Disclaimer: No esperen nada de calidad a continuación.


Alguien más

Por. Stefanía Potter

Te veo a lo lejos en el gran comedor, estás en la mesa de Gryffindor y odio que el imbécil de James Potter esté a tu lado.

Sé que lo nuestro estaba destinado a fracasar mucho antes de iniciar. Tú, el premio anual y prefecta de Gryffindor, una chica popular tanto por tu ingeniosa inteligencia como por tu belleza femenina no estaba destinada a estar con alguien como yo.

Destacaste desde el principio sin siquiera intentarlo, el primer día en Hogwarts admirabas todo con inocente admiración. Era un nuevo mundo para ti, magia, fantasmas, hechizos y pociones era algo que solo podía pasar en la imaginación, pero no en la tuya; porque conocías historias de este mundo, tu mejor amigo te había hablado lo suficiente, pero eso no menguó el brillo en tu mirada.

Fue el primer momento en que me fijé en ti, cuando subiste tímidamente al taburete y el sombrero seleccionador te colocó en la casa Gryffindor. La mesa estalló en aplausos, sin embargo tu mejor amigo, todavía en la fila en espera de ser nombrado, no pudo disimular su decepción.

Caí de cabeza en Hufflepuff por lo que, pese a estar en el mismo curso, solo compartimos un par de clases en el año, la mayoría de las veces Transformaciones y Defensa Contra las Artes Oscuras. Escuché los legendarios rumores de tu excepcional habilidad en pociones y encantamientos, pero no fui capaz de presenciarlo. Me limité a observar cómo otros Gryffindor sobresalían en dichas asignaturas.

Para tu molestia, dos chicos revoltosos se destacaron en Transformaciones, mientras que Defensa Contra las Artes Oscuras era liderada por los otros dos del grupo. James Potter, Sirius Black, Remus Lupin y Peter Pettigrew no me agradaban pero tampoco los detestaba. Reconocía que eran divertidos y me hacían reír algunos de sus chistes en clase. Recuerdo tu ceño fruncido por la indignación y tus reprimendas, eso lo hacía aún más gracioso.

Siempre estuviste ahí. Te veía en clase, en los corredores, incluso en el comedor o partido de Quidditch pero no fuimos amigos. Éramos diferentes. Yo prefería la diversión, libertad y justicia mientras que tú estabas muy apegada a las normas del colegio. Nunca te vi ser deliberadamente grosera o agresiva, aunque debo admitir que yo soy un distraído empedernido.

Eso fue lo que no me hizo darme cuenta de cuánto te habías metido debajo en mi piel.

Te observé después del quinto año, habías crecido, madurado y tu cuerpo se había vuelto bello mientras andabas de un lado para otro en esa falda ridículamente corta.

¿Cómo me convertí en prefecto? No lo sé. Tal vez porque tenía calificaciones decentes y mis compañeros habían sido castigados por fumar mandrágora. Mi mejor clase es Herbología y pertenecí al club de hongos mágicos hasta que me nombraron prefecto. Pude o no haber extraído ilegalmente algunos tallos para venderlos entre mis compañeros, nadie me descubrió pero tuve que lidiar con mi propio karma.

Nunca desee el puesto, ni lo disfruté cuando lo tuve, solo hasta que me permitió encontrarme contigo en las reuniones. Nuestros patrullajes no coincidían pero dejaste de ser Evans para convertirte en Lily.

Avanzamos lento en nuestra «amistad», era difícil, siempre estabas en compañía de tu mejor amigo o asediada por tu admirador; Potter te había invitado a salir numerosas veces y tú te habías negado.

No era algo que yo buscara saber, simplemente llegó el rumor el día que me reuní con mis ex compañeros del club de hongos mágicos para conseguir mandrágora de contrabando después del TIMO de Defensa Contra las Artes Oscuras.

—Dicen que se peleó con Snape públicamente —informó Diggory de séptimo año mientras estábamos en círculo alrededor de la chimenea en la sala común.

—Eso en mi idioma significa «momento de atacar» —respondió elocuente Conor con el tallo de mandrágora entre los dientes.

Mis compañeros hicieron una apuesta para conseguir una cita contigo. Yo no estaba especialmente interesado pero mis plantas carnívoras necesitaban fertilizante, el dinero me caería bien, además era el más cercano a ti.

Acepté y los días después de los TIMOs intenté acercarme. Me sentí un patán cuando te seguí después de Transformaciones, llorabas en silencio en una esquina. No pude evitar acercarme a ti y consolarte.

Estabas destruida, la relación con tu mejor amigo se había roto para siempre, fueron tus palabras. Yo lo lamenté, te abracé con fuerza y dejé que tu cabello pelirrojo me hiciera cosquillas en la barbilla, sin saber que ese aroma a miel se quedaría impregnado en mis sentidos.

Los arcos de la sala de Hufflepuff nos dieron la bienvenida el primer día que te invité a entrar, ya estábamos en sexto año, no tenías más amigos y yo había sido la única persona que se acercó a conversar contigo. Te llevé a mi habitación para que pudieras ver mis plantas carnívoras, ahí me robaste nuestro primer beso. Yo me quedé petrificado, la suavidad y calor de tus labios ese día fue algo que nunca olvidaré, así como el aroma a fertilizantes flotando en el ambiente combinándose con la miel de tu cabello.

Oficialmente comenzamos a salir después de eso. Era extraño encontrarnos separados durante las comidas mientras compartíamos nuestros conocimientos sobre plantas medicinales, a mí me interesa cultivarlas y tú querías incluirlas en las recetas de nuevas pociones.

Ese año compartimos Defensa Contra las Artes Oscuras y Aritmancia, nos sentábamos en la misma butaca y si había un trabajo en equipo siempre estábamos juntos. Las invitaciones a salir de Potter habían terminado, aunque podía ver claramente su fastidio detrás de las gafas.

No hablábamos pero pudimos haber sido amigos. Teníamos cosas en común: nos gustaba reír, divertirnos, saltar las normas y una cosa más: la misma chica. Tal vez lo último era el motivo de la distancia entre nosotros.

No sentí una pizca de celos jamás, sabía que no estabas interesada en nadie. Éramos una buena pareja, pero no estábamos enamorados. La pasábamos bien; meternos mano detrás de los tapices se había convertido en una actividad rutinaria, así como los besos debajo del muérdago durante ese invierno.

El único día que sentí inseguridad ni siquiera fue por algo que pudiera ser controlado.

Las lecciones de Defensa Contra las Artes Oscuras habían subido de complejidad ahora que la amenaza del Innombrable era inminente, no teníamos a un profesor como tutor sino a un auror del ministerio. Insistió en que debíamos aprender el encantamiento patronus.

No estaba seguro de lograrlo, encantamientos era de mis peores materias, pero cuando me diste un beso y dijiste que me ayudarías, me motivaste.

Todos estábamos en el aula tratando de convocarlo, la mayoría habíamos logrado un gran vaho incorpóreo. La presión era grande después de que tú lo lograste con solamente un par de lecciones. Una cierva plateada galopó por la habitación antes de escaparse por la ventana.

El profesor estaba sorprendido y había aplaudido junto al resto de la clase. En ese momento solo pude ver a Potter detrás de ti con una cara asombrada, después feliz y recibir palmadas en la espalda de parte de sus amigos. Lo felicitaban ¿por qué?

Más tarde entendí, en la siguiente clase un ciervo macho había galopado por el recinto hasta desvanecerse en mi rostro. Me lo restregaba en la cara, todos lo podían ver pero no me importó.

No sabía que había de malo con mi castor hasta que Dorcas Meadowes me había golpeado con un libro en la cabeza.

«El encantamiento patronus es la representación mágica de un mago o bruja» leí dónde me señalaba.

—No entiendo —anuncié confundido.

Volvió a golpearme mientras expresaba:

—Literalmente Potter y Evans son almas gemelas.

¿Lo eran?

Ahora entendía por qué Potter me había mirado con superioridad después de ver la cierva, aunque ¿él cómo sabía que tendría un ciervo? No le encontré explicación y ahogué mis penas en whiskey de fuego y mandrágora en pipa.

Mis amigos del club de hongos mágicos sugirieron terminar la relación. ¿Por qué lo haría? No estábamos enamorados, solo nos divertíamos, el patronus no debía ser tan importante.

Mis dudas se disiparon cuando el día siguiente nos encontramos en un aula vacía. Me gustaba lo nuestro, era físico, suave y caliente. Nunca sabía dónde terminaba mi cuerpo y empezaba el tuyo. Nuestras conversaciones no iban más allá de plantas medicinales, clases y lugares prohibidos donde podríamos toquetearnos. Debió encender una alarma en mí, pero no lo hizo. Estaba conforme y contento con lo nuestro, no quería cambiar nada.

Después de pascua noté que las cosas eran diferentes, ya no te reunías conmigo en el gran comedor, ahora comías en la mesa de Gryffindor. Habías hecho amigos, las chicas de tu habitación te habían aceptado en su grupo y Remus Lupin te había integrado con el suyo.

No me molestaba que tuvieras nuevas amistades sino que te hayas olvidado del tipo con el que salías. Nuestra relación no era formal, nunca nos llamamos novios pero supongo que en mi cabeza pensé que lo éramos.

—¿Sucede algo? —te pregunté inseguro después de la clase de Aritmancia en la que todavía compartíamos butaca.

—Nada —Sonreírte encantadora—. Todo está bien. Quedé de reunirme con Mary y Marlenne para repasar el ensayo de Transformaciones.

La mención de las dos chicas me cayó como una patada en los testículos. No tenía nada en contra de ellas, incluso habían comprado mandrágora un par de veces, pero sabía que eran las causantes que te acercaras cada vez más al grupo de Potter y Black.

No quería ser un loco controlador y celoso así que asentí. Te vi alejarte en dirección a la biblioteca, te encontraste con alguien en el camino, ese detestable chico de cabello revuelto y gafas.

Quería odiarlo pero no podía, después de que había caído de su escoba en el último partido y ocasionara que Hufflepuff pasara a la final, logró agradarme un poco. Era algo torpe pese a su pomposidad, tropezaba con los bancos, plumas y solía atravesar los fantasmas por accidente. Fiel a su personalidad, ese día pisó su túnica ocasionando una risa sincera de tu parte, la primera que había oído en un tiempo.

Me agradaba un poco. Solo un poco. Había dejado de invitarte a salir desde que estabas conmigo, pero notaba su mirada de anhelo cuando estábamos cerca.

Nunca dijo o hizo nada. Lo respeté por ello aunque sabía que debía estar muriendo por dentro.

Lo nuestro terminó dos meses después. No sabías cómo decírmelo, estábamos por terminar el curso y lo nuestro ya no funcionaba. Se acabaron los besos en las esquinas y los toqueteos detrás del tapiz. Lo veía venir pero no por ello estaba preparado.

Quise soltar una lágrima en la soledad de mi habitación. No lo hice. El fertilizante era tan fuerte que dormí en uno de los sillones en la sala común, frente a la chimenea reflexioné en lo nuestro:

No estábamos enamorados, no, solo nos divertíamos. No tenía por qué sufrir por ello. Las relaciones así era y mi negocio ilegal estaba rindiendo frutos, tenía suficientes razones para estar feliz.

Volví a casa seguro de que había terminado un capítulo de mi vida, no me preparé para volver al último año en Hogwarts y ser parte de la comidilla del primer chisme que circuló por los pasillos.

Estabas saliendo con Potter. No. No estabas saliendo, eras su novia.

No puedo decir que no me dolió, aunque no sé si se le pueda llamar de esa forma. Era raro verte con alguien más, saber que alguien más tenía tu cuerpo y tus besos.

¿Quiero recuperarte? No. Lo nuestro terminó, además nunca estuvimos enamorados. Te ves feliz tomada de su brazo, luciendo su jersey de quidditch en los partidos, sentándote con él en Transformaciones e incluso cumpliendo con tus responsabilidades de Premio Anual junto a él, porque hasta en eso estuvieron destinados.

Llevan meses juntos y solo puedo verlos en el gran comedor junto al resto del colegio. Odio saber que estás con alguien más, compartiendo una conexión que nunca tuvimos. Odio saber que estás entrelazada con tu alma gemela.

Se supone que debería estarte superando, pero ¿qué diablos? No es tan fácil.


Por supuesto que no basé este one shot en «somebody else» de The 1975, todo salió de esta cabecita jijiji.

Si alguien que lee mis historias en proceso se está preguntando por qué tengo la desfachatez de publicar algo más sin haber terminado lo primero. Solo tengo que decir que ¡lo siento! Pero no hay nada que pueda hacer al respecto.

Tengo un bloqueo monumental con Luz de luna, no sé cuándo pueda poner todo en orden. Con Mar de pasiones mi beta no me ha podido revisar los siguientes capítulos, y no quiero publicar sin que pase por su ojo experto. Perdón, para leer algo de calidad hay que ser pacientes y créanme que no hay nadie más desesperado que yo.

Por ahora, esta idea me salió de la nada mientras escuchaba música y pensaba en los doscientos mil escenarios Jily que siempre pasan por mi cabeza. Esta vez dije ¿por qué no? Y solo me llevó dos horas de escritura. Tal vez de ahora en adelante pueda llenar la espera con algunos one-shot. No tengo planeado ninguno aún, simplemente surgen de la nada.

Espero que pese a todo esto haya resultado entretenido para alguien, la verdad me enamoré mucho de este personaje. Y es la primera vez que escribo en segunda persona, ya me dirán cómo me fue.

Me encantaría leer sus opiniones en los reviews,

Un beso enorme, S.