Capítulo 11

A Alice le hubiera gustado poder emplear el coche de Edward para recorrer las calles de Woolahra en busca de las casas que estaban reformándose. Habría sido la manera más eficiente de buscar la casa de Jasper, pero sabía que su hermano no habría satisfecho su petición. Así que había decidido no pedírselo. Era mejor que recorriera el vecindario a pie, por mucho que tardara.

Cuando le contó a Edward lo ocurrido, él llegó a la misma interpretación que su padre, insistió en que Alice no debería haberse metido en esa aventura y en que Jasper tenía una misión. Era imposible negar lo último, pero Alice no podía evitar la necesidad de volver a verlo.

Al menos, Edward había quedado con su madre ese día para darle un respiro de la tensión que se acumulaba en su casa. Así, Alice tenía suficiente tiempo libre para cubrir gran parte de la zona de búsqueda, aunque como era domingo no había ningún camión de reformas que pudiera darle una pista. Después de caminar durante tres horas y sintiéndose desanimada por su falta de éxito, decidió parar a comer y a descansar un poco.

Recorrió una calle que llevaba hasta un parque público donde podría sentarse a comer los sándwiches que se había preparado en casa. Alice apenas podía creerlo cuando vio a Jasper. Él estaba en el balcón de un ático pintando de color verde la barandilla de hierro. La puerta de entrada y los marcos de las ventanas eran del mismo color, y quedaban muy bien con los ladrillos de color rojo de la casa.

Él también tenía buen aspecto. Ella lo miró un instante, invadida por una terrible sensación de inseguridad. ¿Sería una completa idiota por haber ido hasta allí? ¿Y qué pasaba si lo era? No era tan grave si, después de todo, terminaba sintiéndose humillada.

Jasper levantó la cabeza y la vio enseguida.

-¡Alice! -exclamó con cierto tono de angustia-, ¿Qué haces aquí?

-Necesito hablar contigo -soltó ella.

Él negó con la cabeza.

-No voy a hacerte ningún bien -miró hacia una furgoneta que estaba aparcada al otro lado de la calle-. Lleva ahí desde el miércoles. Diría que tu padre me está vigilando y no creo que le gustara que lo informaran de que has venido a verme. Si sigues caminando, a lo mejor no le dan importancia.

La amenaza de su padre invadió su cabeza. «Pagarás por ello».

En esos momentos, a Alice no le importaba. Jasper acababa de demostrarle que se preocupaba por ella. Eso era lo más importante de todo. ¿O es que intentaba quitársela del medio lo más rápido posible?

-Tengo que saberlo -dijo ella con decisión-. No me iré hasta que me cuentes la verdad.

Él puso una mueca de dolor y movió la mano como para restar importancia a sus palabras.

-Ya sabías que lo nuestro debía terminar. Recuérdalo por lo que fue y continúa con tu vida.

-¿Qué pasó, Jasper?

-También lo sabes -contestó él.

-No, no lo sé. No me contaste nada acerca de lo que era más importante para ti. No sé si te atraía acostarte conmigo mientras planeabas destrozar a mi padre, o si era algo más. Quiero saberlo antes de marcharme.

Jasper miró a la mujer a la que nunca debería haber acariciado y percibió el dolor que sentía. Seguía siendo la mujer más bella y deseable que había conocido nunca y odiaba tener que separarse de ella. Tenía que hacerlo, pero ¿era necesario hacerlo de modo que ella despreciara lo que habían compartido?

Jasper quería que ella tuviera un buen recuerdo de él. Sin embargo, ¿Cómo podía calmar su dolor y protegerla de la ira de su padre al mismo tiempo? Sin duda, los hombres de Cullen lo estaban vigilando e informarían de aquel encuentro. Cuanto más durara, peor sería para Alice cuando regresara a casa.

-Hay un parque al final de la calle -dijo él señalando en la dirección, como si ella hubiera preguntado por aquel lugar.

-¡Lo sé! -exclamó enfadada-, ¿No puedes contestarme sin más?

Él miró hacia la furgoneta.

-Me encontraré contigo allí cuando termine de pintar. Vete, Alice. Ahora.

Centró la atención en el trabajo que estaba haciendo y se agachó para mojar la brocha en el bote de pintura, confiando en que la urgencia de su voz hiciera que ella se marchara. Al cabo de un momento se percató de que Alice se había marchado.

Él continuó pintando despacio, demostrando que no tenía prisa por terminar el trabajo. Aprovecharía para pensar, y para decidir que debería ser escueto con Alice, evitar tomarla entre los brazos y demostrarle que la pasión que había sentido por ella había sido real. Y que seguía siéndolo. Debía ignorar la tensión de su entrepierna. Aquel encuentro debía servir para dejarle las cosas claras y después permitir que se marchara.

El estrecho pasillo que transcurría por la parte trasera de las terrazas de las casas permitiría que se marchara sin que lo vieran. Regresaría por el mismo camino. Un último encuentro. Nada más.

«Sí que le importo», pensó Alice con alegría mientras se dirigía al parque. Jasper no tendría por qué molestarse en reunirse con ella si no significara nada para él. Si ella hubiese formado parte de la vendetta que él tenía hacia su padre, la habría humillado en la calle. Era evidente que su presencia le había hecho recordar lo que habían compartido, lo que habían tratado de finalizar.

Pero no lo habían conseguido. Ni para ella, ni para él.

La atracción que había entre ambos era demasiado potente como para pasarla por alto.

Alice estaba segura de ello.

Encontró un banco bajo la sombra de un árbol y se sentó a esperar, sin molestarse en sacar los sándwiches que había preparado. Su corazón estaba hambriento de otro tipo de necesidades. Jasper se reuniría con ella pronto. Jasper, el hombre al que amaba... y al que siempre amaría. ¿Sentiría él lo mismo por ella?

¿Habría roto con ella únicamente por la situación que tenía con su padre?

Alice no tenía ni idea de cuánto tiempo esperó. Estaba obsesionada con encontrar la manera de poder continuar con la relación, un lugar secreto, lo que fuera necesario para evitar que su aventura no terminara. Cuando vio que Jasper se acercaba a paso ligero, se puso en pie, apenas controlando su deseo de correr a sus brazos. Primero tenían que hablar, aunque si él la abrazara...

No lo hizo. Tampoco sonrió al verla, ni le brillaban los ojos. Cuando llegó a su lado, la agarró de las manos y dijo:

-No tenía intención de hacerte daño, Alice. Pensé que podríamos satisfacer nuestros deseos y darnos placer. Nada de eso tenía que ver con tu padre. Eras tú la mujer con quien deseaba estar, y no por el hecho de que fueras su hija.

Le acarició el dorso de la mano y la miró a los ojos.

Alice creía que decía la verdad.

-Deberías haberme contado lo que ibas a hacer, Jasper -soltó ella-. No habría sido tan malo que me lo hubieses dicho.

Jasper puso una mueca.

-No quería estropear nuestra última noche juntos hablando de tu padre, y de mi pasado. Y si te lo decía tampoco iba a cambiar nada.

-Me habría preparado.

-Sí. Eso lo veo ahora. Lo siento. Pensé que lo comprenderías. Lo que tuvimos fue un paréntesis en nuestras vidas, Alice -le apretó las manos-. Debes olvidarlo y continuar.

-No quiero hacerlo, Jasper. Fue demasiado bueno como para olvidar. Tú deberías sentir lo mismo -suplicó.

Jasper negó con la cabeza.

-No hay manera. Tu padre se enterará, y resistirse a él sólo servirá para que os lo haga pasar peor a tu madre y a ti. Me dijiste que ella te necesita. Y todavía tienes que sacarte la licenciatura. Cualquier relación conmigo te costará demasiado.

Si él estaba bajo vigilancia... Sí, sería demasiado arriesgado. Ya tenían bastante tensión en casa. Sin embargo, dejar escapar la relación que tenía con Jasper... Todo su cuerpo se negaba a abandonar.

-¿Y qué pasará cuando todo haya terminado, Jasper? ¿Podríamos retomar la relación?

Él negó con la cabeza pero, al contestar, puso una mueca de dolor.

-El proceso para acusar a tu padre por corrupción puede durar años, Alice.

-¿Es culpable?

-Sin duda.

-¿Irá a la cárcel?

-Lo expulsarán del sector. Dudo que tomen otro tipo de medidas.

Su madre no tendría alivio alguno. Ni escapatoria, a menos que...

-Cuando consiga mi licenciatura y un buen trabajo, me independizaré. Quizá pueda convencer a mi madre para que se venga a vivir conmigo. Así nos libraremos de mi padre.

-Quizá... -dijo él, pero su mirada mostraba incredulidad.

La esperanza que Alice tenía acerca de poder mantener una relación con él en un futuro se veía truncada.

-¿De veras quieres que esto sea un adiós, Jasper?

-No. Pero no veo ninguna otra alternativa.

-Tienes mi número de teléfono móvil. Podrías llamarme de vez en cuando, ver cómo van las cosas -sugirió ella, tratando de no mostrar su desesperación.

Jasper dejó de mirarla a los ojos y se fijó en sus manos entrelazadas. La acarició de nuevo y murmuró:

-Deberías olvidarte de mí, Alice. Conocerás a otro hombre que no te haga la vida tan difícil a causa de su pasado.

-No conoceré a nadie más como tú -dijo ella, luchando por un amor que quizá no volviera a sentir nunca.

Él suspiró y susurró.

-Yo tampoco -la miró a los ojos otra vez-. No voy a llamarte de vez en cuando. No quiero retenerte. Cuando termine con tu padre, pase el tiempo que pase, me pondré en contacto contigo para ver qué ha pasado con tu vida y qué es lo que sentimos el uno por el otro.

-Prométeme que lo harás, Jasper. Pase lo que pase hasta entonces, prométeme que volveremos a vernos.

-Lo prometo -se inclinó hacia delante para besarla en la frente-. Se fuerte, Alice -murmuró.

Antes de que ella pudiera contestar, él la soltó de las manos y se marchó. Ella observó cómo se alejaba, sintiendo que la distancia se incrementaba entre ambos con cada paso que daba.

Le había prometido que se volverían a ver. Quizá fuera muchos años después, pero no creía que el tiempo cambiara lo que sentía por él.

Y tenía muchas cosas por conseguir. Tenía que finalizar los estudios y tratar de convencer a su madre de que se podía vivir de otra manera, libre de abusos y represión.

No sería un tiempo perdido.

Estaría mejor preparada para continuar su aventura con Jasper Hale cuando se volvieran a encontrar... Sería mayor, más fuerte y estaría en unas condiciones más parecidas a las de él. Podría esperar a que llegara ese momento.