Capítulo 4
Le dijo que me llamaría a finales de semana», pensó Alice nada más despertarse el viernes por la mañana. «Si todavía sigue pensando en mí», añadió mentalmente, medio deseando que no fuera así para no tener que tomar la decisión de si quería volver a verlo o no. Le había resultado imposible quitárselo de la cabeza. No podía mirar a ningún hombre sin compararlo con Jasper Hale. Ninguno era como él. Ni siquiera parecido. Y además ya no podía concentrarse tanto en sus estudios. Era como si toda su vida se hubiera vuelto patas arriba mientras esperaba su llamada.
Algo realmente malo.
¿Qué había pasado con su fuerte sentido de independencia? Debería quedar por encima del pensamiento obsesivo que tenía sobre aquel hombre y dejarlo en un lugar de relativa importancia. A Alice no le gustaba no tener pleno control de su vida. Era como si un virus hubiera invadido su sistema y no pudiera deshacerse de él. Pero como todos los virus, terminaría por desaparecer.
Especialmente si Jasper no la llamaba. Sin embargo, si la llamaba…
Alice suspiró con fuerza y salió de la cama, incapaz de decidir qué debía hacer. ¿Se quedaría con la duda para siempre si no probaba a salir con él?
Era una pregunta sin respuesta pero no paraba de repetírsela y conseguía distraerla de sus estudios en la universidad. Por la tarde, había tomado la decisión de que sería mejor que Jasper no la llamara para ni siquiera tener posibilidad de elegir. Se sentía tan abrumada que cuando se subió al ferry que la llevaría desde Circular Quay a Mosman, permaneció en la cubierta para sentir el aire fresco.
El ferry estaba en mitad del puerto cuando sonó su teléfono móvil. Su corazón se aceleró al instante.
«Puede que no sea él», se dijo, y sacó el teléfono del bolso. Era probable que Jasper no hubiese terminado de trabajar. Ni siquiera eran las cinco de la tarde y su padre no solía llegar antes de las siete a casa.
–Diga –contestó.
–Alice, soy Jasper.
Al oír su voz, sintió un nudo en la garganta.
–¿Te gustaría salir a cenar conmigo mañana por la noche?
«¡A cenar!». La cabeza le daba vueltas. Ir o no ir…
–He pensado que podíamos probar Neil Perry's Spice Temple. Será una experiencia nueva para los dos si no has estado allí.
¡Neil Perry era uno de los mejores cocineros! Sus restaurantes eran famosos por su maravillosa comida. A Alice le encantaría comer allí pero…
–No puedo permitírmelo.
–Yo invito. Tú hiciste una comida deliciosa el domingo.
Cierto. Estaba en deuda con ella.
–De acuerdo. Me encantará –dijo ella. Una cena en ese restaurante compensaba el hecho de tener que pasar la tarde con aquel hombre, al margen de lo mucho que pudiera inquietarla–. Te veré allí –añadió enseguida, porque no quería que su padre se enterara de que iba a quedar con Jasper Haleotra vez–. ¿A qué hora?
–¿A las siete te parece bien?
–Sí.
–¿Sabes la dirección?
–La buscaré.
–El restaurante está en el sótano. Baja directamente. Te esperaré dentro.
–Seré puntual. Gracias por la invitación.
Alice finalizó la l amada, contenta consigo misma por haber manejado la situación con bastante control. Aquella cita podía finalizar en el restaurante, si ella quería que fuera así. Edward le permitiría pasar la noche en su apartamento de Paddington el sábado por la noche, por lo que podía evitar que Jasper la llevara a casa.
El entusiasmo se apoderó de ella. Un entusiasmo lascivo y peligroso.
Un hombre sexy, una comida sexy… Era imposible no esperar la experiencia con impaciencia.
Jasper se preparó para la reunión que se celebraba cada viernes en el despacho de Carlisle Cullen, sospechando que en la agenda del día sólo había un tema de verdadero interés. Y tenía razón. Después de conversar durante media hora sobre el trabajo de la semana, Cullen se acomodó en la silla y le preguntó:
–¿Vas a quedar con Alice este fin de semana?
–Sí. Vamos a cenar juntos mañana por la noche –contestó. No le gustaba aquel juego pero sabía que debía seguirlo para asegurarse el puesto en la empresa hasta que estuviera preparado para realizar su jugada maestra.
–¡Bien! ¡Bien!
Jasper sonrió.
–Gracias por presentármela.
–Ha sido un placer. Alice necesita a un hombre que la meta en cintura y espero que seas tú quien lo haga, Jasper.
La única manera en la que pensaba meterla en cintura era en la cama, si es que ella aceptaba.
–Tu hija es muy atractiva.
Era un comentario poco comprometido pero a Culen le bastó para dejar pasar el tema.
–Disfruta del fin de semana –le dijo, y le dio permiso para marchar.
Jasper había pensado mucho en Alice Cullen desde el sábado anterior. Ella se mostraba hostil hacia su padre y hacia sus deseos, y él esperaba que hubiera rechazado su invitación a cenar. Puesto que deseaba que la aceptara había decidido invitarla a uno de los restaurantes de Neil Perry, pensando que su afición por la cocina haría que le resultara una idea muy atractiva.
Una tentación…
Cuanto más fuerte era, más difícil de resistir.
Ella también lo deseaba. No cabía ninguna duda. Y si lo que quería era una aventura salvaje con él, Jasper estaría dispuesto a complacerla.
Satisfacer el deseo que ella le había generado era algo prioritario. Sin embargo, no había contado con la posibilidad de que ella le gustara de verdad y, desde luego, no quería empezar a preocuparse por ella.
Una compañera picante, comida picante y sexo picante. Eso sería todo lo que tendría con la hija de su enemigo porque en cuanto presentara cargos contra el padre de Alice, y se asegurara de que aquel profesional de la bancarrota no podría destrozar otro negocio para asegurarse sus honorarios, no tendrían relación alguna.
«El deseo siempre termina al cabo de un tiempo», pensó para convencerse.
Entretanto, se había encendido una llama en su interior y confiaba en disfrutar de un ardor intenso al día siguiente.
Alice se detuvo frente a la puerta del Spice Temple. Se había puesto su ropa más sexy, una falda de seda color turquesa y un corpiño de seda negra con los zapatos de tacón, de los mismos colores, que su madre le había comprado por Navidad. Sin embargo, nada podía disipar la rabia que la invadía por dentro.
Jasper Hale merecía que lo dejaran plantado. El único motivo por el que había ido hasta allí era para probar la comida de Neil Perry y, en cuanto a su vestimenta, esperaba que Jasper Hale la deseara todavía más porque tendría que sobrevivir sin sexo aquella noche. Ella no iba a permitir que consiguiera algo con ella.
–¡Pásalo bien con Jasper!
Alice rechinó los dientes al oír las palabras de su padre. Se había enterado de su cita con Jasper. Quizá, incluso la habían tramado los dos juntos. En cualquier caso, la de aquella noche ya no era una cita privada y personal. Había otros motivos y Alice odiaba la idea de participar en las maquinaciones de aquellos hombres.
Decidida a centrarse en la comida y a hacerle el vacío a Jasper Hale, entró en el local y se dirigió al piso de abajo. El restaurante estaba decorado en color rojo. El aroma a incienso inundaba el ambiente y casi todas las mesas estaban ocupadas a pesar de que era temprano.
Jasper estaba sentado en una mesa para dos. Se levantó de la silla al ver que la acompañaban hasta donde estaba él y se fijó en las partes más femeninas de su cuerpo antes de mirarla con deseo. Alice se estremeció al sentir el magnetismo que provocaba que se derritiera por dentro.
–Estás tremenda –dijo él, con una amplia sonrisa–. ¡Bonitos zapatos!
–Son buenos para pisotear hombres –contestó ella, tratando de parecer tranquila.
Él arqueó una ceja.
–¿Estás a punto de pisotear a alguien?
–Comeré primero –dijo ella.
–¡Buena idea! Hay que tener energía.
Él la miraba divertido.
Alice se sentó y agarró la carta que le entregó la camarera a la vez que se ofrecía a solucionarles cualquier duda.
–Dame unos minutos –dijo Alice–. Quiero salivar leyéndome cada plato antes de empezar a elegir.
–Te llamaremos cuando estemos listos –intervino Jasper, con una encantadora sonrisa.
Alice se centró en la carta. Primero leyó la filosofía del Spice Temple. Describía cómo el restaurante preparaba platos únicos inspirados en la cocina asiática, con un contraste de sabores y texturas, destinados a deleitar todos los sentidos. Ella confiaba en que tanta intensidad consiguiera desplazar a Jasper Hale de su cabeza.
–¿Por qué quieres pisotearme?
Alice dejó la carta un instante y lo miró con curiosidad.
–¿Cuántos puntos has ganado diciéndole a mi padre que íbamos a quedar para cenar esta noche?
–¡Ah! –esbozó una sonrisa–. Yo no le di la información, Alice. Él me preguntó directamente si iba a verte este fin de semana. ¿Querías que mintiera al respecto?
–Apuesto que sabías que te lo preguntaría. Por eso me llamaste ayer, antes de salir del trabajo.
Jasper ladeó la cabeza.
–Pensaba que estabas decidida a no permitir que tu padre gobernara tu vida.
–No lo hace.
–En este momento está influyendo sobre la actitud que tienes hacia mí.
–Porque tú se lo has dicho.
Él negó con la cabeza.
–Deberías tomar decisiones por ti misma, Alice, a pesar de lo que digan los demás. Ayer tomaste la tuya. ¿Por qué vas a permitir que él cambie lo que tú quieres? Lo has traído aquí contigo, en lugar de actuar por ti misma.
El a frunció el ceño, percatándose de que había permitido que su padre arruinara todas sus expectativas de placer en relación con aquel a cita. ¿Pero cómo podía estar emocionada por el hecho de que la utilizaran?
–¿Y tú? ¿Has venido por mí o por él? –preguntó ella, mirándolo a los ojos.
Él puso una sexy sonrisa.
–Te aseguro que mientras miraba cómo te acercabas a la mesa, no estaba pensando en tu padre.
Su comentario hizo que se sonrojara. Alzó la barbilla para desafiar al deseo que la invadía por dentro.
–He decidido mostrarte lo que no vas a conseguir.
–Decisiones, decisiones… –se mofó él–. ¿Podríamos dejar a tu padre al margen de ellas durante el resto de la velada? ¿Y disfrutar de lo que podamos disfrutar entre nosotros?
Era muy atractivo.
El hombre lo tenía todo, atractivo, inteligencia y la mirada más sexy del mundo. Sin embargo, Alice no conseguía olvidar el motivo por el que había quedado con ella. Por otro lado, ¿por qué no podía disfrutar de su compañía y evitar que su padre influyera en su relación con Jasper?
Después de todo, era ella la que tenía el poder de decidir hasta dónde quería llegar con aquel hombre.
Lo miró a modo de advertencia:
–Mientras quede entre nosotros, estaré dispuesta a adoptar una actitud más positiva hacia ti.
–Y yo estaré encantado de ser tu amante secreto –contestó él.
Alice sintió que le daba un vuelco el corazón.
–No he dicho nada de convertirnos en amantes.
–Trataba de asegurarte que los momentos íntimos permanecerán en privado –abrió la carta–. Disfrutemos de lo que nos ofrecen hoy. ¿Te has fijado en que los platos picantes están en color rojo?
Él era el plato más picante.
Alice trató de borrar la imagen que se había creado de él como amante y abrió la carta otra vez.
–Prefiero la comida especiada a la muy picante –dijo ella, mirando la lista de entradas.
–Muy bien, descartaremos los platos que están en rojo.
–No hace falta. Pide lo que te apetezca.
–Hay muchas cosas apetecibles, será mejor si podemos compartirlas ¿no crees? Así podremos probar la comida del otro y ampliar la experiencia.
Compartir los diferentes sabores… Alice sintió un nudo en el estómago. Sonaba a algo muy íntimo. Y, de pronto, ya no le importaba que hubiera otros motivos. Quería disfrutar de aquella experiencia con él.
–¡Una idea estupenda! –dijo ella, y sonrió.
–Estás increíblemente bella cuando sonríes –comentó él–. Espero que pueda hacerte sonreír durante toda la velada, sólo por el placer de mirarte.
Ella se rió.
–¡De ninguna manera! Voy a estar muy ocupada comiendo.
–Lo intentaré entre bocado y bocado.
–Babearé sobre la comida.
Él se rió.
–Hablando de eso, ¿qué entradas te apetece probar?
Alice leyó la lista sin dejar de sonreír. Había recuperado el entusiasmo de pasar la velada con Jasper . Tenía razón acerca de que debía tomar decisiones por sí misma. Debía confiar en su instinto y hacer lo que consideraba correcto.
