Capítulo 7
Cuando Jasper abrió la puerta de la habitación se encendieron las luces. Era un lugar elegante y acogedor, pero sobre todo ofrecía un espacio privado completamente separado de sus vidas habituales.
Tenía que ser de esa manera.
Era una lástima que sintiera un deseo incontrolable por la hija de Carlisle Cullen. Tendría que mantener los límites de aquella relación bien establecidos. No podía permitir que ocupara gran parte de su vida. Pero esa noche podría satisfacer el deseo que lo invadía por dentro y, por suerte, ella estaba dispuesta a hacer lo mismo.
Alice entró antes que él y se acercó al ventanal que había al fondo de la habitación. Él observó el movimiento provocativo de sus caderas y al sentir una fuerte tensión en la entrepierna comenzó a desabrocharse la camisa con impaciencia. Ella dejó el bolso al pasar junto a una mesa. Jasper dejó la camisa en la silla, se quitó los zapatos y se fijó en los zapatos de tacón color turquesa y en sus bonitas piernas. La idea de sentirlas alrededor del cuerpo le provocó una erección.
–Hay muchas luces en la ciudad, pero está demasiado oscuro para ver el jardín botánico –comentó ella.
–Por la mañana no estará oscuro –comentó él, desabrochándose el pantalón.
Ella lo miró por encima del hombro.
–Creo que esta vista me gusta más –dijo ella, fijando su interés en su torso desnudo–. Me preguntaba qué aspecto tendrías desnudo.
Él se rió, encantado con la sinceridad de sus palabras. Se quitó el resto de la ropa y la dejó sobre la silla, junto con la camisa.
–Espero que no te haya decepcionado –dijo con una sonrisa.
–Ni una pizca –contestó ella, mirándolo de arriba abajo.
Ella levantó el brazo y se retiró la melena del cuello para poder desabrochar la cremallera del top.
–Déjame –dijo Jasper, descubriendo que su nuca era tremendamente erótica y deseando desnudarla del todo.
Se acercó a ella y le desabrochó el top, dejando al descubierto la suave piel de su espalda. La curvatura de su columna era demasiado tentadora y él no pudo evitar acariciarla. Al sentir el calor de su piel, ella se estremeció y él sonrió, consciente de que estaba tan excitada como él. Jasper le desabrochó la falda y permitió que cayera al suelo. La imagen de un tanga negro y sexy rodeando su cintura y su trasero, provocó que se le cortara la respiración. Tuvo que contenerse para no abrazarla y acoplar su cuerpo contra el de ella.
Primero prefería quitarle el resto de la ropa. Metió los pulgares bajo la goma del tanga, deslizó la prenda sobre sus nalgas y recorrió sus piernas hasta que se enganchó con el broche de sus eróticos zapatos. No podía dejárselos puestos. Podían hacerse daño con los tacones cuando se dejaran llevar por la pasión.
–Siéntate, Alice. Me resultará más fácil quitarte los zapatos.
Él seguía en cuclillas, preparado para liberarle los pies, cuando ella se giró y se sentó junto al ventanal. El hecho de que sus preciosos senos quedaran a la altura de sus ojos fue una tremenda distracción. Sus aureolas rosadas y sus pezones erectos, una tremenda tentación. Él la miró durante unos instantes antes de poder mirarla a la cara para ver si se estaba insinuando.
Sus ojos azules parecían más oscuros que antes. Ella deseaba que se volviera loco por ella. Y Jasper tuvo que acordarse de quién era y de que debía tener mucho cuidado para no quedarse atrapado en la trampa de aquella mujer.
Se concentró en los zapatos y comenzó a desabrochárselos. En pocos momentos podría disfrutar de ella durante toda la noche, pero por la mañana tendría que separarse de ella y mantener una distancia emocional hasta la próxima vez que estuvieran juntos.
Zapatos fuera.
Ambos estaban completamente desnudos, al fin.
Jasper estaba a cargo de aquel encuentro. La había llevado a su cueva y controlaría todo lo que sucedería entre ellos. La agarró por la cintura y la levantó en brazos para llevarla directamente a la cama, tumbándose a su lado y colocando su pierna sobre su cuerpo, de forma que la tenía atrapada para poder acariciarle el resto del cuerpo a voluntad.
–Bésame de nuevo –le ordenó ella.
–Lo haré –prometió él, pero no la besaría en la boca.
Sus pezones rosados estaban turgentes, algo que indicaba su excitación. Pero Jasper deseaba que estuviera más excitada que él. Inclinó la cabeza y jugueteó con la lengua sobre ellos. Alice le sujetó la cabeza e introdujo los dedos en su cabello, arqueando el cuerpo, pidiéndole que la poseyera.
Él la besó en el vientre y se deslizó hasta su entrepierna, percibiendo el aroma de su deseo mientras acercaba la boca hasta su sexo para acariciarle la parte más íntima de su ser y provocar que ardiera de excitación. Ella comenzó a moverse al ritmo de sus caricias y gimió al sentir que una inmensa tensión se apoderaba de ella. Lo agarró por los hombros y tiró de él para que se colocara sobre su cuerpo.
Él estaba dispuesto a complacerla. Ella lo rodeó con las piernas y comenzó a mover las caderas. Él introdujo su miembro en el húmedo interior del cuerpo de Alice al mismo tiempo que devoraba sus labios, deseando una total posesión de su cuerpo.
Alice recibió el ataque de sus besos con un contraataque, una fusión de calor que convirtió la agresión en una explosión de sensaciones y provocó que él perdiera el control por completo. Ella gimió con cada penetración, agarrándolo fuerte con las piernas durante las más intensas y moviendo las caderas alrededor de su miembro, mientras él se retiraba para introducirse de nuevo en su cuerpo, ansioso por escuchar de nuevo sus gemidos de placer y embriagado por la idea de llevarla al clímax.
Era como si se encaminaran hacia el ojo de un huracán y dependieran uno del otro hasta que pasara, pudiendo por fin permanecer en un lugar donde recuperar la tranquilidad. Jasper no sabía cuánto tiempo tardarían…
Minutos, o quizá, horas.
Fue un viaje fantástico que finalizó cuando ambos alcanzaron el orgasmo, permaneciendo abrazados hasta recuperar la calma.
Jasper inhaló el aroma de su cabello y le acarició la mejilla. Notaba cómo se movían los senos de Alice con cada respiración y la suavidad de sus piernas entre las suyas. De pronto, experimentó la necesidad de averiguar por qué aquel a relación sexual había sido tan intensa. Anteriormente, nunca había sentido la necesidad de poseer a una mujer de esa manera. Había tenido aventuras placenteras y relajantes, pero sin tanta intensidad. ¿Cómo podía ser que hubiera tanta química entre Alice Cullen y él?
Sin duda, ella era la mujer más bella con la que se había acostado.
¿Eso había provocado que se excitara más? De alguna manera, no podía creer que eso influyera tanto. Además, no paraba de acordarse de que ella era la hija de Carlisle Cullen. ¿Influiría también el deseo de venganza que había dominado su vida durante los últimos diez años? ¿O lo que marcaba la diferencia era el hecho de que ella debía estarle prohibida?
Era imposible descubrirlo. Lo único que sabía era que no podía permitir que aquella aventura se convirtiera en una relación seria. Tendría que disfrutar de lo que ella le ofrecía, compañía durante cenas exquisitas y el intenso placer que compartirían después, en la cama.
Después de llegar a esa conclusión, Jasper trató de no pensar más en ello e intentó que aquella velada fuera magnífica para los dos.
–¿Te encuentras bien? –preguntó Jasper, intrigado por lo que ell estaría pensando y por si se sentía satisfecha con su decisión de dejar al margen sus reservas acerca de él.
–Mmm, muy bien.
Había una sonrisa en su voz.
Jasper no necesitaba saber nada más.
Ella comenzó a acariciarle el cuerpo despacio y de manera erótica, provocando que él anhelara acariciarla también, recorriendo cada curva de su cuerpo y disfrutando de su feminidad. Empezaron a besarse mientras continuaban explorándose, despertando el deseo de fusionarse otra vez. Fue maravilloso. Aunque de manera menos desenfrenada consiguieron el abandono mutuo y un inmenso placer que, poco a poco, fue calmándose y desembocando en un sueño tranquilo.
Alice despertó con la luz de la mañana. La noche anterior se habían olvidado de cerrar las cortinas, demasiado centrados en la pasión que compartían como para pensar en cualquier otra cosa. Ella se giró para mirar al hombre que la había llevado a la cima del placer, un lugar que nunca había imaginado que llegaría a conocer.
Jasper seguía dormido. A pesar de que tenía los ojos cerrados estaba muy atractivo y su cuerpo… Ella suspiró pensando en lo perfecto que era.
¡Y en la noche maravillosa que había pasado con él! ¡Estaba segura de que no iba a arrepentirse! Pasara lo que pasara después, había sido una experiencia que no olvidaría jamás.
Con cuidado para no despertarlo, salió de la cama y se dirigió al baño. Quería acicalarse para tener buen aspecto cuando él despertara. Agarró el bolso al pasar junto al escritorio, contenta de haber metido un cepillo y un pintalabios. Se dio una ducha y se puso un albornoz de los que el hotel ponía a disposición de los clientes. Regresó a la habitación y vio que Jasper seguía dormido. Se sentó junto a la ventana y se abrazó las rodillas, tratando de contener los maravillosos sentimientos que había generado durante la noche.
No sólo había sido el sexo, aunque había sido algo increíblemente asombroso. Había descubierto lo maravillosas que podían ser las cosas con el hombre adecuado y eso hacía que se planteara si se equivocaba al no querer una relación seria con Jasper. Hasta el momento, le había gustado todo lo que había conocido de él y, por supuesto, deseaba conocerlo mejor. Quizá pudieran tener algo especial.
Las vistas del jardín botánico llamaron su atención. Pasear por ellos sería una manera agradable de continuar el día. También le gustaría ver la casa que él estaba reformando. El tipo de casa en el que uno elegía vivir decía mucho de la persona. Compartir la vida privada de Jasper Hale era una idea emocionante y Alice estaba soñando con ello cuando la voz de Jasper hizo que volviera a la realidad.
–¿Te parece mejor la vista esta mañana?
Ella se rió.
–¡Es maravillosa! Hace un sol espléndido y un día precioso.
Él sonrió y se bajó de la cama.
–Pues vamos a comenzarlo. Llama al servicio de habitaciones y pide desayuno para dos mientras yo me acicalo en el baño.
–¿Qué te apetece tomar?
–Tú eliges. Confío plenamente en ti –se volvió sonriendo y se dirigió al baño.
Ella llamó al servicio de habitaciones para pedir el desayuno, confiando en que a Jasper le gustara lo que había elegido. Él salió del baño en albornoz y miró el reloj.
–Son las ocho. ¿Cuánto tardarán en servirnos el desayuno?
–Unos veinte minutos más.
–El tiempo justo para darnos un beso mañanero. Y nada de quitarnos la ropa.
–Tenemos todo el día por delante –dijo ella mientras él la abrazaba.
Él frunció el ceño.
–No. No lo tenemos. Tengo cosas que hacer en la casa antes de que mañana vaya el fontanero.
–¿Puedo ayudarte? –preguntó ella, deseando pasar más rato con él.
Jasper negó con la cabeza.
–Serías una gran distracción, Alice. Seré más eficiente si estoy solo.
La besó en los labios, pero no sirvió para calmar la decepción que sentía por el hecho de que él hubiera rechazado su oferta. Separó los labios y lo besó también. Le había dado una noche maravillosa y compartirían más en el futuro. No era necesario que ese día le pidiera más.
Fue un beso sensual y delicado. Jasper se retiró antes de que se desatara la pasión y la miró sonriente.
–Gracias por esta noche tan maravillosa. Lo repetiremos pronto –le prometió.
–Gracias a ti. Estaré dispuesta a repetirla –dijo ella, tratando de aceptar la situación con tranquilidad.
–Llamaré a un taxi para que te lleve al apartamento de Edward cuando terminemos de desayunar –se dirigió hacia el escritorio donde estaba el
teléfono–. ¿Dónde vive Edward, Alice?
–En Paddington.
–Eso está cerca –sonrió Jasper mientras descolgaba el aparato– Podemos compartir el taxi. Te acompañaré hasta su casa antes de seguir hacia la mía.
–¿Dónde vives?
–En el siguiente barrio. Woollahra.
Alice deseaba preguntarle en qué calle vivía, pero se mordió la lengua. Sabía que se sentiría tentada a ir hasta allí y, de pronto, se preocupó por cómo se estaba enganchando a aquel hombre. Jasper no quería una relación seria. Se lo había dicho durante la cena la noche anterior. Era evidente que nada había cambiado para él. Y tampoco debería haber cambiado para ella. No podía permitir que sus sentimientos interfirieran en las decisiones que había tomado sobre su vida.
Un viaje con puntos de encuentro. Era lo mejor.
Sin embargo, no consiguió disfrutar del desayuno. Era como si no le hubiera sentado bien. Y también odió el trayecto en taxi hasta Paddington, consciente de que Jasper continuaría sin ella. A la hora de despedirse de él, tuvo que esforzarse para sonreír. Y después, tuvo que enfrentarse a Edward y contarle que todo había ido bien.
Era la verdad.
Aunque no toda.
Había sido fantástico, maravilloso, pero demasiado atractivo.
Y era peligroso.
