Capítulo 10

El resto del domingo transcurrió sin una llamada de Jasper.

El lunes, tampoco tuvo noticias de él.

«Lo más probable es que me llame el viernes», pensó Alice, tratando de concentrarse en sus estudios universitarios y de no distraerse pensando en que Jasper no la había llamado. Pasara lo que pasara con él, ella debía continuar con su vida y obtener buenas notas. Sin embargo, por mucho que razonara sentía mucha nostalgia y se le formaba un nudo en el estómago cuando pensaba en él.

El martes por la tarde, se sorprendió al ver el coche de su padre aparcado frente a la casa. Él nunca salía temprano de trabajar y ni siquiera eran las cinco. ¿Le habría sucedido algo malo a su madre? ¿Un accidente? ¿Una enfermedad? No podía imaginar un motivo que no fuera una emergencia para que su padre hubiese regresado tan pronto a casa.

Corrió hasta la puerta principal, abrió rápidamente y entró en la casa.

-¿Mamá? ¿Papá? -llamó con nerviosismo.

-¡Entra, Alice! -la voz de su padre resonó desde el salón-, ¡Te estaba esperando!

Ella se detuvo en seco con el corazón acelerado. Su padre estaba rabioso. Completamente furioso.

Se abrieron las puertas del salón. Alice enderezó la espalda y dio un paso adelante.

Al entrar en el salón, Alice encontró a su madre acurrucada en la esquina de uno de los sofás, con el rostro pálido y abrazándose como si tuviera miedo de descomponerse. Su padre estaba de pie detrás de la barra, sirviéndose un whisky con hielo. Tenía el rostro colorado y la botella estaba medio vacía.

-¿Todavía te ves con Jasper Hale? -le preguntó a Alice.

No tenía sentido tratar de escabullirse cuando su padre estaba de ese humor.

-No lo sé -contestó ella con sinceridad.

-¿Qué quieres decir con eso? No te hagas la idiota, Alice.

Ella se encogió de hombros.

-Estuve con él el sábado por la noche, pero no ha vuelto a hacer planes para que nos veamos.

Su padre resopló y dijo:

-Ha tenido su último triunfo acostándose con mi hija.

-Carlisle, no es culpa de Alice -dijo la madre, mostrando más coraje del habitual-. Tú se lo presentaste.

El padre comenzó a gritar.

-¡El muy canalla ha jugado sus cartas a la perfección! ¡Cualquiera se habría sentido atraído por él!

-Entonces, no culpes a Alice -suplicó la madre.

¿Qué había hecho Jasper? Alice no comprendía nada. Se acercó al sofá y se sentó junto a su madre.

-¿Qué ocurre, papá? -preguntó ella.

-Ese bastardo ha llevado todos mis negocios al tribunal de auditores y han suspendido mi actividad en el sector. Estoy pendiente de una investigación.

-¿Suspendido? -por eso estaba en casa tan temprano, pero...-. ¿Una investigación de qué?

-Nunca te ha interesado mi trabajo, Alice, así que no es asunto tuyo.

-Quiero saber de qué te acusa Jasper.

Él la señaló con un dedo.

-Lo único que tienes que saber es que él estaba empeñado en destrozar mi negocio durante el tiempo que ha trabajado para mí. Liarse contigo ha sido la guinda para él.

-¿Porqué? Hablas como si fuera una vendetta personal.

-Es una vendetta personal -la miró de arriba abajo-. Todo lo personal que puede ser que te haya puesto las manos encima y se haya tomado todas las libertades que quisiera.

-¡Carlisle! -protestó la madre.

Él la ignoró.

-Y tú le dejaste, ¿verdad? ¡Mi hija! -exclamó el padre.

Alice se negó a contestar.

-Él se habrá deleitado cada vez que te hayas rendido a sus pies.

-Esto no trata de mí, papá -dijo ella, todo lo tranquila que pudo-. Está claro que yo soy un asunto incidental. ¿Por qué Jasper tiene una vendetta personal contra ti?

-¡Por JQE! -exclamó el padre.

-Eso no significa nada para mí -insistió Alice.

Él la miró de forma despectiva, como si su ignorancia fuera otra púa envenenada para su orgullo.

Ella lo miró con desafío.

-Creo que tengo derecho a saber de qué he sido víctima.

-JQE era la empresa de su padrastro -informó el padre de Alice-, Él cree que yo podía haberla salvado y que elegí no hacerlo. El hombre murió de un ataque al corazón poco después de que yo asegurara el cargo del liquidador.

«¡Su padrastro!», pensó Alice.

-¿Tenía un apellido distinto al de Jasper?

-¡Por supuesto! Si hubiese sabido que tenían alguna relación, nunca lo habría contratado.

-¿Cuánto tiempo lleva trabajando en tu empresa?

-¡Seis años! Seis malditos años durante los que ha rebuscado en mis archivos para poder denunciarme.

Un hombre con una misión... James Bond... Oscuro y peligroso...

-¿Y podrías haber salvado la empresa de su padrastro, papá? -preguntó ella, deseando saber si Jasper buscaba justicia o sólo venganza. Jasper adoraba a su padrastro, y era posible que fuera el único padre que había conocido nunca.

-El hombre era un idiota. Incluso con mi ayuda, no estaba en condiciones de rescatar nada. Su esposa estaba muriendo de cáncer. Tratar de continuar con aquello era ridículo.

¿Habría elegido su padre beneficiarse de aquella situación mediante el cobro de grandes cantidades de dinero para llevar adelante el proceso de liquidación?

Alice sabía que no conseguiría que su padre le contara la verdad. Él sólo intentaría conseguir sus objetivos. Siempre lo había hecho.

En cuanto a Jasper, debía de haber sufrido mucho cuando sucedió todo aquello. Su madre muriéndose de cáncer, su padrastro en bancarrota y falleciendo después, de un ataque al corazón. Debió de ser muy traumático tener que enterrar a ambos progenitores mientras se vendía todo lo que tenían. Ella había notado amargura en su voz cuando él le contó el lado malo del negocio de la bancarrota, el primer día en el jardín, pero no había imaginado que pudiera tener relación con todo aquello sólo por ser la hija de su padre.

Él padre se sirvió otro whisky y amenazó a Alice con el dedo.

-¡No te atrevas a ponerte de su parte en este maldito asunto o te echaré de esta casa, Alice! Él te ha utilizado para demostrarme que soy todavía más idiota por haber confiado también en él al presentarle a mi hija.

¿Habría sido esa la intención de Jasper al tener una aventura con ella? Alice sintió que se le encogía el corazón. Él había controlado todo lo relacionado con sus citas, y había limitado su relación a los sábados por la noche. ¿Se habría deleitado en secreto por tenerla a su disposición? ¿Y por quién era ella?

-Lo que había entre nosotros ha terminado -dijo ella.

-¡Más vale que sea así, mi niña! -dijo con tono amenazante-. Si se pone en contacto contigo...

-No lo hará -Alice estaba segura de ello. Él se había despedido de ella el domingo por la mañana.

-¡No estés tan segura! Sería otro triunfo para él si consigue que vuelvas a su lado.

-No lo hará -repitió ella muy afectada. Lo había amado de verdad y la idea de que él la hubiera utilizado para vengarse de su padre era devastadora.

-Más vale que sea verdad, Alice, porque si me entero de lo contrario, ¡pagarás por ello!

-Estoy segura.

-Estás muy pálida. Es evidente que te gustaba mucho.

Su comentario fue seguido de otro trago de whisky.

-No me encuentro bien -dijo la madre-, ¿Me acompañas a mi habitación, Alice?

-Por supuesto -se levantó para ayudarla.

-Huyes, como siempre -dijo el padre-. Viviremos con esto sobre nuestras cabezas durante meses, Alice. No podrás escapar.

-Ha sido el susto, papá -contestó Alice-, Mamá necesita un tiempo para recuperarse.

-¡Recuperarse! ¡Yo nunca me recuperaré de esto! ¡Nunca! Ese bastardo me ha paralizado.

«No por nada», pensó Alice mientras acompañaba a su madre a la habitación. Jasper debía de haber presentado muchas pruebas contra su padre para que hubiesen suspendido su actividad. Y también las habría reunido durante el tiempo que había quedado con ella.

Alice también necesitaba tiempo para recuperarse.

Su madre se sentía muy débil. Alice la ayudó a acostarse y la tapó.

-No es culpa tuya, mamá -le dijo.

Su madre tenía los ojos llenos de lágrimas.

-No creo que pueda soportarlo si tu padre se queda en casa todos los días.

-No hace falta. Eddie te acogerá en su casa. Sólo tienes que pedírselo.

La madre negó con la cabeza.

-No sería justo para él. No lo comprendes, Alice. Tu padre no toleraría que lo abandonara. Haría algo al respecto.

Alice odiaba que su madre sintiera miedo, pero sabía que no había manera de razonar. Eddie y ella lo habían intentado muchas veces.

-Bueno, no creo que papá esté en casa todo el rato. Saldrá para tratar de solucionar esta situación con todo lo que esté en su mano.

-Sí. Lo hará. Gracias, Alice. Siento mucho que Jasper...

-No hablemos de ello. Descansa, mamá.

La besó en la frente y salió de la habitación antes de que no poder contener las lágrimas. Unas lágrimas de dolor, sorpresa y pena que había conseguido contener delante de su padre. Y de su madre.

Una vez en su habitación, lloró hasta derramar la última lágrima. Durante mucho rato permaneció tan cansada que no podía pensar en nada pero, poco a poco, comenzó a recordar todo lo que había vivido con Jasper y la frase que él le había dicho en el jardín.

«No quiero desearte».

Pero lo había hecho.

La había deseado y, posiblemente, no por quién era, sino a pesar de quién era.

Lo que marcaba una gran diferencia con la interpretación que su padre había hecho acerca del comportamiento de Jasper, en relación con ella.

Eso significaba que ella no formaba parte de su plan de venganza.

De forma inocente tenia relación con el hombre que él consideraba como la causa principal de los años más dolorosos de su vida.

Mirando atrás, comprendía por qué Jasper no había permitido que su relación se convirtiera en algo serio. Él sabía que no tenía futuro desde un principio, pero la había encontrado tan irresistible como ella lo había encontrado a él, y había aprovechado la oportunidad de disfrutar antes de que las circunstancias se lo impidieran.

«Ha sido estupendo. Gracias».

Él no la había utilizado.

Ambos habían elegido satisfacer sus deseos y lo habían disfrutado. Cuanto más razonaba Alice sobre ello, más se convencía de que la aventura que habían compartido no tenía nada que ver con el camino que Jasper había elegido para arruinar a su padre.

Ella recordaba la intensidad con la que habían hecho el amor la noche del sábado, el beso apasionado que habían compartido antes de marcharse del hotel y la expresión de su mirada cuando él le acarició la mejilla en el taxi.

Quizá no quería despedirse.

Quizá él la amaba tanto como ella a él.

Quizá no veía la posibilidad de que pudieran tener un futuro juntos, teniendo en cuenta lo que estaba a punto de hacer.

Eso podía ser cierto... O no.

Dependía de lo que él sintiera por ella.

Tenía que verlo, hablar con él, descubrir la verdad.