Bienvenidos, 5 años después vamos a terminar esta Adaptación del libro con el mismo título de Emma Darcy, con nuestros queridos personajes de la saga en ella!

Capítulo 8

Cuando Edward le preguntó sobre la noche que había pasado con Jasper Hale, ella contestó:

-La comida estupenda, el sexo estupendo, y ninguno de nosotros contemplamos el matrimonio, así que no te preocupes por el hecho de que pueda convertirme en víctima de un plan oculto. ¡Eso está completamente descartado!

Más tarde, tuvo que tranquilizar a su madre también.

-No se convertirá en una relación seria, mamá. Sólo quedé para cenar, y puede que lo repita o no -añadió con una picara sonrisa-. Depende de lo bueno que sea el restaurante al que me invite.

Su madre se rió.

-¡Tú y la comida!

A su padre le contó todos los detalles de los platos que había probado y que la compañía de Jasper había sido bastante agradable pero nada especial.

Sin embargo, le resultaba más fácil hacer creer a los demás que su relación con Jasper no era nada especial que convencerse a sí misma. Su vida no era la misma desde que lo había conocido. Él invadía sus pensamientos, sobre todo por la noche cuando estaba sola en la cama, con el cuerpo impregnado de los recuerdos de su encuentro en la intimidad. Le era imposible no pensar en él durante largo rato y se frustraba cuando no conseguía mantenerlo en la distancia, sobre todo a medida que pasaban los días sin recibir noticias de él.

Jasper no le había dado su número de teléfono móvil.
Y el número de teléfono fijo de su casa de Woollahra no figuraba en las guías telefónicas.
Al trabajo no podía llamarlo, por si su padre se enteraba.

Él era quien controlaba la posibilidad de contacto, y ella no era capaz de controlar el deseo de que lo hiciera. Finalmente, él la llamó el viernes por la tarde, y el placer de oír su voz se disimuló entre el resentimiento que ella sentía por el hecho de que él la afectara de ese modo.

-Hola -fue todo lo que ella consiguió decir.

No parecía que él se hubiera percatado de su fría respuesta, y expuso el motivo de su llamada sin hacerle ninguna pregunta personal.

-Llevo toda la semana tratando de reservar una mesa para mañana por la noche en uno de tus restaurantes preferidos. No ha podido ser. Todos están llenos y no ha habido ninguna cancelación. Sin embargo, he conseguido una mesa en Peter Gilmore's Quay para el próximo sábado por la noche. ¿Te parece bien?

¡Peter Gilmore's Quay era uno de los cincuenta mejores restaurantes del mundo!

-Fantástico -dijo ella-. Vi un postre magnífico que se llamaba Snow Egg en un programa de televisión. Era una capa de puré de guayaba mezclada con nata montada. Estaba recubierta por helado de guayaba y acompañado de un merengue con forma de huevo relleno de crema de manzana. Todo con una fina capa de caramelo por encima. ¡Era para morirse!

Él se rió y ella no pudo evitar sonreír.

-¿Quedamos alii a las siete? ¿Igual que la otra vez? -preguntó él.

-Sí.

-¡Estupendo! Te veré entonces, Alice. Colgó el teléfono.

Eso era todo.
La felicidad que Alice había sentido se desvaneció en un suspiro. Era lo que habían acordado, quedar para aventurarse en la comida exquisita. Jasper probablemente pensaba en el sexo como parte del postre. Y ella debería hacer lo mismo. No podía culparlo por no sugerirle que hicieran algo diferente ese fin de semana. El problema era suyo por desear algo más, y tendría que superarlo.

En general, Alice pensaba que lo había manejado bastante bien durante el resto de la semana. Era probable que el hecho de saber que tenían una cita le facilitara concentrarse en otras cosas. Se prometió a sí misma que no esperaría que después de aquella cita la noche se prolongara en compañía de Jasper. Después de todo era mejor que mantuviera su independencia y que no se enamorara de aquel hombre.

Pero a pesar de todos sus razonamientos, no podía controlar el entusiasmo que sentía mientras se preparaba para la cita. En un intento de restarle importancia y de demostrarle a Jasper que se estaba tomando ese asunto con la misma naturalidad que él, eligió una ropa menos llamativa. Unos pantalones vaqueros y un top, adornado con unos collares que había comprado en un mercadillo. Unas sandalias bordadas con cuentas completaban su aspecto informal.

Había avisado a Eddie de que se quedaría a dormir en su apartamento otra vez. Antes de salir de casa salió al jardín para escoger una rosa de color amarillo. Era una rosa Pal Joey y desprendía un delicioso aroma. Jasper quizá no recordara que le había pedido que le llevara una a la próxima cena, pero así le demostraría que cumplía con su parte del trato.

El ferry que cruzaba de Mosman a Circular Quay la dejaba cerca del restaurante. Alice caminó con entusiasmo mientras rodeaba la terminal donde atracaban los barcos grandes para llegar hasta allí. Jasper la estaría esperando en la planta superior del restaurante y, sin duda, aquella noche también sería maravillosa.

Jasper había necesitado una fuerte disciplina para esperar dos semanas hasta poder ver a Alice de nuevo. La próxima vez sólo tendría que esperar una semana, y la siguiente lo mismo, suponiendo que ella quisiera continuar quedando con él. ¿Por qué no podía disfrutar de ella tanto como quisiera dentro de unos límites? Mientras mantuviera en mente su objetivo, su implicación con ella no se entrometería en su camino. No servía de nada que deseara que no fuera la hija de Carlisle Cullen. Era algo que no podía cambiarse.

La vio entrar en el restaurante con su cabello negro y unos collares de colores sobre un top que resaltaba la forma de sus senos. Los vaqueros apretados que llevaba acentuaban las curvas de su cuerpo. Inmediatamente, Jasper sintió que se le aceleraba el corazón y se le tensaba la entrepierna, como consecuencia del impacto que ella tenía sobre él.
No debería haber empezado aquello.
No debería continuar.

Entonces, ella sonrió y él se levantó de la mesa para saludarla. Justo antes de llegar junto a él, Alice metió la mano en el bolso y sacó una rosa de color amarillo.

-Para que la huelas -con un brillo de coqueteo en la mirada.

Él la miró sorprendido y encantado a la vez, y el placer que sentía se intensificó al acercar la flor a la nariz.

-Mmm... Siempre relacionaré este maravilloso aroma contigo.

Ella se rió.

-Y yo siempre relacionaré contigo la comida deliciosa. No puedo esperar para ver la carta de Peter Gilmore's.

Él se rió y sacó la silla para que se sentara.

-A tu servicio.

Cuando ambos se sentaron, apareció el camarero para ofrecerles la carta. Jasper le pidió un vaso de agua para meter la rosa.
En cuanto volvieron a quedarse solos, Alice se inclinó hacia delante con otra sonrisa seductora.

-Me alegro de que te haya gustado.

Él sonrió.

-Tengo planes para esta rosa.

-¿Qué planes?

-Para más tarde -pensaba restregarla sobre su cuerpo e inhalar su aroma mientras la besaba donde más le apeteciera-. He reservado una habitación en el Park Hyatt Campbell Cove...

-Otro hotel -lo interrumpió ella frunciendo el ceño.

-Mi casa sigue hecha un desastre -le explicó él-. No puedo llevarte allí, Alice.

Nunca lo haría. Tenía que mantenerla al margen de su vida real.

-Pero sé que ese hotel es terriblemente caro, Jasper. Y si sumamos la cena de esta noche, que sin duda costará un montón...

-El dinero no es problema para mí -le aseguró él.

-¿Mi padre te paga tan bien? -preguntó ella.

Él se encogió de hombros.

-Bastante bien, pero no cuento sólo con él para mis ingresos -«pronto dejaré de trabajar para él», pensó, consciente de que se quedaría sin trabajo cuando demostrara lo corrupto que era su padre-. Tengo otro negocio que ha resultado ser bastante rentable.

-¿Y qué es?

No pasaba nada por contárselo. Dudaba que ella fuera a contárselo a su padre y tampoco le importaba si Cullen se enteraba.

-Compro casas destartaladas, las reformo durante mi tiempo libre y después las vendo.

-¡Ah! El negocio de la inmobiliaria. Hay un programa sobre eso que a veces veo en la televisión. Es fascinante ver cómo mejoran las casas antes de ponerlas a la venta. ¿Cuántas casas has reformado?

-Estoy haciendo la quinta.

-Me encantarla verla en algún momento. Ver lo que has hecho en ella -dijo ella con verdadero interés.

Jasper tuvo que contenerse para no caer en la tentación de compartir con ella la información sobre la reforma que estaba realizando. Le habría gustado conocer su opinión al respecto. Era muy atractiva en diferentes aspectos, pero únicamente podia tener una relación sexual con ella, ya que se arriesgaba a enamorarse de Alice Cullen. Ya era bastante malo que no pudiera acostarse sin desear que estuviera a su lado.

-Quizá más adelante -dijo él-. Ahora no hay nada que ver. Es un completo desastre.

Ella puso una mueca de decepción.

-De acuerdo. Supongo que preferirás sentirte orgulloso a la hora de mostrar tu trabajo. Imagino que habrás ganado una buena cantidad por cada casa que has reformado.

-Lo suficiente como para no preocuparme de pagar lo que sea para pasar una noche estupenda contigo, Alice. Así que no te preocupes por ello. Puedo permitirme lujos como éstos, y compartirlos contigo hace que el placerse duplique.

Ella se relajó y sonrió mientras agarraba la carta.

-En ese caso, estoy encantada de compartir tus placeres. No me cortaré a la hora de pedir todo aquello que quiera probar.

«Tampoco te cortes en la cama», pensó Jasper, aliviado al ver que ella no insistía en el tema de la casa. El tiempo que pasaran juntos tenia que quedar fuera de su vida real. No podía plantearse nada más con Alice, por mucho que le gustara que fuera de otro modo.

Alice se regodeó en el placer de estar con Jasper. Era un hombre encantador y muy atractivo. No habla nada en él que no le gustara. Sin embargo, se le daba muy bien mantener el control y ella no debía olvidarlo. Aunque también tenia su parte positiva. Era evidente que habla necesitado mucha fortaleza para superar el trauma de perder a sus padres y centrarse en formarse para tener una carrera profesional.

Las palabras que Eddie le había dicho aparecieron en su cabeza. «Tarde o temprano te decepcionará», le había dicho su hermano, pero Alice no creía que eso pudiera suceder, al menos, no esa noche. De hecho, estaba tan excitada que le resultaba imposible encontrar nada malo en él.

Las conversaciones que mantenían eran divertidas. El brillo sexy de su mirada mantenía su excitación. Le encantaba todo acerca de él, y aunque debía ser cauta al respecto, el entusiasmo se lo impedía.

Una vez más, al hotel se podía ir caminando. Jasper había guardado la rosa que ella le había regalado y la llevaba en la mano. Alice suponía que quería llevársela a casa para tener un recuerdo romántico de ella.

Sabía que aquella no debía ser una relación romántica. Probablemente era una locura intentar que se convirtiera en una, sin embargo, su instinto femenino indicaba que aquel hombre era el adecuado para ella. Además, Jasper no le exigía nada. Era estupendo estar con él.

La habitación del hotel tenía vistas al teatro de la ópera. Alice no pudo evitar admirar el lujo que ofrecía, tanto como al hombre que le había hecho posible disfrutar de aquello. Nada más cerrar la puerta, ella se volvió para abrazarlo y besarlo de forma apasionada, incapaz de esperar ni un segundo más para sentir lo que él la hacía sentir.

Al instante ambos estaban ardiendo de pasión. Ella se separó un instante para desnudarse y se rió al ver que Jasper sujetaba la rosa con los dientes para liberar sus manos y poder quitarse la ropa.

-Menos mal que le he quitado las espinas -dijo ella.

-Mmm -fue todo lo que él pudo contestar. Riéndose, Alice corrió hasta la cama y él la persiguió, tumbándola en la cama y aprisionándola con la pierna para que no se moviera.

-No puedes besarme con esa rosa entre los dientes -bromeó ella, contoneando el cuerpo de manera provocativa.

Jasper agarró la rosa con la mano y le acarició el rostro con ella.

-He estado fantaseando toda la noche con hacer esto. Quédate quieta, Alice. Y cierra los ojos. Siente cómo los pétalos acarician tu piel. Respira su aroma.

Hacía falta mucho control para seguir sus instrucciones, pero merecía la pena el esfuerzo, así que Alice trató de concentrarse en las caricias que él le hacía y en los besos con los que cubría su cuerpo. Se sentía como una diosa pagana a la que veneraban, ungiéndola con perfume.

Nunca había sido tan consciente de su cuerpo, desconocía que tenía puntos eróticos bajo las caderas, detrás de las rodillas o en la planta de los pies. Que la acariciaran y la besaran así era una experiencia increíble.

Finalmente, Jasper llegó a sus partes más íntimas, acariciándola hasta que Alice no pudo evitar quedarse quieta más tiempo. Arqueó el cuerpo y gimió su nombre, desesperada por que él la llevara al clímax.

Él se apresuró para complacerla y una vez más, el conjunto de sensaciones que experimentaron hasta llegar al orgasmo fue maravilloso.

Alice nunca se había sentido tan feliz. Era afortunada por tener un amante como Jasper. Incluso se sentía agradecida hacia su padre por habérselo presentado. Merecía la pena correr aquella aventura y confiaba en que durara mucho tiempo.

A la mañana siguiente, cuando se marchaban del hotel, Jasper le preguntó:

-¿El próximo sábado por la noche estarás libre? He reservado una mesa en el Universal, el restaurante de Christine Manfield.

«Para ti estoy libre en cualquier momento», pensó ella, entusiasmada con la idea de no tener que esperar más de una semana para volver a verlo.

-Sería estupendo -dijo ella, tratando de no parecer demasiado ansiosa. Tenía que controlar aquella relación. Jasper no estaba deseando quedar con ella en cuanto tenía un momento libre y sería mejor si ella conseguía mantener la distancia también.

-¿A la misma hora? -preguntó él.

-Perfecto.

-¡Estupendo!

Le dedicó una sexy sonrisa y Alice consiguió sonreír también, a pesar de que estaba tensa por dentro. Tuvo que morderse la lengua para evitar poner en voz alta sus pensamientos. «¿Por qué no podemos pasar el día juntos? No interferiré en los trabajos de reforma de tu casa. Te ayudaré. Podemos hablar, reírnos, disfrutar de estar juntos».

Jasper no debía enterarse de que ella lo deseaba más que él a ella, ya que si no quedaría en una posición de poder.

¿Su madre habría caído en esa trampa con su padre, al demostrarle lo necesitada que estaba? Si había sido así, él se había aprovechado de su vulnerabilidad. Ella no estaba segura de si Jasper seria así o no, pero su instinto le decía que no debía mostrar ninguna debilidad.

Era mejor mantener lo que habían acordado. Y si más adelante cambiaba algo, tendría que ser Jasper el que tomara la iniciativa. Y no ella, y mucho menos ese día.