Una gran agitación había entre las personas al ver llegar a la familia al cementerio, los cotilleos entre las señoras no se hicieron esperar, la tía abuela los ignoraba, Candy negó y siguió su camino mientras que los demás miembros de la familia denotaban su incomodidad con ciertos gestos. En el lugar había demasiada gente, algunos apenas comenzaban a despertar después de un noche en vela, algunos otros llegaban o se iban. Cuando los siete casi llegaban a su destino, un gritó los hizo detenerse.
-¡Hey!, ¡este no es mi muerto!, ¡velé al muerto equivocado!- las personas a su alrededor rieron con ganas, por otro lado, Archie, Stear y Albert trataron de disimular sus risas, pero al pasar por la puerta soltaron a carcajadas. Candy bufó molesta, demasiado mundano para ella.
-¿Cómo puedes equivocarte de tumba?- preguntó Stear sin dejar de reír.
-Con el suficiente alcohol en el cuerpo, puedes hacerlo- le contestó Archie.
¡Hola!
Ya sé, ya pasaron días y se supone que esta historia estaba terminada, pero hablando con mi hermana recordamos que hace años un tío que fue al cementerio a velar la tumba de su mamá, nos contó que en ese lugar no había luz y sólo se pudo alumbrar con una vela que llevaba, además tomó cierta cantidad de tequila y cuando amaneció se dio cuenta que no era la tumba a a la que iba y se me hizo gracioso escribirlo.
Esto es todo, espero que estén bien y se cuiden mucho.
