Capítulo 14

El primer día de juicio Alice se vistió con el traje negro que empleaba para las reuniones de trabajo. Deseaba que Jasper la viera como una mujer adulta, establecida en su carrera profesional y capaz de mantenerse por sí misma. El traje acentuaba su silueta y Alice se dejó el cabello suelto para parecer sexy. Quería que él recordara los momentos de placer que habían compartido.

Tenía toda la semana para entrar en contacto con él, puesto que había pedido días libres en el trabajo, pero prefería hacerlo cuanto antes. Llegó temprano a los juzgados y miró en la sala de espera yen los pasillos, pero no lo encontró. Entró en la sala de juicios y se acomodó en uno de los bancos, convencida de que allí lo vería en algún momento.

Su padre estaba sentado junto a su abogado. Él la vio y la fulminó con la mirada antes de volver la cabeza.

A Alice no le importaba lo que él pensara. Sólo le importaba lo que pensara Jasper.

Comenzó el proceso. Jasper no había entrado en la sala. Alice escuchó las preguntas que su padre debía contestar. Aquello era en lo que Jasper había estado trabajando en secreto, a lo que había dado más importancia que a su relación.

Nombraron dieciséis empresas, y JQE estaba entre ellas. Empresas que podían haberse salvado gracias a créditos puente pero que su padre había elegido destruir, aprovechándose para cobrar mucho dinero gracias a sus servicios como liquidador.

El juez lo describió como una actuación basada en intereses personales.

El día transcurrió sin rastro de Jasper, ni en la sesión de la mañana, ni en el descanso para comer, ni en la sesión de la tarde.

Su padre fue el único testigo convocado. Admitió que había ganado entre cuatro y seis millones de dólares al año gracias a las empresas en quiebra, pero insistió en que el proceso había sido el adecuado yen que era inocente. Alice odiaba tener que oír sus palabras. No dejaba de mirar a su alrededor, tratando de buscara Jasper y deseando que apareciera.

¿Por qué no estaba allí?

Sin duda, aquello era la culminación de su misión.

¿No debía escuchar lo que su padre decía para poder refutarlo?

Jasper estaba sentado en uno de los despachos, esperando a que el abogado de la acusación le informara sobre la sesión de la tarde. Estaba seguro de que Carlisle Cullen sería castigado por corrupción. La puerta de cristal le permitía ver la entrada de la sala de juicios. Al ver que entraba en ella un grupo de gente supo que había terminado la sesión.

Jasper reconoció a los periodistas que habían intentado entrevistarlo. El caso estaba teniendo bastante repercusión en la prensa de economía. Y eso era bueno. Cuanta más gente supiera lo que sucedía, más gente podría prevenirlo.

¡Alice!

Jasper se puso en pie asombrado de verla entre los asistentes. Se preguntó qué estaría haciendo allí y deseó acercarse a ella para estrecharla entre sus brazos. Había pasado casi un año, pero su imagen había provocado que su cuerpo ardiera de deseo otra vez.

Estaba muy guapa. El traje negro que llevaba resaltaba su silueta y su suave melena pedía que la acariciaran. Jasper notó una fuerte tensión en la entrepierna. Nunca había deseado tanto a una mujer. Si se acercaba a ella, ¿respondería de forma amistosa o...?

Lo más probable era que lo rechazara, teniendo en cuenta que se había creído la historia que su padre le había contado acerca de las fotografías que ella le había enviado después. Sin duda, estaba allí para apoyar a su padre.

Observó cómo se detenía frente al ascensor y esperó a que las puertas se cerraran detrás de ella. Un sentimiento de pérdida lo invadió por dentro.

Al día siguiente tenía que presentarse como testigo. Si Alice asistía al juicio otra vez... Conseguiría que creyera todas sus palabras, todas las declaraciones acerca de su padre. Quizá él no ganara nada a nivel personal pero, al menos, ella no continuaría apoyando a su padre, el hombre que había estropeado la posibilidad de que forjaran un futuro juntos.

El segundo día...

Alice acababa de sentarse en la última fila de la sala cuando su padre se puso en pie, empujando de manera violenta la silla que ocupaba en la mesa de su abogado. La miró furioso y se acercó a ella por el pasillo, con intención de buscar enfrentamiento.

Ella permaneció sentada, dispuesta a lidiar con su ira. Desde que su madre y ella se habían marchado de casa, antes de Navidad, ningún miembro de la familia había tenido contacto con él. Su padre ya no tenía poder sobre ellas. No podía hacerle nada, y menos en público. Pero si las miradas mataran, ella ya habría muerto.

-¿Qué diablos estás haciendo aquí? -preguntó él muy enfadado.

-Escuchar-contestó ella con tono cortante.

-¿Has vuelto con Jasper Hale?

-No.

-Lo estás buscando.

-Me mentiste acerca de él, papá. He venido a escuchar la verdad.

-¡La verdad! -exclamó él-. Tú te beneficiaste también de la ruina de su padrastro. Ésa es la verdad. Y Hale no lo olvidará con facilidad.

La aparición del juez obligó a que el padre regresara a la mesa del abogado. Alice estaba temblando tras el encuentro. Confiaba tanto en poder retomar su relación con Jasper que no había valorado otros factores. Alice seguía siendo la hija de su padre y era posible que Jasper hubiese conseguido olvidar todo lo que sentía por ella, sobre todo después de que lo hubiese acusado de algo falso.

Al oír que llamaban a Jasper, enderezó la espalda y apretó las piernas con fuerza. Jasper vestía un traje gris y estaba tan atractivo que ella sintió un nudo en el estómago al verlo. Incluso el sonido de su voz provocó que los recuerdos íntimos aparecieran en su mente.

Él miró alrededor de la sala antes de sentarse. Durante un instante, posó la mirada sobre ella. No sonrió, ni cambió la expresión de su rostro al verla. Ella tampoco sonrió. Los sentimientos que la invadían eran demasiado intensos. Deseaba que Jasper supiera que estaba allí por él. Al instante, Jasper miró al abogado de la acusación y se acomodó en la silla.

No volvió a mirar a Alice.

Ni una vez.

Alice escuchó su testimonio y comprendió que la actuación de su padre no tenía en cuenta el interés de las empresas. Se había dedicado a facturar grandes sumas de dinero a los empleados, incluso a la chica que preparaba los cafés. En una reunión con los acreedores, el precio del café que les sirvieron ascendía a unos ochenta dólares la taza.

-No está mal -dijo el juez con ironía.

-No es plato de buen gusto cuando los acreedores nunca llegaron a obtener lo que les correspondía -contestó Jasper, con la misma ironía.

Continuó presentando la lista de pruebas y respaldándolas con cifras que sólo daban lugar a un claro caso de corrupción. Alice se sintió avergonzada por ser la hija de un hombre al que no le preocupaba hacer daño a la gente mientras él consiguiera ganar más dinero. Ella sabía que era un hombre cruel, pero no imaginaba que su desprecio por los demás llegara tan lejos.

Comprendía por qué Jasper tenía tanto interés en que aquello sucediera, sobre todo teniendo en cuenta lo que le había pasado a sus padres. Hacía bien en delatar a su padre, así evitaría que otras personas sufrieran situaciones similares. Lo admiraba por ello. Pero su padre tenía razón. Ella seguía siendo su hija y por tanto también había disfrutado de los beneficios que él había obtenido a costa de su familia. No era culpa suya pero, para Jasper, también estaría manchada por el delito.

«No quiero desearte», Laura recordó sus palabras.

Y no había muestra alguna de que él continuara deseándola. Ni siquiera había vuelto a mirarla, y probablemente odiaba que ella estuviera allí para recordarle sus momentos de debilidad.

«Sé fuerte...».

Su manera de comportarse, su voz, su exposición de los hechos, todo ello había demostrado la fortaleza de Jasper. Era evidente que no iba a tratar de retomar la relación con ella. Alice salió de la sala en cuanto terminó la sesión de la tarde. No tenía sentido que regresara al día siguiente. Era evidente que Jasper había pasado página y ella debía hacer lo mismo.

Se dirigió al ascensor y apretó el botón de bajada. Otras personas se detuvieron a su lado para esperar al ascensor. Estaban comentando la sesión y decían que su padre era un gran estafador. Nadie mostraba lástima por él.

De pronto, Alice decidió que no podía permitir que Jasper pensara que estaba allí para apoyar a su padre. Llegó el ascensor, y se echó a un lado para que pasara la gente. Era lo último que le quedaba por hacer, por respeto a sí misma.

Jasper salió de la sala de juicios con su abogado. Alice decidió que no le importaba si interrumpía algo importante. Lo que tenía que decir era breve y muy importante para ella. Apretó los puños, alzó la barbilla y se acercó a ellos.

Jasper levantó la vista al sentir que se acercaba. La miró fijamente y escuchó lo que le decía su abogado. Jasper gesticuló con la mano como para quitarle importancia y continuó mirando a Alice. Ella se detuvo a poca distancia.

-He descubierto que mi padre mintió sobre las fotografías. Siento que dejara que influyeran en mi opinión sobre ti, Jasper. Te deseo lo mejor.

Eso fue todo.

Se volvió y se dirigió hacia el ascensor, donde otro grupo de gente esperaba a que llegara. Ya podía marcharse, después de haber reconocido que se había equivocado con Jasper. Y le había deseado lo mejor. Era un buen hombre.

¡Ella no lo odiaba!

La barrera que Jasper había erguido a su alrededor para proteger sus sentimientos hacia Alice Cullen se rompió de golpe. ¿Qué quería decir con aquellas palabras? Ni siquiera le había dado tiempo a responder. Se había marchado sin esperar a que hablara.

¿Desde cuándo sabía que su padre la había engañado? Si hubiese sido antes del juicio, no habría ido allí para apoyarlo. ¿O es que había ido por curiosidad, para conocer todo acerca de lo que había puesto límites a su relación con él? Sin duda, no se habría molestado a menos que todavía sintiera algo por él.

«Te deseo lo mejor», recordó sus palabras.

Era una despedida.

Pero Jasper no quería que así fuera. Deseaba...

Se abrió la puerta del ascensor. Alice entró con el resto de personas que estaban esperando. Se estaba marchando y él no podía permitir que ocurriera.

Sin pensarlo, se llevó los dedos a la boca y emitió el silbido más penetrante que había emitido nunca.