Comenzó guardando sus cosas, en la noche regresaría a Escocia y no quería tener problemas porque le faltaban cosas que guardar o porque compró más ropa y objetos de los que cabían en su maleta, claramente no había ningún problema en pagar el exceso de equipaje, pero necesitaba ver si compraba otra maleta en su última visita al centro comercial.
Hermione había comentado que debían dar su última vuelta por la ciudad, fue Ginny quien metió su cucharón diciendo que quería visitar el centro comercial, el lado comprador obsesivo de Harry no pudo negarse ante esa idea.
Los chicos llegaban en unos minutos para dejar sus cosas en su habitación e irse juntos, ya que el lugar donde ellos se hospedaban tenía menos tiempo de tolerancia en esas cuestiones, tal vez pasaba lo mismo con el hotel en donde se quedaba Harry, pero la hija del dueño lo reconoció y le pidió unas fotos, pudo haber sido un factor importante para que lo tratarán tan bien desde que llegó.
Miró el baño y luego la habitación, sí definitivamente había guardado todo y ya tenía en una bolsa las cosas que no cabían en su maleta. Puede que haya comprado muchas cosas, pero debía admitir que la mayoría eran para sus padres y algunos seres queridos, como Albus, su abuelo no sanguíneo.
Había estado desanimado desde el encuentro con Tom, había convencido a sus amigos a ir a un bar de la misma zona donde se habían encontrado, pero eso no volvió a suceder.
Pasó por la misma calle, caminó entre los puestos de la avenida, cenó en un restaurante cercano y no logró toparse con la mirada del joven.
Se odiaba en esos momentos y estaba seguro que su depresión había sido percibida por sus amigos, quiénes se habían esforzado el doble para alegrarlo, pero, como era de esperar, no lo lograron.
Pero Harry sabía que ése sería el único momento en el que estaría deprimido, cuando llegara a Escocia iba a tener que trabajar más duro por los días de descanso que se habían tomado.
La puerta de su habitación fue tocada después de un ligero grito de Hermione, bien, ya era hora de gastar toda su depresión en dinero.
Abrió la puerta y la primera en entrar fue Ginny, quien dejó su maleta en la cama y volvió a salir tan rápido como entró. Ron entró después de eso con la maleta de Hermione, quien miraba su celular.
—El uber llega en cinco minutos, deberíamos de bajarnos lo más pronto posible para no hacerlo esperar...
—Dame un respiro —interrumpió Ron a su novia para respirar profundamente, algo agitado de haber cargado tanto peso.
—Sí, pasen, buenos días —murmuró Harry poniendo los ojos en blanco.
—Oh, perdón, Harry —murmuró Hermione sonriendo—. Venimos algo apurados porque Ron no quería hacer su maleta y terminó haciendo todo de último momento.
—Como de costumbre.
Hermione asintió y le dio un gran abrazo, el ojiverde lo aceptó con alegría.
—Feliz cumpleaños —susurró Hermione y, antes de que pudieran separarse, Neville entró a la habitación para unirse al abrazo.
Ron esperó hasta que se separaran para darle su peculiar apretón de manos.
No tardaron mucho y bajaron a la recepción para esperar el transporte, el cual no tardó en llegar y, bueno, Hermione terminó sentada en las piernas de su novio a falta de espacio mientras Ginny se sentó al lado de Harry para abrazarlo todo el camino.
Por alguna razón, Harry sentía que el día pasaría de forma rápida, pero no dudaría en disfrutar cada minuto.
—Dios mío, estoy muy cansada —murmuró Ginny sentándose en la mesa que la mesera les había asignado.
—¿Cansada tú? —bufó Ron— Si Neville y yo terminamos cargando todo lo que Herms y tú compraron.
—Uno se cansa de elegir lo que va a comprar, Ron —comentó Harry con burla
—¡Exacto! —chilló Ginny sonriendo—, aunque tú deberías estar más cansado, fuiste quien compró más cosas.
—Sí, pero yo tengo mi nueva maleta con llantitas, sólo tuve que jalar —contestó encogiéndose de hombros.
—Bueno, mínimo espero su agradecimiento con una buena comida —comentó Ron mirando el menú.
Todos pusieron los ojos en blanco, pero nadie estuvo en contra de eso, fue Ron quien había cargado incluso más cosas de las que Neville había sostenido.
Los minutos pasaron y le dieron su orden a la señorita encargada de su mesa, quien parecía muy nerviosa cada vez que miraba a Harry. El ojiverde sólo le sonreía de tal forma que se sintiera tranquila, pero eso sólo lograba empeorar todo.
La comida no tardó en llegar, la mesera comentó algo a lo que sólo Harry y Hermione pudieron contestar, agradeciendo también por el aviso.
—Se me hace algo injusto que sólo ustedes puedan hablar español —comentó Ron agarrando su tenedor, dispuesto a darle una probada a su comida.
—Ron, espera, la señorita digo...
—Aunque también nos han servido muy bien como traductores, cosa que agradecemos —siguió ignorando a la castaña y, justo cuando terminó de hablar, metió un gran pedazo de comida a su boca.
Harry sólo soltó una carcajada al ver la cara que ponía su amigo mientras Hermione lo miraba sin saber qué hacer, atinando sólo en servirle un poco de agua a su vaso.
Ron dio un trago antes de abrir su boca y, para sorpresa de Ginny y Neville, soltó una pequeña ráfaga de humo.
—La señorita mencionó que estaba muy caliente y tuviéramos cuidado —completó Harry a lo que iba a decir su amiga.
Después de que Ron se calmara un poco y las demás risas que soltaron, comenzaron a degustar la comida con tranquilidad... Bueno, tranquilidad por parte de todo menos de Ron, quien seguía comiendo como si fuera el último día de su vida.
Era una de las cosas que Harry envidiaba de él, Ron podía comer todo lo que quisiera y no engordaba, pero, por su parte, el ojiverde tenía que ir al gimnasio para mantener su figura.
La suerte que tienen algunos.
Terminaron de comer, aunque fue Ron el último en terminar después de que Hermione y Neville decidieran darle lo que les sobró una vez que se llenaron. Harry sólo veía el momento con algo de melancolía, en sus tiempos de universitario eso era un cuento de cada día, pero, ahora que ya no se podían ver tan seguido, definitivamente encontraba la situación con algo de extrañeza.
—Harry no paga porque es el cumpleañero —comentó Neville en cuando vio que el menor empezaba a sacar su cartera.
—No es necesario, chicos...
—Lo es, tú has pagado muchas cosas por nosotros en este viaje, sin mencionar la comida de cumpleaños de Neville —se metió Hermione sin dar lugar a réplicas—. Nosotros nos encargamos de esto, no te preocupes.
Harry asintió.
—¿Les parece si voy al baño y me esperan afuera? —preguntó, no le gustaba ver a las personas pagar algo por él, así que prefería ir al baño, también aprovechaba en no tardar mucho del hotel al aeropuerto— No tardo.
Harry fue directo al baño tras dejar a los chicos haciendo cuentas, no tardó mucho cuando ya se encontraba lavando sus manos.
Suspiró y se miró al espejo.
Son sus últimos momentos en España y no había tenido ninguna señal de Tom, aunque, ¿qué esperaba? ¿Qué Tom abriera la puerta del baño vestido con un traje formal justo como el chico que estaba entrando en ese momento?
Suspiró, claro que no era posible, aunque el chico tenía la misma altura, pose, cabello y...
—¡Tom!
El pelinegro casi salta de su lugar, pero su sorpresa cambió a alegría cuando notó al chico frente a él.
—¿Harry? —preguntó acercándose a él— Vaya, pensaba que no volvería a saber de ti.
—Ni que lo digas, me di cuenta muy tarde que no teníamos ningún tipo de contacto —comentó sonriendo, recargando su espalda baja en el lavamanos cuando Tom estuvo frente a él.
—Perdón por eso, tus ojos me atraparon.
—Yo también tuve la culpa...
No pudo seguir hablando, la cercanía entre los dos hizo que todo aire que llegara a tener se estancara en su pecho, indispuesto a salir por falta de palabras.
La luz del lugar era más fuerte que la oscuridad de la noche, uno pensaría que la oscuridad habría borrado las imperfecciones de Tom, pero la luz sólo hacía resaltar la perfección de sus facciones. Harry no sabía si ese joven realmente era un Adonis o sus gustos personales le decían que era el hombre más guapo del universo.
Creía firmemente en la primera opción.
Detalló nuevamente a la persona frente a él como la primera vez que lo hizo, Tom no se había quedado atrás, los dos parecían pensar lo mismo. Cuando se detuvo a ver los ojos del mayor, notó algo que, sin duda, no había notado la otra noche.
—¿Son de verdad o son pupelentes? —soltó de la nada, haciendo que un sonrojo invadiera sus mejillas.
—¿Por qué no lo compruebas?
La última pregunta fue dicha mientras el mayor se acercaba más a Harry, quien seguía hipnotizado en el color rojizo de los ojos contrarios, a simple vista parecían cafés, pero una buena iluminación le decía que el color de los ojos de Tom era el color más hermoso que podría haber visto en su vida.
—Son hermosos —murmuró poniendo una mano en la mejilla del contrario, Tom sonrió dejando que el contrario le acariciara.
—No tanto como tú.
Sí, bien, Harry hubiera deseado en ese momento que el baño fuera el de su casa y no el de un restaurante, donde cualquier persona podría entrar y ver... ver lo que estaban haciendo y lo que quería hacer.
El ojirojo se acercó más a él, quedándose a sólo unos centímetros de su cara, claramente Harry lo dejaría hacer lo que quisiera, pero el sonido de un celular los hizo detenerse.
Tom gruñó y se alejó de él para poder ver quién le llamaba, pero no le contestó, simplemente colgó la llamada y miró al joven frente a él.
—¿Ocupado? —cuestionó Harry dándole una sonrisa comprensiva.
—Tengo una junta —informó mirándose al espejo y arreglando un poco su cabello—, mi asistente me iba a llamar cuando llegaran las personas, aunque tampoco era mi intención tardarme en el baño...
—Y ya debes irte —terminó la frase, Tom simplemente asintió.
—¿Te parece si me pasas tu número? Podríamos quedarnos de ver en algún lugar.
—Hoy regreso a Escocia, pero ten por seguro que te paso mi número —murmuró sonriendo. Tom desbloqueó su celular y levantó una ceja para que se lo dictara.
Harry no pensó en su madre diciéndole que no le diera su número a desconocidos, ni a su representante gritándole algo sobre confiar tan fácil en personas que podrían secuestrarlo para extorsiones, sólo podía pensar en ver de nuevo a Tom mientras recordaba su nuevo número telefónico.
Terminó de dictarlo y los dos jóvenes se quedaron viendo, dejando que una sonrisa flotara por sus labios antes de salir del pequeño trance.
—Entonces... ¿cómo me veo? —preguntó Tom.
Harry no necesitaba volver a verlo para saber la respuesta, pero no desperdiciaría la oportunidad de volver a comerse al mayor con la mirada.
—Guapísimo.
No pudieron decir algo más cuando el celular del mayor volvió a sonar, haciendo de la despedida un poco más rápida de lo que Harry hubiera querido, pero no podía hacer más.
Tom salió del baño para dirigirse a su reunión y Harry para encontrarse con sus amigos.
No iba a durar mucho tiempo en Madrid, ahora sólo faltaba ir a arreglar las cosas que recién compraron a la habitación y luego irse directo al aeropuerto.
Tal vez su alegría se notó cuando regresó con sus compañeros, porque Hermione pareció estar más tranquila y Ginny un poco más risueña de lo normal. Ron y Neville sólo se habían lanzando una miradita antes de sonreír satisfechos.
Volvieron a tomar un transporte para irse al hotel, todo el camino se la pasó cantando con alegría junto a Ginny mientras Ron tomaba videos y fotos de todo y Hermione discutía con Neville de algo sobre plantas.
No sabía qué estaba pasando por la cabeza del conductor, pero seguro ya no los iba a querer atender.
Llegaron al hotel y subieron a la habitación, Ginny no soportó y cerró la puerta de la habitación después de que todos entraron para mirar fijamente a Harry.
—¿Y bien? —cuestionó.
—¿Y bien... qué?
—¿Qué te trae tan feliz? —reformó la pregunta— Al menos que hacer tus necesidades te hayan puesto de tan buen humor, cosa que no creo, no sabría decir qué te puso tan feliz.
Harry simplemente se quedó callado, pero poco a poco su sonrisa se fue formando junto la imagen mental de Tom.
—Hace unos días había encontrado a un chico guapísimo —comentó mordiendo su labio, Ginny soltó un chillido emocionado—, nos llevamos bien y todo, pero se nos olvidó pasarnos el número...
—¡No! ¿Quéeeee? —esta vez fue Hermione la que decidió hablar, Ron sólo puso los ojos en blanco divertido mientras guardaba lo recién comprado en las maletas.
—Pero me lo encontré en el baño del restaurante...
—¿QUÉ? —gritaron al mismo tiempo Ginny, Hermione y Neville, éste último estaba sentado en la cama.
—Intercambiamos un par de palabras hasta que le pude dar mi número —dijo triunfante, Ginny festejó eso con otro grito, pero Hermione frunció sus cejas para mirarlo con cautela.
—¿Y sí te acordaste que cambiaste recientemente de celular? —preguntó.
—Claro, es fácil de aprender mi nuevo número, en vez de terminar en 87 como el otro, termina en 78 —bufó poniendo los ojos en blanco.
Hermione lo miró por un par de segundos antes de buscar algo en su celular y maldecir.
—Harry, tú nuevo número termina en 79...
—¿QUÉ? —gritaron todos, esta vez Ron estaba incluído.
—No puedes ser, ¿me lo juras? —balbuceó mientras agarraba en celular de su mejor amiga y miraba su número— Joder...
—Harry...
—¿Por qué no puedo tener un día sin cagarla en algo? —dijo mientras se acostaba al lado de donde estaba Neville sentado para poder llorar.
—Bueno, a veces sí la cagas en grande...
—¡Ron! —lo regañó Hermione.
—Ah, perdón...
—Ya no quiero vivir, regresen con mi cadáver y díganle a mis padres que morí por exceso de estupidez —murmuró Harry
Ron simplemente rió sin importarle las malas miradas de sus amigos y ánimo al ojiverde a levantarse para ir al aeropuerto.
—Tranquilo, Harry, te ayudaremos a buscarlo —dio como promesa el pelirrojo para que dejara de ver la ventanilla del avión tan depresivamente.
—Espero encontrarlo...
Sí, definitivamente la vida no es como uno esperaba.
