Capítulo 3

Alice decidió que levaría a Jasper al jardín, lo aburriría con su entusiasmo por el paisajismo y lo llevaría de nuevo junto a su padre, quien había comentado que tenía intención de ver un partido de fútbol que retransmitían por televisión. Edward la ayudó a retirar la mesa y la siguió hasta la cocina para hablar con ella en privado mientras cargaban el lavavajillas.

–Eres el objetivo principal, Alice. No me cabe ninguna duda –le advirtió–. Diría que papá quiere que Jasper se convierta en su yerno.

–No va a suceder –soltó ella.

–Es un chico inteligente. Ha estado jugando a todas las bandas. Y me he fijado en ti y no eres inmune a él.

–Por eso era una estupidez que le dijeras lo que pensaba de él.

–De todos modos, es evidente. Créeme, un chico así sabe cuándo las mujeres piensan que es sexy. Estoy seguro de que lo han perseguido desde que era adolescente. Simplemente no le digas que sí.

–¿Y si quiero decirle que sí?

Edward la miró asombrado.

–Es muy sexy –repitió ella, con tono desafiante.

Él puso una mueca.

–Entonces, asegúrate de que sólo se trata de sexo y no te enganches a él. La situación de mamá debería servirte de advertencia.

–Nunca seré como mamá.

Él negó con la cabeza.

–Ojalá se separara.

–Ella no quiere darse cuenta. Será mejor que eches una partida de Scrabble con ella mientras yo me encargo de Jasper. Le gustará.

–Lo haré. Es mucho más divertido que lo tuyo.

Alice respiró hondo para tratar de relajarse.

–No quiero sentirme atraída por él, Eddie.

Él la miró muy serio.

–Ve a por ello si es lo que quieres, si no, siempre te quedará la duda. Tarde o temprano te decepcionará y considero que eres lo bastante fuerte como para separarte de él.

–Lo soy –dijo ella con seguridad.

–Pero estarías mejor sin meterte en ese lío.

–Lo sé. Quizá deje de gustarme en el jardín.

–Lo dudo.

–Te aseguro que no me derretiré a sus pies. Y deja que mamá te gane al Scrabble, pero que no sea muy evidente.

–No te preocupes –puso una pícara sonrisa–. ¡Vamos a librar una buena batalla!

Alice sonrió a su hermano.

–La parte de si era gay ha sido muy buena.

Él se rió y la agarró por los hombros mientras regresaban al comedor.

–Será mejor que saquemos el Scrabble, mamá. Puesto que la última vez me ganaste, quiero la revancha. Y que Dios me ayude si me atasco con las vocales otra vez.

–Los dejaré con su juego –dijo el padre, levantándose de la silla y sonriendo a Jasper Hale–. Estoy seguro de que disfrutarás de la compañía de mi hija.

–Lo haré –convino él, poniéndose en pie y dispuesto a salir al jardín.

El arrepentimiento se apoderó de Alice. Jasper Hale estaba siguiendo el juego de su padre, pero ella no tenía por qué hacerlo. No era su invitado. Eran las tres de la tarde pasadas. La comida había salido bastante bien. La parte mas complicada del Día de la Madre había terminado. Y como su padre iba a ahorrarles su presencia, no podría descargar su ira con todos si ella no continuaba siendo educada con aquel hombre. Podría poner a Jasper Hale en un aprieto y, así, dejar de ser el blanco de sus bromas.

Alice le dedicó una sonrisa.

–Vamos.

Él la acompañó hasta el jardín y sacó un tema de conversación.

–Alice, ¿elegiste la carrera al ver cómo disfrutaba tu madre en el jardín?

–En parte sí. Aunque es probable que Nick tuviera más influencia sobre mí, tiene mucha creatividad para hacer que mi madre disfrute en el jardín.

–¿Quién es Nick?

–El jardinero que mi padre tiene contratado para mantenimiento. En realidad hace mucho más que el mantenimiento en sí.

–¿Como qué?

–Piensa en lo que le gustará a mi madre y lo hace. Como las lámparas solares que ha puesto alrededor del estanque. Te las enseñaré. Ven por aquí.

Jasper la acompañó hasta allí.

–También hay una cascada –comentó él, al llegar al estanque.

–Sí. Su sonido es tranquilizador. La mayor parte de la gente disfruta sentándose junto a una cascada… O junto a las fuentes de los parques. Y también viendo los reflejos en el agua. Las luces que ha puesto alrededor se reflejan cuando es de noche.

–¿Tu madre viene hasta aquí de noche?

–A veces. Aunque también puede ver esta parte del jardín desde su dormitorio. Lo que es muy especial es la manera en que Nick ha iluminado las figuritas que hay en las rocas, junto a la cascada. Hay otra luz detrás de la planta que hay en la maceta, y les da un toque fantasmal. Es un efecto estupendo.

–Arquitectura de paisajes –dijo él, dedicándole una sonrisa tristona–. Nunca había pensado en ello pero ahora comprendo por qué debe de ser apreciada.

–Supongo que con la carrera que tú has elegido no has tenido tiempo de apreciar ese tipo de detalles –soltó ella.

–Es cierto. No lo he hecho –admitió él, como si no le importara.

–¿Y merece la pena?

Hubo un pequeño cambió en la expresión de su rostro y en el brillo de su mirada.

–Para mí, sí –contestó él con un tono tajante.

–¿Te gusta trabajar con mi padre?

–Tu padre forma parte de un sistema que me interesa.

Despersonalizar su pregunta era una jugada inteligente.

–El sistema –repitió ella–. No consigo imaginar cómo se puede obtener placer a partir de los casos de bancarrota.

–No, puede ser muy traumático –dijo él–. A mí me gustaría que no fuera tan a menudo –la miró fijamente con sus ojos marrones–. Ni siquiera los parques más bonitos del mundo llaman la atención de la gente que está en esa situación, Alice. Lo único que ven es cómo se destrozan sus vidas, cómo pierden el trabajo y cómo se arruinan los planes de futuro. Pueden terminar divorciándose, deprimiéndose o suicidándose, porque no ven la luz.

Ella se estremeció al oír esas palabras llenas de sentimientos. No esperaba algo así de aquel hombre. No encajaba con su ambición fría y calculadora. Y no sólo eso, sino que de algún modo había conseguido que su trabajo pareciera mucho más especial que el de ella.

–Sé que la gente que tiene problemas encuentra cierto consuelo en los entornos agradables –dijo ella con convicción. Su madre era un buen ejemplo de ello.

–No era mi intención menospreciar tu trabajo –se disculpó él–. No soy tu padre, Alice. Quizá ambos podamos esforzarnos en tener la mente más abierta a la hora de pensar sobre el otro.

–¿Para qué has venido hoy? –preguntó ella, directamente.

–Tu padre quería que te conociera y yo sentía suficiente curiosidad como para aceptar la invitación –contestó él.

Alice colocó las manos sobre sus caderas, y le preguntó:

–¿Y qué te parezco?

Jasper puso una sonrisa sensual.

–Creo que eres muy sexy.

Alice sintió que una ola de calor la invadía por dentro.

–Eso no significa mucho para mí.

Él se rió y dio un paso adelante. La rodeó por la cintura y la atrajo hacia sí.

–He deseado hacer esto desde el momento en que te conocí, así que voy a hacerlo, y puedes darme una bofetada si quieres.

Alice tuvo unos segundos para apoyar la mano sobre sus hombros y empujarlo hacia atrás. Sin embargo, no hizo nada más que esperar a que él la besara para ver si sus besos eran mejores que los que le habían dado otros hombres. Él le sujetó el rostro con la mano y posó los labios sobre los de ella.

Una extraña euforia se apoderó de ella al estar entre los brazos de Jasper. Movió las manos para acariciarle la nuca y sujetarle la cabeza. Le gustaba su forma, y su cabello espeso. Él introdujo la lengua en su boca y ella respondió de forma provocadora, saboreándolo, experimentando un impulso primitivo que la incitaba a hacerle perder el control. Era como si Jasper estuviera probando si ella era lo bastante buena para él, si merecería la pena seguir viéndola después de ese día, y hubiera activado todo su encanto femenino para volverlo loco.

Jasper la besó de forma apasionada y la abrazó, de forma que ella pudo sentir la evidencia de su deseo. Él estaba muy excitado. La sujetó por el trasero y la presionó contra su cuerpo, provocando que ella se excitara tanto que no le importó. El corazón le latía con fuerza, las piernas le temblaban, y sólo podía pensar en decirle que sí. Era algo más que deseo. Una necesidad que debía aliviar de forma urgente.

Fue él quien se separó para respirar. Ella tenía los pechos aplastados contra su torso y notaba cómo sus corazones latían al mismo ritmo.

–Te deseo, Alice, pero no puede ser aquí –susurró él.

Allí, en el jardín, a la vista de cualquier persona que pasara por allí. Era una locura. Y tampoco podía llevarlo dentro de la casa. Todo el mundo se enteraría. Se negaba a darle a su padre la satisfacción de pensar que su plan estaba funcionando. Y su madre se preocuparía. Edward también. No podían hacerlo. Ni el momento ni el lugar era el adecuado. Pero el hombre sí lo era. Y eso era confuso, porque no debería serlo.

–Tengo que sentarme –dijo ella, al darse cuenta de cómo estaba temblando–. Hay un banco de jardín…

–Lo veo.

Jasper se giró y, sin dejar de abrazarla, la guió hasta allí. Alice tuvo que concentrarse para caminar. Él la ayudó a sentarse y se acomodó a su lado, apoyando los codos sobre las rodillas para recuperarse del intenso deseo que se había apoderado de ambos.

Alice inhaló el aroma de una planta de lavanda. Se suponía que era calmante. No podía olvidar que Jasper Hale trabajaba para su padre.

–Si crees que esto significa que puedes hacer conmigo lo que quieras, no es cierto –soltó ella–. La química que hay entre nosotros sólo es eso, química, y no voy a olvidarlo, así que no creas que te da algún poder sobre mí.

Él asintió y sonrió.

–Sin duda me has dado una buena bofetada.

No por el beso, sino por el posible motivo que se ocultaba detrás, ya que el beso la había afectado más de lo que ella quería admitir. Alice miró hacia la cascada para tratar de calmar la inquietud que aquel hombre había generado en ella.

–No ha sido una bofetada, Jasper, sólo quería que supieras lo que siento al respecto. Es evidente que mi padre quiere que me líe contigo. A lo mejor quiere que te conviertas en su yerno. No voy a permitir que me utilices para ascender en tu carrera profesional.

Él no hizo ningún comentario.

Su silencio se prolongó tanto tiempo que ella comenzó a ponerse nerviosa.

–Lo siento si te he truncado tus esperanzas.

–Para nada –él se incorporó y apoyó los brazos en el respaldo del banco, totalmente relajado. Sonrió como si estuviera perfectamente de acuerdo con la decisión de Alice–. En estos momentos no estoy buscando una esposa, y tú no estás dispuesta a cumplir ese papel. Con eso aclarado, ¿te interesa algún aspecto de mí, Alice?

Su pregunta la puso de nuevo en un aprieto.

El brillo de la mirada de Jasper indicaba que él sabía que ella estaba interesada en él, pero desearlo y poseerlo eran dos cosas diferentes.

Como había dicho Edward, era mejor que no se metiera en ese lío. Jasper podía haberla mentido y en realidad pensar que conseguiría convencerla para que se convirtiera en su esposa. No conseguiría hacerlo, pero si entablaba una relación con Jasper, él podría contarle a su padre que todo iba de maravilla entre ellos, y ella odiaría que lo hiciera. Sin embargo, le resultaba doloroso recordar lo que había sentido entre sus brazos y pensar que no volvería a disfrutar de ello. Era un indicio peligroso que indicaba que él sí tenía poder sobre ella.

–Te deseo –dijo él–. Y no porque seas la hija de tu padre. Creo que la química que hay entre nosotros hace que eso se convierta en algo irrelevante. Te deseo porque no recuerdo haber deseado tanto a otra mujer.

Era lo mismo que ella sentía por él. Pero Jasper podía habérselo dicho porque era lo que cualquier mujer desearía oír. Era un hombre muy sexy que jugaba a todas las bandas.

–¿Ésa es la pura verdad, Jasper? –le preguntó con escepticismo.

–Muy a mi pesar, sí –dijo él.

–¿Muy a tu pesar? –preguntó ella asombrada.

Él la miró fijamente.

–No quiero desearte, Alice. No más de lo que tú quieres desearme a mí. Y una vez que lo hemos aclarado, ¿por qué no nos tomamos un tiempo para pensar en ello?

Él se levantó como para marcharse. Alice lo miró un instante.

–¿Tienes teléfono móvil? –preguntó él.

–Sí.

–Dame tu número. Te llamaré a finales de semana si sigo pensando en ti. Entonces, podrás decirme sí o no.

Sacó un teléfono móvil del bolsillo de su camisa y ella le dio su número de teléfono para que lo grabara.

–Gracias –dijo él, guardando el teléfono y dedicándole una irónica sonrisa–. Ya he visto suficiente del jardín. A lo mejor te apetece unirte a la partida de Scrabble con Edward y con tu madre. Me despediré de ellos y de tu padre y me marcharé.

Alice se sintió aliviada. La decisión podría esperar. Sonrió y se levantó del banco.

–No me parecías un hombre que disfrutara con los jardines.

–Tendré que aprender disfrutar del aroma de las flores.

–Necesitas un jardín para eso. Las de invernadero no tienen mucho aroma.

Él arqueó una ceja y dijo:

–A lo mejor podemos intercambiar nuevas experiencias.

–A lo mejor.

No dijeron nada más.

Él la acompañó hasta el comedor y ella percibió que se distanciaban a cada paso. Era una sensación extraña que contrastaba con la intensa atracción física que habían experimentado. Edward y su madre se despidieron de él antes de que Esme lo acompañara hasta el salón para que se despidiera de su padre.

–¿Y? –preguntó Edward cuando se quedó a solas con Alice.

–Y nada –contestó ella–. Le he mostrado el jardín.

No podía hablar sobre lo que había sucedido entre Jasper Hale y ella. De algún modo, era algo demasiado personal. Además, lo más probable era que no llegara a nada.

Y sería mejor así. Probablemente.


Esta semana tengo dos ultimos parciales y me pondre al dia con todos los capis pendientes de las demas historias!