línea.
"¿Qué?" contestó él, secamente.
"Senkuu, ¿sabes algo de cladística?"
"Eeh… sí. Pero no a cabalidad."
Kohaku rio para sus adentros. Probablemente sabía mucho al respecto.
"…Lo siento por llamar tan tarde. He intentado comprender por horas, pero no puedo." Kohaku se quejó.
Un respiro cansado se sintió al otro lado de la línea.
"¿Cuándo tienes la evaluación?"
"No es necesario que..."
"Dime."
"Mañana en la tarde" Kohaku respondió, sabiendo que la pregunta significaba que estaba dispuesto a estudiar con ella.
"Bien. Estaré allí en veinte minutos."
¿Qué?
"Pero…" Kohaku intentó objetar, pero Senkuu le puso fin a la llamada de inmediato.
Había sido una mala idea llamarlo a estas alturas de la noche. A fin de cuentas, Kohaku debía asumir sus propias responsabilidades. Se lo había prometido a sí misma desde que había logrado entrar a estudiar, a diferencia de sus abuelos, padres y hermana mayor. No podía depender de otra persona, y menos ahora.
La verdad era que, aunque la ayuda del científico siempre le era más que útil, a Kohaku le costaba cada vez más no besarlo hasta dejarlo sin aliento cada vez que se sentaban a estudiar juntos. Y ese era un problema importante considerando que Senkuu no parecía interesado en nada más que en la ciencia, por lo que la rubia prefería mantener la distancia cuanto fuera posible.
Kohaku ordenó un poco sus cosas, descolgando la ropa que tenía en el tendedero y reorganizando sus apuntes para cuando su amigo llegara. Era la primera vez que harían esto en el departamento nuevo que estaba arrendando y que estaba un poco más que desastroso con algunos muebles en el camino, que aún no encontraban su lugar.
Solo cuando Senkuu estuvo en su puerta, Kohaku recordó que se había olvidado de vestirse adecuadamente: estaba usando un viejo pijamas que tenía hacía años y que no podía estar más desteñido y hasta roto en algunas partes. Lo peor es que apenas lograba cubrir su trasero.
"Buenos días." Saludó su amigo, vestido de pantalones negros y una camisa blanca arremangada hasta los codos, cargando un maletero que lo hacía ver bastante serio.
"Oye, no te pedí que vinieras ahora." Kohaku replicó con risas, cerrando la puerta tras él y dirigiéndose a la cocina para prepararle un café.
"Bueno, vivimos a cuatro cuadras de distancia ahora, así que había que aprovechar el tiempo. Además, Kokuyo ya no puede romperme las pelotas aquí." Senkuu tomó asiento en la mesita del comedor, frente a donde ella estaba sentada, y le agradeció por el café antes de abrir su maletero y sacar su laptop junto con un par de cuadernos.
"¿Cuándo ha sido irritante mi padre?" Kohaku bromeó, recordando lo estricto que era cada vez que Senkuu visitaba su casa para estudiar, obligándola a mantener la puerta de su habitación abierta y merodeando constantemente para interrogarles con respecto a qué estaban haciendo. "Al menos te pagaba o te invitaba a cenar…"
"Como sea…" el científico rio con ella. "Comencemos. Esto es algo complejo."
Siempre optando por la eficiencia, Senkuu comenzó la sesión de estudio inmediatamente. Había descargado algunos artículos en el camino y traído unos antiguos apuntes que utilizó para explicarle, mientras ella leía en voz alta, qué significaban ciertos conceptos. Con su amigo pacientemente enseñándoselos, aunque estos fueran muy difíciles, Kohaku pareció entender mucho mejor todo el propósito de la cladística, llegando a entender la diferencia entre especie, familia, superfamilia, y así sucesivamente.
Una vez que hubo comprendido suficiente de esto, Senkuu le mostró un ejercicio de ejemplo que él mismo había realizado con anterioridad, explicándole paso a paso cómo había construido un árbol filogenético a partir de cinco fotografías de cráneos de la especie Homo, para que luego ella realizase lo mismo con otro ejemplo, en uno de sus métodos más macabros pero efectivos de enseñanza.
El interés que mostraba Senkuu por estas cosas era contagioso, por lo que Kohaku se vio inmersa en el tema a eso de las cinco de la mañana, y se le quitó todo el sueño mientras desarrollaba el ejercicio ante la atenta mirada de su amigo, que respondía pacientemente a cada pregunta que ella le hacía.
Kohaku terminó el ejercicio cerca de las seis de la mañana, cuando ya el cielo comenzaba a aclarar y el peso de las horas que llevaba despierta había comenzado a sentirse en su cuerpo y, probablemente, su imaginación. Había comenzado a sentir que la mirada de Senkuu, más que estar atenta al ejercicio, se encontraba fija en su rostro.
"¿Sucede algo, Senkuu?" Kohaku levantó la mirada, luego de terminar con el ejercicio.
Los ojos del científico se abrieron considerablemente por menos de un segundo, antes de volver a su clásica mirada de desinterés. "Has hecho bien el ejercicio. Felicitaciones" carraspeó Senkuu.
Los refuerzos positivos de su amigo nunca fallaban en provocarle una amplia sonrisa, sintiéndose realmente satisfecha consigo misma.
Sin pensarlo mucho, Kohaku se puso de pie y se acercó a su amigo para abrazarlo, colocando la cabeza de él sobre su abdomen y apretando con un poco de fuerza. Solo cuando Senkuu se mantuvo rígido, sin corresponderle, la joven universitaria sintió una ola de vergüenza apoderarse de ella.
"Perdón" Kohaku musitó y se separó de él rápidamente, colocando sus manos tras su espalda. "Me excedí."
A Senkuu nunca le había gustado mucho el contacto físico, siempre tensándose cuando ella sin pensar mucho en ello se apoyaba en él o tocaba su hombro cuando quería enfatizar en algo. Estaba tan acostumbrada a llevarse así con sus amigos cercanos y familia que a veces no se daba ni cuenta.
"Tú nunca cambias, leona." Rio el científico, logrando disipar la extraña tensión que se había formado entre ambos.
Ahora que no se veían tan seguido, parecían años desde que no lo tocaba. Sin embargo, su característico olor no lo abandonaba, y hacía que la joven no pudiera evitar los acelerados brincos que daba su corazón.
"¿Quieres comer algo, Senkuu? Puedo calentar una pizza que tengo en el congelador…"
"Suena como un interesante desayuno" el científico señaló hacia la ventana.
"¡Lo había olvidado! ¿Tienes que entrar a estudiar temprano?" Kohaku exclamó, corriendo a poner la comida en el pequeño horno eléctrico.
"No. No estoy yendo a clases… tengo que ir a trabajar, pero no tengo horario fijo." Senkuu la acompañó a la cocina, buscando platos y cubiertos para colocar en la mesa del comedor.
"Oh, ¿y tienes más compañeros ahí?"
"No."
"Suena triste" Kohaku hizo una mueca pesarosa, yendo a buscar las tazas de café para servirles un poco más a ambos.
"Creo que trabajo mejor solo" Senkuu se encogió de hombros. "Muchos colegas dicen que les causo miedo."
"¿Por qué? Si eres tan angelical…" Kohaku bromeó, finalmente quedándose en la cocina con él para esperar a que estuviese lista la pizza. "Gracias por todo, Senkuu. Y perdón nuevamente por llamarte a las tres de la mañana."
Senkuu la miró de una manera que ella no supo interpretar, mientras llevaba una mano hacia su nuca para rascarla.
"Leona, si vengo es porque quiero. No me has obligado a nada…" explicó el científico.
"Sé que cuando es algo de ciencia estarás aquí de inmediato. De alguna forma me siento culpable de quitarte horas de sueño al preguntarte algo al respecto. Y ni si quiera puedo pagarte por ello." Kohaku sonrió.
"¿No crees que puede haber otras razones también para que esté aquí?" el científico preguntó con curiosidad, como si estuviese evaluando cada palabra que le dirigía.
"Bueno, si no fueses tú… diría que es porque te preocupas por mí."
"¿A qué te refieres con "si no fuese yo"?" Senkuu replicó inmediatamente, acercándose un poco a ella.
Kohaku inclinó su cabeza hacia un lado. Parecía que no era la misma persona hablándole.
"Realmente… estas haciendo preguntas muy raras, Senkuu."
Senkuu bufó, como si sus palabras le hubiesen disgustado. Kohaku estuvo a punto de decirle algo al respecto cuando sonó la alarma del horno, indicando que la comida ya debía estar lista.
Ambos desayunaron en silencio la mitad de la pizza, y Kohaku quedó sorprendida con lo rápido que estaba comiendo su amigo, quien se puso de pie tan pronto como terminó de comer y le avisó que debía volver a su departamento.
Kohaku terminó de comer su pedazo viendo cómo ordenaba sus cosas rápidamente y sin siquiera mirarla, levantándose de su silla cuando Senkuu fue hasta la puerta para irse y deteniéndolo con una mano alrededor del flaco antebrazo del científico.
"¿Te encuentras bien, Senkuu?" Kohaku preguntó, asustada de haber roto algo en su relación sin saberlo.
En lugar de ignorarla, como ella preveía que podía hacer, Senkuu se dio media vuelta para mirarla con una sonrisa casi forzada, que casi le daba escalofríos.
"Sí, ¿por qué?"
"Nada… pensé que estabas molesto."
Senkuu le mostró una mirada de confusión antes de negar con la cabeza y despedirse de ella.
"Suerte en tu examen." Le dijo, y desapareció por el pasillo hasta el ascensor.
¿Podría ser más ridículo? Senkuu se llevó una mano a la frente cuando estuvo dentro del ascensor del edificio donde vivía Kohaku, mirando su rostro lleno de ojeras en los espejos y riéndose de sí mismo con pesar.
Su primer año en la universidad había estado más que bien, si no fuese por aquel pequeño problema: Senkuu había comenzado a darse cuenta de lo perdido que estaba por la leona solo cuando dejó de verla a diario.
Al principio interpretó el malestar que sentía como nostalgia, pero pronto y sin prestar mucha atención, Senkuu se declaró irremediablemente enamorado de ella. Aún recordaba aquel fatídico día en que Kohaku lo invitó junto con sus amigos a conocer su departamento nuevo y él sintió su corazón agitarse tan pronto como lo saludó.
Y es que se veía tan feliz y tan a gusto que solo pensó en lo increíble que sería compartir ese sentimiento con ella, si no fuera porque estaba tan ocupado a todo momento. Comenzó a extrañar hasta aquellas sesiones de estudio que tanto lo desgastaban a veces y que consistían en él intentando explicarle algo y ella soñando despierta la mayor parte del tiempo o manteniéndose extrañamente interesada en aprender.
Kohaku tenía demasiadas cosas que hacer, y aparte hacía casi todo por su hermana mayor, que siempre había sido muy enfermiza, por lo que Senkuu comprendía lo volátil que podía llegar a ser, en compensación de su fortaleza casi inhumana.
La admiraba. Siempre la admiró. No era difícil que terminase sintiendo cosas por ella.
Pero Senkuu tenía serios problemas con comunicar ese tipo de cosas: solo hacía unos meses había comenzado a reconocerlo, luego de negarse a ir a verla competir para evitar aquellos extraños sentimientos que le quitaban el sueño. Había terminado mal, aquella vez, y tenía suerte de que la leona lo hubiese disculpado por ser un imbécil. Kohaku tenía todo el derecho a pensar que no estaba interesado en ella, pero aun así no pudo evitar frustrarse cuando ella asumió, en voz alta, aquel hecho.
Era lógico que no volviese a llamarlo. El científico se había comportado de manera muy extraña con ella desde hacía tiempo, y ya no estaban las condiciones para tener una conversación poco seria que rompiera la extraña tensión que se había formado entre ambos. Por esa misma razón Senkuu no esperó que su amiga lo llamase a las cuatro de la tarde del mismo día para contarle que le había ido muy bien gracias a él, disculparse nuevamente por las molestias y asegurarle que para "la próxima" lo llamaría inmediatamente.
Senkuu nunca había dormido tan plácidamente como esa noche.
Pero aquella tranquilidad que sintió poco a poco se fue disipando cuantos más días pasaban y se transformaban en semanas. No era como si Senkuu hubiese dejado de funcionar; de hecho, cada día era más capaz. El insomnio solo hacía que cada fin de semana llegara a su departamento a tomar pastillas y durmiera por doce horas consecutivas o hasta que su padre llegaba de alguno de sus tantos viajes.
Mes y medio después, Kohaku lo llamó a eso de las tres de la tarde un viernes, mientras terminaba de ensamblar su último prototipo de nave espacial para la que estuvo trabajando desde antes de graduarse de la escuela.
"¿Sí? Estoy ocupado." Senkuu contestó la llamada sin ver primero de quién se trataba.
"Lo siento Senkuu. Solo te llamaba para saber si puedes ir a ayudarme a estudiar hoy cuando vuelva del trabajo." Kohaku respondió al otro lado de la línea, sin preámbulos.
"¿A qué hora?"
"A las ocho de la noche más o menos."
"Okey." Senkuu cortó abruptamente, guardando su celular en su bolsillo y sonriendo ampliamente mientras su compañero lo miraba aterrorizado. "Rápido. Tenemos que irnos. Los estadounidenses han descubierto nuestros planes para dominar el mundo." El científico bromeó, pero su compañero solo lo miró perplejo.
"¿Q-Qué?"
"Es una broma. Probemos esto."
Senkuu llegó al departamento de Kohaku a las siete con cuarenta minutos, para encontrarse con la leona en el ascensor. Cuando se dio cuenta de que era él, luego de retirar la vista del suelo, Kohaku rio por el susto que le dio.
Había planeado llegar a las siete para alistarse, pero unos clientes llegaron a último minuto y Turquoise le dio una bolsa con la comida que no habían servido durante el día. Debido a esto no había alcanzado a quitarse el uniforme del restaurant que consistía en un ajustado vestido negro, un pequeño delantal con el nombre del lugar, medias negras semitransparentes y unos tacones que se veían un diez billones por ciento incómodos. Si bien Senkuu no solía fijarse en cómo vestía la gente, le era imposible no fijarse en lo atractiva que se veía Kohaku.
Su departamento era un desastre, tal cual hubiera salido corriendo de allí en la mañana. Kohaku se disculpó con él y procedió a mover algunas cosas para hacerle espacio en el comedor mientras ocultaba de su vista el desorden.
"Tengo un examen final la próxima semana, así que tengo tiempo." La leona se sentó junto a él en la mesita de su comedor, sacando de una bolsa de papel la comida del restaurant de su madrina y ofreciéndole un set de palillos que venían en esta.
Senkuu había comido algo antes de salir, por lo que negó con la cabeza su invitación a comer y se abstuvo a mirarla mientras engullía piezas completas de sushi y sacaba sus cuadernos de su mochila: la misma que había tenido por tres años.
"¿No habría sido mejor hacer esto mañana?" Senkuu la miró, un poco desesperado por tanto desorden, pero divertido.
"Tengo entrenamiento temprano y llego a dormir hasta el domingo en la tarde." Kohaku respondió luego de tragar su comida. "Además, no quiero hacerte perder tus interesantes fines de semana."
"Mientras estoy aquí otra persona debe estar descubriendo la cura para el VIH" Senkuu rio. "Los fines de semana no son un descanso para los científicos."
"Puedes aprovechar de encontrar la cura para el cansancio…" Kohaku suspiró, finalizando su comida y mostrándole a Senkuu la lista de contenidos que debía estudiar.
Resultaba que Kohaku tenía bastante claros varios de los temas que le evaluarían, por lo que cerca de las diez de la noche ya estaban por finalizar toda la materia, pero viendo que la leona estaba casi quedándose dormida mientras resolvía unos ejercicios, Senkuu le propuso descansar unos minutos antes de continuar.
Su amiga lo miró con una expresión de extrañamiento, acostumbrada a los hábitos explotadores del científico cuando se trataba de estos temas, pero asintió finalmente, parándose a buscar algo para beber en su refrigerador.
Kohaku volvió con dos latas de cerveza, mirándolo con las cejas arqueadas y con una sonrisa desafiante.
"No sabía que tomabas cerveza…"
"Solo esta con muy poco alcohol. Mi entrenador me dijo que estaba bien." Kohaku explicó, abriendo la lata y tomando un sorbo antes de lanzarse al sillón, dejando sus zapatos en el camino.
Senkuu la siguió casi automáticamente y se sentó a su lado, dejando su lata en la mesita frente al sofá.
"¿Sigues molesto conmigo?" Kohaku comenzó, desamarrando el pequeño delantal de su regazo.
"¿Cuándo me molesté contigo?" Senkuu replicó.
"Cuando viniste la última vez. Casi tuve pesadillas con tu cara de odio."
"Me sentía cansado, nada más."
Kohaku hizo una mueca de reproche antes de tomar otro sorbo de su cerveza.
"Solo a mí se me ocurre molestarte a altas horas de la madrugada…"
"Te dije que estaba bien…"
"Pero no lo está. Lo sé. Sé lo tedioso que era ir a mi casa a enseñarme cuando íbamos a la escuela. Nunca pude seguirte el ritmo…"
"Es normal que seamos distintos, Kohaku. Tú me superas en muchas otras cosas." Senkuu la interrumpió.
"¿Por qué somos amigos, entonces?" la leona lo miró seriamente, y Senkuu no supo que responder ante lo repentino de la pregunta, limitándose a abrir su lata y tomar un sorbo, esperando que un poco de alcohol lo hiciera menos socialmente inepto.
"Pues…"
"Está bien. Era broma. Esas cosas no se preguntan" Kohaku pareció arrepentirse de seguir por ese camino, mientras se quitaba el moño de su cabello y lo dejaba en su muñeca. "¿Qué cosas has hecho este año, Senkuu? Además de todos los artículos que has publicado sobre naves espaciales."
¿Kohaku había leído sus publicaciones? Senkuu sonrió, animado.
"No mucho más, realmente…" intentó responder sin mostrar demasiada emoción. Enamorarse de ella era otra de las cosas que había hecho.
"¿Me explicarías cómo funciona?"
Para el científico, no había mejor pregunta que esa. Arremangándose la camisa, procedió a explicar todo el proceso que tuvo que hacer para construir el último prototipo, que finalmente había funcionado a la perfección y solo necesitaba ser revisado por profesionales. Los primeros errores, el tiempo que pasó, la cantidad de científicos implicados y todos materiales que usó eran muestras de un magnánimo esfuerzo en conjunto. Mientras le hablaba, Kohaku lo miraba atenta, preguntándole cosas para mostrar que se encontraba interesada mientras continuaba bebiendo su cerveza.
Aunque lo intentó, Kohaku no pudo mantenerse atenta todo el tiempo a lo que Senkuu le hablaba. El cansancio se había apoderado de ella y ya hasta comenzaba a ver borroso. Probablemente, se quedaría dormida ahí mismo, con su lata en la mano.
El cansancio también le había hecho hablar de cosas incómodas y dolorosas que no quería tocar por el momento. Gran parte de las razones por las que le había pedido que viniera eran tan solo para verlo nuevamente. Parecía que desde la vez pasada algo había cambiado y a Kohaku le estaba costando más mantenerse alejada. Se sentía tan cómoda con él que llegaba a ser aterrador: no le molestó su desastroso departamento ni que comiera de manera tan poco decorosa frente a él. Senkuu la conocía bien y parecía no importarle ninguno de los que se podían considerar sus defectos.
Pero, joder, estaba cansadísima. Ni su infinita admiración fue suficiente para batallar el sueño.
Cuando Kohaku despertó, se dio cuenta de tres cosas: una; ya no tenía la lata de cerveza que estaba sosteniendo antes en la mano, dos; probablemente era de madrugada, y tres; estaba casi por completo sobre Senkuu, con una pierna parcialmente sobre una de las de él y su cabeza apoyada en el pecho de su amigo, cuyo corazón latía sonaba sonoramente bajo el oído de la joven.
"¡Perdón!" Kohaku exclamó, intentando despegarse de él como pudiera y solo dándose cuenta de que Senkuu también se había quedado dormido cuando se despertó con un brinco, aún pegado a ella.
El científico la miró alarmado cuando Kohaku levantó su mirada y sus rostros estaban a pocos centímetros de distancia. Sin embargo, no se movió, ni pareció incómodo con la situación.
De hecho, cuando fue recobrando la orientación, Kohaku se dio cuenta de que la mano de Senkuu estaba se encontraba sobre la de ella.
"¿Qué pasó?" preguntó Kohaku, somnolienta, deteniéndose por breves momentos para ver sus sin ninguna discreción.
"¿Qué parece? Te quedaste dormida." Senkuu musitó con una expresión indescifrable impresa en su rostro.
"Oh" Kohaku tragó saliva, sin tener idea de qué hacer. Sinceramente, no se quería mover, pero aun así optó por comenzar a despegarse de él. "Estaba muy cansada."
¿Cómo había llegado hasta esto mientras dormía?
Una leve caricia sobre su mano la detuvo repentinamente, e hizo que la chica inmediatamente lo mirase de vuelta con los ojos muy abiertos.
"¿Está bien esto?" Senkuu murmuró. Su respiración se sentía sobre las mejillas de Kohaku mientras entrelazaba sus dedos con los de ella y acariciaba la palma de sus manos con su dedo pulgar. El gesto fue tan extraño en él y tan completamente inesperado que la joven no pudo responderle, y en su lugar prefirió mirarlo fijamente para interpretar sus intenciones. "¿No?"
"Te extrañé, Senkuu." Kohaku respondió en voz alta, ignorando casi por completo sus preguntas.
Se había perdido en la intensidad de su mirada y en el calor que recorría su cuerpo desde los puntos en que se estaban tocando hasta la punta de sus pies.
"La verdad es que te llamé porque te he querido ver desde que te fuiste la vez pasada." La rubia continuó, sin apartar los ojos de él y deleitándose con las expresiones del científico, que parecía haber sido tomado por sorpresa, pero una grata.
"Yo-…" Kohaku no lo dejó continuar, incapaz de aguantar un segundo más para tomarlo del cuello de la camisa con su mano libre e inclinarse hacia él para darle un certero pero corto beso en los labios.
Su amigo científico la estaba mirando de una manera que hizo a la chica temblar. Si bien se veía sorprendido, no estaba molesto, sino que parecía estar pensando intensamente en algo, mientras Kohaku observaba cómo sus pupilas se expandían y casi colmaban los bellos ojos rubíes de Senkuu.
La joven solo se dio cuenta de que el científico había llevado su mano libre hasta el mentón de ella cuando ya estuvo ahí, suavemente guiando su cabeza de manera que le fuera más fácil invadir su espacio y besarla de vuelta, tomándose su tiempo y logrando que Kohaku se relajara, cerrara sus ojos y llevara ambas manos al cuello de Senkuu, atrayéndolo más hacia ella mientras abría su boca y mordía experimentalmente los labios de él.
"Kohaku…" la aludida escuchó al científico murmurar sobre sus labios antes de introducir su lengua dentro de su boca con contenida urgencia, cuidando de no tirar muy fuerte de los cabellos de Senkuu cuando él le respondió con aumentada intensidad, llevando su mano hasta la cintura de la rubia y guiándola más cerca.
Era casi ridículo lo enérgico que se comportaba el científico cuando la besaba y acariciaba su cintura, gruñendo de vez en cuando cada vez que Kohaku rozaba sus dientes contra los labios de él. Parecía como si estuviese más o igual de desesperado que ella por explorar este nuevo giro de eventos.
Las cosas comenzaron a calentarse rápidamente una vez que la joven colocó ambas piernas en el regazo de Senkuu, provocando que su ajustado vestido subiera hasta sus muslos y que sus pechos se apoyasen en él. El científico se separó de ella de inmediato, para mirarla intensamente mientras parecía querer normalizar su respiración.
Solo verlo así era suficiente para que Kohaku se sintiera mareada y temblorosa sobre su cuerpo, y se le hacía difícil sostenerle la mirada, ruborizándose profundamente cuando vio que sus ojos bajaron para fijarse en sus labios hinchados y más abajo, hacia el escote de su vestido, como si estuviese fotografiándola; guardando la memoria de este momento para la posteridad.
Kohaku no sabía realmente qué pensar; si Senkuu no la quería realmente y solo estaba aprovechando la oportunidad que ella le había dado, eso realmente la destruiría. Pero, en el momento, no tenía fuerza de voluntad suficiente para negarse a continuar con lo que estaban haciendo.
"¿Todo bien?" Kohaku preguntó en un susurro, llevando una mano hacia el borde inferior de su vestido para bajarlo un poco, una vez que sintió la mirada del científico en ese lugar.
Senkuu se había visto incapaz de decirle algo, aún teniendo dificultad para creer que realmente Kohaku estaba ahí, sobre su regazo, sosteniéndolo cerca y con los labios hinchados por sus apasionados besos. Si bien siempre supo que la leona era atractiva, jamás había reparado en lo estimulante que podía ser verla de esta manera: extremadamente ruborizada y pidiéndole contacto de todas las formas posibles.
Su deseo por ella era tan alto en el momento, que no lo pensó dos veces antes de detener su mano con la de él para recorrer la parte exterior de su voluptuoso muslo, metiendo los dedos bajo el vestido y sintiendo cómo la respiración de Kohaku, que estaba sobre su cuello, se aceleraba.
Volvió a besarla inmediatamente, incrustando los dedos en su piel mientras capturaba con su boca los casi inaudibles gemidos de la leona. Sus pensamientos, que normalmente eran una maraña de ideas y fórmulas científicas, estaban ahora enfocados completamente en ella, provocando que le fuera difícil controlar la urgencia de su entrepierna por el contacto directo de su cuerpo.
Cuando se separó de ella para recobrar la respiración, Senkuu admiró detenidamente lo marcados que eran los músculos de Kohaku, y cómo estos reaccionaban a su tacto por sobre la tela semitransparente de sus medias. Realmente, debía estar alucinando; los ojos de la leona, nublados e invitantes a que continuara con sus movimientos, y el sutil movimiento de sus piernas para estar a punto de rozar con su erección, parecían querer inducirlo a un extraño trance del que jamás querría salir.
Senkuu dirigió su rostro hacia el cuello de Kohaku, besándola suavemente antes de morderla levemente y recorrer con su lengua la longitud de este. Esto pareció provocar algo en la leona, quien tembló notoriamente antes de quitarle las piernas de encima solo para volver a él, sentándose sobre su regazo con ambas extremidades a cada lado de él, trepando cada vez más cerca hasta que sus rodillas chocaron con el respaldo del sofá.
Su rostro, tan indefenso antes, ahora se había teñido de algo perverso, pero igualmente emocionante. Senkuu estaba gratamente sorprendido de que, luego de dedicarle esa peligrosa mirada, la leona levantase el vestido hasta que estuvo en su cintura, mostrándole con esto la impresionante forma de su abdomen y su particular ropa interior, que consistía en una pequeña prenda negra con un dibujo de la cara de un gato al frente.
Senkuu rio suavemente. El hecho de que llevara esto puesto hacía que toda la situación fuera tan… íntima. Realmente era Kohaku. Realmente estaba semidesnuda, sentada sobre su regazo.
El científico se detuvo por unos momentos, dejando que esa realización entrara y se estableciera en su consciencia, mientras mantenía su mirada en los lujuriosos ojos de la leona.
"No es gracioso…" se quejó Kohaku, moviendo sus caderas hacia él y finalmente abarcando su irritado sexo.
Senkuu jadeó e inmediatamente llevó ambas manos hacia la cintura de la chica, intentando mantener su compostura.
"¿Cómo no?" el científico replicó, temblando ante la nueva arremetida de Kohaku, que había comenzado a deslizarse repetidamente sobre él.
"Te vas a reír más cuando adivines que hay en la parte de atrás." La leona se acercó a su oído, llevando ambas manos hasta el cuello de Senkuu y besándolo ahí cuando terminó de hablar.
"Es más científicamente aceptable la observación directa." el científico recorrió lentamente su espalda baja hasta llegar al trasero de Kohaku y darle un apretón, provocando que la leona se moviera más pronunciadamente sobre él.
Rendido de intentar mantenerse compuesto, Senkuu enterró su rostro en el escote de Kohaku, gruñendo audiblemente y sintiendo la vibración de su propia voz sobre su piel.
"No juegues conmigo…" Kohaku murmuró, y parecía estar hablando consigo misma por lo ausente que sonaba su voz.
"Jamás, Kohaku." Senkuu le respondió inmediatamente sobre su pecho, causando que la aludida detuviera sus tortuosos movimientos abruptamente. "A no ser que eso sea lo que tú quieras…" continuo, tragando saliva.
La leona llevó una mano al mentón de Senkuu para separarlo un poco de ella y que pudieran mirarse a los ojos. La intensidad con que parecía estar analizando si acaso hablaba en serio o no hicieron que Senkuu se sintiera realmente nervioso. ¿Había sido muy directo? ¿Acaso Kohaku solo quería jugar y esperar que él lo hiciera también?
"Te quiero a ti." La chica dijo, como si fuera algo obvio e irrefutable.
"Bien…" Senkuu replicó inmediatamente, intentando ocultar el poderoso sentimiento de alivio mezclado con una emoción desmesurada que lo invadió. "Es mutuo, entonces."
Kohaku juntó sus labios con los de él en un tierno y lento beso, respirando sobre sus mejillas como si estuviese intentando calmarse también. Sin embargo, eso estaba lejos de lo posible: una vez que la leona le dijo que lo quería, Senkuu se sentía más que desesperado, recordando todos los años en que la conocía y lo que habían vivido juntos, junto con los sutiles momentos en que se dio cuenta de que sus sentimientos hacia ella no eran estrictamente de amistad. El científico, ensimismado, levantó inconscientemente sus caderas para volver a encontrarse con la entrepierna caliente de su amiga, que lo invitaba a desear aún más.
La leona se separó de él, respirando pesado y mirándolo con una intensidad que casi desbordaba sus ojos. Sonriendo levemente, volvió a moverse lentamente sobre él, y guio las manos del científico con las suyas hacia sus pechos, dándole la libertad de tocarla ahí, besar el pedazo de piel que no cubría su escote, y comenzar a bajar los tirantes de su vestido mientras recorría la piel de su cuello con sus labios y su lengua.
"Senkuu…" Kohaku ronroneó, antes de llevar sus manos hacia su propia cintura, levantando su vestido y mostrándose ante él.
Su piel era tostada, marcada por pequeñas cicatrices que probablemente se había hecho en sus entrenamientos. El sostén que llevaba, a pesar de ser simple, resaltaba espléndidamente su figura, y el científico no pudo evitar quedarse viéndola como si se tratara de una obra de arte.
El contraste de su áspera mano blanca contra la piel bronceada de Kohaku parecían tener un mayor interés científico que cualquier nave espacial. Ser quien estuviese bajo su cuerpo era una curiosidad sobre la que tendría que buscar razones.
Pero nada parecía tener una respuesta concreta. Así como Senkuu disfrutaba cada pequeño detalle sin una razón aparente, Kohaku podía tener sus propias razones, muy distintas a las de él.
Sin embargo, dentro de todo, eran similares; Kohaku sentía la misma pasión por las cosas que le interesaban, así como él por la ciencia. Era además de principios fuertes y empática, al igual de lo que él podía llegar a ser.
Los dedos de Senkuu se movieron casi automáticamente hacia el comienzo de sus medias, y comenzó a bajarlas lentamente, observándola cerrar sus ojos. Cuando llegó hasta su calzón, solo se detuvo por un momento antes de continuar bajando, y sentir su ropa húmeda en el lugar que había estado rozándose con él.
La besó desesperadamente, incrustando sus dedos por sobre la ropa de Kohaku y sintiendo cómo gemía sobre sus labios.
Con movimientos frenéticos, la leona comenzó a desabotonar la camisa de Senkuu, tocando cada nuevo pedazo de piel que descubría a la vez que respondía a su beso, mordiendo los labios del científico e intentando guiar el ritmo de sus lenguas empujándose mutuamente.
"Vayamos a mi habitación…" Kohaku murmuró sobre su boca. "Está desordenada, pero estaremos cómodos" continuó, antes de morder el labio inferior del científico y separarse de él por completo, poniéndose de pie y caminando sola hacia la puerta de su dormitorio.
Senkuu había imaginado que la parte trasera de su ropa interior diría algo cliché como "meow", "I love cats", o que sería un simple dibujo de una cola. Definitivamente habría sido más gracioso para él que ver que solo consistía en un delgado pedazo de tela que mostraba casi por completo su trasero. El científico casi se ahogó en su propia saliva antes de caminar, con la molestia en su entrepierna, hacia la habitación de Kohaku.
No estaba tan terriblemente desordenado: solo estaba deshecha la cama y había un poco de ropa colgada en un pequeño perchero en la esquina de la habitación. Las paredes estaban adornadas con algunas medallas y fotos de su familia y amigos, incluida una que les había tomado Gen, que consistía en Kohaku emocionada sosteniendo un trofeo y Senkuu viéndose extrañamente bien, para como solía salir en las demás fotografías.
Tampoco se detuvo mucho en otros detalles. No cuando la leona había comenzado a desvestirse lentamente delante de él, comenzando por sus medias y continuando con su sostén.
Senkuu caminó lentamente hacia ella, que estaba dándole la espalda, como si estuviese hipnotizado.
"¿Voy muy rápido?" Kohaku alzó la voz, llena de nerviosismo.
Pero el científico no le contestó. No estaba en condiciones. En lugar de eso, llevó una mano hacia la cintura de la leona y la atrajo hacia él, dejando que sintiera lo excitado que se encontraba y lo mucho que la estaba deseando. Escucharla jadear solo provocó que llevase su pelvis más cerca del trasero de la chica.
"Confirmo que la observación directa es un diez billones por ciento mejor." Senkuu concluyó, rodeándola con uno de sus brazos para mantenerla quieta mientras volvía a acercar sus dedos hacia su entrepierna, respirando pesado cuando la sintió más húmeda que antes.
"Por favor…" Kohaku arqueó su espalda, estimulándolo. "Tócame, Senkuu…"
El aludido se detuvo, solo para saborear un momento más aquellas palabras.
"No soy experto, leona… pero déjame intentarlo." Senkuu gruñó contra el oído de la joven, girándola para que quedase cara a cara a él.
El científico intentó no fijarse demasiado en los pechos desnudos de Kohaku, pero estaban ahí, con los pezones erguidos y llamándolo a tocarlos, por lo que no resistió acercar una mano lentamente hacia ese lugar, deleitándose con los sonidos que emitía la leona sobre su oído, que lo inducían a seguir con sus ministraciones de manera más segura.
"Abajo…" la chica murmuró, tirando del cuello de su camisa que, de alguna manera, había desabotonado por completo sin que él se diera cuenta.
Senkuu asintió, guiándola hacia su cama para que se recostara ahí mientras él se colocaba a su lado y se inclinaba sobre ella para besarla en los labios, antes de recorrer con sus dedos el tonificado abdomen de Kohaku, metiendo su mano bajo su ropa interior y trazando los contornos de su sexo antes de tocarla directamente.
No le fue difícil encontrar su clítoris. Senkuu sabía que el común de los hombres no tenía idea si quiera de qué era, pero se encontró con este cuando sintió un irritado botón de nervios que hizo que la leona aguantase la respiración mientras sus dedos pasaron por encima, explorándola. Incluso sabiendo que este órgano tenía miles de terminaciones nerviosas, era impresionante lo mucho que parecía alterarla cada vez que el científico recorría su intimidad.
Una vez que identificó todos los aspectos anatómicos de Kohaku, el científico presionó el clítoris de la chica con su pulgar, aprovechando tal movimiento placentero para introducir un dedo por su canal vaginal sin restricciones. Ahí dentro, estaba mil veces más húmeda y caliente, provocando que su miembro se endureciera aún más de tan solo pensar en cómo sería estar en ese lugar.
Senkuu sumó su dedo de en medio a su índice, que estaba dentro de ella, y gruñó cuando vio a Kohaku retorcerse y gemir su nombre, una vez que movió ambos hacia arriba. Le alegraba saber que estaba haciendo algo bien.
"¿Todo bien?" el científico preguntó irónicamente, viéndola con dificultad para mirarlo fijamente y respirando en cortos intervalos.
"¿C-cómo es posible… que lo hagas mejor que yo?" Kohaku preguntó elaboradamente, logrando mantenerle la mirada cuando lo hizo.
Senkuu repitió el mismo movimiento de sus dedos, provocando que unos vergonzosos gemidos salieran de su boca. "Cuidado con poner imágenes demasiado acaloradas en mi cabeza. Apenas puedo mantenerme cuerdo ahora…"
Senkuu estableció un ritmo pausado pero seguro en sus arremetidas, observando cada detalle del cuerpo de Kohaku y cómo reaccionaba a sus cuidados. Era difícil no querer tocarse a sí mismo, menos cuando la mano de la leona lo rozaba ausentemente por sobre la tela de su pantalón. Necesitaba más que eso para sentir algo de alivio, pero las expectativas por lo que viniera después (hoy mismo o cualquier otro día) eran suficientes para justificar el martirio que estaba viviendo en ese momento.
Kohaku se corrió alrededor de sus dedos con un escandaloso temblor, justo cuando el científico había comenzado a delinear sus pezones con la lengua y succionar la generosa piel de sus pechos. Toda su piel se irguió, señalando que estaba en un estado catártico, del que solo salió una vez que pasaron unos pocos minutos, cuando miró directamente a Senkuu y colocó una mano en su cuello para empujarlo hacia ella y besarlo de manera lánguida, pero aún lujuriosa.
Después de su potente orgasmo, Kohaku se vio una vez más excitada al ver a Senkuu mirándola con una intensidad que jamás había visto antes, como si estuviese a punto de comérsela completa. La chica deseó por un momento haber sido su conejillo de indias.
Pero no había tiempo ni voluntad para ponerse a pensar en esas cosas. Podía sentir que Senkuu tenía serios problemas ahí abajo, respirando hondo cada vez que lo tocaba por encima de la ropa, además de que seguía casi por completo vestido.
Con la resolución de hacerle sentir bien y satisfacer sus propios deseos, Kohaku trepó sobre él, quitándole la camisa de un tirón y lanzándola lejos, antes de desabrochar su cinturón, con su mano libre sobre el pecho de él, evitando que se moviera.
Solo se dio cuenta de que estaba avanzando demasiado rápido cuando sintió las manos se Senkuu sobre sus muñecas, llamando su atención justo antes de que pudiera bajar su ropa interior y liberarlo un poco de esa molestia.
"Lo siento" Kohaku alzó la voz rápidamente, avergonzada. Sin embargo, él no se veía molesto ni incómodo.
"Leona, está bien." El científico la calmó. "Es solo que… no tengo preservativos y no quisiera que nos arriesguemos a…"
"Tomo pastillas, Senkuu." La chica replicó inmediatamente, como si hubiera tenido preparada esta conversación desde antes. La verdad era que se sentía tan ansiosa que su filtro se había entorpecido un poco.
Los ojos de su atractivo interlocutor se expandieron considerablemente, antes de que soltara una risa de esas que le inducían a sueños húmedos. Hacía solo algunas horas, Kohaku jamás habría imaginado que esto llegaría a pasar. Y el Senkuu de sus sueños más fogosos solo podía darle un poco de placer comparado con cómo lo había hecho ahora, cuestión la tenía más que animada.
Su única experiencia había sido en una fiesta con amigos nuevos donde había terminado besándose con alguien dentro de algún baño y el tipo se había contentado con correrse en sus pantalones después de tocarla por tres segundos. Había sido el mismo día en que no había podido llegar a la final de un torneo luego de una pelea con el científico por la "irrelevancia de ir a verla cada vez que competía", que le había afectado muchísimo más de lo que podía esperar. Al menos, aquel Mozu con el que se encerró en el baño, le había hablado durante toda la noche sobre lo excelente deportista que era y lo bueno que fuera que lo "atrapara entre sus musculosas piernas".
En aquel momento, además de que sus pelos se irguieran ante lo atrevido de sus palabras, Kohaku se dio por perdida, pensando que lo único que quería en el momento era que fuera Senkuu en vez de él quien la llevara a escondidas para besarla y que le dijera, en voz baja, que la deseaba.
Su corriente de pensamiento fue interrumpida por un ferviente beso por parte del científico, que colocó ambas manos en sus caderas para acercarla más a él. La manera en como la tocaba era suficiente para que solo pudiera pensar en ello y volver a desear sentir la sensación de su clímax a manos de Senkuu. No necesitaba palabras para comprender que la necesitaba ahora mismo.
Le habría gustado que le dijera que la quería, de manera textual, pero sabía que era mucho pedir.
La sensación punzante e incómoda de la que Kohaku había escuchado hablar cuando guio el miembro del científico hacia su entrada se hizo lo suficientemente molesta como para hacerla detenerse a medio camino, e intentar respirar profundo para sobrellevar la sensación.
"¿Quieres parar?" Senkuu preguntó sobre su oído acariciando suavemente su cintura. Su voz sonaba preocupada pero cargada aún de deseo.
"N-no… solo… esperemos un poco, por favor." Kohaku elaboró, cerrando sus ojos.
"Debes tranquilizarte, leona" el científico besó su mejilla tiernamente, llevando una de sus manos para acariciarla en el cabello. "Mírame" pidió.
Kohaku abrió sus ojos, lentamente.
"Yo también estoy nervioso" rio. "Me haces sentir tan… no sé cómo describirlo… pero estoy batallando para no venirme ahora mismo."
Kohaku ronroneó ante sus palabras y sintió cómo una húmeda ola de calor la hacía deslizarse hacia abajo un poco más. "…Continúa." La chica pidió en un murmullo casi inaudible.
"Mierda…" Senkuu carraspeó, acercándose a su oído. "¿Sabes en qué estaba pensando cuando me descubriste mirándote la otra vez que vine, Kohaku?"
Kohaku aguantó la respiración, bajando aún más alrededor de él.
"Estaba pensando en ponerte mis manos debajo de ese diminuto pijama y follarte encima de la mesa…" el científico mordió la oreja de la chica cuando sus palabras la llevaron hasta su límite.
Senkuu estaba por completo dentro de ella. Kohaku podía sentir su miembro tocando viejos y recién explorados puntos de placer, que disfrutó a pesar de que su clítoris estuviera sensible por su orgasmo anterior. La mente de la rubia se llenó de imágenes de él tomándola sobre su propia mesa, y fue suficiente para que pudiera dilatarse un poco más y dejarlo entrar.
Llevando ambas manos al cuello del científico, Kohaku comenzó a mover sus caderas lentamente, dejando que su miembro estuviera casi por completo fuera de ella para volver luego a bajar abruptamente, tomándose su tiempo para experimentar con detalle cómo se sentía. Senkuu, por su parte, la animaba a continuar sus movimientos con graves gemidos y apretones cada vez que ella se contraía alrededor de él, mientras la miraba a los ojos, mordiéndose los labios.
La joven comenzó a sentir una necesidad casi animalesca por ir más rápido, y le dio un beso ahogado al científico antes de comenzar a moverse con más velocidad, empezando a sudar por el esfuerzo y el calor que emanaba del cuerpo de Senkuu, quien había optado por comenzar a besar su cuello y sus pechos suavemente antes de darle pequeños mordiscos que la hicieron aumentar aún más sus embestidas.
En un momento, sin embargo, Senkuu se retorció un poco y le pidió abruptamente que se detuviera, por lo que la chica se mantuvo suspendida en el aire mientras intentaba enfocarlo, jadeando.
"¿Te falta mucho para venirte?" el científico preguntó, tomándola de las muñecas, que se encontraban en sus hombros.
Kohaku negó con la cabeza, mirándolo con curiosidad. Estuvo a punto de volver a entrar a un intenso clímax.
"M-me gustaría intentar ir arriba." El científico le explicó.
Kohaku jamás lo había visto tan avergonzado en su vida. Sin embargo, tan pronto como asintió y se sentó sobre el colchón a su lado, toda la confianza que siempre detentaba volvió a él.
Senkuu se arrodilló en la cama, frente a ella, y llevó la pierna derecha de Kohaku hacia el hombro de él, volviendo a penetrarla mientras con el dedo pulgar hacía presión sobre su sensible botón nervioso, alcanzando nuevos territorios que tuvieron a la joven extasiada y obligada a recostarse mientras el científico exploraba una parte de la infinidad de cosas que podrían hacer.
Hasta ahora, Kohaku había disfrutado todo, y no pasó mucho tiempo hasta que alcanzó nuevamente su clímax, y se corrió a los segundos después, cuando Senkuu continúo moviéndose como lo estaba haciendo sobre ella.
La rubia pensó que había llegado al punto más álgido de su éxtasis con este segundo orgasmo, pero esta idea no duró lo suficiente: cuando el científico se vino dentro de ella, y Kohaku sintió como un líquido caliente la invadía, este se prolongó e intensificó, provocando que perdiera la noción del espacio y el tiempo cuando cerró sus ojos, incapaz de mantenerlos abiertos.
Cuando la chica volvió a abrir los ojos, consternada y perdida, se encontró con la intensa mirada de Senkuu sobre ella, quien la observaba detenidamente, recostado a su lado. Su cabello había bajado un poco y parecía incapaz de decir algo.
"Bueno… supongo que resultó bien." Comentó el científico luego de un rato, que ocupó para recobrar la compostura y abrazarla a su cuerpo.
"Fue una experiencia religiosa, definitivamente."
"¿En serio? ¿Religiosa? ¿No acabamos de estudiar toda la teoría de la evolución?"
Kohaku asintió enérgicamente, divertida. Disfrutaba de molestar al científico cada vez que se le presentaba la oportunidad.
"No es justo que me molestes ahora… mi sangre definitivamente no está circulando como siempre por mi cerebro." Senkuu rio.
"Pensé que Stephen Hawking creía en Dios. Quizás tú deberías también."
La rubia sintió el cuerpo de su amigo tensarse ante eso, pero lo besó en la boca antes de que comenzara a responder.
"Leona, antes de que me quede profundamente dormido… debes saber que acabo de autodesignarme como tu tutor personal para todos los sábados, y cuando necesites." Senkuu habló, acariciando suavemente la cintura de Kohaku.
"¿Es esa tu manera de pedirme que salgamos?" la chica rio, burlesca.
"No. De pedirte que seas mi novia." Senkuu replicó inmediatamente, provocando que Kohaku casi se ahogara en su propia saliva.
"Mmm… creo que necesitaré ayuda a diario. ¿De acuerdo?"
Kohaku escuchó a Senkuu reír ligeramente.
"Sí, me parece una buena idea. Así que ¿Cuándo me mudo?"
