Recorrer de nuevo el camino empedrado se le hizo eterno. Ya no había tanta vigilancia, así que Milo lo tomó en cuenta para seguir adelante. No podía sacarse las palabras de Saga de la cabeza por más que no fueran de su agrado. Una gran parte de él odiaba cuando tenía razón: la había tenido al final con el innombrable y su hermano, ¿qué le garantizaba que se equivocaba en esta ocasión? Siempre había pensado que podía ver la naturaleza real de las personas, pero ya no estaba tan seguro.
Antes de llamar a la puerta, un destello rojo apareció y se esfumó. Con resignación, Milo esperó a que le abrieran y lo recibió la misma voz del primer día; detrás de una máscara ligeramente distinta. Pero no reparó mucho tiempo en eso porque la imagen de Afrodite, corriendo hacia él con alegría, amenazó con robarle el corazón. El omega parecía un niño aunque fuera unos dos años mayor que Milo. El remanente hormonal debía estar haciendo su parte en todo eso.
—Afrodite.
—Buenos días, Milo. Ven. Tengo algo que mostrarte.
Mientras Milo siguía a su vecino por los exuberantes pasillos, se percató de que Afrodite no tenía puesto ningún collar o protector y eso empezó a incomodarlo. La última puerta que cruzaron fue la que daba a un pequeño estudio desordenado, repleto de telas, lienzos, piezas de marcos y manchas de pintura por todos lados. Afrodite recogió unos cuantos pinceles regados por el piso y lo guió hasta una sábana blanca.
—¿Estás listo? —preguntó su vecino emocionado retirando la tela—. No es lo que esperaba pero, cuando esta imagen llegó a mi cabeza, no pude continuar con la pintura anterior. ¿Qué te parece? —Milo se quedó sin palabras—. Sé que no es lo que habíamos acordado, así que puedes venir y buscar en mi biblioteca hasta que encuentres lo que buscas. ¿Milo?
—Perdona. Es hermoso.
—Y tengo este otro pero aún no está terminado, así que tendrás que esperar para verlo.
—¿Crees en los fantasmas?
La pregunta de Milo sacó a Afrodite de su entusiasmo y se dio cuenta de que su invitado estaba engullido por la pintura. El artista intentó ver lo que esos ojos turquesa estaban viendo y la tristeza lo invadió.
—Algunos han venido a verme con el fin de que los contacte con el más allá —Afrodite fue a tomar asiento lejos de la pintura y su observador—. Por alguna razón creen que tengo esa clase de habilidades especiales. Otros creen que podrán obtener con facilidad mis favores y hacerse con mi herencia. Otros piensan que puedo traerles buena fortuna o tienen curiosidad. Ninguno parece ver más allá de un animal a ser diseccionado. ¿Cuál de todos eres, Milo Greco? —habló Afrodite con la voz hueca.
—No lo sé. Representas un misterio para mí y en este momento sólo quisiera huir. Pero no cometeré el mismo error del pasado.
—¿Y por qué asumes que tu pasado fue errado?
—Porque dentro de todo lo que pasó el único que terminó desgraciado fui yo.
—Asumes de nuevo que a los demás les fue bien.
—¿Qué otra cosa si no?
—Dicen que el diablo sólo place a los que quiere perder.
—¿Y qué me garantiza que tú no serás otra perdición?
—A veces hace falta un demonio para enfrentar a un ángel caído.
—¿Y cuál eres tú?
—Seré quien tú quieras que sea.
Milo sintió un escalofrío al escuchar esas palabras y de inmediato esparció sus feromonas para someter a Afrodite.
—No sé qué es lo que seas, pero no seguiré cayendo en las tretas de nadie —Milo vio con dolor como las acciones de Afrodite se restringían—. Para tu desgracia soy un alfa, y tú sigues siendo un omega; así que vas a decirme quién o qué eres o pagarás las consecuencias.
—Eres igual que tu hermano —jadeó Afrodite—. Yo no soy una bestia peor que ustedes —se torció un poco asfixiado.
—Conoces a Saga, ¿cómo…?
—No ha parado de… acosarme desde que heredé —se detuvo para juntar fuerza —. Eres un insecto igual de venenoso, manzanita.
—Así que todo esto ha sido un teatro.
—Es... lo que tú querías.
—Mientes, yo no quería nada de esto.
—Cree lo que mejor… te parezca.
Milo dejó de someter al orgulloso Afrodite al verlo tan reducido. Deshecho, a pesar de su voluntad. Enseguida, Milo puso la mayor distancia entre ellos que el desorden le permitió. Temeroso de sucumbir a sus instintos.
—No sé qué te dijo mi hermano, pero yo no soy como él.
—Retírate —jadeó Afrodite sin voltear a verlo.
—No fue mi intención. Yo sólo…
—Ya has demostrado lo suficiente.
Milo sabía que no tenía derecho a tocarlo ni para ayudarlo a levantarse después de lo que había hecho. Desvió la mirada al cuadro que recién le había mostrado y supo que había cometido un gran error. No tenía disculpa. Lo más que podía hacer era acatar la petición de su vecino que yacía en el suelo presa de sus hormonas y no volver a pisar esa casa.
Conforme iba caminando por los pasillos, a Milo le parecían cada vez más vacíos y más angostos. Incluso cruzó menos puertas de las que recordaba y no se topó con ningún beta. ¿Qué clase de lugar era ese? Su cabeza no lograba darle una respuesta.
La visión de su hermano en el límite de ambas tierras le hizo desear que se tratara de Kanon, pero el olor a pino que lo recibió lo desmintió. Aún así corrió a los brazos de Saga para luego empujarlo al piso.
—¿Qué demonios haces aquí? —gruñó Milo desgarrando su garganta e inmobilizando a Saga con su voz.
—Eso mismo te iba a preguntar, hermanito. ¿No te dije que te alejaras de aquí?
—Y me tengo que creer que venías a ayudar porque estabas preocupado por mí, ¿no? ¿Qué tanto le dijiste a Afrodite de mí?
—¿Decirle? No sé de qué estás hablando.
—¡Ya! Por una vez en tu vida, ¡deja de mentir!
—Jamás te he mentido.
—Pero tampoco has sido honesto. ¿Cuál es tu relación con Afrodite? ¿Qué haces aquí?
—Negocios. Y si me disculpas —se liberó Saga de la influencia de Milo con su propio aroma—, me están esperando.
—¡No es cierto!
—¿Qué, acaso quieres venir conmigo para corroborarlo?
—Déjanos a Afrodite y a mí tranquilos.
—Lo siento. De verdad. Hoy no tengo tiempo para jugar. Te veo en la cena si te interesa —Saga pasó a Milo de largo, pero éste no perdió de vista a su hermano mayor hasta que comprobó que fue recibido en casa de su vecino.
Haciendo memoria, Afrodite no le había dado cita para ese día como otras ocasiones. Milo se había tomado la licencia de presentarse sin avisar. Y aún así no había vigilancia. ¿Por qué su vecino no lo había mandado llamar, en realidad esperaba a Saga?
Conforme las preguntas lo invadían, Milo tomó otro de los caminos empedrados, llegó hasta el jardín donde había aparecido una de las luces rojas y desde ahí pudo ver como alguien muy atractivo, que no había visto jamás, recibía a su hermano como si fueran amantes.
Ya nada tenía sentido para Milo. Un destello rojo volvió a distraerlo y por fin se dignó a seguir a la ominosa señal. Tal vez debió hacerlo desde antes, desde el principio. Se habría ahorrado el desprestigio, el viaje y el nuevo dolor que estaba sintiendo.
Sus pasos llevaron a Milo hasta las afueras del invernadero. Afrodite estaba ahí, contemplando las rosas blancas como si fuera una estatua en medio de un jardín.
¿Quién había recibido a su hermano, a cuál de los dos había engañado? ¿Importaba? Fuera o no fuera el dueño de la casa, el hombre que había vuelto a despertar el interés de Milo estaba ahí: con las ropas maltratadas y el cabello alborotado; pero hermoso. Eso no era una ilusión.
Decidido a manifestar sus intenciones, Milo recogió sus pasos y volvió a llamar a la puerta principal. Poco le importaba la presencia de Saga, lo enfrentaría si fuera necesario. Tocó de nuevo una vez tras otra, hasta que el aroma a rosas se intensificó aún más por encima de una ráfaga helada. Era tan fuerte que bien podría tenerlo delante. Comprendiendo lo que estaba pasando, Milo se giró hasta dar con la fuente de la deliciosa fragancia.
—Sigues aquí —señaló Afrodite indiferente.
—Me fui como me lo pediste. No me prohibiste regresar.
—¿A qué has venido?
—No sé qué o quién eres, es cierto. Pero he decidido que eso ya no me importa. Seas una ilusión, mentiras, o nada. Hay una verdad dentro de todo el tiempo que hemos pasado juntos…
—Que quieres estar conmigo —se sobrepuso la voz de Afrodite a la de Milo.
—Ven conmigo. En mi casa no nos interrumpirá nadie —Milo intentó acortar aún más la distancia pero Afrodite se retiró al mismo tiempo.
—No puedo —rechazó Afrodite la propuesta, y se adelantó a las objeciones que Milo estaba por hacer sellando sus labios con una leve caricia de sus dedos—. Si salgo de estas tierras no sé lo que verás de mí. Dices que quieres estar conmigo porque estás presa de lo que ven tus sentidos pero, cuando la ilusión se deshaga por completo, querrás haberte quedado con el sueño.
—No me importa, prefiero la verdad, cualquiera que esta sea. Quiero darte tu fantasía, si es que aun deseas que sea yo el que lo haga.
Afrodite rió conmovido y distante.
—Si dejas entrar a una bruja a tu vida jamás podrás deshacerte de ella. ¿Acaso quieres eso?
—Monstruo, bruja, pescador, demonio. ¿Eso es todo? Mientras no te vayas con mi hermano, aceptaré mi destino.
—No podrás atarme.
—Podría, pero no lo haré a menos que me pidas hacerlo.
Un aire helado obligó a Milo a cerrar los ojos y escuchó el sutil sonido de la puerta atrás de él. Volteó y Afrodite estaba adentro, sosteniendo el picaporte.
—Iré por mi abrigo —susurró y Milo sintió como si fuera la primera vez que lo tenía de frente.
º•FIN•º
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Este Fic es mi primera participación en el MiloShipFest 2020. Gracias a Ale-Chan por avisar y organizar todo, y a los/las participantes.
Tengo que decir que esta influenciado por CarnavalDeMostruos (Wattpad) y todas sus historias fantásticas. Algo se pegó. Denle una oportunidad y followedas. No se arrepentirán, es increíble. Y para el o la primera que sepa quien es, en FFnet, le hago un one-shot.
Gracias a Lesath Al Niyat por su invaluable ayuda, corrección y apoyo en mi black-out para que esto estuviera en tiempo y forma. Y gracias a ti por darle una oportunidad. De verdad espero que me compartas tu teoría sobre el final.
Invitación:
Puedes encontrar aquí otros trabajos en proceso (no abandonados) y ya concluidos de Saint Seiya, Sherlock, Yu Yu Hakusho, Naruto, Príncipe Cautivo y Gundam Wing. Espero que los disfrutes.
También te recomiendo visitar la cuenta de Lesath Al Niyat si te gusta el Milo x Camus, de Saint Seiya.
Besos. n.n/
