Capítulo 15

El silbido sobresaltó a todos los que andaban por allí. La gente dejó de hablar por un momento y se volvió para mirarlo. Alice recordó de inmediato la nota que le había enviado a Jasper.

«Si algún día quieres que volvamos a vernos, Jasper, tendrás que silbar para llamar mi atención. Voy a continuar con mi vida».

¿Había sido él? Por favor... Que fuera cierto que quería reunirse con ella otra vez.

La gente entró en el ascensor, pero Alice permaneció fuera, otra vez. Se volvió para comprobar si había sido Jasper el que había silbado.

Jasper se dirigía hacia ella con decisión y mirándola fijamente a los ojos.

-Ha pasado mucho tiempo -le dijo, deteniéndose a su lado.

-Sí -contestó ella, confusa por la mezcla de sentimientos.

-Hay una buena cafetería en la esquina del siguiente bloque. ¿Puedo invitarte a un capuchino?

Ella tragó saliva para deshacer el nudo que tenía en la garganta.

-Me encantaría -contestó.

-¡Bien! -dijo él, y la rodeó para apretar el botón del ascensor. Jasper le dedicó una sonrisa-. Yo también te deseo lo mejor, Alice. Siempre lo he hecho.

Ella asintió.

-¿Sigues viviendo con tu padre?

-No. Trabajo a jornada completa en un estudio de arquitectura, como paisajista. Tengo mi propio apartamento.

-¿Y tu madre?

-Se mudó al mismo tiempo que yo. Está bien. Mucho más feliz.

-¿Vive contigo?

-No. Con Nick Jeffries, el jardinero de nuestra casa. Él es viudo, y están muy enamorados.

-¡Vaya! -exclamó Jasper, sorprendido-. Supongo que ya no tienes que preocuparte por ella.

-No. Nick ha hecho que se convierta en una mujer resplandeciente y positiva.

-¡Eso es magnífico!

Jasper parecía alegrarse de verdad. ¿Por qué no quería que nadie fuera víctima de su padre o porque se alegraba de que ella se hubiera independizado y quizá pudiera retomar la relación con él? ¿Era eso? Ella seguía siendo la hija de Carlisle Cullen. Eso no podía cambiarse.

Cuando llegó el ascensor, Jasper gesticuló para que Alice pasara primero. Eran los únicos que bajaban en ese viaje. Jasper permaneció en silencio. Alice era demasiado consciente de su presencia como para pensar algo que decir. Los besos apasionados y las deliciosas caricias que habían compartido invadían su cabeza. Tuvo que apretar las piernas para detener el ardiente deseo que se apoderaba de ella por momentos.

Mientras caminaban por la calle, ella deseaba que él la agarrara de la mano, pero él no mostraba ningún interés por acercarse a ella. Una vez en la cafetería, Jasper la guió hasta una mesa y esperó a que ella se sentara para ocupar la silla de enfrente.

-Como en los viejos tiempos -comentó ella.

-Ha llovido mucho desde entonces. ¿Estás contenta con tu profesión?

Alice asintió.

-Me encanta. ¿Y tú, Jasper? ¿Has empezado a reformar otra casa?

-Sí. Vendí la última que hice.

-Lo sé.

Él la miró intrigado y ella se sonrojó al darse cuenta de que se había delatado.

-El día que nos marchamos de casa, mi madre me entregó un sobre con las fotografías que había encontrado en la caja fuerte de mi padre. Entonces me di cuenta de que te había tendido una encerrona y me había contado una historia falsa...

-Te dijo que yo era un mentiroso -Jasper terminó la frase por ella-. No te culpo por haberlo creído, Alice. Fue culpa mía. No debería haberte tocado jamás. Hice que quedaras en una posición muy mala mientras yo me ocupaba de arreglarlo todo para enfrentarme a tu padre.

-En cualquier caso, yo me sentí muy mal por haberte echado de mi vida sin más y me dirigí a Woollahra para pedirte disculpas. Pero ya te habías marchado de allí. No tenía manera de encontrarte, y por eso vine al juicio. Me alegro de haberlo hecho. Oír todo lo que se ha dicho ha hecho que comprenda por qué necesitabas enfrentarte a mi padre. Tenías motivos para hacerlo. Y te deseo lo mejor, Jasper.

El camarero se acercó para tomarles nota y Jasper pidió dos capuchinos. Le preguntó a Alice si quería algo de comer, pero ella negó con la cabeza. Sentía un nudo en el estómago. Cuando el camarero se marchó, Jasper la miró durante unos instantes.

-No ha terminado, Alice -dijo él-. Durante los próximos días se dirán cosas muy feas sobre mí.

-¿Y serán ciertas? -preguntó ella.

-No a nivel profesional. Él no puede negar la evidencia que hay en su contra. Confío en que nada cambie el resultado final. Lo han echado del sector, a pesar de lo que diga en mi contra para desacreditarme.

-¿Sabes lo que va a decir? -Jasper puso una mueca.

-Tú eras mi única debilidad, Alice. Imagino que atacará mi forma de ser relacionándola con la relación que tuve contigo.

Ella frunció el ceño.

-Pero eso no tiene nada que ver con cómo manejó su negocio.

-Supongo que intentará relacionarlo.

Alice deseó que se demostrara lo canalla y mentiroso que había sido su padre, y que fuera él quien sufriera por una vez.
Se inclinó hacia delante y dijo:

-Me he tomado una semana libre en el trabajo. Podría testificar a tu favor. Yo sé que no me hiciste nada malo, Jasper.

-Ésta no es tu batalla, Alice. Cometí un error al ponerte en la línea de fuego y no volveré a hacerlo.

-Sí es mi batalla -se quejó ella-. Me he llevado las balas y quiero devolverlas. No me avergüenzo de haber tenido una relación contigo. Tendremos mucha más fuerza si nos enfrentamos a esto juntos. Imagino que te darás cuenta de que todo lo que mi padre crea que puede sacar gracias a nuestra relación, dejará de tener sentido si seguimos juntos.

-¿No hay ningún otro hombre en tu vida, Alice?

La pregunta hizo que se sobresaltara.

-No. Estoy libre.

De pronto, se le ocurrió que quizá él no lo estuviera. No la había tocado.

Sólo porque su recuerdo hubiera impedido que ella se fijara en otros hombres no significaba que a él le hubiera pasado lo mismo.

-Lo siento. No pensé que... -se sonrojó antes de terminar la frase-. Si tienes otra relación, por supuesto que esto no funcionará.

-No la tengo -dijo él, y estiró la mano para acariciarla-. No hay nada que me atraiga más que volver a salir contigo, Alice. Sólo quiero estar seguro de que a ti te parece bien.

Una intensa felicidad invadió su corazón. Ella lo miró, incapaz de creer que podría tener otra oportunidad con él. El calor de su mano se extendió por su cuerpo, prometiéndole el amor que anhelaba.

-¿Me enseñarás la casa que estás reformando?

Era una pregunta crítica, con la que valoraría hasta qué punto él estaba dispuesto a comprometerse.

Jasper puso una sonrisa y el brillo iluminó su mirada.

-¿Será demasiado pronto si vamos cuando terminemos el café?

Ella se rió.

-No, no es demasiado pronto. ¿Dónde está?

-En Petersham. A diez minutos en tren de Town Hall, y a un corto paseo de la estación. Tiene buena conexión con el centro de la ciudad.

-¿También es un ático?

-No. Una casita de dos habitaciones con jardín. Lleva abandonada varios años -sonrió-, A lo mejor puedes darme alguna idea acerca de qué hacer con el jardín.

Era tan maravilloso que él quisiera compartir su proyecto con ella que Alice no pudo evitar sonreír.

-Me encantaría diseñar un jardín al estilo antiguo. Hasta ahora, todo lo que he hecho han sido paisajes modernos.

-Entonces tendrás que acompañarme a comprar plantas -dijo él-. Aconsejarme para que compre lo mejor.

Alice estaba feliz con la idea de compartir más tiempo con él.

-Por supuesto -le aseguró, convencida de que volvería a amar a aquel hombre.

El camarero regresó con los capuchinos y Jasper le soltó la mano. Acababa de comenzar otra aventura, una que prometía ser mucho más intensa que la primera que habían compartido. Alice no recordaba ningún café que hubiera tenido tan buen sabor.

Jasper apenas podía creer lo afortunado que era. Alice no había rehecho su vida con otro hombre. Y tampoco había desperdiciado el tiempo que habían estado separados. Se había independizado de su padre y había dejado claro que nunca volvería estar influenciada por él. Ya era irrelevante que fuera la hija de Carlisle Cullen. Simplemente era Alice, la mujer fuerte, bella y encantadora que él amaba. Y lo único que importaba era que podía volver a tenerla a su lado.

Se fijó en que tenía espuma del capuchino en el labio superior y deseó lamérselo para quitársela. Ella se adelantó y se relamió para limpiarse. Lo miró con brillo en los ojos, como si supiera lo que él había pensado.

-No he deseado a ninguna mujer desde que estuve contigo, Alice -dijo él. Era la verdad y necesitaba que ella la supiera. Las malditas fotografías podían haber hecho que ella dudara de lo que él sentía por ella. Aquél era un nuevo comienzo y no podría soportar que nada lo estropeara.

Ella sonrió.

-A mí me ha pasado lo mismo, Jasper, aunque he pensado muchas cosas malas sobre ti.

-La mujer de la fotografía... Me dijo que tenía miedo que la asaltaran de camino a casa y me suplicó que la acompañara después del gimnasio. Fue un acto de amabilidad, Alice, nada más.

-Me gustan los hombres amables. Nick es muy amable con mamá. Papá nunca se portó así con ella.

«Ni contigo. Todo eran exigencias y abusos, si no las cumplías».

Jasper comprendía por qué el matrimonio no era algo atractivo para Alice. Pero quizá pudiera conseguir que cambiara de opinión, si conseguía pasar suficiente tiempo con ella.

Deseaba formar una familia en un futuro. Y deseaba hacerlo con ella.

Alice dejó la taza en la mesa y preguntó:

-¿Hemos terminado? ¿Nos vamos?

El deseo se apoderó de Jasper. No pudo darse más prisa en salir de la cafetería. Se dirigieron a Town Hall agarrados de la mano. La acera estaba llena de gente y, en un momento dado, Jasper echó a Alice a un lado y la abrazó.

-Llevo deseando hacer esto desde que te vi ayer -murmuró él.

-¿Ayer?

-Pensé que habías venido para apoyar a tu padre. Si hubiese sabido que venías por mí...

Él no podía esperar. Igual que el primer día en el jardín, necesitaba besarla y es lo que hizo. Ella lo rodeó por el cuello y lo besó también, provocando que el deseo se apoderara de ellos de forma desenfrenada. Pero no podían satisfacerlo en un espacio público.

Tenían que continuar.

Y eso es lo que hicieron.

Juntos.

Fin