Disclaimer: El universo y todo lo que reconozcáis le pertenece a JK Rowling. El fic es mío. No obtengo beneficios económicos ni de otro tipo al escribir.
Aviso: Esta historia participa en el reto Tropos, tropos everywhere del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.
Escribí Nerd/Popular.
Amor en Hogwarts.
Albus debía saber que era demasiado fácil. Su hermano le había dejado desayunar tranquilamente al menos en esta ocasión.
Pensó que se habría librado de él porque estaría con Fredy y Parker Jordan haciendo alguna cosa típica de gryffindors.
Entró en la biblioteca de bastante buen humor y seleccionó el libro que quería.
Si todo iba como él quería, acabaría el ensayo de transformaciones en media hora y tendría el resto del día libre.
-¿Le has hablado de mí? -La botella de tinta de Albus no se derramó debido a los rápidos reflejos de su hermano mayor.
-Por Merlín, James. ¿Por qué no puedes aparecer como una persona normal? -Su corazón latía a toda velocidad y creía que se le saldría del pecho.
-¿Y eso qué tendría de divertido? -El mayor tomó asiento frente a su hermano y cruzó los brazos dispuesto a esperar... O a molestar.
-¿Y bien, Al? ¿Le has hablado de mí?
-¿Es que tú no sabes hablar por tu cuenta? Estoy seguro de que pasas 24 horas al día ensalzando tus... Grandes virtudes.
James asintió.
-De hecho lo hago. Pero me ignora. No entiendo por qué, la verdad. Soy bastante agradable.
-Estoy tratando de estudiar aquí, James. Me estás interrumpiendo.
El Gryffindor se estiró en la silla y con un movimiento de varita colocó un hechizo de privacidad en torno a ellos.
-No sé como las personas no han pensado en esto. Podemos seguir en este horrible lugar, Pince no nos echará por perturbar su sagrado silencio y no te enfadarás conmigo. Así harás lo que te he pedido.
-Sí, James. Muy Slytherin por tu parte. -Albus gruñó.
Quería acabar el dichoso ensayo. No le importaba lo que su hermano quisiera.
-Pero Al. Tienes que ayudarme. Esto es de vida o muerte.
-Cuanto más me lo pides, menos inclinado estoy a hacer algo por ti.
-¿Y si hago tu ensayo de transformaciones? ¿Me harás caso?
-¿Permitirás que te vean con un slytherin? ¿Estás creciendo, James? Ahora sí estoy asustado. Si has madurado, significa que el mundo se acabará.
-¿Le has hablado a Lysander de mí? -Se quejó.
-No. -Respondió. -Y antes de que te quejes ruidosamente de ello, te pediré que te lo ahorres. Lys piensa que eres un idiota promiscuo con un ego demasiado grande y que antes besaría al calamar gigante que tener una cita contigo.
-¿Qué tiene el calamar gigante que yo no? ¿Y no soy promiscuo. -Resopló. -Oye, Al... ¿Qué significa promiscuo?
El menor de los Potter quería darse de cabezazos contra la mesa. ¿Por qué a él?
-¿Por qué estás tan empeñado en lograr que Lysander acepte una cita contigo? ¿Sabes que tía Luna te colgará de un poste y permitirá que alguna criatura extraña te devore, cierto?
-Él me gusta. ¿Cuántas veces tengo que decírtelo?
-¿Y por qué no les pides ayuda a tus amigos gryffindor?
James se ruborizó.
-Ya lo hice. -Admitió.
Albus esperó.
-Y Lorcan nos hechizó y Lysander fue especialmente feroz conmigo. Aún tengo pelo de gato en la espalda y las piernas.
-¿Conoces la palabra sutileza? -El menor preguntó.
-No soy un idiota, Albus.
-Asegúrate de que mi ensayo quede bien y que sea creíble que lo he hecho yo. Voy a ayudarte. Pero si pretendes jugar con Lys...
-Dame ese ensayo. Verás. Será impecable.
-Creo que es genial. -Lysander declaró.
-¿Qué? Dime que estás bromeando. -Lorcan se quejó.
-Tranquilízate, hermano. Sabes que a los drackspurs les gusta anidar en cerebros inquietos.
-Lysander, dejemos el tema de los drackspurs por un momento, ¿de acuerdo? ¡Estás diciendo que James Potter es genial! ¿Pero te estás escuchando a ti mismo? ¡Es James Sirius Potter! Es arrogante, egocéntrico, inmaduro, irresponsable, Gryffindor...
-Dices Gryffindor como si fuera algo malo. -Lysander señaló.
-En muchas ocasiones lo es. -Respondió su gemelo.
No podía creer lo que su hermano estaba diciendo.
-Creo que aceptaré la próxima vez que me invite a salir. Es muy atento cuando quiere. Aunque aún estoy nervioso por si se trata de una broma de mal gusto. No es que yo sea popular, precisamente.
-Lys, si se atreve a jugar contigo, utilizaré esa maldición que aprendimos en Islandia y me aseguraré de que lo sienta totalmente.
-Con razón la gente asume que yo soy el más tranquilo.
-¿Pero en serio? ¿James Potter? ¿Es que no hay más gente en el colegio?
-Sip. Pero esa gente no son él.
-No quiero cambiar, Al. ¿De verdad te parecería bien que alguien solo saliera conmigo por quien pretendo ser?
El menor bufó.
-Estás siendo absurdo. No pretendo que cambies. Solo te estoy ayudando a comportarte como un ser civilizado y decente. Lysander no es una de tus habituales conquistas. ¿Me equivoco?
-No. Él es diferente. Es mi Lily, es mi Ginebra, es...
-Repugnante, James. Déjalo o vomitaré sobre ti.
-Bien. Lo que digas, frío Slytherin sin sentimientos.
-Tengo sentimientos, James. Pero no voy gritándolos por todos lados.
los hermanos habían pasado un tiempo el la biblioteca e iban a comer. James aún no entendía por qué no podía gritarle a Lysander todas sus cualidades y lo genial que serían juntos porque su hermano le había dicho que era vergonzoso y que Lysander ya había escuchado eso cientos de veces y que si deseaba tanto ser rechazado, entonces podía continuar así por la eternidad.
-¡Flores! -Gritó entonces el mayor.
-¿Qué? ¿Por qué? Eso no es para nada original, James. Y no le gustan las flores.
-lo sé, pero así es como se conquista a alguien, ¿no?
-¿De verdad quieres que Lorcan pegue las flores a tu cara de nuevo? A mí personalmente me divertiría verte humillado así...
-Bien. Nada de estúpidas flores. Esto es complicado. Más que mis TIMOS.
-Eres exasperante.
-Y tú un sarcástico Slytherin malvado.
-Infantil.
-Madurar está sobrevalorado, Albus.
-Claro, hermano. Puedes decirte eso a ti mismo todo lo que quieras. Tal vez un día incluso acabes creyéndotelo.
Entraron al gran comedor y enseguida James tiró del brazo de su hermano para que se sentara con él en la mesa de los leones.
-No. No pienso sentarme allí. Son tan incivilizados que me ponen de los nervios.
-Pero allí están mis amigos y ellos podrían tener ideas sobre cómo hacer que Lysander...
-¿De verdad, James? ¿En serio quieres seguir los consejos de alguien que no puede conseguir una cita ni para salvar la vida? ¿Te recuerdo cómo salió el experimento del pastel?
El pelirrojo se encogió.
-No fue nuestra más brillante idea. -Admitió.
-¿Que no fue la más brillante? El gato casi muere allí y a Lysander tuvieron que darle una poción calmante.
A regañadientes, James fue a sentarse con su hermano.
Seguían cayéndole mal los Slytherin, pero era más bien costumbre que otra cosa.
Lorcan y su hermano gemelo miraban a los Potter mientras comían.
El mayor de ambos se preguntaba qué andaría tramando ese James. Lysander no podía mirar un pastel sin recordar el incidente del gato y las flores con las abejas no mejoraron la opinión de Lorcan hacia ese idiota Gryffindor.
-Me está mirando. -Lysander se ruborizó detrás de su libro de Cuidado de criaturas mágicas.
-Siempre te mira, Lys. No es nada nuevo.
-¿Me hablará hoy? Espero que sí. Le escribí un poema. ¿Crees que le gustará la poesía? ¿Y si no le gusta?
-Entonces le maldeciré. -Lorcan suspiró. -Ahora come y deja de pensar en ese molesto Potter.
-Aún no puedo creer que se fijara en mí. Es tan popular y exitoso... Por el contrario yo soy tan... Tan insípido... Me la paso con la cara metida en un libro y buscando criaturas que nadie ha visto antes. Soy un nerd rarito.
-Y encantador. No entiendo de criaturas mágicas, pero tú eres la criatura más hermosa y fascinante con la que me he cruzado.
Lysander pegó un chillido agudo y dejó caer su libro en la sopa.
Quería que la tierra se lo tragara.
Sí que era verdad que lo había rechazado innumerables veces, pero tenía que averiguar si James iba en serio o si solo era un interés pasajero.
-Lo limpiaré. Lamento haberte asustado. No pretendía acercarme tan sigilosamente, pero admito que soy curioso.
Lorcan y Albus se miraron. ¿De verdad Lysander se estaba derritiendo ante semejantes palabras?
Al parecer sí porque miraba a James como si colgara la luna en el maldito cielo.
-Tengo algo para ti. -El mayor estaba diciendo.
El menor de los gemelos Scamander lo miró con cautela.
-¿No es un pastel con un animal dentro, verdad?
-Nada de eso. Te lo prometo. En realidad es algo simple que hice... -De uno de los bolsillos de su túnica sacó un cerdo de vidrio con un cuerno. -Lo transfiguré para ti. -Murmuró.
Lysander lo tomó como si fuera lo más preciado del mundo.
-Me encanta, muchas gracias.
En el gran comedor casi todos los alumnos estaban en silencio observando la escena.
Si James hubiera sabido que unas cuantas horas en compañía de Albus le ayudarían a conseguir una sonrisa de Lysander, habría acudido a él antes.
¿Que si era una vergüenza que su hermano menor lo ayudara? Para nada. A veces había que hacer lo que se tenía que hacer.
-¿Me vas a pedir ir a Hogsmeade de nuevo? -El rubio preguntó.
-Eh... No sé. Depende de lo que me vayas a responder.
-Prueba. -Lo desafió.
Potter carraspeó.
-¿Quieres venir conmigo a Hogsmeade el próximo fin de semana?
-Claro. Pero James, nada de flores con abejas, pasteles con gatos ni lechuzas con gorros extraños.
-Está bien. -Accedió.
lorcan suspiró. Se había quedado con las ganas de hechizar a ese tonto Gryffindor.
Lysander y James estuvieron en las nubes toda esa semana.
Parecían no poder concentrarse mucho en sus respectivas clases y cuando se encontraban en los pasillos se pasaban notitas que les hacían reír como niños traviesos.
-Es repugnante, vomitivo. -Albus se quejó. -¿Puedes dejar de sonreír así? Es espeluznante. ¿Me estás escuchando, Lys?
-¿Eh? Sí, claro. ¿Entonces dónde crees que me llevará James mañana? Espero que no sea a ese horrendo salón de té. Es tan...
-Estamos de acuerdo en eso. -El mayor de los Potter le sonrió.
Albus gimió para sí. No había manera de que alguien pudiera trabajar con semejante distracción.
Al menos no se estaban besando... De momento. Temía el día en el que comenzaran a hacerlo.
James se sentía en el cielo. Era como volar en escoba pero mejor.
Estaba en Hogsmeade con Lysander y compartían un almuerzo en Las tres escobas.
Habían ido a la librería, luego a correos y más tarde a Honeydukes.
Se habían pasado el día mirándose el uno al otro y sonriendo como dos tontos.
-¿Tú crees que estoy loco, James?
-¿Lo dices por los idiotas de antes? Porque puedo volver a hechizarlos de nuevo. Aunque hiciste un buen trabajo con ellos.
-No son los primeros que me lo dicen. A mamá le pasaba lo mismo cuando estudiaba. Es... La mayoría del tiempo no me importa pero a veces desearía que le pasara a otra persona.
-Entonces no serías el chico del que me enamoré. Tú no estás loco.
-Me he quedado atascado en cuando me has dicho que estás enamorado de mí. -Admitió el rubio.
-Oh, bueno. ¿Por qué si no te invitaría con tanta insistencia a venir conmigo a Hogsmeade?
-No sé. -Respondió.
James tomó su mano.
-¿Qué tal si el chico más popular y uno de los más inteligentes de la escuela continuamos con nuestra cita? No tenemos que decidir nada en este momento. Hay tiempo y personalmente prefiero conocerte cara a cara antes que espiarte y encontrar respuestas por mi cuenta.
-¡James! ¿Me estabas acosando?
El mayor rió.
-Es más como... Observarte de un modo totalmente no espeluznante.
Lysander resopló.
-Continuemos con la cita.
La escalera se había movido de nuevo y Lysander, lejos de maldecir en voz alta como todo el mundo, siguió la corriente porque si la escalera quería llevarlo a otra parte del castillo, ¿quién era él para contradecirla? Había encontrado arañas rosas fosforitas una vez y en otra ocasión vio dos gatos apareándose...
Eso último no era tan interesante, pero pasó.
Continuó por el pasillo que las escaleras le habían indicado pero parecía aburrido. Solo había retratos y tapices. Aunque ese hipopótamo era bonito.
Se encontró frente al retrato de una señora gorda con vestido rosa.
Decidió que si él se hacía un retrato, pediría un vestidor incluido para que pudiera cambiarse. Bueno... Si es que se podía.
Iba a saludar a la dama, pues los retratos podían ofenderse si uno no era educado, cuando el cuadro se movió y luego se cerró.
Vio un poco de una zapatilla negra así que pensó que la persona estaba bajo una capa invisible. Y solo conocía a una persona con ese tipo de capa.
No le hizo falta decir nada porque la capa se deslizó hacia abajo y James fue apareciendo por partes.
-Te vi. -Sonrió el mayor. ¿De nuevo seguiste la dirección de las escaleras?
-Sí. Pero... ¿Cómo que me viste?
El Gryffindor le mostró un pergamino gastado.
-El mapa, por supuesto.
-¿Sabes que espiar a la gente no es del todo ético, cierto?
-Bueno... Son detalles que no importan.
Scamander suspiró. Esa sonrisa le hacía cosas a su estómago.
-¿Qué se siente al ser popular? ¡Oye! ¡Te estoy hablando!
Lysander siguió a lo suyo mirando el techo como si allí pudiera haber algo interesante. Tal vez era así para él.
-¿Me hablas a mí? Ah, bueno. Tiene sentido, porque estamos aquí solos. A no ser que hables con alguien en tu cabeza. En ese caso, te dejaré en paz. -Sonrió y miró al Hufflepuff que parecía cabreado por alguna razón.
-Estás loco, Scamander, ¿lo sabías? -Espetó.
-¿Eso debería ofenderme? No entiendo por qué.
Claro que le molestaba eso, pero desde que había comenzado una relación con James Sirius Potter había dejado de ser prácticamente invisible y la gente disfrutaba metiéndose con él.
Sacó su varita de detrás de la oreja y se preparó. Era un chico tranquilo pero no era tonto.
-Lyyys. Estoy aburrido. -James apoyó las manos en el respaldo de la silla de su novio y trató de llamar su atención.
Estaban en la biblioteca estudiando con un grupo de alumnos de quinto. Bueno; Lysander estudiaba y James había aparecido hacía unos minutos porque se había estresado leyendo y quería hacer otras cosas.
Lorcan le lanzó una mirada asesina que James no correspondió.
Lysander levantó la vista de su ensayo y sonrió.
-James, no puedo ahora. Tengo que terminar esto y si sigues distrayéndome, lograrás que Madame Pince nos eche y mis compañeros no querrán estudiar más conmigo.
-No queremos cuando Potter está aquí. Es molesto como una garrapata.
-Patil, estás falta de buen sexo, chica. Te lo digo yo. -El Gryffindor comentó.
-Ve a perseguir una pelota. Parece que eso es lo único que se te da bien.
El mayor chasqueó la lengua. Había visto la expresión de su novio y no quería pelear por culpa de una frígida malhumorada.
-Sigo aburrido, Lys. -Susurró.
-¿Puedes recordarme por qué accedí a salir contigo? -Preguntó.
-Debido a mi maravillosa apariencia, mi sonrisa sexi y mi inigualable personalidad.
-¡Basta, James! ¡Son mis amigos! ¡No puedes decidir que no te gustan y molestarlos! Está bien...
-¿Qué tal si dejamos esta discusión tonta y nos centramos en otras cosas? -Lo interrumpió su novio.
-¿Qué? ¡No, James Sirius! ¡No vamos a pasar a otra cosa porque no tienes razón!
-Es que no entiendo por qué tengo que pasar tiempo con ellos, Lys. No tengo nada en común con ellos y siempre se creen superiores.
Los chicos estaban en un pasillo del tercer piso. Lysander estaba a un lado y James al otro.
-No tienes que pasar tiempo con ellos. Nadie te obliga.
-Pero tú pasas tiempo con ellos y yo quiero estar contigo.
Para James era simple. ¿Por qué a Lysander le costaba tanto entenderlo?
-Paso tiempo con tus amigos a pesar de que me parecen ruidosos, vulgares y piensan que un concurso de flatulencias es la mejor invención desde las varitas mágicas.
-Mis amigos son geniales. -James los defendió rápidamente.
-Para ti lo son, James. Al igual que los míos lo son para mí a pesar de que nos gusta estar con libros y hablar sobre proyectos de magia ficticios. Ellos me aceptan incluso aunque soy el Scamander raro y no les importa que hable de criaturas mágicas que nadie puede ver.
-Pero son... -Potter comenzó.
-Me voy a ir ahora, James. No me sigas. Estoy tratando de no gritar porque no me gusta y eso me hace sentir mal. Está bien que no te gusten mis amigos pero deberías respetarme si yo quiero estar con ellos. -Se dio la vuelta dispuesto a alejarse.
-Es que le gustas a Zabini. ¿Por qué tienes que estar cerca de ese tipo?
-¿De verdad, James? ¿En serio vas a utilizar ese argumento? Es infantil y estúpido. muchos chicos y chicas se sienten atraídos por ti y lo veo cada día.
-Pero eso es diferente. Yo no...
El rubio lo cortó.
-Espero que pienses bien tus siguientes palabras porque de ellas depende tu futuro más inmediato. -Espetó.
Decidió marcharse antes de que alguno dijera algo de lo que se arrepentiría más tarde.
Ni siquiera le importaba que hubiera un montón de gente viéndolos.
-Tiene razón, ¿cierto? He sido un imbécil.
Albus y Fredy asintieron.
-Totalmente, tío. Ha sido como si te diera un bofetón verbal en toda la cara.
-No me estás ayudando, Fredy.
-Cavaste el agujero tú solito.
-¿Y qué hago? ¿Cómo logro que me hable de nuevo?
-No sé, pero cada vez que te ve pone una cara triste, como si hubieras hechizado a su gatito o algo así.
-¿Por qué te he pedido que vinieras? Eres el peor primo de la historia.
-Me encanta ese título. Lo llevaré con orgullo.
-Somos muy diferentes. Parece que no tenemos nada en común y la gente tenía razón.
-Qué asco, Lysander. ¿Quieres dejar ya de lamentarte? Es desagradable y quiero hechizarte. -Lorcan se quejó.
-Pero...
-Las parejas discuten, es la ley de la vida. Y puedes quedarte allí, lloriqueando, o puedes tratar de llegar a un acuerdo con James. Aunque podría maldecirlo gravemente. Esa oferta sigue en pie.
-Es una buena idea. -Lysander sonrió un poco.
-¿Puedo hechizarlo? Bien.
-¡No, Lorcan! ¡Claro que no puedes! Bueno... No mucho. Eso sí. Hablaré con él. No quiero llorar más. Y si no escucha, entonces... Bueno. Ya se me ocurrirá algo malvado.
-Tú tenías razón, Lys. He sido un tonto infantil y lo siento.
-¿Puedes explicarme de nuevo cómo es que acabaste en la enfermería? -El rubio pidió.
-Albus pensó que estaba siendo demasiado idiota y Rose estuvo de acuerdo en que maldecirme sería muy divertido. Nadie esperaba que la escalera se moviera y que dos Slytherins de tercero me caerían encima... Y que luego Peebes me lanzara un frasco de solución de envejecimiento en la cara. Luego tu gato decidió que mi cuerpo era un rascador aceptable.
-Creo que se estaba vengando por aquella vez en que lo metiste en un pastel.
James asintió.
-Tiene sentido.
-Oye, Lys. Te quiero. -Dijo.
-Yo también a ti, James.
