Capítulo 5

La camarera les aconsejó que pidieran un único plato principal y una guarnición de verduras para compartir, puesto que habían pedido dos entrantes diferentes. Las raciones eran grandes y seguramente prefirieran guardar sitio para el postre.

–Sin duda –convino Alice–. Tengo que probar el helado de sésamo con palomitas caramelizadas y chocolate.

–Y yo quiero el cóctel Dessert –dijo Jasper–. Parece un postre delicioso.

Alice puso una amplia sonrisa.

–Pareces contenta –comentó Jasper , mirándola de forma sensual.

–Me encanta la idea de probar un pedazo de tu postre –soltó ella, consciente de que también deseaba probarlo a él.

–¡Comida, gloriosa comida! –exclamó él.

–Todavía tenemos que decidir el plato principal que vamos a pedir –le recordó.

–Pediremos lo que habías elegido, el revuelto de cerdo, beicon, tofu, ajetes, ajos y aceite de chile, y yo pediré el plato de verduras.

–¿Y qué será?

–Un revuelto de bambú, guisantes y huevos de codorniz con ajo y jengibre.

–Acabaremos con olor a ajo.

–Intentaremos quitárnoslo con vino.

Jasper pidió una botella de un vino blanco muy caro.

Cuando la camarera se marchó, Alice suspiró y se relajó en la silla, contenta de disfrutar del ambiente del restaurante y de la compañía del hombre con el que estaba.

–¿Qué tal te ha ido la semana? –preguntó ella.

Él puso una sonrisa sensual.

–Mucho mejor ahora que termina cenando contigo. ¿Y la tuya?

–Extraña.

Él arqueó una ceja.

–No conseguía sacarte de mi cabeza.

Él se rió.

–Me alegro de que el problema no fuera mío. La pregunta es si vas a alimentar tu imaginación o si vas a dejar que se extinga.

–Esta noche estoy dispuesta a alimentarla.

–Yo también.

Su mirada indicaba que él estaba dispuesto a devorarla y Alice no podía negar que también deseaba probarlo. Sin embargo, no estaba preparada para convertirse en su amante sin conocerlo apenas.

–Me refería aquí, en el restaurante, Jasper. No te conozco, ¿no crees? –lo miró seriamente–. Es evidente que a mi padre le gustas mucho, lo que no es una gran recomendación. Creo que después de tu visita del domingo, puedes hacerte una idea bastante clara de cómo es mi vida, pero yo no sé nada de ti, aparte de que mencionaste que tu madre falleció. ¿Qué hay del resto de tu familia?

Él se encogió de hombros.

–Mis padres fallecieron cuando yo tenía dieciocho años. Era su único hijo. Desde entonces, he estado solo. Mi vida no tiene la complicación de tener que manejar relaciones familiares, Alice. Como vi que hacías el domingo.

–Tú vas a tu ritmo –dijo ella.

–Sí.

¿No has vivido nunca en pareja?

–No he conocido a nadie con quien me gustara pasar cada día.

Ella asintió. Sabía muy bien a qué se refería.

–La convivencia diaria es mucho pedir. Yo tampoco sé si quiero probarlo.

Él sonrió.

–Prefieres ser un espíritu libre.

–He visto a mi madre comprometerse demasiado –dijo ella.

–No todos los hombres son como tu padre, Alice–dijo seriamente–.Mis padres eran felices en su matrimonio. Yo crecí en un hogar lleno de amor. Ojalá todavía lo tuviera.

–Fuiste afortunado de tener lo que tenías, Jasper, pero imagino que echar de menos la vida familiar hace que te sientas muy solo.

–Han pasado diez años, Alice. He aprendido a vivir estando solo.

Ella no pensaba lo mismo. Percibía su sentimiento de rabia ante la pérdida. La imagen de un lobo solitario en busca de cierta satisfacción invadió su cabeza.

¿Habría estado buscándola en la profesión que había elegido? El negocio de la bancarrota se centraba en la pérdida y él había hablado acerca del trauma que generaba cuando ella le enseñó el jardín la semana anterior. Alice se había sorprendido. La idea de que Jasper no era como su padre empezaba a instalarse en su cabeza. Lo que convertía en más aceptable el placer que podía compartir con él.

–El hombre autosuficiente –dijo sonriendo.

–Que no quiere estar solo esta noche.

Tenía una mirada lobuna que provocó que Alice se excitara al imaginarse copulando con él bajo las estrellas, en la cima de una montaña. Algo ridículo, puesto que estaban en medio de una ciudad, pero el animal femenino que se ocultaba en su interior estaba completamente excitado y dispuesto a explorar todas las posibilidades con Jasper Hale.

La camarera regresó con la botella de vino y les rellenó las copas. Jasper levantó la suya para brindar.

–Por que nos conozcamos mejor.

Alice asintió.

–Brindo por ello.

Chocaron las copas y bebieron un sorbo de vino.

–Oí que le contabas a Edward que entrenabas en el gimnasio. ¿Vas a menudo?

–Después del trabajo. Es una buena manera de relajarse.

«Todas las mujeres del lugar se fijarán en él», pensó Alice, preguntándose si también utilizaría el gimnasio para ligar. No podía imaginárselo sin tener una vida sexual muy activa. Y sospechaba que la mantendría completamente separada del trabajo.

–El domingo dijiste que no querías desearme, Jasper –le recordó–. ¿Es porque el hecho de que sea la hija de tu jefe hace que afecte a tu carrera profesional?

–Creo que es una complicación que ambos preferimos no tener –se echó hacia delante y la miró fijamente a los ojos–. Cerremos ese tema. Hagamos únicamente lo que nos apetece hacer juntos, al margen de otros asuntos. ¿Eres lo suficientemente valiente como para recorrer ese camino conmigo, Alice? ¿Lo bastante fuerte como para hacer la elección tú misma?

Su manera de retarla provocó que se le acelerara el pulso. ¿Valiente? ¿Fuerte? Ella quería pensar que sí lo era, pero ¿sería cierto? Siempre había huido de las relaciones con implicación emocional, por miedo a cómo podrían afectarla. El par de relaciones sexuales que había tenido se habían debido más al deseo de conocer que al de tener una relación seria.

Jasper Hale provocaba en ella algo incontrolable. Ella deseaba explorarlo, pero no podía obviar la sensación de peligro que le generaba. Hasta el momento había ocupado gran parte de su mente. ¿Se olvidaría de él cuando terminara la pasión o terminaría perdiendo la independencia mental que necesitaba para sobrevivir?

No podía acabar como su madre.

–Me gusta hacer lo que me plazca, Jasper–dijo ella–. No creo que me importe unirme a tu camino de vez en cuando, pero…

–Estupendo… Perfecto… Podemos dibujar un mapa y encontrarnos cuando nos convenga a los dos.

Ella se rió con nerviosismo. Él era tan tentador, y tan sexy, que no veía demasiado peligro en mantener una aventura intermitente con él.

La camarera llegó con los entrantes. Alice había escogido un plato de tofu frito con ensalada de cilantro picante y Jasper un plato de cordero al estilo del norte con bollitos de hinojo. Ambos platos olían de maravilla.

–Los dividiremos por la mitad, ¿verdad? –dijo ella.

–Compartir era el trato –dijo él–. Adelante. Divídelos.

Jasper la observó dividir las raciones con meticulosidad. Le gustaba todo sobre ella, especialmente su actitud decidida para llevar su propia vida. Además, eso hacía que él no se sintiera culpable por buscar lo que deseaba tener con ella. Alice no buscaba un amor para toda la vida. No creía en esa posibilidad.

Teniendo en cuenta lo que había visto en el matrimonio de sus padres, Jasper comprendía por qué no quería relaciones serias. Carlisle Cullen había causado mucho daño a su familia, igual que a muchas otras. Había privado a Jasper de sus padres, pero a diferencia de ellos, Alice estaba viva y coleando. Ella sobreviviría. Una relación intermitente con él no debería significar problemas para ninguno de ellos.

–Deberíamos empezar por los bollitos y terminar con la ensalada –dijo ella con tono autoritario.

–Sí, señorita.

Alice soltó una carcajada.

–No pretendía parecer mandona.

Él sonrió.

–No me importa seguir los consejos de una gran conocedora de la comida. Es más, me gustaría que ampliaras mi conocimiento sobre las delicias gourmet.

–Estás bromeando conmigo. Creo que será mejor que me calle y me ponga a comer.

–Disfruta.

Era un placer observar cómo apreciaba los diferentes sabores.

–Por favor, siéntete libre para comentar –dijo él–. No estaba bromeando, Alice. Quiero que compartas conmigo tu opinión sobre estos platos.

–Dime lo que tú piensas –contestó ella.

Él obedeció y ella respondió encantada.

La comida era un placer, no sólo por la gran variedad de sabores, sino por el entusiasmo que mostraba Alice. Su manera de lamerse los labios, la expresión de sus ojos, la manera en que se movían sus pechos cuando suspiraba con satisfacción, las sonrisas con las que provocaba que él deseara devorarla… Jasper ansiaba llevársela a la cama y saborear todo su cuerpo.

No recordaba cuándo había disfrutado tanto de una velada con una mujer. Le resultaba imposible hacerse a la idea de que terminara allí.

Tenía que convencerla para quisiera lo que él quería. Y no sólo esa noche. Sabía que una sola noche no sería suficiente.

–Ha sido fantástico, Japer–dijo el a cuando terminaron el postre–. Muchas gracias por ofrecerme esta experiencia –dijo Alice, con brillo en la mirada–. Sin duda, ha sido mucho más que mi comida del domingo.

–Aparte de los de Neil Perry, ¿a qué otros restaurantes de cocineros famosos te gustaría ir? –preguntó, decidido a tentarla con su compañía otra vez.

Ella negó con la cabeza.

–No puedo permitirme ir a esos restaurantes, pero espero poder hacerlo algún día. Entretanto, se me cae la baba sobre sus libros de cocina.

–Yo puedo permitírmelos, Alice, pero no quiero ir solo. Y tampoco sé tanto de comida como tú. Estoy dispuesto a pagar para que seas mi acompañante y compartas tu sabiduría y el placer de la buena cocina conmigo. ¿Te parece bien?

Ella dudó un instante y frunció el ceño.

–Una aventura en el mundo de la cocina refinada –insistió él.

–Y tú pagando la cuenta –dijo ella.

–¿Y por qué no? Ha sido idea mía.

–Es como si estuvieras comprándome, Jasper.

Él negó con la cabeza.

–En todo caso, compraría tu sabiduría. Para ampliar la mía. Dime que sí, Alice. Será divertido. Igual que lo ha sido esta noche.

Eso era innegable.

–Tienes razón –dijo ella, suspirando a modo de rendición–. No es divertido hacerlo solo. Siento no poder pagar mi parte, pero simplemente no gano bastante dinero con un trabajo a media jornada.

–No te preocupes por eso. Lo consideraré como una inversión para ampliar mis conocimientos sobre la vida. Podrías llevarme una rosa de jardín a nuestro próximo restaurante. Tienes razón acerca de que las de los invernaderos que venden por la calle no tienen olor.

Ella se rió.

–¿Has ido a probar si olían?

–Sí.

–Bueno, entonces, hay esperanza contigo.

–Esperanza, ¿para qué?

–Para que aprendas a ser consciente de los bonitos regalos que nos ofrece la naturaleza.

–Soy plenamente consciente del que tengo justo enfrente de mí –estiró el brazo y le agarró la mano para acariciarle la palma con el dedo pulgar–. Pasa la noche conmigo, Alice. He reservado una habitación en el hotel Intercontinental. Está muy cerca de aquí. Disfrutemos de lo que el domingo no pudimos terminar.

Era directo.

Era sincero.

Y no prometía nada más de lo que decía.

Tenía que ser de esa manera, o no sería.

A pesar de lo mucho que ella le gustaba, seguía siendo la hija de Carlisle Cullen y eso los separaría cuando llegara el momento de la represalia. Jasper llevaba diez años esforzándose para conseguirlo. Tuviera lo que tuviera con Alice, sólo podía ser una aventura.