Como había predicho, no dio ni dos pasos cuando su representante ya estaba a su lado para llevarlo a su casa a ayudarle a desempacar más rápido y empezar a idear su nueva gira.

Harry sólo asentía a lo que él decía, no podía decir mucho cuando las ideas empezaban a flotar por la cabeza de Gellert, sólo esperaba que no se le ocurriera algo raro para uno de sus conciertos.

—¿Por dónde te gustaría iniciar tu gira, Harry? —esa pregunta fue diferente a todas las demás, su representante sólo formulaba preguntas cerradas, un o un no eran suficiente para contestar.

—Inglaterra. —no pensó la respuesta, en esos momentos sólo podía tener una cosa en la mente y, más que cosa, eran los únicos momentos que estuvo con Tom.

—Inglaterra será —concordó y siguió haciendo planes con sus normales preguntas, dándole oportunidad a Harry de meterse de nuevo en sus pensamientos.

De un momento a otro su mente empezó a reproducir una pequeña tonada, haciendo que el ojiverde dejara de hacer lo que se supone que debía hacer.

Sí, podría ser una buena tonada, sólo le faltaba la letra y...

Gellert levantó rápido su cabeza cuando empezó a escuchar a Harry cantar y sonrió al ver la mirada que siempre ponía cuando se le ocurría una nueva canción.

El joven cantante corrió al estudio de su casa y, tan sólo un minuto después, el representante logró escuchar una pequeña y simple versión de piano de un pedazo de la canción.

Tal parece que habría otro nuevo sencillo para la gira.


Decir que estaba molesto era un eufomismo.

Le había mandado un mensaje al número que Harry le dio para que resultara siendo un número equivocado.

Tom había estado tan seguro de que el menor quería seguir hablando con él que no había dudado ni un segundo en que ése no era su número telefónico.

¿Qué pasaba si Harry realmente no quería hablar con él? Tal vez vivía una vida ocupada y tener algún tipo de relación a distancia sólo complicaba las cosas.

No quería pensar en eso, tal vez sí se había equivocado y dictó mal, eso esperaba realmente.

Bufó mirando la televisión en la sala de su mejor amigo, quien había tenido que soportarlo a todo momento desde que llegó de Madrid.

Sí, su humor no era el mejor y, después de lo sucedido, sólo podía desquitar su furia de alguna forma u otra.

—Ya, Tom —se quejó Lucius mientras apagaba la televisión—. Pareces adolescente, eres un adulto, ahora dime lo que sucedió para que parezcas un ogro.

Bien, lo último le había ofendido. Él era más hermoso que un ogro.

—Ya te dije, algo salió mal en las negociaciones de Madrid —gruñó queriendo arrebatarle el control remoto, cosa que no funcionó.

—Deja de ser un bebé.

—Tú deja de obligarme a dejar de hacerlo.

—No eres tú el que debe soportarte.

—Debes hacerlo, es tu deber.

—¿Mi deber? —chilló Lucius— Nunca vi en el contrato de mejores amigos esa cláusula.

—Baboso.

—Llorón.

—Teñido.

—¡Hey, eso ya es pasarse!

La risa que se escuchó en la entrada sólo los hizo mirar a la persona con odio, pero Draco simplemente pasó de largo y se sentó en uno de los sillones para leer uno de sus gruesos libros de medicina.

—Sí, buenas tardes —bufó Tom al más joven, quien simplemente se encogió de hombros.

—No se preocupen por mí, sigan con sus discusiones maritales —comentó a la ligera.

Tom sólo puso los ojos en blanco y miró a Lucius con la esperanza de que le dijera algo a su hermano menor, pero éste sólo se encogió de hombros. Había olvidado el cariño inmenso que le tenía la rubia al mocoso engreído.

—¿Ya me dirás? —cuestionó Lucius después de un largo momento en el cual se habían quedado callados con los brazos cruzados.

—Conocí a alguien en Madrid —gruñó ya cansado de tener la mirada de ese estúpido sobre él—. Era un chico, iba caminando por la calle cuando lo vi, no sabía lo que estaba haciendo cuando ya me encontraba hablándole —soltó una pequeña risa al recordar los ojitos que había puesto el menor cuando lo vio, habían sido algo grandes, casi de sorpresa—. Puede que haya estado distraído.

—¿Tom Riddle sonriendo? —preguntó Lucius frunciendo el ceño— Lo veo y no me lo creo.

El ojirojo sólo puso los ojos en blanco mientras Draco soltó una risita nada disimulada. Mocoso entrometido.

—Tenía unos bonitos ojos verdes, tal vez de la edad del mocoso ése —murmuró señalando al rubio menor, quien sacó la lengua de forma infantil—. Me comentó que había ido a España para celebrar su cumpleaños con sus amigos.

Con eso, Draco ya había dejado de fingir estar leyendo para prestarle real atención al mayor.

»No comentó nada personal, no sobre qué trabajaba ni nada, sólo eso y que era de Escocia —murmuró. Draco sólo pudo tapar un poco su sonrisa con su libro—. Cuando nos encontramos fue como si nada más existiera... Sí, suena muy tonto, quita esa cara Lucius.

—Perdón, perdón, me sorprendió —dijo el nombrado tapando su risa—. Continúa, no te detengas.

Y fue así cómo contó la historia del hermoso joven que se había robado su corazón con sólo una mirada, de su segundo encuentro como obra del destino y su mala suerte con los números telefónicos.

Draco sólo rió al terminar la historia mientras que, por otro lado, Lucius le aseguraba que no había nada de malo en enamorarse de un completo desconocido que podría haber sido un niño mimado sin estudios que aún vivía con sus padres.

El hermano menor se reía aún más por eso, escuchando cómo su hermano trataba de joder la imagen que Tom se había creado del joven.

—¿Y cómo se llamaba? —preguntó Draco, como si ésa fuera la última pieza del rompecabezas.

—Harry —respondió frunciendo su ceño—, joder, ni me dijo su apellido...

—Sí que te puso muy baboso, ¿eh? —bromeó Lucius y, sin esperarlo, Tom le lanzó uno de los cojines a su cara, dejándolo callado por unos momentos.

Fue ése el momento en el que volvieron a discutir. Draco sólo puso los ojos en blanco, desde pequeño esos dos habían estado discutiendo todo el tiempo, era como una forma de demostrar su amor.

Cerró su libro y miró a los dos supuestos adultos discutir de cualquier niñería. La primera vez que vio a Tom creyó que era un tipo serio, y lo era, pero con Lucius... Digamos que su hermano le sacaba lo peor.

Negó con la cabeza.

Había algunas cosas que realmente no cambiaban.

—Habrá una firma de autógrafos de un artista que me gusta —comentó elevando la voz para que los dos niños con complejo de adulto le escucharan, cosa que hicieron—, ¿podrían acompañarme?

—Paso —dijo Lucius rápidamente, ganándose la mirada asesina de Tom.

—¡Es tu hermano!

—Pero ahora te toca a ti llevarlo —reprochó el rubio mayor—. La última vez yo lo recogí de su fiesta, te toca a ti hacerle un favor.

Tom se quedó callado antes de suspirar.

—Te odio.

Y fue ahí donde inició otra discusión, pero a Draco no le importó, para ser sinceros, siempre había preferido que Tom lo acompañara a los lugares en vez de Lucius. Tom era más tranquilo y mantenía su distancia, nunca se había metido en sus relaciones, por otro lado, Lucius siempre se metía y trataba de avergonzarlo frente a sus amigos.

Se fue a su habitación después de decirle al mejor amigo de su hermano -casi otro hermano para Draco- la hora y el lugar. Tom sólo prometió recogerlo al mismo tiempo que le daba otro almohadazo a Lucius en la cara.


La música estaba muy alta y la fila demasiado larga. Tom ya estaba buscando una manera de burlar a Draco y dejarlo solo, pero el mocoso no lo hacía fácil.

No sabía qué artista era, no tuvo el interés de preguntar y en la tienda habían tantas personas que no podía ver ni las paredes como para buscar algún cartel que delatara al artista.

Sólo escuchaba los pequeños cuchilleos de las chicas a su alrededor.

—¿Crees que sí sea gay?

—Sus últimas canciones parecen delatarlo.

—Él ya estuvo con un chica...

—¿Bisexual, tal vez?

Quería que se callaran, ya creía conocer al artista como si fuera un verdadero fan gracias a ellas.

Ya se encontraban cerca del cantante y Tom seguía sin poder verlo. Suspiró. Se rendía, le pondría atención cuando estuviera frente a él.

La música era pegajosa, no era mucho de su estilo, pero debía admitir que la técnica vocal no era para nada mala, la canción pasada realmente lo había atrapado y la nueva canción... La nueva canción tenía una historia que se le hacía familiar.

Me viste desde lejos solo caminar
Con sólo una mirada me hiciste temblar
Ya estaba imaginando, mi alma desnudando
Y sin querer, qué tonto, di el número mal...

Frunció el labio, ¿qué tenían las personas con dar el número mal? Tal vez Harry realmente se había equivocado, parecía que era muy común.

Bufó cuando Draco lo agarró de su suéter y lo jaló para pasar a ver al artista. Dejó de prestarle atención a la canción y, después de un largo tiempo de espera, miró al artista.

Su aliento se detuvo.

No pudo seguir caminando y se quedó en la entrada, los guardias no dijeron ni hicieron nada, tal vez acostumbrados de ver a fans sorprendidas antes de ir temblando hacia el artista.

—Malfoy —escuchó cómo Harry, su Harry, saludaba al hermano de su amigo—, ¿qué haces aquí?

—Vine por un autógrafo —dijo con voz obvia mientras le pasaba un papel—. Estuve esperando mucho tiempo parado para que no quieras dármelo.

—Que yo recuerde, tú no eras ningún fan mío —dijo el ojiverde divertido—... También le pudiste pedir un autógrafo a Ginny.

—Sí, bueno, tenía una buena compañía y no quería desperdiciarla, así que vine —comentó a la ligera y miró hacia atrás, posando su mirada en un Tom Riddle sorprendido.

Bingo.

—¿Compañía...? —la voz del cantante fue bajando de volumen. Su sonrisa fue creciendo cuando miró al joven parado en la entrada de la zona de autógrafos— ¿Tom?

—¿Harry?

El menor soltó un pequeño chillido y, sin contenerse, se levantó de su silla, rodeó la mesa y fue directo a abrazar al mayor, quien correspondió el abrazo sin salirse de la sorpresa.

—¿Qué haces aquí? —cuestionó Harry mirando los hermosos ojos que hace varios días le habían atrapado.

—Vine a acompañar a Draco —contestó y, tras decir eso, miró al nombrado. El rubio sólo sonrió y levantó su pulgar.

En esos momentos los fans ya se encontraban sacando sus celulares para tomar fotos y videos de la escena, pero a Harry no le importó y siguió abrazado a Tom como si éste se fuera a ir para ya nunca volver.

Justo cuando iba a mencionar algo, Harry empezó a cantar en su oído.

—Oye, Tom, yo no te estaba esperando —el susurro era suave, atrapante—; Y me dejaste aquí pidiendo más, un poco más, poquito más. —Tom suspiró y se escondió en el cuello del menor, disfrutando de su voz y del cálido abrazo—. Oye, Tom, tú tienes alma de gitano, si te hubieras quedado un poco más, poquito más, tantito más...

Sólo pudo reír.

Sí, había escuchado esa canción hace días cuando iba en su auto, pero no le prestó atención, nunca le había prestado atención a las canciones de la radio y, bueno, tal vez debería tener más cuidado con un hermoso cantante dedicándole canciones.

Por parte de Harry... Bueno, ¿a quién le importaba que haya un alboroto sobre el recién descubierto Tom?


Ahora sí, éste es el final.

Espero que les haya gustado, ya había planeado escribir esta historia, pero no me había animado.

Les amo, no lo olviden.